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El dolor, el miedo y una nueva oportunidad para amar

In AguaSuaves, Blanco, Exclusivos on 11 septiembre, 2010 at 12:29 PM

Por George Blanco

Aquella mañana del martes 11-S mi mama me despertó con el primer choque. “Fue un accidente”, me dijo. Al rato vimos como el segundo avión se estrellaba en la Torre Norte. Día del maestro en Argentina, feriado. Salimos a “festejar” (mis padres son maestros), no probé bocado. Intente marcar en el teléfono. No contestaron.

Miércoles 12 volví a intentarlo. Fui al telecentro. Una, dos, a la tercera la escuche. La persona que mas amaba estaba cerca de New York en aquel momento. Me tembló la voz. No supe que decir. ¿Tenía que decir algo? Probablemente no hacía falta. Lo que mas deseaba era escuchar que estaba bien. Pasamos ese momento.

Camino a casa no entendí nada. Putié, lloré. Aquella nena de catorce años debía estar esperando el Otoño con amigas mientras andaban en sus bicis por las calles y no viendo como dos torres macizas de 111 pisos se venían al suelo. El cielo gris, oscuro, Nueva York pasmada. No existía Twitter, ni iPhone y los blogs que apenas irrumpían.

Me conformé con ver todo por TV, mientras aquellos señores de corbata hablaban y daban sus versiones del hecho. Menos entendí. Bush, el hijo de todas las putas de Bush anunciaba que Estados Unidos y el resto del mundo caerían con todo el peso para erradicar el terrorismo, algo que después entendí el mismo había creado años antes, mientras escuchaba como su padre cenaba con Bin Laden en Dallas. El dolor, el miedo. Las vidas, todo se había planeado en un sin fin de cenas y meetings mientras el petróleo cotizaba en alza en Wall Street.

Lo que debía ser un juego se había convertido en una película de terror. Yo sufría, seguía sin entender. Veía horror y no podía hacer nada. Llegué a mi casa, lloré mas aún. Mi mama me abrazo, lloramos juntos. Le dije que tenía miedo, que el mundo se venía abajo, que no estábamos seguros. Entonces, ella me levanto la cabeza.

Me miro a los ojos y me dijo” “Hijo, yo se que ella está cerca, yo se que es por ella. Yo se que es tu primer amor, y eso es mas fuerte que todo”. Mis lagrimas, resbalando por mi mejilla le dieron la razón. “Esta bien”, le contesté. “Le dije que la amaba”, continué. Y no pude pronunciar ninguna otra palabra.

No hacía falta mas. Me abrazo mas fuerte, me soltó la mano y me respondió “Quedate tranquilo, hiciste lo mejor que podías haber hecho”. Aquella noche me acosté, me temblaba el cuerpo, tenía en mi mente todo el recorrido del día, las imágenes, el teléfono, mis sensaciones cuando la escuche, y cuantos habrá habido como yo, que lo único que necesitaban era que aquel ser querido dijera “Hola”.

Antes de cerrar los ojos, la única certeza que tenía era que había sido un afortunado, porque no solo me había dicho “Hola”, sino que le había podido decir “Te Amo”. Me sentí a salvo, seguro. Ahora si cerré los ojos, decidido a soñar con la nueva oportunidad de escuchar su voz.

Hoy, nueve años después, salgo corriendo a llamarla de nuevo. El día es hermoso, bien primaveral. Y el sol me pega en la cara. En otra historia, con otro contexto, a nueve años de aquel 11 S hoy puedo volver a escucharla. Y hoy le digo “Te Amo” mas seguido.

Porque comprendí que debo hacerlo cada vez que tenga oportunidad, porque ese es mi mejor homenaje a la vida. Es trascender fronteras, es una fuerza invisible capaz de construir las torres gemelas que sean. Y es infinita, indestructible.

¿Habré comprendido el verdadero significado de la palabra amar? No lo se. Solo se que lo siento, como aquella tarde del 12 de septiembre. Y hoy pienso en si aquel bombero le dijo a su esposa “Te Amo” al salir de casa, o si mama e hijo se despidieron con un fuerte abrazo.

Pienso en el beso de aquella pareja que esa mañana salió a caminar y decidió entrar al centro comercial del World Trade Center, o en aquel ejecutivo que llamo por teléfono a su mujer para decirle que la amaba, para contarle cuáles eran sus planes. Pienso en ellos, y pienso que el mejor homenaje es amar, como única condición para vencer al odio.

Imágenes: boston.com/bigpicture

Historias de viaje: Un nombre simple y natural

In Contreras on 8 septiembre, 2010 at 8:31 AM

Por José Luis Contreras

Parte 2: El Reencuentro

Acá podes leer la Parte 1

En este tiempo, julio del 2010, en el que bajé nuevamente a capital luego de caminar por este querido y revelador norte Jujeño, me encontré nuevamente con esa morocha de ojos café y de belleza tan simple, pero no común. La volví a ver un año y siete meses después, una noche de frío, en una esquina en donde estaba ella “no tan común”.

La abrasé como si la hubiese estado esperando siempre y comenzamos a caminar por las gélidas calles de San Salvador. El frío seria el común denominador climático de las dos semanas, en las que compartimos muchas situaciones y en las cuales me sentí como hace mucho no me sentía. Esa noche no pude dejar de mirarla ni un instante, conversamos de todo, nos reíamos de la nada misma, yo no quería que la noche se terminara, hasta el punto de ser los últimos en abandonar el pub al que habíamos llegado. Antes de irnos uno de los chicos que atendía el lugar le preguntó:

Por que te quedaste hasta tarde?

Y ella respondió mientras me miraba.

-¡El tiene la culpa!

Salimos  y caminamos la desierta calle San Martín, en donde los taxis brillaban por su ausencia, así que nos armamos de valor y recorrimos varias cuadras mientras seguíamos conversando sobre tantas cosas, pasaron los minutos y  al fin conseguimos un taxi.

La acompañe hasta las cercanías de su casa y continúe hablando con ella unos minutos, sin evitar dejar de mirarla a los ojos. Le pregunté cuando podía verla de nuevo y me respondió

-Voy a estar en el lugar de siempre.

Antes de regresar a Córdoba solo quería  volver a ver esos dos ojos color café, así de simple, así de tan humano. Nos despedimos y comencé a caminar de regreso a casa, no pude encontrar ningún taxi en todo el camino, prendí un cigarro y mientras caminaba bajo ese frío nocturno, mi abrigo fue el recuerdo de su mirada y sonrisa, solo eso, nada más.

Llegué a casa y mi madre, como siempre me esperaba intranquila en su habitación, conversé con ella unos instantes y  le dije que había sido una muy linda noche.

Durante los días siguientes compartimos con esta “niña” muchas situaciones, caminamos por infinidad de lugares, nos empezamos a conocer y en cierta forma a reconocer. Nuestros temas eran la política, las letras, la psicología, en fin: el mundo de la vida. Éramos tan espontáneos y ella era tan natural, tan simple. Volví a sentir cosas que no sentía desde hace mucho tiempo, disfrutaba estar con ella y sentía que esa persona la pasaba bien conmigo. Por que era todo tan natural, tan simple.

