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Un día del niño distinto

In Malas Viejas on 8 agosto, 2010 at 1:03 PM

Por Leandro Sallaberry



El segundo domingo del mes de agosto de cada año, los argentinos conmemoramos el día del niño, tal cual lo dispuso en 1954, la Asamblea General de las Naciones Unidas. El organismo, en esa oportunidad, recomendó que se instituyera en todos los países un día universal del niño. Además, sugirió a los gobiernos estatales que celebraran dicho acontecimiento en la fecha que estimaran conveniente.

Este domingo, muchos niños argentinos no tendrán el festejo que se merecen. Tal vez ellos, inocentes seres vivientes, no se den cuenta del porqué; pero nosotros, los jóvenes y adultos de este país, sí tendremos un sabor amargo, por la lamentable pérdida de Isidro. Además de ese sabor amargo, tendremos el compromiso de cambiar esta realidad.

Más que nunca, nuestros gobernantes, que llegaron por el voto popular, deberán repensar estrategias, discutir nuevas medidas de seguridad y poner su atención para que la muerte de Isidro no se convierta en una constante y en parte del paisaje urbano argentino.

Todos y cada uno de los derechos de la infancia son inalienables e irrenunciables, por lo que ninguna persona puede vulnerarlos o desconocerlos bajo ninguna circunstancia. Varios documentos consagran los derechos de la infancia en el ámbito internacional, entre ellos la Declaración de los Derechos del Niño y la Convención sobre los Derechos del Niño. Estos documentos reconocen a los niños como sujetos de derecho, pero convierten a los Estados y a los adultos en titulares de la obligación de respetarlos y hacerlos respetar.

Una vez más, los argentinos debemos aunarnos, luchar por una causa común y gritar “nunca más”; para que los niños de este país, puedan vivir dignamente.

+ Mira como Argentina no cumple con los Derechos del Niño

Una versión brutal del Catolicismo

In Derecho a Replica on 13 abril, 2010 at 12:49 PM

Por Sinead O´Connor

Acompaña; “La Iglesia me da Asco” de Maxi Tell


DUBLIN.- Cuando era niña, Irlanda era una teocracia católica. Si se acercaba un obispo por la calle, la gente se apartaba para dejarle paso. Si asistía a un acontecimiento deportivo, el equipo se aproximaba a arrodillarse y besarle el anillo. Si alguien cometía un error, en vez de decir “nadie es perfecto”, decíamos: “Podría pasarle hasta a un obispo”.

Esta última frase era más certera de lo que imaginábamos. Hace unos días, el papa Benedicto XVI escribió una carta personal en la que pedía perdón -por decir algo- a Irlanda por los decenios de abusos sexuales a menores que cometieron unos sacerdotes en los que se suponía que debían confiar esos niños. Para muchos irlandeses, esa carta del Papa es un insulto no sólo a nuestra inteligencia, sino a nuestra fe y a nuestro país. Para entender por qué, hay que tener en cuenta que los irlandeses hemos sufrido una variante brutal del catolicismo, basada en la humillación de los niños.

Yo lo viví en persona. Cuando era niña, mi madre -una madre maltratadora y todo lo contrario de lo que debe ser una buena madre- me animaba a que robara en las tiendas. En una ocasión me atraparon y pasé 18 meses en el Centro de Formación An Grianan, una institución para niñas con problemas de conducta en Dublín, por recomendación de una trabajadora social. An Grianan era una de las hoy tristemente famosas “lavanderías de las Magdalenas”, patrocinadas por la Iglesia, que albergaban a adolescentes embarazadas y a jóvenes poco dóciles. Trabajábamos en el sótano, lavando la ropa de los curas en fregaderos con agua fría y pastillas de jabón. Estudiábamos matemáticas y mecanografía. Teníamos poco contacto con nuestras familias. No cobrábamos ningún sueldo. En mi caso, por lo menos, una de las monjas fue buena conmigo y me regaló mi primera guitarra.

