maximo tell

¿Hay algo más inexplicable que el suicidio de René Favaloro?

In Exclusivos, Pasiones, Tonti on 29 julio, 2010 at 7:00 AM

Por Danilo Tonti a diez años de la muerte de Favaloro

“Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta, tiene su precio.
A la corta o a la larga te lo hacen pagar”.
René Favaloro

12 de julio de 1923 - 29 de julio de 2000

Después de la muerte todo lo que podría muere esfumado en el último latido, regalando certezas de un deber cumplido o amargas realidades inconclusas. Después de la muerte ya no hay caminos, sólo un atajo donde sentarnos y mirar lo caminado. ¿Pero qué se hace con la culpa cuando ya no existe aquello que puede subsanarla? Pues la culpa aparece con la desaparición, repentina ausencia que es su causa, su cuenta eternamente pendiente, su mañana nunca alcanzado.

A veces la muerte nos devuelve a la vida y, en un empujón sin previo aviso, comprendemos la acción delante de nuestra omisión.

René Favaloro no sólo murió, se suicidó. Acción delante de nuestra omisión. Decició quitarse la vida, dejar de existir. Acción delante de nuestra omisión. Decidió desaparecer, antes que ceder. Acción delante de nuestra omisión.

Quizás sean muchos los que alguna vez la leyeron, pero reiterar nunca está de más cuando el mensaje no deja de hechar raíces. Personalmente leí la carta que Favaloro dejó antes del suicidio hace un par de días y, desde entonces, no dejo de pensar en eso. En la hipocresía de un sistema hecho a medida por corruptos, en la hipocresía de un dinero que cotiza vidas, en la hipocresía de nosotros en nuestra inocencia ingenua o sutilmente cómplice.

Y es que la idea del mundo del revés no queda sólo en canción en una sociedad en donde la honestidad reniega de ser honesta, resignada inadaptada a las normas del más injusto. Nada más angustiante que la angustia de ser honesto, pues designa la falacia de lo impuesto, la contradicción de lo supuesto.

Pero claro que no reniega de lo que es, sino de aquello que en lo social le implica ser lo que es. “La mayoría del tiempo me siento solo”, dice en alguno de sus párrafos. ¿Solo aquel hombre conocido en el mundo, admirado por todos? ¿Solo aquel hombre que trabajó por y para los otros? ¿Solo? Sí, solo. Y quizás la soledad más profunda que exista, la soledad del pensamiento y del ideal. Esa que no escapa ni entre las multitudes, que busca corromper, torcer la línea.

Allí quedó aquel hombre ejemplar, con los laureles en sus manos y la esperanza por el piso; con una imagen de renombre y una vida en el olvido. Quedó con los halagos en su último suspiro: nunca más inválidos, nunca más superfluos, nunca más insulsos.

“Concurren a los Congresos del American College o de la American Heart y entonces sí, allí me brindan toda clase de felicitaciones y abrazos cada vez que debo exponer alguna ‘lecture’ de significación. Así ocurrió cuando la de Paul D. White lecture en Dallas, decenas de cardiólogos argentinos me abrazaron, algunos con lágrimas en los ojos. Pero aquí, vuelven a insertarse en el ‘sistema’ y el dinero es lo que más les interesa”.

A veces me pregunto por qué al olvido nunca se le olvida olvidar las cosas importantes. Por qué lo que pasa es siempre una sucesión de apariencias, por qué nunca vamos más allá. Cuanto más lo pienso menos lo entiendo y la impotencia me paraliza. ¿Cómo fue posible? ¿Por qué nadie lo vio? ¿Por qué nadie lo evitó? Y es que a Favaloro no lo mató su “fracaso”, lo mató el fracaso de su causa. ¿Hay algo más noble que dejar tu vida por no poder dar vida? ¿Hay algo más cruel que dejar morir a quien quiere vivir para hacer vivir? ¿Hay algo más inexplicable en el mundo que el suicidio de René Favaloro?

“A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla”. (…) “Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata”.

