maximo tell

Cuando con los disconformes nos miramos a los ojos

In Derecho a Replica, Exclusivos, Prosas Propias on 26 junio, 2012 at 6:09 PM

En mi país (siempre) se viven épocas de disconformidad. Como todo Estado con una joven democracia, padece los por menores de descubrir la política (bondades y miserias) en cada Gobierno que se sucede. A su vez los ámbitos que en un momento fueron dejados de lado por el grupo político dominante, se sienten ultrajados, se arrogan para si el derecho patriota y condenan lo otro. Cuidado, también sucede a la inversa en la que los grupos que han sido observados en este turno, ahora defienden los beneficios obtenidos a capa y espada, tildando de traidores a los anteriores. Lo que sucede entonces en mi país, cada una serie de gobiernos, es que se suceden con ellos amores y odios extremos, donde la cordura escasea cuando se acercan las urnas y los delirios encierran cada vez intereses mas egoístas.

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Como si fuese poco, los nacidos en mi país poseen ciertas cualidades especiales en la sangre. Soy un convencido que mi país posee una cuestión antropológica de la cual nunca podrá escapar. En él se mezclan elementos que nos hacen únicos pero a su vez nos condena a seguir buscando un éxito esquivo. Y quizás la primera premisa es pensar en nuestra construcción de éxito y felicidad nacional. ¿Qué necesitamos para ser felices? ¿Qué consideramos como exitoso en el país? ¿Somos capaces de ser lo que pretendemos ser? Pero no hablo de una incapacidad real para lograr algo, sino de una falsa creencia en nuestro destino como sociedad. Quizás le pedimos a los argentino ser algo que jamás fuimos o tal vez nunca llegaremos a ser. Por favor que no se confunda: esto no significa que no debamos pelear por el país que pretendamos pero reconocer en nosotros y los otros las mismas condiciones para ser, pretender y hacer.

Escucho y leo a diario personas que piden al argentino mas de lo que ellos están dispuestos a ser o hacer como argentinos. Veo enojos contra falsedades desde una postura falsa; siento que alguien reclama lo que no fue o es capaz de brindar; escucho muchas veces renegar sobre actitudes que mas allá de verlas en ojos ajenos se deberían reconocer como propias. Entonces la charla se frena en seco en esta parte y el interlocutor se limpia las manos, como diciendo “yo nunca milité”, “no tuve cargos”, “siempre fui independiente”, “jamás me quise ensuciar”, “la verdad que no tiene sentido participar”. Entonces ahí un sueño de país se apuñala con una hostia.

Los días pasan y uno siempre recibe descubrimientos ajenos sobre su persona ¿No les parece? A mi todo el tiempo me miran de lejos y me dicen “que engominadas que tienes las ideas”; “se te despeinaron los valores e ideales”; “porque no te afeitas y dejas en paz las posiciones”. Quizás ya se haya notado algo que omití: en mi país todo el mundo opina de todo, sin saber o hacer absolutamente nada. Abundan los Directores Técnicos que no saben ni patear una pelota; los ministros de economía que no acomodan ni las cuentas de la señora; los Presidentes que no son escuchados ni por sus hijos; los arquitectos que no construyen ni suspiros; los soñadores que no se animan siquiera a dormir con la luz apagada.

Entonces en eso anda mi país. Abusando en cada esquina de la ventaja sobre el otro; criticando sin leer; renegando sin estudiar; apuntando sin hacer. Encima soy periodista y pocos entienden que mi trabajo es que todos tengan los elementos suficientes para construir posturas nutridas de información. Pero “que zurdo que estas”, y el “estas sonando gorila últimamente”. ¿Donde se acaba el péndulo acusador para que comience la vara de análisis propio?. Acá, en mi país, todos se quejan de todos, diciendo que todos dicen lo mal que hacen todos y sin siquiera hacer lo que todos hacen critican a todos por señalar a todos los otros, que a su vez dicen que todos están convencidos que todo lo hecho es hecho para todos y por todos aceptado.

Hay veces, mejor dicho días, en lo que es asfixiante vivir en mi país. Sobra libertad para decir, pero falta tiempo para pensar. Todo se pretende para ayer; la ansiedad cuelga procesos en la plaza cada mañana; los que hoy condenan son los que ayer fueron condenados; la venganza es moneda de cambio y el olvido un cambio paralelo. Vos sos, vos fuiste, los ágiles que señalan se esconden tras la piedra de los estigmas. Yo respondo desde acá a mi historia, la pasada y presente, pienso hasta donde puedo y hago lo que me toca. ¿Vos?

Quizás solo sea yo el que veo el afuera desde una ventana errada o ¿queda alguien mas dispuesto a escuchar antes de condenar?

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