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Cumbre de Cancún: ¿qué representa para América Latina?

In Malas Viejas on 29 diciembre, 2010 at 7:27 AM

Uno detrás de otro, los delegados en la sesión plenaria final de la Cumbre de Cancún aclararon que el texto que se acordó está “lejos de ser perfecto”. Pero representa una buena base para avanzar hacia un pacto más profundo y legalmente vinculante.

En pocas palabras, el acuerdo evitó que se desmoronara el proceso multilateral sobre cambio climático. La sombra del colapso de las conversaciones sobre libre comercio en Cancún en 2003 pendía sobre esta conferencia. Nunca se recuperaron del todo.

El fracaso de las conversaciones sobre cambio climático hubiera sido un golpe para América Latina. Aunque la región es responsable solamente del 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, es y será particularmente vulnerable a los efectos del cambio climático. Varios informes difundidos en Cancún destacaron este punto una vez más.

Por ejemplo, un informe del Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidasmostró que el número de personas afectadas en la región por las temperaturas extremas, los incendios forestales, sequías, tormentas e inundaciones creció de 5 millones en los años ’70, a más de 40 millones desde el año 2000 al 2009.

Los modelos de cambio climático sugieren que el clima extremo empeorará en este siglo a menos que se reduzcan drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero.

Reducir las emisiones

El acuerdo no garantiza la reducción de emisiones que los científicos señalan como necesarias para evitar el peligroso cambio climático.

Sin embargo, sí acepta que el aumento de la temperatura global debe mantenerse por debajo del nivel de seguridad de 2 grados centígrados sobre los niveles preindustriales.

El acuerdo insta a los países desarrollados a “aumentar sus ambiciones” sobre el recorte de sus emisiones. Pero no detalla qué países reducirán sus emisiones, ni cuándo ni en cuánto.

Esto tendrá que ser discutido en reuniones posteriores. Incluso si los compromisos adquiridos por muchos países en los últimos doce meses fueran a ser formalmente aceptados, varios estudios afirman que no serán suficientes para mantener el aumento de las temperaturas por debajo de los 2 grados. Queda mucho camino por recorrer.

Financiamiento

El texto acordado también acepta formalmente en el proceso de la ONU lo que se acordó en Copenhagen sobre fondos para ayudar a los países en vías de desarrollo a adaptarse a los efectos del cambio climático.

A la suma de “alrededor de 30 mil millones de dólares” para el período 2010-2012 le seguirá la meta de movilizar 100 mil millones de dólares por año para 2020.

El principal problema para América Latina ha sido que este dinero estará destinado principalmente a los países en la primera línea del cambio climático, como países pobres de África y Asia y algunos estados constituidos en islas pequeñas.

De todas formas, Antonio Hill, un representante de Oxfam para América Latina, es optimista y cree que el establecimiento de un nuevo Fondo y Comité de Adaptación ayudará con financiamiento a los países latinoamericanos para adaptarse al cambio climático.

“El resultado de Cancún abre nuevas oportunidades para que los países de la región puedan acceder a los recursos financieros de la comunidad internacional”, dijo Hill.

Bosques

El principio de pagar a los países en desarrollo por no talar sus bosques también ha sido aceptado en el nuevo documento. Algunos detalles quedaron sin definirse, pero los países de América Latina con recursos forestales podrían verse beneficiados.

Brasil, Colombia, Ecuador, México y Perú fueron particularmente explícitos en este punto. Varias organizaciones no gubernamentales expresaron su apoyo a la inclusión de medidas para evitar la deforestación, aunque reconocieron tener algunas reservas.

Greenpeace describió estas medidas como “un gran paso para los bosques, pero es como un paso de borracho, ya que los países eligieron la ambigüedad antes que la claridad”.

Otros son más positivos. “Este acuerdo significa que los países de América Latina recibirán dinero por conservar sus recursos forestales en el futuro”, dijo John Lanchbery, el principal asesor sobre cambio climático de BirdLife International. “Bajo este texto hay salvaguardas firmes para los grupos indígenas y para la biodiversidad”.

Emisiones en América Latina

Varios países de la región habían anunciado previamente sus intenciones de reducir sus emisiones de gases con efecto invernadero.

México, Brasil y Costa Rica anunciaron ambiciosos planes de reducción. Costa Rica, por ejemplo, quiere ser libre de carbono para el año 2021. Colombia, Perú y Chile también se comprometieron a reducir sus emisiones con una variedad de métodos.

El acuerdo sugiere que las medidas para cortar las emisiones de gases contaminantes de los países en vías de desarrollo serán sometidas a la verificación internacional sólo cuando estén financiadas por dinero occidental –una fórmula que satisfizo tanto a China, que se había opuesto a tal control, como a Estados Unidos, que lo demandaba.

América Latina demostró estar profundamente dividida durante las negociaciones. Bolivia expresó su fuerte rechazo a los acuerdos, aunque no fue secundada por otros países del ALBA.

¿Más concientización?

México tuvo que jugar el papel de intermediario honesto. Brasil mira a los miembros de los países denominados BASIC (particularmente Sudáfrica, India y China) como el principal punto de referencia en las negociaciones.

Argentina es miembro del G-77, pero tiene una pequeña voz en comparación con su tamaño.

Muchos países latinoamericanos pertenecen ahora al grupo de Cartagena, que es percibido como un jugador importante. Chile, Colombia, Costa Rica, México, Panamá, Perú y Uruguay son miembros, junto a otros países de la región.

Sin embargo, el efecto más importante del acuerdo de Cancún podría residir en una mayor concientización en América Latina, según afirma Antonio Hill, de Oxfam.

“La mayor sensibilidad pública como consecuencia de la celebración del evento en México se suma a una mayor conciencia de la vulnerabilidad de la gran mayoría de la población regional frente al cambio climático”, concluye.

> Nota publicada por IARSE en su Boletín nº 191 + descargar

+ Leer “¿En dónde estamos? por George Blanco

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La democracia según Adam Przeworski

In Derecho a Replica on 21 diciembre, 2010 at 4:29 PM

Adam Przeworski nació en 1940 en Varsovia, Polonia, es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Nueva York y uno de los principales teóricos y analistas de la democracia de las sociedades.

Przeworski presentó en Argentina su último libro, Qué esperar de la democracia, en donde analiza las dificultades que tiene la democracia para promover la igualdad, la participación, el control de los gobiernos por los ciudadanos y la libertad. En 2010 se le otorgó el premio Johan Skytte Prize in Political Science, considerado como el Nobel en Ciencia Política.

En el prefacio de su último libro usted afirma que sin salarios decentes y sin ciertos niveles de educación mínima, la democracia no es posible. ¿Cuán extendido cree que está el fenómeno de las democracias sin ciudadanías efectivas?

Yo creo que es un fenómeno que nació en varios países con el sufragio universal. Antes de su implementación primaba la idea de que solamente podían votar los ciudadanos que eran capaces de ejercer sus derechos. Con el sufragio universal, ciudadanos que no estaban en condiciones de ejercer sus derechos entraron a la política. Cuando volvió la democracia en América Latina y en Europa del Este en los años 80, había mucho de esto y todavía existe. Sin embargo, creo que con el desarrollo de la democracia y el crecimiento político la situación mejoró considerablemente. La mayor paradoja se da en  los Estados Unidos, un país que tiene instituciones representativas hace 200 años pero en el que casi la mitad de su ciudadanía no vota, posee el grado más elevado de desigualdad, la mayor población carcelaria y la mayor penetración abierta del dinero en la política de todo el mundo desarrollado.

¿Qué expectativas realistas se pueden tener de la democracia?

No se puede esperar que la democracia produzca igualdad social y económica. No vamos a dejar de vivir en sociedades desiguales. En las sociedades capitalistas, los recursos y los ingresos los asigna principalmente el mercado. Entonces conviven la igualdad política con la desigualdad social y económica. Un segundo punto es que la gente siente  impotencia respecto de sus efectos en la participación política. La democracia es un mecanismo que trata a todos los participantes por igual. Pero cuando individuos desiguales son tratados en forma igualitaria, su influencia en las decisiones colectivas es desigual. Pensemos en un partido de básquetbol en el que un equipo está formado por jugadores de 1,90 y el otro por hombres de 1,50. Las reglas de juego son iguales para todos pero eso implica que el resultado dependerá de los recursos que cada equipo tenga.

