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La democracia según Adam Przeworski

In Derecho a Replica on 21 diciembre, 2010 at 4:29 PM

Adam Przeworski nació en 1940 en Varsovia, Polonia, es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Nueva York y uno de los principales teóricos y analistas de la democracia de las sociedades.

Przeworski presentó en Argentina su último libro, Qué esperar de la democracia, en donde analiza las dificultades que tiene la democracia para promover la igualdad, la participación, el control de los gobiernos por los ciudadanos y la libertad. En 2010 se le otorgó el premio Johan Skytte Prize in Political Science, considerado como el Nobel en Ciencia Política.

En el prefacio de su último libro usted afirma que sin salarios decentes y sin ciertos niveles de educación mínima, la democracia no es posible. ¿Cuán extendido cree que está el fenómeno de las democracias sin ciudadanías efectivas?

Yo creo que es un fenómeno que nació en varios países con el sufragio universal. Antes de su implementación primaba la idea de que solamente podían votar los ciudadanos que eran capaces de ejercer sus derechos. Con el sufragio universal, ciudadanos que no estaban en condiciones de ejercer sus derechos entraron a la política. Cuando volvió la democracia en América Latina y en Europa del Este en los años 80, había mucho de esto y todavía existe. Sin embargo, creo que con el desarrollo de la democracia y el crecimiento político la situación mejoró considerablemente. La mayor paradoja se da en  los Estados Unidos, un país que tiene instituciones representativas hace 200 años pero en el que casi la mitad de su ciudadanía no vota, posee el grado más elevado de desigualdad, la mayor población carcelaria y la mayor penetración abierta del dinero en la política de todo el mundo desarrollado.

¿Qué expectativas realistas se pueden tener de la democracia?

No se puede esperar que la democracia produzca igualdad social y económica. No vamos a dejar de vivir en sociedades desiguales. En las sociedades capitalistas, los recursos y los ingresos los asigna principalmente el mercado. Entonces conviven la igualdad política con la desigualdad social y económica. Un segundo punto es que la gente siente  impotencia respecto de sus efectos en la participación política. La democracia es un mecanismo que trata a todos los participantes por igual. Pero cuando individuos desiguales son tratados en forma igualitaria, su influencia en las decisiones colectivas es desigual. Pensemos en un partido de básquetbol en el que un equipo está formado por jugadores de 1,90 y el otro por hombres de 1,50. Las reglas de juego son iguales para todos pero eso implica que el resultado dependerá de los recursos que cada equipo tenga.

¿Qué relación tienen las democracias contemporáneas con el dinero?

El impacto del dinero sobre la política es universal. Pero no sabemos cómo funciona y no sabemos cómo regularlo. Se sabe que los que ganan las elecciones obtienen más recursos que los que pierden. Sin embargo, ¿ganan porque tienen más dinero? ¿O el dinero sabe quién va a ganar y apoya al futuro ganador? Esto es difícil de determinar. Tampoco hay voluntad política de controlar esto, algo que es increíble ya que el dinero entra de manera abierta y obvia a la política. Y una vez que se instala, no hay manera de cambiar las cosas.

¿Qué piensa del fenómeno de los millonarios que incursionaron en la política? Casos como los de los presidentes Berlusconi o Piñera en Italia y Chile, o los de Macri y De Narváez en nuestro país.

Es algo muy llamativo porque parece obvio que esos candidatos apoyarán intereses particulares y no los de los votantes. Recordemos las administraciones de Cardoso o la de Lula. En un primer momento se dijo que Lula obtuvo dinero de una empresa de construcciones y fue un escándalo. Pero luego, sin embargo, la gente lo aceptó, lo toleró.  Pero el caso más emblemático es el de Estados Unidos, donde la ciudadanía tolera la influencia flagrante del dinero en la política.

Jaime Durán Barba, el reconocido asesor de políticos latinoamericanos, suele repetir que un candidato que quiere ganar elecciones debe transmitir básicamente sentimientos, emociones, pero no ideas. ¿Usted cree que hay un vaciamiento de pensamiento en la política?

Siempre lo hubo. Hay un gran pensador de la política inglesa que les dijo a los miembros del partido conservador: “No traten de convencerles, intégrenlos socialmente”. Los resultados son más efectivos que las ideas. Pocos piensan, en el fondo, que los argumentos son funcionales; otros apuestan por las campañas negativas.

A propósito de campañas negativas, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, autores que han sido escuchados por los Kirchner, creen que la confrontación es necesaria para que un gobierno avance. ¿Qué piensa usted al respecto?

Me sorprende mucho lo que ahora sostiene Ernesto porque hace 30 años decía todo lo contrario. Era completamente antipopulista. No entiendo qué es lo que reivindica; existe una contradicción en sus propios escritos. Las posiciones populistas son unitarias: el pueblo llama, el pueblo crea, todo se hace en nombre del pueblo. Para mí son argumentos antiguos, instrumentales.

Hans Kelsen afirmaba que una voluntad popular homogénea era una ilusión y que la política siempre implicaba negociación.

Vivimos en sociedades divididas pero no con conflictos entre el pueblo (los pobres) y la oligarquía. Los conflictos son muchos más complejos, más descentralizados. Hay conflictos políticos, distributivos, morales y todos ellos a la vez se cruzan. Una democracia debe administrar estos conflictos en libertad y en paz. Me dan miedo los discursos simplificadores.

Es común en las clasificaciones que suelen hacer los analistas políticos latinoamericanos que se divida a los presidentes de la región en dos grupos básicos. Por un lado, el que integran Chávez, Correa y Morales. Por otro, líderes muy distintos como  Piñera, Mujica, Alan García y Lula. ¿Dónde la colocaría usted a Cristina Kirchner?

Argentina tiene una tradición corporativista más fuerte que Chile o Brasil. Sin embargo, yo veo al kirchnerismo del lado de las democracias más liberales; del lado de Chile, Uruguay y Brasil. Las políticas sociales están siempre presentes, como ocurre con los planes que se distribuyen en la Argentina. Pero son muy parecidos a los de otros países. Yo veo al kirchnerismo más cerca de la derecha que de la izquierda.

Hace poco el parlamento argentino vivió un escándalo por una serie de denuncias por compra de votos, presiones y sobornos desde el Ejecutivo sobre muchos diputados. ¿Cuánto afecta este tipo de escándalos a una democracia?

Es raro que tuvieran que recurrir a algo tan burdo. El Ejecutivo siempre tiene instrumentos para hacer aprobar sus programas. Cardoso sabía cómo hacerlo en Brasil. De todos modos, creo que la corrupción provoca reacciones en la gente y debilita a la democracia. Lo que ocurre es que la combinación de desigualdad económica con un sistema político universalista genera desgaste político. También pensemos que algunas cosas que son legales en los Estados Unidos, las vinculadas al lobby, aquí serían un escándalo. Por ejemplo que una empresa escriba proyectos de ley y financie legisladores, acá sería un acto de corrupción.

> Leer Democracia y representación de Przeworski (PDF) Publicado en la Revista del CLAD Reforma y Democracia. No. 10 (Feb. 1998). Caracas.

‘Nobel’ en Ciencia Política 2010 en Crítica Ácida

Fuente: La Gaceta

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