La historia mató a quien intentó desenmascararla, sin tapujos ni consideraciones, sólo lo mató. Porque en su ejército no estaba más que él y su cuerpo no resitía una batalla más. Sólo dijo adiós sabiendo que su palabra sería su arma última, porque la palabra es lucha y, como diría Panton, su mutilación puede ser su siembra. Su muerte fue la declaración de la guerra eterna, la denuncia permanente agitando la memoria. Continuidad camuflada de derrota persiste en el sostenimiento de la causa, con su ideal, con su bandera. “No puedo cambiar, prefiero desaparecer”. Desaparecer no es dejar de existir y seguir existiendo es continuar luchando.

Gracias Favaloro por tu humildad, por tu honestidad, por tu ética; pero fundamentalmente gracias por tu persistencia, porque no hay ninguna otra cosa en la vida que me inspire más que tu propia vida.

Que despierte en vos lo que tenga que despertar:

El Juez liberó la nota que dejó el Dr. René Favaloro antes de suicidarse. (Julio 29-2000 – 14,30 horas) Gracias querido amigo Manuel Abrodos por enviarmela.

Creo que vale la pena leerla con detenimiento y reflexionar que cosas aun tienen arreglo en Argentina y que cosas ya no sirven y son descartables. Pero por sobre todo creo que hoy en nuestro pais lo que necesitamos es distinguir claramente cuales son las cosas por las que vale la pena luchar, por las que vale la pena invertir nuestro tiempo y nuestra energia apostando a un futuro mejor.

Este creo que no es un mensaje de muerte, sino un mensaje de vida dirigido a todos nosotros argentinos de cualquier credo y orientacion política.

“Si se lee mi carta de renuncia a la Cleveland Clinic, está claro que mi regreso a la Argentina (después de haber alcanzado un lugar destacado en la cirugía cardiovascular) se debió a mi eterno compromiso con mi patria. Nunca perdí mis raíces.. Volví para trabajar en docencia, investigación y asistencia médica. La primera etapa en el Sanatorio Güemes, demostró que inmediatamente organizamos la residencia en cardiología y cirugía cardiovascular, además de cursos de post grado a todos los niveles. Le dimos importancia también a la investigación clínica en donde participaron la mayoría de los miembros de nuestro grupo.

En lo asistencial exigimos de entrada un número de camas para los indigentes. Así, cientos de pacientes fueron operados sin cargo alguno. La mayoría de nuestros pacientes provenían de las obras sociales. El sanatorio tenía contrato con las más importantes de aquel entonces.
La relación con el sanatorio fue muy clara: los honorarios, provinieran de donde provinieran, eran de nosotros; la internación, del sanatorio (sin duda la mayor tajada).

Nosotros con los honorarios pagamos las residencias y las secretarias y nuestras entradas se distribuían entre los médicos proporcionalmente. Nunca permití que se tocara un solo peso de los que no nos correspondía.

A pesar de que los directores aseguraban que no había retornos, yo conocía que sí los había. De vez en cuando, a pedido de su director, saludaba a los sindicalistas de turno, que agradecían nuestro trabajo. Este era nuestro único contacto.

A mediados de la década del 70, comenzamos a organizar la Fundación. Primero con la ayuda de la Sedra, creamos el departamento de investigación básica que tanta satisfacción nos ha dado y luego la construcción del Instituto de Cardiología y cirugía cardiovascular. Cuando entró en funciones, redacté los 10 mandamientos que debían sostenerse rajatabla, basados en el lineamiento ético que siempre me ha acompañado.

La calidad de nuestro trabajo, basado en la tecnología incorporada más la tarea de los profesionales seleccionados hizo que no nos faltara trabajo, pero debimos luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza).

Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos, como consecuencia, jamás dimos un solo peso de retorno. Así, obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al Instituto.

¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno! Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica.

Lo mismo ocurre con el PAMI. Esto lo pueden certificar los médicos de mi país que para sobrevivir deben aceptar participar del sistema implementado a lo largo y ancho de todo el país.

Valga un solo ejemplo: el PAMI tiene una vieja deuda con nosotros, (creo desde el año 94 o 95) de 1.900.000 pesos; la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían (como es lógico no a mí directamente).

Si hubiéramos aceptado las condiciones imperantes por la corrupción del sistema (que se ha ido incrementando en estos últimos años) deberíamos tener 100 camas más. No daríamos abasto para atender toda la demanda.

El que quiera negar que todo esto es cierto que acepte que rija en la Argentina, el principio fundamental de la libre elección del médico, que terminaría con los acomodados de turno.

Lo mismo ocurre con los pacientes privados (incluyendo los de la medicina prepaga) el médico que envía a estos pacientes por el famoso ana-ana , sabe, espera, recibir una jugosa participación del cirujano.

Hace muchísimos años debo escuchar aquello de que Favaloro no opera más! De dónde proviene este infundio?. Muy simple: el pacientes es estudiado. Conclusión, su cardiólogo le dice que debe ser operado. El paciente acepta y expresa sus deseos de que yo lo opere. ‘Pero cómo, usted no sabe que Favaloro no opera hace tiempo?’. ‘Yo le voy a recomendar un cirujano de real valor, no se preocupe’. El cirujano ‘de real valor’ además de su capacidad profesional retornará al cardiólogo mandante un 50% de los honorarios!

Varios de esos pacientes han venido a mi consulta no obstante las ‘indicaciones’ de su cardiólogo. ‘¿Doctor, usted sigue operando?’ y una vez más debo explicar que sí, que lo sigo haciendo con el mismo entusiasmo y responsabilidad de siempre. Muchos de estos cardiólogos, son de prestigio nacional e internacional.

Concurren a los Congresos del American College o de la American Heart y entonces sí, allí me brindan toda clase de felicitaciones y abrazos cada vez que debo exponer alguna ‘lecture’ de significación. Así ocurrió cuando la de Paul D. White lecture en Dallas, decenas de cardiólogos argentinos me abrazaron, algunos con lágrimas en los ojos. Pero aquí, vuelven a insertarse en el ‘sistema’ y el dinero es lo que más les interesa.

La corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar. Instituciones de prestigio como el Instituto Cardiovascular Buenos Aires, con excelentes profesionales médicos, envían empleados bien entrenados que visitan a los médicos cardiólogos en sus consultorios. Allí les explican en detalles los mecanismos del retorno y los porcentajes que recibirán no solamente por la cirugía, los métodos de diagnóstico no invasivo (Holter eco, camara y etc., etc.) los cateterismos, las angioplastias, etc. etc., están incluidos..

No es la única institución. Médicos de la Fundación me han mostrado las hojas que les dejan con todo muy bien explicado. Llegado el caso, una vez el paciente operado, el mismo personal entrenado, visitará nuevamente al cardiólogo, explicará en detalle ‘la operación económica’ y entregará el sobre correspondiente!.

La situación actual de la Fundación es desesperante, millones de pesos a cobrar de tarea realizada, incluyendo pacientes de alto riesgo que no podemos rechazar. Es fácil decir ‘no hay camas disponibles’. Nuestro juramento médico lo impide.

Estos pacientes demandan un alto costo raramente reconocido por las obras sociales. A ello se agregan deudas por todos lados, las que corresponden a la construcción y equipamiento del ICYCC, los proveedores, la DGI, los bancos, los médicos con atrasos de varios meses.. Todos nuestros proyectos tambalean y cada vez más todo se complica.

En Estados Unidos, las grandes instituciones médicas, pueden realizar su tarea asistencial, la docencia y la investigación por las donaciones que reciben. Las cinco facultades médicas más trascendentes reciben más de 100 millones de dólares cada una! Aquí, ni soñando.

Realicé gestiones en el BID que nos ayudó en la etapa inicial y luego publicitó en varias de sus publicaciones a nuestro instituto como uno de sus logros!. Envié cuatro cartas a Enrique Iglesias, solicitando ayuda (¡tiran tanto dinero por la borda en esta Latinoamérica!) todavía estoy esperando alguna respuesta. Maneja miles de millones de dólares, pero para una institución que ha entrenado centenares de médicos desparramados por nuestro país y toda Latinoamérica, no hay respuesta.

¿Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente? Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar.

La mayoría del tiempo me siento solo. En aquella carta de renuncia a la C. Clinic , le decía al Dr. Effen que sabía de antemano que iba a tener que luchar y le recordaba que Don Quijote era español!

Sin duda la lucha ha sido muy desigual. El proyecto de la Fundación tambalea y empieza a resquebrajarse.