Una de esas tardes conversamos  en el Parque San Martín, un lugar al estilo del Parque Sarmiento de Córdoba, con mates, palmeritas, y facturas de por medio y al caer la tarde comenzamos a caminar por las calles del centro capitalino jujeño, en donde recorrimos vidrieras tras vidrieras que tenían como protagonistas zapatos, accesorios, blusas, pantalones. Las vidrieras eran su debilidad, cada prenda era un tesoro que deseaba tener en sus manos. Su buen gusto era indiscutible y cada prenda indudablemente en ella quedaría bien, por que  era tan natural y lo complejo ella lo convertía en simple.

Recuerdo un día  en que quedamos en tomar un helado y ese instante sería el inicio de una semana de nieve en el paisaje de Jujuy. Esa noche cambiamos de planes y el café fue la opción elegida. Nuevamente caminamos por las calles del centro, buscando un lugar en el cual sentarnos y utilizar el café como excusa para conversar. Después de desechar algunos lugares llegamos a un resto bar ubicado frente a la Casa de Gobierno,  en la esquina de Sarmiento y San Martín, entramos a ese espacio, que podría definir de una arquitectura y diseño minimalista. Pedimos dos capuchinos y durante una hora fuimos los únicos seres en ese lugar, nadie más estuvo en ese momento, solo ella y yo.

Esa noche ella lucia tan hermosa, tan simple, hablamos de todo, de sus planes, de sus sueños, de mis proyectos, del pasado, presente y futuro de la humanidad.  Yo solo quería disfrutar cada instante.

Aquella noche, como cada momento que nos veíamos, regresamos caminando hacia su casa. El frío  era vencido por el abrigo de su sonrisa y mientras caminábamos, pequeñas gotas de agua nieve caían del cielo anunciando la llegada de una nevada que seria histórica para nuestra provincia. Pero nada importaba, solo el hecho de estar al lado de ella. A la madrugada comenzó a nevar, esos días fueron los más fríos de los últimos años en Jujuy, los cerros que rodean mi provincia fueron un festival blanco que invadió cada rincón de ese maravilloso lugar.

Para ese entonces, los días para emprender el regreso a Córdoba iniciaban una dura cuenta regresiva, el tiempo como nunca se convirtió en el peor de mis enemigos, un verdadero tirano y dictador enemigo. Esos días fueron una mezcla de sensaciones encontradas, cada momento que pasaba con ella lo necesitaba disfrutar, por que debía regresar y los segundos perdían centésimas tras centésimas de una manera descomunal.

El sábado  24 de julio fue el último día en el que la vi.

Un día antes le envié un mensaje de texto, que decía:

-Te envié un e-mail. ¿Aceptas mi invitación para mañana? Ya se que no me vas a contestar el mensaje de texto. Beso.

Ese día no recibí contestación alguna.

El sábado, sinceramente me sentí muy triste, desolado, el lunes tenia que volver a esta, por ese entonces, maldita Córdoba. No podría decirle, mirándola a los ojos esas “cosas que me estaban pasando”. La noche ya entraba en madrugada, sabia que no podría verla, sin embargo había decidido que esas horas, me sentaría por algún lugar a fumar unos cigarros, escuchar música y a recordarla en soledad. Hice el último intento y tiré mis últimas fichas a un juego quizás  perdido.

- ¡Hola! ¿Vas a aceptar mi invitación para salir esta noche? ¿Que decís? Bso.

Tampoco recibí contestación.

Así fue que tomé un desgastado saco azul a rayas, ajuste los cordones de mis zapatillas rojas y acomodé desprolijamente  en mi cuello una pequeña bufanda gris y salí a caminar la noche, para luego subirme a un taxi con rumbo desconocido.

De pronto llegó a mi celular un mensaje de texto.

-Estoy aquí en…, vení te espero. ¡Perdón por contestar recién!

No voy a negarlo, mi rostro se iluminó y le dije al chofer que tomaría otro camino, sin haberle dicho a que lugar primero ir. Baje del auto y comencé a buscar ese lugar en el cual ella me esperaba. Demoré unos minutos por que necesitaba comprar unos cigarrillos. Luego de una ardua búsqueda llegué a ese lugar y allí estaba sentada ella, escuchando música y conversando con el barman del pub. Me acerqué, pero quizás nuestros rostros no eran los mismos, nos costó iniciar una charla. Los minutos verdaderamente eran un suplicio por que no sabia como decirle tantas cosas y de que manera. Mientras la miraba me preguntaba muy adentro mío  “por que te presentaste  así en mi vida”.

Nos distendimos de ese primer instante frío y distante y pedimos unos de esos vinos espumantes que de vez en cuando uno puede pedir, brindamos por el encuentro, por ella, por mí, por el regreso y por un próximo reencuentro y por que cada uno pudiera lograr sus sueños.  Luego de unos minutos no pude evitar decir las cosas que sentía por ella y que en un principio eran tan confusas para mí, y que habían  pasado a ser tan claras y por sobre todo singular y esa singularidad era un sentimiento con nombre: el de ella. No dejé de temblar ni un instante, por que era tan fuerte lo que decía que tuve que romper los miedos que siempre me ataron.

Ella me respondió:

-¿Por qué yo? Si soy tan común.

Pero para mí no era común.

-¿Por qué yo? Si fueron solo dos semanas. ¿Como podés decirme eso?

Si podía decírselo;  por que no eran solo esas dos semanas, sino que desde el instante en el cual la conocí, sabía que sentiría algo por ella. Un día, un año y siete meses atrás había sido ese instante.

Por ser tan simple, por ser tan natural, por ser tan ella.

-Ya vas a ver que cuando nos volvamos a ver no voy a ser la misma que esperabas.

-¿Por que yo? Si soy tan común.

Por que para mi no era tan común.

-Déjame ser parte de tú vida y tus problemas. Le dije.

-¿A novecientos kilómetros? Yo ya se lo que es eso y no lo quiero vivir de nuevo. Me respondió.

Por que tanta razón o lo que quizás en cierta medida el sentimiento no posee. Nos quedamos callados y por primera vez no pude mirarla a los ojos, me sentía vencido, no por ella, sino por la misma razón. Terminamos de tomar lo último de ese vino que nos acompañó en la noche, el lugar estaba quedando vacío,  el barman limpiaba una a una  las mesas y acomodaba las sillas una encima de otra. Hicimos un último brindis por nosotros, por el reencuentro, por esas dos semanas. Ella acomodó sus castaños cabellos, acaricie su rostro, la miré nuevamente a los ojos, por que a pesar de la razón sin razón, quería impregnarme de ellos antes de regresar a Córdoba y le dije:

-No sos un momento, sos muy importante para mí para ser solo eso. Te quiero mucho y gracias por quererme como me queres.

Salimos del pub y caminamos unos metros, sin decirnos ni una palabra. Hizo parar un taxi y  llegó la despedida. Acomodé el cuello de mi viejo saco y comencé a cruzar la avenida 19 de Abril rumbo al antiguo puente Lavalle, ese que recorríamos por las noches frías de Jujuy. Encendí el último cigarrillo y emprendí el regreso a casa, caminando y recordando cada instante con ella, con tristeza al principio, luego con nostalgia y al final con una sonrisa.

Segundos habían pasado de haberla visto por última vez, su recuerdo fue el abrigo en la noche, como lo fueron sus ojos y su rostro en esas dos semanas. Esas dos maravillosas semanas, con esa morocha de ojos café, adoradora de las vidrieras, fundamentalista de la buena compañía, coleccionista indiscriminada de zapatos y ropa, la modelo perfecta para cualquier diseñador de ropa y la compañía ideal para sentirse bien.

