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La nota de Maria Elena Walsh que enfrentó a la censura en la dictadura

In Paladar mostaza, Pasiones on 11 enero, 2011 at 9:46 AM

En agosto de 1979, en el Suplemento “Cultura y Nación” de Clarín, María Elena Walsh publicó la nota, de la que aquí se reproduce un fragmento. Desde los 15 años, cuando apareció su primer poema en la revista El Hogar, escribió y publicó en casi todos los géneros. Falleció el 10 de enero de 2011, los niños hoy parecen estar mas solos y los adultos tener menos fantasías conscientes.

Si alguien quisiera recitar el clásico “Como amado en el amante / uno en otro residía …” por los medios de difusión del País-Jardín, el celador de turno se lo prohibiría, espantado de la palabra amante, mucho más en tan ambiguo sentido.

Imposible alegar que esos versos los escribió el insospechable San Juan de la Cruz y se refieren a Personas de la Santísima Trinidad. Primero, porque el celador no suele tener cara (ni ceca). Segundo, porque el celador no repara en contextos ni significados. Tercero, porque veta palabras a la bartola, conceptos al tuntún y autores porque están en capilla.

Atenuante: como el celador suele ser flexible con el material importado, quizás dejara pasar “por esa única vez” los sublimes versos porque son de un poeta español.

Agravante: en ese caso los vetaría sólo por ser poesía, cosa muy tranquilizadora. El celador, a quien en adelante llamaremos censor para abreviar, suele mantenerse en el anonimato, salvo un famoso calificador de cine jubilado que alcanzó envidiable grado de notoriedad y adhesión popular.

El censor no exhibe documentos ni obras como exhibimos todos a cada paso. Suele ignorarse su currículum y en que necrópolis se doctoró. Sólo sabemos, por tradición oral, que fue capaz de incinerar La historia del cubismo o las Memorias de (Groucho) Marx. Que su cultura puede ser ancha y ajena como para recordar que Stendhal escribió dos novelas: El rojo y El negro, y que ambas son sospechosas es dato folklórico y nos resultaría temerario atribuírselo.

Tampoco sabemos, salvo excepciones, si trabaja a sueldo, por vocación, porque la vida lo engañó o por mandato de Satanás.
Lo que sí sabemos es que existe desde que tenemos uso de razón y ganas de usarla, y que de un modo u otro sobrevive a todos los gobiernos y renace siempre de sus cenizas, como el Gato Félix. Y que fueron ¡ay! efímeros los períodos en que se mantuvo entre paréntesis.

La mayoría de los autores somos moralistas. Queremos —debemos— denunciar para sanear, informar para corregir, saber para transmitir, analizar para optar. Y decirlo todo con nuestras palabras, que son las del diccionario. Y con nuestras ideas, que son por lo menos las del siglo XX y no las de Khomeini.

El productor-consumidor de cultura necesita saber qué pasa en el mundo, pero sólo accede a libros extranjeros preseleccionados, a un cine mutilado, a noticias veladas, a dramatizaciones mojigatas. Se suscribe entonces a revistas europeas (no son pornográficas pero quién va a probarlo: ¿no son obscenas las láminas de anatomía?) que significativamente el correo no distribuye.

Un autor tiene derecho a comunicarse por los medios de difusión, pero antes de ser convocado se lo busca en una lista como las que consultan las Aduanas, con delincuentes o “desaconsejables”. Si tiene la suerte de no figurar entre los réprobos hablará ante un micrófono tan rodeado de testigos temerosos que se sentirá como una nena lumpen a la mesa de Martínez de Hoz: todos la vigilan para que no se vuelque encima la sémola ni pronuncie palabrotas. Y el oyente no sabe por qué su autor preferido tartamudea, vacila y vierte al fin conceptos de sémola chirle y sosa.
Hace tiempo que somos como niños y no podemos decir lo que pensamos o imaginamos. Cuando el censor desaparezca ¡porque alguna vez sucumbirá demolido por una autopista! estaremos decrépitos y sin saber ya qué decir. Habremos olvidado el cómo, el dónde y el cuándo y nos sentaremos en una plaza como la pareja de viejitos de Quino que se preguntaban: “¿Nosotros qué éramos …?”

El ubicuo y diligente censor transforma uno de los más lúcidos centros culturales del mundo en un Jardín-de-Infantes fabricador de embelecos que sólo pueden abordar lo pueril, lo procaz, lo frívolo o lo histórico pasado por agua bendita. Ha convertido nuestro llamado ambiente cultural en un pestilente hervidero de sospechas, denuncias, intrigas, presunciones y anatemas. Es, en definitiva, un estafador de energías, un ladrón de nuestro derecho a la imaginación, que debería ser constitucional.

La autora firmante cree haber defendido siempre principios éticos y/o patrióticos en todos los medios en que incursionó. Creyó y cree en la protección de la infancia y por lo tanto en el robustecimiento del núcleo familiar. Pero la autora también y gracias a Dios no es ciega, aunque quieran vendarle los ojos a trompadas, y mira a su alrededor. Mira con amor la realidad de su país, por fea y sucia que parezca a veces, así como una madre ama a su crío con sus llantos, sus sonrisas y su caca (¿se podrá publicar esta palabra?). Y ve multitud de familias ilegalmente desarticuladas porque el divorcio no existe porque no se lo nombra, y viceversa. Ve también a mucha gente que se ama —o se mata y esclaviza, pero eso no importa al censor— fuera de vínculos legales o divinos.

Pero suele estarle vedado referirse a lo que ve sin idealizarlo. Si incursiona en la TV —da lo mismo que sea como espectador, autor o “invitado”— hablará del prêt-à-porter, la nostalgia, el cultivo de begonias. Contemplará a ejemplares enamorados que leen Anteojito en lugar de besarse. Asistirá a debates sobre temas urticantes como el tratamiento del pie de atleta, etcétera.

El público ha respondido a este escamoteo apagando los televisores. En este caso, el que calla —o apaga— no otorga. En otros casos tampoco: el que calla es porque está muerto, generalmente de miedo.

Cuando ya nos creíamos libres de brujos, nuestra cultura parece regida por un conjuro mágico no nombrar para que no exista. A ese orden pertenece la más famosa frase de los últimos tiempos: “La inflación ha muerto” (por lo tanto no existe). Como uno la ve muerta quizás pero cada vez más rozagante, da ganas de sugerirle cariñosamente a su autor, el doctor Zimmermann, que se limite a ser bello y callar.

Sí, la firmante se preocupó por la infancia, pero jamás pensó que iba a vivir en un País-Jardín-de-Infantes. Menos imaginó que ese país podría llegar a parecerse peligrosamente a la España de Franco, si seguimos apañando a sus celadores. Esa triste España donde había que someter a censura previa las letras de canciones, como sucede hoy aquí y nadie denuncia; donde el doblaje de las películas convertía a los amantes en hermanos, legalizando grotescamente el incesto.

Que las autoridades hayan librado una dura guerra contra la subversión y procuren mantener la paz social son hechos unánimemente reconocidos. No sería justo erigirnos a nuestra vez en censores de una tarea que sabernos intrincada y de la que somos beneficiarios. Pero eso ya no justifica que a los honrados sobrevivientes del caos se nos encierre en una escuela de monjas preconciliares, amenazados de caer en penitencia en cualquier momento y sin saber bien por qué. (….)

Fuente: Ñ

Cansado de Clarín y la TV Pública

In Jorge, Malas Viejas on 29 septiembre, 2010 at 2:19 PM

Por Santiago Jorge

El domingo me compré el diario Clarín (edición papel), toda mi vida lo leí: cuando era chico porque lo compraba mi viejo, cuando crecí por cuestión de costumbre y creo que de comodidad para leer. Lo tuve que dejar a la mitad y pasar a deportes, era predecible todo lo que seguía en esas hojas y notas, si el gobierno dice blanco, esta mal; si dice negro también esta mal.

Kirchner vs Clarin, o viceversa, la pelea que aburre y perjudica.

La verdad es que me da mucha lastima lo que nos pasa como país, el diario más importante no puede pasarse páginas y páginas con tono agresivo y confrontativo contra nuestra figura presidencial, criticando TODO y confundiendo al lector en ciertos asuntos, como también tapando y sin darle trascendencia a temas que lo salpican a ellos mismos y que son de gran interés, por ejemplo caso Papel Prensa.

No creo que nunca haya habido tanta libertad de expresión por las cosas que leí en dicho diario; ahora es realmente para preguntarse ¿dentro del diario hay libertad de opinión? ¿Acaso todos los periodistas dentro del medio piensan todas esas pestes sobre nuestra Presidenta? Cuanto menos es sospechoso que exista unanimidad entre tantas personas.

Desde aquí no vemos el vaso medio lleno, no nos olvidamos que el propio Néstor Kirchner prorrogó por 10 años las licencias de radio y televisión de las empresas de Clarín; y ya con Cristina Fernandez en el gobierno se autorizó la fusión entre Cablevisión y Multicanal, creando y facilitando el monopolio del Grupo.

Se sabe también que hasta el conflicto del campo, en Clarín se hablaba muy bien del kirchnerismo y se recibían los beneficios de la propaganda oficial.

A toda esta confusión y lucha de egos, se suma que en la vereda del frente, hay varios programas en canales de aire, que solo se dedican a hacer propaganda oficialista, lo cual no creo que este mal, pero también cansa, es decir, solo se muestra el lado positivo del gobierno y se defenestra a todo lo que venga de la oposición ó del diario Clarín. Se sufre así el mismo síntoma que su adversario.

Una vieja amistad de conveniencia.

En el medio de todo esto: nosotros, la gente común, que esta de acuerdo con algunas medidas que salen de la Rosada y con otras no; que quiere leer un diario y a periodistas objetivos e independientes; que quiere ver la TV pública sin que se nos quiera hacer creer que todo anda de maravillas y que el país está bárbaro.

Hace años que venimos viviendo esta situación, la cual ha cansado a todos. El domingo de casualidad escuche a un personaje decir: “Todos estamos hartos, porque es una guerra entre dos hijos de p…” “leer o ver a cualquiera de ellos aburrió, porque es como prender una radio partidaria, sabemos el discurso que se va a venir”.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

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La imagen aquí arriba (click para agrandar) circuló hace un tiempo en Twitter. Se trata del “Mapa de la manipulación”, un análisis gráfico, hecho sobre 253 tapas de Clarín, desde la asunción de Nestor Kirchner el 25 de Mayo del 2003 hasta el 25 de Mayo de 2010.

Según explica su creador, se tomaron siempre 3 tapas por mes de los días 5, 15 y 25 (26 en navidad) para que el muestreo sea lo más objetivo posible.

En cada tapa se resaltó con verde las noticias favorables al gobierno, y con rojo lasdesfavorables.

El gráfico muestra la variación en el tono del diario sobre las noticias del gobierno, y demuestra la degradación de la relación entre Clarín y el kirchnerismo.

No dejes de abrir el archivo y mirar el análisis completo aquí

Fuente: 140

El periodismo en su mínima expresión

In Derecho a Replica, Exclusivos, Tonti on 10 septiembre, 2010 at 10:05 AM

Por Danilo Tonti

Todo lo vigila y todo lo controla. Parece estar atento a todo y a todos. Es la voz que juzga y que denuncia; que da discursos éticos y moralistas. Es quien deja al descubierto y “desenmascara”. Está siempre, al salto, para vigilar, juzgar, premiar o castigar. Perfecto en mirar por la ventana, de los peores para enfrentarse a los espejos.

Vernos protagonistas de las acciones que denunciamos es demasiado incómodo y desacreditador. La imagen se desvanece ante la esencia y derrumba, con su fracaso, la choza que ilusoriamente aparentaba de castillo. La contradicción no perdona y regala sequía de credibilidad, que termina siendo letal.

El costo es demasiado alto; arriesgar no vale la pena. Ser coherentes con lo que decimos, pareciera que tampoco.

El periodismo está en crisis y busca reinventarse.

¡Qué bueno! ¡Busca reinventarse!, podríamos decir esperanzados. Pero sucede que el aviso de crisis fueron números en rojo, no una comunicación en decadencia. El clic, lejos de ser un servicio social olvidado, fue un balance absolutamente desequilibrado. Y lo peor, la pregunta nace desde una génesis deformada: ¿Cómo hacer para aumentar la tirada? Nunca para ajustar el servicio.

