maximo tell

El cielo moderado, un mamarracho y el poema

In Bahamonde, Exclusivos, Pasiones on 11 agosto, 2010 at 12:25 PM

Por Jose Bahamonde

Son las ocho de esta mañana fría de Mendoza, sueño moderado, día en blanco y las palabras que invitan en el iPod “porque ese cielo que vemos, ni es cielo, ni es azul. Lástima grande que no sea verdad tanta belleza” Lupercio Leonardo de Argensola, cerca del 1.500.

Ahora entiendo cuando los viejos me decían que el tango está ahí, sentado en un bar fumando y esperando que algún día vengas a él. Hace tiempo ya me senté en aquel café, con la vergüenza de un niño que reconoce la verdad de una padre sabio.

Foto de Jose B

Camino hacia la Mac, la abro y empiezo a escribir intentando meter la mano en la bolsa de mi alma para tirar algún puñado de plumas al viento.

Tango, tango, cómo suena tu voz en mi mirada. Son las ocho, casi el fin de una madrugada que no fue de bourbon, ni de sueños grises, nooooo nada que ver, son las frías ocho de una mañana más y aquí estoy, empezando este día como quién baña sus zapatos en tinta y se debate si escribirá sobre el suelo de la vida una digna poesía o todo morirá en un ilegible mamarracho.

Y ahí el tango, ametrallando mi cabeza con sus frases “…se me gastaron las sonrisas de luchar…”, “…pero qué, si están tus cosas pero tu no estás…” todo está ahí, el dolor, la esperanza, la muerte y la puta vida.

“…Fui…gota de vinagre derramada, fatalmente derramada sobre todas tus heridas..”, “…vete, no me beses que te estoy llorando. Vete, no comprendes que te estoy salvando..” y la imagen del eterno Negro Juárez con sus lágrimas reinventando desencuentro. Tengo ganas de gritar pero no puedo abrir la boca, y caigo en una verdad incontrastable, el tango es eso, es la boca de tantos que no gritan.

Nada, a seguir, ahora pongo a Hugo Díaz y esbozo este intento de salvarme. Café negro, mi homenaje de hoy no puede mancharse con la blancura de la leche. Abro mis mails con los ojos teñidos de arrabal, y una de esas cosas hermosamente incomprensibles que se encadenan en la vida, mensaje de mi amigo Omar, escrito con las mismas manos con las que amasa el pan para el horno de barro y luego se aferra al arco de su contrabajo.

Omarcito es un ser tan dignamente humano, tan de verdad, tan hermosamente amigo, tan musical para su cocina, tan cocinero para los sueños de todos. Y su mail que me pega una trompada con guantes de terciopelo No sé si se logra la belleza. Amo ese concepto griego de la belleza, que dice que la bondad no es buena por ser buena, es buena porque es bella…” y sé que si algo le faltaba a este rarísimo día de invierno, es esta invitación al pensamiento.

La música suena, y entonces el tango, y el contrabajo de Omar y su amistad y la belleza…y el aroma del café. Y entonces, entonces todo se ordena.

Definitivamente tengo ganas de que mis pasos de hoy dibujen algo bueno. Ahora suena Chiquilín de Bachín, “cada aurora en la basura, con un pan y un tallarín, se fabrica un barrilete para irse…y sigue aquí…” que poeta Horacio Ferrer, ¿cómo pueden todavía algunos “puristas del tango”, cuestionarlo? cuánta miseria debe limpiarse alrededor de las cosas trascendentes.

Un día leí una frase divertida decía, “es fácil darse cuenta de la existencia de un genio, inmediatamente todos los imbéciles se ponen en su contra”. Cómo cuesta tener que bancarse a tanto pelotudo con iniciativa, por dios. Pareciera que la envidia, ese DNI de la mediocridad, se contagia por la palabra. Eso si, por respeto a mi café, he decidido no dedicarle un segundo de tiempo a los acomplejados y envidiosos.

