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Ganó Argentina y eso si lo hicimos entre todos

In Derecho a Replica, Malas Viejas, Prosas Propias on 26 mayo, 2010 at 11:31 AM

En un fin de semana especial para Argentina, el seleccionado de Fútbol coronó la tarde del sábado con una goleada ante el equipo de Canada. Pero este post no busca ser un resumen del partido y ni siquiera una opinión del equipo que dirige Diego Maradona, lo que intento pensar junto a ustedes mientras leen estas líneas es que esta noche me iré contento a dormir. Porque en el fin de semana del Bicentenario se vivieron jornadas que ninguna crisis financiera o política podrá borrar y ni siquiera manchar en los que vivimos este momento histórico.

Los festejos fueron maravillosos, incluyeron a cada una de las provincias mostrándose en el Paseo montado en la avenida mas ancha del mundo, sonó en el escenario del Obelisco nuestro Rock, el Folklore, nuestro Tango, la Cumbia y hasta invitados internacionales de lujo dejaron sus líricas vibrando frente a millones de personas que pasaron en estos días por allí, el fútbol fue fiesta y el cierre majestuoso con un desfile del grupo Fuerza Bruta simbolizando los momentos que marcan nuestra historia.

Ni el Colón fue de Mauricio Macri ni hubo otro acto que le perteneciese al oficialismo. Todo fue nuestro, al Bicentenario, si que lo hicimos entre todos. Y aunque sea imposible que los políticos se desnuden de sus estructuras mezquinas y sectoriales que caracterizan su ser, los simples nativos de esta tierra supimos tapar la calle y mandar al diablo nuestras diferencias, haciendo flamear nuestro patriotismo que espero además no quede en lo circunstancial.

Se discutió que cuánto, que cómo, pero se disfruto a mas no poder. Porque para los que llegan de otras banderas les cuento, que en mi país Argentina; nada es sencillo. No es fácil para los políticos lograr consensos fuertes y sólidos, somos indiferentes con las necesidades de nuestro propio cuerpo social, el egocentrismo muchas veces nos lleva a errores irreparables y hasta somos sordos y ciegos cuando se trata de realizar una introspección coherente y sincera. Pero también somos inteligentes y tenaces, sobretodo capaces y creativos. Diversos y reaccionarios, pero la culpa la llevamos en la sangre. En nuestros orígenes parido entre diferencias, con un carácter mestizo hemos logrado abrirnos paso en una aldea global que no permite muchas veces la participación activa de países “en vías de desarrollo” en las cuestiones importantes.

Pero este fin de semana vi el intento de ser mejores y en eso nos especializamos. En intentar, en querer, en pretender erigirnos como una Nación mejor. Libre, independiente, soberana y justa. Esas deben hacer sido las ideas de la Revolución que se materializarían en 1816 y me ilusiona pensar que este fin de semana las recordamos y de ahora en mas buscaremos adaptarlas a nuestros tiempos.

Que los políticos hagan de cada persona una bandera es problema de ellos, ya los cambiaremos también con el suceder de las generaciones. A los viejos les digo, que no se preocupen que cada vez son mas los jóvenes conscientes que tienen pretensiones de cambiar el país. A los jóvenes les pido, que se preparen, lean, para enfrentar el timón de un país al que muchas veces le sobra velocidad pero le falta mentalidad.

Ojalá esta generación del nuevo centenario sea la que logre superar las diferencias, esas que de ninguna manera pueden superar los que nacieron tras el golpe a Perón, ni los desarrollistas desactualizados, ni los silenciados por la Junta y mucho menos los que mezclan en su cabeza democracia y neoliberalismo. Sus recetas ya fallaron, y la “doctrina K” es la última del eslabón de las mentalidades políticas del siglo XX que tiene su chance en la arena nacional. Veremos que es lo que se viene, que a la larga no será mas que lo que nosotros construyamos.

Yo hace tiempo he perdido la fé en que este humilde país, junto con sus miserias y hazañas, llegue a ser una gran potencia. No creo que podamos ponernos de acuerdo nunca completamente en todo, tampoco en la mayoría de las cosas, pero SI CONFIO en que podemos unirnos y hacer nuestro mejor intento. Pasaron los festejos del Bicentenario, ahora vamos a construir 100 mas, espero todavía mejores que estos.

PD: Perdón por empezar hablando de fútbol pero es fundamental en nuestra cultura y como tal de nuestro interés y el de muchos lectores.

« La ilustración pertenece a Juan Pérez Gaudio de La Voz del Interior

+ Espectaculares imágenes del Bicentenario

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Crónica de una emoción inesperada

In AguaSuaves on 26 mayo, 2010 at 8:10 AM

Por Mariano Blumenfeld


El Sábado 22 había empezado gris. Muy gris. Sin embargo, yo tenía motivos para estar muy contento: estaba recibiendo visitas que venían desde Córdoba, aprovechando el fin de semana largo, y a quienes había visto por última vez dos meses atrás.

Los festejos por el bicentenario de la Revolución de Mayo, eran para mí, hasta ese momento, algo simplemente anecdótico, algo más que sucedería entre todos los eventos y actividades que normalmente ofrecen esta gran ciudad que es Buenos Aires.

Sin embargo, mientras esperaba que mis visitas se registraran en su hotel, ubicado en un pasaje pedregoso cercano a Puerto Madero, escuché el típico sonido que hacen los caballos caminando sobre el asfalto. Pero semejante ruido no se correspondía con el de un simple caballo, era algo mucho más fuerte, más potente. Así fue como corrí los 30 metros que me separaban con el lugar desde provenían esos sonidos, y me encontré con una postal en movimiento.

Cientos de Granaderos vestidos de gala, montando sus magníficos caballos, se dirjían a paso lento hacia el Paseo del Bicentenario, donde luego debían desfilar.

Esa imagen fue suficiente para despertar en mi interior esa “llamita” de argentinidad que tenía dormida. No lo pensé más, y en ese momento decidí que lo primero que haría en el día con mis visitas, sería ir a visitar el paseo del que tanto se hablaba.

Lo primero que me llamó la atención, fue tamaño del escenario principal, montado frente al obelisco. Una estructura imponente daba comienzo a un Paseo que prometía emocionar profundamente a sus visitantes. Y vaya si lo hizo!

Ya era mediodía, y sobre la Av. 9 de Julio se veían trabajadores verificando los últimos detalles en todos los stands de las provincias, que serían abiertos minutos después para los visitantes.

Mientras tanto, muchísima gente se iba apostando sobre las vallas colocadas a lo largo de la avenida, para poder presenciar el desfile histórico militar que abriría los festejos del día.

Y de pronto, pasadas las 13 hs, con los acordes de nuestro himno nacional, comenzó el gran desfile, que fue encabezado por las delegaciones militares de Brasil, Chile, Ecuador y Venezuela, ataviados en sus trajes típicos.

Atrás de ellos, a paso lento pero firme y enarbolando nuestra hermosa bandera, comenzaron a pasar entonces los miembros de nuestras fuerzas militares. Era muy emocionante escuchar “Argentina, Argentina” mientras pasaba cada uno de los grupos que representaban a unidades históricas y efectivos de las fuerzas de seguridad con que cuenta nuestro País.

Uno de los grupos que más me emocionó al pasar, y que recibió los aplausos y lágrimas de toda la gente, fue el de los ex combatientes de Malvinas, que desfilaron sonrientes ante su pueblo, llevando una hermosa bandera Argentina.

Las 2 horas que duró el desfile, fueron suficientes para despertar en todos quienes pudimos estar ahí, esos sentimientos de unidad, de pertenencia, en fin, de argentinidad, que solemos olvidar en el día a día.

Como escribió mi amiga Paula en Facebook: Feliz aniversario mi Patria querida. Mas te conozco (con errores y aciertos) y mas te quiero!!!

