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Los ciudadanos de Islandia dan una lección al mundo

In Derecho a Replica on 12 marzo, 2011 at 5:20 PM

Las crisis se viven y afrontan de diferentes formas en cada país. Llegan por razones y circunstancias variadas y seguramente se irán logrando nuevas soluciones. “Para el futuro de la democracia“, me decía un amigo europeo, “lo mejor sería que el poder vuelva realmente a los ciudadanos. Y que los gobiernos y políticos se den cuenta de que ese proceso ha comenzado”. Estas palabras resonaban cuando sucedió lo de Egipto y ahora vuelven a mi por el caso de Islandia. Conócelo.

Si alguien cree que no hay censura en la actualidad, que me diga si así como se ha sabido todo lo que pasa en Egipto, porque los periódicos no han dicho nada de nada sobre lo que pasa en Islandia:

En Islandia, el pueblo ha hecho dimitir a un gobierno al completo, se nacionalizaron los principales bancos, se decidió no pagar la deuda que estos han creado con Gran Bretaña y Holanda a causa de su mala política financiera y se acaba de crear una asamblea popular para reescribir su constitución.

Y todo ello de forma pacífica. Toda una revolución contra el poder que nos ha conducido hasta la crisis actual.

He aquí, por qué no se han dado a conocer hechos durante dos años :

¿Qué pasaría si el resto de ciudadanos europeos tomaran ejemplo?

Esta es, brevemente, la historia de los hechos:

2008. Se nacionaliza el principal banco del país. La moneda se desploma, la bolsa suspende su actividad. El país está en bancarrota.

2009. Las protestas ciudadanas frente al parlamento logran que se convoquen elecciones anticipadas y provocan la dimisión del Primer Ministro, y de todo su gobierno en bloque. Continúa la pésima situación económica del país.

Mediante una ley se propone la devolución de la deuda a GB y Holanda mediante el pago de 3.500 millones de euros, suma que pagarán todos las familias islandesas mensualmente durante los próximos 15 años al 5,5% de interés.

2010. La gente se vuelve a echar a la calle y solicita someter la ley a referéndum.

En enero de 2010 el Presidente, se niega a ratificarla y anuncia que habrá consulta popular.

En marzo se celebra el referéndum y el NO al pago de la deuda arrasa con un 93% de los votos.

A todo esto, el gobierno ha iniciado una investigación para dirimir jurídicamente las responsabilidades de la crisis. Comienzan las detenciones de varios banqueros y altos ejecutivos. La Interpol dicta una orden, y todos los banqueros implicados, abandonan el país.

En este contexto de crisis, se elige una asamblea para redactar una nueva constitución que recoja las lecciones aprendidas de la crisis y que sustituya a la actual, una copia de la constitución danesa.

Para ello, se recurre directamente al pueblo soberano. Se eligen 25 ciudadanos sin filiación política de los 522 que se han presentado a las candidaturas, para lo cual sólo era necesario ser mayor de edad y tener el apoyo de 30 personas.

La asamblea constitucional comenzó su trabajo en febrero de 2011 y presentará un proyecto de carta magna a partir de las recomendaciones consensuadas en distintas asambleas que se celebrarán por todo el país.

Deberá ser aprobada por el actual Parlamento y por el que se constituya tras las próximas elecciones legislativas.

Esta es la breve historia de la Revolución Islandesa: dimisión de todo un gobierno en bloque, nacionalización de la banca, referéndum para que el pueblo decida sobre las decisiones económicas trascendentales, encarcelación de responsables de la crisis y reescritura de la constitución por los ciudadanos.

¿Se nos ha hablado de esto en los medios de comunicación europeos?

¿Se ha comentado en las tertulias políticas radiofónicas?

¿Se han visto imágenes de los hechos por la TV? Claro que no.

El pueblo islandés ha sabido dar una lección a toda Europa, plantándole cara al sistema y dando una lección de democracia al resto del mundo.

Original en Facebook de Pedro Rozas Terrados.
Visto en JivaBlog

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Periodista pasante en crisis

In Malas Viejas on 3 diciembre, 2010 at 2:28 PM

El periodismo es una profesión de riesgo. El mayor de ellos es el de morirse de hambre. Suele el común general idealizar al periodista como una especie de Superman quijotesco de las libertades, siempre dispuesto a desfacer entuertos, defender al menesteroso frente al potentado, y sacar brillo a la verdad con las teclas de su portátil. Y desconoce que la principal preocupación del periodista moderno es llegar a fin de mes.

Dice Enric González, el mejor columnista de la prensa española, que la creciente precariedad del periodista no es ni más ni menos grave que la de cualquier otro oficio, dígase albañil o corredor de seguros, con la diferencia que solo el informador tiene al alcance papel de prensa u ondas hercianas para contarlo.

No seré yo quien le lleve la contraria al gran Enric. Tan solo haré la salvedad de que el reportero, por razón de su profesión, se codea cotidianamente con jerarcas, sean políticos, jueces o directivos de empresas. ¿Cómo no le va a temblar el pulso al humilde tribulete que lleva una dieta rica en chóped y es incondicional del Lidl y del Ikea al preguntar por sus chanchullos al cacique político de turno o al ejecutivo millonario que le convoca en el Ritz y le agasaja con percebes de Roncudo?

Claro que la crisis golpea por igual a los de abajo, pero el operario de la cadena de montaje no come con el dueño de la General Motors (ahora creo que es Obama) que le cierra la planta. Sufre con los suyos la desgracia y tiene a salvo su identidad de clase.

La dicotomía de saberse generalmente miserable en lo personal mientras a cada rato charla o almuerza con la élite que gobierna el mundo le crea al periodista una zozobra existencial. Ser un pobre diablo y tener la necesidad deontológica de sentirse influyente conduce a una paradoja sobre el poder casi tan irresoluble como a la que llegaron los escolásticos al plantearse la omnipotencia de Dios. Se dijeron que ya que Dios lo podía todo, podría crear una piedra tan grande que ni Él mismo pudiera levantar. Ahora bien, al no poder alzarla dejaría de ser omnipotente.

La justificación del periodismo es ser un contrapoder frente a los que tienen realmente el poder. Pero ¿cómo hacerlo estando en la base de la jerarquía social y laboral, despreciado cuando no vapuleado por la opinión pública por la que se quiere velar?

Con todo, el mileurismo no es la principal singularidad del periodismo moderno. La sustancial es que la mercancía con la que trabaja, la noticia, ha dejado de tener valor y está al alcance de todos. Le llaman periodismo ciudadano. Y consiste en que cualquier hijo de vecino con un móvil con cámara de más de tres megapíxeles puede convertirse en reportero estrella. Graba el vídeo o la foto y lo sube a YouTube. Si encima lotwittea puede aspirar al Pulitzer. De esta forma, se ponen a la misma altura las matanzas de la revuelta iraní y los vídeos de primera de la despedida de soltero del cuñado.

Antes el periodista era celoso de su primicia, su razón de ser. Tal era la ansiedad por alcanzarla que cuando no existía, se la inventaba. El británico Evelyn Waugh escribió en 1938 ¡Noticia bomba!, una deliciosa novela en la que un grupo de periodistas, tan borrachines como escépticos, son enviados a cubrir un conflicto en un país africano y, como allí no pasa nada, se dedican a inventarse noticias sobre una presunta revolución, rivalizando en disparates para ganarse el favor de lectores y editores.

Waugh no podría ya escribir su novela. Primero porque la CNN se haría con la exclusiva. Pero sobre todo porque las grandes noticias ya no se las inventan los periodistas, sino los gobernantes. Que se lo digan si no al trío Bush, Blair y Aznar con aquellas terroríficas armas químicas de destrucción masiva que resultaron ser polvitos de Ariel con Actilift y provocaron la invasión de Irak. Y no digamos de la crisis que nunca existió para Zapatero. O las que están ahora tan de moda: lo peor de la recesión ha pasado ya y los bancos gozan de buena salud.

Menos mal que la profesión es cada vez más saludable. Ya no hay una botella de whisky escondida en el cajón y mucho menos esos purazos de humo pestilente que se fumaban nuestros predecesores para celebrar una buena exclusiva. El nuevo periodista está abonado a la manzana (Apple, en inglés) y al Aquarius. De hecho, yo les llamoperiodistas Aquarius. Son amables con el poder, sus preguntas nunca incomodan y sus crónicas suelen tener la misma fuerza que la bebida isotónica. A veces hasta aplauden al final de las intervenciones.