An Grianan era un producto de la relación del gobierno irlandés con el Vaticano; la Iglesia gozó de una posición especial, reconocida en nuestra Constitución hasta 1972. Todavía en 2007, el 98% de los colegios irlandeses estaba en manos de la Iglesia Católica. Pero los colegios para niños difíciles han estado siempre plagados de castigos corporales salvajes, maltratos psicológicos y abusos sexuales. En octubre de 2005, un informe encargado por el Gobierno identificó más de cien acusaciones de abusos sexuales cometidos por sacerdotes entre 1962 y 2002 en Ferns, un pueblo a unos cien kilómetros al sur de Dublín. La policía no investigó a los sacerdotes acusados; se dijo que padecían un “problema moral”. En 2009, un informe similar involucró a los arzobispos de Dublín en la ocultación de varios escándalos de abusos sexuales entre 1975 y 2004.

¿Por qué se toleraba esa conducta criminal? Según el informe de 2009, el “importantísimo papel que ha desempeñado la Iglesia en la vida irlandesa es el motivo por el que se consintió que no se pusiera fin a los abusos cometidos por una minoría de sus miembros”.

A pesar de la larga relación de la Iglesia con el gobierno irlandés, la carta en la que el papa Benedicto pide, teóricamente, perdón no asume ninguna responsabilidad por las infracciones de los curas irlandeses. Dice que “antes, la Iglesia en Irlanda debe reconocer ante el Señor y ante los otros los graves pecados cometidos contra unos niños indefensos”. ¿Qué hay de la complicidad del Vaticano en esos pecados?

En su texto, Benedicto da la impresión de que se ha enterado hace poco de los abusos. Se presenta como una víctima más: “No tengo más remedio que compartir la desolación y la sensación de traición que habéis experimentado tantos de vosotros al saber de estos actos pecaminosos y criminales y de cómo se ocuparon de ellos las autoridades eclesiásticas en Irlanda”. Sin embargo, la carta de infausta memoria que envió Benedicto en 2001 a los obispos de todo el mundo les ordenaba guardar secreto sobre las acusaciones de abusos sexuales so pena de excomunión. Es decir: actualizaba una perniciosa política de la Iglesia, expresada en un documento de 1962, que establecía que tanto los sacerdotes acusados de delitos sexuales como sus víctimas debían “observar el más estricto secreto” y “atenerse a un silencio eterno”.

Benedicto, entonces Joseph Ratzinger, era cardenal cuando escribió esa carta. Hoy, cuando ocupa el sillón de San Pedro, ¿vamos a creer que su opinión ha cambiado? ¿Y vamos a conformarnos ante las recientes revelaciones de que en 1996 se negó a destituir a un sacerdote acusado de haber abusado de hasta 200 niños sordos en el Estado norteamericano de Wisconsin?

La carta de Benedicto afirma que su preocupación es “sobre todo, ayudar a sanar a las víctimas”. Sin embargo, les niega lo que podría sanarlas: una confesión inequívoca del Vaticano de que ocultó los abusos y de que ahora está tratando de ocultar el ocultamiento. Asombrosamente, el Papa invita a los católicos a “ofrecer vuestro ayuno, vuestras oraciones, vuestra lectura de las Escrituras y vuestras obras de misericordia para obtener la gracia de la curación y la renovación de la Iglesia de Irlanda”. Y sugiere, cosa aún más asombrosa, que las víctimas irlandesas pueden sanar acercándose más a la Iglesia, la misma Iglesia que exigía votos de silencio a los niños víctimas de los abusos, como ocurrió en 1975, en el caso del padre Brendan Smyth, un sacerdote irlandés que más tarde acabó en la cárcel por delitos sexuales repetidos. Muchos irlandeses, cuando se nos pasó la risa, nos dijimos que la idea de que necesitamos la Iglesia para aproximarnos a Jesús es una blasfemia.

Para los católicos irlandeses, lo que insinúa Benedicto -que los abusos sexuales en Irlanda son un problema irlandés- es arrogante y blasfemo. El Vaticano está actuando como si no creyera en un Dios que todo lo ve. Quienes dicen ser los guardianes del Espíritu Santo se dedican a aplastar todo lo que el Espíritu Santo representa. Benedicto es culpable de dar una imagen falsa del Dios al que adoramos. Todos sabemos, en el fondo de nuestro corazón, que el Espíritu Santo es la verdad. Por eso sabemos que Cristo no está con esos que lo invocan con tanta frecuencia.