+ Este Bicentenario si lo hicimos entre todos

Córdoba y la Revolución de Mayo

In Derecho a Replica on 25 mayo, 2010 at 3:33 PM

La Revolución de Mayo fue hecha por Buenos Aires y para Buenos Aires, sin las provincias y contra las provincias. […] La Revolución de Mayo ha creado el Estado metrópoli, Buenos Aires, y el país vasallo. El uno goza del tesoro, el otro lo produce.”

Juan Bautista Alberdi Escritos Póstumos, tomo V

Cuando la noticia de los acontecimientos de mayo de 1810 llegó a Córdoba, el gobernador Juan Gutiérrez de la Concha resolvió convocar en su casa a una reunión de notables para decidir la actitud a adoptar. Si bien existían versiones de una posible conspiración en la capital del virreinato, la novedad causó sorpresa y asombro. El cabildo porteño, una institución de alcance meramente municipal, había depuesto al virrey y designado por sí nuevas autoridades, sin tan siquiera consultar a las demás ciudades.

Con la única excepción del deán de la Catedral, doctor Gregorio Funes, todos los asistentes a la reunión se manifestaron en favor del rechazo de las nuevas autoridades y de la restitución del virrey. Los argumentos del deán para defender a los revolucionarios no pudieron ser más endebles, por antijurídicos. “No son las leyes -dijo entonces- ni los derechos los que deben salvar esta república, sino las fuerzas reales”. Una apelación al derecho de la fuerza. Un año más tarde advertiría el célebre deán su error, cuando las autoridades porteñas lo destituyeron y encarcelaron.

Advertido del envío de un ejército desde Buenos Aires, el cabildo cordobés escribió a la Junta encareciéndole “se sirva suspender absolutamente su expedición porque su venida, como no necesaria, produciría el desorden y conmoción popular en gravísimo perjuicio del público sosiego”.

La Junta respondió con prepotencia, “previniendo que no se alegue ignorancia si se insiste en no reconocerle”, y ordenando suspender al gobernador en su cargo. El cuerpo rechazó tal imposición “por ser contraria a la de este gobierno”, y decidió aceptar la propuesta del virrey del Perú de reincorporarse a dicho virreinato, al que había pertenecido por espacio de 237 años, “en atención a que en la capital de Buenos Aires no existe legítimo representante de la autoridad del Excmo. Señor Virrey”.

Gutiérrez de la Concha y Liniers organizaron la resistencia, con la colaboración del ex gobernador Victorino Rodríguez; del comandante de armas, coronel Santiago Alejo de Allende; del tesorero de la Real Hacienda, Joaquín Moreno y del obispo Rodrigo Antonio de Orellana. El 31 de julio, ante la inminente llegada de 1.150 hombres al mando del coronel riojano Francisco Antonio Ortiz de Ocampo e impedidos de enfrentarlos, huyeron hacia el norte para unirse a las fuerzas que el mariscal Nieto preparaba en el Alto Perú.

Fueron apresados al norte de la provincia y conducidos a esta ciudad. Hipólito Vieytes, comerciante porteño que acompañaba al ejército como representante de la Junta, exhibió una orden secreta de ésta que disponía que fuesen arcabuceados “en el momento en que todos o cada uno de ellos sean pillados (…) sin dar lugar a minutos que proporcionaren ruegos y relaciones capaces de comprometer el cumplimiento de esta orden”. Está fechada el 28 de julio de 1810 y no revela los motivos de tamaña decisión. Tan sólo invoca “los sagrados derechos del Rey y de la Patria”, a la vez que aclara que “este escarmiento debe ser la base de la estabilidad del nuevo sistema”.

A sangre y fuego

Al conocerse la noticia en Córdoba, la reacción no se hizo esperar. Unánimemente, la población expresó su repudio y solicitó a Ortiz de Ocampo que no le diere cumplimiento. Hasta el mismo deán Funes dice en su autobiografía que “no pudo oír sin estremecerse una resolución tan cruel como impolítica, pues que a su juicio ella iba a dar a la Revolución un carácter de atrocidad y de impiedad”.

En un gesto que lo ennoblece, Ocampo se negó a cometer tamaño crimen y dispuso el traslado de los presos a Buenos Aires, pero enterado de ello el secretario Mariano Moreno se indignó de tal manera, que logró que fuese destituido y que se enviase al vocal Juan José Castelli a cumplir la orden. Es bien sabido que Castelli hizo fusilar por medio de un piquete de soldados ingleses a Gutiérrez de la Concha, Liniers, Allende, Moreno y Rodríguez. El obispo Orellana salvó su vida gracias a su investidura religiosa y fue enviado prisionero a Luján.

La mezcla de consternación y repulsa que tan cruel disposición causó en el ánimo de los cordobeses difícilmente pueda ser expresada. Al igual que en la Revolución Francesa, el terror comenzaba a prevalecer entre nosotros, cobrando sus primeras e inútiles víctimas en las personas de cinco ilustres y respetados ciudadanos, uno de ellos héroe de las Invasiones Inglesas.

Cuenta la tradición que en la corteza de un árbol aparecieron escritos los apellidos de los cinco ajusticiados y del obispo, formando con sus iniciales la palabra “Clamor” (Concha, Liniers, Allende, Moreno, Orellana y Rodríguez), expresión del sentimiento que despertó tamaña ferocidad.

La revolución se impuso pues en Córdoba a sangre y fuego, pero lejos de arraigar en el corazón de nuestros antepasados, generaba en su ánimo fundadas reservas. El ejército porteño, que ocupaba las instalaciones del Monserrat, procedió a destituir a los miembros del cabildo y el 15 de agosto hizo asumir como gobernador al coronel Juan Martín de Pueyrredón, designado por la Junta.

El desagrado cundió hasta entre los más entusiastas partidarios de la revolución. Ambrosio Funes, hermano del deán y junto a él los dos únicos cordobeses que la apoyaban, escribía a doña Margarita de Melo en estos términos: “¿Hasta cuándo quieren ser bulliciosos esos porteños? De modo que de guapos sólo se quieren pasar y ahora también se les pone venir a conquistar cordobeses…”.

Fuente: Diario La Voz del Interior

Los hermanos sean unidos

In Exclusivos, Jorge, Malas Viejas on 24 mayo, 2010 at 2:37 PM

Por Santiago Jorge

Falta poco para el mundial, mas allá de lo futbolistico, cada 4 años nos pasa algo a lo que no estamos muy acostumbrados: el país de una u otra forma se une (aunque por ser un evento estrictamente deportivo, a muchos no les interesa, pero no hacen la contra, y esta bien, en el mundial no esta en juego ni la patria, ni el orgullo nacional). Lo mismo sucede cuando algún seleccionado se encuentra en competencia, de pronto todos somos amantes del tenis si se juega la final de la Davis contra España, o sabemos mas de basket que Magic Jonhnson cuando Manu Ginobili & compañía juegan contra el Dream Team.

En pocos días, cumpliremos 200 años desde el primer gobierno patrio, y 200 años de antinomias entre nosotros mismos, Morenistas/Saavedristas; Unitarios/Federales; Rosistas/Urquizistas; Conservadores/Liberales; Radicales/Conservadores; Radicales/Peronistas; y asi podriamos seguir, Menemistas/Anti-menemistas; Kirchneristas/Anti-Kirchneristas.
Como sociedad si algo nos falta aprender, es a consensuar y darle la razón a nuestro adversario cuando éste la merece, aprender a que de un debate, se debe construir mutuamente y no saltar a la yugular, ni pisotear sus ideas. Esa unión que tenemos para eventos deportivos, no la recuerdo en temas relacionados a política, que justamente tiene como fin el bienestar general.

En los diarios de esta semana, lo mas importante fue la pelea por la re-inaguración del Teatro Colon, que carta de Macri, q respuesta de Cristina. El sector agropecuario ( uno de los mas importantes del país por lo que significa) pretende realizar locros populares en puntos estrategicamente contrarios a donde serán los festejos oficiales por el bicentenario. ¿ Que culpa tiene nuestra Patria, de que no nos guste la cara del gobierno de turno? Hace mucho Borges dijo que nunca supimos diferenciar lo que era una institucion y la persona física que la dirigía, “las personas pasan, las instituciones quedan” dice un sabio refrán popular. Este día tan especial, lo tenemos que celebrar todos, recordar lo que paso en 1810, sus ideales, su proyecto de país, las reuniones en la jaboneria de Vieytes, donde a pesar de las diferencias, se llegaba a acuerdos en beneficio del país.

Todavía tengo la ilusión de que el 25 de mayo, en la mismísima Plaza de Mayo, nos encuentre unidos para conmemorar esta fecha tan importante, no quiero ver imágenes de una plaza politizada, con banderas partidarias y cánticos en contra de cierto sector. Faltan 100 años para festejar un día como este, no dejemos que asuntos de intereses personales tiñan dicho evento.
Argentina somos todos: kirchneristas y del campo, ricos y pobres, empresarios y obreros, comunistas y de derecha, porteños y del interior.

Fuente: No seré periodista

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Y vos.. ¿Qué opinas de la unión de los argentinos? ¿Circunstancial o real? ¿Cómo deberíamos encarar el Bicentenario?

¿Cuál Bicentenario?

In Derecho a Replica, Malas Viejas on 22 mayo, 2010 at 12:15 PM

Por Julio Saguir

Este año, voces de la opinión pública, variadas y de distinto origen, dan la bienvenida y se disponen a la celebración del Bicentenario. A algunos, particularmente muchos de los que vivimos a kilómetros de la Capital Federal, nos llama la atención la certeza de la proclama y la ausencia de calificativos. Por lo menos nos asalta cierta duda: ¿cuál Bicentenario? ¿El de 1810? ¿Y por qué el Bicentenario de la Nación en 1810? ¿No podría en 1816? ¿O será, entonces, que celebraremos dos bicentenarios, uno en 2010 y otro en 2016? La duda tiene algunos sustentos históricos.

La Revolución de Mayo

Este Bicentenario que ha comenzado a celebrarse refiere a la Revolución acaecida el 25 de mayo de 1810 en la ciudad de Buenos Aires. Ahora bien, esa Revolución no sólo acaeció en aquella ciudad, sino que fue realizada solamente por dirigentes porteños. Fue un movimiento eminentemente local, municipal; la revuelta de líderes de la ciudad de Buenos Aires contra el gobierno colonial de la corona española. No fue un movimiento conjunto, ni del conjunto, de las ciudades del entonces Virreinato del Río de la Plata.

Es verdad que Juan José Paso mencionó el 22 de mayo en el célebre Cabildo Abierto, que hablaba en nombre de las restantes ciudades en su condición de capital del virreinato, o sea, “como hermana mayor en nombre de las menores”. Pero éstas no habían sido siquiera consultadas al respecto. Mucho menos sabían que tales eventos estaban por suceder.

Para tomar un ejemplo histórico de algo similar pero que sucedió de otra manera, consideremos lo acontecido en los Estados Unidos. Allí, la Revolución tuvo su epicentro en el segundo Congreso Continental de las colonias americanas, que ya venían reuniéndose en conjunto desde hacía algún tiempo. En 1776, los eventos que concurrieron en el 4 de julio, sucedieron a partir de los representantes de las colonias reunidos en asamblea. En medio de discusiones y diferencias, aquel Congreso fue determinante en cuanto a dar cierta unidad de motivaciones y objetivos al afán revolucionario.

Más todavía, la Revolución de Mayo no sólo fue una revuelta que tuvo su foco en Buenos Aires, sino que distó de concitar apoyo global e inmediato por el resto de las ciudades del entonces Virreinato. En efecto, toda la intendencia de Paraguay se separó casi inmediatamente de la Revolución porteña a pesar de los esfuerzos de ésta para que no fuera así. Ciudades del Alto Perú tomaron diferentes posiciones, pero las circunstancias de la guerra mostraron en pocos años que la región se había perdido casi definitivamente para lo que fuera antes un mismo territorio, y que Buenos Aires anhelaba mantener. Montevideo se volcó en contra de la Revolución y, en pocos años, José Gervasio de Artigas, que había sido favorable, conformaba la Liga de los Pueblos Libres. Liga que llegó a incluir a Córdoba y a La Rioja como organización alternativa a la gobernada desde la antigua capital del Virreinato. La misma ciudad de Córdoba ofreció resistencia inicial, sofocada con el fusilamiento de Santiago de Liniers. En el resto de lo que luego serían las ciudades históricas de nuestro país, la noticia fue recibida con bastantes dudas; se miraban unas a otras esperando ver qué hacía la vecina antes de actuar. Varios de aquellos amplios territorios en nombre de los que hablaba

