maximo tell

Marcha de la Gorra: En contra del Código de Faltas, a favor de los códigos que faltan

In Malas Viejas on 22 noviembre, 2010 at 9:53 PM

Por Gaby Socias

Fotos de Danilo Tonti

La “Gorra” marchó y –en su marcha– fue mucho más que gorra. De concreta mutó a abstracta, bajo una miscelánea que la transformó en símbolo, en el ícono de aquellos que se despojan de lo atribuido, para reconstruirse desde la propia y auténtica identidad.

Emerger de las entrañas de la exclusión, desafiando a la indiferencia y sobrevivir a la discriminación para salvarse de la injusticia, era la consigna que los había llevado hasta allí. Colón y Cañada (Córdoba, Argentina) de a poco fue trasformándose en el escenario de una realidad ignorada por muchos y reconocida por unos pocos. Ruidosos, extrovertidos y desafiantes, los jóvenes de diferentes barrios de la ciudad dejaron atrás toda estrategia para poder ingresar al centro sin ser detenidos.

No les hizo falta venir acompañados por nadie, ponerse la mejor ropa, peinarse distinto ni fingir parecer lo que no son. Pudieron mantener intacta su identidad y decidieron marchar, para ser.

Los diferentes colores de las banderas que flameaban impúdicamente, al igual que la diversidad de instrumentos de murga que daban ritmo y alegría al reclamo, hacían juego con la heterogeneidad de quienes se iban acomodando sobre la pirca de la Cañada.

Así, pasadas las seis de la tarde, jóvenes y algunos no tan jóvenes de diferentes barrios, colegios, universidades, centros de rehabilitación y organizaciones sociales, comenzaron a marchar por Colón hacia la esperanza de la posible derogación del Código de Faltas vigente.

Pareciera que unos pasos son poca cosa, pero éstos no fueron pasos cualquiera. Cada uno retumbó, y juntos, ovacionaron un andar que escondía muchos días de trabajo y debate. Concientes de que toda lucha es un proceso, este acto de visibilización no era más que la punta de un iceberg sostenido por años de tolerancia y lucha por el reconocimiento de derechos, explicaron referentes de las organizaciones sociales.

Paradójicamente, los rostros de aquellos pasos, lejos estaban de “parecer” peligrosos. Por el contrario, regalaban la certeza de que su demanda era justa, ante la evidencia de las más de 54 mil detenciones por contravenciones realizadas durante 2009. Allí ningún rostro “portaba”; allí todos los rostros transmitían.

“No es merodeo es paseo” entonaba la multitud, cual himno emanaba de sus mas profundas convicciones. “Mi cara no es tu trabajo” y “Tolerancia cero es igual a justicia cero” gritaban sus remeras pintadas con aerosol. Era la cuarta vez que cubriendo de vereda a vereda la avenida Colón, la bandera del Colectivo de Jóvenes por nuestros Derechos –organizadores de las Marchas de la Gorra– iba adelante guiando la manifestación.

Cada 20 de noviembre se trasformó en el día clave para marchar en contra del Código de Faltas, ya que se conmemora el día Internacional de la Declaración de los Derechos de los niños, niñas y adolescentes; convención vulnerada y poco reconocida según Marisel Segovia, abogada miembro de la Casa del Liberado, una asociación que trabaja contra el abuso policial.

Ruido estridente de voces acalladas

El silencio no fue lo suyo; se cansaron de pertenecerle y hoy prefirieron realzar su voz en palabras liberadoras.

“Quedamos a la merced de la voluntad e ignorancia de la policía porque el Código de Faltas les permite detener a jóvenes sin tener que demostrar lo que ellos dicen que son”, comenta Rubén, del movimiento juvenil JP Descamisados.

Por su parte, Laura del grupo El Montonazo explica que las masivas detenciones arbitrarias suceden porque el sistema lo permite, ya que éste es muy perverso con los sectores más pobres y vulnerados de la ciudad. “Nos detienen simplemente porque somos pobres”, dice “el Bichi” Luque, del Colectivo de Jóvenes por Nuestros Derechos.

Se trasluce que la estigmatización y criminalización de la pobreza se había convertido en el blanco de todas las opiniones que se podían escuchar a cada paso de la marcha.

Antes de que ésta comenzara, mientras se aguardaba la llegada de todos los jóvenes para empezar la movilización, los chicos del barrio Malvinas se animaron a hacer un roll-play de una clásica detención policial en el centro de la ciudad, como forma de dar a conocer cuáles son las situaciones con las que ellos se enfrentan a diario.

“¿Qué andás haciendo negro? –pregunta el policía.

Ando comprando ropa, –responde el joven.

¿De qué trabajas o de dónde sacaste la plata? (dándole a entender que presume que es robada), ¿tenés documento? –prosigue el policía.