Hay un escalón por debajo. El del periodista figurante, ese que va a las ruedas de prensa donde no se admiten preguntas. Viéndoles ahí, rodeando el atril desde donde suelta su perorata el político, me recuerdan a esos muñeco-tes de latón que les ponen a los futbolistas en los entrenamientos para ensayar las faltas. ¿Se imaginan que a los abogados se les prohibiera hablar en el juicio en defensa de sus clientes?

Los métodos de trabajo también han cambiado. Decía mi primer redactor jefe que el periodista siempre tiene que tener las dos manos ocupadas. La una en el teléfono, y la otra con el boli (él tenía siempre las suyas en el whisky y en el puro). Al reportero moderno ya solo le hace falta una mano: con la que maneja el ratón o twittea con el móvil. Las primicias no se las aportan las fuentes sino Google (aunque etimológicamente eso sea imposible, puesto que si ya están ahí, son primicias de otros) y las crónicas no se escriben, se twittean. Y es que ya no se buscan lectores sino seguidores.

Ese periodismo epiléptico de corta y pega en 140 caracteres me remite a la reciente declaración de principios de Calamaro acerca de Twitter (la encontrarán aquí). Ahora bien, a diferencia del cantante, que presume de llevar codeándose décadas con la élite del rock, yo no soy más que un periodista del montón y un paseante. Así que me voy con mi crisis a otra parte.

Fuente: El País

Después de tanto y a pesar de todo España Campeón

In B. Rivas, Exclusivos on 16 julio, 2010 at 12:57 AM

Por Alvaro Bohórquez Rivas

Desde España

Casi un siglo, 80 años para se exactos es lo que ha tardado España en bordar su primera estrella sobre el escudo de su selección absoluta de fútbol.

Valió la espera

En categorías inferiores se suele ganar algún que otro título, en otros deportes España es una potencia mundial. Tenis, a pesar del varapalo de la Davis de este año, baloncesto (campeones del Mundo y de Europa), ciclismo (Contador máximo favorito y ganador de dos Tours de Francia, un Giro de Italia, una Vuelta a España y  Samuel Sánchez oro olímpico en Ruta), motociclismo y en otros deportes.

Sólo faltaba el rey, la absoluta, la Roja ganando un Mundial y después de ocho décadas lo han conseguido, el 11 de julio, en Johanesburgo, España entró en los anales de la Historia, en el G-8 de campeones junto con Brasil, Italia, Alemania, Argentina, Uruguay, Inglaterra y Francia.

España entera lo vivió  como una fiesta, una gran final. Después del juego desplegado por el combinado nacional ante Alemania, jugábamos como favoritos y a pesar de las patadas y los golpes holandeses, España se hizo con la victoria.

Se festejó en todo el país

Y a pesar de no vivir cerca de la capital, de estar en una zona conflictiva en cuanto a la identidad nacional, todo el mundo estaba contento, feliz, irradiaba una luz especial.

Es cierto que el país está sumido en la crisis, que son 5 millones de personas sin empleo, pero durante unos días, puede que meses, eso no importará tanto, porque el deporte ha cambiado la cara, ha cambiado a la gente, el país irá mal, pero al menos podemos decir que somos el país que mejor juega al fútbol.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

Cobrar al pueblo la crisis de los banqueros

In Malas Viejas on 10 julio, 2010 at 12:55 PM

Enfrentados por los efectos de una crisis creada por los estratos más acaudalados, los del G-20 decidieron pasarles la factura a los más pobres y vulnerables.

Durante la cumbre del grupo de los 20 países más desarrollados (G-20), celebrada en Toronto, mi ciudad se sintió como el escenario de un crimen. Y los criminales se están fundiendo con la noche, huyendo de la escena.

No, no estoy hablando de los chicos de negro que rompieron ventanas e incendiaron patrullas policiales. Estoy hablando de los jefes de Estado que destruyeron las redes sociales de seguridad social y quemaron buenos empleos en medio de una recesión.

Enfrentados por los efectos de una crisis creada por los estratos más acaudalados y privilegiados, decidieron pasarles la factura a los habitantes más pobres y vulnerables de sus países.

De qué otra forma podemos interpretar el comunicado final del G-20, que no incluye siquiera un mísero impuesto sobre los bancos o las transacciones financieras, pero dice a los gobiernos que recorten sus déficits a la mitad para 2013.

Ajustes y más ajustes.

Se trata de un recorte enorme e impactante y debemos ser muy claros en cuanto a quién pagará el precio: estudiantes que verán un deterioro adicional en su educación pública, mientras sus cuotas de los colegios aumentan; jubilados que perderán sus beneficios duramente ganados; trabajadores del sector público cuyos empleos serán eliminados. Y la lista continúa.

Ese tipo de recortes ya empezaron en muchos países del G-20, y están a punto de empeorar. Reducir a la mitad, por ejemplo, el déficit proyectado de Estados Unidos -de no imponerse un aumento impositivo sustancial- significaría un ajuste fenomenal de unos 780 mil millones de dólares.

Los recortes están ocurriendo por una sencilla razón. Cuando el G-20 se reunió en Londres en 2009, en el peor momento de la crisis financiera, los líderes no lograron unirse para regular el sector financiero con el fin de que este tipo de crisis no vuelva a ocurrir.

Todo lo que recibimos fue una retórica vacía y un acuerdo de poner miles de millones de dólares de recursos públicos sobre la mesa para reforzar a los bancos. En tanto, el gobierno estadounidense hizo poco para que la gente pudiera conservar sus empleos y viviendas, así que además de causar una hemorragia de dinero público para rescatar a los bancos, la base fiscal se colapsó y creó una crisis totalmente previsible de deuda y déficit.

El primer ministro de Canadá, Stephen Harper, convenció a sus colegas de que simplemente no sería justo castigar a las entidades financieras que se portaron bien y no crearon la crisis, pese al hecho de que los bancos de Canadá, muy bien protegidos, son rentables y podrían absorber con facilidad un impuesto.

Sin embargo, esos líderes no tuvieron tales preocupaciones acerca de la justicia cuando decidieron castigar a individuos inocentes por una crisis provocada por los operadores bursátiles de derivados, y los reguladores ausentes.

Cómo nació el G-20.

La semana pasada, The Globe and Mail, de Toronto, publicó un artículo fascinante acerca de los orígenes del G-20. La idea fue concebida durante una reunión en 1999 del ministro de Finanzas de Canadá, Paul Martin, y su colega de Estados Unidos, Laurence Summers.

Los dos hombres deseaban expandir el Grupo de los 7 (G-7), pero sólo a países considerados estratégicos y seguros. Necesitaban hacer una lista y, al parecer, no tenían papel a la mano. Así que, relatan los periodistas John Ibbitson y Tara Perkins, los dos hombres “tomaron un sobre de papel manila, lo colocaron sobre la mesa, entre ellos, y empezaron a trazar el marco de un nuevo orden mundial”. Así fue como nació el G-20.

La anécdota es un buen recordatorio de que la historia se hace por decisiones humanas, no por leyes naturales. Summers y Martin cambiaron el mundo con las decisiones que escribieron en el reverso de ese sobre. Pero no hay nada que diga que los ciudadanos de los países del G-20 deben acatar las órdenes de este club de miembros así seleccionados.

Hoy, trabajadores, jubilados y estudiantes han salido a las calles para protestar contra las medidas de austeridad en Italia, Alemania, Francia y Grecia, marchando frecuentemente con el lema “No pagaremos por su crisis”. Y tienen abundantes sugerencias acerca de cómo obtener recursos para enfrentar sus respectivos déficits.

Muchos piden un impuesto sobre transacciones financieras que frene un poco el dinero “caliente” y recaude fondos nuevos para programas sociales y a favor del cambio climático. Otros están demandando fuertes impuestos sobre los que contaminan el medio ambiente, que servirían para financiar el costo de enfrentar los efectos del cambio climático y dejar de lado los combustibles fósiles. Y poner fin a las guerras, que siempre es una buena forma de ahorrar costos.

El G-20 es una institución ad hoc carente en absoluto de la legitimidad de las Naciones Unidas. Dado que acaba de tratar de dejarnos con una enorme factura por una crisis en la que la mayoría de nosotros nada tuvo que ver, yo propongo que imitemos el ejemplo de Summers y Martin. Démosle vuelta al sobre y escribamos en el reverso: “Regresar al remitente”.

Por Naomi Klein

Fuente: The New York Times Syndicate y La Voz del Interior

Los que vuelven

In Derecho a Replica, Exclusivos, Jorge on 8 junio, 2010 at 12:52 PM

Por Santiago Jorge

España atraviesa una profunda crisis, ya empezaron los recortes y por supuesto quienes más sufren los ajustes son todos aquellos inmigrantes que se encuentran en dicho país.

Inmediatamente se me vinieron a la mente, los días de diciembre 2001; era un niño pero la piel se ponía como gallina cuando veía las imágenes de lo que pasaba en las calles, y nunca se borraron las palabras de los que hacían filas eternas en los consulados: “este país es una mierda, me voy”; “no sé como no hice los trámites antes, ahora me jodieron la plata del banco”; “acá no se puede laburar, cada 10 años revienta todo”; “no vuelvo nunca más, me robaron todos los ahorros”.

¿Doble nacionalidad real?

Después de un tiempo trabajando en el viejo continente, (donde no hay doble nacionalidad que valga, allí todos los nacidos en el sur del mundo son “sudacas”), muchos emprenden su vuelta al barrio que los vio nacer. Se los recibe con los brazos abiertos, y bien que así sea, pues ésta patria es muy generosa con todos nosotros, como lo fue también con nuestros abuelos o bisabuelos que llegaron a éstas tierras sin más nada que las ganas de progresar.

Entiendo que en el 2001 la situación era difícil, habíamos tocado fondo, a muchos no les quedo otra que buscar un nuevo destino, pero hay que reflexionar también, que si su país de destino los aceptaba, fue porque muchos años atrás en Argentina se recibió a sus ancestros nacidos en Europa.

Sucede que a veces, por coyunturas económicas y políticos de turno, nos la pasamos despotricando contra la Argentina, desvalorizando todo cuanto tenemos alrededor y dejando de lado las infinitas posibilidades que nos ofrece.

Nunca voy a poder olvidar las palabras de mi abuelo, que ante la insistencia de mi padre por presentar un amparo judicial y saltar el corralito bancario debido a su edad, este me comentaba más o menos así:

“¿Cómo le voy a iniciar un juicio a la Republica Argentina? Si todo se lo debo a ella: pobre y con 8 hermanos estudie en un colegio público, a duras penas pude estudiar y recibirme en la universidad pública y luego de muchas idas y vueltas, trabajé como juez y el Estado me pagó mi sueldo y jubilación hasta el día de hoy; litigar contra la Nación seria una herejía, a los 82 años no puedo ser más que un agradecido”.


Debemos tomar conciencia de las puertas que el país nos abre, y las oportunidades que nos brinda a diario.

¿Cuántos de nosotros fuimos a escuelas públicas? ¿Cuántos profesionales se formaron en las universidades nacionales? ¿Hemos concurrido alguna ves a  hospitales públicos aunque mas no sea a ponernos una curita? ¿Cuántos de nuestros padres trabajaron en relación de dependencia con la Administración Pública? ¿Cuántos vivimos y dormimos bajo un techo propio?

Yo mismo, en muchas ocasiones me he encontrado hablando pestes de la facultad a la cual asisto, criticando los mil y un defectos que posee, pero mirando mas allá, el día de mañana si tengo la suerte de recibirme y ejercer mi profesión, toda mi formación personal y académica se la deberé a ella, a la cual no he pagado ni un centavo, y a la sociedad entera que subsidio a través de los impuestos mis estudios.

Por ello, debemos tener mas cuidado en las palabras que utilizamos, por mas destierro que suframos o lejos que nos encontremos, porque quizá algún día nos toque volver al País al cual pertenecemos, y el que nos esperará con mucho o poco para ofrecernos, pero de brazos abiertos al fin, como fue y como será.

> Este autor es Columnista permanente de este Blog