maximo tell

Y los chicos se hicieron la “chupina”

In Malas Viejas on 16 mayo, 2010 at 3:44 PM

Los chicos se hicieron la “chupina”, decidieron no ir a la escuela. Prefirieron la plaza, el parque, la calle.


Podríamos preguntar por qué, hacer entrevistas, encuestas, relevamientos, pero seguiríamos queriendo aferrar a los jóvenes con preguntas que vienen del pasado, en lugar de rozar la vitalidad de la que están impregnados y que no siempre entendemos. Casi nunca.

Hablan estos actos un idioma que no entendemos. Y preguntarnos por qué no nos explicará más que lo que querríamos escuchar; es decir, a partir de palabras que nos vienen, de instituciones que ya existen. Y lo que “la chupina colectiva” grita mudamente es la potencia de encontrarse fuera de la normalización de la escuela.

Nos preguntamos ¿por qué? en lugar de preguntarnos ¿cómo?, ¿con qué energías?, ¿con qué deseo?, ¿en qué tiempo?

Acostumbrados como estamos a pensar en términos dicotómicos, la “chupina” es la ausencia de sentido y significación para el estar dentro de la escuela. Pero es necesario pensarla desde otro lugar, pensarla diferente, en relación con lo que sí combina, con lo que se compone, con lo que dispara; de lo contrario, estaremos lanzando un lazo que no amarra nada más que los cuerpos.

En lo educativo. En términos educativos, es necesario preguntarnos qué enseña y qué aprendemos del grito silencioso de los pibes que se revelan. Como en una fotografía, hace aparecer ante nuestros ojos, que no comprenden lo que ven o que simplemente lo juzgan bajo la mortecina luz de viejos y escleróticos esquemas, un acontecimiento que interroga nuevamente al sistema: ¿qué hace un maestro solo en el aula?, ¿qué buscan los chicos en la plaza? Pensar que sólo escapar de la escuela, faltar para desafiar a la autoridad de la institución, por tener un días menos de clase… es demasiado simple, reduccionista. Que habrá esas razones entre quienes la hagan, puede ser, pero el malestar se siente en el cuerpo y no siempre se puede expresar, sino con signos que son fabricados para ese momento y que poco después evanescen volátiles.

Analizar esto con las antiparras de lo que sabemos nos conducirá, otra vez, al error, al juicio que inmoviliza. Nos aleja de la creación de lo nuevo que se reclama, probablemente con el “rebelde” (también vieja palabra) signo de la “chupina” colectiva. Quizá sea ésta la clave de desciframiento posible: combinar una instancia de identificación que revela. Y aunque no podamos ahora entender, podemos sustraernos al impulso de juzgar, clasificar.

Necesitamos estar donde están los chicos, para ver con qué combina esa existencia joven. Es preciso mirar lo que va hacia el futuro con una visión de lo que vendrá y no con unos esquemas que heredamos, que son los que nos han conducido hasta aquí.

Pablo Fernandez (Sociólogo, Pedagogo)

Fuente: Diario La Voz del Interior

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