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Anotaciones de vida, algo útiles

In Exclusivos, Pasiones, Rudy on 27 julio, 2010 at 10:04 AM

Por Pamela Rudy

Yo soy una soñadora eterna y por eso me proclamo masoquista. E aquí consejos útiles, revocables por doquier, meramente basados en mi experiencia.

  • Sin expectativas no hay desilusión

Esta claro, cada vez que esperamos algo de alguien, corremos el grave riesgo de decepcionarnos. Es que las personas son mucho mas que sus palabras y en contracara nuestras ilusiones suelen correr a miles de kilómetros por hora. Lo mejor: no esperar nada de nadie. Es difícil pero es lo mas SANO. La gente está loca y yo también así que no esperen nada de mi. Mejor para el caso, dejémonos sorprender.

  • No te acostumbres a lo que no va a durar

Suele pasar con las parejas: una semana estas de luna de miel y a la otra de casualidad se dan la hora. Es que la primer semana fue tan buena que te acostumbraste a la sensación. ERROR. Las certezas mas aferradas de la vida son las que mas fácilmente se rompen… y duelen. El trabajo, el amor, la salud, todo esta sujeto a cambios. En ese caso, es bueno saber que las cosas pasan por que tienen que pasar y que algo mejor nos está esperando (aunque el camino este lleno de barro y nos resvalemos un  poco).

Nunca te acostumbres ni a un abrazo…. de ese modo no vas a llorar cuando falte y vas a agradecer con mucho amor cada vez que suceda ese milagro (se nota que me hace falta uno?).

  • Nunca dejes que te subestimen

Sos muy joven; no vas a saber de que hablo), sos mujer, no vas a poder antenerte sa en este país machista, sos extranjera, no entiendes lo que pasa en la isla, sos blanca, tenés mucho dinero. Pfffffff ¿Y que sabe la gente? Nuestra educación y quién somos va mucho mas allá de lo que los demás piensan conocer. Quizás le estan hablando a la próxima Marie Curie pero se valen de supuestos e impresiones. Hasta nosotros mismos nos subestimamos al pensar que no podremos alcanzar cosas que nos valen el esfuerzo de estirar la mano. Es verdad que soy mujer, joven, extangera y blanca pero eso no me va a quitar valor ante los ojos de nadie.  Al contario, me agrega méritos a cada paso. Tapale la boca a lo ingenuos pero no te apures, las cosas del tiempo hablan por sí solas.

  • Si empiezas el gimnasio, no esperes al lunes

¿Quién dijo que empezar el gimnasio el lunes es bueno? De ser así, el martes vuelves a ir todo dolorido y abandonas la tarea justo a mitad de semana esperando a que sea lunes para volver a empezar. Yo empecé un viernes y tuve mi fin de semana de descanso! El lunes volvi a ir hecha una lechuga y ya para el martes era una rutina que empecé “la semana pasada”.

Dato importante: durante el primer mes hay que hacer los ejercicios que a uno le gustan y le sean fáciles, es una forma de entretenerse, no sufrir y mantener la motivación. Después con el tiempo agregamos pequeñas exigencias fáciles de asimilar. Para ese entonces ya tenés el hábito de al menos IR.

¿Cuáles serían tus anotaciones de vida?

Esta autora es Columnista permanente de este Blog

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Algo así como un Reggaeton made in Texas

In AguaSuaves, Exclusivos, Rudy on 21 julio, 2010 at 10:29 AM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico

Bret es un hombre americano, nacido en Texas, procedencia de la cual reniega por su mestizaje mexicano. De hecho cuando se enteró que yo era de Argentina, se extraño mucho y me confesó que en su espereotipada cabeza, todos los hispanoablantes ¨tienen cara de mexicanos¨. El suena despectivo a cada palabra, sea cual sea el tema. Creo que la arrogancia es parte de su tono de voz.

Nunca quise entablar una charla con él. Muchas veces lo escuché discutir a gritos con otros inquilinos y eso dio paso a mi repulsión. Es alto, debe medir un metro noventa, extremadamente flaco y un tanto encorvado. Tiene pelo rubio canoso, prácticamente blanco y largo hasta sobrepasar sus hombros. Nunca pude ver sus ojos porque usa lentes oscuros sin importar si el sol lo acompaña, pero que por su blancura debe evitar.

Camina con pasos largos y lentos, movilizando sus enorme brazos como para darse impulso. Vive en el primer piso de la pensión y suelo encontrarlo en el balcon fumando de su pipa negra, situaciones en las que muerde resentido sólo con la mirada. Jamás lo saludo y él no fuerza mi cortesía.

Hoy llegaron a la pensión dos sudafricanos de esos que son cuasi payos y hablan con acento inglés. Son chicos ¨super cool¨, que llegaron a la isla en busca de olas para surfear, alcochol y chicas. Luego de la cena, subí a la terraza a tomar aire fresco y ahí estaban los dos muchachos borrachos, junto a Bret. Jugaban al poker y bebian ron, cervezas (conté 15 latas vacías) y por el estado del cenicero, ya eran varias las etiquetas de Malboro despachadas.

Por primera vez en 5 meses, el misterioso hombre se dirigió a mi para ofrecerme un asiento en el festín. Sabía que iba a escuchar muchas cosas desagradables, pero la curiosidad suele ser más fuerte que yo.
Los comentarios ¨air head¨ de los pequeños saltamontes poco me importaron. Lo que sí, logré evacuar bastantes dudas sobre el hombre americano.

Tiene 48 años y vive en Puerto Rico hace dos. ¿Su vida? la nada. Sirvió a la marina de los Estados Unidos desde los 18 años y cuando finalmente consiguió su retiro, sin familia y con mil complejos, decidió que quería envejecer en el verano eterno. “Yo quiero ser un viejo de 80 años y estar surfeando y fumando marihuana como a los 20″. Borracho repitió esa frase mucho más de lo que él piensa.

Se nota que la sociedad no es su mejor compañía. Odia el idioma español y no tiene entre sus planes aprender a hablarlo. También corrige con desprecio mis imperfecciones en el inglés. No hizo jamás una pregunta a ninguno de los presentes, signo de que la vida de los demás poco le interesa. Él solo hacía comentarios de cuán mala es la comida boricua, de cuán caros son los taxis, de las cucarachas de la pensión y de lo mucho que odia la salsa… como si nos importara saberlo.

Yo, con mi justificado desprecio hacia sus comentarios, puedo llegar a entender el por qué de sus quejas. Él no hace nada. Creo que cuando las personas llegan a ser improductivas, incluso en sus provias vidas, sienten un grave recelo por las culturas en la que viven, luchan y son mucho más de lo que tienen. Hasta sentí una gota de compasión por un hombre tan solo que a temprana edad tira la toalla con ambiciones adolescentes.

Hubo un detalle inesperado que me arrancó largas carcajadas (no enfrente de él, por supuesto). Bret ama el reggaeton. Si, leiste bien. Cuando hablar del ritmo, levanta los brazos y mueve sus caderas con un swing brusco y abrumado por sus largas extremidades. Prefería haberlo imaginado bailando antes que verlo, pero repito: me agarró de sorpresa.

Dice que es el ritmo del futuro y que esta siendo censurado. Reniega que en los festivales de la isla lo reemplacen por la salsa que es “cosa de viejos”. Inmediatamente nos mostramos entusiastas con el reggaeton, fue rápido a buscar su computadora y comenzó a sonar Calle 13 a todo volumen en aquella confundida terraza. Parecía un niño.

Me preguntó el significado de varias frases y yo, sorprendida por que al fin me dirigía una pregunta, le salvé varias dudas pero sin explayarme demasiado. Si, quizás debí ser más gentil, pero no entiendo por qué dice odiar el español cuando es fanático de la musica que honra la jerga literaria de la nueva generación. Le dije que si quería saber más sobre las letras, sería mejor que aprenda el idioma. “Ni en mis sueños” dijo entre dientes y yo no iba a seguir alimentando su falso ego de americano autosuficiente.

Quién sabe cómo fue su pasado. Nadie es quién para juzgarlo. Él pretende que la gente le tema y, al fin y al cabo, es la manera más fácil que encontró para hacerse respetar. Quizás un mágico toque del hermoso destino lo haga dedicarse a vivir sus pasiones… en lugar de morir frente a todos sus temores.

Esta autora es Columnista permanente de este Blog

Los caminos han vuelto a tirar los dados y parece que Pamela viaja a otro país, por lo que pronto nos contará ese proceso de cambio y nuevas historias desde el destino elegido.


Dos locos del desamor

In AguaSuaves, Exclusivos, Rudy on 13 julio, 2010 at 9:09 AM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico

A Charlie lo veía hasta en la sopa. El vive en la calle, yendo y viniendo con su bicicleta negra, no importa si llueve o es día de playa. El conoce a todo habitante de Viejo San Juan y después de unas cuantas cruzadas tuve el honor de que me salude a mí.

Vende remeras que él mismo tiñe o estampa y sólo te ofrece una si sos considerada una persona hermosa. “Tu sabes como es: si alguien ve una remera mía en una chica fea, jamás va a querer comprarme”.

Él es un hombre esbelto de piel negra, un metro noventa de altura, 41 años y pelo al ras de su perfecta cabeza. Nació en Boston y hace cuatro años decidió hacer un cambio radical de vida y se vino a la isla del encanto. Él tiene mil historias en su cabeza, lo sé,  y de a poco las voy sacando.

Pamela: hola Charlie, como estas?

– Charlie: Muy bien, buscando algo nuevo. Me parezco a mi esposa. Ella me dejó antes de venir para aquí y yo sabía que iba a pasarme porque lo nuevo esta de moda. Primero quería un nuevo carro y lo compramos, nos mudamos a una casa nueva, tuvimos un perro nuevo, nuevo gato,  nuevo pantalón, nueva camisa, nuevo trabajo, nuevo cuerpo (se hizo las tetas) y obviamente quiso un nuevo marido!

Pamela: tenés razón, suena feo pero es verdad.

Charlie: ojo he, yo no soy ningún dormido. Fui a donde mis amigos con una nueva novia. “!Charlie estas casado!” me dijeron asustados. Y yo les dije la verdad: a mi también me gusta lo nuevo y la diosa tenía 15 años menos que yo, ¿qué te parece?

Pamela: sabía que ibas a salir con algo así!

Charlie: es que de chiquito yo era negro, nerd y enano. A mi me pegaban en la escuela. Es que los niños son tan crueles, no tienen piedad. Ahora que mido dos metros y ando por las calles, me encanta asustarlos para que sientan lo que yo sentí. Y ya no me quedo atrás por nada, menos por una mujer. – Se queda pensativo mirando al vacío por un momento- Que crueles los niños, no sé ni siquiera por qué me acuerdo de eso, yo no quiero hijos, eso de criar diablitos está fuera de mi mente.

Cuando habla mueve mucho las manos y juega con las miradas. Cuando te pregunta algo no mira a tus ojos sino hasta después de una pausa al finalizar su indagación.

En Boston trabajaba de mozo en un bar de streappers. El le dijo a su esposa que sólo le sería infiel si encontraba a una mejor que ella y su mujer, orgullosa, aceptó el reto. “Nunca encontré a una mejor y esa es la verdad. Ahora que me dejó ya no tiene sus encantos y no se anima a venir a visitarme, le da vergüenza su cuerpo, ya perdió sus armas”. El no se da cuenta de la cantidad de veces que la menciona. Por cada anécdota, un recuerdo la trae a su mente.

Café Puerto Rico, Viejo San Juan

Teresa es una luchadora de la vida. Mujer hermosa, de unos 45 años, alta con curvas de perfecta guitarra, ojos celestes, pelo carré y rubia sofisticación. A ella la encuentro todas las noches en Café Puerto Rico,el bar al lado de mi trabajo. Una noche fui allí a cenar sola y se sentó junto a mi a beber una copa de vino.

Nació en Tennesse y hace 25 años se mudó a Puerto Rico a empezar de cero tras una fallida relación con quien fue su primer pareja. “Yo era el, el era yo, 15 años juntos, respirábamos al unísono” comenta con ojos perdidos. Vivir en San Juan no ha sido fácil para ella. Ha trabajado en muchos sitios y ha conocido a muchos hombres.

Sin embargo, recién llegada, conoció a quien sería el segundo amor de su vida, con quien compartió diez años y dio a luz a dos niños, hoy veinteañeros con rumbo propio. Trabajó junto a su hombre en ese tiempo pero nada es para siempre y el amor se fue.

“Yo le fui sincera. Una mañana llena de sol le dije que ya no lo amaba y que dormir juntos era una mentira. Arme mis valijas y me fui sola, me mude a un hotel por un tiempo y claro, ya no trabaje con el. A empezar de cero nuevamente. Nosotras las mujeres podemos hacerlo, solo que no nos damos cuenta”.

Teresa paso por mucho pero hoy tiene un trabajo estable de buena paga y gente a la que adora y agradece, como los chicos del bar al que asiste cada noche cual cita imperdible. “Yo no tengo familia en este país, mis hijos ya no viven aquí y el resto quedo en mi ciudad natal. Imagínate como le agradezco a estos mozos que me dejen quedarme en noche buena”.

Para colmo de males, el amor le da tanto como también le quita. Este año conoció a un hombre de su edad que parecía ser su autentica mitad complementaria. A los 5 meses de salir decidieron mudarse juntos y todo iba viento en popa hasta que descubrió que el tenia una amante y que, de hecho, la mujer visitaba su casa cuando ella no estaba.

“Yo no pude creer que un hombre maduro se ponga en eso. Pero es así, a empezar de nuevo otra vez. Fue de todos el que mas me dolió. Pensé que nunca mas me quedaría sola. Pamela, los hombres están cabrones, nunca te olvides de eso”.

Ella me alienta y es el mejor oído del barrio cuando me siento mal. Ella se ha caído miles de veces y se ha levantado… SOLA.

Suena loco, pero amaría que Charlie y Teresa se conocieran. Ellos son tan diferentes como complementarios. Los dos solos, ambos descreídos del amor, apasionados de la vida y con ganas de seguir jugando, sin miedo a perder y ver que la línea de llegada se vuelve a la distancia del inicio.

Mis amigos sabrán, soy una celestina en potencia. He unido a tres parejas. Una de ellas termino tras 5 años de noviazgo y dos de ellas siguen en pie (derecho al altar aunque quieran negarlo).

¿Es mi corazonada o ya el destierro me está afectando los sentidos? Ojala se vean, un cruce de miradas será mas que suficiente.

> Esta autora es Columnista permanente de este Blog

Mi mundial 8: A remarla

In Exclusivos, Rudy on 5 julio, 2010 at 8:40 AM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico

Continuación de Mi MundialVol. 2Vol. 3, Vol. 4Vol.5Vol. 6 y Vol. 7

Es triste, pero es real. Disculpen si este escrito llega unos cuantos días después del desafortunado hecho que ni siquiera es necesario mencionar, pero mis ánimos para escribir sobre nuestra derrota no eran muchos.

Yo me porte bien. Fui al bar de siempre, con la camiseta de siempre, el color de uñas habitual y pidiendo el mismo menú de desayuno. Al parecer, las cábalas siguen siendo un divertido juego que poco tiene que ver con el verdadero rendimiento de un equipo a miles de kilómetros de distancia.

Lo que más me dolió fue la cantidad de gente que en el bar alentaba a Alemania sólo por desprecio hacia Maradona o a Messi, como si estuvieran resentidos. Escuché todo tipo de frases al respecto y traté de aplicar el refrán “a palabras necias, oídos sordos” pero lamentablemente las ofensas me afectaron.

Tengo que confesar que al segundo gol del equipo germano me fui del bar y me senté en la puerta del hostel donde vivo con bronca y tristeza. Menos mal que me fui, el desenlace en aquel lugar hubiese sido atroz.

Además de la profunda decepción que yo sentía, lo cual era suficiente flagelo para el día, tuve que soportar que muchas personas se burlaran de mi riéndoseme en la cara o que muchas otras se acerquen con un sincero “lo siento” que de corazón, tampoco quería escuchar. Pero en ese sentido, agradezco profundamente estar en Puerto Rico. Aquí nadie habla de fútbol y por ende, me resulta fácil distraerme con otros asuntos para olvidar el trago amargo.

Pero la vida continúa señores. Mis cosas se desordenaron antes de lo planeado y quién sabe a donde voy a parar ahora. Estoy esperando que la brisa que siento se convierta en viento y me lleve a donde el de arriba considere apropiado.

Por lo pronto me voy a dedicar a REMAR… y no es sólo un decir.

Hoy en el gimnasio estaba haciendo mi rutina diaria y se me acercó un hombre corpulento, enorme, a preguntarme qué deporte practico. Vale aclarar que voy al Gimnasio Olímpico de San Juan, donde entrenan los atletas de la isla de cara a los Juegos Centroamericanos de Mayagüez 2010 que comienzan en dos semanas.

La pura verdad es que los deportes no son lo mío. De chiquita hice hockey, volley, handball, gimnasia deportiva, jazz, hip hop y demás hierbas pero sólo porque mis padres me obligaban. Siempre fui gordita, robusta, enorme, la patovica del grupo.

Jamás fui buena en absolutamente ninguna de las disciplinas nombradas y hoy en día sólo me da gusto quemar algo de calorías en el gimnasio. Yo no soy una persona atlética, es la triste realidad. Amo los deportes… solo para verlos.

Volviendo al tema, le dije al hombre godzilla que no practico ningún deporte y él me sonrió con dientes de esperanza. “¿No te gustaría formar parte de nuestro equipo de remo? Es que necesitamos chicas de tu tamaño”. Yo pensé para mis adentros: este tarado me está diciendo gorda. Además yo siempre me consideré una remadora de la vida pero de ahí en más a verídicamente “remar en el río”, es otra historia.

El chico fue muy amable conmigo y al ver mi cara de asombro dijo las palabras justas. “Mira joven, nosotros entrenamos aquí lunes y jueves a las 6 de la tarde. Tu trata de venir así haces los ejercicios con nosotros porque te hemos observado y tienes condiciones. Si ves que te gusta, te llevamos una tarde al río a que aprendas a remar”.

La verdad que eso no suena para nada mal. Solo que muero y pago por verme a mí misma en un bote de remo. Me reiría días, semanas! Y quién te dice… futura medallista olímpica en la disciplina, uno nunca sabe!

En fin gente linda, quédense con su fútbol que alguna vez fue mío también… es que la pelota te da tanto como te quita. Yo, me voy a remarla! Nos vemos con historias alejadas del fútbol y desde quien sabe donde.

Esta autora es Columnista permanente de este Blog

Mi Mundial 7: el juego de mis raíces

In Exclusivos, Rudy on 1 julio, 2010 at 8:41 PM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico

Continuación de Mi MundialVol. 2Vol. 3, Vol. 4Vol.5, Vol. 6

Mi padre nacio en Entre Rios hace más de sesenta años. Es el menor de 14 hermanos, la mayoria de los cuales ya no están en este mundo. Mi papá es hijo de Alemanes pero su agitada infancia hizo que de alguna forma, revolver su pasado sea, cual daga, lastimoso y carente de sentido para él.

Huérfano a los dos años de padre y madre, fue criado por sus hermanos en los hermosos campos de Concepción del Uruguay. Debia recorrer mas de 10 kilometros diarios para ir a la escuela, a veces a caballo, a veces a pie. Vagos recuerdos le hacen suponer que durante algun tiempo habló alemán en su casa. Cuando escucha el idioma casi por instinto lo entiende y puede hablarlo, milagro que acaba a los pocos segundos cuando decide enterrar los difusos recuerdos y callar.

Asistió al colegio hasta cuarto grado, edad en la que tuvo que cambiar sus libros por herramientas de trabajo. Le decían “el negro” por entre sus hermanos colorados de ojos verdes, el era el mas oscuro de piel, aunque aun asi rubio ceniza con ojos de mar.

La situacion económica de la familia no era (y jamás fue) la mejor. Lo que se producía en el campo escasamente cubría lo necesario para vivir. Mi padre cual hombre maduro, decidió con tan solo 14 años, viajar a buscar su propia vida en Córdoba junto a mejor amigo. El resto de sus hermanos también se dividió. Algunos marcharon hacia Buenos Aires, otros para el sur de Brasil, Misiones o Paraná.

Quién sabe la magnitud del impulso de  mi padre para emprender un nuevo camino a los 14. Comprendo perfectamente cuando se queja de “la juventud de ahora” que a esa edad parece solo pensar en vanalidades de la estetica, la television, internet, si ser flogger o emmo. No soy de las que creen que la juventud está perdida en lo absoluto… sólo digo que entiendo a mi padre y tomo sus quejas.

Él es de los que piensan que en la vida, uno es dueño y señor… y que salir de la pobreza es una cuestion de actitud (un tema demasiado amplio que nos ha hecho discutir a gritos mas de una vez).

Volviendo a la historia, la perlita: viajaron en moto hasta la capital de La Docta, Roberto y Gustavo, dos aventureros con mucho por vivir y contar. Cuando llegaron consiguieron trabajo en una gomería y vivían en una pension en Barrio Talleres, nombre también del equipo de fútbol que adoptaría como propio.

El trabajaba doce horas por día para poder pagar su humilde habitación y aun así, solo le alcanzaba para comer una vez al día. Como no admirarlo. Por cierto, en mi casa la comida jamás se tira: “Eso es desconocer el hambre”. Por aquellos tiempos mi padre era flaco, alto y por demás guapo. Tengo en la cabeza una foto suya al lado de su moto, con una campera de cuero negra y un cielo limpio y estremecedor de fondo.

A la vuelta de aquella pensión vivía una muchacha de pelo negro, delgada, con ojos color chocolate y piel de caramelo. Su padre trabajaba en el ferrocarril y su madre era ama de casa, lo que significó un problema importante a la hora de poder visitar a la joven. El tenía 23 años y ella solo 14. El tiempo haría lo suyo. Mis padres tienen aun mucho que contarme y espero algun día dejen su pudor de lado para deleitar mis oídos y mi corazón.

Gustavo y Roberto recorrieron en país entero con su moto. Iban hasta Brasil a comprar electrodomésticos baratos en la doble frontera o bajaban hasta el sur a visitar la gran pasión del negro: los glaciares. En uno de esos viajes, se dieron cuenta de que la vida en el sur era mejor que en el centro del país: les hacia falta mano de obra para trabajos de oficio y la paga era considerablemente mayor.

Los dos viajeros se despidieron de sus novias y entre llantos viajaron rumbo a Rio Negro. Mi papá siempre se ríe cuando lo comenta:

“Llegamos y nos dimos cuenta que ganabamos más pero alquilar una pensión nos salía tres veces más de lo que cobrabamos asi que trabajamos cagandonos de frio por la ciudad  y volvimos. Si vieras la cara de tu madre cuando me vio venir por la calle al mes de haberme ido!”.

Los hermanos de mi padre fueron muriendo de a poco. Las fotos de mis abuelos se perdieron quién sabe por dónde, tan sólo nadie las tiene. Los rumores dicen que mis abuelos escaparon a comienzos de la Segunda Guerra Mundial y que luego de haber vivido en Rusia por unos años, decidieron ir a las tierras latinoamericanas que prometían sueños y trabajo.

A mi me encanta imaginarme esa historia. Armo y desarmo el guión de mis abuelos, cómo viajaron, cómo vivieron, cómo llegaron a sentirse en tierras tan lejanas a su Alemania natal. Sólo conozco de ellos su valentía, su honra y sus ganas de luchar vida. Sus caras son mi gran intriga.

Es por eso que siento a éste, el partido de mis raíces. Argentina versus Alemania es el crudo enfrentamiento de quien soy contra la parte de mi que aun desconozco. Es la pelea del castellano educado de mi padre contra su más profundo dialecto perdido. La pasión de mi vida contra la frialdad de los recuerdos.

Mezcla de alemanes, gauchos e italianos, ARGENTINA al fin. Y que gane el cielo con el sol asomando a la historia que hoy deslumbro entre mis dedos.

Mi Mundial 6: la pasión es contagiosa

In Exclusivos, Rudy on 28 junio, 2010 at 9:29 AM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico

Continuación de Mi MundialVol. 2Vol. 3, Vol. 4 y Vol.5

El partido de Argentina contra México tenía algo especial: al parecer los boricuas no querían ver festejar a los aztecas porque “eso sería algo insoportable” (el comentario general) quizás debido a la cantidad de mexicanos que viven aquí.

El viernes en el gimnasio me di cuenta de que el mundial realmente está comenzando ahora. Gente que jamás fue fanática del fútbol se encontraba sin querer discutiendo si Alemania le ganaría a Inglaterra o si el equipo de Ghana daría el zapataso al equipo americano.

Los atletas estaban a favor de Argentina… todos excepto el haitiano hincha de Brasil que se sigue riendo de mi y comenta cada tanto, sin ningún tipo de respaldo ni justificación, que mi equipo está jugando mal y que Messi es un nadie. Yo lo dejo que hable… pobre.

Este partido fue diferente. Por empezar, no lo vi sola ni en un bar. El sábado por la noche mi compañera de trabajo y amiga, Daniela, me invitó a ver el partido con su grupo de amigos, invitación que no dejé pasar. Nos reunimos en nuestro lugar de trabajo el domingo a las 2 y volando compramos una cervezas y salimos disparando a la casa de Gabriel que por suerte vive bien cerca.

Llegamos al lugar, yo con mi camiseta puesta por supuesto, y al entrar a la casa sentí una emoción enorme y creo que los allí presentes lo notaron porque no pronunciaba palabra y mi timidez momentánea no me dejó siquiera sentarme. Fue una mezcla de nostalgia, emoción y alegría. Dios sabe cuánto yo deseaba compartir ese partido con gente tan hermosa. Al fin estaba con mis nuevos amigos disfrutando de un momento único para mi.

Daniela, una mujer mágica y cálida; Ian, un amigo mitad uruguayo pero gracioso simpatizante argentino; Gabriel, con quien compartí poco pero reí mucho; Valerie, ganadora oficial de billar y mujer con un estilo envidiable; Ileana, una chica tan simple como llena de energía; Eduardo y su mujer argentina con su pequeña hija Abril, que con su vocecita divina y sus pasitos me recordó a mis sobrinas hasta que se me acurrucó el corazón; también estaba el papá de Juan, un hombre rosarino que en esta ocasión me recordó a mi padre, y la mamá de Gabriel, una mujer simpática que se fue temprano para ir a misa (como mamá).

Estábamos todos allí, juntos, compartiendo una pasión contagiosa por la albiceleste. Me senté en el piso frente al televisor y me dediqué a sonreir. Estaba feliz. Creo que lo mencioné antes pero Dios sabe cuánto yo deseaba compartir ese partido con gente tan hermosa.

Cervezas de por medio, los primeros 15 minutos del partido se vieron difíciles y la tensión se vivía entre nosotros. Para colmo de males, los relatores de turno en Univisión eran mejicanos. El primer golaso (adelantado pero “lola” que lo validaron igual) lo gritamos con fuerzas.

Argentina, Tevez y el festejo

Grande Carlitos Tevez, confieso que “el apache” es mi jugador preferido. Segundo de Higuaín, golaso indiscutible. Estabamos todos contentos, más relajados y acompañados de pop corn salado. De todos modos Ian juraba que ganaríamos por cuatro a cero así que vamos Argentina que falta mucho por hacer.

En el estretiempo Eduardo tuvo una brillante idea: gracias a la tecnología, conectó su Iphone con el televisor y fue glorioso: no se de dónde la voz de Macaya Marquez comentaba el entretienpo del partido y todos, respetuosos y en silencio, escuchando atentos cual alumnos frente a u profesor de lección ineludible.

Fui al baño (confieso que hasta eso me da miedo a veces en términos de cábala cuando vamos ganando) y volví a sentarme al mismo lugar que antes para seguir gozando. El tremendo golazo de Tévez nos agarró de inésperado y ahora si Carlitos, qué haríamos sin vos.

El gol de méxico (gracias a la notable inacción de Romero que levantó su manecita como para atajar una pelotita de ping pong) no preocupó a nadie. Sólo sirvió para alimentar la esperanza del pobre relator que no se cansaba de decir que aun estaban a tiempo de cambiar el rumbo del partido. Pero los minutos pasaron y abrazamos la victoria que alimenta el sueño de los argentinos.

Terminó el juego y me llamó mi papá. Salí afuera a hablar con él porque las lágrimas se me caían y por alguna razón no quería que me vean tan emocionada. “Claro que te voy a llamar hija, si ya es nuestra cábala!”. No puedo adorarlo tanto, es algo cruel. Mi familia estaba entre mates post asado en la casa de mi hermano Jorge. Yo estaba feliz de sentirlos cerca en mi corazón y de al fin, no estar tan sola para festejar.

Nos quedamos en casa de Gabriel comentando el partido, jugando al dominó y pasando una tarde cálida y hermosa. Al rato volvimos a agruparnos frente al televisor para escucharlo al Diego en la  conferencia de prensa. Y es verdad, déjennos disfrutar de las victorias una por una.

El mundial se pone salado, los sueños tiernos y el cielo cada vez más celeste. Sábado, espero que me hagas regocijar de alegría como lo hizo tu hermano el domingo. Sigamos humildes argentinos, el oro o el barro estan a la vuelta de la esquina.

La figura y mi jugador favorito

Mi Mundial 5: camiseta transpirada

In Exclusivos, Rudy on 23 junio, 2010 at 1:40 PM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico

Continuación de Mi MundialVol. 2Vol. 3 y Vol. 4

Y llegó el tercer partido del mundial, el que suponía que ya estaba “cocinado”, fue algo diferente para mí. Tuve que romper con muchas cábalas y eso realmente me asustó en demasía.

  • Por empezar, vi el primer tiempo desde mi trabajo (una tienda de ropa de alta costura) en medio de preparativos para un desfile de modas a comienzos de Julio.
  • Segundo, ya no podría vestir mi camiseta durante este periodo porque la informalidad no forma parte de mi uniforme diario. Gracias a dios, mi turno de trabajo terminaba a las tres y media por lo cual, con mucha agilidad, me cambiaría para ver el segundo tiempo desde el gimnasio.

Y así fue, vi la primera mitad desde el trabajo con mucha bronca porque la tranquilidad no me acompañaba. Llamadas, casting de modelos, el nuevo shooting para el lookbook de verano, los sponsors del desfile, los trajes nuevos, el catering del fashion show, bla bla bla y yo solo quería ver a mis nenes jugar con su camiseta azul hermosa!

El streaming de canal 7 no me funcionó en todo el partido, yo quería los comentarios de Macaya Marquez o alguien conocido! En cambio tuve que conformarme con escuchar los relatos de Univisión, un mexicano y un venezonalo ignotos a los que muchas veces quise mandar a apedrear directamente. Los goles no aparecían y la culpa me empezaba a pesar… MUCHO.

“Es que tuve que cambiar las cábalas más fuertes, mirá si pierden voy a ser la única culpable” me repetía mi mente siniestra.

Llegó el entretiempo y gracias a Dios mi turno de trabajo terminó. Urgente me cambié en el baño y ahora si me sentía en calma y armonía con el día: tenía mi camiseta argentina puesta y dispuesta a sudarla. Próxima parada: gimnasio olímpico de San Juan.

Llegué apuradísima, dejé mi mochila en el vestuario y me subí a la bicicleta que queda en frente del televisor. El segundo tiempo ya había empezado y al verme ingresar al gimnasio con la albiceleste escuché comentarios como “llegó Messi” o “Che estas shegando tarde Che” a lo cual yo respiro hondo y sonrío, ese tipo de comentarios agota mi adorable paciencia a diario.

Tenía dos compañeros mirando el juego conmigo. En la bicicleta de mi izquierda un hombre robusto, de unos 35 años, poco atlético y muy charlatán. A mi derecha, el presidente de la asociación de atletismo, un hombre de unos 40 años, alto, esbelto y sumamente ubicado.

Yo iba a mil kilómetros por hora en la bicicleta, estaba nerviosa, con mucha ansiedad. Para colmo de males, el hombre de mi izquierda comenzó a abrir su boca al mejor estilo monólogo con frases como

…”y quien es mejor para vos, Maradona o Pelé? porque yo creo que Maradona es un drogadicto y encima me contaron que no lo dejan entrar mas en Italia porque no pagaba sus impuestos, a mi no me gusta, no sé cómo esta en un mundial después del daño que le hizo al balón pie. Me da ternura, quiero que gane porque ya esta viejo y debe tener muchas deudas” o excentricidades como:

…”a vos quien te parece más lindo, Ronaldo o alguno de tu equipo? porque ahora estan todas las mujeres locas por ese que es modelo de Armani viste”… también dijo barbaridades como “ustedes solo juegan al fútbol, no? o tiene algún otro deporte fuerte?”.

Yo hacía de cuenta como que tenía un panal de abejas molestandome en mi oido izquierdo, pero si ataco a la abejita la misma me pica. Guardé silencio pero este ingrediente extra de impotencia y ansiedad me tenía loca en la bicicleta. Los goles se hacían esperar y este hombre berborrágico no me dejaba ver en paz!

Corner corto para Argentina y mi amor Demichellis (sorry Evangelina) cabecea, rebote no sé que más y concreta el primer gol. Imaginate, yo que venía a 100 kilómetro por hora en la bicicleta, me paré de golpe y perdí el equilibrio! Yo no me caí, se me cayó la bicicleta hacia la derecha y allá fuimos juntas contra el presidente de la federacion de no se que!!!!!

Micho me dejó en el piso

El que vió mi cara, todavía se está riendo. Unos de los personal trainers que estaba trabajando vino a ayudarme porque durante un segundo todos miraron y nadie hizo nada. Obviamente, como quien mejor discimula la cosa, me largué a reir porque aun no conseguí mejor remedio para aliviar la vergüenza que sentía en ese momento. Todos se estaban riendo de mi, TODOS. Y que podía yo hacer? Reir con ellos, si total ya íbamos ganando 1-0.

Entra Palermo y mete el segundo gol. Yo a esta altura ya me había bajado de la bicicleta y miraba el partido de sentada, tranquilita y feliz. Que lindo fue verlo a Palermo festejar, le brillaban los ojos y sus compañeros lo abrazaban con un cariño especial.

Argentina ganó dos a cero ante Grecia y se clasifica con puntaje perfecto. Todo el gimnasio se acercó a darme la mano y a felicitarme.  Incluso me llamó mi jefa para festejar conmigo.

Me acerqué al hombre “abeja” y le dije con mucho respeto:

…”vió que ganamos! yo no le discuto si a usted le gusta más Pelé, pero la próxima vez que hable sobre Maradona con un  argentino, nunca descuide que esta hablando de un Dios y es ése el respeto que merece. A propósito, tenemos tenistas increibles, varios argentinos en la NBA, equipos de rubgy y hockey femenino entre los mejores del mundo y hasta un golfista ganador del abierto de los Estados Unidos”. Creo que la parte más pacífica de mi apellido sale a la luz de vez en cuando.

Y así me fui a festejar solita con unos mates, moretón de por medio en mi rodilla derecha.

Nos espera méxico y eso es grave: hay muchos moros en la costa y muchos hinchas por convencer a que se pasen de bando. Hay un haitiano que vive cerca de donde yo trabajo que le va a Brasil con todos sus fuerzas. Cuando me vé, solo me grita “Brasiiiiiiiiiil Brasiiiiiiiiiiil” y se larga a reir como loco lo cual me enfurece. ¿De qué te reís corazón? Veremos que pasa, a los partidos hay que jugarlos y hoy sí que transpiré la camiseta.

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Mi Mundial 4: abrazo paterno

In AguaSuaves, Rudy on 17 junio, 2010 at 6:03 PM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico
Continuación de Mi MundialVol 2 y Vol3

Trabajo, sopita y a la cama

Siete de la mañana del jueves 17 de junio

El despertador suena; la celeste y blanca quiere vestirse de mi otra vez

Con mis austero maquillaje para disimular las ojeras del sueño y unos míseros dos dólares en el bolsillo (este mes la paga se atrasó), bajo rápidamente al bar que, por cábala, ya no podré cambiar.

Mi estómago ruge pero no precisamente de hambre. Ahí están mis nenes, hermosos con sus camisetas, llenándome de orgullo y patriotismo. Se me eriza la piel, la sonrisa se me escapa.

Comienza el partido y mi amiga mesera viene a tomarme la orden. Me muero de la vergüenza, pero esta vez el presupuesto no está de mi lado. Le pido sólo un vaso de jugo de naranja y le pido disculpas. Ella sonriente me pide que disfrute del partido y a eso, dalo por hecho.

Y los milagros llegan cuando tienen que llegar. GOOOOOOOL!!!!! Quien lo hizo? Fue Heinze? Coreano feo metiste la pata? Que me importa! Fue gol y me llena de tranquilidad y antagónica adrenalina. Y como si fuera poco, el caballero de la mesa a mi izquierda (un boricua de unos sesenta largos años, vestido de traje y corbata, quizás abogado o  uno de los tantos puertorriqueños de la zona que gozan de un buen café local a tempranas horas de la mañana) me envía un café con tostadas y revoltillo de huevo y vegetales.  Lo miro y se me acerca. Me da un beso en la mano y me dice: “que lo disfrute señorita, es un placer”.  El placer es mío y ahora mi estómago disfruta al compás de mi corazón.

La bola claramente esta dominada por mi equipo. “Los coreanos deberían jugar con nuestra selección nacional”  bromea otro Don Julio. Los presentes nos reímos con disimulo, más por ternura que por otra cosa. Higuaín cabecea al piso y anota el segundo. Golaso y Don Julio Repite su broma: “es que los coreanos deberían venir a jugar con nuestra selección nacional”. Claro Don Julio, usted tiene toda la razón.

A los abrazos

Lamentable fue el gol de Corea, sobre el final del primer tiempo y regalado gracias a un error argentino. Hecho de pura suerte o no, gol al fin, shockeante e inesperado.

En el entretiempo me acerco a la mesa de “los pibes” que gentilmente comparten el partido conmigo y quienes además me están alimentando a la voz de “come niña que tienes que ponerte fuerte para gritar esos goles”.  Lo verdaderamente extraño para mí es que en esa humilde mesa de café, la que esta habilitada a hablar de fútbol soy yo y prestan especial atención a mis comentarios, algo impensable si trasladamos este momento Nescafé a mi amado país.  Ellos se confiesan fanáticos del baseball y del basketball. De hecho mencionan al fútbol como “soccer” o “balón pie” a lo que les digo que llamen al deporte simplemente fútbol si es que verdaderamente están del lado argentino.

Está por comenzar el segundo tiempo y llega un amigo Panameño llamado Roque, uno de los tantos que logré argentinizar en estos últimos tiempos. Se sienta en mi mesa y ansiosos esperamos que la magia continúe. Los comentaristas de ESPN (señal de Estados Unidos) están bien negativos con el equipo argentino: alegan que estamos descuidados, que Corea se rearmó y que van por la victoria pero… que bien quedó Messi en combinación con Higuaín para taparles la boca! Después de eso, los comentarios se volvieron color de rosa y ni hablar después del cuarto gol tras una jugada impecable de la Selección. Creo que si en la última jugada Agüero le hubiese dado el pase a Messi, hacíamos el quinto, pero ya con cuatro estoy más que conforme y el bar entero festeja conmigo.

Suena el teléfono. Número desconocido. Dudé en contestar pero al fin atendí. Mi papá desde su trabajo me llama y no lo esperaba. “Hija mía, viste el partidazo? Hasta la copa no paramos!”. Mi papá me está llamando emocionado cual niño y yo a miles de kilómetros de distancia, daría el mundo por abrazarlo y poder festejar con él.

Saludo a los pibes, a Roque, a las meseras y me voy a trabajar. Qué hermoso que es ganar, se siente bien lindo. Espero que sigamos humildes, peleando partido por partido. Sin expectativas no hay desilusión. Todo puede pasar: lo peor y lo mejor, la gloria y el fracaso, el oro y el barro, todo está al alcance de nuestras manos. Hay veces que ganar se siente como un abrazo paterno a la distancia.

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Mi mundial 3: la gente no entiende nada

In AguaSuaves, Exclusivos, Rudy on 15 junio, 2010 at 9:50 AM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico

Continuación de Mi Mundial y Mi Mundial 2

Creo que no fui la única argentina que el viernes por la noche no pegó un ojo de la ansiedad.

A pesar de que el dueño del café  Siglo XX había prometido una ronda de cerveza por cada partido que nuestro equipo ganara, decidí ver el primer partido de la selección en Fefo’s por una simple razón: queda exactamente al lado de donde vivo. Además, el jueves entraba a trabajar a las 12 y como el partido terminaba 11.45 no hubiese tenido tiempo de tomar mi cerveza, cambiarme la ropa, maquillarme y demás para llegar a tiempo al work (excusas de vaga, por supuesto).

Me levanté de la cama con el pie derecho, me puse mi camiseta (tengo la de Hockey femenino, cuello mao con la gran estampa de VISA en el frente, sin mangas) acompañada de una minifalda blanca y zapatillas del mismo color. Bajé al bar elegido y me sentí observada. No solo era la única argentina en el lugar, sino que en ese momento sólo había estadounidenses desayunando.

Pensé rápidamente en salir corriendo hasta el otro bar, pero ya la moza (muy amiga) me estaba preparando una ensalada de frutas con yougurt y miel por que sabía que eso pediría. Además, mis nenes ya estaban en pantalla, todo hermosos con sus camisetas fatales (este modelo les marca más los brazos), todos súper concentrados, con cara seria y esperanzada. Sana envidia a Evangelina Anderson. Si Romero está soltero me avisan, yo lo Googlie y no sale nada de su estado civil. Quién te dice, mi vida está muy loca, uno nunca sabe.

Yo estaba muy emocionada. Cuando comenzó a sonar el himno y los muchachos se abrazaron, se me llenó el pecho y comencé a lagrimear.

Comentario recibido número 1: me toca la espalda una joven americana de unos 18 años “are you from Argentina? i mean, does your song have any liryc? cause i didnt hear any” esto es traducido “¿El himno de ustedes tiene letra? por que no la escuché”. Mi amor, divina, my dearest darling, preciosa… claro que tiene letra y en todo momento habla de la libertad de nuestro pueblo de países como los tuyos. Termina diciendo: juremos con gloria morir y así de fuerte van a luchar esos hombres en el mundial porque nos están representando con pasión, una de las tantas cosas que no compras ni con Mastercard ni con tu amada American Express. Agradecé que la introducción del himno no tiene letra corazón, sino yo estaría demasiado revuelta en este lugar. Si tenés alguna otra duda te la contesto en 90 minutos, thanks!.

Comenzó el partido y yo sentía una mezcla de nervios, ansiedad, alegría y demás hierbas. Ya no me importaba si era la única argentina en el lugar, me sentía acompañada en el sentimiento con todos mis compatriotas que en ese momento estábamos frente a un televisor del tamaño que sea, donde sea y como sea. Tengo que serles sincera, el gol de Heinze me agarró de sorpresa mientras pedía un vaso de agua (me quise matar). La emoción fue tan grande! Me paré de mi silla y me quede estática riendo por varios segundos, feliz!

Comentario 2: la yanki de la mesa de atrás lanza al viento un “i dont understand how can people like this game. I mean, hello! 20 guys just running to get a ball in such a big place, it has no sense”… esto es (en tono despectivo) “no entiendo como a la gente le puede gustar este juego. Osea, hello! 20 tipos corriendo detrás de una pelota en un lugar tan grande, no tiene sentido”. Quedó de película: a mi se me cae una lágrima y como estaba parada, me di vuelta, la miré, le sonreí y me senté. No la escuché hablar nunca más del tema. La gente no entiende nada.

El partido transcurrió sin demasiados inconvenientes. Si bien me hubiese encantado gritar un segundo gol, el equipo argentino fue claramente superior en el partido. Además recuerdo la conferencia de prensa previa al juego en la que Maradona dijo que comenzaría con un equipo al 6.5 de su potencial total, aún queda mucho por mostrar.

Fui la única que aplaudió y se largó a reír de la felicidad cuando terminó el partido pero poco me importaba lo que piense la gente.

Comentario número 3: mientras subía a mi habitación a cambiarme para ir al trabajo, un huésped me grita “eres la tarjeta VISA más linda que he visto en mi vida”. Decime vos, después del triunfo de mi equipo y semejante piropo, ¿Qué más podía pedir?.

El resto de mi sábado fue una oda al amor. Mi jefa me saludo gritando “goooooooooool de Argentina” y me sacó varias carcajadas. Los chicos de Brickhouse (un bar de deportes) pasaron a saludarme a mi trabajo vestidos de punta en blanco con uniformes de fútbol de argentina e incluso el chico que me gusta me llamó por teléfono para felicitarme. A este paso, vamos bárbaro.

El unico “problemita” se registró en horas de la noche. Como todos los sábados, me fui a mi boliche de salsa y mientras aguardaba en la puerta para entrar, se me acerca un conocido con su novia para felicitarme y me viene con el siguiente discurso:

“Felicitaciones por lo de Argentina, muy buen partido. Pero igual ustedes no van a ganar y en realidad no se merecen ganar. Yo trabajo de bartender y los argentinos no dejan propina y son egocéntricos, lo peor. Además se creen que por tener a Maradona, un drogadicto insoportable, y a Messi, un enano de jardín, pueden llegar muy lejos”.

Yo no sabía si me estaba jodiendo o si iba e serio. Respiré profundo y le contesté con respeto: “si a vos no te gusta el equipo, bárbaro. Pero no mezcles eso con  mi cultura ni con los ídolos populares por que son cosas muy diferentes”.

Al chico le molestó demasiado lo que le dije y comenzó a elevar su tono de voz, a la vez que su novia lo agarraba de la cintura y le decía “basta papi, dejalo ahi” cual gata flora. Yo lo escuchaba y me reía porque me parecía absurdo que un pibe se enoje por… porque… nose por que carajo estaba tan caliente el muchacho! Y seguía diciendo: “yo soy descendiente de alemanes y ganamos 4-0, estamos por encima de todos y vamos a hacer llorar a los argentinos. El mundial es nuestro! Yo estoy con los alemanes porque vengo de esa cultura que es la mejor”.