Volvamos, Ferrer es un rock star, un tipo que está en desacuerdo con la vida de mierda que nos intentan vender y grita con sus poemas para tirarnos un enorme salvavidas. Cómo puede cuestionarse poéticamente a alguien capaz de decir “…chiquilín dame un ramo de vos así salgo a vender mis vergüenzas en flor. Baleame con tres rosas que duelan a cuenta del hambre que no te entendí…” una canción de protesta, donde se inmola para que se entienda el sufrimiento de un niño.

Encima hay que soportar que algunos irrespetuosos digan que el tango es rancio y cosa de viejos. Y claro, la lectura que tenemos del tango ha ido mutando más por ignorancia que por decisión y como decía mi amiga Anita, la ignorancia es atrevida.

Los invito a ver imágenes de las grandes orquestas de los ’60, allí verán bandoneonístas cabeceando enloquecidos, pianistas golpeando el piano con violencia, cuerpos de músicos que vivían el tango en la piel, comprometidos, irreverentes, vanguardistas muchos años antes de la fiebre del rock y el punk.

Que alguien tenga los huevos de negarme que en la voz de Cobain podría haber vivido cualquier tango melancólico. Nada puede sobrevivir a las lecturas del pasado con los códigos actuales, pero siempre ayuda el corazón, la sensibilidad, las ganas de encontrar acuerdos, el juego de sentar a Pichuco con Pearl Jam, al gran Astor con Ceratti, a la poesía de Manzi en la mesa de un flamenco, a Julio Sosa con la electrónica del tango.

Al segundo café le cayeron unas gotas de Brandy, son las 9, le meto un trago firme queriendo desahogarme, y si, el tango es un tema del que es difícil salir, (un camino de ida diría la Mica) es el libro gordo de petete para encarar todos los dias.

Me suena el teléfono, Carlos desde Buenos Aires, justo lo que faltaba, las charlas con él pueden durar horas desculando el origen del amor, su influencia en el arte, en la amistad, y empiezan las frases compartidas, “no se puede ser profundo todo el tiempo, porque tampoco se puede ser feliz todo el tiempo” le tiro al pasar, se ríe, se que está asintiendo con la cabeza.

Comentamos de alguna mina, pisamos la banquina, volvemos al asfalto y me retruca “…es que las tristezas no son siempre las mismas…o si?” apuro una respuesta, “…hay que aprender a no sufrir maestro”, vuelve a reír.

Entonces me despido con apuro, me subo al auto, manejo desorientado, encuentro en una esquina un bar antiguo, me bajo, busco con la mirada atenta, veo un viejo solo con un cigarrillo y un café, me siento junto a su mesa, siento el paso de la vida. En una radio suena un tango de Rivero, el viejo mira como buscando el cielo, lanza una bestial nube de humo, cierra los ojos y los aprieta, así se queda un rato.

Es el tango, lo juro, es el tango, ese grito de tantos que no gritan.

Entonces siento que es de noche al mediodía, que al farol se le escapó la luz, que el café  es un escocés con hielo, que la señora que pasa con las compras es Malena, que el tipo que espera el bondi en la parada es el Ñato y que ahí a la vuelta de la esquina sobrevive una milonga eterna con el piso lleno de letras y mamarrachos invisibles, que sin carteles, ni guirnaldas, ni faroles se llama vida.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

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    Espero tu Respuesta.

    Un cordial saludo

    Catherine Mejia

  2. Catherine, eso tenés que hablarlo con el gran Maximo. Te gustó esta nota? espero que si, Adios

  3. Nada como la dosis letal de Tango de la mañana. Si la tristeza oculta algo bello, debe ser un tango.
    Creo que veo venir la letra de un nuevo Tango por JB. Eso espero.

    Lo suyo es inspirador!

  4. Uy Esteban, que bonito lo que decís…”si la tristeza tiene algo bello, debe ser un tango”… Gracias por leer, gracias por tus palabras, gracias por compartir la belleza en el arrabal de la vida.

    Abrazo

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