¿Qué relación tienen las democracias contemporáneas con el dinero?

El impacto del dinero sobre la política es universal. Pero no sabemos cómo funciona y no sabemos cómo regularlo. Se sabe que los que ganan las elecciones obtienen más recursos que los que pierden. Sin embargo, ¿ganan porque tienen más dinero? ¿O el dinero sabe quién va a ganar y apoya al futuro ganador? Esto es difícil de determinar. Tampoco hay voluntad política de controlar esto, algo que es increíble ya que el dinero entra de manera abierta y obvia a la política. Y una vez que se instala, no hay manera de cambiar las cosas.

¿Qué piensa del fenómeno de los millonarios que incursionaron en la política? Casos como los de los presidentes Berlusconi o Piñera en Italia y Chile, o los de Macri y De Narváez en nuestro país.

Es algo muy llamativo porque parece obvio que esos candidatos apoyarán intereses particulares y no los de los votantes. Recordemos las administraciones de Cardoso o la de Lula. En un primer momento se dijo que Lula obtuvo dinero de una empresa de construcciones y fue un escándalo. Pero luego, sin embargo, la gente lo aceptó, lo toleró.  Pero el caso más emblemático es el de Estados Unidos, donde la ciudadanía tolera la influencia flagrante del dinero en la política.

Jaime Durán Barba, el reconocido asesor de políticos latinoamericanos, suele repetir que un candidato que quiere ganar elecciones debe transmitir básicamente sentimientos, emociones, pero no ideas. ¿Usted cree que hay un vaciamiento de pensamiento en la política?

Siempre lo hubo. Hay un gran pensador de la política inglesa que les dijo a los miembros del partido conservador: “No traten de convencerles, intégrenlos socialmente”. Los resultados son más efectivos que las ideas. Pocos piensan, en el fondo, que los argumentos son funcionales; otros apuestan por las campañas negativas.

A propósito de campañas negativas, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, autores que han sido escuchados por los Kirchner, creen que la confrontación es necesaria para que un gobierno avance. ¿Qué piensa usted al respecto?

Me sorprende mucho lo que ahora sostiene Ernesto porque hace 30 años decía todo lo contrario. Era completamente antipopulista. No entiendo qué es lo que reivindica; existe una contradicción en sus propios escritos. Las posiciones populistas son unitarias: el pueblo llama, el pueblo crea, todo se hace en nombre del pueblo. Para mí son argumentos antiguos, instrumentales.

Hans Kelsen afirmaba que una voluntad popular homogénea era una ilusión y que la política siempre implicaba negociación.

Vivimos en sociedades divididas pero no con conflictos entre el pueblo (los pobres) y la oligarquía. Los conflictos son muchos más complejos, más descentralizados. Hay conflictos políticos, distributivos, morales y todos ellos a la vez se cruzan. Una democracia debe administrar estos conflictos en libertad y en paz. Me dan miedo los discursos simplificadores.

Es común en las clasificaciones que suelen hacer los analistas políticos latinoamericanos que se divida a los presidentes de la región en dos grupos básicos. Por un lado, el que integran Chávez, Correa y Morales. Por otro, líderes muy distintos como  Piñera, Mujica, Alan García y Lula. ¿Dónde la colocaría usted a Cristina Kirchner?

Argentina tiene una tradición corporativista más fuerte que Chile o Brasil. Sin embargo, yo veo al kirchnerismo del lado de las democracias más liberales; del lado de Chile, Uruguay y Brasil. Las políticas sociales están siempre presentes, como ocurre con los planes que se distribuyen en la Argentina. Pero son muy parecidos a los de otros países. Yo veo al kirchnerismo más cerca de la derecha que de la izquierda.

Hace poco el parlamento argentino vivió un escándalo por una serie de denuncias por compra de votos, presiones y sobornos desde el Ejecutivo sobre muchos diputados. ¿Cuánto afecta este tipo de escándalos a una democracia?

Es raro que tuvieran que recurrir a algo tan burdo. El Ejecutivo siempre tiene instrumentos para hacer aprobar sus programas. Cardoso sabía cómo hacerlo en Brasil. De todos modos, creo que la corrupción provoca reacciones en la gente y debilita a la democracia. Lo que ocurre es que la combinación de desigualdad económica con un sistema político universalista genera desgaste político. También pensemos que algunas cosas que son legales en los Estados Unidos, las vinculadas al lobby, aquí serían un escándalo. Por ejemplo que una empresa escriba proyectos de ley y financie legisladores, acá sería un acto de corrupción.

> Leer Democracia y representación de Przeworski (PDF) Publicado en la Revista del CLAD Reforma y Democracia. No. 10 (Feb. 1998). Caracas.

‘Nobel’ en Ciencia Política 2010 en Crítica Ácida

Fuente: La Gaceta

Entrevista de Mario Vargas Llosa a Gabriel García Márquez

In Paladar mostaza on 12 diciembre, 2010 at 1:05 PM

“¿Para qué crees que sirves tú como escritor?”, preguntó Mario Vargas Llosa. “Tengo la impresión de que empecé a ser escritor cuando me di cuenta de que no servía para nada”, contestó Gabriel García Márquez. ”Ahora, no sé si desgraciada o afortunadamente, creo que es una función subversiva ¿verdad? en el sentido de que no conozco ninguna buena literatura que sirva para exaltar valores establecidos…”, agregó.

Así empezó el diálogo sobre “La novela en América Latina”, durante las mañanas primaverales del 5 y 7 de setiembre de 1967 en la Facultad de Arquitectura de la UNI, Perú. Ambos notables novelistas que décadas después serían consagrados con el Premio Nobel de Literatura (Gabo en 1982 y Mario en el 2010), todavía eran amigos. Aquí algunos fragmentos de esa conversación.

Resortes literarios

VLL. ¿Esa inconformidad que expande la literatura en el ámbito social puede ser prevista, calculada por el escritor cuando su libro llegue a sus lectores…?

GM. No. Creo que si eso es previsto, que si es deliberada la fuerza, la función deliberada del libro que se está escribiendo, desde ese momento ya el libro es malo. Pero antes quiero establecer esto: cuando aquí decimos escritor, cuando decimos literatura, nos estamos refiriendo a novelistas y a la novela, porque de otro modo podría prestarse a malas interpretaciones… Creo que el escritor siempre está en conflicto con la sociedad…

VLL.¿Qué otros factores serían los preponderantes, qué elementos determinarían la realidad de la obra literaria?

GM. A mí lo único que me interesa en el momento de escribir una historia es si la idea de esa historia pueda gustar al lector y que yo esté totalmente de acuerdo con esa historia… Precisamente estoy preparando la historia de un dictador imaginario que se supone es latinoamericano y tiene 182 años… Lo que quiero en este caso, es expresar que en la inmensa soledad del poder no hay arquetipo mejor que el del dictador latinoamericano que es el gran monstruo mitológico de nuestra historia.

La soledad

VLL. Una pregunta más personal… porque al hablar de la soledad yo recordaba que es un tema constante en todos tus libros, inclusive el último se llama, precisamente, “Cien años de soledad”, y es curioso, porque tus libros siempre están muy poblados o son muy populosos…

GM. En realidad no conozco a nadie que en cierta medida no se sienta solo. Este es el significado de la soledad que a mí me interesa. Temo que esto sea metafísico y que sea reaccionario y que parezca todo lo contrario de lo que yo soy, de lo que yo quiero ser en realidad, pero creo que el hombre está completamente solo. Creo que es parte esencial de la naturaleza…

VLL. Quisiera que nos hablaras de este elemento que diríamos cultural, ¿qué lecturas influyeron mayormente en ti cuando escribiste tus libros?

