maximo tell

Una noche en un colegio tomado

In Jorge, Malas Viejas on 22 septiembre, 2010 at 4:44 PM

Por Santiago Jorge

Hace ya unos días escribí Los estudiantes insurrectos de Capital y me pasé pensando en las cosas que deben haber hecho esos pibes. Encontré esta nota y se las comparto, cada día apoyo más a los pibes!

Que bien que habla de ellos que todo lo decidan por asamblea. Que bien habla que nadie tome alcohol ni consuma drogas. Que bien que habla que se la banquen dormir en el piso. Son pruebas de que esto de la toma no es una aventura, y que solo quieren algo lógico y que corresponde: que se ejecute el presupuesto. Las presunciones de que estan de joda y que no quieren tener clases, se caen a pedazos.

Una noche en la toma del Normal 10

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Afuera, en el patio descubierto, echada sobre la baldosa, sin sacar las manos del canguro negro y con la cabeza apoyada sobre la pierna de amiga presunta, una chica rubia con arito en el labio dice que sí, que recuerda, que había un montón de colchones quemándose sobre Cabildo, que ella fue a ver con sus papás, que no sentía miedo, que le parecía más una fiesta del barrio, que tampoco entendía mucho, que tenía seis años: siete, es del noventa y cuatro, así que tenía siete. Que ahora, a los dieciséis, el dos mil uno le parece la prehistoria. Es la una de la mañana del jueves 16 de septiembre y nos vamos a pasar la noche en la toma del Normal 10, O’Higgins y Blanco Encalada, barrio de Belgrano, con parte de una generación que lleva en sus oídos la más maravillosa música, la de la infancia: cacerolas.

Una olla con años de noble servicio contiene un brebaje espeso e intimidante que dos chicas presentan como un guiso de arroz. Está sobre un pupitre que está a un costado del patio, frente a un cartel que dice: “Yo me voy a Bariloche, ¿y vos?” Al otro lado, un chico frente su computadora juega con el mouse sobre la rodilla y va bajando una lista de temas para el deleite de sus treinta compañeros que desde hace una semana están acá adentro: poné Las Pastillas, poné La Vela, poné Los Redondos. Tenemos todo el puro rock nacional de La Mega menos Baglietto y Cantilo. Epa.

La asamblea ha votado contra el alcohol y las drogas, así que a nadie se le ocurre hacerse el loco. El reflejo de la midcult en chomba indignada con la inverecundia de estos adolescentes -muchos de los cuales son sus hijos– consiste en convencer y convencerse de que acá dentro los pendejos estos descontrolan, hacen fiestas: se endrogan. Y la verdad es que esto es un celebérrimo embole, como supongo que debiera ser la acción política responsable, algo delante de lo que tal vez estemos ahora mismo, en este mismo patio. Porque, es cierto, se pone un poco huevón a veces el tema de la asamblea. Cuando votan, como van a votar en un rato, si hay que echar o hay que dejar que se quede el pibe que manoteó una galletitas del kiosko, vos los mirás y decís: qué lindos son. Pero después estos mismos pibes te clavan una marcha de diez cuadras de gente, se quedan con las tapas del diario del domingo, se llevan puesto un Jefe de Gobierno verde pero con aspiraciones y la ponen a la presidenta de la Nación a validarlos, podríamos decir que históricamente. ¿Tonces?

Todo al siete por ciento.

Dos y media. Adentro de un aula de la planta baja, la asamblea delibera y después vota, que para eso es soberana. En rigor, la asamblea lo vota todo. Hoy votaron a favor de la entrada de dos periodistas, y por eso estamos acá. Cuestiones de fondo, como la continuidad de la medida de fuerza, la posición que el colegio llevará a la reunión de la Coordinadora Unificada de Estudiantes Secundarios (CUES), se votaron más temprano, se seguirán votando mañana. Ahora, lo que hay que decidir, además del asunto con el chico de las galletitas, es quiénes se quedan en la guardia de la puerta, por lo menos hasta las siete y media. La comisión de seguridad, lo llaman.

Qué lindos son.

Natacha Fernández ha barrido el patio y ahora viene por mate y cigarrillos. Sobre el reverso de la mano, repasado con fibrón negro, Natacha tiene escrita una línea que dice, que se pregunta: “¿Presupuesto educativo al 7%?”.

La toma de secundarios tiene un camino que viene serpenteando sobre los problemas estructurales de la educación pública en la ciudad de Buenos Aires: primero fueron contra el recorte de becas. Ahora, a favor de que el gobierno de Mauricio Macri complete la inversión en obras y refacciones: del presupuesto de infraestructura, sólo se ha ejecutado el siete por ciento, lo que provoca una constante caída de mampostería, colapsos en la red eléctrica cuando alguien quiere enchufar más de un grabador, inundaciones de baños que terminan en clausura de baños, y así.

En la Capital Federal, la educación se lleva el 26 por ciento del presupuesto total, nueve puntos por debajo del piso de inversión presupuestaria en el resto del país, que es del 35. Dice Mariana Vaccaro, de cuarto año:

-No es que nos interese la política, nos interesa que los techos no se vengan abajo. Ahora, si para que los techos no se vengan abajo hay que hacer política, bueno, hagamos política.

El período que va de las tres y media a las ocho menos cuarto ocurre en la barra alta de la mesa de entrada. Ahí está Federico Gómez, que es del Cuba, el colegio técnico con el que el Normal 10 tiene la pica, y miralo, acá, codo a codo. Al lado, una chica con buzo de Tigre es la única que va a hablar de fútbol en toda la noche, mientras repasa con una regla las columnas del libro de entradas y salidas. Natacha fuma; el resto aguanta la ronda hasta que entran a sonar los pajaritos.

Colchones ardiendo sobre el pavimento de la avenida Cabildo fijando, imprimiendo una marca sobre la frente de una generación que, en el otro extremo de la década, está acá, con el colegio tomado. Decimos:

Repolitización.

En los ochentas, cualquier adolescente que no sabía que hacer se metía en un comité y con eso tiraba unos años: así se hizo la Franja. La política, en la primavera alfonsinista, nos quedaba cerca, era un asunto que estaba ahí nomás. Los noventa se la llevaron a otra parte, casi ni la vimos, preocupados como estábamos por ser los CEOs de nosotros mismos. La lección secundaria termina entonces siendo una lección primerísima: acción y movilización, pero a los quince, el pulso de una generación urgente que aprendió de chiquita lo que vale la calle y la protesta. Será mejor así.

Fuente: Revista Rolling Stone

Este autor es Columnista permanente de este Blog

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