maximo tell

La sociedad de los ideales muertos

In Exclusivos, Jóvenes Sueños, Tonti on 7 julio, 2010 at 2:49 PM

Por Danilo Tonti

Me incomoda pensar que ciertas ideas mueran. Que lo que hoy me genera cosquillas en la panza mañana sea la triste sombra de un recuerdo. Me desilusiona sentir que puedan pasar de moda, como si la moda -arbitrario mandato de circunstancias- pueda arrasar también con las ideas y las mentes. Quiero creer que no.

Pero la tranquilidad vuelve cuando entiendo que el ideal jamás muere, que es una luz que aporta claridad y entendimiento y que depende de nosotros que alumbre a muchos o que quede atrapada en un baúl a un costado del camino.

El ideal es luz, simplemente eso. Porque si falta caminamos sin rumbo, eternos esclavos del eco tras los pasos de aquellos que marcaron un solo camino. Porque si falta la esperanza muere despojada de propósito; esperanza desesperanzada de sí misma, y por tanto, desesperanzada de todo.

Hoy tengo el ideal de jamás perder mis ideales, porque sin ellos se ahogaría lo que hoy me da aire, esa fuerza que insiste en que todo puede ir mejor, que no vacila en decir que lo que digo puede ser finalmente lo que hago.

Y no se trata de tener una sociedad ideal para tener ideales. Todo lo contrario. El verdadero idealismo es aquel que proyecta un futuro posible y trabaja para alcanzarlo. Que tiene el mérito de mantener la esperanza cuando todos han agachado la mirada, que conserva el incentivo a pesar de todo.

Por eso es doloroso escuchar cuando muchos largan frases como “se quedaron en el 68” (Mayo francés), consagrando -entre la superación y el olvido- el fin de un etapa, la muerte de una búsqueda inquieta tan idealista como movilizadora.

Y es que revolucionario parece ser una palabra que asusta, que atenta con su inconciencia los parámetros de lo normal. Hemos olvidado que de revoluciones se mueve el mundo, y que éstas lejos están de ser simples manifestaciones con unas cuantas bombas de estruendos. Quizás no seamos más que revolucionarios sin revolución, en los que la acción disimula la carencia de un propósito, de un fin.

A veces me pregunto por qué no hablamos de ideales; en la escuela, en la casa, con los amigos, en la tienda, en los medios, en la política, en la calle. ¿Por qué nos olvidamos de ellos? ¿Qué nos distrae?

A veces me gustaría haber nacido en otra época, en aquella en la que el futuro era colectivo y en donde pensar en mañana no era sólo pensar en mi mañana.

Por momentos siento que la vida es un instrumento que ninguno sabemos usar: lo tenemos, lo llevamos, lo dejamos, lo manoseamos. Que todo se hace en vano porque nada se hace por algo.

Pero de buenas a primeras llegan esas cosas que dan empujones de aliento, de esas que terminan por ocupar un lugar en la lista de las pequeñas grandes cosas que fueron marcándonos el camino. Y sin permisos ni avisos nos dan dosis de lucidez, en las que lo que aparentaba iluso se vuelve certero, al tiempo que lo certero muta o lo insulso.

Les comparto parte de ese empujón.

Una muza sin fecha de vencimiento

“Espero que Los Edukadores haga entender a la gente lo que hacen los enormes conglomerados. Construyen un sistema económico en el que el ser humano no significa nada, el dinero lo es todo”. Hans Weingartner.

Si existe algo que despierta en uno cosas que creíamos olvidadas, sólo por eso, ese algo se transforma en valioso. Y es que parte de eso es lo que logra el film Los Edukadores: penetra, muestra, cuenta, transmite, interpela, hace pensar, da ganas de vivir,… de vivir con ideales.

(Ver sinopsis al pie de la nota)

Dirigida por Hans Weingartner y protagonizada por Daniel Brühl, Julia Jentsch y Stipe Erceg, el film renueva un espíritu perdido, situándonos en el marco de la sociedad actual pero entendiéndola desde la perspectiva de los ideales del 68.

Es una inteligente sátira social que remarca la importancia del dinero en los intereses de la sociedad contemporánea. Para ello se vale del contraste entre aquellos a los que el sistema oprime y aquellos que encuentran en su materialidad económica la posibilidad de poderío en el mundo.

Con diálogos profundos y potentes, es alimento de inspiración para aquellos que sientan perdidos sus estímulos entre tanto ruido y pocos cambios. Llena de realismo aquello que se dibuja como ingenuo, reforzando la idea de que el cambio social, lejos de ser un utópico inalcanzable, es un fin que tiene como medio una juventud despierta e idealizada. De alguna manera, refuerza la idea de que mientras existan jóvenes con el deseo de rebelarse ante un sistema monótono creado e impuesto, la continuidad del mundo estará garantizada.

