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Sin futuro, pero con sistema penal propio

In Derecho a Replica, Exclusivos, Tonti on 4 febrero, 2011 at 1:36 PM

Por Danilo Tonti

El miedo es la materia prima de las prósperas industrias de la seguridad privada, y del control social. Una demanda firme sostiene el negocio. La demanda crece tanto o más que los delitos que la generan, y los expertos aseguran que así seguirá siendo. Florecen el mercado de las policías privadas, y las cárceles privadas, mientras todos, quien más, quien menos, nos vamos volviendo vigilantes del prójimo, y prisioneros del miedo“.

La búsqueda del miedo no es ilusoria ni tampoco desprevenida. Es miedo, pero ante todo es búsqueda. “Industria del miedo” en palabras de Galeano. “Ola de inseguridad”, en verborragia de todos.

Para el film hollywoodense es clara la escena, y también la condena: el ejecutivo o la ama de casa, en el trajín de su vida “normal”, y el delincuente (porque antes de ser persona, el sujeto es delincuente) atacando con su desvío social y su anormalidad casi natural, casi heredada. ¿El camino? No hay muchas dudas: cárcel y condena la mayor cantidad de años como fuesen posible, convenciéndose (sin siquiera creerlo) de que el encierro y la desprotección absoluta devendrán en “reinserción”. Pero sucede que aquel delincuente es joven, la secuencia se complica y casi de inmediato olvidamos la verdad que pintorescamente sostenemos: “los jóvenes son el futuro”.

¿Será que no es joven aquel pibe de 15 años que no conoció otro mundo que el robo y el camino de las drogas? ¿Será que no es joven aquel que mordió la bronca del olvido y tragó el resentimiento de la indiferencia? ¿Será que joven no es tanto un término etario como un privilegio y un mérito social? En la locura del prejuicio, los disparates son emblemas.

Lo cierto es que hoy, y con entristecedora liviandad, se discute bajar la edad de imputabilidad de 16 a 14 años. Y me sumo a la pregunta que inteligentemente se realizan los jóvenes de la Cooperativa de Comunicación “La Brújula”: ¿Por qué suponer que desde adentro del  sistema penal se restituirán los derechos vulnerados, que por fuera del mismo no están siendo garantizados? Por motivos que no llego a comprender, para muchos hay lógica y verdad en aquel supuesto.

Los adolescentes que hoy tienen 14 y 15 años nacieron entre 1994 y 1995, en plena  vigencia del gobierno de Carlos Menem, cuyas políticas económicas tuvieron como  resultado la desintegración del tejido social, la marginación de millones de personas. (…) Hoy, esos jóvenes se encuentran en el centro del debate y es el mismo Estado que los dejó fuera del sistema productivo y educativo, quien debe definir qué hacer con ellos ante los crecientes reclamos de la opinión pública“; La Brújula. En todo problema yace una matriz, una causa, y también un efecto, una consecuencia. Ver el efecto y olvidar la causa no sólo evidencia nuestra incapacidad sino que, fundamentalmente, garantiza la continuidad del problema.

A esta altura del partido, hasta resulta hipócrita sostener la cárcel y los institutos de menores como instituciones que garantizan la resocialización del sujeto, reinsertándolo exitosamente en la sociedad. Más bien, parecen sostenerse como la garantía que contrarresta la amenaza; la tranquilidad, naciente del aislamiento, de evitar contacto y encerrar peligros. En este contexto, pensar bajar la edad de imputabilidad no regala otro horizonte que el del aumento de la franja de la desprotección y el olvido, reafirmando la condena y esquivando la inclusión.

La idea de un sistema penal juvenil pareciera responder a la lógica de “aislar y condenar, para curar y reinsertar”. Sin embargo, las políticas en nuestro país a diario reafirman que éste es un camino de ida, en donde el desinterés en verdaderas políticas sociales transforma el camino de regreso en un ideal construido de ilusiones. Podemos cambiar de nombres los sistemas o de títulos los procedimientos, pero mientras la naturaleza sea la misma, la continuidad del “orden” estará garantizada.

Muchos dicen que la cárcel o los institutos son un mientras tanto necesario hasta que se profundicen verdaderas políticas inclusivas. ¿Pero saben cuál es el problema? Que la Argentina es un país del mientras tanto. “Hasta que hagamos lo correcto nos conformemos con lo posible”. Pero sucede que lo correcto nunca llega y lo posible, mediocre y simplista, termina siendo más que el mientras tanto… el horizonte. Bajar la edad de imputabilidad es condenar a esos jóvenes, que no saben nada de la vida más que el mundo que los adultos le entregaron. Condenarlos con la culpa, y soslayando la responsabilidad de un sistema social que no sólo los desprotege sino que, como si fuera poco, los ubica en el ojo de la tormenta.

No hay que olvidarse de algo, muchos de aquellos que roban y que matan en la sociedad fueron, antes que victimarios, víctimas. Y eso es lo que todos pasamos por alto y en lo que nadie se ANIMA a detenerse. Trabajar este tema no requiere sólo nuevas política, requiere nuevas configuraciones de sentido, nuevas concepciones que tienen que ver con la construcción del pobre, del delincuente, de la inseguridad. Pensar que la inseguridad se combate con cámaras de seguridad en las esquinas como convencido sostiene Macri, es evidencia de lo poco que pensamos y de lo mucho que falta.

Ningún chico, en ninguna parte del mundo, nace fumando paco o con un revolver en la mano“, sostiene Alcira Argumedo paraLa Brújula. Es en la construcción social y en la configuración de las oportunidades donde olvidamos el link de la igualdad y damos pie a que, el paco y el revolver, sean las únicas herramientas a la vista.

Pero antes de hablar y de cerrar posiciones es necesario saber de qué estamos hablando y en qué contexto lo hacemos:

“Según una investigación de Unicef, la Subsecretaría de Niñez, Adolescencia y Familia, y la Universidad Nacional de 3 de Febrero, sobre un total de  1800 adolescentes menores de  18 años privados de libertad por causas  penales  en  el país,  el 17 %  (300 adolescentes)  son menores  de 16 años. Los datos indican que un 15 % de estos 1800 adolescentes está imputado de homicidio, lo que equivale a 270 casos. Dentro de este porcentaje, sólo 46 corresponderían a adolescentes de entre 14 y 15 años. Pero esa cifra es aún más baja, si se toma como referencia la cifra del total de homicidios dolosos que se cometen por año en nuestro país, alrededor de  2000 casos. De esa cantidad, en unos  200 participan menores de  18 años.  Y según declaró el director regional  de Unicef para América Latina y el Caribe, Nils Kastberg, en sólo 15 de esos 200 casos participan menores de 16 años”. (Menores en Conflicto con la Ley - ¿Responsabilidad Individual o del Estado?; La Brújula).

En definitiva, este tema amerita los replanteos y la voluntad de dejar de lado la simple comodidad y el interés personal. No están en juegos meras opiniones, sino la vida de cientos y miles de jóvenes que en silenciosos gritos piden ayuda. Porque, como dice Galeano:

En un mundo que prefiere la seguridad a la justicia, hay cada vez más gente que aplaude el sacrificio de la justicia en los altares de la seguridad. En las calles de las ciudades se celebran las ceremonias. Cada vez que un delincuente cae acribillado, la sociedad siente alivio ante la enfermedad que la acosa. El gran negocio del crimen y el miedo, sacrifica la justicia“.

+ Menores en conflicto. ¿Responsabilidad individual o del Estado? PDF de La Brújula Cooperativa de Comunicación

> Este autor es Columnista permanente de este Blog

Un bebé muere atropellado y se debate desde la psiquiatría

In Malas Viejas on 21 octubre, 2010 at 6:50 AM

Tiziano murió con poco más de un mes el domingo que su madre festejaba su día. Fue en Posadas. El acusado, borracho, había rozado el coche de la familia, lo persiguieron y la mujer con el chico en brazos se paró frente al auto del agresor para que no huyera pero éste los atropelló.

¿Quién es víctima, quién es victimario?. La discusión entre los profesionales y la opinión del psiquiatra Enrique Stola para el blog.

Para Carolina era su primer Día de la Madre, y esa jornada cargada de emociones la cerró con un paseo en auto por la avenida costanera de Posadas junto a su esposo Leonardo y el pequeño Tiziano, de 39 días, que prendido a la teta conciliaba el sueño. Pero en pocos minutos, la locura de un automovilista alcoholizado terminaría con la corta vida del pequeño y con su madre internada en terapia intensiva, con graves fracturas en la pelvis.

Ocurrió a las 22.30 del domingo en el más tradicional de los paseos de Posadas, Leonardo manejaba a muy baja velocidad su Fiat Uno gris mientras charlaba con Carolina. Iba por el carril de la derecha cuando un viejo Ford Falcon de color beige impactó sobre la puerta delantera derecha del coche cuando salía del sector de estacionamiento.

Isidro Rolando Aguirre, un mecánico de 29 años, no detuvo su marcha e intentó escapar, pero Leonardo Castillo (33) le dio alcance unos metros más adelante y le cerró el paso, obligándolo a detener la marcha tras un nuevo impacto del Falcon contra la parte trasera del Fiat. Ambos conductores bajaron, el incidente derivó en una discusión y el hombre volvió a subir a su viejo Ford.

La joven, con su hijito en brazos, decidió colocarse delante del automóvil para evitar que su conductor –también estaba con su pareja e hijos– escapara antes de que la Policía interviniera. Ante decenas de testigos, Aguirre puso primera, aceleró y arrolló a la mujer con su bebé en brazos. La arrastró más de quince metros y dejó a ambos tendidos en el piso. El bebé ingresó sin vida al hospital.

Ante la visión de Andrés Rascovsky, Presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), y Cecilia Moise, médica psicoanalista de APA que puedes conocer aquí.

Acá las opiniones de los miembros de APA

Les comparto la opinión del psiquiatra Enrique Stola para el cual como siempre, para gran parte de las instituciones psi y sus integrantes, ¡La mujer es la responsable!

Por si los psicoanalistas Moise y Rascovsky no lo saben, en esta tragedia tenemos muchas víctimas: el niño muerto, la mujer agredida y herida, el padre del bebé y también la mujer-esposa y los niños del violento agresor, espectadores involuntarios de la terrible escena dado que estaban dentro  del auto que fue utilizado para matar.

Tenemos un victimario: un hombre violento que se alcoholiza. Todo hombre violento sabe que cuando se alcoholiza o droga se potencia su violencia. Por lo tanto la ingesta, lejos de ser una disculpa, es un agravante. Tenemos dos hombres, los conductores, que crearon la escenografía en donde sucedió la tragedia. Uno de ellos está invisibilizado en la opinión de la y el psicoanalista.

Tenemos en la escena una mujer con su hijo en brazos que tiene todo el derecho a enojarse, y, en esas circunstancias, no tiene porqué preveer que ese hombre es un violento que intentará matarla.

¿Matarla por ser mujer que lo enfrenta? es un interrogante válido cuando estamos frente a un hombre violento.¿Fue in intento de Femicidio? Las interpretaciones sobre “omnipotencia”, “obnubilada por la violencia”  y lo “deberes” que deben cumplir las mujeres en esas circunstancias están fuera de lugar.

¿Acaso surgen los mismos cuestionamientos cuando es un hombre la víctima y en un robo reacciona defendiéndose resultando herido o muerto un hijo? ¿Acaso cada uno y una sabe cómo va a reaccionar en una situación como la vivida por esta mujer?

Estas conductas asesinas, como la actuada por este hombre violento, ocurren en cualquier país del mundo y no tienen que ver con intentos de hacer justicia por mano propia (reacción de la mujer y marido) ni con la desconfianza en la policía ni con el desprestigiado Poder Judicial.

La opinión de la colega y del colega me producen verguenza y espanto.

A esta altura del desarrollo teórico de las ciencias sociales y de la perspectiva de género, de las conquistas logradas en los DD. HH de las mujeres, la doxa (opinión) patriarcal y machista que siempre culpabiliza a la mujer en boca de profesionales de la salud mental es un grave indicador del atraso en el que estamos”.

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