maximo tell

Mientras haya vida y literatura, habrá novela

In Paladar mostaza on 5 abril, 2010 at 6:31 PM

Roberto J. Payró nació en Mercedes (provincia de Buenos Aires), en 1867, y murió en Lomas de Zamora, en la misma provincia, en 1928.

Se inicia con Novelas y cuentos (1887), y colabora durante treinta y seis años para el diario La Nación (1891-1927). Fue el libro de viajesLa Australia Argentina (1889; ampliada a posteriori para completar el drama Marco Servei, 1905, y que trama un alegato contra la ley de extradición), y Las tierras del Inti (1909) los títulos que impulsan su espacio literario. Con su drama El triunfo de los otros (1907), Payró lanzaría una acusación ya sabida: «Acuso a quienes explotan para su propia fama los servicios de escritores anónimos». Es considerada como su mejor obra Las divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira (1910), y será un escritor que redibuja la conquista de Río de La Plata en El mar dulce, crónica escrita en Lomas de Zamora (1927). Le acompaña un sentido del humor enrabiado, y fluido, a lo largo de su novela Pago Chico (1908), lugar que podría situarse más al oeste del meridiano quinto o más al sur de Río Negro: «Tráguese la rabia y cállese la boca, porque lo más que sacará será lo que el negro del sermón: los pies fríos y la cabeza caliente». En el epílogo aNuevos cuentos de Pago Chico (póstuma, 1929), puede leerse:

Lector que, risueño o adusto, has recorrido con interés o desgano estas páginas… ¿Sabes a qué espectáculo hemos asistido juntos sin saberlo? Pues nada menos que a las primeras palpitaciones de una democracia en gestación… Pasemos sin más preámbulos a relatar y puntualizar varios episodios de la sabrosa historia pagochiquense, preñada de hechos trascendentales, rica en filosófica enseñanza, espejo de pueblos, pauta de administraciones progresistas, norma de libertad, faro de filantropía…,

obra que se nutre de su estancia en Bahía Blanca (1887-1891). Son novelas breves El casamiento de Laucha (1906), El falso Inca (1905, sobre el alzamiento de los calchaquíes en el valle de Catamarca:Grandes acacias espinosas y asclepiádeas y aristoloquiáceas que trepaban por la roca como los bastidores de una obra de teatro),crónica donde avisa que suele olvidarse de la actualidad para averiguar el pasado, y Chamijo (1930, el Perú de principios del XVII, el Perú de los virreyes, el Perú de las riquezas de fábula y del perpetuo holgorio). Es ese humor sereno, de lo cotidiano, un control del paisaje y de un personaje como el cura Papagna: «Díganme, háganme el favor, ¿cómo puede ponerse rico un cura en un pueblo de campo, aunque le llueva limosnas y le goteen las velas para los santos y haga como el sacristán de Nuestra Señora de la Estrella: la mita’ p’a mí, la mita’ p’a ella?».

Creó en Barcelona la imprenta Mitre para acercar la literatura argentina. Amigo de Rubén Darío, y de bohemios y de dandis, se ha mencionado que ingresó en la masonería, y, acaso, y en esos instantes, redactara la obra Charlas de un optimista (1931) o El mar dulce (1927) o El capitán Vergara (1925). En El casamiento de Laucha, las descripciones así como la intención, y en esa primera impresión de constancia, transmiten una capacidad similar a la del halcón, una mirada que planea, y que extrae y que magnifica: «Antes de la semana ya me había ido sin rumbo, y seguí de pueblo en pueblo y de chacra en estancia, alejándome cada vez más de Buenos Aires, como si en mi perra vida hubiera pensado ver a los porteños. Válgale a la suerte que juega con el hombre como el viento con la paja voladora».

Periodista de noble vocación social y patriótica, durante toda su vida, esos rasgos distinguieron también al dramaturgo (Sobre las ruinas, 1904; Marco Severi, 1905), y al narrador, autor de novelas y cuentos (El casamiento de Laucha, 1906; Pago Chico, 1908; Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira, 1910, considerada su obra más importante, y otros libros posteriores). Fustigó con humor pero con severidad los males argentinos, sobre todo las rapiñas del “pícaro” y del hombre sin escrúpulos. La labor del periodista se aprecia en las crónicas de La Australia argentina (la Patagonia), 1898, y En Las Tierras de Inti (Catamarca), 1909.

FUENTE:

Jardines de Tinta

El exilio y el asco – Karim Taylhardat

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: