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El periodismo en su mínima expresión

In Derecho a Replica, Exclusivos, Tonti on 10 septiembre, 2010 at 10:05 AM

Por Danilo Tonti

Todo lo vigila y todo lo controla. Parece estar atento a todo y a todos. Es la voz que juzga y que denuncia; que da discursos éticos y moralistas. Es quien deja al descubierto y “desenmascara”. Está siempre, al salto, para vigilar, juzgar, premiar o castigar. Perfecto en mirar por la ventana, de los peores para enfrentarse a los espejos.

Vernos protagonistas de las acciones que denunciamos es demasiado incómodo y desacreditador. La imagen se desvanece ante la esencia y derrumba, con su fracaso, la choza que ilusoriamente aparentaba de castillo. La contradicción no perdona y regala sequía de credibilidad, que termina siendo letal.

El costo es demasiado alto; arriesgar no vale la pena. Ser coherentes con lo que decimos, pareciera que tampoco.

El periodismo está en crisis y busca reinventarse.

¡Qué bueno! ¡Busca reinventarse!, podríamos decir esperanzados. Pero sucede que el aviso de crisis fueron números en rojo, no una comunicación en decadencia. El clic, lejos de ser un servicio social olvidado, fue un balance absolutamente desequilibrado. Y lo peor, la pregunta nace desde una génesis deformada: ¿Cómo hacer para aumentar la tirada? Nunca para ajustar el servicio.

De entrada algo tiene que estar claro. Hablar en contra de ciertos medios no es sinónimo de hacer campaña oficial. Si hoy, a ciertos sectores le son funcionales dicotomías extremas y reduccionistas, no es nuestro problema, o por lo menos el mío.

Lejos de ir en contra de la libertad de prensa, la crítica libera el pensamiento y eso es el pilar de la libertad de opinión en todo sistema democrático. Aclaro, por las dudas.

La herramienta fundamental de la actividad periodística está en garantizar la pluralidad de voces, frase tan cliché en los últimos meses. Para eso, resulta necesario un posicionamiento profesional despojado de intereses tendenciosos que condicionen el proceso de búsqueda de la verdad. Por supuesto, interés siempre habrá. Pero en el momento en el que el interés por la verdad queda subsumido a intereses particulares, económicos por ejemplo, se corrompe el ciclo social y se altera -casi ineludiblemente- el producto comunicacional.

Así, la privatización monopólica de los medios de comunicación puede que no represente la garantía de un periodismo independiente comprometido con la verdad. De hecho, es imposible que así sea. Porque quien se llama Periodista entiende las consecuencias de una concentración mediática sujeta a una misma editorial.

Quien se llama Periodista comprende la importancia de la diversificación, no sólo de las voces, sino de los medios en donde aquellas voces hablan.

Muchos han sido los profesionales de la comunicación que han llenado minutos, horas, semanas de programación, hablando de la necesidad de tener pluralidad de voces, pronunciándose en contra de la Ley de Medios. Pero… ¿Cuán plural puede convertir a la comunicación una empresa con decenas de medios que machacan con las mismas ideas?

¿Cuánta pluralidad puede aportar un sistema de medios cuya lógica es la compra de la mayor cantidad de medios, a los fines de controlar la mayor cantidad de medios? ¿De qué pluralidad hablamos? Claro que, como dijimos, vernos protagonistas de las acciones que denunciamos es demasiado incómodo y desacreditador.

Ojo, ¿entonces los medios de estructura estatal garantizan un pleno ejercicio del periodismo y de la libertad de expresión? No, absolutamente no. Es tanto o más pernicioso que lo primero. Pero no me conformo con la ley del menos peor.

La creciente tensión entre el gobierno y Clarín no es un hecho menor. Habla de un proceso en el que los únicos que quedan a la deriva somos nosotros: los ciudadanos. En el medio de ese trajín, la imposibilidad de creer: la desconfianza y la sospecha. Y cuando la imposibilidad de creer asoma, la democracia está más en peligro que nunca.

Como dije, acá no hay lógica Hollywoodense, no está el “bueno” y el “malo”; no hay, por lo menos de mi parte, posicionamiento de tinte absolutista.

Pero, como periodista, me preocupa el periodismo en su imposibilidad de colocar a los hechos sobre el tamiz de la crítica profunda pero fundada, en donde no accionan condicionamientos de antemano. Me preocupa leer sabiendo lo que voy leer, ver sabiendo lo que voy a ver, escuchar sabiendo lo que me van a decir.

El periodismo que, evidenciado en su estructura, se predice a sí mismo, ha muerto como periodismo.

Algunos hechos rebosan las pantallas y las páginas, al tiempo que otros (la marcha por la ley de medios o la marcha 678 en Córdoba) quedan condenados a la ausencia mediática. El que discrimina hechos en función de posicionamientos, definitivamente, lejos está de hacer periodismo.

678 y el “periodismo político”

Quizás por los conflictos acaecidos en el seno de la opinión pública en el último tiempo, quizás por sus acciones de controversia, quizás porque, simplemente, se buscó que así sea… lo cierto es que el programa de la Televisión Pública (entiéndase Kirchnerista) ha ganado en notoriedad y en visibilidad.

Y me pregunto qué representa, a la luz de la comunicación, este fenómeno. En principio, la irrupción de un periodismo que, una vez más, reproduce fielmente la estructura que denuncia. Política viabilizada mediante la cámara, reincide en los mismos errores, cae en los mismos vicios.

Tal vez forme parte de esta típica viveza argentina: buscar los extremos, quedar en la crítica, reproducir más de lo mismo. Lo cierto es que, como periodismo, no tiene mucho que envidiar a aquellos medios monopólicos en cuanto a la mediocridad y a la carencia de -al menos un poco- objetividad y pluralidad.

Ahora, ¿hay algo de interesante en la llegada de 6/7/8 para alcanzar la magnitud que ha logrado? Sí, hay algo. De alguna manera, la concatenación de hechos polarizadores que se sucedieron en los últimos tiempos, posicionaron a los medios en un lugar en el que todo lo que se decía tenía que ver con lo mismo.

La irrupción del programa de la televisión pública significó, en ese contexto, una suerte de contrapeso en lo que a lo ideológico se refiere. Y miren a lo que hemos llegado: a la necesidad de sacar de los dos extremos un punto medio, siendo que el periodismo, en sí mismo, debería garantizar aquel punto medio.

Si me preguntan, hoy resulta imposible separar el periodismo de la política: desde los mismos medios se vela por ganar poder. El cuarto poder como agente de control quedó lejos, porque quien entra al juego deja entonces de controlarlo.

Al fin y al cabo, nadie es bueno para todo, eso está claro. Pero si hay algo en lo que todos podemos serlo es en el saber de que podemos ser mejores. Pero claro que para eso, en un acto de humildad mínima, es necesario reconocernos imperfectos e identificar falencias y desaciertos. Será cuestión de esperar el milagro y de, como comunicadores que somos, empezar a formar el cambio.

> Este autor es Columnista permanente de este Blog

Ser periodista hoy en mi país

In Derecho a Replica, Malas Viejas on 25 abril, 2010 at 11:52 AM

El oficio de periodista suele ser poco recomendable para la salud. No hablo de los riesgos que implica cada tarea, desde el que investiga el tráfico de drogas al que cubre una nación en guerra. No. Hablo de las repercusiones en el cuerpo de los cierres compulsivos, de la carrera contra el reloj, de la competencia por tener la mejor noticia, por la calidad de lo que se informa. Siempre hablando del periodismo en serio, claro. No del amarillo.

