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Wikileaks: Cuando el poder pasa del secretismo a la transparencia

In Derecho a Replica on 13 diciembre, 2010 at 8:00 PM

Por Jeff Jarvis

Los gobiernos deberían de ser transparentes por defecto, secretos por necesidad. Por supuesto, no ocurre así. Gran parte del gobierno es secreto. ¿Por qué? Porque quienes tienen los secretos tienen el poder.

Wikileaks ha pinchado ese poder. Aunque no vuelva a difundir otro documento (y estamos seguros de que lo hará), Wikileaks nos ha hecho darnos cuenta de que ningún secreto está a salvo. Si una persona sabe algo, lo puede saber el mundo entero.

Pero siempre ha sido así. Internet no mató el secretismo. Sólo hace que copiar y difundir información sea más fácil y rápido. Debilita el secretismo. O, como dice un amigo mío, internet democratiza las filtraciones. Antes sólo los poderosos podían retener y descubrir información. Ahora lo pueden hacer muchas personas.

Por supuesto, necesitamos tener secretos en la sociedad. En temas de seguridad y de investigaciones criminales, así como en la privacidad de los ciudadanos y en algunos asuntos de funcionamiento del estado (como la diplomacia), la luz del sol puede hacer daño. Si los gobiernos limitasen los secretos a ese nivel (necesario), no habría nada que filtrar a Wikileaks.

Pero por lo que hemos podido ver de lo que se ha filtrado, hay muchas cosas que deberíamos saber (acciones hechas en nuestro nombre) que el gobierno nos oculta. También sabemos que la revelación de esos secretos no ha sido algo devastador. La relación de EE UU y Alemania no se ha colapsado porque un diplomático poco diplomático calificó a Angela Merkel de poco creativa. El jefe de Wikileaks, Julian Assange, ha dicho a The Guardian que en cuatro años “no ha habido ninguna alegación creíble, ni siquiera de organizaciones como el Pentágono, de que ni una sola persona haya resultado dañada como consecuencia de nuestras actividades”.

Así que quizás la lección de Wikileaks es que el aire fresco es menos peligroso de lo que pensábamos. Eso debería de conducir hacia menos secretismo. Después de todo, la única defensa segura frente a las filtraciones es la transparencia.

Pero es no es lo que está ocurriendo. En EE UU, la Casa Blanca ha anunciado una nueva medida de seguridad para asegurar la información. La Casa Blanca incluso ha advertido a sus empleados que no lean los documentos de Wikileaks online porque oficialmente todavía son secretos, lo que traiciona la definición de secreto como algo que la gente no sabe. Me temo que una de las consecuencias del trabajo de Wikileaks será que los funcionarios se comunicarán menos por escrito y más por teléfono, lo que afectará a periodistas e historiadores.

Me he convertido en un defensor de la transparencia del gobierno, de los negocios e incluso de nuestras vidas privadas y relaciones. Internet me ha enseñado los beneficios de compartir y de conectar información.

Este es el motivo por el que llamo a la cautela con la obsesión por la privacidad que está extendiéndose en gran parte de la sociedad moderna, y especialmente en Alemania. Ojo con los precedentes que establecemos, eligiendo por defecto lo cerrado y secreto, bien sea pixelando vistas públicas en Google Street View o cancelando los anuncios personalizados que tan sólo hacen que el marketing online sea más valioso y que pague por gran parte del contenido gratuito de la red.

Me temo que se nos va a echar encima una niebla pixelada, que hará borroso lo que se tendría que estar volviendo más claro. Yo esperaba en cambio que se abriese la cortina a la sociedad, dejando entrar la luz del sol. Tenemos que elegir.

Investigando para mi libro sobre los beneficios de lo público (que se llamará “Public Parts”), he descubierto que las nuevas tecnologías generan a menudo temores sobre la exposición de la privacidad. La invención de la imprenta de Gutenberg, la cámara, la rotativa, los micrófonos pequeños y ahora internet, todos ellos han destapado esa preocupación.

Ahora, en Wikileaks, vemos una nueva preocupación: que el secretismo se muere. Pero no es así. El secretismo vive; tan sólo está herido. Y así debe de ser. Usemos este episodio para examinar como ciudadanos cuán secretos y transparentes.

Fuente: De Buzzmachine en 233 grados.
Foto: webadictos

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