maximo tell

Orgías mundiales

In Froy on 18 septiembre, 2010 at 9:50 AM

Por Rogelio Froy

Hoy traigo una extraña teoría, que no sé si es tal o más bien una conspiración que deseo armar. Los ingredientes serían la lujuria, las épocas de licencias sociales, el fútbol a gran escala, las hormonas masculinas derrochándose por ahí, y muchas mujeres ávida de sexo (cumpliendo con la regla que el hombre propone y la mujer dispone).

Empecemos a develar el misterio y a intentar la gestación y ver si logro sumar gente a mi confabulación.

Los romanos, cada cierto período de tiempo celebraban a sus diosas; generalmente estos festejos se desarrollaban como grandes orgías que solían durar hasta 6 meses. El pueblo entero se congregaba en los montes cercanos y todos disfrutaban de esas festividades. En las orgías romanas al igual que en las griegas , no se discriminaba por sexo, por lo que eran de una libertad absoluta.

Basándose en esa reacción social, el antropólogo Kelvin Jhonson, elaboró una tesis en donde dice que las sociedades modernas también se toman, de manera inconsciente, esas licencias en algunos períodos y se brindan al desarrollo de grandes orgías.

¿Usted se estará preguntando donde vio a todos los habitantes de Madrid correr hacia su monte más cercano, totalmente desnudos?

Dadas las normas que hoy rigen a nuestras sociedades, estas licencias son adoptadas de maneras más “civilizadas”, donde no necesitamos salir corriendo en dirección a algún monte mientras anudamos nuestra corbata sobre la cabeza a manera de vincha, pero al parecer lo hacemos.

Si China no tuviese la exorbitante cantidad de habitantes que posee, se podría decir que el Fútbol o balompié (esto lo escribo por si alguien de otra galaxia no sabe de qué estoy hablando) es el deporte más practicado. En los países latinos genera un fervor y una veneración inigualable. Como me considero latino (creo que no soy chileno) formo parte de esta devoción.

La sexóloga Megan Andrews explica que el deseo sexual que despierta en una mujer un hombre mientras practica deportes, es casi tan alto como un encuentro de profundo contenido emocional (montaña rusa, autos chocadores, películas de terror), es decir que uno no necesita buscar estas emociones fuertes sino lograr que “ella” vaya a verte a ese partido.

La sexóloga agrega que la fantasía de tener sexo en un vestuario, con alguien que acaba de realizar una práctica deportiva, es la tercera en un ranking, detrás del mecánico (con grasa y todo) y del bombero rescatándola del incendio (volvemos a las emociones extremas).

Bueno, a estas alturas o ya están atando los cabos de los ingredientes que les presenté o se están preguntando por qué siguen leyendo esto.

Cada cuatro años el mundo festeja la gesta deportiva en donde cada nación envía a sus representantes para verlos lograr el objetivo. No estoy hablando de los Juegos Olímpicos, ya que en Argentina no despiertan mucho interés, -más que el de saber que sino hay otra cosa… -.

Me estoy refiriendo al Campeonato Mundial de Fútbol, que (en este país por lo menos) es la única razón por lo cual un hombre puede ser despedido por irse a ver a su selección; es capaz de abandonar a mujeres y niñas (porque a los niños se los lleva consigo para que empiecen a disfrutar) y perderse con sus congéneres sabiendo que mientras son once los que ingresan en el campo, los casi treinta millones que los siguen transpiran de la misma manera que los jugadores.

Asumo que ya ha cocinado todos los ingredientes que le he facilitado, y dirá que es una estupidez de magnitud extrema, pero, considerando mi propia experiencia más los datos recabados (no intento que esto sea un documento científico, ni estoy haciendo un análisis sociológico) afirmo que la sociedad Argentina vive sus periodos de licencia y lujuria cada cuatro años, cuando en todos los televisores sólo existe fútbol.

Me tocó vivir el mundial de Corea – Japón en la ciudad de Córdoba (Argentina) y dada la gran diferencia horaria entre los tres países, teníamos que ver los partidos desde las 2:00 AM hasta las 8:00 AM.

Por ello podíamos observar en pleno Julio (digamos que el frío nunca es muy buen aliado de la diversión) a los bares atestados de gente para ver partidos irrelevantes como Marruecos – Costa Rica un martes a las 4:00 AM o si no, ir a bailar a un boliche cualquier día de la semana de ese invierno (repito, el frío nunca es aliado de la diversión) y tener la pantalla gigante para ver el partido del momento sin perder de vista a la señorita a la cual deseábamos cortejar.

Es así que tiempo después, personas de ambos sexos me comentaban que habían perdido su año de estudio, ya sea secundario, terciario o universitario y otros (seguimos sin discriminar el sexo) perdieron sus trabajos o con más suerte, se “enfermaron” durante casi 15 días, eso, sumado a que este pequeño porcentaje que representa mi muestra -que para un informe serio, no es nada representativa- puede testimoniar que en esa época fue el momento en que más fiesta tuvo, entendiéndose por fiesta a la realización de actividades que en otras circunstancias no se hubieran dado.

Más allá del ejemplo mundialista que atañe y clarifica, busquen comprobar lo pensado, mediante el análisis sobre lo hecho por los sedientos hinchas cada fin de semana. Cuando el libido futbolero despierta y como durante varios días dura el éxtasis victorioso; o avergonzarse como en la peor de las noches frente a todas las inclemencias que depara un mal resultado.

Finalmente, dado que el hombre argentino integra esos 30 millones que transpiran como si hubieran corrido detrás de esos once y, según se dijo, el deseo sexual que ésto despierta en las mujeres, y el hecho de que también se hallan formado más parejas que en cualquier otro lapso de tiempo, es entonces que fundamento en ello la afirmación de que en los períodos de mundiales, la sociedad Argentina se toma su licencia y corre hacia los montes detrás de una pelota para mantener grandes orgías .

Supongo que puede avalar mi conspiración, y ayudarme a realizarla o simplemente negar todo y ver como otros pasan corriendo hacia algún monte en busca de un desahogo estival.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

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