Paso el 22 de mayo quedaron, por voluntad propia o por circunstancias históricas, separados de lo que los líderes imaginaban o argumentaban en ese momento.

En este sentido, el proceso iniciado el 25 de mayo fue abierto, contingente. Como tantas veces sucede en la historia, los eventos se sucedieron más por el ir y venir de intereses conflictivos y acciones inmediatas que por algún diseño ideal concebido por los protagonistas. Mucho menos por el cálculo de largo plazo. Los líderes porteños se alzaron contra el virrey y llamaron a las otras ciudades a hacer lo mismo. Algunas dijeron que sí, y otras que no. Algunos territorios se unieron, y otros en cambio se desmembraron; unos de manera temporaria y otros, definitivamente; unos de modo parcial y otros, completamente. Nada de ello “debió” ocurrir. Sencillamente sucedió, y pudo pasar tanto de esa manera como de alguna otra.

En cuanto al conjunto principal de las ciudades –luego provincias– que constituirían lo que hoy conocemos como la Argentina, el gobierno municipal no logró convocarlas a un Congreso por un buen tiempo, si bien algunos de sus líderes hablaron de la relevancia de una asamblea común de las provincias. En realidad, fracasó en dos ocasiones en 1812, y pudo hacerlo recién en 1813. Y, cuando lo hizo, no pudo cumplir con uno de sus principales objetivos a los fines de la anhelada unión: escribir una constitución. Más aún, los proyectos presentados no llegaron ni siquiera a discutirse.

El gobierno municipal nacido el 25 de mayo tampoco logró estabilizar una representación nacional. En realidad, hay dudas sobre si efectivamente lo quisieron. La llamada Primera Junta se amplió al cabo de seis meses, a partir de la invitación realizada a las ciudades del interior para que enviaran a sus representantes a la capital, y así formar gobierno o un congreso, según dos convocatorias presentadas. Pero al cabo de muy poco tiempo las facciones internas y los intereses locales, particularmente los afanes de Buenos Aires de no perder el control del proceso, llevaron a la disolución de aquel gobierno protonacional. A partir de allí se consolidó un gobierno ejecutivo con fuerte, sino única, prevalencia de la voluntad porteña.

La Declaración de la Independencia

El conjunto mayoritario de las provincias logró reunirse en 1816 en Tucumán. En esa asamblea común y conjunta declararon su independencia e iniciaron el camino para diseñar su primera constitución, que se firmaría tres años más tarde. Para ser claro, la convocatoria a un Congreso en Tucumán fue una concesión de la élite porteña a las provincias del interior, agotadas por el monopolio en la toma de decisiones. “¿Y dónde quiere usted que se reúna el Congreso? ¿En Buenos Aires? ¿No sabe usted que todos se excusan de venir a un pueblo a quien miran como opresor de sus derechos y que aspira a subyugarlos?”, decía fray Cayetano Rodríguez, religioso porteño, a un amigo. Tucumán fue el lugar elegido para la estrategia conciliadora, para reunir finalmente a una asamblea de todos, o al menos de una mayoría, y tomar la decisión conjunta de ser libres de manera definitiva.

