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El desafío en papel de Tina Brown

In Derecho a Replica on 25 noviembre, 2010 at 11:49 AM

La periodista británica Tina Brown que lanzó la web The Daily Beast intentará al mismo tiempo resucitar la revista Newsweek. En mayo pasado, el grupo encabezado por “The Washington Post” decidió desprenderse del semanario “Newsweek”,  con 77 años de historia en el periodismo de Estados Unidos, tras haber acumulado desde el 2007 sucesivos ejercicios con crecientes pérdidas.

En el periodismo que se practica en Estados Unidos existe un lugar especial para los profesionales trasplantados desde Gran Bretaña.

Dentro de todo ese flujo de exportaciones de talento que también llega hasta Hollywood -con esos particulares acentos que siempre encandilan a este lado del Atlántico y apreciados bagajes de cierta sofisticación- se encuentra Tina Brown.

La directora de medios tanto “old” como “new” que a sus 56 años vuelve a estar de moda en la industria de comunicación americana al quedar al mando de la fusión entre la histórica revista Newsweek y la novísima web Daily Beast.

Lidiar con dos medios que sólo tienen en común el no ser rentables se plantea como un formidable reto incluso para una editora como Tina Brown, con una distinguida carrera basada en una lucha sin cuartel por los contenidos. Y la apuesta por romper barreras y géneros, sin reparos a la hora de mezclar temas ligeros y rigurosos.

Le gusta mucho hablar de “metabolismo acelerado” como metáfora de una dieta periodística de verdura amarga y postre dulce que ella misma ha puesto en práctica en las dos grandes publicaciones que ha dirigido en Estados Unidos: Vanity Fair y The New Yorker.

En el caso de Vanity Fair, Tina Brown supo hacer una revista de élite contando la cultura de las celebridades. Proceso en el que pasó de vender 250.000 ejemplares a 1,2 millones, con fabulosos ingresos publicitarios. Y en el New Yorker, dentro de una transición nada fácil en la que se ganó sobrenombres como “Stalin con tacones“, se encargó de introducir piezas más cortas y poner imagen a la palabra desnuda, con un esfuerzo de ilustraciones y fotografía.

El reto Newsweek

A partir de ahora, para la revista Newsweek con una circulación de 2,4 millones de ejemplares también se esperan cambios radicales ante el evidente consenso de que resulta imposible subsistir contando las noticias de la semana pasada. Pero a diferencia de anteriores proyectos, Brown esta vez tendrá que producir sus “milagros” con limitados recursos, en mitad de la crisis y con los zarpazos de Internet al papel.

Sidney Harman, el nuevo dueño de Newsweek después de que el grupo del Washington Post tirase la toalla, ha calificado a Tina Brown como “maestra del alto y bajo periodismo, sin que la parte baja sea denigrante”. Filosofía que la periodista ha demostrado en el libro que publicó hace tres años con el título de “Las crónicas de Diana”. Oportunidad en la que aprovechó todo el filón morboso generado por la Princesa de Gales para ofrecer un alabado retrato en profundidad de la aristocracia británica.

Hija de un productor de cine, licenciada en literatura por Oxford University y casada con el también periodista británico Harold Evans, en la carrera de Tina Brown también figura un contundente fracaso. En 1999 -con el respaldo del grupo Hearst y Harvey Weinstein, empresario de Hollywood- lanzó la revista “Talk”. Historia que no prosperó y tuvo que cerrar en el 2002. Pero a juicio de Brown, algunas de las grandes lecciones de su vida las aprendió en ese multimillonario fracaso.

Rumbo a internet

Hace dos años, tras adoptar la nacionalidad estadounidense, Tina Brown desembarcó en internet con el respaldo del empresario Barry Diller. Quería “jugar en el nuevo cajón de arena” de los medios de comunicación online. El resultado es el Daily Beast, calificado por la revista Time como unas de las mejores ofertas digitales:

“No es sólo el calibre de las firmas que se congregan alrededor de Tina Brown lo que están haciendo de esta web una lectura obligatoria para cualquier consumidor serio de noticias. Es también el empeño de cosechar y cribar los titulares del día para que poder digerir rápidamente los elementos más esenciales”.

El nombre de Daily Beast viene del periódico de ficción que aparece en la genial novela “Scoop” sobre el periodismo sensacionalista publicada en los años treinta por Evely Waugh. Y desde un principio, la web de Tina Brown se ha concentrado sobre todo en dar de qué hablar.

Fuente: ABC

Entrevista a Hernán Casciari de Orsai

In Paladar mostaza on 25 noviembre, 2010 at 10:24 AM

“El proyecto Orsai no es una revista: la revista es un catálogo del proyecto”, me dijo Casciari, y veo que ya ha puesto una pizzería en la planta baja de la redacción de su futura publicación. Sí. Una pizzería. Empiezo a entender que esto va más allá de una revista, y me pregunto si tendré que cambiar todas las preguntas de la entrevista. Trajeron el horno desde el otro lado del océano Atlántico, mejor dicho, se trajeron a su pizzería favorita desde Mar del Plata, Argentina.

Ese es el primer párrafo de la excelente nota que Marilín Gonzalo le hizo a Hernán Casciari desde el sitio Alt1040. Si todavía no conoces a Casciari o su proyecto , te recomiendo le pegues una leída a El valiente que busca una revista con viralidad en este blog. (ver nota) Sino sigan leyendo la entrevista al autor argentino.

Definitivamente lo que está haciendo Hernán puede estar relacionado con futuros horizontes para la prensa, puede vagar en las cabezas de directivos de medios que se preguntan si están ante un revolucionario o simplemente un pirado, puede llenar de fe a todos los que creemos que el dinero no está delante de todo en este mundo, pero lo que está claro es que Hernán está muy seguro de lo que hace, que miles de personas están apoyando este proyecto, y que la intrepidez puede salir bien. Fuimos a felicitarle por su iniciativa y de paso le hicimos algunas preguntas:

Todo el mundo buscando modelos para que las publicaciones digitales funcionen, y va el tipo que hace años publica en internet y presenta su nuevo proyecto que se basa en publicar en papel. ¿Por qué?

Yo creo que el gran problema es “buscar modelos” (esa manía tan absurda que nunca da resultados felices, sino solo a veces resultados económicos) en lugar de mirarse bien adentro y preguntarse “qué carajo necesito”. En mi caso, cada cosa que hago es para mi círculo íntimo. Empecé a escribir ficción en internet en 2003 jamás “buscando un modelo”, sino porque me fui a vivir a otro lado y quería contarle los cuentos de siempre a mis amigos de Argentina. Cuando abrí Espoiler fue porque estábamos hartos, mi primo Guillermo y yo, de buscar y buscar descargas y subtítulos sin orden, con banner publicitarios infames, en webs desesperantes. Y la revista Orsai es una necesidad que tengo con mi amigo Chiri, de leer una revista como antes, como cuando las revistas estaban buenas. No buscamos modelos, nunca.

Si se me permite la metáfora, “buscar modelos” es buscar chicas lindas sin importar lo que tengan adentro. Si buscás modelos, lo que querés es coger. Follar. Pero uno ya tiene una edad, Marilín, en el que te importa más la serenidad de una pareja estable, inteligente, que te haga feliz.

Justo en el momento en el que escribo estas líneas ya se han vendido más de 4.000 ejemplares del primer número de la revista sin que nadie haya catado nada todavía, ¿qué está pasando? ¿Esperabas de verdad semejante acogida?

Cuando te respondo estas líneas se llevan vendidas 5.010, y cuando el lector lea esto serán un poquito más. Yo creo que lllegaremos a 10 mil el día de cierre de venta (el 10 de diciembre). Nosotros no esperábamos nada, solamente hacer una revista y divertirnos. Y es exactamente lo que está ocurriendo en casa.

Desde hace tiempo la prensa escrita vende cada vez menos, ¿qué ha ido mal en tu opinión?

La industria editorial vende cada vez menos porque la gente lee cada vez más. Parece paradójico pero no lo es. Es esa la razón. Lo que ocurre es tan simple que se convierte en una obviedad. ¡La gente empieza a hacer lo que se le antoja! Las empresas siguen promocionando productos (lea este diario, lea este libro, lea esta revista) y no se dan cuenta que es hora de promocionar sensaciones.

La revista Orsai hace todo al revés, por estrategia. Los lectores eligen el precio en cada país (jamás lo haría la industria); eliminamos intermediarios ineficaces que solo están ahí para encarecer los productos (jamás lo haría la industria); los lectores distribuyen y promocionan (la industria necesita manipular esos pasos); nosotros elegimos autores y temas pensando sólo en nosotros, en Chiri y en mí, en nuestros gustos (la industria no hace eso, es complaciente con un mercado que sospecha imbécil); impedimos a como dé lugar que nuestro proyecto se convierta en un negocio (la industria no puede hacerlo); nos divertimos como chanchos en el proceso (la industria se estresa en el proceso); contamos todo con honestidad y simpleza (la industria está acostumbrada a ocultar y a alardear de complejidad); no usamos la publicidad tradicional en ninguna dirección (la industria está atada al reclamo y la mentira, es su oxígeno).

Pero todo este párrafo se resume en un solo detalle: la industria hace productos para los targets, y ya estamos capacitados (como comunidad) a rebelarnos de ser target. Ya nos comunicamos entre nosotros. Ya podemos hacer proyectos, y no productos. Ya podemos promocionar sensaciones, deseos y sueños.

Y una vez que consigamos esto, ¿quién de nosotros querrá productos industrializados?

La Revista Orsai se sustenta en varios pilares poco habituales: 1) todos podemos convertirnos en distribuidores de la revista y 2) dependiendo del país tiene un precio u otro. ¿Creés que lo que están haciendo es extrapolable a otras publicaciones o cada uno “tiene que hacer su propia revolución”?

El proyecto Orsai no es una revista. Digamos que la revista es un catálogo del proyecto. En ese proyecto global no existen dueños. El proyecto Orsai es código libre desde el punto que decimos cómo lo hacemos. Cualquiera puede hacerlo, ni siquiera es complicado.

Ya sabemos que en la revista participarán grandes profesionales de la letra como por ejemplo Jose A. Pérez, ¿alguna pista más?

Cada jueves hago un avance, en el blog. Hay grandes ilustradores (Alberto Montt, Omar Turcios, por ejemplo), grandes escritores (Juan Villoro, Agustín Fernández-Mallo), grandes periodistas (Alejandro Seselovsky, Hernán Iglesias Illa), enormes fotógrafos (Enrique Meneses), historietistas míticos (Horacio Altuna)… Hay mucho. Me sorprendo yo mismo al escribirlo.

Todos tenemos una imagen de nuestro lector en la mente, aunque no sea cierta. ¿Con qué palabras describirías a los que han comprado ese primer número de Orsai?

La palabra inicial es hartazgo. Se nota muchísimo que la gente está harta. Y la segunda palabra es fe. Confianza en que pase algo diferente de una vez. Lo noto también en las entrevistas que me hacen para prensa o radio. (Yo pensé que la prensa nos daría la espalda, a nivel corporativo; pero no pensé que cada individuo de la prensa es una persona harta, que nos llama y quiere hacer la nota, incluido el diario El País, del que renuncié.) Después de la nota, y siempre off the record, cada periodista me dice “Suerte, de verdad, mucha suerte con esto”, y yo sé lo que me está diciendo ese colega. Yo sé muy bien lo que me dice.

Todo estamos queriendo que algo bueno ocurra con esto.

+ Mas info sobre la Revista Orsai

> Grupo de Facebook Orsai Córdoba (+mail)

Acá puedes ver la lista completa de los precios en tu país.

Fuente: Alt1040 Foto: Eduard Bayer

Negroponte y sus predicciones sobre redes sociales, periodismo y la educación digital

In Derecho a Replica on 20 noviembre, 2010 at 11:21 AM

Nicholas Negroponte es un arquitecto estadounidense de 67 años que se ha convertido en todo un visionario de las nuevas tecnologías. Hace días pasó por España y dejó conceptos fulminantes como el decir que para 2015 no existirá la prensa escrita, que las redes sociales no son tan importantes y que Twitter va a pasar de moda. Al final José Luis Orihuela le contesta.

Fue el fundador del MIT Media Lab, de la revista Wired e impulsor del proyecto “Una laptop por niño” , cuyo objetivo es proporcionar a las comunidades desfavorecidas un portátil por 100 dólares. Las predicciones de Negroponte en su libro La era digital, hacen que ante los hechos actuales el mundo digital contenta la respiración cuando está por dar sus opiniones a futuro.

Este griego de nacimiento, pero norteamericano por educación, es descarada y políticamente incorrecto, partidario del software libre y contrario al copyright. En su libro ya se hablaba del eInk, la tinta que hoy corre por los libros electrónicos. Negroponte predecía el fin del papel.

“Sabemos con certeza que el papel va a desaparecer como soporte para los medios por motivos de distribución, producción y coste. La cuestión no es tanto qué pantalla o qué soporte prevalecerá como la credibilidad de las noticias”.

La prensa escrita

“Los periódicos ya no existen… para mí (ríe). En poco tiempo, para 2015, la prensa escrita no existirá y todos nos acostumbraremos a informarnos a través de la Red e incluso dejaremos de lado la televisión. A una minoría le costará adaptarse pero se darán cuenta de que si no lo hacen, se quedarán fuera de la sociedad. Estoy seguro de que una madre e incluso una abuela, si las enseñas, estarán encantadas de usar un iPad”.

La figura del periodista

“El periodista se fortalecerá y tendrá un papel mayor, que será el de clasificar y canalizar todos los contenidos que los usuarios vierten en Internet. No vale todo y es el periodista quien tiene que valorar la información útil”.

Las Redes Sociales

“Es cierto que en los tiempos que corren es necesario ser un usuario experto en Internet pero las redes sociales como Facebook o Twitter no son tan importantes, depende del entorno en el que te muevas y de si tus amigos y familiares usan estos medios para comunicarse a diario”.

“No creo que Twitter vaya a durar mucho tiempo, un lugar donde se pierde mucho tiempo, pero sí me parece interesante que se puedan emitir pequeños mensajes con facilidad, directamente. Si te interesan las noticias, el reto es llegar a la fuente principal, no a la de tercera o cuarta mano”.

El Copyright

“Es una solución del pasado. Se hizo para que los artistas pudieran tener fondos y vivir haciendo su labor. Las descargas no les preocupan tanto a los artistas como a los intermediarios, que son los que siguen beneficiándose del copyright”.

La brecha digital es cada vez más reducida en los países occidentales, ¿para cuándo cree que llegará a los mismos niveles en Sudamérica, África o Asia?

“No sólo nos van a equiparar, sino que seguramente nos superarán ya que muchas comunidades de países subdesarrollados han tenido acceso antes a ordenadores que a libros de papel”.

La educación y acceso de los Nativos Digitales

“La curiosidad es su principal motor. No saben qué es un ordenador, ni cómo se teclea pero tienen infinitas ganas por aprender e incluso de enseñar a sus padres. Lo primero que hacen es buscar a sus futbolistas favoritos y compartir fotos e imágenes con otros niños”.

“Un chico en Camboya cogió un portátil de nuestro proyecto y se encontró con una página porno. No hubo que decirle nada, la cerró y siguió buscando otras cosas. Las nuevas generaciones tienen a su disposición multitud de medios tecnológicos y los adultos no debemos controlarles sino educarles, enseñarles a usarlos y sobre todo, confiar en ellos”.

A estas apreciaciones respondió José Luis Orihuela:

Las recientes declaraciones de Nicholas Negroponte en las que afirma que “Twitter no es tan importante” y que le parece “una moda pasajera”, parecen más encaminadas a generar polémica que a analizar una plataforma que realmente no usa.

Al momento de publicar esta anotación, si uno buscaba en Google la expresión “los blogs son una moda” obtenía 7.840 resultados. Quiero decir que este tipo de planteamientos consistentes en sabotear sin argumentos sólidos las aplicaciones dominantes para obtener visibilidad a causa de la polémica, son una estrategia muy vista.

Como explicaba en una conferencia reciente, lo que resulta más radical de Twitter no es la marca ni la plataforma (que podrían desaparecer cualquier día), sino la cultura que nuestra apropiación de la plataforma está definiendo: un modo social de leer la realidad y de leer los medios en tiempo real y a escala global.

Mucho más relevante que enfrascarnos en la discusión acerca de si es  o no transitorio algo que estamos haciendo y transformando ahora mismo, me parece que es el análisis de cómo nuestra experiencia cotidiana del uso de Twitter está transformando no solo el modo de escritura, sino especialmente el modo de lectura social de la realidad.

Mientras tanto, a Negroponte que escribió en El mundo digital (1995): “La transformación de átomos a bits es irrevocable e imparable”, habrá que hacerle notar que las transformaciones culturales generadas por el mundo digital, también son irrevocables e imparables. No son solo una moda.


Hernán Casciari, el valiente que busca con Orsai una revista con viralidad

In Jóvenes Sueños, Paladar mostaza on 4 noviembre, 2010 at 12:50 PM

El rumor, corre, se escabulle entre los modems y se reparte en las pantallas. Algo va a ocurrir, una pizca de mundo va a cambiar y la hoja contra el viento va a hacer oposición. Algunos quieren hacer algo diferente y es en papel, como antes, con la calidad de siempre y novedosas esperanzas de que esta vez resulte. Sale Orsai la revista dirigida por Hernán Casciari en todo el mundo en papel en tu librería amiga.

> Grupo de Facebook Orsai Córdoba (+mail)

Hernán Casciari nació en Mercedes, Buenos Aires, en marzo de 1971, es escritor y periodista. Desde el año 2000 está radicado en Barcelona, desde donde ha escrito una serie de blogonovelas pioneras en la literatura por Internet. En febrero de 2004 comienza a escribir artículos, ensayos y piezas cortas de ficción en su blog personal Orsai.

Tras la recopilación de la historia virtual ‘Los Bertotti’, publica el libro Más respeto que soy tu madre, que será llevada al cine en 2012 y que adaptó al teatro (con gran éxito) Antonio Gasalla. Y cuando todos contábamos su caso emblema por el posicionamiento que había logrado en los grandes medios, publicó:

“Renuncié hace unos días a mi columna de los domingos en el diario La Nación, de Argentina, y renuncio hoy a mi columna de los viernes en El País, de España. Noventa columnas y dos años de trabajo en La Nación; ciento veinte columnas y tres años en El País. Aprendí mucho de ambos periódicos. Aprendí, sobre todo, que solamente me puedo divertir en un medio sin publicidad, y que solamente puedo dormir los viernes —de un tirón, sin telefonazos intempestivos— en un medio sin ideología”.

En su valiente post “Renuncio” cuenta como la publicidad y la crisis le fueron comiendo palabras a su espacio de publicación en El País de España, ingresó en un Suplemento de 16 páginas que se redujo a 8 y terminó escribiendo columnas de 240 palabras cuando había comenzado con 400, por eso renuncia a su columna.

“Se me podrá decir que tengo suerte, porque al final del camino cobré lo mismo por hacer la mitad del trabajo, pero ése es justamente el pensamiento rácano del periodismo actual. Mejor sería pensar: ¿tiene sentido que un tipo que escribe tenga que expresarse conforme avance o retroceda la publicidad? Por lo menos no se trata de censura ideológica, es verdad, pero la decepción interna es idéntica.”

También renunció a La Nación de Argentina donde asegura el límite era más bien ideológico y anunció que no publicará mas libros con Random House Mondadori, Editorial Sudamericana de Argentina, Editorial Grijalbo en México ni Plaza & Janés de España. Pero semejante portazo, que cuenta alarmó a su esposa, no era por rebeldía inservible sino para alinearse en un proyecto renovador o restaurador quizás mejor.

Así nace Orsai, por las ganas de volver a leer largo y tendido, y de que cada colaborador escriba hasta que se le antoje. Queremos tener en las manos un papel que no te venda nada, ni explícito ni subliminal. Regresar a la crónica periodística y a la ilustración de calidad, y que las fotos te cuenten una historia, y que cada línea y cada desglose esté hecho por personas apasionadas, y no por burócratas, pasantes, acomodados y becarios.