Así terminó mi recorrido por Jujuy conociendo historias, reconociéndome, codeándome con la realidad, con seres maravillosos, con experiencias imborrables. Hoy escribo desde Córdoba, un lugar que todavía no es mi lugar.

Hoy escribo tratando de buscar un lugar para mi existencia, para mis sueños, para mis sentimientos.  Hoy escribo buscando tantas cosas.

Por estas noches camino por las avenidas del  centro cordobés a más de 900 kilómetros de Jujuy, cruzo La Cañada y el Paseo de los Artesanos del viejo barrio Guemes y recuerdo con una sonrisa aquellos días con ella, cada momento, cada palabra y segundo recorriendo las calles de San Salvador en esos días de frió y nieve.

Mi última historia escrita tiene ojos color café, un bello rostro y un nombre tan simple y natural.

Mi última “Historia de un Viaje”  tiene un nombre y solo se llama: Ana.

Leer las Historias de Viaje anteriores

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Historias de viaje: Un nombre simple y natural

In Contreras on 1 septiembre, 2010 at 4:29 PM

Por José Luis Contreras

Parte 1: La vuelta a San Salvador

Tres semanas recorriendo una pequeña porción de un quizás estereotipado norte jujeño. El estereotipo de las revistas de turismo, de los programas de TV  de viajes y placeres, ya lo dije anteriormente no tengo nada en contra de esta forma de ver el mundo, pero un poco de ruido me hace.

Por que creo que las historias van mucho más allá de paisajes coloridos, artesanías en serie, gastronomía andina de precio exorbitante, entre otras formas de extrema mercantilización de la cultura norteña. Cultura apropiada nuevamente por las clases dominantes, una historia repetida. ¿No?

Ustedes se preguntaran. ¿Pero este tipo que es lo que fue a hacer? ¿A conocer el norte Jujeño  y a decirnos luego como debemos verlo?


Mi respuesta es simple fui a conocer historias y en consecuencia a conocerme, lo que yo escribo es una visión del mundo, es mi forma de interpretarlo desde una singularidad que es única e irrepetible. Y esta óptica, de un pequeño mundo como lo es el lugar al que fue a conocer, la comparto y a partir de allí quién  lee estas líneas sacará sus propias conclusiones.

No soy partidario de la verticalidad en el saber, no lo guardo temiendo que alguna persona me lo robe, mis escritos son un tesoro  que comparto y por ello  proponen una horizontalización de la experiencia vivida: la historia de mis viejos sobreprotectores, de aquel muchacho que me acompañó en un tramo del viaje y de ese titulo honorario de “Ingeniero” que algunos me dieron en Abra Pampa.

En estas tres historias se sintetizan el amor de los padres a un hijo, la revalorización de la cultura y por último el reclamo por un derecho social que se pide en silencio. Saquen sus conclusiones,  mi experiencia ya es de ustedes. (Ver capítulos anteriores del viaje)

Escribía líneas anteriores que estuve tres semanas por diversos pueblos de la Puna Jujeña y el objetivo era llegar hasta la frontera entre Argentina y Bolivia. No pude llegar a ese lugar, no por que no pudiera, sino por que la “Vida”, en una charla muy informal, me ofreció una oportunidad para nada despreciable, creo que fue simple la propuesta y merecía una respuesta rápida. La vida me dijo ante su propuesta:

¡Necesito que me respondas para ayer, no para mañana! ¿Se entiende?

Las respuestas  ante propuestas firmes no deben ser de medias tintas y la respuesta fue rápida, así que armé los bolsos y  subí al primer colectivo que me llevara de nuevo a San Salvador de Jujuy. Se preguntarán cual fue la propuesta, pero si me permiten, ese instante la guardo para mí.

En el tintero quedan las historias vividas en dos pueblos muy pequeños de la Puna: Puesto del Marques y La Intermedia, poblados situados al borde de la Ruta 9, de no más de 300 habitantes, calles desoladas, polvorientas y que solo son recorridas por sus habitantes  en horas tempranas o cuando caen los últimos rayos del sol para dar paso a la noche.

Las historias conocidas en esos lugares ya están  siendo escritas, pero antes les propongo una historia particular, en la cual soy un poco protagonista, ya no de reparto, o pensándolo bien quizás si, por que la protagonista principal es una persona con quien pasé dos semanas inolvidables.

Regresé a la capital exactamente el 1º de julio, mis padres no sabían  de mí vuelta hasta el preciso momento de abrir la puerta de casa, en la cual como siempre se encontraban las princesas más lindas de la tierra: Aylen y Rocío junto al el Rey de casa Elías I “El Moro” quién acomodaba estratégicamente sus pelotas de futbol, básquet, tenis, golf, una tras otra, como soldados dispuestos a la batalla. La casa de mis padres, con estos tres pequeños miembros de la realeza, es una versión en miniatura de la Europa monárquica de siglos pasados.

Por comenzar la casa está absolutamente resguardada por  caballitos de goma, pantuflas en forma de “guau, guau” y un amenazante dinosaurio de color violeta que controla inmutable cada paso en la casa. Hay territorios tomados, auténticos protectorados bajo el poder, defensa y seguridad de mis sobrinos, que se arman en alianza  para protegerlos: los televisores de la casa sintonizados en los canales para niños, el piso del living repleto de juguetes y piezas de rompecabezas.

Al mismo tiempo existe el riesgo latente de una guerra  por avanzar sobre otros territorios, por ejemplo la habitación de mi madre, quizás el lugar más preciado de la casa, pues allí se encuentran trofeos invalorables para estos tres pequeños: las fotos de toda la familia. Para evitar los enfrentamientos armados, mi madre con paciencia saca las viejas cajas de fotos y se las muestra una a una cada vez que este lugar es invadido por la guardia pretoriana de mis sobrinos compuesta por  muñecas, espadas y pelotas.

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También se producen armisticios, se firman tratados de paz y se sella la tranquilidad ante la firme mirada de mis dos hermanas a las que se suman Mickey Mouse y los Imaginadores. En relación a la economía los siervos  debemos rendir tributo en caramelos, galletas y en contarles un cuento antes de que se vayan a dormir a sus aposentos. Tiempo en el cual el reino vuelve a la calma, solo por unas horas.

Entonces, a este “Reino” llegué. Por esos días el clima se presentaba frío por las mañanas pero lentamente el sol calentaba las calles de la ciudad. Grande fue la sorpresa por mi llegada, ya que no me esperaban por esos días, sin embargo así soy de impredecible.

En la estadía por el norte Jujeño, en momentos en que escribía estas experiencias, regresaba a mi mente poder ver a una persona a la que solo había visto un par de veces en la vida, así de simple: un par de veces en mi vida, nada más que eso. Así que envié un email a aquella persona que decía así:

- ¿Hola como estás? yo estoy por el norte de Jujuy, vine hace unas semanas y estoy regresando a capital por estos días. Si queres  te invito a salir a algún lugar cuando regrese… ¿que decís? ¿Podés?

Ella me respondió unos días después:

- ¿Ya estás por acá? ¡Mirá que tenemos que juntarnos un día por lo menos, antes que te vayas, Nene!

Cuando leí su respuesta yo estaba de regreso por la capital, así que solo quedaba poder comunicarme con ella, ya que me había pasado su número de celular. Pero debo admitirlo soy muy reacio al uso de este aparato, además de no tener habilitada mi línea por esos días, así que quedé sujeto a poder encontrarmela a través del Messenger o el tan de moda por estos tiempos Facebook. Los días fueron pasando jugando con mis sobrinas a ser su carruaje humano o protagonizando el rol de mediador en la eterna discusión por el televisor  y la cuestión existencial: Almuerzo-Noticiero local o  los insoportables “Wiggles y Aprende”.

Así llegó un día sábado, la noche ya estaba perdida, terminaba de chequear mis e-mails, de poner pulgarcitos arriba en el “Face”, cuando de pronto ella entró en línea por “Messenger” y empezamos a “conversar” por unos minutos, hasta que le propuse salir esa misma noche a algún lugar. Debo aclarar que soy una persona un poco tímida y varias veces en mi vida por evitar el rechazo femenino, he preferido un silencio de radio, antes que otra cosa. Sin embargo tomé aire y le propuse una salida por la noche de Jujuy.

Cuando leí.

- OK! a las 11 de la noche te espero.

Le respondí:

- ¿Eso que quiere decir?  ¿Que si aceptas mi invitación?

Si te espero a esa hora. Me respondió.

– ¡OK! ¡Para que me reconozcas voy a estar con un sombrero negro y una rosa roja en la solapa!! Escribí en tono de broma y una sonrisa de oreja a oreja.

Cerré mi cesión y durante un instante me desesperé y pregunté internamente:

- ¿Con que voy? ¿Que me pongo? ¿Me afeito? ¿Zapatillas? ¿Camisa? ¿Remera?!

Voy hacer un flash back, antes de continuar, y a decir de quién les hablo y como la conocí. Hace un año y medio aproximadamente, principios del 2009, fui de visita a un lugar muy importante en mi vida, en donde me encontré con muchos amigos a quienes saludé uno por uno, hasta que en un momento me presentaron a una hermosa morocha de ojos cafés. Ella estaba con un pantalón “capri”, una blusa negra y zapatillas blancas, nos saludamos como a quien presentan a una desconocida y nada más, sin embargo fue tal el impacto en mí al verla a ella que no pude dejar de observarla mientras continuaba con sus cosas. Soy tan olvidadizo que ni su nombre retuve, y mi timidez nuevamente obstaculizaba cualquier intento de volver a preguntárselo.

Por ese entonces siempre al regresar a visitar a mi familia, apenas bajaba del colectivo, los tiempos se aceleraban para regresar nuevamente a Córdoba, es así que pensaba que en nada podía modificar mi vida si conocía o no, a esa morocha de ojos color café. Por esos días continuaba visitando a mis amigos y ella seguía allí tan informal y atractiva al mismo tiempo. Para evitar situaciones incómodas, acudí a la ayuda de uno de los niños del lugar y le pregunté:

-¿Cuál es el nombre de aquella chica?

Me respondió rápidamente y continuó jugando con los otros niños del lugar, no importándole el porque de la pregunta.

Así fueron pasando los días y coincidíamos en algunas actividades y comenzó una relación propia de todo encuentro:

-¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Venís por la tarde? ¡Yo tomo el colectivo en tal lado, si vas para el mismo lado te acompaño!

No más que eso, formalismos propios de las situaciones. Un par de veces la debo  haber acompañado por ese entonces, pero nos conocimos un poco, no mucho, Le gustaba el buen vestir, era una adoradora de las vidrieras, una coleccionista indiscriminada de zapatos, una amante de las letras y por sobre todo una fundamentalista de la buena compañía.

En nuestras pocas caminatas por esos tiempos, me comentó que estaba en una relación con un chico con el cual las cosas iban bien. Pero yo no preguntaba más sobre esta cuestión, a razón de no importarme en demasía, por esos momentos. Porque mi vida estaba en Córdoba y en poco tiempo no podía estar en los planes de ella y de nadie.

Ella sin embargo algo había despertado en mí, no sabia que, pero algo se despertó por ese entonces, no quise preguntarme más por que era tiempo de volver a Córdoba.

Eso fue hace un año y siete meses. En nuestras charlas antes de regresar la invité a conocer Córdoba y siempre quedó la propuesta en pie y entre risas nos tomábamos la palabra de algún día nos encontráramos en esta ciudad.

Pasó el tiempo, mucho tiempo…y salvo e-mails reenviados en cadena, nunca más la volví a ver ni siquiera a principio de este año. Nuevamente aplicaba mis conceptos egoístas “lo que no se ve, no se siente y menos algo que no viste demasiado”. Así que la vida corría bajo los parámetros normales de mi concepción existencial.

Muchos dicen que la vida corre, que todo pasa. Y la vida siguió.

Pero una necesidad de contar historias me llevó nuevamente a Jujuy y a una experiencia hecha carne en kilómetros recorridos, historias y  personas conocidas. Y en esta etapa de la vida la volví a encontrar a ella.

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Algo así como un Reggaeton made in Texas

In AguaSuaves, Exclusivos, Rudy on 21 julio, 2010 at 10:29 AM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico

Bret es un hombre americano, nacido en Texas, procedencia de la cual reniega por su mestizaje mexicano. De hecho cuando se enteró que yo era de Argentina, se extraño mucho y me confesó que en su espereotipada cabeza, todos los hispanoablantes ¨tienen cara de mexicanos¨. El suena despectivo a cada palabra, sea cual sea el tema. Creo que la arrogancia es parte de su tono de voz.

Nunca quise entablar una charla con él. Muchas veces lo escuché discutir a gritos con otros inquilinos y eso dio paso a mi repulsión. Es alto, debe medir un metro noventa, extremadamente flaco y un tanto encorvado. Tiene pelo rubio canoso, prácticamente blanco y largo hasta sobrepasar sus hombros. Nunca pude ver sus ojos porque usa lentes oscuros sin importar si el sol lo acompaña, pero que por su blancura debe evitar.

Camina con pasos largos y lentos, movilizando sus enorme brazos como para darse impulso. Vive en el primer piso de la pensión y suelo encontrarlo en el balcon fumando de su pipa negra, situaciones en las que muerde resentido sólo con la mirada. Jamás lo saludo y él no fuerza mi cortesía.

Hoy llegaron a la pensión dos sudafricanos de esos que son cuasi payos y hablan con acento inglés. Son chicos ¨super cool¨, que llegaron a la isla en busca de olas para surfear, alcochol y chicas. Luego de la cena, subí a la terraza a tomar aire fresco y ahí estaban los dos muchachos borrachos, junto a Bret. Jugaban al poker y bebian ron, cervezas (conté 15 latas vacías) y por el estado del cenicero, ya eran varias las etiquetas de Malboro despachadas.

Por primera vez en 5 meses, el misterioso hombre se dirigió a mi para ofrecerme un asiento en el festín. Sabía que iba a escuchar muchas cosas desagradables, pero la curiosidad suele ser más fuerte que yo.
Los comentarios ¨air head¨ de los pequeños saltamontes poco me importaron. Lo que sí, logré evacuar bastantes dudas sobre el hombre americano.

Tiene 48 años y vive en Puerto Rico hace dos. ¿Su vida? la nada. Sirvió a la marina de los Estados Unidos desde los 18 años y cuando finalmente consiguió su retiro, sin familia y con mil complejos, decidió que quería envejecer en el verano eterno. “Yo quiero ser un viejo de 80 años y estar surfeando y fumando marihuana como a los 20″. Borracho repitió esa frase mucho más de lo que él piensa.

Se nota que la sociedad no es su mejor compañía. Odia el idioma español y no tiene entre sus planes aprender a hablarlo. También corrige con desprecio mis imperfecciones en el inglés. No hizo jamás una pregunta a ninguno de los presentes, signo de que la vida de los demás poco le interesa. Él solo hacía comentarios de cuán mala es la comida boricua, de cuán caros son los taxis, de las cucarachas de la pensión y de lo mucho que odia la salsa… como si nos importara saberlo.

Yo, con mi justificado desprecio hacia sus comentarios, puedo llegar a entender el por qué de sus quejas. Él no hace nada. Creo que cuando las personas llegan a ser improductivas, incluso en sus provias vidas, sienten un grave recelo por las culturas en la que viven, luchan y son mucho más de lo que tienen. Hasta sentí una gota de compasión por un hombre tan solo que a temprana edad tira la toalla con ambiciones adolescentes.

Hubo un detalle inesperado que me arrancó largas carcajadas (no enfrente de él, por supuesto). Bret ama el reggaeton. Si, leiste bien. Cuando hablar del ritmo, levanta los brazos y mueve sus caderas con un swing brusco y abrumado por sus largas extremidades. Prefería haberlo imaginado bailando antes que verlo, pero repito: me agarró de sorpresa.

Dice que es el ritmo del futuro y que esta siendo censurado. Reniega que en los festivales de la isla lo reemplacen por la salsa que es “cosa de viejos”. Inmediatamente nos mostramos entusiastas con el reggaeton, fue rápido a buscar su computadora y comenzó a sonar Calle 13 a todo volumen en aquella confundida terraza. Parecía un niño.

Me preguntó el significado de varias frases y yo, sorprendida por que al fin me dirigía una pregunta, le salvé varias dudas pero sin explayarme demasiado. Si, quizás debí ser más gentil, pero no entiendo por qué dice odiar el español cuando es fanático de la musica que honra la jerga literaria de la nueva generación. Le dije que si quería saber más sobre las letras, sería mejor que aprenda el idioma. “Ni en mis sueños” dijo entre dientes y yo no iba a seguir alimentando su falso ego de americano autosuficiente.

Quién sabe cómo fue su pasado. Nadie es quién para juzgarlo. Él pretende que la gente le tema y, al fin y al cabo, es la manera más fácil que encontró para hacerse respetar. Quizás un mágico toque del hermoso destino lo haga dedicarse a vivir sus pasiones… en lugar de morir frente a todos sus temores.

Esta autora es Columnista permanente de este Blog

Los caminos han vuelto a tirar los dados y parece que Pamela viaja a otro país, por lo que pronto nos contará ese proceso de cambio y nuevas historias desde el destino elegido.


Dos locos del desamor

In AguaSuaves, Exclusivos, Rudy on 13 julio, 2010 at 9:09 AM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico

A Charlie lo veía hasta en la sopa. El vive en la calle, yendo y viniendo con su bicicleta negra, no importa si llueve o es día de playa. El conoce a todo habitante de Viejo San Juan y después de unas cuantas cruzadas tuve el honor de que me salude a mí.

Vende remeras que él mismo tiñe o estampa y sólo te ofrece una si sos considerada una persona hermosa. “Tu sabes como es: si alguien ve una remera mía en una chica fea, jamás va a querer comprarme”.

Él es un hombre esbelto de piel negra, un metro noventa de altura, 41 años y pelo al ras de su perfecta cabeza. Nació en Boston y hace cuatro años decidió hacer un cambio radical de vida y se vino a la isla del encanto. Él tiene mil historias en su cabeza, lo sé,  y de a poco las voy sacando.

- Pamela: hola Charlie, como estas?

Charlie: Muy bien, buscando algo nuevo. Me parezco a mi esposa. Ella me dejó antes de venir para aquí y yo sabía que iba a pasarme porque lo nuevo esta de moda. Primero quería un nuevo carro y lo compramos, nos mudamos a una casa nueva, tuvimos un perro nuevo, nuevo gato,  nuevo pantalón, nueva camisa, nuevo trabajo, nuevo cuerpo (se hizo las tetas) y obviamente quiso un nuevo marido!

- Pamela: tenés razón, suena feo pero es verdad.

- Charlie: ojo he, yo no soy ningún dormido. Fui a donde mis amigos con una nueva novia. “!Charlie estas casado!” me dijeron asustados. Y yo les dije la verdad: a mi también me gusta lo nuevo y la diosa tenía 15 años menos que yo, ¿qué te parece?

- Pamela: sabía que ibas a salir con algo así!

- Charlie: es que de chiquito yo era negro, nerd y enano. A mi me pegaban en la escuela. Es que los niños son tan crueles, no tienen piedad. Ahora que mido dos metros y ando por las calles, me encanta asustarlos para que sientan lo que yo sentí. Y ya no me quedo atrás por nada, menos por una mujer. – Se queda pensativo mirando al vacío por un momento- Que crueles los niños, no sé ni siquiera por qué me acuerdo de eso, yo no quiero hijos, eso de criar diablitos está fuera de mi mente.

Cuando habla mueve mucho las manos y juega con las miradas. Cuando te pregunta algo no mira a tus ojos sino hasta después de una pausa al finalizar su indagación.

En Boston trabajaba de mozo en un bar de streappers. El le dijo a su esposa que sólo le sería infiel si encontraba a una mejor que ella y su mujer, orgullosa, aceptó el reto. “Nunca encontré a una mejor y esa es la verdad. Ahora que me dejó ya no tiene sus encantos y no se anima a venir a visitarme, le da vergüenza su cuerpo, ya perdió sus armas”. El no se da cuenta de la cantidad de veces que la menciona. Por cada anécdota, un recuerdo la trae a su mente.

Café Puerto Rico, Viejo San Juan

Teresa es una luchadora de la vida. Mujer hermosa, de unos 45 años, alta con curvas de perfecta guitarra, ojos celestes, pelo carré y rubia sofisticación. A ella la encuentro todas las noches en Café Puerto Rico,el bar al lado de mi trabajo. Una noche fui allí a cenar sola y se sentó junto a mi a beber una copa de vino.

Nació en Tennesse y hace 25 años se mudó a Puerto Rico a empezar de cero tras una fallida relación con quien fue su primer pareja. “Yo era el, el era yo, 15 años juntos, respirábamos al unísono” comenta con ojos perdidos. Vivir en San Juan no ha sido fácil para ella. Ha trabajado en muchos sitios y ha conocido a muchos hombres.

Sin embargo, recién llegada, conoció a quien sería el segundo amor de su vida, con quien compartió diez años y dio a luz a dos niños, hoy veinteañeros con rumbo propio. Trabajó junto a su hombre en ese tiempo pero nada es para siempre y el amor se fue.

“Yo le fui sincera. Una mañana llena de sol le dije que ya no lo amaba y que dormir juntos era una mentira. Arme mis valijas y me fui sola, me mude a un hotel por un tiempo y claro, ya no trabaje con el. A empezar de cero nuevamente. Nosotras las mujeres podemos hacerlo, solo que no nos damos cuenta”.

Teresa paso por mucho pero hoy tiene un trabajo estable de buena paga y gente a la que adora y agradece, como los chicos del bar al que asiste cada noche cual cita imperdible. “Yo no tengo familia en este país, mis hijos ya no viven aquí y el resto quedo en mi ciudad natal. Imagínate como le agradezco a estos mozos que me dejen quedarme en noche buena”.

Para colmo de males, el amor le da tanto como también le quita. Este año conoció a un hombre de su edad que parecía ser su autentica mitad complementaria. A los 5 meses de salir decidieron mudarse juntos y todo iba viento en popa hasta que descubrió que el tenia una amante y que, de hecho, la mujer visitaba su casa cuando ella no estaba.

“Yo no pude creer que un hombre maduro se ponga en eso. Pero es así, a empezar de nuevo otra vez. Fue de todos el que mas me dolió. Pensé que nunca mas me quedaría sola. Pamela, los hombres están cabrones, nunca te olvides de eso”.

Ella me alienta y es el mejor oído del barrio cuando me siento mal. Ella se ha caído miles de veces y se ha levantado… SOLA.

Suena loco, pero amaría que Charlie y Teresa se conocieran. Ellos son tan diferentes como complementarios. Los dos solos, ambos descreídos del amor, apasionados de la vida y con ganas de seguir jugando, sin miedo a perder y ver que la línea de llegada se vuelve a la distancia del inicio.

Mis amigos sabrán, soy una celestina en potencia. He unido a tres parejas. Una de ellas termino tras 5 años de noviazgo y dos de ellas siguen en pie (derecho al altar aunque quieran negarlo).

¿Es mi corazonada o ya el destierro me está afectando los sentidos? Ojala se vean, un cruce de miradas será mas que suficiente.

> Esta autora es Columnista permanente de este Blog

Morir para salvar a su hermano

In Derecho a Replica on 12 julio, 2010 at 8:25 PM

Por Adolfo Ruiz

Omar Pucheta murió un año antes de que su hermano, José, fuera fusilado en la UP1. Junto a miembros del ERP, cavaba un túnel para liberar a 50 presos políticos de la Penitenciaría.

Es el 29 de mayo de 1969. Las columnas de trabajadores y sindicalistas marchaban por la avenida Vélez Sársfield provenientes de la IKA Renault. Era la gesta del Cordobazo.

José, con sus 24 años, era el más grande de los cinco hermanos Pucheta. Caminó desde la casa familiar en barrio Las Flores hasta la avenida, y no dudó un segundo en sumarse a la marcha, como tampoco lo hicieron sus hermanos Oscar, Omar y Guillermo. Y volvió con un balazo en la pantorrilla. Eran tiempo de agitación y lucha, cuando la clase trabajadora soñaba con cambiar las injusticias de este mundo.

“De ahí en más quedaron todos enganchados con la lucha por los derechos”, recuerda hoy Elba Pucheta, hermana del medio y única mujer de la familia. Ella se juró concurrir a todas y cada una de las audiencias del juicio de la UP1. “En memoria de mis hermanos”, dice con orgullo. Y habla de “hermanos”, porque la represión le llevó a tres, todos militantes del PRT - ERP.

José Pucheta, trabajador metalúrgico y estudiante de ciencias de la información, es quizás el más conocido de todos, porque fue uno de los presos fusilados de la UP1, el 28 de mayo de 1976. Pero también está Guillermo, sindicalista de Perkins, desaparecido desde el 1º de agosto de 1976. Y Omar, el menor de la familia y el primero en morir, abatido el 21 de abril de 1975 cuando trabajaba en un túnel que pretendía lograr la fuga de los presos políticos de la Penitenciaría.

La fuga que no fue. La historia recuerda la espectacular fuga protagonizada el 24 de mayo de 1975 por 26 presas políticas de la Cárcel del Buen Pastor, quienes huyeron luego de que un apoyo externo lograra arrancar la reja de una de las ventanas de esa prisión, hoy transformada en un paseo cultural.

Lo que no se sabe es que esa fuga era sólo parte complementaria de una mucho mayor que se estaba tramando, y que, de concretarse, quizás hubiera cambiado parte de la historia.

Se trataba del llamado “Operativo Córdoba”, una quirúrgica obra de ingeniería subterránea que pretendía facilitar la fuga de medio centenar de presos políticos de la Penitenciaría de San Martín. “Era todo un operativo conjunto, lo de las compañeras del Buen Pastor y lo de los changos de la Penitenciaría”, reconoce Carlos Orzaocoa, antiguo dirigente del ERP .

Lo que desde ambos lados del muro carcelario se vivió como un fracaso, en el hogar de los Pucheta se padeció como la primera gran tragedia familiar. Omar, el menor de la casa, brazo armado del PRT, había muerto mientras trabajaba de topo para liberar a 50 militantes populares, entre ellos su hermano mayor, José, inteligencia del PRT.

La tragedia no sería completa hasta un año después, cuando ese hermano que intentaban liberar, cuya identidad secreta dentro del ERP era “Sargento Julio”, cayera muerto en uno de los ocho fusilamientos de la UP1.

Bajo tierra. Aún con el fracaso, la historia de túneles y tuberías en inmediaciones de la Penitenciaría no deja de ser una aventura asombrosa. Y por su carácter subterráneo, también es una obra típica del PRT-ERP, famosos por sus habilidades para trabajar en la profundidad.

No será fácil determinar cuánto tiempo llevaban sacando bolsitas de nylon llenas de tierra, que se acumulaban en un cuarto de la casita de calle Guido, casi esquina Uspallata, que daba espaldas a la barranca. Pero como máximo fueron dos meses, el tiempo que había pasado desde que la “organización declarada ilegal” –como la mencionaban los diarios de la época– había adquirido el inmueble.

Desde la propia vivienda habían cavado un túnel que bajaba seis metros y luego avanzaba otros 35 hasta unirse con una gigantesca tubería de desagüe pluvial y cloacal de dos metros de diámetro, que pasa justo por debajo de calle Tambo Nuevo.

El plan era muy preciso: el primer tramo era unir la casa con el desagüe; el segundo, aprovechaba la cañería para avanzar cuadra  y media hasta la vereda de la misma cárcel (en la esquina de Uspallata y Tambo Nuevo); y el tercero, un nuevo túnel que uniera la cañería con el interior de la cárcel.

En ese segundo túnel se hallaba trabajando una cuadrilla de diez militantes. Se pasaban días enteros bajo tierra. A tal punto estaban compenetrados con la tarea, que habían llevado catres, bolsas de dormir, alimentos enlatados, conductos para la renovación de aire a través de las bocas de tormenta, y hasta desodorantes de ambiente, para combatir el hedor del conducto. Lógicamente, también iluminación eléctrica, carretillas, zorras, rieles, picos, puntales y demás herramientas.

Estuvieron realmente cerca de lograrlo. Especialistas calculan que le faltaban sólo semanas para alcanzar el piso del pabellón 6 de la cárcel, donde estaban los presos políticos, lo que hace pensar que la fuga estaba pensada para ser en simultáneo con la del Buen Pastor (24 de mayo). Pero el dato se filtró.

Sin escapatoria. En la mañana del 21 de abril de 1975, un impresionante operativo policial con unos 260 uniformados tendió un cerco de 20 manzanas de diámetro en barrio San Martín. Más de 30 móviles policiales cercaron el barrio y comenzaron a requisar casa por casa. Hasta que llegaron a la de Guido 1429. El dato de la fuga subterránea llegó luego del secuestro de una carpeta “subversiva”, en un allanamiento del día anterior en Buenos Aires.

Los diarios Los Principios y La Voz del Interior coinciden en que las fuerzas del orden fueron recibidas con una granada que no detonó y una ráfaga de ametralladora.

Despavoridos, los ocupantes de la casa tomaron el túnel, bajaron por la cañería aguas abajo hasta Martín García al 1400. Otras versiones indican que saltaron el muro posterior del patio y emprendieron retirada barranca abajo en dirección a calle Martín García.

Los “topos” intentaron emerger por una boca de tormenta que se abre frente a un baldío todavía existente. Pero el cerco de seguridad era tremendo. Los cinco fueron abatidos allí mismo. Uno de ellos era Omar Pucheta, quien murió soñando con rescatar a su hermano.

Junto a él, perdieron la vida Patricia Colombetti (19) estudiante santafesina, José Daura Saud (25) brasilero y también estudiante, Mario Domínguez (23), y Patricio Mercaud (21), conocido por su alias “Pedro”, y presuntamente “cerebro” de la organización.

El plan quedó definitivamente trunco. Los presos de la cárcel no fueron rescatados; tampoco José Pucheta, el hermano de uno de los topos, quien un año más tarde, el 28 de mayo de 1976, tampoco conseguiría salvarse de los disparos.

Fuente: Diario Día a Día

Mi Mundial 7: el juego de mis raíces

In Exclusivos, Rudy on 1 julio, 2010 at 8:41 PM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico

Continuación de Mi MundialVol. 2Vol. 3, Vol. 4Vol.5, Vol. 6

Mi padre nacio en Entre Rios hace más de sesenta años. Es el menor de 14 hermanos, la mayoria de los cuales ya no están en este mundo. Mi papá es hijo de Alemanes pero su agitada infancia hizo que de alguna forma, revolver su pasado sea, cual daga, lastimoso y carente de sentido para él.

Huérfano a los dos años de padre y madre, fue criado por sus hermanos en los hermosos campos de Concepción del Uruguay. Debia recorrer mas de 10 kilometros diarios para ir a la escuela, a veces a caballo, a veces a pie. Vagos recuerdos le hacen suponer que durante algun tiempo habló alemán en su casa. Cuando escucha el idioma casi por instinto lo entiende y puede hablarlo, milagro que acaba a los pocos segundos cuando decide enterrar los difusos recuerdos y callar.

Asistió al colegio hasta cuarto grado, edad en la que tuvo que cambiar sus libros por herramientas de trabajo. Le decían “el negro” por entre sus hermanos colorados de ojos verdes, el era el mas oscuro de piel, aunque aun asi rubio ceniza con ojos de mar.

La situacion económica de la familia no era (y jamás fue) la mejor. Lo que se producía en el campo escasamente cubría lo necesario para vivir. Mi padre cual hombre maduro, decidió con tan solo 14 años, viajar a buscar su propia vida en Córdoba junto a mejor amigo. El resto de sus hermanos también se dividió. Algunos marcharon hacia Buenos Aires, otros para el sur de Brasil, Misiones o Paraná.

Quién sabe la magnitud del impulso de  mi padre para emprender un nuevo camino a los 14. Comprendo perfectamente cuando se queja de “la juventud de ahora” que a esa edad parece solo pensar en vanalidades de la estetica, la television, internet, si ser flogger o emmo. No soy de las que creen que la juventud está perdida en lo absoluto… sólo digo que entiendo a mi padre y tomo sus quejas.

Él es de los que piensan que en la vida, uno es dueño y señor… y que salir de la pobreza es una cuestion de actitud (un tema demasiado amplio que nos ha hecho discutir a gritos mas de una vez).

Volviendo a la historia, la perlita: viajaron en moto hasta la capital de La Docta, Roberto y Gustavo, dos aventureros con mucho por vivir y contar. Cuando llegaron consiguieron trabajo en una gomería y vivían en una pension en Barrio Talleres, nombre también del equipo de fútbol que adoptaría como propio.

El trabajaba doce horas por día para poder pagar su humilde habitación y aun así, solo le alcanzaba para comer una vez al día. Como no admirarlo. Por cierto, en mi casa la comida jamás se tira: “Eso es desconocer el hambre”. Por aquellos tiempos mi padre era flaco, alto y por demás guapo. Tengo en la cabeza una foto suya al lado de su moto, con una campera de cuero negra y un cielo limpio y estremecedor de fondo.

A la vuelta de aquella pensión vivía una muchacha de pelo negro, delgada, con ojos color chocolate y piel de caramelo. Su padre trabajaba en el ferrocarril y su madre era ama de casa, lo que significó un problema importante a la hora de poder visitar a la joven. El tenía 23 años y ella solo 14. El tiempo haría lo suyo. Mis padres tienen aun mucho que contarme y espero algun día dejen su pudor de lado para deleitar mis oídos y mi corazón.

Gustavo y Roberto recorrieron en país entero con su moto. Iban hasta Brasil a comprar electrodomésticos baratos en la doble frontera o bajaban hasta el sur a visitar la gran pasión del negro: los glaciares. En uno de esos viajes, se dieron cuenta de que la vida en el sur era mejor que en el centro del país: les hacia falta mano de obra para trabajos de oficio y la paga era considerablemente mayor.

Los dos viajeros se despidieron de sus novias y entre llantos viajaron rumbo a Rio Negro. Mi papá siempre se ríe cuando lo comenta:

“Llegamos y nos dimos cuenta que ganabamos más pero alquilar una pensión nos salía tres veces más de lo que cobrabamos asi que trabajamos cagandonos de frio por la ciudad  y volvimos. Si vieras la cara de tu madre cuando me vio venir por la calle al mes de haberme ido!”.

Los hermanos de mi padre fueron muriendo de a poco. Las fotos de mis abuelos se perdieron quién sabe por dónde, tan sólo nadie las tiene. Los rumores dicen que mis abuelos escaparon a comienzos de la Segunda Guerra Mundial y que luego de haber vivido en Rusia por unos años, decidieron ir a las tierras latinoamericanas que prometían sueños y trabajo.

A mi me encanta imaginarme esa historia. Armo y desarmo el guión de mis abuelos, cómo viajaron, cómo vivieron, cómo llegaron a sentirse en tierras tan lejanas a su Alemania natal. Sólo conozco de ellos su valentía, su honra y sus ganas de luchar vida. Sus caras son mi gran intriga.

Es por eso que siento a éste, el partido de mis raíces. Argentina versus Alemania es el crudo enfrentamiento de quien soy contra la parte de mi que aun desconozco. Es la pelea del castellano educado de mi padre contra su más profundo dialecto perdido. La pasión de mi vida contra la frialdad de los recuerdos.

Mezcla de alemanes, gauchos e italianos, ARGENTINA al fin. Y que gane el cielo con el sol asomando a la historia que hoy deslumbro entre mis dedos.

Historias de viaje: “Cuidate, abrigate y llamanos”

In AguaSuaves, Contreras, Exclusivos on 15 junio, 2010 at 8:07 PM

Por José Luis Contreras

Esta madrugada el sonido perturbador de la impresentable alarma de mi celular, terminaba con mi sueño. Eran las 4:35 de la madrugada. Un ratito más decia desde mi adentro, pero habia que partír.