“Las buenas ideas son las que sobreviven”, dicen sus protagonistas casi sabiendo lo que vendría detrás del film. Numerosos críticos la han tildado de ingenua, anacrónica, “que sólo gustará a los que todavía vivan en el 68”, leí por ahí. Pero sucede que de ingenua no tiene nada, pues ingenuo es aquel que piensa que la sociedad de hoy se mantendrá por siempre. Y si ser anacrónica es mantener aquello tan necesario de mantener, sin lugar a dudas que la película lo es. Plantea la necesidad de sostener ciertos ideales a flor de piel, como forma de garantizar una sociedad más justa que no se conforme con lo que hay, como así tampoco se que quede sentada esperando que otro lo haga.

Haber visto esta película e identificarme a través de ella con tres jóvenes alemanes, encontrar en ellos la incomodidad que genera un sistema de alienación mundial, fue sin duda respirar un sorbo de aire puro.

Porque hubo un tiempo en el que los jóvenes salían a las calles con el ideal de cambiar el mundo y porque creo que aquellas ideas jamás pasarán de moda, Los Edukadores es una película que no hay que dejar de ver.

El film finaliza con la frase “hay personas que nunca cambian”; pero por suerte hay muchas otras que sí. Ahí está mi esperanza, y la de muchos.

Hoy digo gracias. Hoy digo:

Qué bueno encontrar un director que tenía algo para decir.

SinopsisLos Edukadores

Jan y Peter son dos jóvenes alemanes que comparten un deteriorado piso y una precaria furgoneta. Durante el día viven una vida sin sobresaltos, pero durante las noches, sin armas ni superpoderes, se transforman en los Edukadores. Buscan las mansiones más lujosas, entran, cambian las cosas de lugar, no roban nada, y dejan una nota que dice: “tienen demasiado dinero” o “los días de abundancia se han terminado”. Su propósito es, de una forma no violenta, llamarle la atención a los ricos para iniciar una revolución que finalice repartiendo de forma justa la riqueza del mundo.

Jule es la novia de Peter que se va a vivir con ellos al mismo departamento. Este hecho coincide con un viaje de Peter a Barcelona. Jule y Jan empiezan a conocerse y éste le confiesa que ellos son los edukadores. De aquí en más las cosas comienzan a complicarse: nace el amor entre ellos y en una correría “edukativa” nocturna, luego de un percance, son encontrados por el dueño de la mansión que reconoce a la chica.

Los 3 jóvenes toman la decisión de secuestrar al hombre, un rico sin escrúpulos con el que pasan unos días en una cabaña en pleno monte, alejados del mundanal ruido.

Luego de varios días y después de haber tomado una extraña relación con el secuestrado deciden liberarlo. El millonario, entendiendo el propósito de los jóvenes idealistas, promete no denunciarlos. No obstante, rompe su promesa, los denuncia y se dirige al departamento junto a un importante operativo policial. Cuando entran sólo encuentran un papel en la pared con la nota “hay personas que nunca cambian”. Los jóvenes se adelantaron al hecho.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

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  1. La nota es muy bella, pero creo que no coincido con que la vida es un instrumento que no sabemos usar!!! el objetivo es vivirla no razonar tanto sobre ella. Y si uno la tubiera tan clara de que sirve ir aprendiendo!!! los eduKadores aqui en Argentina tendrian que ir a las casas de los politicos!!! jajaja!!

  2. Muchas gracias Benito! Cuando digo lo del “instrumento” lo digo como un sentimiento personal que me surge por momentos. Además está claro que no hay un manual de cómo vivir, coincido con vos. Lo dije en un sentido más existencial/esencial: en el sentido de que muchas veces, empujados por una rutina acrítica y un sistema muy poco reflexivo, vivimos sin saber por qué ni para qué. Claro está, como vos decís, que es un aprendizaje. De hecho la película fue parte de ese aprendizaje, por lo menos para mi.

    GRACIAS DE NUEVO!

    UN ABRAZO!

  3. Buenas tardes,
    acabo de ver la película de los Edukadores y, de rebote, he acabado en este blog.
    Me parece una gran entrada y coincido contigo en el contenido de la misma.
    No obstante, no estoy de acuerdo en tu opinión con el desenlace de la película. Sí, el millonario acaba denunciándolos, probablemente de la misma manera que demandó a la chica: automáticamente sus abogados se han ocupado de ello. Sin embargo, ésta vez ha estado atento y ha avisado a los jóvenes para que salgan corriendo de allí. Para reforzar esto, fíjate que cuando están en España, disponen de MUCHOS más medios para hacer sus cosas. Trajes mejores, gafas a la moda, las cuentas del millonario, un barquito para ellos…
    El “hay personas que nunca cambian” yo lo interpreto en el hecho de que, a pesar de tener sus años y haberse corrompido sobremanera, el millonario, en el fondo, aprecia lo que hacen y les ayuda, porque en el fondo, no ha cambiado.
    Eso sí, en el resto de cosas: Tal como dices, la película sirve como llamada de atención y recordatorio de unos ideales que hay qu emantener.

    Un placer haberte leído 😉

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