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Falleció Carlos Monsiváis: la conciencia moral de México

In Paladar mostaza on 20 junio, 2010 at 11:56 AM

Carlos Monsiváis Aceves (Ciudad de México, 1938) falleció el 19 de junio de 2010 alrededor de las 14:00 horas, víctima de una fibrosis pulmonar que lo mantenía postrado en una cama del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, desde el pasado 2 de abril.

1938 - 2010

Desde hace varios años, el cronista había sostenido una batalla contra esta misma septicemia pulmonar que lo llevó en varias ocasiones al hospital. Era frecuente verlo en sus presentaciones con un tanque de oxígeno y sensiblemente cansado.

Fue uno de los escritores contemporáneos mexicanos de mayor relevancia y reconocimiento nacional, que parte del fenómeno social, cultural, popular o literario y que luego disecciona, lo analiza y lo replantea. Destaca por su ácida y penetrante visión que se vio reflejada en ensayos escritos en torno a la cultura nacional.

Estudió Economía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y desde temprana edad se desenvolvió en los medios impresos del país. Colaboró en El Universal, Excélsior, Novedades, El Día, Uno Más Uno y la revista Proceso, entre otros.

“No puede ser la afrenta de que haya sesenta o setenta millones de mexicanos viviendo en la pobreza, en situaciones terribles, con problemas de salud, de habitación, de educación y de empleo. No puede seguir el país así, la sociedad no lo admite, la fluidez social no lo permite”, declaró en una entrevista realizada en 2006 en su casa, un lugar rodeado de gatos y libros.

Carlos Monsiváis es reconocido por su crónica impecable, como ensayista pulcro e imaginativo y por resaltar la exquisitez de lo más puro de la cultura mexicana. Su trabajo como escritor también se basó en la crítica férrea contra los abusos del poder, y aunque practicó diversos géneros literarios como el cuento y la fábula, se le considera por encima de todo cronista y ensayista, a tal grado de que se le considera el padre de la crónica moderna en México.

“Nadie me dice Carlos”, afirmaba el escritor. La mayoría se dirigía a él con un respetuoso “maestro” o un cariñoso “Monsi”. Crítico e irónico, el autor fue, según el poeta José Emilio Pacheco, el único escritor “que la gente reconoce en la calle”.

Así mismo, Monsiváis se definió en diversas ocasiones como “un simple lector” y supo en su obra utilizar herramientas como la inteligencia y la ironía, para abordar temas complejos como el Movimiento de 1968, hasta personajes como Mario Moreno “Cantinflas” o Pedro Infante, de quien se declaró admirador de su obra.

De acuerdo con sus críticos, su obra tiende a un doble registro: los movimientos sociales y los grandes personajes, la política y el espectáculo, la cultura popular y la alta cultura.

Su curiosidad universal, su eficaz escritura y su capacidad de síntesis le permitieron desentrañar los aspectos fundamentales de la vida cultural y política mexicana, por lo que gran parte de su obra se ha publicado en casi todos los periódicos del país o transmitido oralmente.

Para el autor, esta doble vertiente es inexistente pues no hay verdaderas fronteras entre tales fenómenos y contextos. De hecho, ya en su Autobiografía (elaborada a los 28 años de edad) escribió: “acepté esta suerte de autobiografía con el mezquino fin de hacerme ver como una mezcla de Albert Camus y Ringo”.

Sus aportaciones a la sociedad fueron múltiples, entre ellas el Museo del Estanquillo, que partió de su propia colección privada en el que lo mismo se le rinde homenaje a caricaturistas de la talla de Gabriel Vargas, con su famosísima Familia Burrón o Eduado del Río, ‘Rius’, o bien a grandes genios del arte.

Más de 12 mil objetos conforman su colección que le llevó más de tres décadas atesorarlos y le han permitido a este recinto realizar las más diversas curadurías, donde la figura de Monsiváis siempre está presente de una u otra forma.

Entre sus aficiones se encontraban sobre todo la lectura, los gatos que rondaban siempre en su domicilio de la colonia Portales, en la Ciudad de México y la cinematografía. Su sentido del humor también llegó a sus felinos, que ostentaron nombres como “Miau Tse-tung”, “Ansia de militancia”, “Mis-oginia” o “Katzinger”.

Entre sus más recientes publicaciones se encuentra Apocalipstick, en la que muestra a la Ciudad de México como una asamblea de lugares, así como las conferencias y cursos que impartía en el país y el extranjero.