Los lectores se organizan tras lo que los autores demandan y explican, se venderá el primer número en pack de 10 ejemplares que se reservan en una librería de tu ciudad (nunca más se re editará el Nº1) se utilizará  PayPal (se abrió un foro para explicar mejor eso) con los libreros y las páginas 2 y 207 de la revista Orsai, en las que generalmente se colocan las publicidades más caras en un medio tradicional, tendrán el nombre de todos los lectores, distribuidores o librerías que hayan comprado al menos un pack.

Acá puedes ver la lista completa de los precios en tu país.

Los lectores se organizan y a través de las redes sociales, mails y el blog Orsai, se contactan forman grupos de a 10 (con la ayuda y gestión de las librerías muchas veces) y así podrán tener su Orsai Nº1. Perdón, podremos tenerla, porque posterior a este post tengo que salir a pagar mi revista. En Córdoba, Argentina ya nos organizamos mediante un grupo de Facebook llamado Orsai Córdoba (+mail).

Lo que sucede es genial, entra a quiero ser distribuidor y ayuda en la cadena, o bien haz click en reservar la revista y fíjate en donde la puedes encontrar en tu ciudad. Puedes encontrar a los lectores de tu zona y hasta si te animas escribir en Orsai.

Quizás no llegue a nada, o tal vez cambie el mundo, no se sabe. Pero festejo la valentía del periodista, del hombre que renunció a la comodidad y se lanzó al vacío. Yo voy a ir a gratificar esa valentía que miles de jornaleros pagos evitan y terminan vendiendo comida rancia en el fast food de los medios. Voy a ir a pagar mis acciones en ese sueño de escribir lo que se quiere sin que el lucro nos edite. Tal vez estando, productores y consumidores del mismo lado, la oferta y la demanda logran tomarse de la mano y sentarse a leer.

Cómo se escribe un diario según Miguel Bastenier

In Malas Viejas, Paladar mostaza on 3 noviembre, 2010 at 11:01 AM

El libro Cómo se escribe un diario está basado en la experiencia de Miguel Ángel Bastenier como maestro de los talleres que por más de diez años ha dictado en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). En él busca el chip colonial de los productos editoriales que se enfrentan a una serie de problemas que padecemos en la región, aunque también destaca dotes que vuelven únicas las producciones de la región.

“Cuando digo que los ingleses (y los anglosajones, en general,) ‘no saben hacer mal los periódicos’ quiero decir que desde que el mundo es mundo y la Revolución Industrial su profeta, los hijos de la Pérfida (pero sabia) Albión han leído periódicos técnicamente bien hechos y carecen por ello, como sí nos ocurre a nosotros los latinos, de los conocimientos necesarios para hacerlo mal”.

En torno a esto Bastenier menciona que el chip colonial, es una especie de virus dejado por los españoles de engolamiento, verbosidad, pompa, administrativismo que era el lenguaje oficial en Las Indias. Eso es lo que vive aún en el periodismo y que según el autor, se propaga a la velocidad de la enseñanza escolar deficiente, de la carencia de libros en el hogar, y de “la corbata de la auto-importancia que se pone el periodista latinoamericano para sentarse a llenar de ruedas de prensa su periódico”.

Cómo se escribe un diario es periodismo puro y duro, para asentar conocimientos tanto en jóvenes reporteros como en periodistas y editores de medios de América Latina y España. Empieza con una declaración: la primera fidelidad del periodista hispanoamericano debe ser su lengua, el español.

Con el chip colonial, o “el síndrome de la compilación“, Bastenier expone su teoría sobre los problemas del periodismo latinoamericano y da soluciones a sus distintas manifestaciones, como la declaracionitis, la fiebre por llenar párrafos con declaraciones innecesarias. También muestra ejemplos de buen periodismo en una antología ilustrativa de crónicas, entrevistas y reportajes publicados en diversos diarios del continente.

“Si es verdad que los latinos hasta no hace mucho teníamos todo en contra para hacer buenos periódicos, porque desconocíamos de una manera cotidiana y natural su existencia, Internet puede cambiarlo todo”. De esta manera puede mostrar a sus alumnos como se utilizan diferentes herramientas en redacciones de todo el mundo.

Lo que indica es:

  • No hacer prólogos a la información.
  • Desechar cuando no se sabe cómo manejarlo el llamado ‘lead retardado’ y volver al sólido sujeto-verbo-predicado.
  • No confundir interpretación (por qué pasan las cosas que pasan) con opinión (lo que me gusta o no que pase)
  • Soltar lastre a medida que la información avanza ( no repetir cada vez el nombre completo de cada cosa, sino aludir simplemente de la manera más sintética a quien o que corresponda)
  • Hacer que el marciano de marras entienda todo lo que se escriba en el periódico.
  • No dejar cabos sueltos, o expectativas de información no satisfechas.
  • No dejar nunca de consignar cuándo y dónde ocurren las cosas.

Asegura que estos detalles “no preocupan a los ingleses porque llevan en la masa de la sangre no saber hacerlo de otra manera que respondiendo automáticamente a todas esas situaciones”, pero en el caso de los latinoamericanos que han leído periódicos mal hechos toda su vida están condenado a repetir profesionalmente lo que han visto: hacer malos periódicos.

Al final, ofrece veinte condiciones para ser buen periodista y recrea un debate sobre la profesión con figuras del periodismo en América Latina. Cómo se escribe un periódico hace parte de la Colección Nuevo Periodismo, creada por el Fondo de Cultura Económica y la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, presidida por Gabriel García Márquez.

Fuente: FNPI

Die Zeit el diario que crece en plena crisis

In Derecho a Replica on 1 noviembre, 2010 at 2:58 PM

Por lo que se viene escuchando un tiempo a esta parte, el mundo se está acabando para los diarios impresos y los mismos parecen extinguirse en muchos países. Retumban las quejas de miles de periodistas que son dejados en la calle por empresas mediáticas que no logran frenar la irritación de sus balances, escogiendo liberarse de recursos humanos y evitando el sacrificio de inversión para que la calidad les devuelva ganancias.

Más allá de este panorama tan atendible como desalentador, siempre en el desierto se generan oasis que alimentan la ilusión de que el proceso negativo se puede revertir. Sin dudas es el caso de Die Zeit ya que la facturación del periódico alemán creció un 70%, los beneficios se triplicaron y la difusión aumentó un 60% hasta el medio millón de copias semanales. No hay milagro sino trabajo. No hay despidos sino ideas.

Se calcula que Die Zeit durante 2009 tuvo ingresos totales de 123 millones de euros, sin renunciar a sus artículos largos, a veces muy documentados; algo complejos, controvertidos; y a menudo sobre cuestiones éticas o de historia. Actualmente busca ofrecer distintos puntos de vista y la mayoría de los nuevos abonados tienen entre 20 y 30 años.

Giovanni di Lorenzo

Su director, Giovanni Di Lorenzo, asegura que el truco fue estudiar en detalle las necesidades de los lectores, ignorar todos los consejos de los asesores de medios y seguir sus convicciones sobre las formas periodísticas.