Y así fue. En su mayoría, las provincias aceptaron participar en el Congreso convocado por el Directorio. Quince ciudades estuvieron presentes: once que hoy forman las cabeceras de actuales provincias, más cuatro de la región del Alto Perú. Las ciudades del Litoral y de la Banda Oriental, en conflicto con Buenos Aires, no participaron. De este Congreso, con fuerte representación de todos los que se habían sumado a la Revolución, nació la Declaración de la Independencia y más tarde la primera Constitución de nuestro país. A diferencia de la Revolución de Mayo en Buenos Aires, la Declaración de la Independencia en Tucumán sí fue una reunión donde estuvieron presentes desde el primer momento las ciudades de la mayor parte del territorio de lo que luego sería la Argentina. Y, ahora sí, la decisión fue común y conjunta: “todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican”, sostenía el Acta de declaración de aquel 9 de julio.

¿Es que entonces la “verdadera” conmemoración es la de Tucumán y no la de Buenos Aires? ¿Es acaso lo “nacional” de la Independencia, y no lo municipal de la Revolución? ¿Es 1816 y no 1810? Tampoco esto sería correcto. Visto desde 1816 y desde Tucumán, como efectivamente lo reflejaron los protagonistas del Congreso, aquel evento tuvo su inicio en la Revolución de Mayo. El hecho de su contingencia no significa que no sucedió, sino que pudo ser de otra manera. Pero tal como sucedió, efectivamente tuvo su origen en Buenos Aires, como evento local y municipal, a través de un gobierno primeramente porteño. Y más allá de las desavenencias, conflictos y antagonismos posteriores, de la que la misma convocatoria al Congreso es parte, llegamos a Tucumán en 1816 luego de hechos que se concatenan a partir de 1810 en Buenos Aires.

El Bicentenario 2010-16

En efecto, por el paso contingente de lo municipal a lo “nacional”, de lo local a lo global, lo que sucedió fue un proceso que, visto ex post, se inició en 1810 en Buenos Aires y “culminó” en 1816. Un proceso que fue de Buenos Aires a Tucumán, pasando por todas las ciudades y provincias que allí finalmente se reunieron; de la Revolución de Mayo a la Declaración de la Independencia. Entonces, lo que estamos por celebrar en 2010, en realidad, es “a partir” de 2010. Celebramos el proceso por el que la “hermana mayor”, la primus inter pares, decidió rebelarse contra la madre patria por su propia cuenta y voluntad, e invitar a “las menores” a hacer lo mismo. Celebramos el proceso por el que, a partir de allí, con dudas, desavenencias y conflictos, algunas de aquellas hermanas de la colonia fueron sumándose hasta reunirse en 1816 como “Provincias Unidas de Sud América”, para dar esta vez un sí conjunto, propio y voluntario al afán de ser “una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli”. Celebramos el proceso por el que Buenos Aires comienza a poner en común inteligencia, vidas y riquezas a disposición de aquel grito primero de libertad, y las restantes ciudades no escatiman luego sacrificios para lograr hacer común y cierto ese mismo grito y voluntad. Celebramos el proceso que va de un Cabildo municipal al Congreso de las Provincias Unidas; de Juan José Paso defendiendo el derecho de ciudades ausentes a “los representantes de las Provincias Unidas de Sud América, reunidas en el nombre y por la autoridad de los pueblos que representan”; de Cornelio Saavedra, Mariano Moreno y otros líderes porteños, a Francisco de Laprida, Gerónimo Salguero y muchos otros representantes provinciales.

Celebramos el proceso de seis años de gestación de la vida en común: fecundada en Buenos Aires y nacida en Tucumán. Si acordáramos que esto es así y llegáramos a instalarlo, y no como 2010 o 2016 por separado, podríamos también iniciar un proceso de acontecimientos y eventos celebratorios, desde culturales hasta de infraestructura pública, que nos ponga en mejor sintonía con lo acontecido y lo que queremos festejar. Procesos de investigación, estudio, obras y desarrollo que se inicien en 2010 con vistas a culminar en 2016. Porque celebrar el Bicentenario también debería ser un motivo de unión y conciliación, y no de mayor conflicto y desavenencia. Y que sea el Bicentenario 2010-16 es un buen símbolo para ello.

El autor es politólogo y secretario de Planeamiento de la provincia de Tucumán. Autor del libro ¿Unión o Secesión?.

Fuente: Revista Criterio + Imagen: Desmitificador Argentino