GM. Yo conozco mucho a Vargas Llosa y sé dónde está tratando de llevarme. Quiere que le diga que todo esto viene de la novela de caballería. Y en cierto modo tiene razón. Uno de mis libros favoritos que sigo leyendo es el “Amadis de Gaula” y creo que es uno de los grandes libros que se han escrito en la historia de la humanidad, a pesar de que Mario Vargas Llosa cree que es el “Tirante el Blanco”… Toda esta libertad narrativa desapareció con la novela de caballería, en la que se encontraban cosas tan extraordinarias como la que encontramos ahora en América Latina todos los días. Las relaciones entre la realidad de América Latina y la novela de caballerías son tan grandes…

VLL. Tal vez podrías llegar a hablarnos del realismo en la literatura, cuáles son los límites del realismo y, ante un libro como el tuyo, donde ocurren cosas muy reales, muy verosímiles junto a cosas aparentemente irreales, como esa de la muchacha que sube al cielo en cuerpo y alma, o un hombre que promueve treinta y dos guerras, lo derrotan en todas y sale ileso de ellas… ¿Tú crees que eres un escritor realista, o un escritor fantástico o crees que no se puede hacer esta distinción?

GM. No. No. Yo creo que particularmente en “Cien años de soledad”, soy un escritor realista, porque creo que en América Latina todo es posible, todo es real. Creo que tenemos que trabajar en la investigación del lenguaje y de formas técnicas del relato, a fin de que toda fantástica realidad latinoamericana forme parte de nuestros libros… Asumir nuestra realidad, que es una forma de realidad, puede dar algo nuevo a la literatura universal…

La explotación colonial

VLL. Hay un capítulo en donde yo creo que tú has descrito con gran maestría el problema de la explotación colonial de América Latina. A mí me gustaría que lo explicaras de alguna manera.

GM. La historia de Macondo y las bananeras es totalmente real. Lo que pasa es que hay un raro destino en la realidad latinoamericana, inclusive en casos como el de las bananeras que son dolorosos, tan duros, que tienden, de todas maneras, a convertirse en fantasmas. Con la compañía bananera empezó a llegar a ese pueblo gente de todo el mundo y era muy extraño porque en este pueblito de la costa atlántica de Colombia, hubo un momento en el que se hablaba todos los idiomas. La gente no se entendía entre sí; y había tal prosperidad, es decir, lo que entendían por prosperidad, que se quemaban billetes bailando la cumbia… Los trabajadores que reclamaron pagos en dinero y no en bonos y lo que pasó fue que el Ejército rodeó a los trabajadores en la estación y les dieron cinco minutos para retirarse. No se retiró nadie y los masacraron…

Periodismo y literatura

VLL. ¿Por qué no nos cuentas cómo conciliaste la actividad periodística con la actividad literaria, antes de escribir “Cien años de soledad”? ¿Crees que estas actividades paralelas dificultaban el ejercicio de tu vocación…?

GM. Mira, durante mucho tiempo creí que la ayudaban, pero en realidad todo dificulta al escritor, toda actividad secundaria. Yo no estoy de acuerdo con lo que se decía antes: que el escritor tenía que estar en la miseria para ser mejor escritor. Yo creo de veras que el escritor escribe mucho mejor si tiene sus problemas domésticos y económicos resueltos, y que mientras mejor salud tenga y mejor estén sus hijos y mejor esté su mujer, dentro de los niveles modestos en que nos podemos mover los escritores, siempre escribirán mejor. […]

Pero tú y Cortázar y Fuentes y Carpentier y otros, están demostrando, con veinte años de trabajo, de romperse el cuero, como se dice, que los lectores terminan respondiendo. Estamos tratando de demostrar que en la América Latina los escritores podemos vivir de los lectores, que es la única subvención que podemos aceptar.

