maximo tell

Las democracias latinoamericanas y la responsabilidad ciudadana

In Exclusivos on 23 julio, 2010 at 10:08 AM

Por Gabriel Márquez

Entre Washington y Chavez se debate Latinoamérica y sus ciudadanos, que deberán ser parte responsables de los cambios que pretendan para sí en la política de sus países.


Frecuentemente, los ciudadanos, o mejor dicho las personas, nos quejamos; mucho. Esto no es ninguna novedad, pero, también, así como siempre tenemos una excusa para protestar deberíamos pensar concretamente: ¿Por qué protestamos? ¿A quien dirigimos nuestras protestas? Y lo mas importante, aunque algunas veces seamos escuchados (las menos) y nuestros problemas se resuelvan, siempre encontramos algo que nos molesta, algo que cambiar.

En primer lugar hay que resaltar algo fundamental, la necesidad de cambio es intrínseca al ser humano, y esa necesidad se manifiesta permanentemente durante nuestra existencia en este mundo; es decir, somos animales subjetivos, dotamos de forma a todo lo que vemos, sentimos y experimentamos, y, de esta manera, desarrollamos puntos de vista diferentes, tan distintos que, cuando enfrentamos un dilema social, y a la hora de exigir la solución, somos tendenciosos y esperamos que esa exigencia; que se canaliza a través de una acción en forma de respuesta concreta y precisa, sea en la forma y tiempo que nosotros esperábamos para así sentirnos satisfechos (solo de momento) para luego mudarnos al próximo problema, a la próxima cuestión.

Ahora, ¿Esta mal protestar y exigir? No, al contrario, seria preocupante si no lo hiciéramos y es un deber, más que un derecho, reclamar y observar los problemas de nuestra sociedad, sobre todo cuando podemos disfrutar ese privilegio estando en democracia.

El problema surge cuando los “elásticos” democráticos, y el “resorte” representativo (para ser absolutamente grafico) fallan al ser exigidos, se cortan, e incapaces de responder, tornan la problemática social en un dilema insoluble, haciendo que la sociedad se impaciente, perdiendo a veces, mucho mas que la compostura.

¿Por qué fallan las instituciones? La cadena de soluciones, es como un plan bien elaborado, aceitado y ensayado, para que a la hora de ofrecer una respuesta, esta sea la correcta y concreta; sin embargo, la realidad nos muestra lo opuesto: improvisación, inacción, desorganización, lentitud y tantos otros adjetivos, malos, por cierto.

La democracia latina, hija del paternalismo, la fragilidad política, y la corrupción,  sufre de estos problemas, que parecen mas del terreno de la psicología que de la ciencia política, pues, resurgen, inexplicablemente, entre tanto y tanto; populismos por aquí, ultra conservadurismos por allá, neoliberales por aquí, “socialistas caribeños” por allá.

Toda esta maraña de pseudo democracias, complica el surgimiento de lo único que se necesita para conseguir respuestas, para reactivar la cadena de soluciones y para empezar a satisfacer demandas justas y pertinentes: un plan a largo plazo.

Aparentemente los latinoamericanos somos enemigos del largo plazo, no nos place, somos “espontáneos” y como todo lo espontáneo algunas veces es milagroso y otras desastroso pero siempre, inconcluso e incompleto fallando tarde o temprano.

Chile parece haber dado un paso importante hacia el largo plazo. Desde la vuelta a la democracia, el país trasandino decidió seguir un camino coherente, y aunque, a veces se plantearon problemas, incluso estructurales, el pueblo y el gobierno chileno pudieron adaptarse y hoy marcan tendencia como el país latinoamericano mas conectado con el mundo.

También Brasil parece haberse dado cuenta de que el éxito económico y el desarrollo social se consigue a través del esfuerzo y la constancia, posicionándose de esta forma como el líder económico y geopolítico de la región, evitando las soluciones “mágicas” y los abruptos virajes de timón.

Por el otro lado tenemos a Argentina, Bolivia, y Venezuela, que en un lapso de 20 años pasaron de tener gobiernos neoliberales a: casi de izquierda, muy de izquierda y extremadamente de izquierda respectivamente. Estos cambios, dirán algunos, se dieron por la exigencia del “pueblo”, un pueblo oprimido por recetas neoliberales salvajes y el Consenso de Washington.

Quizás sea cierto, pero no menos verdadero es que ese pueblo fue manipulado con promesas artificiales, con recetas mágicas y soluciones instantáneas que finalmente, mas temprano que tarde terminan fracasando y propiciando que ese mismo pueblo que los puso en el poder, exija, que dejen el gobierno por otro que les venda habichuelas, tal vez mas coloridas y mas tentadoras.

Se preguntarán, estimados lectores, ¿si estoy a favor del Consenso de Washington y en contra del socialismo “del siglo XXI” de Hugo Chávez?

Pues, no, y si. No estoy a favor de las directivas del Consenso de Washington, porque su adopción fue consecuencia directa de nuestra inmadurez política y de los cambios de dirección bruscos que vengo criticando, y si, estoy en contra del chavismo, o cualquier forma de gobierno que atropelle las instituciones, sea de derecha o izquierda.

Vemos, de una manera extremadamente amplia, que el origen de los problemas excede nuestro propio medio, y es estructural, es orgánico, sistémico e inherente a la ingeniera política que se propagó por America Latina en sus casi 200 años de historia.

Ahora, ¿Todo esta perdido? ¿Estamos condenados a padecer in eternum a nuestros ineficaces gobernantes? No. Tenemos que seguir exigiendo, protestando, con conciencia ciudadana y participación activa.

Comprometerse es la solución, es el primer paso, si no hay compromiso la misma parsimonia va a continuar, nadie nos va a solucionar los problemas mágicamente, pues, estos están enterrados en lo mas profundo de un sistema de por si inexpugnable,  cuando exigimos tenemos que ser articulados, en vez de exigir uno por uno, exijamos juntos, en vez de protestar en voz alta, protestemos con el ejemplo, en vez de ser individuos, seamos una sociedad.

Por eso la próxima vez que protestemos por algo, recordemos que los problemas hay que tomarlos en nuestras manos, porque solo nosotros podemos iniciar la depuración que la política latinoamericana necesita, nuestras herramientas son el voto, la organización, la honestidad y la honradez, porque solo alguien que sabe lo que es trabajar duro para conseguir un plato de comida, ropa y un techo para sus hijos, puede tener la pureza de conciencia y la ética suficiente para exigir que le llegue lo mismo de sus gobernantes, esto es, esfuerzo, trabajo duro y sobre todo, moderación. Esta en nuestras mentes y en nuestras manos.

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