maximo tell

Macri: tribulaciones, lamentos y ocaso

In Derecho a Replica, Malas Viejas on 23 mayo, 2010 at 3:31 PM

Por Claudio Fantini

“El problema de Mauricio Macri es que, a medida que va hablando, uno se va olvidando de lo que dice”.


Esta lúcida observación que Jorge Asís hizo años atrás aún tiene vigencia. El discurso del dirigente sigue siendo insustancial. Sus palabras no dejan marcas, como si no pudieran bucear las profundidades de la historia y de la sociedad.

Quizá de haber tenido en cuenta esta crítica, Macri habría tratado de superar ese rasgo de superficialidad. Pero la continuidad de su intrascendencia retórica evidencia que siguió rodeándose de publicistas y marketineros, en lugar de buscar contenido doctrinario a la posición que se supone representa. En este punto, el líder del PRO es el principal exponente de una faltante crítica en la oposición: nadie está construyendo pensamiento político.

Sólo el kirchnerismo. En la Argentina de estos días, el único que construye una visión política es el kirchnerismo. Usando medios públicos como instrumentos de adoctrinamiento y financiando “francoinsultadores”, que disparan a quemarropa en el espacio mediático, va fabricando en la clase media pequeñas pero ardorosas legiones, ansiosas por desgarrar la imagen de críticos y opositores.

Mientras tanto, la oposición sigue empecinada con Guillermo Moreno y con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Moreno puede ser patético y el Indec habitar la dimensión del absurdo, pero no son ni remotamente lo más grave que está ocurriendo. Por eso, si detrás del procesamiento a Mauricio Macri se encuentra la mano oculta del Gobierno, como lo denunció el propio imputado, los estrategas kirchneristas se estarían equivocando. A falta de Carlos Menem, el jefe del Gobierno porteño es el contrincante que Kirchner necesita para que su descripción binaria de la realidad parezca cierta.

Macri casi no tiene discurso económico. Apenas si repite la falaz letanía del cataclismo económico, la “oportunidad perdida” y la Argentina “aislada del mundo”.

Lo poco que dice lo muestra más cerca del monetarista Milton Friedman que de John Locke, considerado el padre del liberalismo. El defensor de la ortodoxia monetarista representa no mucho más que una receta de economía y negocios, mientras que el fundador del liberalismo representa ideales, valores y un pensamiento extenso, profundo y libertario.

El único gesto genuinamente liberal que tuvo Macri fue no oponerse al matrimonio gay explicando que si bien no está de acuerdo, jamás obstaculizaría la libre elección de quienes piensan y sienten diferente. El kirchnerismo siempre se esforzó por crear el enemigo perfecto, y el ex presidente de Boca es el que mejor calza en esa “derecha” vinculada a los “intereses del capital concentrado”.

Justicia tuerta. El grosero contraste entre el encarnizamiento que Norberto Oyarbide pone en el caso Macri y la liviandad expeditiva con que enterró la causa por enriquecimiento ilícito del matrimonio presidencial permite sospechar de una emboscada oficialista para destruir al jefe del PRO. A pesar de la sinuosa trayectoria del juez, no se puede descartar que Macri haya ordenado las escuchas ilegales, aunque sea ridículo que, para hacerlo, empleó a quien podía contratar por fuera de su Gobierno.

En todo caso, lo evidente es su responsabilidad política en la por lo menos negligente y turbia selección del jefe policial. Con eso alcanza para justificar que pague un precio altísimo por la deleznable actividad que, con o sin su consentimiento, se desarrolló dentro del Gobierno que preside.

Lo que no se entiende, sino desde el surrealismo institucional, es que no se procese ni se investigue a nadie más por la presunta utilización del espionaje estatal contra periodistas, gobernadores, empresarios y opositores. Al fin de cuentas, nadie le preguntó a la entonces senadora Cristina Fernández quién ordenó espiar al entonces vicepresidente Daniel Scioli, al que ella increpó duramente en el hemiciclo por el contenido de conversaciones privadas que había mantenido. Tampoco hubo quien convocara al ex jefe de Gabinete Alberto Fernández, cuando dijo que le habían pinchado los teléfonos y dio a entender que sospechaba del oficialismo, una vez que se fue del Gobierno.

Aunque no hubo magistrados resguardando las garantías individuales de semejante práctica totalitaria, hace años que el país da por sentado que el poder intercepta comunicaciones y realiza operaciones contra quienes identifica como enemigos. Sin embargo, hay un solo gobernante procesado por ese delito y se llama Mauricio Macri.

Jamás se solidarizó con las otras víctimas del modus operandi oficialista (como Enrique Olivera) y en buena medida merece lo que le está pasando, pero el país se vuelve absurdo si el único gobernante investigado es él.

Tal vez lo que le ocurre le haga comprender que el riesgo de la Argentina de hoy no es que venga un cataclismo económico, ni que el país se esté aislando del mundo. El riesgo es que el Estado policíaco termine imponiéndose sobre el Estado de derecho. Pero de esas cuestiones de fondo no habla Mauricio Macri. O tal vez sí, pero insustancialmente. Al fin de cuentas, su problema es que a medida que va hablando uno se va olvidando de lo que dice.

Fuente: Diario La Voz del Interior

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: