maximo tell

Las curvas blancas

In Prosas Propias on 17 octubre, 2011 at 9:53 AM


Él se giró rápido sobre sus zapatos lustrados y metió la mano en el bolsillo trasero. Ni se percató del susto que se pegó el niño que esperaba junto a su mamá a su lado. Clavó la mirada en el vidrio y en el traslucir de los autos que pasaban se decidió a domar ese jopo blanco que le adornaba, algo desordenada, la frente.  

Después de pasar varias veces el diminuto peine por su cabeza, con la zurda acompañando el trazo en busca de la perfección lineal, se volteó. Y apareció ella, con el paso cansado y marcado; con las mejillas maquilladas, su típico aroma a crema y en sus manos las boletas.

Él se giró rápido sobre sus zapatos lustrados y metió la mano en el bolsillo trasero. Ni se percató del susto que se pegó el niño que esperaba junto a su mamá a su lado. Clavó la mirada en el vidrio y en el traslucir de los autos que pasaban se decidió a domar ese jopo blanco que le adornaba, algo desordenada, la frente.

Después de pasar varias veces el diminuto peine por su cabeza, con la zurda acompañando el trazo en busca de la perfección lineal, se volteó. Y apareció ella, con el paso cansado y marcado; con las mejillas maquilladas, su típico aroma a crema y en sus manos las boletas.

Él es guardia de donde ella paga los impuestos. Ella debe ser cinco años mayor y él no menos a 68. Una vez al mes la cita dura unos minutos, si el teléfono llega después del día 15 quizás él tenga revancha. Aún sin poder traducirlo en sus movimientos, ella siempre está apurada. Siempre lleva prisa, como le gusta decir. Él la saluda amagando un beso, pero claramente calcula que no quedaría bien ante la otra gente y solo le dice “buenamoza”.

En el cruce de miradas y temas casuales, ella mira al cielo y se sorprende como creció el barrio. Él solo posa su mirada en ella, la observa mientras habla, asiente y le ofrece sentarse. Ella parece evitar toda invitación, paga y se va, mientras él la mira perderse por la esquina desde el medio de la vereda y se deja despeinar por el viento. Amaga con sacar el peine del bolsillo trasero, pero no vale la pena, al menos hasta el mes que viene.

Fotos ilustrativas de Luis Fernández Sánchez y alexander_sanchez (Flickr)

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  1. como me gustan tus textos…porque son tuyos Maxi no?
    gracias por compartirlos, este especialmente , es hermoso….

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