Trabajo en un colegio y si tengo documento, el chico responde. Bueno, voy a averiguar tus antecedentes pero te voy a llevar de una por merodeo, termina diciendo el oficial.

Este diálogo, un joven –sobre quien recae el estereotipo de la portación de rostro– puede tenerlo hasta tres veces en un día cuando llega al centro. “Y en alguna de esas veces seguro nos llevan detenidos”, comentaFernando Daniel del barrio Malvinas. Fátima, del mismo barrio continúa: “En un mes los chicos pueden ser arrestados hasta 5 veces, generalmente se los lleva a la UCA donde pueden permanecer horas, días o semanas según la cantidad de arrestos anteriores; es decir las detenciones son acumulativas y determinan el tiempo de encierro”.

Ya sobre la calle General Paz a punto de doblar por 27 de abril para llegar a la Plaza San Martín, donde esperaban cientos de niños pintando carteles con sus derechos, Rodrigo, sostenía eufórico por el micrófono que iba trasmitiendo la marcha, que los jóvenes no son el futuro, sino el presente que se les está negando, producto de la exclusión.

En relación a esto, desde H.I.J.O.SRubén indica que no se puede esperar de las autoridades un acuerdo de convivencia que reemplaze al Código de Faltas, ya que desde ahí sólo se pretende excluir y no convivir. Por su parte, “el Bichi” Luque afirma que las políticas de seguridad generan inseguridad, porque no están pensadas para brindar una seguridad social.

“Ante la necesidad de seguridad compran chatas, armas importadas y se basan en lo que la tolerancia cero dice. El chico de barrio y las mujeres trabajadoras de la calle son considerados sujetos peligrosos para la sociedad, a éstos hay excluirlos, borrarlos, alejarlos. Como pasó cuando De la Sota dijo no quiero más villas en mi ciudad, o cuando Juez anunció no quiero más carreros en la ciudad”.

La policía: no sabe, no contesta

A lo largo y lo ancho de la manifestación hubo polícias que prefirieron ignorar lo que estaba pasando y rendirse bajo la mecánica de un sistema que no dilucida problemas y por ende, no considera la necesidad de soluciones ni cambios. Entre el silencio y el titubeo, respondían primero que no “querían” opinar y ante la insistencia decían que no “podían” hacerlo “por su trabajo”. “Estamos para vigilar y no para opinar”, sostuvo uno de ellos. Mientras otro admitió: “Yo estoy en la parte de Faltas y aplicamos el Código según la situación, es verdad que existen irregularidades como en todos lados, pero más allá de eso a nuestro accionar lo califico con un nueve”. Esta fue la única respuesta de los policías presentes.

Mensaje en movimiento

Tanto el tiempo, como la emoción, el apoyo mutuo y la esperanza de justicia fueron consumiendo la tarde en que las gorras no necesitaron esconderse. Ya desde el escenario se procedió a leer el documento donde los jóvenes víctimas de las detenciones, señalaron que los responsables de la crisis de la seguridad están en el poder y desde ahí controlan e intentan imponerles una forma de vivir y de ser castigados que no van a aceptar bajo ningún punto de vista. Entre otras cosas, solicitaron la posibilidad de discutir las formas en las que se piensa y habla de ellos.

Calurosos aplausos confirmaron la adherencia al documento leído y dieron paso para recibir al actor “Toto” López, miembro de la Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos, quien interpretó la fábula delHombrecito y del Vigilante. La misma refleja la persecución policial que sufre un joven, al punto de decidir convertirse en policía y terminar sintiéndose perseguido por el mismo.

Acto seguido, jóvenes “del Colectivo” nombraron a muchas de las organizaciones que apoyaron la marcha, algunas de ellas fueron: Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos, Ammar, Red Buhito, Colectivo Ampliación Pueyrredón, La Bisagra, Cátedra de Estrategia de Intervención comunitaria, Secretaría de Extensión Universitaria, Seap, La Minga, CTA, La Revuelta Murguera, Jóvenes Promotores de Salud de Villa Allende, Libres del Sur, Barrios de Pie, Secundarios Arriba, Movimiento Universitario Sur, Corriente Peronista Nacional, El Andén, Programa Sol.

Como todos los años, la marcha se cierra con un espectáculo musical. Esta vez, estuvo a cargo de las bandas Entangados, Muy VoláCalle en la Rima.

Así pasó la marcha, pero en la ciudad todavía retumban los ecos de aquellos pasos. Ciertas estructuras fueron removidas y la mente de muchos se encontró con nuevos pensamientos. Los jóvenes fueron un mensaje, un mensaje en movimiento de lo que está pasando y hay que cambiar.

Fuente: CbaNoticias

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