maximo tell

Taxi Libre

In AguaSuaves on 15 mayo, 2010 at 12:27 PM

“Un mundo de 20 asientos se llamaba una novela que refería a la vida de un colectivero, el protagonista era Claudio Lebrino y se pudo ver allá por 1978. Unos años antes el mundo de la novela era dos o tres asientos en Rolando Rivas, ahí la vida transcurría en un Taxi. Y en esa mezcla de Tacheros y remiseros difíciles de emparentar y conciliar se abre el homenaje a los Taxistas.

Viajar en un Taxi no solo implica sentarse y pedir llegar a un destino determinado, aunque en esencia sea eso, sino la relación imprescindible entre pasajero y conductor, y por lógica depende de las características de cada uno. Los choferes vienen en una gama que bien podrían estar identificadas en la carrocería del automóvil o con una calcomanía en el parabrisas; Soy simpático, futbolero, Tanguero, agrio, chismoso, silencioso. Con un letrero de este tipo uno subiría sabiendo de que se va a tratar el viaje.

Primero hay que manifestar que son ellos los que soportan nuestros humores, nuestras ganas de charlar y nuestros gustos si es que la conversación crece durante el trayecto. Puede subirse uno con cara de perro y no emitir sonido salvo la indicación del destino, puede ser uno el que intente conversar desde el vamos; arrancando con el tiempo, con lo que dijo el meteorólogo de la tele y reciba respuestas con monosílabos y sin ganas, por lo que violín en bolsa, el muchacho o la muchacha están sin ganas de charlar y listo.

Pero una vez efectuado el tanteo, si se abre el juego, ese intervalo del trajinar del día, o comienzo o fin del mismo, desparrama matices inesperados. Algunos sorpresivos otros mas lógicos. Pero en general las charlas con los taxistas son una pintura de lo que está pasando, en política, economía, en deportes, y hasta son una sesión de psicología familiar sobre esposas e hijos.

Si el tachero es charlatan, agradable o al menos empeñoso en que esa conversación derive en conclusiones simples y concretas, desnudará de inmediato sus gustos, sus preferencias  hasta sus pasiones. Si va escuchando radio y la noticia tiene que ver con la Municipalidad no duda en desafiar que con tal político hubiésemos estado mejor, para dejar sentado su pensamiento político. O si la cosa es nacional larga “ya lo van a pedir al que te dije, la que nos espera si vuelve”. O sino, “hoy pierden las gallinas en Brasil”, para que constatemos que el escudito de Boca que cuelga en el espejo es de él y no del dueño del auto. Los precios, el estado de las calles, lo mal que se maneja en esta ciudad, la cantidad de pibes pidiendo en las esquinas, todos temas a tratar en el interior del auto. El tema mujeres y “lo bien que están”, “se viene el verano”, “nos van a matar”, dependiendo del pasajero, claro.

Y ahí surge ese pequeño rato de amistad desconocida, de compañero anónimo, de complicidad por minutos. Es un momento del día que nos une a una mujer o un hombre que maneja por la ciudad para llevar el pan a su hogar. En ese momento nos llevamos una sonrisa, una queja, un cuento sobre la realidad, una historia de vida y hasta una lágrima contenida. En el taxi, en un tiempo mas o menos largo, la memoria del chofer o la nuestra puede ir a parar a algún partido memorable o un gobernante honesto; a un gol de película o al nombre actual de la calle tal.

El viaje en Taxi puede hacerlo a Belgrano jugar otra vez un Nacional y al Daniel Willington hacer un golazo de tiro libre. Prender las luces del Cordoba Sport o el Luna Park y subir al ring con el Pepe Casas o Niccolino. Capaz que desde el auto armemos el ranking de vértice o vayamos de compras a Gati – Chavez, nos pongamos una corbata de Tomson & William para el egreso del Dean Funes en los ´70. En el Taxi podremos volver a bailar en ese boliche de moda o en los primero bailes de Verno o la Leo. En el mismo periplo se podrá hablar de Sabattini, Perón, de Alfredo Palacios o de Mestre. Capaz que tomemos una ViduCola o una Fresquita, corramos todavía una carrera con Piril o Recalde.

Y llegará el momento en el que el tachero será pariente de algún famoso, sus hijas vayan al colegio con las de… y que nos cuente que alguna vez llevó a Brizuela o a Milanesio, que siempre lo ve a Miguel Claria y que su primo es vecino de Rony, y que alguna vez compartió una cena con Mario Pereyra. Contará los casi mil accidentes que pudo tener si no fuera por… ¿Le molesta que fume? Y el chofer pone primera.

Homenaje, elogios, aplausos, muchas gracias para muchos amigos de tantos momentos. A los que han hecho de parteras, a los que llegan a tiempo a un colectivo que se nos va, a los que soportan tanta inseguridad. A veces el viaje en Taxi es un bálsamo para tanta frialdad diaria, para tanto plástico.. otras veces es mas de esas cosas. Filósofo, callejero, bebedor de experiencias sin igual, el tachero va. Es bueno saludarlos aunque no fuera su día, lo deberíamos hacer mas seguido.

Con la sabiduría popular de Discepolín, la agudeza de Tato Bores, la picardía del Negro Olmedo y hasta la generosidad de Paturuzú. Si además el tipo enamora como Rolando Rivas, es un fenómeno.”

O.W.

+ Escuchá la locución de Osvaldo Wehbe en Cadena 3 Argentina

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