maximo tell

¿Quién podría hacer de Brando?

In Paladar mostaza on 4 abril, 2010 at 3:44 AM

Marlon, ¿qué quieres hacer hoy?” El carácter ingobernable de Marlon Brando era conocido por todos los directores. Sabían que ya nunca más podrían dirigirle. Se había convertido en un tirano. Pero se amoldaban a él. Eran conscientes de que estaban ante el mejor intérprete de la historia del cine.

Todo merecía la pena. Disgustos y desplantes incluidos. Todo por un segundo en la pantalla. Eso fue a partir de los años sesenta cuando Marlon Brando se convirtió en un excéntrico personaje, quizás cansado de sí mismo. (fragmento)

Siempre tuvo ese efecto el cine en mí, pero las sensaciones se potencian cuando de la pantalla recibimos además el impacto de una gran actuación. A eso se dedicaba Marlon Brando, a estallar sensaciones en los espectadores, a sorprender con miradas, a gritar con sus miradas y hasta cautivar con los silencios.

Con sus rasgos tímidos de algún faraón resucitado. Con la potencia de sus ojos y la rudeza de sus gestos. Eso era realmente un actor. Comunicaba su arte con cada movimiento y construcción de personaje. Inigualable. Nadie jamás podría “hacer de Marlon Brando”.

Su amor por Tahití le llevó en los setenta a comprarse un atolón. Allí escuchaba ofertas y sólo lo abandonaba para llenar sus arcas. “El ritmo pausado de la isla acaba impregnándote”, se excusaba. Ganó mucho dinero, pero también despilfarró mucho, y las deudas se lo comían todo. Una gran suma se fue en defender a su hijo Christian, que asesinó al novio de su hermanastra Chenneye, quien luego se suicidaría.

Brando, con al menos once hijos -de sus tres esposas y varias amantes- confesó en el juicio, con lágrimas en los ojos, no haber sido un buen padre.
Declinó cuidarse y en 2004 murió a los 80 años en un hospital de Los Ángeles por problemas cardiacos y respiratorios derivados de su obesidad. (fragmento)

No fue perfecto ni mucho menos, pero sin duda si logró ser distinto en una industria que pocas veces se anima a destacar aquello que no es mega popular y moldeable al paladar general.

Marlon Brando le enseñó al mundo que la mantequilla no sólo servía para untarla en las tostadas y lo hizo, no en los momentos gloriosos de sus camisetas sudadas, las cazadoras de cuero y las viriles camisas de estibador, sino cuando ya estaba fondón y bastante calvo. Escribiendo estas líneas me han entrado muchas ganas de volver a ver El último tango en París. De comprobar si aquella melancolía y soledad, mezcladas con sexo, que emborrachaban al espectador siguen en pie. Si continúa siendo una de las composiciones más hermosas sobre la madurez y el tormento de existir que se haya hecho en el cine.

Marlon Brando tiene todo mi respeto. Como actor no fue complaciente con su talento. Era perfeccionista, buscaba mejorar sus personajes y se peleaba con guionistas, directores y con quien hiciese falta. Se entregó con generosidad y ambición a su tarea. Muchos tendrían que aprender de él en lugar de despacharlo con una frase perdonavidas cuando no de absoluto desprecio. Nunca he entendido estos juicios tan severos hacia un hombre que, vista su carrera con distancia, tuvo más sinsabores e indiferencia de los que se merecía. (fragmento)

Su arte fue el de crear historias encerradas en personajes y darles vida en cada escena.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: