maximo tell

Historias de viaje: Un nombre simple y natural

In Contreras on 1 septiembre, 2010 at 4:29 PM

Por José Luis Contreras

Parte 1: La vuelta a San Salvador

Tres semanas recorriendo una pequeña porción de un quizás estereotipado norte jujeño. El estereotipo de las revistas de turismo, de los programas de TV  de viajes y placeres, ya lo dije anteriormente no tengo nada en contra de esta forma de ver el mundo, pero un poco de ruido me hace.

Por que creo que las historias van mucho más allá de paisajes coloridos, artesanías en serie, gastronomía andina de precio exorbitante, entre otras formas de extrema mercantilización de la cultura norteña. Cultura apropiada nuevamente por las clases dominantes, una historia repetida. ¿No?

Ustedes se preguntaran. ¿Pero este tipo que es lo que fue a hacer? ¿A conocer el norte Jujeño  y a decirnos luego como debemos verlo?


Mi respuesta es simple fui a conocer historias y en consecuencia a conocerme, lo que yo escribo es una visión del mundo, es mi forma de interpretarlo desde una singularidad que es única e irrepetible. Y esta óptica, de un pequeño mundo como lo es el lugar al que fue a conocer, la comparto y a partir de allí quién  lee estas líneas sacará sus propias conclusiones.

No soy partidario de la verticalidad en el saber, no lo guardo temiendo que alguna persona me lo robe, mis escritos son un tesoro  que comparto y por ello  proponen una horizontalización de la experiencia vivida: la historia de mis viejos sobreprotectores, de aquel muchacho que me acompañó en un tramo del viaje y de ese titulo honorario de “Ingeniero” que algunos me dieron en Abra Pampa.

En estas tres historias se sintetizan el amor de los padres a un hijo, la revalorización de la cultura y por último el reclamo por un derecho social que se pide en silencio. Saquen sus conclusiones,  mi experiencia ya es de ustedes. (Ver capítulos anteriores del viaje)

Escribía líneas anteriores que estuve tres semanas por diversos pueblos de la Puna Jujeña y el objetivo era llegar hasta la frontera entre Argentina y Bolivia. No pude llegar a ese lugar, no por que no pudiera, sino por que la “Vida”, en una charla muy informal, me ofreció una oportunidad para nada despreciable, creo que fue simple la propuesta y merecía una respuesta rápida. La vida me dijo ante su propuesta:

– ¡Necesito que me respondas para ayer, no para mañana! ¿Se entiende?

Las respuestas  ante propuestas firmes no deben ser de medias tintas y la respuesta fue rápida, así que armé los bolsos y  subí al primer colectivo que me llevara de nuevo a San Salvador de Jujuy. Se preguntarán cual fue la propuesta, pero si me permiten, ese instante la guardo para mí.

En el tintero quedan las historias vividas en dos pueblos muy pequeños de la Puna: Puesto del Marques y La Intermedia, poblados situados al borde de la Ruta 9, de no más de 300 habitantes, calles desoladas, polvorientas y que solo son recorridas por sus habitantes  en horas tempranas o cuando caen los últimos rayos del sol para dar paso a la noche.

Las historias conocidas en esos lugares ya están  siendo escritas, pero antes les propongo una historia particular, en la cual soy un poco protagonista, ya no de reparto, o pensándolo bien quizás si, por que la protagonista principal es una persona con quien pasé dos semanas inolvidables.

Regresé a la capital exactamente el 1º de julio, mis padres no sabían  de mí vuelta hasta el preciso momento de abrir la puerta de casa, en la cual como siempre se encontraban las princesas más lindas de la tierra: Aylen y Rocío junto al el Rey de casa Elías I “El Moro” quién acomodaba estratégicamente sus pelotas de futbol, básquet, tenis, golf, una tras otra, como soldados dispuestos a la batalla. La casa de mis padres, con estos tres pequeños miembros de la realeza, es una versión en miniatura de la Europa monárquica de siglos pasados.

Por comenzar la casa está absolutamente resguardada por  caballitos de goma, pantuflas en forma de “guau, guau” y un amenazante dinosaurio de color violeta que controla inmutable cada paso en la casa. Hay territorios tomados, auténticos protectorados bajo el poder, defensa y seguridad de mis sobrinos, que se arman en alianza  para protegerlos: los televisores de la casa sintonizados en los canales para niños, el piso del living repleto de juguetes y piezas de rompecabezas.

Al mismo tiempo existe el riesgo latente de una guerra  por avanzar sobre otros territorios, por ejemplo la habitación de mi madre, quizás el lugar más preciado de la casa, pues allí se encuentran trofeos invalorables para estos tres pequeños: las fotos de toda la familia. Para evitar los enfrentamientos armados, mi madre con paciencia saca las viejas cajas de fotos y se las muestra una a una cada vez que este lugar es invadido por la guardia pretoriana de mis sobrinos compuesta por  muñecas, espadas y pelotas.

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También se producen armisticios, se firman tratados de paz y se sella la tranquilidad ante la firme mirada de mis dos hermanas a las que se suman Mickey Mouse y los Imaginadores. En relación a la economía los siervos  debemos rendir tributo en caramelos, galletas y en contarles un cuento antes de que se vayan a dormir a sus aposentos. Tiempo en el cual el reino vuelve a la calma, solo por unas horas.

Entonces, a este “Reino” llegué. Por esos días el clima se presentaba frío por las mañanas pero lentamente el sol calentaba las calles de la ciudad. Grande fue la sorpresa por mi llegada, ya que no me esperaban por esos días, sin embargo así soy de impredecible.

En la estadía por el norte Jujeño, en momentos en que escribía estas experiencias, regresaba a mi mente poder ver a una persona a la que solo había visto un par de veces en la vida, así de simple: un par de veces en mi vida, nada más que eso. Así que envié un email a aquella persona que decía así:

– ¿Hola como estás? yo estoy por el norte de Jujuy, vine hace unas semanas y estoy regresando a capital por estos días. Si queres  te invito a salir a algún lugar cuando regrese… ¿que decís? ¿Podés?

Ella me respondió unos días después:

– ¿Ya estás por acá? ¡Mirá que tenemos que juntarnos un día por lo menos, antes que te vayas, Nene!

Cuando leí su respuesta yo estaba de regreso por la capital, así que solo quedaba poder comunicarme con ella, ya que me había pasado su número de celular. Pero debo admitirlo soy muy reacio al uso de este aparato, además de no tener habilitada mi línea por esos días, así que quedé sujeto a poder encontrarmela a través del Messenger o el tan de moda por estos tiempos Facebook. Los días fueron pasando jugando con mis sobrinas a ser su carruaje humano o protagonizando el rol de mediador en la eterna discusión por el televisor  y la cuestión existencial: Almuerzo-Noticiero local o  los insoportables “Wiggles y Aprende”.

Así llegó un día sábado, la noche ya estaba perdida, terminaba de chequear mis e-mails, de poner pulgarcitos arriba en el “Face”, cuando de pronto ella entró en línea por “Messenger” y empezamos a “conversar” por unos minutos, hasta que le propuse salir esa misma noche a algún lugar. Debo aclarar que soy una persona un poco tímida y varias veces en mi vida por evitar el rechazo femenino, he preferido un silencio de radio, antes que otra cosa. Sin embargo tomé aire y le propuse una salida por la noche de Jujuy.

Cuando leí.

– OK! a las 11 de la noche te espero.

Le respondí:

– ¿Eso que quiere decir?  ¿Que si aceptas mi invitación?

– Si te espero a esa hora. Me respondió.

– ¡OK! ¡Para que me reconozcas voy a estar con un sombrero negro y una rosa roja en la solapa!! Escribí en tono de broma y una sonrisa de oreja a oreja.

Cerré mi cesión y durante un instante me desesperé y pregunté internamente:

– ¿Con que voy? ¿Que me pongo? ¿Me afeito? ¿Zapatillas? ¿Camisa? ¿Remera?!

Voy hacer un flash back, antes de continuar, y a decir de quién les hablo y como la conocí. Hace un año y medio aproximadamente, principios del 2009, fui de visita a un lugar muy importante en mi vida, en donde me encontré con muchos amigos a quienes saludé uno por uno, hasta que en un momento me presentaron a una hermosa morocha de ojos cafés. Ella estaba con un pantalón “capri”, una blusa negra y zapatillas blancas, nos saludamos como a quien presentan a una desconocida y nada más, sin embargo fue tal el impacto en mí al verla a ella que no pude dejar de observarla mientras continuaba con sus cosas. Soy tan olvidadizo que ni su nombre retuve, y mi timidez nuevamente obstaculizaba cualquier intento de volver a preguntárselo.

Por ese entonces siempre al regresar a visitar a mi familia, apenas bajaba del colectivo, los tiempos se aceleraban para regresar nuevamente a Córdoba, es así que pensaba que en nada podía modificar mi vida si conocía o no, a esa morocha de ojos color café. Por esos días continuaba visitando a mis amigos y ella seguía allí tan informal y atractiva al mismo tiempo. Para evitar situaciones incómodas, acudí a la ayuda de uno de los niños del lugar y le pregunté:

-¿Cuál es el nombre de aquella chica?

Me respondió rápidamente y continuó jugando con los otros niños del lugar, no importándole el porque de la pregunta.

Así fueron pasando los días y coincidíamos en algunas actividades y comenzó una relación propia de todo encuentro:

-¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Venís por la tarde? ¡Yo tomo el colectivo en tal lado, si vas para el mismo lado te acompaño!

No más que eso, formalismos propios de las situaciones. Un par de veces la debo  haber acompañado por ese entonces, pero nos conocimos un poco, no mucho, Le gustaba el buen vestir, era una adoradora de las vidrieras, una coleccionista indiscriminada de zapatos, una amante de las letras y por sobre todo una fundamentalista de la buena compañía.

En nuestras pocas caminatas por esos tiempos, me comentó que estaba en una relación con un chico con el cual las cosas iban bien. Pero yo no preguntaba más sobre esta cuestión, a razón de no importarme en demasía, por esos momentos. Porque mi vida estaba en Córdoba y en poco tiempo no podía estar en los planes de ella y de nadie.

Ella sin embargo algo había despertado en mí, no sabia que, pero algo se despertó por ese entonces, no quise preguntarme más por que era tiempo de volver a Córdoba.

Eso fue hace un año y siete meses. En nuestras charlas antes de regresar la invité a conocer Córdoba y siempre quedó la propuesta en pie y entre risas nos tomábamos la palabra de algún día nos encontráramos en esta ciudad.

Pasó el tiempo, mucho tiempo…y salvo e-mails reenviados en cadena, nunca más la volví a ver ni siquiera a principio de este año. Nuevamente aplicaba mis conceptos egoístas “lo que no se ve, no se siente y menos algo que no viste demasiado”. Así que la vida corría bajo los parámetros normales de mi concepción existencial.

Muchos dicen que la vida corre, que todo pasa. Y la vida siguió.

Pero una necesidad de contar historias me llevó nuevamente a Jujuy y a una experiencia hecha carne en kilómetros recorridos, historias y  personas conocidas. Y en esta etapa de la vida la volví a encontrar a ella.

continúa aquí…

Leer las Historias de Viaje anteriores

> Esta autor es Columnista permanente de este Blog

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