Die Zeit no ha renunciado al online. Al contrario, tiene una redacción digital para la que trabajan unas 60 personas. Parte de los contenidos del papel se publican en la web a lo largo de la semana. “El periodismo digital sabe hacer de todo menos traer dinero”, dice el director. Por esta razón, culpa a los propios medios de la crisis del papel y condena la “actitud destructiva” hacia el periodismo impreso. Desconfía, asimismo, de las “creencias pararreligiosas en Internet”, que, dice, se han convertido en ideología.

Los medios en papel impreso están volviéndose locos para encontrar un modelo económico que les permita sobrevivir. Die Zeit lo tiene. ¿Cómo lo han logrado?

Yo rechazo el término “sobrevivir”. Porque Die Zeit, el año pasado, en el momento más terrible de crisis económica mundial, registró el mejor año de su historia, tanto en tirada como en ingresos. Este año nos va aún mejor. No digo esto para jactarme, lo digo porque no es obvio que el papel impreso tenga que estar en crisis. Rechazo las definiciones autodestructivas. Me molestan.

En los últimos años hemos hecho mucho para dañar la imagen del papel, al que, en el fondo, debemos todo. ¿Cómo lo hemos conseguido? Desoyendo todo lo que nos aconsejaron los asesores de medios. Seguimos haciendo textos muy largos, no nos adaptamos a las modas y continuamos haciendo un periódico bastante difícil. Creo que esta fue una de las razones de nuestro éxito. En un momento en el que la gente necesita orientación, se dirige a medios que no han cedido ante compromisos.

En concreto, ¿qué estrategias han empleado?

Hemos introducido el color y la “cover story”, la historia de portada, en lugar del artículo de opinión; hemos estudiado un nuevo diseño, moderno y bonito, y hemos creado nuevas ofertas: páginas para niños, la revista, páginas dedicadas a temas religiosos, páginas que pertenecen solo a los lectores… Para ello hemos estudiado muy bien las necesidades de nuestros lectores.

A menudo, nosotros, los del papel impreso, hacemos diarios solo para nosotros y para nuestro sector y nos olvidamos del público que paga. También hemos abierto nuevos campos para competir: hemos fundado ocho nuevas revistas con la marca Die Zeit, tenemos una oficina de viajes y una tienda de marca que vende nuestras ediciones. Hemos ampliado actividades, pero no hemos traicionado nuestra propuesta de calidad. Creemos que la calidad trae dinero.

¿En qué medida la revolución digital ha cambiado Die Zeit?

Lo ha cambiado relativamente. Buscamos no hacer lo que hacen los diarios, ni siquiera soñamos con hacer lo que hacen los online. Buscamos la profundización, la orientación, el acercamiento distinto. Nuestra tentación como periodistas es tratar siempre el tema que está en pleno debate y genera polémica. En plena polémica acerca del libro de Thilo Sarrazin -crítico con la contribución social de los inmigrantes musulmanes- y del proyecto de Stuttgart 21 -tren de alta velocidad rechazado por su impacto ecológico-, abrimos hace dos semanas con una sobre el misterio de la autoridad, Das Rätsel Autorität -una investigación político filosófica sobre la autoridad-, que no tenía nada que ver con las discusiones actuales y que, sin embargo, era un debate sobre los valores de nuestras vidas. Fue el número más exitoso de este año. Significa que han cambiado las necesidades de los lectores.

Tenemos que cuidar a nuestro público, que es fantástico. En 2006 festejamos nuestros 60 años y nuestro administrador adjunto propuso hacer un día de las puertas abiertas: muchos se rieron, la propuesta les pareció absurda. En el fondo, no hay mucho que ver: solo oficinas, y tampoco muy bonitas. Pero al final lo hicimos. Unos diez periodistas se quedaron para guiar a la gente. Llegó tanta gente desde toda Alemania que no pudieron entrar en un solo día. Hay que cuidar el afecto de las personas al periódico.

La página web elabora contenidos propios, ¿cómo está organizada?

La redacción online es grande, está separada y se divide entre Hamburgo y Berlín. Ahí trabajan en total unas 60 personas. Un tercio de los redactores del papel además, contribuyen, de manera absolutamente voluntaria, a la web. Nos estamos comprometiendo mucho con el digital, no negamos en absoluto su valor, y creemos en ello.

Pero quiero hacer una observación: este medio celebrado en todas partes como el futuro, de momento, sabe hacer de todo menos ganar dinero. Por eso estamos invirtiendo en el digital, porque nosotros también creemos en él, pero evitamos, con todas nuestras fuerzas, hablar mal del papel.

¿Hay futuro para el papel también entre los jóvenes?

Creo que hay buenas posibilidades. Hay que hacer mucho para motivarlos. Nosotros empezamos desde la escuela: 200.000 alumnos reciben Die Zeit cada año. Además, tenemos todo un tejido en las universidades donde desde hace años organizamos losZeitdebatte, los debates de Die Zeit. Tenemos una revista para la universidad y desde hace algunos años incluimos páginas para niños. El resultado es que el número más grande de nuevos abonados tienen entre 20 y 30 años.

¿Hay entonces un futuro para el periodismo de calidad, ése que cuesta dinero?

Yo no estoy negando la crisis, es inútil cerrar los ojos. Digo, sin embargo, que no está escrito en las tablas de Moisés que todos los periódicos vayan a desaparecer. Habrá excepciones. Tenemos que cambiar los periódicos, pero no podemos atribuir nuestros problemas solo a la revolución de Internet. Hubo otros errores.

¿Cuáles?

La falta de credibilidad. El abandono de la calidad. Si se empieza a hacer diarios demasiado sensacionalistas o demasiados parecidos entre sí, se pierde tirada. La crisis de los diarios estadounidenses empezó con la actitud de la prensa hacia la guerra en Irak. Los diarios se dejaron instrumentalizar por el aparato propagandístico, por eso los lectores empezaron a buscar en Internet, porque ahí estaba la promesa de encontrar otra información. La crisis empezó ahí.

Dijo usted que no critica Internet como instrumento, sino las “creencias pararreligiosas en Internet”…

Soy un enemigo de todas las ideologías políticas, bajo las cuales sufrí mucho. Por eso también soy enemigo de la ideología de Internet que existe y no se puede negar. Soy contrario a la idea de Internet como único medio democrático, como única esperanza, como única salida. Mi experiencia de vida me enseña a no creer en las ideologías porque siempre degeneran en violencia, fantasías totalitarias y guerras contra la verdad.

Hijo de alemana e italiano, con una historia de inmigración, y ahora director de Die Zeit. ¿Cómo llegó al periodismo?

La experiencia de inmigración fue muy fea. Llegué aquí a principios de los setenta y este país era muy distinto de lo que es ahora. Mi hermano y yo éramos los únicos extranjeros en la escuela. No conocía bien el idioma, mis padres se acababan de separar, y nos mudamos de Roma a Hannover, una ciudad, por así decirlo, con un poquito menos de encanto. Fue duro.

