maximo tell

Inigualable

In Paladar mostaza on 4 abril, 2010 at 3:44 AM

Adios al Rey

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Por Jorge-Mauro de Pedro

Periódicos amontonados en la sala de estar, almuerzo a medio despachar. Luz macilenta tras las cortinas, primer sábado de un mes de julio previsiblemente bochornoso. Al Qaida comparte portada con la fotografía de un tipo joven, de cuero, mirando altivamente a la cámara, a horcajadas sobre su moto.

¿No intuyen a qué se debe tamaño disloque? Lágrimas de cocodrilo, cirios recién encendidos y procesión de tipos super-enterados de la cosa esta del cine pidiendo que repongan su peli más significativa en horario de máxima audiencia, “o sea, ¡qué menos!” El cine sólo es primera página cuando palma uno de los grandes, ya saben. O cuando se encaman un par de actores bien parecidos, risueños rostros de salud y estatus.

Resulta que este que se ha ido era bueno. A tenor de lo leído en decenas de columnas laudatorias, remedo de églogas sobreadjetivadas, uno de los mejores. Qué coño, venga, ¡el mejor! También lo fueron cuando palmaron James Stewart, Robert Mitchum o Gregory Peck. “Sí, si, no cabe duda. Siempre se van los mejores y nada es lo que era y tal y tal”.

En el acercamiento al difunto, incluyen eso que está tan de moda desde los tiempos de Eurípides: mostrarnos las dos caras de la bestia. “Sí, era un profesional como la copa de un pino… pero su vida personal era un desastre, ¿eh?”Consuélense los envidiosos.

No tolero tanto escrito de circunstancias, telefonazo a media tarde, tiradas retocadas tras el parón de máquinas y la reunión de urgencia del equipo de redacción, sección espectáculos. Apuntes biográficos fusilados de algún anuario, salpicados de erratas y fechas trocadas; recuento de oscars, divorcios y excesos. Miento, no todos. Los hay que optan por la oda, la copla melancólica cargada de sentimiento y vivencia. Y esa maldita unanimidad que logran siempre los cadáveres que todavía no están fríos.

¿Y por cuál de los dos caminos optaré yo, después de todo? Comenzaré con un par de párrafos como los anteriores, sí, pidiendo perdón por incluir poco más que una necrológica en una revista que pomposamente se apostrofa como “de análisis cinematográfico”.

Y es que la muerte es demasiado convencional como para convertirla en acontecimiento. Sin embargo, sí que hay algo en juego: la persistencia de la memoria. A partir de ahora se abre un paréntesis indefinido -¿décadas?- hasta que Marlon supere su condición de mito y se convierta en… ¿quién lo sabe? ¿Acaso no tiene Maradona su propia iglesia?

+ Leer nota completa en Miradas de Cine

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