Hemos tenido varias reuniones, mis colaboradores más cercanos, algunos de ellos compañeros de lucha desde nuestro recordado Colegio Nacional de La Plata, me aconsejan que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al ‘sistema’. Sí al retorno, sí al ana-ana.

‘Pondremos gente a organizar todo’. Hay ‘especialistas’ que saben como hacerlo. ‘Debes dar un paso al costado. Aclararemos que vos no sabes nada, que no estás enterado’. ‘Debes comprenderlo si querés salvar a la Fundación’ ¡Quién va a creer que yo no estoy enterado!

En este momento y a esta edad terminar con los principios éticos que recibí de mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil. No puedo cambiar, prefiero desaparecer.

Joaquín V. González, escribió la lección de optimismo que se nos entregaba al recibirnos: ‘a mí no me ha derrotado nadie’. Yo no puedo decir lo mismo. A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla. Estoy cansado de recibir homenajes y elogios al nivel internacional. Hace pocos días fui incluido en el grupo selecto de las leyendas del milenio en cirugía cardiovascular. El año pasado debí participar en varios países desde Suecia a la India escuchando siempre lo mismo.

‘¡La leyenda, la leyenda!’

Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación. Todo esto no se perdona, por el contrario se castiga.

Me consuela el haber atendido a mis pacientes sin distinción de ninguna naturaleza. Mis colaboradores saben de mi inclinación por los pobres, que viene de mis lejanos años en Jacinto Arauz.

Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata. No puedo cambiar. No ha sido una decisión fácil pero sí meditada. No se hable de debilidad o valentía.

El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano. Sólo espero no se haga de este acto una comedia. Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad.

Estoy tranquilo. Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo, es cierto. Espero que me recuerden así.

En estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales, provinciales, empresarios, sin recibir respuesta.

En la Fundación ha comenzado a actuar un comité de crisis con asesoramiento externo. Ayer empezaron a producirse las primeras cesantías. Algunos, pocos, han sido colaboradores fieles y dedicados. El lunes no podría dar la cara.

A mi familia en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco.

Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa.

Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles”.

Un abrazo a todos
René Favaloro

Este autor es Columnista permanente de este Blog

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  1. Danilo: Es una nota increíblemente hermosa… pero quisiera diferenciar la carta que deja favaloro de la nota periodística que has realizado. En especial, por que la carta que el deja antes del suicidio es un documento a la angustia y a la soledad de un hombre con la que no puedo yo tampoco llegar a una dilucidación clara. Y no por que no existan razones para el suicidio, por que siempre estamos dialogando con ese Tánatos que nos angustia, sino por que Favaloro conocía más respuestas que yo para vencer a la muerte. Y creo que eso lo que me confunde tanto… el saber que él estaba más preparado que yo para defender la vida.
    Por eso, creo más ahora en tu nota periodística diez años después de su suicidio, por que al tratar de ordenar…al tratar de razonar…estas buscando algún sentido para esta vida. Y aunque todos sabemos que esto nunca se va a poder concluir completamente, por que las cosas más importantes de la vida no se razonan, sino que se vive con ellas. Creo entonces en que esta nota, aparte de ser un homenaje, es muy buena y apropiada por que nos permite pensarnos como sociedad y como personas, desde algo tan extremo como lo que es el suicidio de alguien en nuestra comunidad.
    te dejo un abrazo

  2. Benito: Muchisimas, pero muchisimas gracias por tu aporte, realmente muy valioso para mi.
    Como me dijiste, escribir sobre estos temas es un riesgo porque estamos expuestos a la suceptibilidad de muchos, y es lógico que así sea. Pero a la vez eso es lo interesante del desafío.
    Comprender a Favaloro no es fácil, comparto con vos y me sumo a tus dudas; desde mi perspectiva absolutamente lógicas e interesantes. Personalmente me gusta quedarme con eso que hizo a ese hombre “el doctor favaloro”, y no es su conocimiento ni su aporte a la medicina, sino su perspectiva social y su defensa incansable a la vida. Incluso, a su propia muerte, la veo en esa línea. Cada cual sabrá desde qué punto analizar, pero lo importante, e indiscutible, es que fue un férreo defensor de la vida y de la igualdad.

    De nuevo muchisimas gracias, fue un placer leer tu comentario.
    Te mando un abrazo!
    Danilo

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