Yo no lo podía creer: “mi amor, yo también soy descendiente de alemanes pero su cultura NO ES LA MEJOR, es diferente. Jamás compares a las culturas porque gracias a eso nos hemos cansado de matar a pueblos enteros. Y si ganaron 4-0, es el primer partido macho! Queda mucho por jugar y dejá que cuando se crucen con Argentina, si es que sucede, el fútbol hable por si sólo”.

Sabes lo que me dijo?: “Ves por qué no soporto a los argentinos! Todos se creen superiores y no son más que pura mierda”. Después de semejantes palabras, el muchacho me dio la espalda y se fue. Yo lo empujé de la  espalda porque realmente me ofendieron sus palabras. (No lo empujé fuerte, vale aclarar).

La gota que rebalsó el vaso fue su novia que se me acercó sacando pecho y me dijo: “tu lo vuelves a tocar yo te doy en la cara pendeja”. Yo me reí porque la chica era dos cabezas más bajita que yo! Y allá se fueron los dos resentidos. Yo miré al chico que trabaja en la puerta del boliche y nos quedamos en silencio por un rato. Creo que aun hoy no encuentro palabras para expresar lo que sentí en ese momento. Pero como no hay mal que por bien no venga, el divino de la entrada, con un poco de compasión, me dejó pasar gratis y me regaló una cerveza. ¿Nadie más quiere discutir?.

Y así ando divagando por Puerto Rico, festejando con algunos, ignorando a otros por cuestión de salud.  Jueves, te estoy esperando! Salud Argentina!

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Mi Mundial 2: Inconvenientes previos

In AguaSuaves, Exclusivos, Rudy on 10 junio, 2010 at 10:20 AM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico

Como la vida continúa y el tiempo pasa (nada del otro mundo), la cuenta regresiva es cada vez mas fuerte  para la “FIFA 2010” (acá nadie le dice “mundial” porque es demasiado general, como se nota que los argentinos sabemos que si hay un mundial, es de fútbol!).

El gran asunto comienza el viernes, el primer partido de nuestra selección es el sábado y yo sigo divisando problemas estructurales que de cierto modo quitan valor a mis jugadores, me van en contra con la cantidad de boricuas que día a día compro para sumar voces a la hinchada o simplemente me inflan esa venita que tengo en el cuello.

Como les contaba la semana pasada, las camiseta celeste y blanca estaba de promoción en la tienda Marshalls y eso hizo que mucha gente la vistiera hermosamente por las calles San Juan. El problema se generó específicamente cuando en este mega comercio se agotaron las camisetas de Argentina. Ups! Renovaron el stock con camisetas de Brasil! Esa es una verdadera tragedia! Encima, decoraron toda la inmensa vidriera del local con camisetas de Brasil y un gran cartel que anuncia “Llegó el soccer a Puerto Rico”.

Pero a ver… me voy poniendo nerviosa… perdonen señores ejecutivos de Marshalls, ¿Antes cuando vendían la camiseta de Argentina no habia llegado el “soccer” aún? ¿Éste es algun tipo de mensaje implícito? ¿Me pueden confesar cuál es la nacionalidad del dueño de la tienda o darme al menos una explicación razonable? ¿Alguien puso dinero? Poque si es asi, reúno contactos y lo arreglamos bajo la mesa, no hay problema. Para colmo de males, acá todos andan bien bronceaditos… adivinen que color les queda bárbaro!

Es difícil, es un trabajo de hormiga… Pero cada vez que paso por la tienda y veo a alguien comprando una camiseta brasilera, me acerco, se la pido porque “la quiero comprar yo a mi papá que es un fanatico y cumple años mañana” (o chamullos afines), me escondo por ahi un par de minutos y cuando veo que la persona interesada se retira resignada del lugar, salgo y escondo la camiseta brasilera en alguna sección ignota como “articulos para el viajero” o “plomeria”. Las cosas que uno hace por favor.

El segundo problema se me presentó  con la última edición de la reconocida revista Vanity Fair. Como les comenté en otras ocasiones, Puerto Rico no posee su propia selección de fútbol y la gente se hace fan de uno u otro equipo de un modo azaroso y con un poder de convencimiento de tipo panqueque, bien fácil de dar vuelta.

Volviendo a la revista en cuestión, se les ocurrio la brillante idea de publicar, a días del mundial, notas sobre jugadores significativos cuyas fotos ilustrativas muestran a los muchachos en boxers (ajustaditos y de lycra). Acá les dejo a mis “Amigas futboleras” el video del backstage.

Fui al supermercado a comprarme unos cereales y en la parte de revistas y diarios, tomá Pamela: Ronaldo y Drogba me saludaban en paños menores desde la portada. Siendo Vanity Fair una revista de culto (¿?) me acerque y comencé a ojear sus páginas. Como para comenzar mal el día: Cristiano Ronaldo (Portugal), Didier Drogba (Costa de Marfil), Michael Ballack (Alemania), Samuel Eto’o (Camerún), Kaká y Alexander Pato (Brasil), Sulley Muntari (Ghana), Dejan Stankovic (Serbia) y Landon Donovan (EE.UU). Todos juntitos. ¿No tiene frío muchachos? Vengan que tía Pame los apapacha un rato.

Yo no me voy a poner a discutir quien juega mejor que quien, pero no entendí muy bien el criterio de selección de estos jugadores para las fotos. Digo esto porque nuevamente, no hay jugadores argentinos en la nota y yo creo (esto es personal) que más de uno marece un lugar en la revista (escribo esto mientras pienso que ¨a mas de uno me gustaría ver en boxer celeste y blanco con un sol al medio¨). Agüero tiene su simpatía, Demichelis es un hombre guapo, Garcé… que decirles, Romero es alto y esbelto, Verón pelado sexy, hasta Tevez debe tener una trementa tabla de lavar ahi abajo, quien ha visto lo contrario!

Y si es por calidad de jugador, yo apuesto que más de una mujer ha tenido fantasias con un niño de su tamaño (no dejemos de lado la regla de los enanos). Como no hay jugadores en la nota, las chicas se fanatizan con cualquier cachibache. Hay que tomar cartas en el asunto, porque despues cuando ganemos el mundial van a venir a sacarles fotos a nuestras reliquias argentinas de exportación y no me parece justo. No los apoyaban antes, cuando levantemos la copa no vengan a pedir que mis nenes se saquen la ropa, ¿he? No Vanity Fair, asi vamos mal.

Espero que los jugadores la peleen en la cancha por que yo desde acá la estoy remando con mancha de petróleo incluida. Parezco un machito: hablando de fútbol hasta por los codos. Espero no terminar de los pelos con alguna española y/o brasilera que se encuentre en el mismo estado patriótico/eufórico que yo. Salú!

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