De entrada algo tiene que estar claro. Hablar en contra de ciertos medios no es sinónimo de hacer campaña oficial. Si hoy, a ciertos sectores le son funcionales dicotomías extremas y reduccionistas, no es nuestro problema, o por lo menos el mío.

Lejos de ir en contra de la libertad de prensa, la crítica libera el pensamiento y eso es el pilar de la libertad de opinión en todo sistema democrático. Aclaro, por las dudas.

La herramienta fundamental de la actividad periodística está en garantizar la pluralidad de voces, frase tan cliché en los últimos meses. Para eso, resulta necesario un posicionamiento profesional despojado de intereses tendenciosos que condicionen el proceso de búsqueda de la verdad. Por supuesto, interés siempre habrá. Pero en el momento en el que el interés por la verdad queda subsumido a intereses particulares, económicos por ejemplo, se corrompe el ciclo social y se altera -casi ineludiblemente- el producto comunicacional.

Así, la privatización monopólica de los medios de comunicación puede que no represente la garantía de un periodismo independiente comprometido con la verdad. De hecho, es imposible que así sea. Porque quien se llama Periodista entiende las consecuencias de una concentración mediática sujeta a una misma editorial.

Quien se llama Periodista comprende la importancia de la diversificación, no sólo de las voces, sino de los medios en donde aquellas voces hablan.

Muchos han sido los profesionales de la comunicación que han llenado minutos, horas, semanas de programación, hablando de la necesidad de tener pluralidad de voces, pronunciándose en contra de la Ley de Medios. Pero… ¿Cuán plural puede convertir a la comunicación una empresa con decenas de medios que machacan con las mismas ideas?

¿Cuánta pluralidad puede aportar un sistema de medios cuya lógica es la compra de la mayor cantidad de medios, a los fines de controlar la mayor cantidad de medios? ¿De qué pluralidad hablamos? Claro que, como dijimos, vernos protagonistas de las acciones que denunciamos es demasiado incómodo y desacreditador.

Ojo, ¿entonces los medios de estructura estatal garantizan un pleno ejercicio del periodismo y de la libertad de expresión? No, absolutamente no. Es tanto o más pernicioso que lo primero. Pero no me conformo con la ley del menos peor.

La creciente tensión entre el gobierno y Clarín no es un hecho menor. Habla de un proceso en el que los únicos que quedan a la deriva somos nosotros: los ciudadanos. En el medio de ese trajín, la imposibilidad de creer: la desconfianza y la sospecha. Y cuando la imposibilidad de creer asoma, la democracia está más en peligro que nunca.

Como dije, acá no hay lógica Hollywoodense, no está el “bueno” y el “malo”; no hay, por lo menos de mi parte, posicionamiento de tinte absolutista.

Pero, como periodista, me preocupa el periodismo en su imposibilidad de colocar a los hechos sobre el tamiz de la crítica profunda pero fundada, en donde no accionan condicionamientos de antemano. Me preocupa leer sabiendo lo que voy leer, ver sabiendo lo que voy a ver, escuchar sabiendo lo que me van a decir.

El periodismo que, evidenciado en su estructura, se predice a sí mismo, ha muerto como periodismo.

Algunos hechos rebosan las pantallas y las páginas, al tiempo que otros (la marcha por la ley de medios o la marcha 678 en Córdoba) quedan condenados a la ausencia mediática. El que discrimina hechos en función de posicionamientos, definitivamente, lejos está de hacer periodismo.

678 y el “periodismo político”

Quizás por los conflictos acaecidos en el seno de la opinión pública en el último tiempo, quizás por sus acciones de controversia, quizás porque, simplemente, se buscó que así sea… lo cierto es que el programa de la Televisión Pública (entiéndase Kirchnerista) ha ganado en notoriedad y en visibilidad.

Y me pregunto qué representa, a la luz de la comunicación, este fenómeno. En principio, la irrupción de un periodismo que, una vez más, reproduce fielmente la estructura que denuncia. Política viabilizada mediante la cámara, reincide en los mismos errores, cae en los mismos vicios.

