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La Guajira y los intensos pueblitos colombianos

In Exclusivos, Jorge on 25 febrero, 2011 at 9:29 AM

Santiago Jorge es Columnista permanente de este Blog, y por eso comparte con nosotros las anotaciones de su viaje. En 2011 partió para Colombia y otro de sus post. Leer anteriores.

Me estaba cansando de la rutina, de tener todo organizado y de recorrer lo mismo que la mayoría de los argentinos que crucé. Fue un punto de inflexión en el viaje, decidí ir a un lugar del que no supiera nada, que nadie me lo haya recomendado y que nunca estuvo en los planes.

Me sumé a unas colombianas que amablemente me invitaron a pasar 4 días en el departamento de La Guajira; la hoja de ruta incluía: Riohacha, Manaure y Cabo de la Vela.

En el camino a Riohacha lo primero que se me vino a la cabeza fue el nombre de Gabriel García Márquez, es que éste siempre nombra en sus cuentos a alguna mulata caderona, personaje estrafalario o gitano proveniente de allí. Pensábamos hacer trasbordo y quedarnos solo 6 horas, terminamos pasando 2 noches.

Es un pueblo bajo, no hay muchos edificios, su calle principal es la Nº 1 que tiene solo 20 cuadras que bordean al mar, en ella se concentran toda la actividad de la ciudad: restaurantes, confiterías, puestos de turismo y discotecas. Aquí no hay hostels para viajeros, hay pocos hoteles y se ven pocos turistas (donde nos alojamos éramos los únicos huéspedes), ya que la mayor parte de éstos pasa por Riohacha para salir en camioneta al Cabo de la Vela.

No obstante el poco movimiento, esta ciudad sabe tratar al extranjero, toda la gente es cálida, su máximo orgullo es que el foráneo no se sienta como tal.

Vale la pena contar una de las tantas cosa que sucedieron: con mi amiga a las seis de la mañana buscábamos un baño para ella, alguien nos vio preguntando, se acercó, camino una cuadra con nosotros y abrió su ¡Boliche! ya cerrado para prestarnos el baño.

Caminar por sus calles de punta a punta, tomar jugo de mango con la sola compañía de las señoras que lo venden, y por las noches comer cocktales de camarón con cerveza de parado en la playa fueron de lo mejor de mis días en Colombia. En Riohacha no hay nada para ver, y ese es su encanto, para enamorarse de un lugar no hacen falta que estén las siete maravillas.

Seguimos a Manaure, zona donde habita la comunidad indígena Wayuu; es la capital salífera del país, de donde se extrae el 60% de la sal que se consume en Colombia. Un lugar de novela donde se ven montañas de la sal más pura (que parecen glaciares) y a 20 metros el mar caribe con su color particular.

Aquí se repite la historia de siempre, un wayupe me explicó lo que me imaginaba: los indígenas extraen y trabajan el mineral en jornadas de hasta 11 horas, a cambio de un salario exiguo; la empresa que explota estas tierras esta en manos de capitales extranjeros, y las regalías que se recibe a cambio son un chiste. ¿Te suena?

Terminamos en Cabo de la Vela, un desierto al que solo se llega en 4×4 y pagando una bolsa grande de caramelos de peaje, ¿Cómo es esto? El camino es complicado, arenoso y con mucho barro, en el medio de la nada, te topas con una soga a un metro de altura que te impide el paso, quien amarra estas cuerdas es un niño o niña que nunca tienen mas de 12 años, si no le convidas caramelos (y bastantes) no te abren paso. A estos chicos se les llama “pelaos”, nos cruzamos a mas de 10. No es realismo mágico, lo vi con mis propios ojos.

El Cabo es un rancherio, no hay luz, ni agua ni camas, solo hamacas para dormir y una cantina para comer, para bañarte podes comprar por un dólar un balde de agua de río y con el hacer lo que se pueda. Los originarios reciben a quienes se animan a llegar allí, ellos cocinan, atienden y explotan esta playa cristalina y tierras que les pertenecen; sus costumbres y tradiciones se respetan a rajatabla y también las explican en español, ya que entre ellos hablan su dialecto.

Aunque me dolió dejar a mis compañeros de viaje atrás, la experiencia de La Guajira no la olvido más, recorrer pueblitos en camioneta con gente colombiana, conocer esos lugares que nunca estuvieron en mis planes y ser tratado como fui, me hacen pensar que conocí el país que vine a visitar. Me quedan pocos días pero estos fueron de los más intensos.

Leer crónicas anteriores.

Planea tu viaje (bus, hotel y vuelos) por Internet

In Paladar mostaza on 1 febrero, 2011 at 6:15 AM

¿Acaso queda algo que no hagamos por Internet? Un auto, las compras del super y cada vez más elementos para nuestro próximo viaje. Sentado desde casa ahora podemos comprar nuestro pasaje de bus, reservar el hotel y elegir el vuelo más conveniente.

Hasta hace un tiempo, el viajero, renegaba de tener que ir hasta la terminal para poder comprar un pasaje de micro y después la molestia fue el traslado hasta los negocios, que sin tener todas las empresas, expendían los benditos boletos. Posteriormente algunos locales especiales y hasta por Internet pudimos reservar algunos tickets, pero sin poder quizás comparar los precios realmente.

Los concreto es que PasajesEnCasa.com simplifica la compra, asegura la objetividad en las opciones de empresas que nos ofrece y permite imprimir los boletos en nuestra propia casa. De esta manera nos ahorramos dinero, tiempo y evitamos el retiro en ventanilla. Por medio de una serie de filtros avanzados los clientes podrán realizar búsquedas con distintas combinaciones y tendrán el poder de elegir sus pasajes de acuerdo a sus necesidades específicas con confianza de que están bien informados y sin ningún tipo de presión o subjetividad de un vendedor.

“Gracias a internet, el canal de ventas de servicios tanto de turismo como otros servicios tiene que evolucionar para simplificar el proceso de compra a los clientes. Esto es un hecho y este ya es un modelo probado y exitoso en Europa”, dijo Lucas Lezcano Vélez, Fundador y CEO de ComparaenCasa.

ComparaenCasa cuenta con un equipo en Córdoba, Buenos Aires y Londres y ha tenido el apoyo de inversores y directores no ejecutivos tales como André Schmidt ex Director de Estrategia de Google EMEA y actual fundador de Bundletech, Diego Meller y Martin Añazco Co-fundadores de Livra.com, Lexus Group y DeveGo. El objetivo del grupo ComparaenCasa es expandirse por todo Latinoamérica brindando a la gente un servicio sumamente simple para poder facilitar todo desde su casa.

Además de este servicio, por si faltaba algo más, ahora también se puede encontrar el hotel que más nos conviene para nuestro próximo viaje. De manera rápida, simple y segura. Ahorra y conoce HotelesEnCasa.com, con más de 250 mil habitaciones para elegir. Pronto también llegan SegurosEnCasa.comPrestamosEnCasa.com.

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+ Lucas Lezcano Velez (CEO)

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Recorriendo Colombia: Bogotá

In AguaSuaves, Exclusivos, Jorge on 27 enero, 2011 at 7:44 AM

Santiago Jorge es Columnista permanente de este Blog, y por eso comparte con nosotros sus anotaciones de su viaje. El veranos pasado estuvo recorriendo Perú, Ecuador y varios rincones mas (foto). En 2011 partió para Colombia y acá su segundo post. Leer el primero.

Viajamos a Bogotá vía tierra, cruzamos la selva colombiana y subimos a 2.800 mts. de altura; el servicio de colectivos es muy subdesarrollado y los viajes con alta peligrosidad. Cuando llegamos nos dimos con la primera sorpresa, aquí todo el año hace frío, no hay estaciones siempre es igual: si hay sol 20 º, si esta nublado o lluvia de 12 a 15º, y de noche pase lo que pase la temperatura baja a los 8 grados. No vinimos preparados para estos fríos.

Si Medellín nos pareció moderna, cosmopolita y comercial; Bogotá es muy distinta: universitaria, cultural y muy política. Tiene mucha historia y museos, en los cafés y graffitis se percibe una conciencia política social.

Nos hospedamos en el antiguo barrio La Candelaria, casco historico de la ciudad, son todas casas coloniales y pintadas con distintos colores. Por momentos al caminar se parece mucho a La Boca ó San Telmo. Es en este lugar donde se filmó la famosa pelicula “La estrategia del caracol”. Allí la oferta cultural es amplia y recomendable, visitamos el Museo del Oro (el mas grande de sudamerica) la Casa de la Moneda (donde el virreinato de Nueva Granada acuñaba su moneda) el Museo Botero y el Museo de Bogotá; todo en un radio de 15 cuadras.


Las zonas colindantes a La candelaria son Barrio Germania (se llega caminando) donde se encuentra la quinta de Bolivar, un inmueble impresionante que el primer gobierno patrio le entregó al Libertador como recompensa, y donde éste pasó sus ultimos dias antes de partir a Santa Marta para nunca mas volver. La quinta esta restaurada y armada como museo, se pueden ver objetos personales y ajuares.

En el centro político del pais, se encuentra la plaza Simon Bolivar (una especie de plaza de mayo) donde se encuentran concentrados y uno alado de otro: El Palacio Presidencial, el Congreso Colombiano, el Palacio de Justicia, el regimiento de infantería Nº 1 y la Catedral. Aunque poco se de arquitectura, es impactante ver esas construcciones.

Sobre la seguridad, durante el día las zonas mencionadas estan fuertemente custodiadas con mucha presencia policial, todo lo contrario a la noche, que nos recomendaron no caminar ya que es muy peligroso, por primera vez nos movimos en taxi.

La movida noctura se encuentra en la zona rosa, que es para gente de alto nivel adquisitivo. Allí se encuentra Andrés Carne de Res, no hay nadie que no te lo recomiende y hable de él, todo el que visita Colombia sabe de lo que hablo. Aunque es muy costoso, vale realmente la pena pasar una noche ahí, son 4 pisos de restaurante, barras, música en vivo y en el último nivel una pista para rumbear. La atención, la comida y la ambientación son excelentes. Imposible no recomendarlo.

