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¿Es el Cristinismo el futuro del Kirchnerismo?

In Derecho a Replica, Exclusivos on 15 noviembre, 2010 at 6:40 PM

Por Guillermo Quijano

En un marco de la extrema incertidumbre que se cierne sobre el campo político nacional, más que hacer sistemáticos pronósticos que seguramente habrán de acabar en el infierno de los caracteres olvidados, sería de utilidad empezar a despejar variables a tener en cuenta para pensar escenarios futuros.  En este sentido conviene empezar a hablar de Cristinismo.

En un país que tuvo un “peronismo sin Perón” y en un microcosmos pejotista hipercompetitivo, no es difícil imaginar que la herencia de estructura política (e incluso de símbolos) va a ser tarde o temprano disputada. Simplemente muchos se beneficiarían con un Kirchnerismo sin Cristina Kirchner. Nos limitamos aquí a resumir algunas cuestiones de interés.

Dejamos de lado las definiciones del Kirchnerismo a partir de una estructura discursiva específica, basada en tal o cual rasgo, como la “confrontación” o la “crispación”. En su lugar, entendemos que lo específico del Kirchnerismo ha sido una estructura de poder, centrada en la persona de Néstor Kirchner, que se define por una estrategia de construcción de apoyos.

Se puede plantear que lo definitorio en este punto son la opinión pública y las reivindicaciones ideológicas. Pero creemos que sería un error enfocar el análisis en esos elementos, en cuanto varían demasiado rápido y de maneras no predecibles. Y además, son efectos derivados de los resultados obtenidos a nivel de la estructura.

Entendemos lo definitorio del Kirchnerismo a partir de una estrategia que consiste en los siguientes elementos:

  1. La generación macroeconómica de un excedente social que es captado por el Estado Nacional en forma recursos financieros,
  2. la construcción institucional de mecanismos de concentración de discrecionalidad en el Poder Ejecutivo en la asignación de esos recursos,
  3. la negociación particularizada con una red dispersa y heterogénea sobre la satisfacción de sus demandas concretas.
  4. El intercambio de estas satisfacciones por apoyos políticos.

Las luchas colectivas, las reivindicaciones simbólicas, los triunfos ideológicos, son epifenómenos de esta estructura de construcción de poder. Aunque en sí mismas sean valiosas y generen apoyos, necesitan de los insumos generados en el nivel de la estructura para poder ser efectivos.

Para que una ley controvertida (como la ley de medios o el matrimonio entre personas del mismo sexo) se apruebe necesitan votos en el congreso. El Kirchnerismo los consiguió con esta estrategia, ahí radica su éxito para navegar con éxito las turbulentas aguas de la política nacional.

Si nos preguntamos si el Cristinismo constituirá el futuro del Kirchnerismo, tenemos que preguntarnos si:

  • ¿Será capaz de reproducir y gestionar con éxito esta estrategia?
  • ¿Será capaz de cerrar el paso a potenciales competidores para intentar apropiarse de la herencia de esta red de poder?

Aquí no es necesario hablar de “traiciones”. El Cristinismo necesita tener menos éxito, mas despacio que sus actuales aliados en el “armado” para llegar a un punto en el que se vea forzado a la decisión de retirarse de la lucha o presentarse a elecciones y perder.

Entonces, hay dos tipos de variables en análisis: las que hacen al mantenimiento de la estructura y las que hacen a los principales competidores. Pasamos a resumir el panorama en el primer conjunto.

La primera variable es de tipo macro-económica. Por el momento parece razonable suponer que la economía marchará lo suficientemente bien durante los ejercicios 2010-2011 como para pensar que el nivel de extracción de los excedentes sociales se mantendrá, al menos,  mas o menos constante. La misma vocación de la oposición de heredar al gobierno en 2012 evitará que jueguen estrategias que lleven alterar este panorama (como rebajar las retenciones).

La segunda variable es de tipo institucional. Se resume en dos pruebas de fuerza: la aprobación del presupuesto y el mantenimiento de los “superpoderes” (que hacen a la discrecionalidad). El poder de veto presidencial es la principal carta que tiene el Cristinismo y podemos pensar que podrá mantener los resultados más o menos constantes en este nivel.

La cuestión de si será capaz el cristinimos de heredar el monopolio en la gobierno de esta red heterogénea de actores es más complicada. Los actores son de diferentes tipos y generan diferentes tipos de apoyos. Los gobernadores de las provincias deficitarias (aquellas que no producen en su territorio suficientes excedentes para sostener los gastos públicos que necesitan para poder desarrollarse) son a la vez los mas dependientes y mas dispersos.

La sobrerrepresentación parlamentaria que tienen estas provincias mas pequeñas le jugaría al Cristinismo a favor aportando gobernabilidad: votos a favor en el congreso para  aprobar leyes y superar los controles potencialmente obstructivos. Por otra parte, los gobernadores de las provincias más ricas tienen intereses diferentes: mientras más se “federalice” el gasto (menos discrecionalidad y menos extracción a nivel del Estado Nacional) más beneficiados se ven. Por constituir los distritos mas poblados aportan votos, “electoralidad”. Los Gioja, los Beder Herrera, los Zamora dependen de que se mantengan el statu quo. Los Schiaretti, los Binner, los Scioli se benefician con un mezclar y repartir de vuelta. Por ello es difícil pensar un peronismo unido a nivel nacional, ya sea bajo el nombre de Cristina, como el de Scioli.

Otros actores, como el sindicalismo o los sectores culturales-progresistas también dependen de que se mantenga el statu quo. El Estado Nacional financia el Inadi, 6-7-8 y los subsidios a las cajas de los sindicatos. Los sectores sindicales aportan una masa electoral no despreciable y “calle”. Los sectores culturales-progresistas aportan la legitimación ideológica, pero demandan reivindicaciones simbólicas.

¿Qué necesita el Cristinismo para triunfar en este escenario? Dos cosas:

  • Un mantenimiento del statu quo a nivel macroeconómico e institucional.
  • Un negociador hábil que sepa mantener dispersos a los diferentes actores, moderar sus demandas y cambiar satisfacciones por apoyos (todo parece indicar que De Vido intentaría ocupar ese lugar).

La mejor estrategia que puede jugar el Cristinismo entonces es reconstruir el PJ (la “pata progresista” deberá esperar) en torno a una alianza centrada en algún hombre de confianza y que se yerga como el único nodo entre la red de gobernadores del interior, en una táctica de “toma y daca” y obtenga así gobernabilidad.

Para obtener “electoralidad” podría jugar con una movida contundente de “pegar primero y negociar después” actuando con fondos del Estado Nacional directamente sobre estos territorios de las provincias “ricas” amenazando de prescindir de los gobernadores (p.e.: Negociando directamente con los municipios), para forzarlos a una alianza.

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