Ahora, en la Argentina la crispación y la violencia de “posibles grupos afines al Gobierno” como señaló el legislador oficialista Miguel Picheto, pretenden caer con violencia sobre aquellos periodistas que solemos observar con lupa o cuestionar muchos de los actos de los responsables del poder político. Durante años, desde el atril presidencial, como nunca, el matrimonio Kirchner apostó a condenar notas periodísticas y a sus autores. Se retiró toda la publicidad oficial de las publicaciones de la editorial Perfil. Luego vino, desde la rebelión del campo, la tremenda pelea entre la Casa Rosada-Olivos y el Grupo Clarin y el castigo a varios colegas de los diarios Perfil yLa Nación. Más tarde aparecieron programas de Televisión, amparados desde el Gobierno, que tienen como eje burlarse y enjuiciar a los periodistas que osan oponerse a disposiciones oficiales.

Pero la semana pasada se pasó a mayores. Afiches anónimos en el centro de la ciudad y en otras zonas buscaron injuriar a periodistas, con las fotos de sus rostros y sus nombres, vinculándolos por su relación laboral con el Grupo Clarín. En una manifestación de adhesión a la pronta aplicación de la Ley de Medios se insultó a lo largo de varias cuadras a Fernando Bravo. Hay antecedentes de este tipo de “escraches” contra Nelson Castro y Alfredo Leuco, periodistas de radio, televisión y columnistas del diario Perfil.

De inmediato la inefable dirigente de Madres de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini convocó a “juzgar” en la Plaza de Mayo la “complicidad” de algunos periodistas con la Dictadura Militar. Entre los mencionados por la Señora Bonafini figuraron Magdalena Ruiz Guiñazú y Joaquín Morales Solá. La señora Bonafini se propuso imitar los juicios al estilo de la Revolución del Librito Rojo de Mao (que buscaba reconquistar el poder del que había sido desplazado) en las décadas del sesenta y una pequeña parte de la del setenta.

Mencionar a Magdalena es un insulto. Porque tuvo el coraje de enfrentarse con los figurones de la Dictadura y luego formar parte de la CONADEP, responsable del libroNunca Más. Y sumar a ello el nombre de Joaquín es otra maldad, un apreciado colega, comprometido con los derechos humanos desde siempre. Nora Cortiñas, que está en otra agrupación enfrentada a la de la Señora Bonafini ha dado prueba de ello. Y hay muchísimos testimonios más.

Así nos va. Difícil oficio el de periodista en la Argentina, hoy.

Fuente: Diario Perfil Blogs

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Estoy en contra de los mega grupos de medios de Argentina y tantos otros países. Creo que en cierta parte coartan por momentos la libertar profesional de los periodistas y cumplen una función social que desvirtúa el espíritu de la comunicación periodística y se inclina hacia el chantaje empresarial en otros momentos.

Quiero decir que en Córdoba nadie puede negar el poder de La Voz del Interior y Cadena 3, como así tampoco se puede hacer la vista gorda a los movimientos editoriales que se hacen según anden las negociaciones comerciales o políticas. Eso no está bien. Y pasa en Jujuy con Pregón, en Salta con El Tribuno, en Tucumán con La Gaceta y ni hablar de casos como el de Mendoza donde un grupo es dueño de toda la oferta prácticamente. Pasa en todos lados, pero no está bien.

Aclarado esto, si bien no estoy a favor de los Grupos de Medios ilimitados, tampoco tolero la golpiza ideológica por parte del Estado. La persecución de quienes piensen diferente, cualquiera sean sus ideas, nos alejan de la democracia y nos acercan a una dictadura.

A continuación dos notas que reflejan el momento que vive el periodista. Si bien tengo muchas reservas para con Joaquin Morales Solá y Jorge Fontevecchia, reconozco que en este momento hay que defender la profesión de la persecución. Después discutimos el resto, primero la Democracia.

+ Somos boludos – Jorge Fontevecchia (Perfil)

+ Apuntes contra los periodistas – Joaquin Morales Solá (La Nación)

+ FOPEA > Mapa de Libertad de Prensa (agresiones a periodistas)