Fuente: El Comercio

Cómo se escribe un diario según Miguel Bastenier

In Malas Viejas, Paladar mostaza on 3 noviembre, 2010 at 11:01 AM

El libro Cómo se escribe un diario está basado en la experiencia de Miguel Ángel Bastenier como maestro de los talleres que por más de diez años ha dictado en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). En él busca el chip colonial de los productos editoriales que se enfrentan a una serie de problemas que padecemos en la región, aunque también destaca dotes que vuelven únicas las producciones de la región.

“Cuando digo que los ingleses (y los anglosajones, en general,) ‘no saben hacer mal los periódicos’ quiero decir que desde que el mundo es mundo y la Revolución Industrial su profeta, los hijos de la Pérfida (pero sabia) Albión han leído periódicos técnicamente bien hechos y carecen por ello, como sí nos ocurre a nosotros los latinos, de los conocimientos necesarios para hacerlo mal”.

En torno a esto Bastenier menciona que el chip colonial, es una especie de virus dejado por los españoles de engolamiento, verbosidad, pompa, administrativismo que era el lenguaje oficial en Las Indias. Eso es lo que vive aún en el periodismo y que según el autor, se propaga a la velocidad de la enseñanza escolar deficiente, de la carencia de libros en el hogar, y de “la corbata de la auto-importancia que se pone el periodista latinoamericano para sentarse a llenar de ruedas de prensa su periódico”.

Cómo se escribe un diario es periodismo puro y duro, para asentar conocimientos tanto en jóvenes reporteros como en periodistas y editores de medios de América Latina y España. Empieza con una declaración: la primera fidelidad del periodista hispanoamericano debe ser su lengua, el español.

Con el chip colonial, o “el síndrome de la compilación“, Bastenier expone su teoría sobre los problemas del periodismo latinoamericano y da soluciones a sus distintas manifestaciones, como la declaracionitis, la fiebre por llenar párrafos con declaraciones innecesarias. También muestra ejemplos de buen periodismo en una antología ilustrativa de crónicas, entrevistas y reportajes publicados en diversos diarios del continente.

“Si es verdad que los latinos hasta no hace mucho teníamos todo en contra para hacer buenos periódicos, porque desconocíamos de una manera cotidiana y natural su existencia, Internet puede cambiarlo todo”. De esta manera puede mostrar a sus alumnos como se utilizan diferentes herramientas en redacciones de todo el mundo.

Lo que indica es:

  • No hacer prólogos a la información.
  • Desechar cuando no se sabe cómo manejarlo el llamado ‘lead retardado’ y volver al sólido sujeto-verbo-predicado.
  • No confundir interpretación (por qué pasan las cosas que pasan) con opinión (lo que me gusta o no que pase)
  • Soltar lastre a medida que la información avanza ( no repetir cada vez el nombre completo de cada cosa, sino aludir simplemente de la manera más sintética a quien o que corresponda)
  • Hacer que el marciano de marras entienda todo lo que se escriba en el periódico.
  • No dejar cabos sueltos, o expectativas de información no satisfechas.
  • No dejar nunca de consignar cuándo y dónde ocurren las cosas.

Asegura que estos detalles “no preocupan a los ingleses porque llevan en la masa de la sangre no saber hacerlo de otra manera que respondiendo automáticamente a todas esas situaciones”, pero en el caso de los latinoamericanos que han leído periódicos mal hechos toda su vida están condenado a repetir profesionalmente lo que han visto: hacer malos periódicos.

Al final, ofrece veinte condiciones para ser buen periodista y recrea un debate sobre la profesión con figuras del periodismo en América Latina. Cómo se escribe un periódico hace parte de la Colección Nuevo Periodismo, creada por el Fondo de Cultura Económica y la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, presidida por Gabriel García Márquez.

Fuente: FNPI

La revolución del Presidente Lula en Brasil

In Derecho a Replica on 3 octubre, 2010 at 6:58 PM

Con una historia de vida de película, llegó a la Presidencia sin gestión previa y siendo una incógnita. Al llegar a ser Presidente de Brasil las dudas sobre él eran tantas como hoy su alta imagen positiva. Carismático, con espíritu obrero y visión de estadista, Luiz Inácio Lula da Silva será sucedido en su cargo y habrá dejado una importante huella en la historia.

Lula deja la Presidencia de Brasil tras 8 años de logros.

En una entrevista concedida en vísperas de las Elecciones Presidenciales, explicaba como reforzar la democracia en América latina, será parte de la agenda política del futuro. “En la Presidencia lo primero que aprendemos es a gobernar” cuenta Lula acerca del paso de la oposición al oficialismo ya que gobernar “es una eterna toma de decisiones”.

Luiz Inácio da Silva nació el 27 de octubre de 1945, en el pequeño pueblo de Caetés, estado de Pernambuco, en una familia de labradores. Tiene siete hermanos: cuatro hombres y tres mujeres, él es el séptimo. Muy poco después de nacer, su padre se mudó a São Paulo, para trabajar como estibador en el puerto de Santos.

En esa ciudad, Lula comenzó trabajando a los doce años como limpiabotas, más tarde consiguió un trabajo mejor como ayudante en una tintorería, y también trabajo vendiendo tapioca y frutas tropicales en la calle. A los catorce años consiguió un puesto en una metalúrgica, donde trabajaba doce horas diarias.

De igual forma se hizo de tiempo para realizar un curso de tornero mecánico de tres años impartido por el Servicio Nacional de Industria (SENAI), dicho curso lo terminó en 1963. Cuando se encontraba el quinto curso, abandona la escuela, al presentar un expediente académico poco prometedor.

El carisma como su insignia

Después de casi ocho años de gobierno, Lula asegura que en gestión aprendió como gastar desde el Estado y que un constante proceso el rol del pueblo también fue fundamental para enseñarle.

“Pasar por la Presidencia, enfrentar las adversidades que enfrentamos nosotros y llegar al final del segundo mandato con esta buena situación de hoy es algo que logramos porque practicamos intensamente el ejercicio democrático. Convocamos a 72 audiencias nacionales sobre todos los temas, desde la seguridad pública a la comunicación, pasando por la discapacidad. Todas las políticas que implementamos fueron resultado de audiencias. El pueblo participó activamente de las decisiones y de las políticas públicas. Ese es el cambio fundamental. Cuando llegué, en 2003, en el Ministerio de Transportes se gastaban mil millones de reales por año. Hoy gastamos 1,6 mil millones de reales por mes. O sea que aprendimos a gastar y aprendimos a hacer obras”.

En su historia política guarda las derrotas estatales en São Paulo y un par de elecciones presidenciales en las que no pudo vencer. Finalmente, el 27 de octubre de 2002, Lula fue electo presidente, derrotando al delfín de Cardoso, José Serra del PSDB. “Y yo, que durante tantas veces fui acusado de no tener un título universitario, consigo mi primer diploma, el título de presidente de la República de mí país”.

Construyó su poder a fuerza de carisma internacional, justicia social interna y visión económica que hoy hacen de Brasil la 8va economía del mundo. Nada hubiera sido posible sin su visión madura, amplia y superadora del escenario político.

“Tengo una tesis que vale tanto para la prensa como para nuestra conducta cotidiana: si todos los días alguien está a favor del gobierno, perderá credibilidad. Pero también la perderá si todos los días está en contra. Los dos extremos son malos. Hay que hablar de las cosas buenas del gobierno cuando suceden. Entonces, cuando se hable de las cosas malas, la credibilidad estará intacta. Eso es lo que desarrollaría y consolidaría la libertad de comunicación en el país: el compromiso sólo con la verdad y nada más que con la verdad, le duela a quien le duela”.

PetroBras fue pilar de su plataforma política y económica.

Lula califica como una revolución sus dos mandatos y ocho años de gobierno. “Sacamos a 27 millones que estaban por debajo de la línea de pobreza absoluta y al mismo tiempo llevamos 36 millones de personas a convertirse en parte de la clase media. No es poca cosa. Generamos 15 millones de empleos”.

En 2005 su gestión se vio salpicada por escándalos de corrupción de su partido, que recibió el nombre de Mensalón o escándalo de las mensualidades. El caso fue que el diputado federal y presidente del Partido Laborista Brasileño (PTB), Roberto Jefferson, denunció que el tesorero del Partido de los Trabajadores (PT, de Lula), Delúbio Soares, pagaba jugosas mensualidades a diputados del PTB para que votaran según la orientación del bloque oficialista.

El escándalo tuvo múltiples ramificaciones e involucró no sólo a dirigentes históricos del PT, sino varios niveles del Ejecutivo federal y se extendió a todos los grandes partidos. Sin embargo Lula logró salir airoso de esta crisis y su partido aceptó formalmente que fuera su candidato en busca de la reelección.

+ Entrevista completa

Mas allá de Ecuador y el caso Correa

In Derecho a Replica, Exclusivos, Jorge on 3 octubre, 2010 at 10:15 AM

Por Santiago Jorge

Todavía no sabemos si lo sucedido en Ecuador ésta semana fue un frustrado golpe de estado, una situación de anarquía en las fuerzas policiales sin ningún tipo de conspiración política ó una exageración del Gobierno Ecuatoriano para salir bien parado.

Si hemos visto las reacciones, tanto de Mandatarios como de ciudadanos de todo el continente: ganó ampliamente la democracia y el respeto al orden constituido.

Sorprendió la agilidad con que los Presidentes americanos se reunieron y repudiaron juntos la sublevación en Quito, demostrando integración regional y gran cooperación ante los fantasmas de la inestabilidad política tan propia de nuestras tierras.

Podría sentarse un precedente en cuanto a forma de actuar ante hechos como éste, un Gobierno sin reconocimiento por sus pares, sin poder comercializar con sus vecinos y con sus fronteras cerradas, no tendría más salida que convocar a elecciones y que el pueblo soberano elija sus autoridades.

En las calles y redes sociales también se hizo sentir el apoyo hacia la institucionalidad, más allá de ideologías ó estar de acuerdo o no con la política desarrollada por el Presidente Rafael Correa. La consigna fue clara: nadie quiere saber nada sobre derrocamientos a Gobiernos constitucionales.

Es que un grupo de personas que toma el poder por la fuerza y sin respetar la ley, puede hacer con nuestros derechos y garantías exactamente lo mismo, es decir, avasallarlos y aniquilarlos sin ningún impedimento.

Todos conocemos la triste historia Latinoamérica de arribar al poder por vías de hecho, sus consecuencias se proyectaron hasta nuestros días (juicios, apropiaciones ilegales). A una generación entera le cuesta olvidarse y aún seguimos hablando sobre aquellos años, basta abrir cualquier diario Argentino y sin excepción, alguna línea nombrará a los “setenta”.

Muchos tuvimos la suerte de nacer, crecer, estudiar y formarnos en democracia, creo que en Argentina esta muy fortalecida, hemos madurado mucho en ese sentido; pero ésta es incipiente en nuestro continente, sobre todo en los países menos desarrollados. Recordamos lo sucedido en Honduras, y hasta el mismo Ecuador desde el año 1996 a la fecha ha tenido 10 presidentes (2 militares incluidos).

Los gobiernos y gobernantes salen del pueblo, son su reflejo, la sociedad los engendra y los elige. Con el sufragio otorgamos y quitamos al mismo tiempo el mandato público, pero a veces no alcanza, se requiere participación ciudadana en las vida pública, ya sea para controlar ó para ser parte activa de la misma.

Se necesita el respeto mutuo entre las plurales voces políticas, se tiene que creer y confiar en las instituciones, con sus tiempos y modos. De ese modo construiremos y consolidaremos nuestra Democracia.

De izquierda a derecha, los presidentes de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), de Uruguay José Mujica; de Chile, Sebastián Piñera, el secretario general de Unasur, Néstor Kirchner; la mandataria de Argentina, Cristina Fernández; de Bolivia, Evo Morales y de Perú, Alan García, durante la apertura de la reunión de urgencia de Unasur para evaluar la crisis en Ecuador. EFE/Cézaro De Luca

Este autor es Columnista permanente de este Blog

+ ¿Golpe o no golpe?

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