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Morir para salvar a su hermano

In Derecho a Replica on 12 julio, 2010 at 8:25 PM

Por Adolfo Ruiz

Omar Pucheta murió un año antes de que su hermano, José, fuera fusilado en la UP1. Junto a miembros del ERP, cavaba un túnel para liberar a 50 presos políticos de la Penitenciaría.

Es el 29 de mayo de 1969. Las columnas de trabajadores y sindicalistas marchaban por la avenida Vélez Sársfield provenientes de la IKA Renault. Era la gesta del Cordobazo.

José, con sus 24 años, era el más grande de los cinco hermanos Pucheta. Caminó desde la casa familiar en barrio Las Flores hasta la avenida, y no dudó un segundo en sumarse a la marcha, como tampoco lo hicieron sus hermanos Oscar, Omar y Guillermo. Y volvió con un balazo en la pantorrilla. Eran tiempo de agitación y lucha, cuando la clase trabajadora soñaba con cambiar las injusticias de este mundo.

“De ahí en más quedaron todos enganchados con la lucha por los derechos”, recuerda hoy Elba Pucheta, hermana del medio y única mujer de la familia. Ella se juró concurrir a todas y cada una de las audiencias del juicio de la UP1. “En memoria de mis hermanos”, dice con orgullo. Y habla de “hermanos”, porque la represión le llevó a tres, todos militantes del PRT ERP.

José Pucheta, trabajador metalúrgico y estudiante de ciencias de la información, es quizás el más conocido de todos, porque fue uno de los presos fusilados de la UP1, el 28 de mayo de 1976. Pero también está Guillermo, sindicalista de Perkins, desaparecido desde el 1º de agosto de 1976. Y Omar, el menor de la familia y el primero en morir, abatido el 21 de abril de 1975 cuando trabajaba en un túnel que pretendía lograr la fuga de los presos políticos de la Penitenciaría.

La fuga que no fue. La historia recuerda la espectacular fuga protagonizada el 24 de mayo de 1975 por 26 presas políticas de la Cárcel del Buen Pastor, quienes huyeron luego de que un apoyo externo lograra arrancar la reja de una de las ventanas de esa prisión, hoy transformada en un paseo cultural.

Lo que no se sabe es que esa fuga era sólo parte complementaria de una mucho mayor que se estaba tramando, y que, de concretarse, quizás hubiera cambiado parte de la historia.

Se trataba del llamado “Operativo Córdoba”, una quirúrgica obra de ingeniería subterránea que pretendía facilitar la fuga de medio centenar de presos políticos de la Penitenciaría de San Martín. “Era todo un operativo conjunto, lo de las compañeras del Buen Pastor y lo de los changos de la Penitenciaría”, reconoce Carlos Orzaocoa, antiguo dirigente del ERP .

Lo que desde ambos lados del muro carcelario se vivió como un fracaso, en el hogar de los Pucheta se padeció como la primera gran tragedia familiar. Omar, el menor de la casa, brazo armado del PRT, había muerto mientras trabajaba de topo para liberar a 50 militantes populares, entre ellos su hermano mayor, José, inteligencia del PRT.

La tragedia no sería completa hasta un año después, cuando ese hermano que intentaban liberar, cuya identidad secreta dentro del ERP era “Sargento Julio”, cayera muerto en uno de los ocho fusilamientos de la UP1.

Bajo tierra. Aún con el fracaso, la historia de túneles y tuberías en inmediaciones de la Penitenciaría no deja de ser una aventura asombrosa. Y por su carácter subterráneo, también es una obra típica del PRTERP, famosos por sus habilidades para trabajar en la profundidad.

No será fácil determinar cuánto tiempo llevaban sacando bolsitas de nylon llenas de tierra, que se acumulaban en un cuarto de la casita de calle Guido, casi esquina Uspallata, que daba espaldas a la barranca. Pero como máximo fueron dos meses, el tiempo que había pasado desde que la “organización declarada ilegal” –como la mencionaban los diarios de la época– había adquirido el inmueble.

Desde la propia vivienda habían cavado un túnel que bajaba seis metros y luego avanzaba otros 35 hasta unirse con una gigantesca tubería de desagüe pluvial y cloacal de dos metros de diámetro, que pasa justo por debajo de calle Tambo Nuevo.

El plan era muy preciso: el primer tramo era unir la casa con el desagüe; el segundo, aprovechaba la cañería para avanzar cuadra  y media hasta la vereda de la misma cárcel (en la esquina de Uspallata y Tambo Nuevo); y el tercero, un nuevo túnel que uniera la cañería con el interior de la cárcel.

En ese segundo túnel se hallaba trabajando una cuadrilla de diez militantes. Se pasaban días enteros bajo tierra. A tal punto estaban compenetrados con la tarea, que habían llevado catres, bolsas de dormir, alimentos enlatados, conductos para la renovación de aire a través de las bocas de tormenta, y hasta desodorantes de ambiente, para combatir el hedor del conducto. Lógicamente, también iluminación eléctrica, carretillas, zorras, rieles, picos, puntales y demás herramientas.

Estuvieron realmente cerca de lograrlo. Especialistas calculan que le faltaban sólo semanas para alcanzar el piso del pabellón 6 de la cárcel, donde estaban los presos políticos, lo que hace pensar que la fuga estaba pensada para ser en simultáneo con la del Buen Pastor (24 de mayo). Pero el dato se filtró.

Sin escapatoria. En la mañana del 21 de abril de 1975, un impresionante operativo policial con unos 260 uniformados tendió un cerco de 20 manzanas de diámetro en barrio San Martín. Más de 30 móviles policiales cercaron el barrio y comenzaron a requisar casa por casa. Hasta que llegaron a la de Guido 1429. El dato de la fuga subterránea llegó luego del secuestro de una carpeta “subversiva”, en un allanamiento del día anterior en Buenos Aires.

Los diarios Los Principios y La Voz del Interior coinciden en que las fuerzas del orden fueron recibidas con una granada que no detonó y una ráfaga de ametralladora.

Despavoridos, los ocupantes de la casa tomaron el túnel, bajaron por la cañería aguas abajo hasta Martín García al 1400. Otras versiones indican que saltaron el muro posterior del patio y emprendieron retirada barranca abajo en dirección a calle Martín García.

Los “topos” intentaron emerger por una boca de tormenta que se abre frente a un baldío todavía existente. Pero el cerco de seguridad era tremendo. Los cinco fueron abatidos allí mismo. Uno de ellos era Omar Pucheta, quien murió soñando con rescatar a su hermano.

Junto a él, perdieron la vida Patricia Colombetti (19) estudiante santafesina, José Daura Saud (25) brasilero y también estudiante, Mario Domínguez (23), y Patricio Mercaud (21), conocido por su alias “Pedro”, y presuntamente “cerebro” de la organización.

El plan quedó definitivamente trunco. Los presos de la cárcel no fueron rescatados; tampoco José Pucheta, el hermano de uno de los topos, quien un año más tarde, el 28 de mayo de 1976, tampoco conseguiría salvarse de los disparos.

Fuente: Diario Día a Día

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