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El abrazo de la despedida

In Blanco, Exclusivos, Pasiones on 28 octubre, 2010 at 7:31 AM

Por George Blanco

Tenía pasión por la política. Lo amaban y lo odiaban en las mismas dosis. En esta foto, el ex Presidente junto a la hoy Presidenta de todos los argentinos, ambos elegidos democráticamente. Crecieron y se hicieron fuertes juntos.

En sus tardes de amistad y charlas cargadas de política en La Plata, cuando se preparaban para crear una sociedad de que trascendería las fronteras de lo sentimental para volverse en poder político. Aquellas tardes los encontraron de novios y la militancia se hizo mas ferviente en la pareja, como para reafirmar porque estaban juntos.

El compañerismo se tradujo con los años y aquellas horas inocentes, llenas de sueño y ambición los encontraron a el como Intendente de Rio Gallegos y a ella como Diputada. El resto es historia reciente. La gobernabilidad de Santa Cruz, el lanzamiento de la candidatura para Presidente, el 22% en 2003 y el 70% de imágen positiva en 2007, cuando entendió que debía dar un paso al costado y dejar a Cristina como la encargada de continuar su legado.

El conflicto con el campo lo volvió a tener en el ring pero de pronto parte del pueblo se le volteó de espaldas y lo puso al descubierto. Aquello de “amado u odiado” se equiparó para nunca mas volver a separarse. La asignación universal por hijo y la Ley de Medios no hicieron mas que acrecentar eso. A pesar de eso, las fuertes convicciones continuaron impulsando la política de Cristina Fernandez al mando del país. En el camino quedan sus discursos llenos de verborragia, sus entremezclas con la gente y su irreverencia protocolar. Politicamente incorrecto, como el se definía, Kirchner enfrentó al FMI y a Bush, escuchó a las amas de casa y a los que menos tienen.

Decidió terminar con la impunidad y el resguardo de quienes escribieron la historia mas cruel del país, cuando anulo la ley de obediencia debida. Quizás haya sido ese uno de los mayores logros, descolgar de las paredes los equivocos cuadros de represores nefastos, para devolverle a esas madres y abuelas la necesidad de descansar en paz.

Mi papa hoy lo recordó por eso: “Esos espíritus inocentes necesitaban lo suficiente para volver a creer”. Diferencias y/o similitudes (yo tenía de ambas) de lado, el 27 de octubre encontró a un país partido, con lugar para la congoja y el desconcierto. Las conjeturas ganaron terreno y se clamó por prudencia y respeto, ante todo. Los escenarios se sucedieron y dieron lugar a todo tipo de repercusiones, desde las mas sentidas hasta las mas irresponsables.

Los análisis se hacen eco del oportunismo propio de una sociedad que tiende a olvidar en poco tiempo, a pocas horas del suceso y cuando deberían resaltarse las condiciones que llevaron al hombre a convertirse en uno de los mas transgresores y carismáticos lideres de la política del país en los últimos cincuenta años. Mas allá de todo lo anteriormente mencionado, las palabras sobran y créanme que, producto de la consternación, este post solo quería contextualizar lo incontextualizable, cuando la muerte se convierte en el paso mas dificil de la vida.

Allí no existe nada mas. Cuando el abrazo conmueve y el resto solo puede ser parte de los libros. No puedo contar con palabras mas de lo que se ve: Hoy ella despide a su compañero de ruta. Hoy ella le dice adiós al amor de su vida.

El dolor, el miedo y una nueva oportunidad para amar

In AguaSuaves, Blanco, Exclusivos on 11 septiembre, 2010 at 12:29 PM

Por George Blanco

Aquella mañana del martes 11-S mi mama me despertó con el primer choque. “Fue un accidente”, me dijo. Al rato vimos como el segundo avión se estrellaba en la Torre Norte. Día del maestro en Argentina, feriado. Salimos a “festejar” (mis padres son maestros), no probé bocado. Intente marcar en el teléfono. No contestaron.

Miércoles 12 volví a intentarlo. Fui al telecentro. Una, dos, a la tercera la escuche. La persona que mas amaba estaba cerca de New York en aquel momento. Me tembló la voz. No supe que decir. ¿Tenía que decir algo? Probablemente no hacía falta. Lo que mas deseaba era escuchar que estaba bien. Pasamos ese momento.

Camino a casa no entendí nada. Putié, lloré. Aquella nena de catorce años debía estar esperando el Otoño con amigas mientras andaban en sus bicis por las calles y no viendo como dos torres macizas de 111 pisos se venían al suelo. El cielo gris, oscuro, Nueva York pasmada. No existía Twitter, ni iPhone y los blogs que apenas irrumpían.

Me conformé con ver todo por TV, mientras aquellos señores de corbata hablaban y daban sus versiones del hecho. Menos entendí. Bush, el hijo de todas las putas de Bush anunciaba que Estados Unidos y el resto del mundo caerían con todo el peso para erradicar el terrorismo, algo que después entendí el mismo había creado años antes, mientras escuchaba como su padre cenaba con Bin Laden en Dallas. El dolor, el miedo. Las vidas, todo se había planeado en un sin fin de cenas y meetings mientras el petróleo cotizaba en alza en Wall Street.

Lo que debía ser un juego se había convertido en una película de terror. Yo sufría, seguía sin entender. Veía horror y no podía hacer nada. Llegué a mi casa, lloré mas aún. Mi mama me abrazo, lloramos juntos. Le dije que tenía miedo, que el mundo se venía abajo, que no estábamos seguros. Entonces, ella me levanto la cabeza.

Me miro a los ojos y me dijo” “Hijo, yo se que ella está cerca, yo se que es por ella. Yo se que es tu primer amor, y eso es mas fuerte que todo”. Mis lagrimas, resbalando por mi mejilla le dieron la razón. “Esta bien”, le contesté. “Le dije que la amaba”, continué. Y no pude pronunciar ninguna otra palabra.

No hacía falta mas. Me abrazo mas fuerte, me soltó la mano y me respondió “Quedate tranquilo, hiciste lo mejor que podías haber hecho”. Aquella noche me acosté, me temblaba el cuerpo, tenía en mi mente todo el recorrido del día, las imágenes, el teléfono, mis sensaciones cuando la escuche, y cuantos habrá habido como yo, que lo único que necesitaban era que aquel ser querido dijera “Hola”.

Antes de cerrar los ojos, la única certeza que tenía era que había sido un afortunado, porque no solo me había dicho “Hola”, sino que le había podido decir “Te Amo”. Me sentí a salvo, seguro. Ahora si cerré los ojos, decidido a soñar con la nueva oportunidad de escuchar su voz.

Hoy, nueve años después, salgo corriendo a llamarla de nuevo. El día es hermoso, bien primaveral. Y el sol me pega en la cara. En otra historia, con otro contexto, a nueve años de aquel 11 S hoy puedo volver a escucharla. Y hoy le digo “Te Amo” mas seguido.

Porque comprendí que debo hacerlo cada vez que tenga oportunidad, porque ese es mi mejor homenaje a la vida. Es trascender fronteras, es una fuerza invisible capaz de construir las torres gemelas que sean. Y es infinita, indestructible.

¿Habré comprendido el verdadero significado de la palabra amar? No lo se. Solo se que lo siento, como aquella tarde del 12 de septiembre. Y hoy pienso en si aquel bombero le dijo a su esposa “Te Amo” al salir de casa, o si mama e hijo se despidieron con un fuerte abrazo.

Pienso en el beso de aquella pareja que esa mañana salió a caminar y decidió entrar al centro comercial del World Trade Center, o en aquel ejecutivo que llamo por teléfono a su mujer para decirle que la amaba, para contarle cuáles eran sus planes. Pienso en ellos, y pienso que el mejor homenaje es amar, como única condición para vencer al odio.

Imágenes: boston.com/bigpicture

Las palabras, el sueño eterno hecho realidad, las ideas y el miedo movilizador para atravesar barreras

In Blanco, Exclusivos, Jóvenes Sueños, Pasiones on 1 junio, 2010 at 10:50 AM

Por George Blanco

Es la sexta o séptima vez. Cada vez que termina me digo que tiene que ser la ultima, que ya lo tengo grabado en la mente. Y es cierto. Pero acá estoy y lo vuelvo a ver. Como si por caso hiciese falta que un tal Steve Jobs tenga que recordarme que tengo que salir a enfrentarme con quien sea, con mi mismo, allá afuera.

Resulta que mi proceso hoy me lo pide mas que nunca. Estoy en un momento en donde tengo que salir a animarme a mas, a luchar por las ideas, a desafiar la creatividad. Entonces ahí esta, al alcance de mi mano. En mi iPhone, en mi Computadora, o en mi cabeza. Esta ultima es la mas vulnerable. En ella el discurso a veces pierde fuerzas, se nubla de vestigios que nada tienen que ver con lo que el bueno de Steve propone.

Pero siempre hay algo que justo a tiempo recupera el archivo, como si por caprichos del destino ese sueño disfrazado de locura tuviera que ser realidad. Es esa realidad la que me asusta, la que a veces me muestra el miedo y la que me deja a oscuras. Pero atención, no es tan mala. La oscuridad digo, agudiza el sentido de la vista. El miedo los despierta a todos juntos. Entonces ahí me veo, en este momento.

Steve Jobs me invita a su living, me ofrece algo para beber y expone su teoría. O mas bien expone una especie de obra prima cargada de instantaneidad, de fugacidad. Tanto, que la veo desplazarse a una velocidad rapidísima. Hace uso de la palabra, la toma como algo hermoso, la transforma, la da vueltas.

Estoy cayendo bajo la persuasión del creador de la manzanita, lo se. Pero me lo permito, dejo que me lleve, que nos lleve. A su niñez, a su adolescencia, a su vida. En un punto me veo reflejado. En uno o en todos. Confluimos, decimos, amamos, la pasión, es esa pasión por las ideas y el hambre por querer cambiar el mundo, humildemente, si me permiten.

Peco de soberbio, tal vez. Este articulo que acabo de escribir es una mierda, quizás. Pero me anime, supere el miedo, aquella noche. Sepan disculparme, pero tenia que contarlo. Tenia que compartirlo con ustedes, ¡es que quiero gritarlo al viento!

¿Estaré preparado para escribir mi propia historia? ¿Podré olvidar este vídeo y filmar el mío, el propio? Me resulta abrumador pensar que algún día alguien puede verme.

El miedo, aparece de nuevo. Todo el tiempo, no me deja solo, nunca. Es mi fiel compañero, mi única salvación. Es ese componente esencial que veo es imprescindible en estas líneas. En la vida. El miedo me lleva, ahora mismo a salir afuera a filmar mi propia vida, a retratarme. A animarme a mas. A movilizarme. A agudizar mis sentidos. A crear esto que hoy ven. Y la Fe se multiplica. Van de la mano.

No quiero dormir, no quiero olvidar la lección… ¿Es verdaderamente una leccion? Dificil saberlo. Pero de algo estoy seguro; despues de aprendida no hay mas alla. No queda mas de que preocuparse, las dudas que quedan se convierten en experimentos cientificos de hombres que lo han conseguido todo y que por una cuestion innata se preguntan y repreguntan.

¿Existirá ese estado perfecto? ¿Cuanto servirá aquella idea que invente? ¿Es esta sociedad potencialmente dispuesta a atravesar barreras? Quiero cerrar los ojos. Imaginarme en ese living, con mis invitados. No quiero dormir, solo quiero soñar. Despues, Stanford, el silencio, mis anfitriones. Las palabras, el cielo, el brillo. Las mentes libres. Los aplausos. La sabiduria de haber cumplido la mision para la que fui asignado. Es esa la bocanada de inspiracion que nunca acabara.

+ Ver discurso

 

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