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Sofia Coppola habla de Somewhere, en un rincón del corazón

In Paladar mostaza on 11 enero, 2011 at 9:00 AM

Después de hacer María Antonieta para un estudio grande, la hija de Francis Ford Coppola –uno de los productores del film– vuelve a terrenos conocidos: como en Perdidos en Tokio, narra el encuentro entre dos solitarios durante un breve período. Aquí una buena nota de Gilbert Adams que tradujo Horacio Bernades.

Tras incursionar en terra incognita, Sofia Coppola vuelve a casa con Somewhere, que en la Argentina se estrena con el subtítulo En un rincón del corazón. La terra incognita fue la de la Francia del Antiguo Régimen, la película de época, la peluca y el miriñaque que cuatro años atrás la hija de Francis le colocó a Kirsten Dunst en María Antonieta. Desconocido fue también para ella el hecho de trabajar para un gran estudio, Columbia en aquel caso.

Tanto Las vírgenes suicidas, su ópera prima de 1999, como Perdidos en Tokio (2003) fueron producciones independientes, y eso es Somewhere, uno de cuyos productores no es otro que papá Francis. No le fue nada mal a Sofia con la rentrée: en su cuarta presentación sucesiva en festivales de primera línea (Las vírgenes… y María Antonieta compitieron en Cannes; Perdidos en Tokio y Somewhere, en Venecia), Sofia Coppola resultó la primera cineasta en toda la historia en ganar el León de Oro, máximo premio veneciano.

Como Perdidos en Tokio, Somewhere narra el cruce de dos solitarios durante un breve período. No se trata esta vez de un gastado actor veterano y una recién casada tempranamente decepcionada, aunque sí flota sobre la película una vaga, a veces graciosa, incomodidad existencial. El gastado actor veterano es ahora una incipiente estrella de cine de acción, y el hotel de Tokio es reemplazado por el Chateau Marmont, celebridad de Los Angeles que suele servir de refugio a gente de la profesión. Así como alguna vez una veinteañera Scarlett Johansson alteró por unos días la soledad de Bill Murray, lo que irrumpe de golpe en la vida de Johnny Marco (interpretado por Stephen Dorff) es su hija de 11 años, encarnada por Elle Fanning, hermana menor de Dakota.

En la entrevista que sigue, la hija más chica de Francis Ford Coppola explica qué fue lo que la devolvió de la Francia del siglo XVIII a Los Angeles de hoy, y del cine de estudios al indie. La ex niña actriz de La ley de la calle y El padrino III cuenta también cuánto hay de su propia vida en la película, por qué filma adultos que parecen niños y niños que parecen adultos, cómo se las arregla para fotografiar la intimidad de la gente, por qué Somewhere está llena de planos fijos y qué papel juegan las ciudades en su cine.

–Somewhere, en un rincón del corazón da la impresión de ser un regreso a sus primeras películas, pequeñas e intimistas, después de una gran producción de época como María Antonieta.

–No voy a decirle que no la pasé bien filmando María Antonieta, sus excesos verdaderamente me divirtieron. Pero era una producción tan grande, con tanta gente en escena y fuera de ella, que me dieron ganas de volver a algo más manejable. A una historia que se centrara en sólo un par de personajes y en la que yo no estuviera rodeada por un ejército de técnicos y asistentes, sino sólo de un pequeño grupo de gente.

–¿Qué se propuso contar en Somewhere?

–Quería retratar a ese personaje, en ese momento preciso de su vida. Hay ciertos momentos en los que uno para de hacer lo que está haciendo y se somete a una especie de examen, replanteándose a dónde dirigirse. Quería observar cómo este tipo, que es casi una celebridad, vive uno de esos momentos en los que uno tiende a mirar para adentro.

–Es llamativo que haya elegido narrar la relación entre un padre y su hija, justo cuando usted venía de ser mamá.

–Sí, bueno, no creo que sea casualidad. En verdad me gusta que las películas sean personales, y esto incluye volcar tus propias experiencias en ellas. Tuve a mi hija después del rodaje de María Antonieta y creo que es la clase de experiencia que realmente te cambia la cabeza. Cambia tus prioridades, cambia tu perspectiva de las cosas. Cambia tus tiempos, incluso: salís a caminar con tu hija y para llegar a un lugar tardás el triple de lo que normalmente te llevaría hacerlo…

–El otro paralelismo en el que uno piensa es en su propia experiencia como hija de una figura del show business.

–Supongo que también debo haber volcado esa experiencia en la película, aunque creo que a mi padre siempre le costó menos que a Johnny Marco asumir ese rol.

–Johnny Marco es actor, como Bill Murray en Perdidos en Tokio. ¿No temía que la acusaran de repetirse?

–La verdad es que no me preocupé demasiado por lo que pudieran decir, sólo por lo que me interesaba contar. Más allá de que ambos sean actores, creo que se trata de personajes muy distintos, en situaciones muy distintas.

–¿Hasta qué punto se inspiró en gente que conoce?

–Me basé en gente que conozco, en historias que escuché y en cosas que imaginé.

–¿Volcó cosas suyas en el personaje de Johnny Marco?

–Francamente, mi vida no se parece mucho a la de él. En general, los directores de cine no somos “gente famosa”, como suelen serlo los actores. No es común que tengamos la clase de conflictos que trae la fama. Tenemos otros (risas).

–Como hija de Francis Ford Coppola, debe haber viajado seguido a Italia. ¿Vivió alguna vez algo parecido a lo que vive Johnny Marco en Milán?

–¿Los premios Telegatto? Sí, estuve en una entrega. Son bastante surrealistas… Toda Italia es excesiva. Esa suite de hotel con piscina incluida, por ejemplo: una vez estuve alojada con mi familia entera en esa misma habitación. Es algo que no vi en ninguna otra parte.

–Como la María Antonieta de Kirsten Dunst, como Bill Murray en Perdidos en Tokio, Johnny Marco parece un chico perdido en el mundo de los grandes.

–Sí, creo que es así como se siente, y creo que eso corre también para los personajes que usted menciona. Me parece algo muy propio de mi generación, la de treinta y pico o cuarenta. Mucha gente de mi edad parecería que no quiere crecer. No estoy haciendo un juicio sobre eso, y en buena medida puede que eso también me suceda a mí: simplemente retrato lo que veo.

–En sus películas parecería tener más peso lo que pasa por dentro de los personajes que los acontecimientos externos.

–Creo que en la vida es así. A veces ciertos acontecimientos te hacen cambiar, como decía hace un rato sobre el hecho de ser mamá. Pero otras veces se trata de cosas pequeñísimas, casi imperceptibles si se las ve desde afuera. Creo que a mí me interesan más esos movimientos internos.

–¿Qué la llevó a elegir como protagonista a Stephen Dorff? No es un actor al que se vea seguido.

–Esa fue una de las razones que me llevaron a elegirlo. Al no ser un rostro tan identificable como puede serlo el de una estrella, el espectador no se relaciona con lo que conoce o supone de él, sino con el personaje. Eso era lo que yo buscaba.

–Por más que tenga aspecto de duro, hay un costado blando en Dorff.

–El personaje tenía que tener ternura, porque el corazón de la película es el reencuentro con su hija. Por otra parte, esa ternura permite que el espectador sienta una empatía hacia él, aunque vea que el tipo hace una buena cantidad de macanas.

–¿Cómo se planteó la película en términos visuales?

–Le pedí a Harris Savides que se hiciera cargo de la dirección de fotografía. Admiro su trabajo en películas como Elephant, Los últimos días o Zodíaco, creo que tenemos una sensibilidad parecida. Quería una imagen intimista y naturalista, que la cámara no se notara para que el espectador pudiera sentirse a solas con los protagonistas.

–Lo que sí se nota es el tiempo, ya que usted usa planos fijos de larga duración.

–Quería que el espectador pudiera ponerse en el lugar de Johnny Marco, sentir lo que él siente. Para eso necesitaba que los planos duraran más de lo habitual.

–Eso ya es bien notorio de entrada, con ese plano fijo apuntando hacia el desierto y un auto que da vueltas sin cesar.

–Deseaba establecer de entrada el tempo de la película, que el espectador supiera a qué atenerse.

–Como sucedía en Perdidos en Tokio, la ciudad tiene aquí un papel protagónico.

–Quería que Los Angeles “se sintiera”, que no fuera concebible otra ciudad como marco para esta historia. Tenía en la cabeza películas como Shampoo o Gigoló americano, en las que sucede eso.

–Por último, la pregunta inevitable, teniendo en cuenta que la película está producida por American Zoetrope, la compañía de su padre. ¿Le gustó la película a papá?

–Bueno, este año cumplo 40, no soy una niña que ande necesitando de la aprobación del padre. De todos modos, debo decirle que le gustó mucho. Me comentó que se notaba que era una película mía y de nadie más.

Fuente: Página/12

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