Pronto entendí que tenía que hacer algo con mi cabeza, porque el fútbol se me daba fatal y con las manos no sabía hacer nada. Estudié mucho el idioma y me dediqué a los estudios. Antes de terminar el colegio hice unas prácticas en un diario de Hannover. El primer día me hicieron escribir un artículo acerca de Angelo Branduardi (músico italiano). Terrible. Sin embargo, volví a la casa con mi viejo Fiat 127, y en ese auto supe qué era lo que quería hacer.

Usted escribió una tesis acerca del imperio mediático de Silvio Berlusconi antes de que se metiera en política. ¿Qué se puede aprender de Il Cavaliere?

Que es espantosamente buen manipulador. Esto, sin embargo, no quedaba claro entonces, y tampoco era el tema de mi tesis. Aprendí una frase que entonces me causaba mucha rabia, y, sin embargo, con el tiempo entendí que tenía razón. Berlusconi decía siempre: “Vosotros, periodistas, pensáis siempre que la gente lo sabe todo, pero no sabe nada”. Es evidente que él lo decía de manera muy cínica. Sin embargo, ahora, a menudo, se lo recuerdo a mis colegas, por lo que decía antes: tenemos que abrir los periódicos a las necesidades de los lectores.

Helmut Schmidt, ex canciller alemán, es presidente honorario de Die Zeit. Para muchos alemanes es un modelo. ¿Qué relación tienen ustedes?

Es un hombre que acepta las críticas y desprecia a quien dice siempre sí. Su popularidad es síntoma de un descontento hacia la clase política actual, él mismo lo dice. Representa todo lo que la gente echa de menos ahora. Tengo la suerte de tenerlo cerca, es uno de estos personajes de los que se puede decir que hay pocos en un siglo. Por independencia, lucidez, capacidad de análisis. En alemán se diría que es, “eine Jahrhündertfigur” -una figura del siglo-.

Fuente: El País

Rodolfo Walsh y su Operación Masacre vía Twitter

In Pasiones on 22 octubre, 2010 at 7:19 AM

¿Te imaginas a Rodolfo Walsh con un celular contando en 140 caracteres la investigación periodística que marcó precedentes del non fiction? Por un momento podemos jugar al paralelo temporal y trazar un puente tecnológico para saber que hubiese publicado a través de las redes sociales el periodista durante que averiguaba los fusilamientos de José León Suarez. Un proyecto que vale la pena “volver” a leer.

A finales de 1956 el periodista argentino Rodolfo Walsh se cruzó por casualidad en un bar de La Ciudad de la Plata con la historia de su vida: “hay un fusilado que vive”. Tirando de este hilo Walsh habló con siete fusilados supervivientes y descubrió con una trama de crimen organizado protegida por el Gobierno a lo largo de una investigación clandestina que duró hasta marzo de 1957.

Rodolfo Walsh se sirvió de las plataformas de publicación online, de Twitter, de su smartphone y de numerosas aplicaciones de la Red para contarlo.

Así es como ve la historia Álvaro Liuzzi en “Proyecto Walsh”, un experimento periodístico que intenta mezclar la obra de investigación Operación Masacre de Rodolfo Walsh con las herramientas digitales de publicación, es decir, contar la obra de Walsh como se podría haber contado en nuestros días. La motivación de este proyecto, explica Liuzzi, es “principalmente una profunda admiración por el trabajo de Rodolfo Walsh y las ganas de experimentar con los nuevos lenguajes periodísticos”.

Básicamente, se busca la respuesta a esta pregunta: “¿Qué hubiese sucedido si para la investigación de Operación Masacre, Rodolfo Walsh hubiese contado con las herramientas digitales que poseemos hoy los periodistas?”, aunque Liuzzi añade otro objetivo más: “realizar un proyecto periodístico movilizador y divertido que logre homenajear a Walsh”.

De momento, la investigación de Rodolfo Walsh ya está arrancando y ya está aprovechando las posibilidades que le da internet. En su cuenta de Twitter da a conocer sus avances en la investigación“respetando los tiempos originales de publicación que Rodolfo mantuvo durante los años 1956 y 1957”, comenta Liuzzi.

La comunidad de Twitter ha acogido con interés el proyecto y parece que lo entiende. Explica Álvaro Liuzzi que “por suerte, los usuarios de Twitter que siguen la cuenta @rodolfowalsh entendieron el aspecto lúdico del proyecto, interactúan con Rodolfo, pero no le adelantan datos que él mismo descubrirá dentro de algunos meses”. Asegura que es fundamental entender que Rodolfo está tuiteando desde el año 1956 para que el proyecto funcione.

Twitter es solo el primer paso de lo que será finalmente ‘Proyecto Walsh’. Comenta Liuzzi que además de una plataforma de publicación online, Rodolfo Walsh se servirá en esta historia de herramientas de geolocalización que marquen el recorrido del proyecto, líneas de tiempo interactivas, Facebook o un smartphone.

Es una interesante reflexión sobre el desarrollo que podrían haber tenido algunos de los casos de investigación más importantes de haberse realizado en nuestros días. En su blog, Álvaro Liuzzi plantea que Walsh no habría tenido que perder el tiempo buscando un medio que se arriesgase a publicar su trabajo, porque un blog le habría resuelto esto. También podría haber fotografiado y corroborado cada prueba con un teléfono 3G, o haber rastreado a los fusilados con Facebook.

Liuzzi no se aventura a predecir cuál será el resultado de este proyecto, porque muchas de las herramientas todavía no están en marcha. Por el momento, cree que prosigue “a paso lento, pero firme” y que “lo bueno será ir descubriendo las posibilidades según avance, tal como le sucedió a Walsh cuando iniciaba la investigación”.

En este caso el muerto no parla sino que twittea y hasta sube fotos como está que @rodolfowalsh subió diciendo “ordenando papeles viejos encontré mi antiguo Carnet Nacional de Periodista”. Desde septiembre de 2010, aunque 1956 para él, está twitteando Walsh y comenta eventos sucedidos en esos días mientras piensa en voz alta, “Aún resuenan en mi cabeza los disparos que escuché hace tres meses en el Club de Ajedrez”.

Conversa con personas por la red, sube fotos de los lugares que visita en su tiempo o diarios, comenta de su hija y nadie lo desvela de su compilación de cuentos. Vale la pena leer a Walsh en su día a día que seguramente ganará en intensidad. Un experimento que nos acerca a ese tiempo lejano jugando a romper el tiempo y vivir en paralelo junto al periodista.

+ Lee los tweets de Rodolfo Walsh

+ Proyecto Walsh en el Blog de Álvaro Liuzzi

Fuente: 233grados.com

Leila Guerriero, el exquisito periodismo en crónica

In Paladar mostaza on 20 octubre, 2010 at 9:11 AM

Leila Guerriero, acaba de finalizar una visita a Zimbabue (país al que muy pocos periodistas extranjeros pueden acceder) para un reportaje sobre niños huérfanos de SIDA encargado por El País Semanal, ganó el premio FNPI y desde siempre decidió ir acompañada de un libro al destino que fuera. Argentina, cronista y con un talento particular para observar y describir.

Leila Guerriero nació en Junín, provincia de Buenos Aires, “no estudié periodismo, pero soy periodista desde 1991, cuando, por un azar que unió a un editor curioso con una joven más o menos insolente, publiqué mi primer texto en el diario Página/12″. Integró por tres años la redacción de aquel revolucionario diario, en donde se destacaban jóvenes como Rodrigo Fresán, Martín CaparrósJorge Lanata.

“Yo sigo creyendo que el periodismo es un oficio que se puede aprender estando en una redacción, haciéndolo. ¡Esto es periodismo, no es física cuántica!”, y agrega que “los grandes periodistas que leemos todos -Gay Talese, Capote, Susan Orlean– son personas que no estudiaron periodismo y enseñaron con su oficio, escribiendo cosas maravillosas.”

Escribió en diferentes publicaciones de Argentina, España, México, Chile, Colombia, publicó sus crónicas bajo un sello editorial, actualmente, desde Buenos Aires, Leila edita la revista Gatopardo, imparte talleres periodísticos a alumnos que vienen de muchas partes de América Latina y editó un libro al menos desconcertante.

“Lo que me interesa son las historias y si tengo que cruzar todo el país para encontrarlas, lo hago” y justamente eso sucedió en Los Suicidas del Fin del Mundo, la crónica escalofriante de una epidemia de suicidios cuyas víctimas son los jóvenes de la Patagonia. Gran relato que dista en tiempo aunque ganó en calidad de aquél primero que Lanata le publicó sin conocerla hace ya un par de décadas.

“Era un relato que se llamaba Kilómetro Cero. Lo envié a Página 12, y sin tener ningún contacto se le dejé a Jorge Lanata, un periodista muy conocido en Argentina. Creí que no lo iba a leer nadie. Al poco tiempo, me llamó para ofrecerme un trabajo en una revista mensual de Página 12, que dirigía Martín Caparrós. Nunca he trabajado en un diario, sólo en revistas. De hecho, antes de trabajar en un diario, monto una ferretería”.

Confía que el trabajo cuando es bueno se sostiene solo pues un buen texto siempre encontrará un buen editor que lo publique, “un buen editor es eso: un tipo que está buscando, un gran curioso que siente un sobresalto muy feliz cuando descubre algo que no esperaba”, asegura Guerriero.

Ultimamente, Guerriero ganó el premio Nuevo Periodismo que otorga la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) que fundó Gabriel García Márquez, con el reportaje El rastro en los huesos publicado en abril de 2008. “Fueron tres meses de producción y quince días de escritura dolorosa”, cuenta.

“No la paso bien, casi nunca, pero en particular con ésta la pasé mal, porque tenía mucho material y me había pasado algo que no me suele pasar con los entrevistados: sentía una cercanía muy especial con el tema y con la gente. No me hice amiga, por supuesto, pero sentía que el trabajo de ellos tenía muchos puntos de contacto con el mío, salvando las distancias, claro: esto de estar observando, reconstruir una historia”.

Cuando se le pregunta sobre la crónica y su importancia como género, se concuerda que es necesario espacio para historias que puedan desarrollarse en más de 10 mil caracteres, “me parece que los empresarios de los medios creen en esa especie de cosa de que los lectores ya no leen. Yo no creo eso, me parece que hay una falta de fe en los dueños de los medios. No sé si en los editores. Y eso es difícil de vencer”.

Como miembro de la FNPI la cronista argentina viaja por América Latina brindando talleres de periodismo, en los que asegura que no brinda consejos sino que repite que “lo esencial es no perder la curiosidad. Te pueden fallar las notas, la grabadora, etc. Pero la curiosidad no puede faltarte. Si una persona siente que le estás atendiendo al cien por cien, a pesar de que tú puedas estar viviendo una tragedia, esa persona se abre porque recibe tu respeto por ella y por tu trabajo con toda tu concentración en ella”.

Sin dudar recomienda todos los libros de quien considera su maestro: CaparrósLa Guerra ModernaEl Interior, o Una LunaLos Periodistas Literarios, de Norman Sims, que recoge una serie de crónicas de varias autores. Y también A Sangre Fría.

Lea el texto ganador “El rastro en los huesos

+ Lea Los Suicidas del Fin del Mundo

+ Entrevista radial a Leila Guerriero

Fuente: FNPI, Caratula, Gatopardo, Pág/12

Pensar los medios en clave de smartphones

In Derecho a Replica on 18 octubre, 2010 at 11:11 AM

Mas allá del furor por el lanzamiento del iPad y las distintas tablets, que según algunos condenan al libro y a los diarios a un segundo plano mientras para otros fracasará, en el mercado continúa el ascenso y la intromisión de los smartphones. Los populares celulares o teléfonos móviles, es la plataforma a la cuál deberíamos prestarle especial atención, desde el periodismo, la publicidad y el marketing, dado que será el dispositivo predilecto de las próximas generaciones.

“El futuro de la información aparece cada día más claro: internet se convierte en el primer medio y el móvil se consolida como aparato de acceso para los más interesados y participativos. Los mayores consumidores y más activos en los propios medios, en las redes sociales y plataformas de microblogging”. La cita es del blog Periodista 21 de Juan Varela que en una serie de post edificó la idea.

Asegura que “los móviles sustituyen a la lectura de diariosy esto la industria de la prensa lo sabe. Además de reconocer como urgente el hecho de encontrar los modelos de negocio adecuados para los móviles y las aplicaciones, la nueva forma de acceder a la información.

Varela reconoce que las encuestas de Navegantes en la Red del EGM y Understanding the Participatory News Consumer, de Pew Internet, muestran la evolución del consumo de información en España y Estados Unidos.

“Los datos confirman el retroceso de la difusión y audiencia de las ediciones de papel; el ascenso del móvil, especialmente de los usuarios de smartphones, en el consumo de noticias; y la cada vez mayor influencia del flujo social, la participación y los enlaces compartidos en redes como Facebook y Twitter.”

A estas conclusiones se suma que un estudio de Orange realizado en España, Gran Bretaña, Francia y Polonia indica que los usuarios de smartphones navegan más por internet (25%) y ven más televisión (14%), pero el 14% de los usuarios leen menos diarios y sólo un 13% consumen más prensa digital.

En relación, Varela define una serie de lineamientos que serán ejes estructurales para pensar el escenario en el que las comunicaciones hoy se encuentran. Por ejemplo de que la información es omnipresente, ya que los usuarios consumen más información que nunca, varias veces al día, y a través de varios medios. A su vez el consumo es multiplataforma, por lo que en EE UU, el 92% de los americanos usan varias plataformas informativas y el 61% se informan por internet, sólo por detrás de la televisión y por encima de los diarios. Pero el 59% se informan por medios tradicionales y online.

