maximo tell

La muerte que santifica

In Exclusivos, Malas Viejas on 29 octubre, 2010 at 5:05 PM

Por Gabriel Marquez

¿Que se puede decir, que no se haya dicho, sobre el fallecimiento de el ex presidente Néstor Kirchner? Animal político, vehemencia, determinación, fervor y líder popular fueron algunas de las palabras más repetidas entre adeptos y detractores.

Sin embargo, creo que el desenlace más asombroso de su muerte, y de todas en general, es el efecto sicológico que se generó en torno a ella.

¿Quién dibuja la línea entre la obsecuencia y el respeto? ¿Entre la hipocresía y la franqueza? ¿Entre la honestidad y la mala educación?

La naturaleza humana es de una lógica inconcebible, sin embargo, no la podríamos imaginar de otra manera. Aquellos actores políticos que, no tenían un buena imagen o relación con el ex presidente, hoy lo “respetan” (hasta que dure la veda ética del respeto, luego capitalizarán, si pueden, su fallecimiento) y “apuntalan” el gobierno de Cristina.

Macri, Duhalde, Cobos, De Narváez, Alfonsín, etc., envueltos en un escenario impensado, sin su Némesis, sin una figura en la cual depositar “todo lo malo que representa la política”. Medios que antes deleznaban su figura, hoy se avocan a mostrar la congoja popular.

Entre sus adeptos, muestras de cariño genuino y no tanto, otros que han sido vedados por el duelo para expresar sus verdaderas intenciones: el “compañero” Moyano, se relame imaginando una patria sindical con un presidente “trabajador”, el núcleo fundamentalista K ya imagina, envuelta en laureles, la reelección de Cristina en 2011 y Scioli, que sabe a ciencia cierta que es el candidato K con mayores posibilidades extrapartidarias, juega sus cartas desde la sombras (o desde la moderación que para el kirchnerismo parecen ser sinónimos).

Los pronósticos son y van ser muchísimos, hay analistas que aseguran la victoria del oficialismo en 2011, hay otros que prevén que la interna que vendrá destrozará el partido sin la amalgama que lo unía: Néstor Kirchner.

Lo cierto es, que en el transcurso de estos tres días se vivió en una Argentina con concordia, tranquilidad política y mesura dialéctica en todas sus formas (sic). La muerte de una figura colosal, sea buena, regular o mala (perdón por escribir mala, se que queda mal) despertó lo mas agradable y también desagradable de la sociedad argentina.

Hoy Néstor no fue autoritario (sino apasionado), no fue obsesivo (sino determinado), no fue controlador (sino un hombre que estaba en cada detalle), no fue agresivo (sino vehemente) y no busco dividir a la sociedad (fue un fervoroso líder popular).

Hoy su muerte lo ha santificado, a él, a su modelo, a su mujer y a sus seguidores, hoy Argentina llora a este gigante de la política.

A quienes lo sienten de verdad, mis condolencias, a quienes le faltaron el respeto, mi repudio y a quienes decidieron no expresarse, mi respeto.

Mañana, será otro día, porque la vida sigue, implacable, y el giro de retorcida moderación discursiva que tanto detractores como adeptos hoy sostienen, volverá a ser del mismo tono confrontativo de los últimos años y la sociedad volverá a estar dividida. El legado de Néstor, su voluntad póstuma, no lo hubiesen querido diferente.

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