Tal vez forme parte de esta típica viveza argentina: buscar los extremos, quedar en la crítica, reproducir más de lo mismo. Lo cierto es que, como periodismo, no tiene mucho que envidiar a aquellos medios monopólicos en cuanto a la mediocridad y a la carencia de -al menos un poco- objetividad y pluralidad.

Ahora, ¿hay algo de interesante en la llegada de 6/7/8 para alcanzar la magnitud que ha logrado? Sí, hay algo. De alguna manera, la concatenación de hechos polarizadores que se sucedieron en los últimos tiempos, posicionaron a los medios en un lugar en el que todo lo que se decía tenía que ver con lo mismo.

La irrupción del programa de la televisión pública significó, en ese contexto, una suerte de contrapeso en lo que a lo ideológico se refiere. Y miren a lo que hemos llegado: a la necesidad de sacar de los dos extremos un punto medio, siendo que el periodismo, en sí mismo, debería garantizar aquel punto medio.

Si me preguntan, hoy resulta imposible separar el periodismo de la política: desde los mismos medios se vela por ganar poder. El cuarto poder como agente de control quedó lejos, porque quien entra al juego deja entonces de controlarlo.

Al fin y al cabo, nadie es bueno para todo, eso está claro. Pero si hay algo en lo que todos podemos serlo es en el saber de que podemos ser mejores. Pero claro que para eso, en un acto de humildad mínima, es necesario reconocernos imperfectos e identificar falencias y desaciertos. Será cuestión de esperar el milagro y de, como comunicadores que somos, empezar a formar el cambio.

> Este autor es Columnista permanente de este Blog

Papel prensa y dictadura

In Malas Viejas on 25 agosto, 2010 at 11:03 AM

Jorge Lanata en “Critica de la Argentina” el 13 de abril de 2008

Sirve para envolver huevos, para limpiarse el traste, para recortar personitas tomadas de la mano, para hacer aviones o barquitos, para reprocesarlo y hacer trapo y también para difundir ideas. Sirve para abrir los ojos y para dar noticias, y estamos condenados a él desde hace tres mil años antes de Cristo, o quizá más. Ha comenzado su agonía pero fue, desde siempre, la materia prima soporte de la comunicación. Controla mucho quien controla el papel. Es quien puede hacer que este texto desaparezca, ahora, de sus manos. O que llegue tarde, o nunca. O que cueste cien pesos, o diez. Por eso la historia que sigue puede presentar personajes tan diversos y, sin embargo, tan unidos: Lanusse, Víctor Civita, Videla, los Montoneros, Graiver, Clarín, La Nación, La Razón, el fiscal Molinas, Menem, Kirchner, bailando alrededor del papel.

En esta historia el “periodismo independiente” se hace trizas, la libertad se vuelve una broma pesada y el doble discurso reina y se multiplica, en un eterno juego de espejos.

Barrotes de papel

En 1950 el gobierno peronista comenzó a utilizar tenazas de papel como instrumento de presión: el Estado concedía los permisos de importación y se encargaba de fijar las cuotas de compra del insumo a cada diario.

En aquel año La Nación, un diario crítico al oficialismo, importaba 8.388 toneladas de papel, ocupando el tercer lugar en el ranking de circulación, debajo de La Prensa (que fue expropiado al año siguiente) y de El Mundo, de Editorial Haynes. Tres años más tarde el matutino de los Mitre pasó al séptimo lugar: el gobierno sólo autorizó la importación de 2.097 toneladas. Años después la dictadura de Onganía creó el Fondo para el Desarrollo de la Producción de Papel y Celulosa (decreto ley 18.312 de agosto de 1969) y fijó una “tasa de contribución” del 10% a la importación de papel hasta que la fábrica de papel argentina se pusiera en marcha. Todos los diarios del país pagaron, durante diez años, el 10% de sus importaciones para montar una planta que, finalmente, sólo se adjudicó a algunos de ellos.

El 31 de marzo de 1971 otra dictadura, la de Lanusse, dispuso que la fábrica de papel debía tener un 51% de capital nacional y que el Estado aportaría el resto. Se llamó a licitación el 19 de abril de ese año y ninguno de los oferentes cumplió con los requisitos. César Civita, de la entonces poderosa Editorial Abril, editora de Claudia, Panorama y Siete Días, entre otras revistas, presentó una oferta superadora pero después de la apertura de los sobres.

En mayo de 1972 Lanusse declaró desierto el concurso público y firmó una adjudicación directa con Civita, Doretti y Rey. El “Grupo Fundador” de Papel Prensa recibió acciones clase A y el Estado, acciones clase B. A finales de 1973 Rey ya había comprado el ochenta por ciento de las acciones clase A y es entonces cuando entra en escena el banquero David Graiver, financista ligado a los Montoneros. “DudiGraiver estaba al frente a un imperio multinacional valuado en doscientos millones de dólares de la época, y manejó parte del rescate de 60 millones de dólares que Montoneros cobró por el secuestro de Jorge y Juan Born.

David "Dudi" Graiver.

En 1976, a través de testaferros, Graiver controlaba la totalidad de Papel Prensa. El banquero, entonces de 35 años, murió en un confuso accidente de un vuelo privado que cubría el trayecto Nueva York-Acapulco. En el libro “David Graiver, banquero de los Montoneros” Juan Gasparini relató el momento del traspaso de acciones:
“Lidia, la viuda, fue convencida para firmar el preboleto de venta sin chistar. Reunió a Juan (el padre de David) y a Isidoro (su hermano). Mordiéndose de rabia, les pidió que la acompañaran al solemne acto, celebrado en La Nación, en Florida entre Corrientes y Sarmiento, en el despacho del Dr. Bartolomé Mitre, a quien acompañaban Patricio Peralta Ramos de La Razón y Héctor Magnetto de Clarín, encontrándose también como invitado Máximo Gainza Castro de La Prensa”. > Descargar el libro completo

El traspaso a los tres diarios se firmó el 18 de enero de 1977. Después de ceder las acciones los miembros del Grupo Graiver fueron detenidos e intervenidos en todos sus bienes para evitar que algún reclamo de heredederos afectara la tenencia de Clarín y sus socios. El general Camps, jefe de Policía de la provincia de Buenos Aires, efectuó personalmente las detenciones.

Los Graiver ni siquiera cobraron la cesión de las acciones. Gracias a gestiones de la dictadura, los diarios lograron dos créditos: del Banco Español del Río de la Plata y del Banco Holandés Unido sucursal Ginebra, por 7.200.000 dólares, a sola firma y sin avales. Años más tarde, ante el fiscal de Investigaciones Administrativas Ricardo Molinas, Magnetto declaró que el préstamo tuvo un aval de una papelera internacional, pero se negó a ratificarlo por escrito a pedido del fiscal.

En mayo de 1977, en una solicitada publicada en su tapa, Clarín, bajo el título “A la opinión pública” dio su versión de la compra de Papel Prensa, aclarando que “la transacción se celebró a la luz pública y con el consentimiento previo y posterior del Estado”, algo que se hizo –decía– “resguardando el abastecimiento para todos los diarios de su principal insumo, en defensa de la libertad de prensa, de conformidad con una centenaria tradición argentina y respetando uno de los soportes de nuestro estilo de vida”. El primero de agosto de 1978, en la tapa de La Nación, puede verse una fotografía cívico-militar de inauguración de la planta.

¡Uy, prescribió!

En los ochenta Papel Prensa recorrió dos curiosos vericuetos judiciales:

–Durante la quiebra del diario La Razón la empresa papelera pasó a ser el único activo valioso del grupo. El juez Héctor Foiguel López decidió venderle a Clarín el porcentaje de La Razón.

La Cámara de Apelaciones acusó al juez de haber celebrado la venta a “precio vil” y pidió el juicio político al juez de la quiebra. El caso llegó a la Corte, que mantuvo un criterio similar al del tribunal de alzada, llamando a Foiguel López “magistrado indigno” y expresando su “convicción inequívoca de una conducta grave”. De pronto el legislador Alberto Balestrini propuso un juicio político a la Cámara de Apelaciones y todo quedó en la nada. Foiguel López dejó la magistratura y vive ahora con la tranquilidad de sus ahorros.

–El fiscal Molinas emitió un duro dictamen sobre Papel Prensa el 29 de febrero de 1988, en el que acusó:

* al ex dictador Lanusse de abuso de autoridad y malversación de caudales públicos.

* al Grupo Graiver de haber utilizado testaferros en violación al pliego de condiciones.

* a la Junta Militar de encubrimiento y omisión de denuncia por la operación de transferencia de acciones y posterior interdicción de los Graiver.

* a todos los representantes del Estado en la empresa por incumplimiento de deberes de funcionario público.
Cuatro años después la causa penal fue sobreseída por prescripción.

Papel Prensa es uno de los casos de corrupción más graves de la historia argentina –escribió, junto a su hijo, el fiscal Molinas en su libro Detrás del espejo–. Pone de manifiesto las relaciones y procedimientos empleados por los grandes grupos de poder.”

“Crónica se editará, dentro de pocas semanas, con el papel más caro del mundo”, escribía en octubre de 1986, en la tapa del vespertino, su creador, Héctor Ricardo García. Ya García como Julio Ramos, fundador de Ámbito Financiero, fueron de los pocos editores que se animaron a denunciar el negociado de Papel Prensa en público.”

“Se regaló Papel Prensa sólo a tres diarios –escribió Ramos–. Luego se elevó el arancel de importación de papel a 44-48% para que no hubiera otra escapatoria que comprarle a esa fábrica a precio exorbitante. Cuando bajó el arancel, con los radicales, y el precio bajó, Papel Prensa no le vende a nadie. A precio bajo sólo se benefician los dueños”.

A excepción de Clarín y La Nación, claro, el resto de los cupos para poder comprar papel nacional barato se decide en las reuniones de directorio de la empresa. Casualmente los cupos siempre coinciden con los diarios asociados: la presidencia y vice de la empresa se alterna, desde hace años, entre Julio César Saguier, CEO del diario La Nación, y Héctor Magnetto, de Clarín. Durante el menemismo representaron al Estado en la empresa Alejandro Mac Farlane, yerno de Hugo Anzorreguy, y Luis Juez, ex intendente de Cordoba.

El primer representante puesto allí por Kirchner fue Dante Divena y la duhaldista Norma Rosende. Hace dos años asumieron Juan Drucker y Carlos Mauricio Mazzón, hijo de uno de los principales operadores K.

En julio del año pasado, cuando la Secretaría de Medio Ambiente decidió empezar a preguntarse si la planta de Papel Prensa en San Pedro era contaminante, el diario respondió con una investigación sobre los “extraños manejos” de Romina Picolotti en sus gastos y nombramiento de funcionarios nuevos. Ahora, frente a un nuevo análisis las presiones se multiplicaron, pero a nivel técnico judicial y en las sombras.

Este miércoles Alberto Fernández y Héctor Magnetto volverán a sentarse en la mesa del cuarto piso de Bartolomé Mitre 739. La mesa es larga, oscura y está ambientada en la Argentina de los setenta: chocolate, vidrios esmerilados, colores tibios y opacos. Es la quinta reunión de directorio a la que Alberto asistirá. Pero el contexto no es el mismo: hay una foto del presidente Kirchner sosteniendo en alto un cartel de “La Cámpora” en el que se fustiga al Grupo Clarín como parte de la “patria sojera”. Hay una causa por apropiación ilegal de menores en la Corte, con un análisis de sangre pendiente en la familia Noble. Hay un cambio de número del canal de noticias en el cable. Hay una pelea entre socios que nunca se sabe en qué puede terminar.

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CFK durante el anuncio

Con fuerte tono crítico, Cristina Kirchner reveló algunos detalles de la supuesta extorsión contra los Graiver, instruyó para que se eleve a la Justicia la denuncia por la apropiación de Papel Prensa y anunció que enviará al Congreso un proyecto para regular el sector.
Aquí la nota del anuncio y les dejo El Informe en cuestión

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Por otra parte, Isidoro Graiver refuta a la Presidenta en una nota de La Nación > Leer

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El libro “David Graiver, el banquero de Montoneros” de Juan Gasparini > Descargar

+ Lanata opina en la actualidad

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