En España, el 90% de los internautas leen información y para el 64%, la Red es su fuente principal. Tres de cada cuatro consultan los diarios digitales habitualmente y sólo el 51% leen la edición papel.
La televisión resiste mejor gracias al control de las cadenas y la limitada convergencia: nueve de cada diez internautas ven televisión convencional. La radio atrae a dos de cada tres.

La portabilidad del móvil sustituye a los diarios, en consumo y modelo de negocio. Una de las viejas ventajas de los periódicos siempre ha sido su movilidad. Los móviles y las aplicaciones de iPhone, Blackberry o Android (utilizadas por el 44% de los usuarios de smartphones españoles) comienzan a conseguir que el consumo de información se desplace de los periódicos a los teléfonos.

El desafío para los diarios es desarrollar aplicaciones de pago y suscripción en el móvil, y aumentar el precio y cantidad de los anuncios. Sólo así es posible compensar la reducción de rentabilidad sobre la publicidad en papel y la pérdida de difusión de pago.

Aplicaciones especializadas para llegar a los perfiles de público propietarios de los móviles y dispositivos portátiles de alta gama, que buscan información customizada -adaptada a sus intereses, comunidad y experiencia de uso- y que impacten lo menos posible en el producto generalista papel y web habitual en los grandes diarios.

La publicidad también debería amoldarse a los nuevos dispositivos. Vista, tacto, sonido, interactividad, utilidad. Publicidad para los sentidos. Las pantallas de los dispositivos táctiles y móviles tienen la enorme ventaja de concentrar la atención del usuario. Su experiencia de uso sensorial producen una capacidad de ilusión, interactividad y utilidad mayor a la de cualquier otro dispositivo.

Publicidad con indudable gancho y que a menudo enriquece las aplicaciones de los medios. Para seguir viendo ejemplos, estadísticas y análisis de lo dicho te sugiero continúes leyendo al autor de estas opiniones, Juan Varela en las siguientes notas:

+ Los móviles sustituyen a los diarios

+ Información multiplataforma, móvil y social

+ Otra publicidad para el tacto

El futuro del periodismo: profesión, mutación

In Derecho a Replica on 18 octubre, 2010 at 8:59 AM

Eliseo Verón es sociólogo, antropólogo y semiólogo argentino que escribe semanalmente en Perfil ya hace un tiempo. En una nota del Domingo 30 de Agosto, hacía referencia sobre varios puntos útiles en torno a la discusión que vive el periodismo. En el texto complementa sus ideas a la nota ¿Cómo salvar al periodismo? de Roberto Guareschi y me pareció interesante recordarla.

Roberto Guareschi publicó una columna con un título simple y directo: “¿Cómo salvar al periodismo?”. En ella recuerda algunas de las muchas cifras sobre la situación de los diarios en el mundo, que con razón el autor califica de “tremendas”: caída de la circulación y de la publicidad, reducción drástica de recursos y de servicios, despidos, quiebras y, como consecuencia, creciente pérdida de la calidad del producto.

“Los diarios no tienen un gran futuro” pero “la idea no es salvar a los diarios sino al periodismo”, subraya Guareschi invitando a los propios periodistas, a los empresarios, a las universidades, a los intelectuales y también a los políticos “capaces de pensar más allá de la coyuntura” a abrir el debate. Yo me sentí interpelado –el lector me colocará en la categoría que le parezca mejor.

Guareschi no discute el periodismo digital; sólo señala al pasar que los diarios “no emigran bien a Internet… y lo que allí ganan no llega a compensar lo que pierden en el papel”. Así planteada, la cuestión está pensada desde el diario papel. Como el propio autor lo sugiere, para pensar su situación la imaginación profesional tiene que salir del diario.

Michael Massing, un editor de la Columbia Journalism Review, acaba de publicar en la New York Review of Books (www.nybooks.com) un artículo sobre el periodismo en Internet y es más optimista que Guareschi: “La práctica del periodismo, lejos de ser parasitada por la Web, está allí siendo reinventada, con una variedad de experimentos fascinantes en la recolección, presentación y difusión de las noticias”. Massing describe en su trabajo numerosos sitios y blogs donde están ocurriendo cosas nuevas e importantes, que era difícil (si no imposible) imaginar en la práctica tradicional del periodismo.

Mencionaré aquí algunos temas que me parecen significativos para una discusión sobre el futuro de la profesión.

Articulación individuo/organización. Internet está generando un proceso de desinstitucionalización: se podrá ser periodista profesional con mayor independencia respecto de las grandes organizaciones (durante mucho tiempo, freelance ha sido una expresión peyorativa). El periodismo se estaría transformando en una profesión liberal, como los abogados o los arquitectos, que tienen diferentes opciones sobre el contexto institucional donde ejercer su actividad. Ha ocurrido lo contrario, por ejemplo, en el caso de los médicos, cuya dependencia de las grandes organizaciones es cada vez mayor.

Articulación mercancía/bien público. La información es sin duda una mercancía, aunque para ser políticamente correctos hay que agregar: pero no es sólo una mercancía. El problema ha dado lugar a infinitas polémicas, pero no es específico del periodismo. Tal vez no haya mercancía que sólo sea mercancía: todos los productos asociados al cuerpo plantean la cuestión de la salud, y todos los inmateriales (como el discurso de los medios), la cuestión del funcionamiento mental. La interacción de la lógica del mercado con los valores públicos es una problemática política que atraviesa hoy todas las instituciones de la modernidad tardía (piénsese en la bomba que tiene en sus manos Obama con el proyecto de reforma de los servicios de salud). En el caso del periodismo, Internet está desdibujando la figura “masivo-industrial” de la información como mercancía.

Rol de la innovación tecnológica. Contrariamente, de nuevo, a la medicina, donde el equipamiento técnico es cada vez más caro, sofisticado e inaccesible fuera de las grandes organizaciones, el avance tecnológico favorece la autonomía del periodista: los dispositivos técnicos son cada vez más manejables, simples y baratos. Claro, decir que “todos podemos ser periodistas” es una manera bastante infantil de resumir este aspecto de la situación.

Condiciones de producción del discurso informativo. Hasta ahora, la profesión nunca llegó realmente a admitir que la “objetividad” es una ilusión. Massing comenta que la mayoría de los bloggers interesantes no busca escribir textos “bien balanceados”: el periodismo digital tiende a volver más explícitos los puntos de vista a partir de los cuales se construye la información.

Buena noticia: tal vez la evolución en curso pueda darle el golpe de gracia al mito de la objetividad y la profesión termine reconociendo que, en su historia, estuvo siempre muy cerca de la política: que informar fue siempre comunicar, es decir construir mundos.

Fuente: Perfil

¿Cómo salvar al periodismo? de Roberto Guareschi

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