Tiempo atrás, Sergio Pitol, escritor mexicano ganador del Premio Cervantes dijo sobre Monsiváis: “Es el cronista de todas nuestras desventuras y prodigios, más de las primeras. Es el documentador de la fecundísima fauna de nuestra imbecilidad nacional”.

Por otro lado, Elena Poniatowska, con quien escribió una crónica sobre el terremoto de 1985, sobre el cronista y ensayista declaró que “era una guía para los intelectuales de este país, ya que en su mayoría lo consultaban para escribir sus libros incluso, para recibir consejos de manera personal”.
“Fui al hospital a verlo, pero estaba en terapia intensiva y estaba inconsciente, lo vi unos días antes de que se hospitalizara, pues participamos en un programa de televisión”, agregó.

OBRA:

Su obra es extensa y reconocida. Días de guardar (1971), Amor perdido (1977), Nuevo catecismo para indios remisos (1982), Escenas de pudor y liviandad (1988), Los rituales del caos (1995), Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina (2000), entre otros.
Además, Monsiváis cuenta con una vasta obra de textos biográficos. Frida Kahlo (2007), Rosa Covarrubias: una americana que amó México (2007) y Pedro Infante: las leyes del querer (2008), son sólo algunas de las obras escritas por Monsivais.

PREMIOS:

Recibió diversos reconocimientos, incluyendo el Premio Mazatlán, el Premio Xavier Villaurrutia, el Premio Lya Kostakowsky, el Premio Anagrama de Ensayo y el Premio FIL de Guadalajara, entre otros.

Defensor de causas en la política

El corazón lo tenía a la izquierda. Simpatizó con el Subcomandante Marcos, líder del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), movimiento originado en Chiapas, y respaldó a Andrés Manuel López Obrador en las disputadas elecciones presidenciales de 2006, aunque criticó el bloqueo que duró más de un mes en Paseo de la Reforma, en protesta por el supuesto fraude electoral.

Después de la matanza de Acteal, Monsiváis estuvo en Chiapas, donde se encontró con José Saramago. El mexicano escribió sobre sus encuentros con Marcos y de la situación que se vivía en el Sur del país.

“Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo ansiaron reducir las proporciones del conflicto a cuatro municipios sin importancia militar alguna, pero los hechos no los apoyan. Todavía hoy, Chiapas quiere decir resistencia al neoliberalismo (y a la empresa de saqueo que en México emblematiza a la ortodoxia económica neoliberal) y urgencia de modificar el modelo económico que aplasta al país entero”, escribió Monsiváis en Letras Libres.

Carlos Monsiváis llegó a confesar sin empacho que “la noche del 2 de octubre de 1968 no estuve en la marcha que se dirigió a la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, porque llegué tarde; me tocó ver, nada más, las consecuencias”.

El cronista

La cultura mexicana ya no puede entenderse sin la obra de Carlos Monsiváis, el cronista de lo mexicano. El escritor dio cuenta por escrito de prácticamente todas las manifestaciones de la cultura en México, desde la música pop hasta la política. En Días de guardar, Amor perdido, Escenas de pudor y liviandad, Entrada libre, Los rituales del caos, Las alusiones perdidas y Apocalipstick, interpretó y reinventó México.

En alguna ocasión, Octavio Paz dijo: “Carlos Monsiváis me apasiona. No es ni novelista ni ensayista, es más bien cronista, pero sus extraordinarios textos en prosa, más que la disolución de estos géneros, son su conjunción. Un nuevo lenguaje nace en Carlos Monsiváis ¿El lenguaje de un muchacho callejero de la Ciudad de México?, un muchacho que ha leído todos los libros, todos los cómics, ha visto todas las películas. Monsiváis es un nuevo género literario”.

El comienzo. Carlos Monsiváis decidió ser lector a los seis años, “es lo único que puedo hacer y entender, digamos que forma parte de las limitaciones del universo”. Lo primero que leyó fue La Ilíada y La Biblia, por el tema religioso. Lo primero que memorizó fue: “En el principio era el verbo y el verbo era Dios”.

¿Qué no escribió Carlos Monsiváis? “De toros no hablaré nunca. Es un espectáculo de barbarie al que llaman arte. Y jamás hablaría de fútbol. Juan Villoro ha dicho que Dios es una pelota. En este caso específico soy ateo… Quizá cinco segundos antes de morir comprenda de qué se trata y me llevaré ese secreto para mí en una tumba esférica”, dijo el escritor en una entrevista para El País.

Fuente: Informador

+ Retrato en taxi por C. Monsiváis

+ Excelente columna de @jorgekravitzMexico de Luto

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