maximo tell

El inmigrante y la batalla discursiva

In Exclusivos, Tonti on 15 diciembre, 2010 at 6:34 PM

Por Danilo Tonti

En Argentina, las problemáticas sólo existen a la luz del conflicto. Cuando tocamos fondo, recién ahí pensamos; recién ahí actuamos. Pasa la tormenta y el viento se lleva el pensamiento.

Pero detrás de la situación actual en Villa Soldati, detrás del conflicto que se tragó vidas, certezas y tranquilidades, arde una ferviente puja de imposición de sentidos en el que ciertos términos fueron traídos al centro de la escena discursiva. Y son esos mismos términos los que se disputan a la hora de resignificarlos, como forma de imponer una determinada configuración de lo real.

Es que, como sustento y a la vez como consecuencia de la crisis que se experimenta, se reactiva una batalla discursiva que parecía soslayada desde antes del fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner. Es bajo esa disputa que se presentan diferentes interpretaciones de lo real, que se definen no sólo por lo que son, sino fundamentalmente por lo que no son: por la configuración adversativa de la enunciación política, aquella dimensión polémica que identifica sin medias el oponente desde y a través del discurso.

Pero claro que hablar de discursos es hablar hechos, pues todo hecho es un discurso. Así, partiendo de esta base, entiendo que es necesario ubicar el debate en el lugar al que pocos han arribado y al que, sostengo fervientemente, es indispensable arribar. Qué se ha dicho sobre la problemática de la inmigración, sobre bolivianos o peruanos, y qué sentidos se han configurado a partir de aquello que se dijo.

Porque, y esto hay que saberlo, de la construcción significativa que se realiza en el seno de la sociedad pueden resultar las políticas a implementar y, más aun, las representaciones que los sujetos sostengan de los hechos y de las personas mismas. Hablar es construir significados y hacerlo sin la conciencia de lo que estamos produciendo es un error muchas veces sin camino de regreso.

En el medio de la escena social, un conflicto: la toma del Parque Indoamericano de familias que exigen una vivienda digna. Enfrentamientos entre vecinos, muertes, heridos, acusaciones cruzadas a punteros políticos, desprendimiento de responsabilidades y toda la mar en coche a la que nuestra política nos tiene acostumbrados. Pero detrás de todo eso, una problemática estructural e ideológica: la situación de los inmigrantes en nuestro país.

Y es en esto en donde quiero detenerme; en la configuración que se ha hecho del inmigrante, traspolado de la invisibilidad a la peligrosidad, de la existencia inadvertida a la presencia sospechada. Y es que las palabras desmedidas, quiero creer que fueron excesos de los sujetos políticos, reconstruyeron figuras a partir de la premisa de ubicarlas como fundamento de una determinada posición discursiva.

De la noche a la mañana, la problemática de la inmigración se redujo al inmigrante, y a éste se le asignaron sentidos de marcado tinte negativo.

Así, en la lucha por imponer un sentido en la sociedad, determinados sectores reformularon al inmigrante desde la perspectiva de la peligrosidad, asociándolo a figuras -incluso- como la delincuencia y el narcotráfico. Lo grave radica en la ambiguedad y en la vaguedad con la que dicho sentido se construye, evidenciando nada más que una intencionalidad discursiva de justificación de una intensión política.

De esta manera, se presenta un par dialéctico que refuerza la justificación: los vecinos, bajo un intento de colectivo de identificación, por un lado; y los inmigrantes, como aquella entidad ambigua y vagamente asociada a la peligrosidad, por el otro.

El caso particular trae efectivamente la problemática al debate, pero lo hace desde la perspectiva de la simplificación y la generalización. Poco importó si los miles de bolivianos, peruanos o inmigrantes de donde fuesen que habitan en nuestro país se identificaban con aquella construcción o si eran estos los sentidos que desde hace tiempo intentan instituir. Porque claro, a la hora de sacar a la luz las pésimas condiciones laborales y sociales en las que viven, las palabras guardan silencio y los discursos se esfuman; pero en el momento de depositar en ellos la carga de la culpa las voces asoman y hacen eco de sus propias miserias.

Al fin y al cabo, reducir las problemáticas no es más que reproducir el sentido común, reflejando la mediocridad del intelecto y la incapacidad para ir más allá de los supuestos.

Estas palabras no intentan imponer cuáles serán las soluciones ni tampoco atribuir honores. Sólo buscan, en un contexto de verborrágica enunciación, dar cuenta de los abusos de sentido que, a mi juicio, afectan nada menos que la identidad y la integridad de seres humanos que se definen, no por un estereotipo de inmigrantes, sino en su singularidad de persona humana. Que el estigma no sea la tapa a la incompetencia de muchos.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

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