La noche anterior como cual escolar en su primer dia de escuela, preparé todos mis bolsos, uno lleno de abrigos y otros llenos de cassetes, cables, mí cada más pequeña cámara, dos baterías y herramientas que creo que nunca utilizare. La noche anterior una y otra vez mi madre me decia: “llevate mucho abrigo, allá te vas a enfermar, yo solo te digo, pero llevalo, llevalo”, mientras sostenia con su mano un viejo chal, de esos que uno dice “ni loco me lo pongo, pero como abriga”. Pero me sali con la mia, no lleve es añejo chal, pero tuve que meter al bolso tres bufandas, Bueno habia que negociar.

Mi viejo entre sueños me decia “preparate café, no vayas con la panza vacia”, mientras yo me encarnizaba en una cruenta lucha con ese par de medias que estaba por hacer estallar unos de los bolsos.

“sigan durmiendo, no se molesten”. decia yo, mientras avanzaba ese reloj en la pared.
“no te olvidas nada” se sentia a coro.
“no no, no me olvido nada”, replicaba. nada hacia presagiar que cuatro horas despues me diera cuenta que me habia olvidado mi cámara de fotos.

Papá y Mamá no pudieron con su genio y se levantaron de sus camas. ya erán las 5:25. “Vas a perder el colectivo, hace frio, llevás todo?” uno detrás de otro decian. “SI SI SI SI…. BUENO CREO QUE SI”.
Obviamente el café ya medio frio me seguia esperando ahi, más frió”.

“Estás seguro que sale a las 6″: ella me preguntaba.”Si”: yo le respondia
“Te presto me campera”: el me preguntaba. “NO , Gracias, llevo abrigo”: yo yo le respondia.

Mi viejo es como un Papa Noel del Norte y esa gran campera hubiese necesitado por lo menos 3 José Luis para llenarla.
Mientras tanto mis tres ángeles dormian impasibles Lucia, Florencia y Elias. El dia anterior me habia llenado tanto de estos pícaros, que solo apoye mis labios en sus mejillas y me despidí silenciosamente de ellos. Creo haber escuchado entre sueños un “chau tio”.

5:40. “Tomate un Táxi, vas a perder el viaje” otra vez a coro mis viejos. salimos corriendo los tres y el frio quemaba la cara.

“Cuidate, abrigate, llamanos”.
Paré un taxi y me despedí de ellos.

“Cuidate, abrigate, llamanos”.
El auto arrancó y detrás de la ventanilla les hacia con el dedo pulgar que todo iba a estar bien.

“Cuidate, abrigate, llamanos”. se perdian estas palabras a lo lejos.

“Cuidate, abrigate, llamanos”.

Llegué corriendo a la terminal de Colectivos, mientras veia al chofer picar los boletos de otros pasajeros.
Tiré mis bolso en el depósito y unas monedas al jovencito que me lo acomodó.
“Sale Abra Pampa, por favor rapido suban.”
Subi agitado con mi mochila golpeando a los pasajeros. “Permiso, permiso. este es el 15 ventanilla?”
“permiso. disculpá”.

Me siento. me acomodo. El colectivo está arrancando. levanto mi mirada y veo a mi madre. Me sorprendo.
Me dice ella tiritando de frío ” te estabas olvidando tú camperita, la vi colgada en la puerta de tu pieza y me tomé un taxi enseguida para dartela”.”

Miré al anónimo compañero de viaje y le dije. “Es mi madre”.

El cole estaba arrancando, ella bajó y mientras se alejaba, muy desabrigada la muy inconciente trotaba a su lado.

Y nuevamente leia sus labios detrás de las húmedas ventanas:
“Cuidate, abrigate, llamanos”.

Son las 6 de la mañana, en tres y media llego a Abra Pampa.

Son las 10 de la noche en Abra Pampa y estoy escribiendo estas lineas.

José Luis Contreras
12/06/10

Abra Pampa
Jujuy

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Lluvia

In Colectivo Nº on 21 febrero, 2010 at 2:04 PM

La lluvia, la noche, la decisión y el final.
20:00 hs
La lluvia comenzó con un baldazo sobre la ventana, casi de manera recta contra el vidrio.
- Te tengo que ir cortando porque se viene el agua y tengo que llamar un taxi.
- Bueno, te amo, suerte.
- Mañana nos vemos, te amo.
Baje las escaleras y antes de llegar a la mesita del teléfono deje la mochila junto a la puerta y un trueno hizo vibrar las ventanas. Agarre el teléfono; ocupado taxi 1, ocupado remis 1 y el tercer numero equivocado. 4 llamadas perdidas a mi hermana y fui hasta el frente, abrí la puerta y el agua bajaba por la avenida con el ímpetus del viento golpeando los autos que ya casi no andaban.
Volví adentro taxi y remis ocupado, 3 llamadas perdidas a mi hermana y 5 a mama. Nadie contestaba. Opciones?.
- Hola tío Riky me podes hacer el favor de llevarme a la terminal? No tengo quien me lleve, por favor!!
- Imposible pendejo, no puedo salir de la casa, tengo agua hasta el living.
Pensar. Opciones.
- Hola, esta el tío Horacio?
- No se fue al súper y con la lluvia no se como hará para volver.
Cero opciones. 3 llamadas perdidas para mi hermana y 5 mas para mama. Nadie. Solo lluvia. 20:10 no mas opciones a la vista. La decisión. Subí corriendo las escaleras, me puse unas zapatillas viejas, un yoggin sobre la bermuda y un par de camperas. Cubrí la mochila y abrí la puerta. El agua me golpeo la cara e hizo q la capucha se me escapase de la mano derecha. Cerré la puerta peliando contra el viento y todo fue del agua. El agua era una sola alfombra que llegaba hasta las puertas de las casas. No se veía ni el asfalto de la calle ni los bordes de las veredas; solamente agua. Hice los primeros pasos y las zapatillas se me inundaron por completo, controle que la mochila no se mojase y empece a correr. Un ruido terrible y un rayo directo al rio de piedras. Doble la esquina y salpique a un oficial que estaba bajo un techo. Pase la primera cuadra mojado pero totalmente sin problemas. Para la segunda un relámpago hizo brillar el suelo con su reflejo y se desplomaron millones de gotas mas del cielo con muchísima fuerza. Con los golpes del agua y em viento jugando en contra, llegue a la otra esquina. Esta vez y como las próximas 15 cuadras, el agua había hecho desaparecer toda seña de calle. Con algo de temor puse el paso bien adelante y el agua domino toda mi pantorrilla. Me apure y llegue hasta el otro lado. Corrí, me limpie la cara sin poder secarla. La siguientes esquinas fueron de agua hasta la rodilla y tambalearse por la fuerza del agua al bajar por la calle. La noche.
- Que hora es? – le pregunte a un policía antes de cruzar el puente.
- 20:20 !! – me dijo y me tranquilice aunque seguía inquieto.
Comencé a correr por el puente y el cielo pareció enojarse tirando una granada por toda la ciudad que hizo retumbar las miles de gotas que llevaba en mi cuerpo.
Corrí. Vi su cara. La ropa se puso pesada. El agua insoportable. Vi su cara y volví a correr. Ento es el final.
Menos cuadras, mas agua, otro salto y mucha mas lluvia.
Llegue. Pedí una bolsa y me cambie. Subí, me senté y comenzó a llover; ahora dentro mío.

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