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Sin futuro, pero con sistema penal propio

In Derecho a Replica, Exclusivos, Tonti on 4 febrero, 2011 at 1:36 PM

Por Danilo Tonti

El miedo es la materia prima de las prósperas industrias de la seguridad privada, y del control social. Una demanda firme sostiene el negocio. La demanda crece tanto o más que los delitos que la generan, y los expertos aseguran que así seguirá siendo. Florecen el mercado de las policías privadas, y las cárceles privadas, mientras todos, quien más, quien menos, nos vamos volviendo vigilantes del prójimo, y prisioneros del miedo“.

La búsqueda del miedo no es ilusoria ni tampoco desprevenida. Es miedo, pero ante todo es búsqueda. “Industria del miedo” en palabras de Galeano. “Ola de inseguridad”, en verborragia de todos.

Para el film hollywoodense es clara la escena, y también la condena: el ejecutivo o la ama de casa, en el trajín de su vida “normal”, y el delincuente (porque antes de ser persona, el sujeto es delincuente) atacando con su desvío social y su anormalidad casi natural, casi heredada. ¿El camino? No hay muchas dudas: cárcel y condena la mayor cantidad de años como fuesen posible, convenciéndose (sin siquiera creerlo) de que el encierro y la desprotección absoluta devendrán en “reinserción”. Pero sucede que aquel delincuente es joven, la secuencia se complica y casi de inmediato olvidamos la verdad que pintorescamente sostenemos: “los jóvenes son el futuro”.

¿Será que no es joven aquel pibe de 15 años que no conoció otro mundo que el robo y el camino de las drogas? ¿Será que no es joven aquel que mordió la bronca del olvido y tragó el resentimiento de la indiferencia? ¿Será que joven no es tanto un término etario como un privilegio y un mérito social? En la locura del prejuicio, los disparates son emblemas.

Lo cierto es que hoy, y con entristecedora liviandad, se discute bajar la edad de imputabilidad de 16 a 14 años. Y me sumo a la pregunta que inteligentemente se realizan los jóvenes de la Cooperativa de Comunicación “La Brújula”: ¿Por qué suponer que desde adentro del  sistema penal se restituirán los derechos vulnerados, que por fuera del mismo no están siendo garantizados? Por motivos que no llego a comprender, para muchos hay lógica y verdad en aquel supuesto.

Los adolescentes que hoy tienen 14 y 15 años nacieron entre 1994 y 1995, en plena  vigencia del gobierno de Carlos Menem, cuyas políticas económicas tuvieron como  resultado la desintegración del tejido social, la marginación de millones de personas. (…) Hoy, esos jóvenes se encuentran en el centro del debate y es el mismo Estado que los dejó fuera del sistema productivo y educativo, quien debe definir qué hacer con ellos ante los crecientes reclamos de la opinión pública“; La Brújula. En todo problema yace una matriz, una causa, y también un efecto, una consecuencia. Ver el efecto y olvidar la causa no sólo evidencia nuestra incapacidad sino que, fundamentalmente, garantiza la continuidad del problema.

A esta altura del partido, hasta resulta hipócrita sostener la cárcel y los institutos de menores como instituciones que garantizan la resocialización del sujeto, reinsertándolo exitosamente en la sociedad. Más bien, parecen sostenerse como la garantía que contrarresta la amenaza; la tranquilidad, naciente del aislamiento, de evitar contacto y encerrar peligros. En este contexto, pensar bajar la edad de imputabilidad no regala otro horizonte que el del aumento de la franja de la desprotección y el olvido, reafirmando la condena y esquivando la inclusión.

La idea de un sistema penal juvenil pareciera responder a la lógica de “aislar y condenar, para curar y reinsertar”. Sin embargo, las políticas en nuestro país a diario reafirman que éste es un camino de ida, en donde el desinterés en verdaderas políticas sociales transforma el camino de regreso en un ideal construido de ilusiones. Podemos cambiar de nombres los sistemas o de títulos los procedimientos, pero mientras la naturaleza sea la misma, la continuidad del “orden” estará garantizada.

Muchos dicen que la cárcel o los institutos son un mientras tanto necesario hasta que se profundicen verdaderas políticas inclusivas. ¿Pero saben cuál es el problema? Que la Argentina es un país del mientras tanto. “Hasta que hagamos lo correcto nos conformemos con lo posible”. Pero sucede que lo correcto nunca llega y lo posible, mediocre y simplista, termina siendo más que el mientras tanto… el horizonte. Bajar la edad de imputabilidad es condenar a esos jóvenes, que no saben nada de la vida más que el mundo que los adultos le entregaron. Condenarlos con la culpa, y soslayando la responsabilidad de un sistema social que no sólo los desprotege sino que, como si fuera poco, los ubica en el ojo de la tormenta.

No hay que olvidarse de algo, muchos de aquellos que roban y que matan en la sociedad fueron, antes que victimarios, víctimas. Y eso es lo que todos pasamos por alto y en lo que nadie se ANIMA a detenerse. Trabajar este tema no requiere sólo nuevas política, requiere nuevas configuraciones de sentido, nuevas concepciones que tienen que ver con la construcción del pobre, del delincuente, de la inseguridad. Pensar que la inseguridad se combate con cámaras de seguridad en las esquinas como convencido sostiene Macri, es evidencia de lo poco que pensamos y de lo mucho que falta.

Ningún chico, en ninguna parte del mundo, nace fumando paco o con un revolver en la mano“, sostiene Alcira Argumedo paraLa Brújula. Es en la construcción social y en la configuración de las oportunidades donde olvidamos el link de la igualdad y damos pie a que, el paco y el revolver, sean las únicas herramientas a la vista.

Pero antes de hablar y de cerrar posiciones es necesario saber de qué estamos hablando y en qué contexto lo hacemos:

“Según una investigación de Unicef, la Subsecretaría de Niñez, Adolescencia y Familia, y la Universidad Nacional de 3 de Febrero, sobre un total de  1800 adolescentes menores de  18 años privados de libertad por causas  penales  en  el país,  el 17 %  (300 adolescentes)  son menores  de 16 años. Los datos indican que un 15 % de estos 1800 adolescentes está imputado de homicidio, lo que equivale a 270 casos. Dentro de este porcentaje, sólo 46 corresponderían a adolescentes de entre 14 y 15 años. Pero esa cifra es aún más baja, si se toma como referencia la cifra del total de homicidios dolosos que se cometen por año en nuestro país, alrededor de  2000 casos. De esa cantidad, en unos  200 participan menores de  18 años.  Y según declaró el director regional  de Unicef para América Latina y el Caribe, Nils Kastberg, en sólo 15 de esos 200 casos participan menores de 16 años”. (Menores en Conflicto con la Ley – ¿Responsabilidad Individual o del Estado?; La Brújula).

En definitiva, este tema amerita los replanteos y la voluntad de dejar de lado la simple comodidad y el interés personal. No están en juegos meras opiniones, sino la vida de cientos y miles de jóvenes que en silenciosos gritos piden ayuda. Porque, como dice Galeano:

En un mundo que prefiere la seguridad a la justicia, hay cada vez más gente que aplaude el sacrificio de la justicia en los altares de la seguridad. En las calles de las ciudades se celebran las ceremonias. Cada vez que un delincuente cae acribillado, la sociedad siente alivio ante la enfermedad que la acosa. El gran negocio del crimen y el miedo, sacrifica la justicia“.

+ Menores en conflicto. ¿Responsabilidad individual o del Estado? PDF de La Brújula Cooperativa de Comunicación

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La tercera cara de la moneda

In Exclusivos, Malas Viejas, Tonti on 30 diciembre, 2010 at 8:16 AM

Por Danilo Tonti

De un lado, jóvenes desilusionados de la política, en apariencias hasta desinteresados; jóvenes sin voz pero con voto: peligrosa combinación. Del otro lado, jóvenes que se apropian de los ideales, que debaten y discuten para abanderar a futuro la política de un país en permanente proceso.

La tercera cara: la realidad, el despojo de los perjuicios socialmente instalados. Mediante la técnica de entrevistas grupales, se evaluó y comparó la percepción política de los jóvenes que militan en entidades partidarias y la de aquellos que no.

Karpincha imaginando...

Si hablamos de inquietud, de rebeldía; si hablamos de proyecciones y de utopías; si hablamos de esperanza y transformaciones; hablamos de juventud, pero también de política. Hablamos de potencia como realidad latente y de cambio como fin expectante.

A través de la realización de grupos de discusión, se buscó profundizar y comprender la relación que subyace entre la juventud y la política. Se realizaron dos grupos compuestos por jóvenes universitarios, uno de ellos formados por militantes en partidos políticos y el otro por jóvenes aparentemente pasivos en la actividad política: no involucrados ni vinculados a instituciones partidarias.

Muchas veces, las acciones y las interacciones de los sujetos hablan más de de su subjetividad y de su visión que lo que ellos mismos puedan decir. Planteando iguales tópicos en ambos grupos, se profundizó en el vínculo que la juventud mantiene con la política, centrándose en los cambios que la militancia partidaria pudiera provocar en la concepción, en las perspectivas y también, en las actitudes políticas que los jóvenes adoptan.

Poca militancia, mucha política

Con ciertos indicios de nerviosismo y alguna que otra intervención dubitativa, comenzaba la entrevista con jóvenes universitarios sin militancia partidaria. Ninguno se conocía, pero sólo unos minutos bastaron para que empiecen a ganar confianza.

La conversación mantuvo un eje hasta el final: la interacción. Cada punto sobre el que se reflexionaba se valía de opiniones que se nutrían y se interpelaban mutuamente, generando un importante mecanismo de feedback.  La comunicación efectivamente fue dialógica. Una permanente atención a los planteamientos que cada uno expresaba caracterizó todo el desarrollo de la entrevista. La dinámica fue sustentada mediante una escucha atenta y reflexiva.

Las opiniones diferentes fueron tomadas como puntos de superación. En muchos casos, hubo cambios de perspectivas en los participantes a partir de los aportes y de las visiones de los demás. Fueron comunes los replanteos y las autocríticas. En las contraposiciones de ideas, la tolerancia fue una clara actitud evidenciada. Cada uno se mostró muy dispuesto y abierto a escuchar opiniones que, en muchos casos, no eran coincidentes con las suyas.

La construcción del debate se desarrolló entre los mismos participantes de la entrevista grupal; lograron olvidarse y desprenderse del mediador. Así también, pudieron conocerse las reflexiones profundas de cada uno de los integrantes; las discusiones no se limitaron al campo estrictamente político.

Incluso, las reflexiones y los temas que se trataron evidenciaron una amplia concepción del campo de la política, incorporando a dicha esfera la actividad y compromiso cívico y ciudadano, como así también el trabajo de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG).  Las respuestas reflejaron posturas moderadas, alejadas de posicionamientos extremos en relación a cada uno de los aspectos tratados.

La presentación de los tópicos fue efectiva en la organización de la discusión: las respuestas y los comentarios aluden a ellos, aunque fueron frecuentes las reflexiones sobre temas que no fueron planteados. En general, se observó  que la entidad del grupo superó las individualidades, propiciando una instancia de construcción conjunta de pensamiento y conocimiento.

La política detrás de la militancia

Fue el tiempo, luego, del segundo grupo; aquel formado por jóvenes con militancia en partidos políticos. Con buena cuota de silencios, empezaba la entrevista.

Desde el comienzo y durante toda la dinámica, la carencia de interacción marcó la pauta que caracterizaría a este grupo de discusión. Cada uno se limitaba a exponer sus opiniones y a esperar nuevamente su “turno”. Lejos de ser percepciones interactuadas, brindaron largas explicaciones a modo de “ponencias” y sin interrupciones por parte de quienes escuchaban. Esto generó la ausencia de un debate como tal, en la medida en que todas las apreciaciones y los fundamentos que ofrecían iban destinados al mediador y no a los compañeros.

Fue característica una atención dispersa por parte de los integrantes (a excepción de uno) durante todo el desarrollo de la entrevista; la carencia de interacción no obligaba a una escucha activa.

Las opiniones diferentes no fueron tomadas como elementos de autocrítica, sino como evidencia para reforzar la lejanía de opiniones, acentuándolas los propios protagonistas, para resaltar la idea de que el “otro” está equivocado. Esto deja entrever la intolerancia con los planteamientos diferentes, con la diversidad de opiniones.

Hubo  una visión restrictiva de la política, en tanto es concebida sólo desde el campo partidario. El debate se instaló en torno a quienes detentan el poder o pueden llegar a él.

Los comentarios de los jóvenes resultaban inseparables del partido al que pertenecen. No se logró una profundización en las percepciones de cada uno de ellos fuera del área de la militancia. No pudieron separarse de la posición de militante del partido del cual forman parte. Incluso, los tópicos no guiaron el discurso debido a que se recayó siempre en las mismas ideas, lo que generó que el debate no tuviese variedad conceptual.

Las fuertes individualidades terminaron por menoscabar la dinámica de grupo, en la que no se registraron proceso de elaboración en conjunto. Esto es  potenciado debido a la presentación de posturas extremas en las que cada planteamiento se expresa de una manera absoluta e inconciliable con sus opuestas.

Se trató de una entrevista en donde la tensión y el clima tirante ganaron el ambiente, evidenciando una marcada falta de tolerancia y una comunicación de importante orientación monológica.

Cuando militar es perder la perspectiva

La realización de ambos grupos de discusión brindó importantes datos comparativos, al tiempo que permitió sacar, no de modo generalizador sino como apunte referencial, algunas conclusiones interesantes para el análisis y la reflexión.

La política basada en ámbitos democráticos asume como valor estructural la tolerancia y la construcción del conocimiento mediante la diversidad y la pluralidad. No obstante, en el grupo de jóvenes militantes, en el que el ejercicio político debería estar más afianzado, estos valores se desdibujan y son bastante olvidados. Es en la dinámica con jóvenes sin militancia en la que se logra un proceso de producción de pensamiento de mayor profundidad y con mayor enriquecimiento de las discrepancias entabladas. Así, mientras que en éste grupo se observó una marcada orientación de construcción, en el segundo fue una mecánica de reproducción lo que predominó durante todo el desarrollo. Más aún, fue en el de los jóvenes militantes en el que se identificó posturas más símiles en relación a la realidad política actual: posicionamientos polarizados y marcadamente dicotómicos.

Una de las variables que más diferencias marcó fue, sin lugar a dudas, la interacción. Mientras que en la entrevista grupal con jóvenes que no realizan militancia partidaria ésta fue la causa fundamental de la producción conceptual, en el grupo con jóvenes militantes su ausencia devino en la imposibilidad de construir desde la dinámica grupal. Y esto se relaciona con la falta de tolerancia y las posturas extremas que se marcaron anteriormente. Se evidencia cómo la militancia influye en la consolidación de perspectivas rígidas y cerradas, en donde la extrema identificación con un determinado partido parece afectar la capacidad de reconocer otros puntos de vista o de cuestionarse en lo que se piensa y se sostiene. La escucha se traduce en la búsqueda de elementos para refutar lo que se dice,  por lo que cada intervención se presenta, no explícitamente pero sí a nivel de contenido, como una respuesta a lo que uno de los participantes haya expresado.

Otro de los datos que es necesario resaltar es la concepción que se ha manifestado de lo que es la política. Claramente, la visión más restrictiva viene de los militantes, en donde el debate político se reduce a una serie de medidas y a unos cuantos políticos del pasado y del escenario actual. No ocurre lo mismo con quienes no participan de una militancia partidaria, en donde se abre el abanico de la discusión a ámbitos como el Tercer Sector y la actividad ciudadana.

Como proposición superlativa que ha dejado la experiencia se debe nombrar la incapacidad para construir consensos que manifestó el grupo que participa de la juventud de algún partido político. Las exposiciones de cada uno de los integrantes fueron discursos que no se tocaron entre sí y en los que no se evidenciaron firmes intensiones de establecer puntos o perspectivas en común.

En definitiva, como síntesis de lo experimentado, podría decirse que cuanto más institucionalizada se encuentra la actividad política más susceptible se vuelve a contraer los vicios y las falencias que el sistema político nacional presenta.

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El inmigrante y la batalla discursiva

In Exclusivos, Tonti on 15 diciembre, 2010 at 6:34 PM

Por Danilo Tonti

En Argentina, las problemáticas sólo existen a la luz del conflicto. Cuando tocamos fondo, recién ahí pensamos; recién ahí actuamos. Pasa la tormenta y el viento se lleva el pensamiento.

Pero detrás de la situación actual en Villa Soldati, detrás del conflicto que se tragó vidas, certezas y tranquilidades, arde una ferviente puja de imposición de sentidos en el que ciertos términos fueron traídos al centro de la escena discursiva. Y son esos mismos términos los que se disputan a la hora de resignificarlos, como forma de imponer una determinada configuración de lo real.

Es que, como sustento y a la vez como consecuencia de la crisis que se experimenta, se reactiva una batalla discursiva que parecía soslayada desde antes del fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner. Es bajo esa disputa que se presentan diferentes interpretaciones de lo real, que se definen no sólo por lo que son, sino fundamentalmente por lo que no son: por la configuración adversativa de la enunciación política, aquella dimensión polémica que identifica sin medias el oponente desde y a través del discurso.

Pero claro que hablar de discursos es hablar hechos, pues todo hecho es un discurso. Así, partiendo de esta base, entiendo que es necesario ubicar el debate en el lugar al que pocos han arribado y al que, sostengo fervientemente, es indispensable arribar. Qué se ha dicho sobre la problemática de la inmigración, sobre bolivianos o peruanos, y qué sentidos se han configurado a partir de aquello que se dijo.

Porque, y esto hay que saberlo, de la construcción significativa que se realiza en el seno de la sociedad pueden resultar las políticas a implementar y, más aun, las representaciones que los sujetos sostengan de los hechos y de las personas mismas. Hablar es construir significados y hacerlo sin la conciencia de lo que estamos produciendo es un error muchas veces sin camino de regreso.

En el medio de la escena social, un conflicto: la toma del Parque Indoamericano de familias que exigen una vivienda digna. Enfrentamientos entre vecinos, muertes, heridos, acusaciones cruzadas a punteros políticos, desprendimiento de responsabilidades y toda la mar en coche a la que nuestra política nos tiene acostumbrados. Pero detrás de todo eso, una problemática estructural e ideológica: la situación de los inmigrantes en nuestro país.

Y es en esto en donde quiero detenerme; en la configuración que se ha hecho del inmigrante, traspolado de la invisibilidad a la peligrosidad, de la existencia inadvertida a la presencia sospechada. Y es que las palabras desmedidas, quiero creer que fueron excesos de los sujetos políticos, reconstruyeron figuras a partir de la premisa de ubicarlas como fundamento de una determinada posición discursiva.

De la noche a la mañana, la problemática de la inmigración se redujo al inmigrante, y a éste se le asignaron sentidos de marcado tinte negativo.

Así, en la lucha por imponer un sentido en la sociedad, determinados sectores reformularon al inmigrante desde la perspectiva de la peligrosidad, asociándolo a figuras -incluso- como la delincuencia y el narcotráfico. Lo grave radica en la ambiguedad y en la vaguedad con la que dicho sentido se construye, evidenciando nada más que una intencionalidad discursiva de justificación de una intensión política.

De esta manera, se presenta un par dialéctico que refuerza la justificación: los vecinos, bajo un intento de colectivo de identificación, por un lado; y los inmigrantes, como aquella entidad ambigua y vagamente asociada a la peligrosidad, por el otro.

El caso particular trae efectivamente la problemática al debate, pero lo hace desde la perspectiva de la simplificación y la generalización. Poco importó si los miles de bolivianos, peruanos o inmigrantes de donde fuesen que habitan en nuestro país se identificaban con aquella construcción o si eran estos los sentidos que desde hace tiempo intentan instituir. Porque claro, a la hora de sacar a la luz las pésimas condiciones laborales y sociales en las que viven, las palabras guardan silencio y los discursos se esfuman; pero en el momento de depositar en ellos la carga de la culpa las voces asoman y hacen eco de sus propias miserias.

Al fin y al cabo, reducir las problemáticas no es más que reproducir el sentido común, reflejando la mediocridad del intelecto y la incapacidad para ir más allá de los supuestos.

Estas palabras no intentan imponer cuáles serán las soluciones ni tampoco atribuir honores. Sólo buscan, en un contexto de verborrágica enunciación, dar cuenta de los abusos de sentido que, a mi juicio, afectan nada menos que la identidad y la integridad de seres humanos que se definen, no por un estereotipo de inmigrantes, sino en su singularidad de persona humana. Que el estigma no sea la tapa a la incompetencia de muchos.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

Parida desde el prejuicio

In Malas Viejas, Tonti on 1 diciembre, 2010 at 9:09 AM

Por Danilo Tonti

Parida desde el prejuicio. Así  empezó a conocerse. Como el reflejo de lo que como sociedad somos: prejuiciosos.

La enfermedad rosa asomaba como la culpa de la perversión, el castigo de la naturaleza por ir “en contra” de ella misma. La desviación tenía que tener su castigo.

Así germinó, desde aquella idea deforme de raíz, un supuesto que hasta el día de hoy retumba en las palabras reproducidas no por pocos. “Es cosa de homosexuales o drogadictos”, o “le pasa a las prostitutas y a los gays”, son algunas de las frases que, cargadas de falacia, esconcen la sensación y la tranquilidad de inmunidad.

En todo caso, para esta sociedad el VIH/SIDA no sería más que la evidencia de aquella conducta que peca de desviada y que, con sus “malos hábitos”, encuentra aquello que no busca, pero que inevitablemente va a encontrar. Es que en la medida en que la desviación sea parte del discurso y la enfermedad socia directa de aquel desvío, la idea deforme de raíz continuará dando hojas y frutos deformes.

Toda enfermedad lleva en su anatomía el germen del dolor

Dolor de lo imprevisto; dolor de lo incierto. Pero son pocas aquellas en las que el dolor más agudo y penetrante llega desde afuera, desde la exterioridad que nada tiene que ver con la dolencia misma. Entonces el dolor se transforma en carga, la carga en culpa y la enfermedad en estigma. Es triste saber que podés sobrellevar la enfermedad, pero no el dolor de sentirte rechazado; ese síntoma recurrente en la mirada de aquel que sólo juzga.

El virus del prejuicio está instalado y, aunque por momentos aparenta bajar su dosis, continúa debilitando el cuerpo social. Elabora sobre sí una representación excluyente y estereotipada, en la que las relaciones y los vínculos se construyen en función de que exista o no exista algo que pueda ponernos en peligro.

Ya se saben las formas de contagio y las vías de prevención; sin embargo, el miedo parece ser más fuerte. La condena siempre es cruel, simplemente porque su naturaleza se sostiene en la crueldad del castigo en su máxima expresión. Pero condenar lo incondenable, no es más que atribuirnos un poder que jamás se nos ha concedido, no es más que sociabilizar la exclusión e instaurar la locura.

Este primero de diciembre no deseo nada más que lo que debería estar de entrada y sin solicitudes: aceptación. Que cada persona portadora de VIH o enferma de SIDA pueda salir a la calle, buscar trabajo, llevar sus hijos al colegio, tomar un café, vivir la vida como todos merecemos vivirla. Dicen que no hay mal que dure cien años. Creo que para muchos, el mal no es la enfermedad.

+ No dejes de ver Cicatrices de un veredicto impune (Especial)

> Foto: “Mensaje” (de María Amelia Conti, foto 1), que muestra el compromiso de los jóvenes en la respuesta a esta enfermedad. El segundo premio fue para María Jimena Almarza y su foto llamada “Ella” (foto 3), que expresa dramáticamente la discriminación que sufren las personas que conviven con VIH. El tercer puesto, por su parte, lo ocupó Roberto Hernández (“No juegues a la ruleta rusa”, foto 2), quien hace foco en el riesgo de no cuidarse en las relaciones sexuales.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

El Código de Faltas desde adentro

In Malas Viejas, Tonti on 18 noviembre, 2010 at 4:34 PM

Por Danilo Tonti y Gaby Socias

El calor no le impidió llegar. Con la predisposición de siempre, el “Bichi” estuvo ahí.

Traía consigo una mochila que rebosaba un buen manojo de ideas y también de broncas, de experiencias e impotencias, pero -por sobre todo- de ganas de cambiar lo que a diario dibuja su presente. Presente pesado que no sólo recae sobre sus espaldas, sino sobre la de muchos.

No hicieron falta demasiadas preguntas; sus palabras corrieron por sí mismas escupiendo aquella verdad que no deja de golpearlo pero que, en ese instante mismo del golpe, le inyecta una sobredosis de incentivo.

El tiempo fue vaciando esas ganas que tenía de expresarse y de ser escuchado. Pero en el medio, dejó palabras que fueron semillas y que ilusionaron con un mañana que poco se parezca al hoy.

De mediana estatura; pelo oscuro; piel trigueña; simpatía desbordante. Ese es José María Luque, o más conocido como “el Bichi”. De 7 a 16 horas trabaja; el resto, lo invierte en aquello que lo apasiona: el Colectivo de Jóvenes por Nuestros Derechos. Desde este espacio, se propone incidir en la Promoción, Ejercicio, Defensa y Exigibilidad de los Derechos de Niñas, Niños y Jóvenes a través de un ámbito colectivo referente y legitimado, construido de manera horizontal y democrática.

Más que de elección se trata de necesidad; una necesidad nacida en la convicción de estar, en la certeza del hacer. En definitiva, no hay palabra con más peso que aquella que se transforma en hecho y que emana de las propias vivencias.

Foto: CbaNoticias

Entre la promesa y la amenaza

In Exclusivos, Tonti on 28 octubre, 2010 at 4:44 PM

Por Danilo Tonti

Para algunos, su máximo líder; para otros, su pesadilla más reciente. Para algunos, la promesa; para otros, la amenaza. Así vivió y así se presentó Néstor Kirchner: con una personalidad política sin demasiados grises y bajo una ideología política que despertaba respuestas claras y extremas: o lo amabas, o lo odiabas.

Difícilmente pueda analizar de manera profunda y acertada la política de su gestión o su vida en general, pero sí creo poder contarles qué significó  el paso del ex presidente por la política desde mi experiencia y mi forma de comprender lo político.

En primera instancia, la gestión  “K” -tanto de Néstor como de la actual presidenta-, hizo que la política dejara de ser una mala palabra. De la anomia generalizada y la desafección en su máxima expresión, entramos en un período en el que -de pronto- la sociedad se encontraba discutiendo cuestiones tan políticas como trascendentales, formando parte de los cambios y consolidándose como el actor que siempre debió ser.

De buenas a primeras, en las charlas de jóvenes empezaron a aparecer temas de la esfera política, despertando el interés a saber, a buscar, a opinar.

Y creo que esto tiene que ver con una cuestión central de su ideología que ha sido estructural en los 7 años de mandato K. La gestión del conflicto a partir de la instalación de medidas tan rotundas como escandalosas, volvió inevitable el involucre de los diferentes sectores y su consecuente debate en el seno de la sociedad civil. Nadie quedaba afuera de estas medidas: para bien o para mal, afectaban a todos.

Me detengo en este punto porque creo que será el punto que, a la larga, se destacará al hablar de la era Kirchner. En lo personal, una sociedad en permanente armonía y estabilidad no me conforma. No me contenta una gestión que simplemente administra un Estado conduciéndolo a la continuidad.

Por el contrario, me conquista una política con carácter y contundencia que justifica su poder en el intento de instaurar cambios estructurales, que desafía la estabilidad en tanto reproducción de lo mismo, que sacrifica incluso su grado de aceptación en pos de la concreción de medidas que respondan a esta perspectiva.

En mi corta edad, nunca había oído hablar tanto de redistribución de riqueza ni escuchado, tan abiertamente, opiniones que se le opongan a este principio, para mí, básico y universal. Si queremos cambios tenemos que estar preparados para el conflicto, porque se opondrán a él aquellos que buscan continuidad y harán lo posible para el fracaso del mismo.

No creo en la sociedad del consenso pleno. Porque así como hoy no participan del consenso aquellas multitudes excluidas del sistema, tampoco creo que participen de un consenso transformativo aquellas minorías ubicada al centro de la lógica sistémica.

Pero veamos, por caso, dos de los conflictos que hasta ahora ha tenido la era K. Si bien pertenecen a la Gestión de Cristina ilustran sobremanera la perspectiva y la ideología de su marido y ex presidente. Por un lado, el campo. Por el otro, los medios. Sin justificar posiciones ni entrar de lleno en la raíz del conflicto, podemos ver ante qué tipo de conflictos estamos parados.

Dos disputas de intereses ante dos de los sectores más poderosos política y económicamente en el país que, y volvamos en esto a la “reproducción de lo mismo”, se resistieron al cambio. Medidas, ambas, concretas y polémicas que terminaron en un voto “no positivo” y un manojo de medidas cautelares.

Como resultado de eso, en el imaginario colectivo -rotundamente construido desde los medios- se construyó un nuevo polo negativo y peligrosamente amenazador: el Gobierno. Así, la política de derechos humanos fue oportunismo político; las retenciones, el robo descarado; la asignación universal, “alimentar a los vagos”; la ley de medios, la privación de la libertad de prensa; el fútbol y la televisión digital, un gasto innecesario. Sin detenerme en la pertinencia o no de cada una de las apreciaciones, intento reflejar cómo, luego de los conflictos de enorme impacto que se vivieron en el país, todo lo que salía del gobierno iba a ser rechazo y denigrado.

De esta manera, gran parte del entendimiento de la política K, más que responder al análisis de las medidas propuestas, respondieron en gran parte a discursos sectoriales firmemente instalados en la boca de la opinión pública.

Ahora, tras la muerte, aflora la contradicción  y la debilidad de la palabra de aquellos que en vida se encargaron de denostar todo aquello que refiera a una “K”. Es después de su muerte que rescatan sus valores, aquellos “inexistente” en vida, poniendo -incluso- dentro de sus mejores características aquellas que señalaban como sus peores atributos. Una vez más, la mediocridad de nuestra política y la incapacidad para mirar las acciones más allá del partido, salieron a la luz.

Será cuestión de esperar y analizar cómo continua el panorama político de aquí en más y de ver hasta cuándo continua el clima de respeto que hasta ahora se viene desencadenando. Esperemos, para bien de nuestra política, que la maduración sea total y que se dé un paso que no tenga vuelta atrás.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

Cicatrices de un veredicto impune

In Lastiri, Malas Viejas, Tonti on 8 octubre, 2010 at 10:01 AM

No es una mochila, pero la llevan a cuesta. No es un impedimento, pero les trunca el camino. No es, pero hacemos que sea. Más que una enfermedad biológica, el VIH / SIDA es una enfermedad social. Una inmadurez que, en su dinámica de estigmas, ha dejado de ser inocente.

El VIH se ha transformado en una enfermedad crónica que, con el tratamiento y los medicamentos pertinentes, permite una calidad de vida óptima y prolongada. Sin embargo, mientras la medicina avanza en su afán de combatirla, la patología social no da muestra de aminorar sus síntomas.

Cicatrices de un veredicto impune nace de formar nuevos paradigmas que rompan mandatos superfluos del sentido común, del compromiso con cada uno de los que con su palabra y con su experiencia logró enseñarnos tanto.

Trabajo de investigación sobre la situación del VIH/SIDA en Córdoba Argentina, durante el año 2008. Producción: Gabriela Socias, Florencia Sambuceti, Natali Ciappini, Nelson Lastiri y Danilo Tonti.

La fotografía se llama “Ella”, es de María Jimena Almarza, y resultó ganadora del segundo premio en la edición 2007 del concurso sobre VIH, “Fotos que no se olvidan”, organizado por la organización Fundamind (Fundación Asistencia Materno Infantil de Ayuda a Niños Carenciados y Discapacitados) y auspiciado por la Secretaría de Cultura de Presidencia de la Nación, el Ministerio de Cultura y el de Derechos Humanos y Sociales del GCB, ARGRA; revista Fotomundo, Mundo Color, EAF y Centro Cultural Recoleta.

La indiferencia como boleto hacia la felicidad

In Exclusivos, Pasiones, Tonti on 22 septiembre, 2010 at 7:16 PM

Por Danilo Tonti

A veces me despierto aunque esté despierto y me veo dormido en una pesadilla disfrazada de sueño. Por momentos abandono lo que soy y segundos de lucidez me regalan lo que quiero ser. Hay instantes en los que vivo,… y años en los que camino sin siquiera ver.

Son momentos especiales. Ráfagas del tiempo que se escapan de la ruta marcada y nos desvía del camino. Nos paran frente al espejo que nos dice quienes somos en función de lo que hacemos y de lo que dejamos de hacer. Llegan con la cordura y evidencian la locura; golpean fuerte y profundo, pero justo donde deben golpear.

Y entonces me pregunto ¿Cómo? ¿Cómo vivo desde el olvido? ¿Cómo sigo sabiendo que tantos caen, que tantos mueren; que tantos esperan, que tantos desesperan; que tantos gritan, que tantos me llaman? Si todo me es indiferente… ¿qué sentido tiene la vida? En esos momentos lo entiendo.

La rutina nos entrena: hay que aprender a no ver. “Si vas a vivir pensando en que lo que tenés o lo que hacés otros no pueden tener ni hacer no vas a vivir nunca”, muchas veces me dijeron. Pero si vamos a vivir sin pensar lo que otros no tienen o no pueden hacer… ¿qué sentido tiene el propósito de estar existiendo?

Por cada segundo que pasa decenas de personas mueren por falta de cosas que otros derrochamos. Por cada día que se escapa cientos de humanos suman una noche más alumbrados por la luna, mientras proliferan las grandes mansiones y los barrios cerrados. Por cada hora del día condenada al olvido, 24 esperanzas mueren en el fracaso de la espera.

Naturalizar los hechos en conflicto conlleva a dejar de mirarlos como tal e incorporarlos como una constante en nuestra vida cotidiana. Asoma como producto la costumbre y -como una suerte de alivio- una resignación diaria que se legitima en la mera repetición en los demás.

Nos acostumbramos a ver personas durmiendo en la calle, villas al costado de la ruta, niños condenados al trabajo. Nos acostumbramos y en la costumbre los condenamos, quizás sin darnos cuenta, a un mañana que se repite sin cambio alguno.

Quizás sea un mecanismo de defensa; no es fácil vivir con el peso de la conciencia. Entonces seguimos. Cada minuto condena al olvido al que pasó y reparte la pauta para esperar el que viene. La fórmula se repite y se repite: el norte es el éxito y en él no hay tiempo para romper la indiferencia.

Y en el consenso más ridículo y falaz que pueda imaginarse, las palabras se unen: “hay que terminar con la pobreza”. Pero un consenso sin compromiso no es más que la gigantografía que disimula la falta de artistas. Todos asentimos, pero pocos asisten.

Cuando la conciencia de nuestra indiferencia genera indiferencia con nuestra conciencia… sobreviene la inconciencia.

El mundo es un puñado de inconcientes admirados de sus racionalidades técnicas, pero indiferentes de sus mediocridades humanas. En la omisión está la acción y la cuota de cómplices con los hechos que se denuncian. En la omisión está la culpa y la contradicción con el discurso. En la omisión está el sujeto, desprotegido de apariencias.

Convertirnos en lo que no queremos ser quizás sea el fracaso más crudo y la decepción más grande que la vida pueda regalarnos. Todos somos tentados, una y otra vez, por la seductora vida del éxito con mirada selectiva. Pero sólo los que hagan de esos instantes de cordura la plenitud y la esencia, jamás volverán a dormirse en la pesadilla,… camuflada de sueño de fantasía.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

+ La foto pertenece a Jose Bahamonde

El periodismo en su mínima expresión

In Derecho a Replica, Exclusivos, Tonti on 10 septiembre, 2010 at 10:05 AM

Por Danilo Tonti

Todo lo vigila y todo lo controla. Parece estar atento a todo y a todos. Es la voz que juzga y que denuncia; que da discursos éticos y moralistas. Es quien deja al descubierto y “desenmascara”. Está siempre, al salto, para vigilar, juzgar, premiar o castigar. Perfecto en mirar por la ventana, de los peores para enfrentarse a los espejos.

Vernos protagonistas de las acciones que denunciamos es demasiado incómodo y desacreditador. La imagen se desvanece ante la esencia y derrumba, con su fracaso, la choza que ilusoriamente aparentaba de castillo. La contradicción no perdona y regala sequía de credibilidad, que termina siendo letal.

El costo es demasiado alto; arriesgar no vale la pena. Ser coherentes con lo que decimos, pareciera que tampoco.

El periodismo está en crisis y busca reinventarse.

¡Qué bueno! ¡Busca reinventarse!, podríamos decir esperanzados. Pero sucede que el aviso de crisis fueron números en rojo, no una comunicación en decadencia. El clic, lejos de ser un servicio social olvidado, fue un balance absolutamente desequilibrado. Y lo peor, la pregunta nace desde una génesis deformada: ¿Cómo hacer para aumentar la tirada? Nunca para ajustar el servicio.

De entrada algo tiene que estar claro. Hablar en contra de ciertos medios no es sinónimo de hacer campaña oficial. Si hoy, a ciertos sectores le son funcionales dicotomías extremas y reduccionistas, no es nuestro problema, o por lo menos el mío.

Lejos de ir en contra de la libertad de prensa, la crítica libera el pensamiento y eso es el pilar de la libertad de opinión en todo sistema democrático. Aclaro, por las dudas.

La herramienta fundamental de la actividad periodística está en garantizar la pluralidad de voces, frase tan cliché en los últimos meses. Para eso, resulta necesario un posicionamiento profesional despojado de intereses tendenciosos que condicionen el proceso de búsqueda de la verdad. Por supuesto, interés siempre habrá. Pero en el momento en el que el interés por la verdad queda subsumido a intereses particulares, económicos por ejemplo, se corrompe el ciclo social y se altera -casi ineludiblemente- el producto comunicacional.

Así, la privatización monopólica de los medios de comunicación puede que no represente la garantía de un periodismo independiente comprometido con la verdad. De hecho, es imposible que así sea. Porque quien se llama Periodista entiende las consecuencias de una concentración mediática sujeta a una misma editorial.

Quien se llama Periodista comprende la importancia de la diversificación, no sólo de las voces, sino de los medios en donde aquellas voces hablan.

Muchos han sido los profesionales de la comunicación que han llenado minutos, horas, semanas de programación, hablando de la necesidad de tener pluralidad de voces, pronunciándose en contra de la Ley de Medios. Pero… ¿Cuán plural puede convertir a la comunicación una empresa con decenas de medios que machacan con las mismas ideas?

¿Cuánta pluralidad puede aportar un sistema de medios cuya lógica es la compra de la mayor cantidad de medios, a los fines de controlar la mayor cantidad de medios? ¿De qué pluralidad hablamos? Claro que, como dijimos, vernos protagonistas de las acciones que denunciamos es demasiado incómodo y desacreditador.

Ojo, ¿entonces los medios de estructura estatal garantizan un pleno ejercicio del periodismo y de la libertad de expresión? No, absolutamente no. Es tanto o más pernicioso que lo primero. Pero no me conformo con la ley del menos peor.

La creciente tensión entre el gobierno y Clarín no es un hecho menor. Habla de un proceso en el que los únicos que quedan a la deriva somos nosotros: los ciudadanos. En el medio de ese trajín, la imposibilidad de creer: la desconfianza y la sospecha. Y cuando la imposibilidad de creer asoma, la democracia está más en peligro que nunca.

Como dije, acá no hay lógica Hollywoodense, no está el “bueno” y el “malo”; no hay, por lo menos de mi parte, posicionamiento de tinte absolutista.

Pero, como periodista, me preocupa el periodismo en su imposibilidad de colocar a los hechos sobre el tamiz de la crítica profunda pero fundada, en donde no accionan condicionamientos de antemano. Me preocupa leer sabiendo lo que voy leer, ver sabiendo lo que voy a ver, escuchar sabiendo lo que me van a decir.

El periodismo que, evidenciado en su estructura, se predice a sí mismo, ha muerto como periodismo.

Algunos hechos rebosan las pantallas y las páginas, al tiempo que otros (la marcha por la ley de medios o la marcha 678 en Córdoba) quedan condenados a la ausencia mediática. El que discrimina hechos en función de posicionamientos, definitivamente, lejos está de hacer periodismo.

678 y el “periodismo político”

Quizás por los conflictos acaecidos en el seno de la opinión pública en el último tiempo, quizás por sus acciones de controversia, quizás porque, simplemente, se buscó que así sea… lo cierto es que el programa de la Televisión Pública (entiéndase Kirchnerista) ha ganado en notoriedad y en visibilidad.

Y me pregunto qué representa, a la luz de la comunicación, este fenómeno. En principio, la irrupción de un periodismo que, una vez más, reproduce fielmente la estructura que denuncia. Política viabilizada mediante la cámara, reincide en los mismos errores, cae en los mismos vicios.

Tal vez forme parte de esta típica viveza argentina: buscar los extremos, quedar en la crítica, reproducir más de lo mismo. Lo cierto es que, como periodismo, no tiene mucho que envidiar a aquellos medios monopólicos en cuanto a la mediocridad y a la carencia de -al menos un poco- objetividad y pluralidad.

Ahora, ¿hay algo de interesante en la llegada de 6/7/8 para alcanzar la magnitud que ha logrado? Sí, hay algo. De alguna manera, la concatenación de hechos polarizadores que se sucedieron en los últimos tiempos, posicionaron a los medios en un lugar en el que todo lo que se decía tenía que ver con lo mismo.

La irrupción del programa de la televisión pública significó, en ese contexto, una suerte de contrapeso en lo que a lo ideológico se refiere. Y miren a lo que hemos llegado: a la necesidad de sacar de los dos extremos un punto medio, siendo que el periodismo, en sí mismo, debería garantizar aquel punto medio.

Si me preguntan, hoy resulta imposible separar el periodismo de la política: desde los mismos medios se vela por ganar poder. El cuarto poder como agente de control quedó lejos, porque quien entra al juego deja entonces de controlarlo.

Al fin y al cabo, nadie es bueno para todo, eso está claro. Pero si hay algo en lo que todos podemos serlo es en el saber de que podemos ser mejores. Pero claro que para eso, en un acto de humildad mínima, es necesario reconocernos imperfectos e identificar falencias y desaciertos. Será cuestión de esperar el milagro y de, como comunicadores que somos, empezar a formar el cambio.

> Este autor es Columnista permanente de este Blog

El misterio del Eslabón

In Exclusivos, Tonti on 19 agosto, 2010 at 10:35 AM

Por Danilo Tonti

Si la magia y la fantasía no existen, el Eslabón es lo que más se les parece.

Mezcla rara de encuentro y re-encuentro, de búsqueda y descubrimiento, de autocríticas y cuestionamientos. Cóctel con los ingredientes justos que sabe calar hondo sobre uno mismo, llevándonos a lugares que el trajín del tiempo hizo olvidarnos que teníamos.

El fin de semana largo que pasó hice el Eslabón. Después de un buen tiempo de insistencia por parte de mi amiga, todo se dispuso hacia un sí del que no podía escapar. Atrás dejaba muchas responsabilidades, compromisos y cuestiones inconclusas; pero no me quedaba otra, la ilusión y el entusiasmo de mi amiga me arrancaron el sí de antemano.

Subí al colectivo y partí. Con miedos, inseguridades, preguntas… muchas preguntas. Pero partí. Con el bolso en mano y la espera de respuestas en la mente pisé suelo riocuartense, subí al Peugeot 205 y -de ahí- directo a Las Vertientes: Casa Belén esperaba.

Un grupo de jóvenes deambulaba por los pasillos de la casa, algunos solos, otros en grupo, pero todos con la misma cara de miedo e incertidumbre. De a poco la masa se iba ablandando y el caparazón sacando sus partes duras. De a poco lo poco se hacía mucho, y lo mucho…, inexplicable.

Nunca tuve tan pocas ganas de acostarme y tantas de levantarme, nunca tuve tantas ganas de ser conciente del aire que respiraba. Vivir era una elección en cada segundo; ser protagonistas de ellos era el desafío.

El Eslabón no se lleva bien con la rutina ni con las conductas casi mecánicas que genera. El Eslabón es no acostumbrarse a vivir para que cada paso cuente, valga la pena, se sienta. Es la confirmación de que algo mejor siempre es posible y de que lo mejor a veces es invisible a nuestros ojos.

Si me preguntan, es un antes y un después, un cuarto intermedio, una antesala. Es el paso previo, aquel dado de la manera más lenta y pensada, que nos permite seguir con un ritmo seguro y que deje huella. Nada es lo mismo después de hacerlo y todo es nuevo al momento de entenderlo. Limpiamos el lente y vemos lo que no veíamos, o no queríamos ver.

El momento conquista el alma. Se infiltra sigiloso e inadvertido y se instala para no irse más. Ahí queda, en el rincón entre el corazón y la memoria, y maneja desde allí todas las fichas: las mueve y las conmueve.

Poco o nada nos conocíamos los que ahí estábamos, pero las miradas no denotaban lejanía. Las miradas eran la evidencia involuntaria de un corazón que retumbaba con sus latidos, la evidencia de complicidad entre quienes, ahí – juntos – y en ese momento, hablaron un mismo idioma.

Pero claro que no crearon aquel lenguaje: algunos lo conocieron, otros lo volvimos conocer, pero todos nos fuimos hablándolo. Porque llegamos con una búsqueda y nos fuimos con un encuentro. Llegamos con una duda y nos fuimos con mil certezas.

Para los que me preguntaron y para los que no, el Eslabón es esto. Y con la misma incomprensión con la que seguramente terminan esta lectura fuimos nosotros allí y nos animamos a descubrir. Porque su magia es su secreto y sólo el que se anime a caminarlo descubrirá el camino, sólo el que se anime a descifrarlo develará el enigma.

El Eslabón me cambió la vida; y lo digo así, en primera persona, sin opción a que refuten. Porque me hizo ver y creer sin ver, porque me ayudó a crecer y a ayudar a crecer, porque me amó tanto como hoy lo amo.

Para quienes lo hicieron, continuemos el viaje; para los que no, los desafío a hacerlo.

Tus dudas se terminarán el día que te atrevas a buscar respuestas.

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