maximo tell

Archive for the ‘Lastiri’ Category

¿Soy un colado?

In Derecho a Replica, Exclusivos, Lastiri on 24 diciembre, 2010 at 9:10 PM

Por Nelson Lastiri

De eso se trata este ensayo, de lo que pensé cuando encontré entre los recuerdos de mi vieja esas tarjetitas con las que invitaba a mis amigos para mi fiesta de cumpleaños.

En las fiestas de cumpleaños hay amigos, y “amigos de un amigo”, gente que llega por alguien más. El clásico colado, ese que como no sabe tu nombre te saluda con algún ambiguo sustantivo y lo hace por compromiso, porque la situación lo obliga.

El colado suele no saber de qué  se trata. No sabe quiénes son tus padres, no conoce tu historia, y lo que sabe de vos es solamente de oídas. Nunca charlaron, nunca se sentaron juntos, no son amigos ni siquiera conocidos. El colado suele estar a un costado, y no participa de la mesa. No te lleva un regalo ni sale en la foto con vos.

Es incómodo ser colado en una fiesta.

Bajo esos parámetros, y teniendo en cuenta que navidad viene de natividad y recuerda el nacimiento de Jesús, cabe preguntarnos si estamos siendo unos colados en su fiesta de cumpleaños.

En su fiesta no hay excesos, no hay lujos, no hay fuegos artificiales. Hay sencillez, hay humildad. Es un pesebre rodeado de animales que observan atónitos y se comportan como si esa vida les conmoviera la naturaleza. No hay luces de colores ni música que aturde, no hay fragancias estridentes, no hay caos, no hay estrés. No hay consumismo ni discordias.

Eso fue la navidad original, y eso –en teoría- es lo que celebramos hoy.

En este caso, colarnos sería usar el nombre de la navidad y su profunda simbología aunque, en realidad, las ignoramos o desconocemos y, por lo tanto, no somos consecuentes con eso.

¿Con liviandad levantamos la copa e invocamos alguien que en realidad es ajeno a nosotros?

Usamos la navidad. Todos usan el cumpleaños de Jesús para hacer negocios, para faltar al trabajo, para reunirse con seres queridos… todo menos estar con el cumpleañero.

Hemos  tomado una creencia y una costumbre cristiana y la hemos diluido, mezclándola con sustancias totalmente incompatibles y contradictorias.

La diferencia es que Jesús ha enviado su tarjetita de invitación a todo el mundo, hay una con tu nombre y apellido.
La paradoja es que para leerla hay que cerrar los ojos.

Lo complicado es que aceptar su invitación es más que saludarlo, es reconocerlo, su vida, su historia, la de la persona más revolucionaria que pisó la tierra en toda la historia de la humanidad.

Claro que podemos participar de la navidad desde afuera, esquivando las preguntas, postergando la reflexión entre nosotros y Dios. Y así será probablemente una juntada más, quizás con suerte la mejor del año, pero no va a ser Navidad si no está Jesús.

Le guste o no a Papá Noel, el protagonista es él, el cumpleañero.
Y estar en su pesebre sin reconocerlo es como ser un colado en su fiesta.

Los ángeles del cielo lo anunciaron con cánticos y trompetas en lo que sería la sinfónica más emocionante que el arte conoció…

Reyes sabios entendidos en sus tiempos fueron a su encuentro para arrodillarse y ofrecerle oro, incienso y mirra…
María arriesgó su vida por él, al nacer lo cobijó y lo envolvió en telas…
José, amándolo sin límites, lo adoptó como propio y luego le enseñó el oficio de carpintero…
Judas lo traicionó y el mundo entero lo crucificó.

Y nosotros… ¿Qué podemos hacer nosotros?
Aceptarlo, en principio, me parece la mejor opción.

Tenés una solicitud de amistad.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

Anuncios

Cicatrices de un veredicto impune

In Lastiri, Malas Viejas, Tonti on 8 octubre, 2010 at 10:01 AM

No es una mochila, pero la llevan a cuesta. No es un impedimento, pero les trunca el camino. No es, pero hacemos que sea. Más que una enfermedad biológica, el VIH / SIDA es una enfermedad social. Una inmadurez que, en su dinámica de estigmas, ha dejado de ser inocente.

El VIH se ha transformado en una enfermedad crónica que, con el tratamiento y los medicamentos pertinentes, permite una calidad de vida óptima y prolongada. Sin embargo, mientras la medicina avanza en su afán de combatirla, la patología social no da muestra de aminorar sus síntomas.

Cicatrices de un veredicto impune nace de formar nuevos paradigmas que rompan mandatos superfluos del sentido común, del compromiso con cada uno de los que con su palabra y con su experiencia logró enseñarnos tanto.

Trabajo de investigación sobre la situación del VIH/SIDA en Córdoba Argentina, durante el año 2008. Producción: Gabriela Socias, Florencia Sambuceti, Natali Ciappini, Nelson Lastiri y Danilo Tonti.

La fotografía se llama “Ella”, es de María Jimena Almarza, y resultó ganadora del segundo premio en la edición 2007 del concurso sobre VIH, “Fotos que no se olvidan”, organizado por la organización Fundamind (Fundación Asistencia Materno Infantil de Ayuda a Niños Carenciados y Discapacitados) y auspiciado por la Secretaría de Cultura de Presidencia de la Nación, el Ministerio de Cultura y el de Derechos Humanos y Sociales del GCB, ARGRA; revista Fotomundo, Mundo Color, EAF y Centro Cultural Recoleta.

“Cuando sea grande, quiero ser…”

In Exclusivos, Lastiri, Paladar mostaza on 6 octubre, 2010 at 9:52 AM

Por Nelson Lastiri

Fue automático. Apenas leí mentes con visión de futuro volví a pensar en aquellas cosas que arriesgaba a contestar cuando de niño algún tío me preguntaba: “Y vos, ¿qué querés ser cuando seas grande?”.

Luego de esa primer hojeada, el desarrollo del libro me hizo recordar que afortunadamente tuve una familia que no sólo se ocupó por alimentar mis huesos con calcio sino que constantemente fomentaba el desarrollo de mi intelecto. De eso, aunque parezca haber una distancia abismal y sin intenciones de comparaciones simplistas, se trata el libro Funky Business.

Es una radiografía simbólica del cerebro humano que -como obra- se constituye en un llamado de atención sobre los tiempos que corren y las nuevas tendencias del marketing, una guía de consejos intensa y para nada egoísta, el fusilamiento de la mediocridad y un cimbrón a las estructuras.

Además es un producto que cumple con el estilo productivo que plantea: palabras arriesgadas y certeras, muchas frases cortas casi slogans, estilo sencillo y atrevido, ataca a las emociones y nos sacude la cabeza.

Durante todos los párrafos eleva un manifiesto donde el cerebro y su funcionamiento sin riendas estrictas es el capital más valioso y su motor, el vientre de una revolución, la fuente inagotable.

Se trata de una publicación optimista, contestataria, sensacionalista, soñadora y con un protagonista alabado pone a todos los seres humanos en condición de iguales. El aporte motivacional es inagotable, el contenido teórico sobre negocios y nuevas formas de creatividad y competencia es sumamente interesante.

Pese a tener una vinculación publicitaria directa, creo que sus postulados se aplican perfectamente a la jurisdicción periodística: se observa que  actualmente hay una tendencia mundial hacia el periodismo ciudadano y los profesionales de la comunicación están saliendo a las calles, volviendo a ser soldados rasos para conocer las emociones y sentimientos de la gente.

Ya no basta con manejar una noción sobre cómo opera la racionalidad del hombre. De la misma forma en que algunos mercados se han especificado, el periodismo ya no puede hacer embutidos enlatados para conquistar la masificación.

La ciencia de la comunicación se ha estancado como tal, por cooptación ya que talento no falta, y está repleta de respuestas predecibles y prefabricadas para cada acontecimiento. No hay rotación de enfoques ni multiperspectivismo. Es así que en consecuencia nadie busca diferenciarse por temor a perder, postura facilista y mediocre si las hay, un “si perdemos, perdemos todos” que ni siquiera persigue una reformulación visual que explore nuevos cambios.

De todos modos, aunque no se puede detener esta tendencia, es lamentable que su origen haya estado vinculado al agotamiento de un paradigma y no a la intención de construir pilares de experimentación junto a los de normalidad que ya existen.

El legado clave de este libro es claro; la punta de la lanza lleva grabada a fuego la palabra “ideas”, y promete traspasar todos los límites. La sensación final es que no importa la ideología, el lugar geográfico de residencia ni la situación socio-económica: la idea germinará si es funky: única, rebelde y genial. No importa qué quieras ser cuando seas grande, toda respuesta es potencialmente factible de concretarse.

En esa parte del texto me detuve. Algunos minutos pensando con la mirada al techo y continué. Mi posición había cambiado radicalmente. En honor a la verdad debo remarcar los aportes y aspectos positivos que extraje de la lectura del libro y -aunque en un tomo no se puede incluir la totalidad de las aristas- darle luz a esos rincones oscuros que a mi entender quedaron sin iluminarse.

No dejé de ver a Funky Business como un excelente libro sobre creatividad, innovación, emprendimiento, identidad y otras virtudes. Traté de separar el ámbito de referencia del libro de la temática que abarcaba y reservé algunas salvedades para mi reflexión personal.

Este manual atrevido y fundamentado le da lugar e importancia a la trasparencia, al reconocimiento de los trabajadores como portadores de la herramienta por la cual se activó, activa y activará absolutamente todo lo que acontece en el mundo, y habla de equiparar el terreno de juego, de una igualdad.

Y se refiere a una igualdad de potencialidades e igual de derechos que no puedo criticar porque consideró que es así, tal cual. Los manifiestos iniciales de la Antropología Cultural que juraban ante el Rey que había diferencias naturales entre la inteligencia de los hombres quedaron sin efecto.

De todos modos, considero pertinente ser un poco aguafiestas y decir que no es tan sencillo ¡ser funky! en la vida real. Pese a la capacidad indiscutible que todos y cada uno poseen en este planeta, la diferencia pragmática entre la potencialidad y la realidad es tal que -entre casa- uno empieza a decir que no todos tienen los mismos derechos y oportunidades. Afirmación negada absolutamente desde la legalidad, pero que cotidianamente se ratifica por el hecho de que:

  • En esta generation logo, tal como la define el cantautor Kevin Johansen, quien no alcanza a crear una marca que oficie de escudo para sus actividades, tiene serias chances de ser un subordinado.
  • Los trabajadores siempre han sido dueños de la herramienta intelectual, y la pulseada entre cerebros y brazos económicos permanece desde siempre y es una lucha de coerciones para nada justa. Actualmente, los trabajadores gozan de mayores derechos desde la conformación del Estado Social de Derecho, pero aun así la situación está lejos de alcanzar un equilibrio.
  • En la aldea Funky las clases no se eliminan sino que se perpetúa el esquema de aquellos que reinan y aquellos que sobreviven.

En conclusión, agradezco como lector la iniciativa de cada párrafo, pero considero advertir que el mundo necesita decisiones más que emociones. Es como construir una casa sobre la roca o la arena. Muchas veces hay discursos emotivos pero no estructurales: “todo lo puedes, puedes ser lo que quieras en esta vida,…”

Pese a considerarme un soñador y no tener dudas de que el mundo puede cambiar, creo que este libro tiene un fuerte rasgo elitista porque desconoce u omite que hay profesiones que no son funky, y en las que no hay lugar para serlo.

Por caso, hoy está tan sobrevaluada la fama y el reconocimiento mediático que –me pregunto, seré curioso- ¿qué persona que se le dé a elegir entre ser un famoso escritor, periodista, publicista, director de empresa o peón de albañil, recogedor de basura, guardia cárcel y electricista elegiría alguna de las segundas profesiones?

Hoy sólo entregan premios a personas cultas, dotadas de conocimiento específico y posgrados. Antes de predicar que todos podemos ser lo que queramos ser o lo que se nos venga en gana, debemos reconocer lo imprescindible de otros trabajos, felicitarlos, remunerarlos como corresponde y aceptar que la causa está en una desigualdad histórica que alteró los valores de capital, educación y expectativa a favor de unos y en contra de otros.

De lo contrario, caemos en la estupidez de imaginar una sociedad sin albañiles, ni enfermeros, ni maestras, ni colectores de basura. Y el problema no está en las profesiones, sino en la desigualdad y la devaluación. Hay oficios que no me suenan funky, ¿qué hacemos con ellos?

“Como periodista, al menos, Verbitsky, ha recibido la bendición de una incapacidad casi absoluta para ver el lado bueno de cualquier situación”
Alma Guillermopietro; The New Yorker, 15 de julio de 1991.

+ Comprar Funky Bussiness

Este autor es Columnista permanente de este Blog

No titular

In Derecho a Replica, Exclusivos, Lastiri on 20 julio, 2010 at 10:35 AM

Por Nelson Lastiri

¿Qué te pareció el papel del Padre Alessio en el debate?

Han convertido a Nicolás Alessio en uno de esos fenómenos de circo que son manipulados y expuestos ante el público porque generan una atención multitudinaria. El periodismo ha hecho de su figura y sus declaraciones un recurso polémico, repetitivo y cosificado.

Cientos de titulares, entrevistas, renglones y declaraciones es igual a cientos de llamados, mensajes de texto, mails, clics, y controles remotos que no hacen zapping. Un publicista diría: “loco, un sacerdote a favor del matrimonio homosexual re garpa!”

El Padre Alessio siempre estuvo equivocado, el periodismo también.

El problema está en que dentro de la marea de relativismo e ignorancia en la que estamos intentando salir a flote, marcar las reglas de juego parece una tarea aburrida y antipática, cuando en realidad es lo primero que debemos hacer si aspiramos a un debate que no se vaya por las ramas.

¿Vamos a hablar de teología y religión o de Derecho Positivo? Ambas, muy bien, pero ordenadamente.

En este marco, tuve la valentía de confesarle a mi Jefe de informativo que para mí el Padre Alessio hablando a favor del matrimonio homosexual no sólo carece de valor periodístico sino que incluso es una contradicción discursiva. Digo que un Cura, Pastor o Sacerdote que forma parte de la Iglesia Católica o Cristiana y que por lo tanto acepta, defiende y predica los principios de Dios -el Dios de los Judíos (Jehova)-, no puede hablar a favor del matrimonio homosexual porque este requiere de prácticas sexuales entre personas del mismo sexo que son condenadas por ese Dios.

Padre Nicolás Alessio

ABC. La religión no es democrática, los estamentos de Dios son absolutos y aunque haya diferentes corrientes (pentecostales, evangélicos, católicos, bautistas, etc), la homosexualidad es un tema en el que hay un consenso generalizado.

Un discurso que anula su condición de ‘representante de Dios en la tierra’ convierte al entrevistado en una persona más, cuyas palabras podrían ser pronunciadas por un ciudadano de cualquier sector. No puede Alessio hacer uso de su investidura para defender prácticas que van en contra de lo que ha establecido aquel que lo invistió. En todo caso, el Padre podría haber dado su opinión libre de condicionantes pero advirtiendo también lo que ha sido determinado por el dios de la Iglesia a la que pertenece.

Se ha manipulado sin detenimiento la figura de Cura, el sello eclesiástico, ese distintivo sin el cual Nicolas Alessio hubiese sido –sin desprestigiarlo ni un centímetro- un servidor más de su comunidad y una persona que levanta su voz por los derechos de otro, como el Negro Tobi, como Blumberg, como Juan Carr. Pero no, los medios necesitaban más: buscaron alguien que aparentara desafiar y contradecir a nada menos que a su Dios.

Desde el comienzo era necesario definir que el mejor campo para debatir el proyecto de Matrimonio Gay era el del Derecho Positivo, y no vincularlo con cuestiones religiosas porque toda religión es fundamentalista y plantea la obligación de un régimen absoluto, sin concesiones.

¿En qué manual de periodismo se recomienda a un Cura como perito para hablar sobre una cuestión laica de derecho civil? Por supuesto no ignoro que cuando se puso sobre el tapete la discusión etimológica, los representantes de la Iglesia debían tener un lugar asegurado en la discusión.

Pero el micrófono se abría frente al Padre Alessio sólo para que dijera que estaba a favor del matrimonio homosexual. Y con todo respeto, sinceramente, aceptando que su postura seguiría siendo la misma aunque dijera otra cosa de la boca para fuera, considero que lo correcto en su lugar hubiera sido resguardar esa opinión para su intimidad y la de sus allegados.

Sin embargo, cuando el reflector multimediático posó su haz de luz sobre el centro de la pista, Nicolas Alessio apareció con un malabarismo oral cuya principal pirueta quedó fuera de contexto.

Este autor es Columnista permanente de este Blog


No estoy de acuerdo…

In Exclusivos, Lastiri, Pasiones on 17 junio, 2010 at 12:56 PM

Por Nelson Lastiri

Ese día entendí que el “primer mundo” no descansa en mega fábricas, ni en nano tecnologías, ni en monedas de alto cambio, ni en letales ejércitos.

Ese día el profesor de Derecho Penal nos contó lo qué le había robado la atención durante una visita a Inglaterra: el Primer Ministro británico va una vez por semana al Senado a rendir cuentas y se somete a la confrontación de los funcionarios. Nada de discursos aburridos, ni bancas vacías, ni metáforas indescifrables; pero sobre todo nada de descalificaciones o comentarios anexos infundados. Mucho de respeto, mucha altura.

Atlántico de por medio, tengo la impresión de que nuestra forma de debatir está cargada de impurezas. Y esto no es un ensayo sobre la madurez política, sino una reflexión para todo el mundo. Me parece que los que no están de acuerdo la pasan mal, tienen que ir por allí despegándose rótulos. Y sucede en absolutamente todos los acontecimientos, movimientos y posturas en las que el humano se puede involucrar.

Lo curioso, además, es que cuando se genera tendencia, los grupos hacen lo que critican sin percatarse de ello.

Pero quiero poner como caso uno de los ejes de discusión que resuena en nuestro país por estos días (resúmase a los fines del post como “el debate de la homosexualidad y sus derivados”), en el que yo escucho en detalle y participo.

De pronto, el que por convicciones religiosas -o no- piensa que la homosexualidad ‘está mal’, es homofóbico. El que está en contra de la figura de ‘matrimonio’ para la unión entre personas del mismo sexo es un retrógrado. El que no apoya la adopción en uniones homoparentales, los discrimina.

Pero yo encuentro que las fobias son un “un trastorno de salud emocional que se caracteriza por un miedo intenso y desproporcionado ante objetos o situaciones concretas” (We love you Wiki), la homosexualidad tiene adherentes y opositores aun desde antes que  la historia pudiera ser registrada, y que pese a que ‘discriminar’ sea una acción inevitable en todas nuestras actividades, ese vocablo se asocia a formas de violencia simbólica.

Y creo que no estar de acuerdo guarda un abismo de distancia con prácticas homofóbicas, muestras de desprecio, insultos, abstenciones obtusas y retrógradas o cualquier forma de discriminación.

Entonces, al margen de la convicción que tengamos sobre cualquier tema que se ponga sobre el tapete de las opiniones, antes de comenzar a ver qué debatir, debemos ponernos de acuerdo en cómo vamos a hacerlo. Como no se quién dijo por ahí, “no hace falta que pensemos igual, hace falta que pensemos juntos”.

Porque de lo contrario pareciera ser que en lugar de estar interesados en escuchar y entender al otro, estamos intentando nada más que desarticularlo e inmovilizar sus argumentos.

¿y vos que opinas?

Si las posturas son irreconciliables y no existe esperanza alguna de encontrar un punto en común, eso es otra cosa. Pero si realmente estamos en el bando de la “construcción social”, la “no discriminación ni exclusión”  y la “igualdad de oportunidades”, debemos intentar que discursivamente en la sociedad no se establezcan dualidades faltas de neutralidad, desproporcionadas, sin equidad.

Porque todas las personas merecen el mismo respeto por el solo hecho de ser humanos, no por sus preferencias sexuales o certezas espirituales, no porque dicen lo que me cae bien ni porque están en línea con la mayoría.

Quizás algún día comprendamos que el primer mundo se concibe después de arar la tierra del no estoy de acuerdo durante años, con paciencia. Desde la teoría del espiral del silencio a esta parte hubo mucho bla bla bla, pero propongo que aunque seamos como el agua y el aceite, exista como mínimo la vocación de ver en el otro un “yo” igual a mí que está tomando la valiente decisión de decir nada menos que eso que piensa en sus adentros,… un valiente que aunque el disenso suene a ‘cuco’ me regala un no, no estoy de acuerdo.

Dedicado a Danilo Tonti.
Hemos discutido de todas las formas y colores.
Te amo hermano.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

Quiero decirle algo, profesor…

In Exclusivos, Lastiri, Pasiones on 3 junio, 2010 at 10:30 AM

Por Nelson Lastiri

Quiero decirle algo, profesor…
He visto hombres teñir sus canas con vergüenza.
He visto hombres ocultar heridas y derrotas.
He visto hombres retener el llanto.
Y los he visto maldiciendo sus propias arrugas.

He visto presidentes, torturadores, abusadores, mendigos, millonarios… y he visto maestros.
No puedo evitar deletrearla, como en cámara lenta… maestro…

He visto hombres arruinar hogares.
He visto hombres manosear corazones.
He visto hombres humillar por inseguridad.
Y los he visto destruyendo su propia herencia.

He visto deportistas, actores, músicos, limpiabotas, empresarios… y he visto maestros.
No puedo evitar releerla, como en cámara lenta…maestro…

Quiero decirle algo, profesor…
Sólo como un atrevido deseo, una arriesgada esperanza y una respetuosa petición…
Que sea libre, ante nosotros sus alumnos, para hablar desde la caminada experiencia.
Que no exhiba sólo la vitrina de sus trofeos.
Que nos muestre sus derrotas en enseñanza.
Que comparta sus temores y cansancios.
Que proyecte sus sueños, aquellos, como en retrospección diapositiva.
Que no se sienta evaluado por aves de rapiña.
Que no nos opaque con elocuentes telarañas discursivas.
Que con simpleza y sencillez nos hable.
Que nos obligue a equivocarnos.
Que no nos humille.

Que se preocupe por nosotros.

Que nos oiga aunque guardemos silencio.
Que nos mire a los ojos.

Que exija saber lo que pensamos y no lo que decimos por la propia conveniencia.
Que olvidemos, al menos por un momento, los manuales y repasemos la pasión que desvela.
Que ignoremos, mientras podamos, los costos, los precios, los plazos y los tiempos.

Que quien se quiera ir, se vaya.
Que no le tengamos miedo.
Que nos permita contradecirlo siempre y cuando nuestra forma guarde respeto.
Que se elimine la censura simbólica.
Que no se preocupe por caernos bien.
Que se anime a cambiar vidas con un relato.
Que seamos, más que alumnos, discípulos…
Que sea artesano, padre, abuelo, amigo…
Que sea Maestro…

Y así, algún día, quiero llegar a decirle “Maestro”…
Y así, algún día, palma abierta y mano en alto sacudiendo un saludo repetirle “Maestro”…
Y así, algún día, poner mi brazo como usted puso su oído…

Tender mi mano como usted brindó un consejo…
Dedicar mi tiempo como usted sembró su vida…
Preguntar por si “se acuerda” y esperar una respuesta con la misma suave paciencia que supo tenernos…

Y al oído, junto a ese último abrazo, susurrarle afectuosamente… “Maestro”…

Quise decirle algo, profesor…
Muchas gracias.

“Porque después de todo he comprendido,
que lo que el árbol tiene de florido,
vive de lo que tiene sepultado”.
Francisco Luis Bernárdez

Este autor es Columnista permanente de este Blog


Filosofía barata no es la que carece de valor, sino la que no tiene costo

In AguaSuaves, Lastiri, Pasiones on 12 mayo, 2010 at 10:48 AM

Por Nelson Lastiri

El pasado 7 de mayo de 2010 me sentí como Gulliver.

Si en el mundo hay personas que no entienden de enredos discursivos, paradigmas teóricos, reflexiones sociológicas o discusiones ideológico-políticas,… esos son los niños. Peques, pininos, chicos, pibes. Ellos no andan con vueltas, gozan de una independencia intelectual casi absoluta.

En consecuencia, su formato nos encanta. Sus reglas de comportamiento, su estilo, la sencillez con la que se comunican. Pero claro, los que apilan apuntes y diplomas somos nosotros. Esos cuerpitos frágiles y esas mentes ‘analfabetas’ son una cátedra en persona. Miradas, sonrisas sin dientes, mocos, manos con tierra, gritos agudos y carcajadas que galopan agitadas. Pocas palabras y con claridad. Nos hacen sentir e interpretar una inmesidad, nos hacen soñar.

¿Qué tienen? ¿Dónde está el secreto?

No lo sé. Lo cierto es que ese día me tomaron por asalto, me amarraron, hicieron que me emocionara, que corriera, que saltara… también tuve que bailar, jugar. De paso, en el trabajo me habían encargado que registrara todo y lo publicara en Facebook. Iba y volvía. Capturar, correr, descargar, editar, exportar, trasformar,subir, publicar.

Cada vez que me sentaba frente a la computadora no sabía por donde empezar, tenía tantas emociones como archivos, tantas certezas como gigabytes de memoria. Tenía rostros, historias, detalles. Pero sobre todo, tenía una reflexión, tenía filosofía.

Filosofía barata, no porque carezca de valor, sino porque acceder a ella no nos cuesta nada. Es la filosofía de los niños, es la filosofía barata de la que escapamos aterrados, en la que todos coincidimos, en la que somos iguales, la que es directa, la que desnuda verdades sin términos confusos, la que nos ofrecen los pequeños sin pedirnos nada a cambio.

Ellos, licenciados en movilizar el alma, manejan sin saberlo el lenguaje de la neurolingüística. Son profundos, decididos, valientes, directos. Son creativos, graciosos y elocuentes. Persuasivos, talentosos e  incesantes. Su mente no tiene peajes, la nuestra se parece cada vez más a un pinball.


El pasado 7 de mayo de 2010 Radio Mitre de Córdoba (Argentina) organizó junto al Hospital de Niños de esa ciudad la “Maratón del Papel” en la que se recolectan miles de kilos que se convierten en antibióticos, antifebriles, leche, cospeles, juegos, lápices, hojas, y mucho más. Ese día tuve una lección con personitas doctoradas en no saber nada y hacerlo todo bien.

Si no soy capaz de alcanzar y conmover a un niño, todavía no aprendí a resumir, ponderar, redactar y difundir. Ellos tienen en sus genes la medida perfecta de lo que es justo y necesario, con una forma emotiva, movilizadora e inolvidable.
Este año fueron 150 toneladas, millones de sonrisas y una filosofía barata con la que yo me encariñé y creo que no seré peor profesional por aplicarla. Patch Adams me levanta el pulgar guiñando un ojo y sonriendo de lado. Mientras tanto suena “A city symphony” de Dario Marianelli, desde su minuto 1’56”.

Y como si fuera la última Coca Cola en el desierto, yo salgo a ofrecer esta filosofía que no pretende nada a a cambio, inofensiva en su aparencia, revolucionaria en su aplicación.

+ Mirá más de lo que fue la Maratón del Papel de Radio Mitre 2010

+ Campaña del Papel – Hospital Infantil de la ciudad de Córdoba, Argentina