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Parida desde el prejuicio

In Malas Viejas, Tonti on 1 diciembre, 2010 at 9:09 AM

Por Danilo Tonti

Parida desde el prejuicio. Así  empezó a conocerse. Como el reflejo de lo que como sociedad somos: prejuiciosos.

La enfermedad rosa asomaba como la culpa de la perversión, el castigo de la naturaleza por ir “en contra” de ella misma. La desviación tenía que tener su castigo.

Así germinó, desde aquella idea deforme de raíz, un supuesto que hasta el día de hoy retumba en las palabras reproducidas no por pocos. “Es cosa de homosexuales o drogadictos”, o “le pasa a las prostitutas y a los gays”, son algunas de las frases que, cargadas de falacia, esconcen la sensación y la tranquilidad de inmunidad.

En todo caso, para esta sociedad el VIH/SIDA no sería más que la evidencia de aquella conducta que peca de desviada y que, con sus “malos hábitos”, encuentra aquello que no busca, pero que inevitablemente va a encontrar. Es que en la medida en que la desviación sea parte del discurso y la enfermedad socia directa de aquel desvío, la idea deforme de raíz continuará dando hojas y frutos deformes.

Toda enfermedad lleva en su anatomía el germen del dolor

Dolor de lo imprevisto; dolor de lo incierto. Pero son pocas aquellas en las que el dolor más agudo y penetrante llega desde afuera, desde la exterioridad que nada tiene que ver con la dolencia misma. Entonces el dolor se transforma en carga, la carga en culpa y la enfermedad en estigma. Es triste saber que podés sobrellevar la enfermedad, pero no el dolor de sentirte rechazado; ese síntoma recurrente en la mirada de aquel que sólo juzga.

El virus del prejuicio está instalado y, aunque por momentos aparenta bajar su dosis, continúa debilitando el cuerpo social. Elabora sobre sí una representación excluyente y estereotipada, en la que las relaciones y los vínculos se construyen en función de que exista o no exista algo que pueda ponernos en peligro.

Ya se saben las formas de contagio y las vías de prevención; sin embargo, el miedo parece ser más fuerte. La condena siempre es cruel, simplemente porque su naturaleza se sostiene en la crueldad del castigo en su máxima expresión. Pero condenar lo incondenable, no es más que atribuirnos un poder que jamás se nos ha concedido, no es más que sociabilizar la exclusión e instaurar la locura.

Este primero de diciembre no deseo nada más que lo que debería estar de entrada y sin solicitudes: aceptación. Que cada persona portadora de VIH o enferma de SIDA pueda salir a la calle, buscar trabajo, llevar sus hijos al colegio, tomar un café, vivir la vida como todos merecemos vivirla. Dicen que no hay mal que dure cien años. Creo que para muchos, el mal no es la enfermedad.

+ No dejes de ver Cicatrices de un veredicto impune (Especial)

> Foto: “Mensaje” (de María Amelia Conti, foto 1), que muestra el compromiso de los jóvenes en la respuesta a esta enfermedad. El segundo premio fue para María Jimena Almarza y su foto llamada “Ella” (foto 3), que expresa dramáticamente la discriminación que sufren las personas que conviven con VIH. El tercer puesto, por su parte, lo ocupó Roberto Hernández (“No juegues a la ruleta rusa”, foto 2), quien hace foco en el riesgo de no cuidarse en las relaciones sexuales.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

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