Desde que arribé me llamó mucho la atención el nombre del aeropuerto, “El Dorado”, caminando la ciudad noté que así mismo se llaman distintos bares, zapaterias, hoteles y boliches. Pregunté a la gente del lugar, algunos no me supieron contestar y otros me lo explicaron así:

El Dorado es un indio que se bañaba en oro, con el paso del tiempo se convirtió en un mito. Luego, mientras los colonizadores se encargaban de asesinar para saquear todo el oro posible, los indígenas engañaban a los españoles contandoles de un lago lleno de oro puro y fundido (que no existía) donde se bañaba aquel cacique; así perdian el tiempo en búsqueda de ese paraíso inexistente. Por un momento la presa se reía del depredador.

Nos vamos de Bogotá sabiendo que conocimos una capital del mundo con todos sus condimentos de gran urbe. Se termina la montaña, viajamos para la costa.

+ Leer post anterior


El misterio del Eslabón

In Exclusivos, Tonti on 19 agosto, 2010 at 10:35 AM

Por Danilo Tonti

Si la magia y la fantasía no existen, el Eslabón es lo que más se les parece.

Mezcla rara de encuentro y re-encuentro, de búsqueda y descubrimiento, de autocríticas y cuestionamientos. Cóctel con los ingredientes justos que sabe calar hondo sobre uno mismo, llevándonos a lugares que el trajín del tiempo hizo olvidarnos que teníamos.

El fin de semana largo que pasó hice el Eslabón. Después de un buen tiempo de insistencia por parte de mi amiga, todo se dispuso hacia un sí del que no podía escapar. Atrás dejaba muchas responsabilidades, compromisos y cuestiones inconclusas; pero no me quedaba otra, la ilusión y el entusiasmo de mi amiga me arrancaron el sí de antemano.

Subí al colectivo y partí. Con miedos, inseguridades, preguntas… muchas preguntas. Pero partí. Con el bolso en mano y la espera de respuestas en la mente pisé suelo riocuartense, subí al Peugeot 205 y -de ahí- directo a Las Vertientes: Casa Belén esperaba.

Un grupo de jóvenes deambulaba por los pasillos de la casa, algunos solos, otros en grupo, pero todos con la misma cara de miedo e incertidumbre. De a poco la masa se iba ablandando y el caparazón sacando sus partes duras. De a poco lo poco se hacía mucho, y lo mucho…, inexplicable.

Nunca tuve tan pocas ganas de acostarme y tantas de levantarme, nunca tuve tantas ganas de ser conciente del aire que respiraba. Vivir era una elección en cada segundo; ser protagonistas de ellos era el desafío.

El Eslabón no se lleva bien con la rutina ni con las conductas casi mecánicas que genera. El Eslabón es no acostumbrarse a vivir para que cada paso cuente, valga la pena, se sienta. Es la confirmación de que algo mejor siempre es posible y de que lo mejor a veces es invisible a nuestros ojos.

Si me preguntan, es un antes y un después, un cuarto intermedio, una antesala. Es el paso previo, aquel dado de la manera más lenta y pensada, que nos permite seguir con un ritmo seguro y que deje huella. Nada es lo mismo después de hacerlo y todo es nuevo al momento de entenderlo. Limpiamos el lente y vemos lo que no veíamos, o no queríamos ver.

El momento conquista el alma. Se infiltra sigiloso e inadvertido y se instala para no irse más. Ahí queda, en el rincón entre el corazón y la memoria, y maneja desde allí todas las fichas: las mueve y las conmueve.

Poco o nada nos conocíamos los que ahí estábamos, pero las miradas no denotaban lejanía. Las miradas eran la evidencia involuntaria de un corazón que retumbaba con sus latidos, la evidencia de complicidad entre quienes, ahí – juntos – y en ese momento, hablaron un mismo idioma.

Pero claro que no crearon aquel lenguaje: algunos lo conocieron, otros lo volvimos conocer, pero todos nos fuimos hablándolo. Porque llegamos con una búsqueda y nos fuimos con un encuentro. Llegamos con una duda y nos fuimos con mil certezas.

Para los que me preguntaron y para los que no, el Eslabón es esto. Y con la misma incomprensión con la que seguramente terminan esta lectura fuimos nosotros allí y nos animamos a descubrir. Porque su magia es su secreto y sólo el que se anime a caminarlo descubrirá el camino, sólo el que se anime a descifrarlo develará el enigma.

El Eslabón me cambió la vida; y lo digo así, en primera persona, sin opción a que refuten. Porque me hizo ver y creer sin ver, porque me ayudó a crecer y a ayudar a crecer, porque me amó tanto como hoy lo amo.

Para quienes lo hicieron, continuemos el viaje; para los que no, los desafío a hacerlo.

Tus dudas se terminarán el día que te atrevas a buscar respuestas.

> Este autor es Columnista permanente de este Blog

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