Los católicos irlandeses tienen una relación disfuncional con una organización que comete abusos. El Papa debe hacerse responsable de las acciones de sus subordinados.

Si hay sacerdotes católicos que abusan de los niños, es Roma, y no Dublín, la que debe responder por ello, con una confesión inequívoca y sometiéndose a una investigación criminal. Mientras no lo haga, todos los buenos católicos -incluidas las ancianitas que van a misa todos los domingos, no sólo los cantantes de protesta como yo, a quienes el Vaticano puede ignorar sin problema- deberían dejar de acudir al templo. Ha llegado la hora de que en Irlanda separemos a nuestro Dios de nuestra religión y nuestra fe de sus supuestos dirigentes.

Hace casi 18 años, rompí una fotografía del papa Juan Pablo II en un episodio de Saturday Night Live . Muchos no entendieron la protesta. La semana siguiente, el presentador invitado del programa, el actor Joe Pesci, dijo que, si hubiera estado presente, me hubiera dado una bofetada. Yo sabía que mi acción iba a causar problemas, pero quería provocar un debate necesario; ése es uno de los ingredientes de ser artista. Lo único que lamenté fue que la gente pensara que no creía en Dios. No es verdad, en absoluto.

Soy católica de nacimiento y cultura, y sería la primera en presentarme a la puerta de la iglesia si el Vaticano ofreciera una reconciliación sincera.

Mientras Irlanda soporta la ofensiva carta con la que Roma pide perdón y un obispo irlandés dimite, pido a los estadounidenses que comprendan por qué una mujer católica irlandesa que sobrevivió a los malos tratos de niña pudo querer romper la foto del Papa. Y que piensen si a los católicos irlandeses, por no atrevernos a decir que nos merecemos algo mejor, se nos debe tratar como si mereciéramos algo peor.

© Sinead O´Connor y LA NACION

Fútbol para Todos

In Derecho a Replica on 31 marzo, 2010 at 12:20 PM
La mirada de Ezequiel Fernández Moores

Boca posa antes del superclásico y las fotos apuntan a Riquelme, Palermo y compañía. Pero allí también está Melina, que cursa un terciario en la universidad junto con Diego, su novio. Y están María Eugenia, Mercedes, Fiorella y Martín, todos estudiantes en escuelas comunes. Y Santiago, que el día previo publicó en el diario Olé una entrevista con Riquelme. Román lo reconoce y lo toma de la mano. Intenta agruparlos para que salgan en la foto. Como pueden, muestran el cartel: “El aula común es de todos”. Unos metros más atrás está Ezequiel. “Justicia para Martín”, dice su cartel. Ezequiel (“Zequi”, como le dicen sus padres) es el más pequeño del grupo. Tiene diez años y está en el tercer grado de una escuela común. Analiza oraciones, sustantivos, adjetivos. Suma, resta, multiplica y divide. Juega al fútbol en la plaza. Es hincha de Huracán. Dos veces por semana recibe clases de psicopedagogía y fonoaudiología. Todavía le cuesta hablar fluidamente. Zequi, igual que Melina, María Eugenia, Mercedes y el resto nacieron con el síndrome de Down. Están en la Bombonera, bajo la lluvia, para pedir que todos los niños con síndrome de Down tengan posibilidades de estudiar en aulas comunes.

Mariano, otro compañero, forma parte de casi el noventa por ciento de niños con síndrome de Down que no han podido estudiar como sí pudieron hacerlo Zequi y sus amigos. Hoy tiene 26 años. Es el otro joven que firmó el sábado en las páginas generosas de Olé , entrevistando a Matías Almeyda. Mariano trabaja en la Municipalidad de San Miguel y hace teatro con Ana María Giunta. River también se prestó a la iniciativa de la Asociación Síndrome de Down de la República Argentina (Asdra). El superclásico malogrado por la lluvia apoyó el pedido de las aulas comunes. Un decreto de la presidenta Cristina Fernández incluyó en la legislación argentina la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad aprobada en 2006 por Naciones Unidas. El artífice de que los pibes pudieran salir el domingo a la Bombonera fue Leonardo Astrada, DT de River. Astrada asiste desde hace años a las cenas anuales de Asdra, que sirven para recaudar fondos. En la última, pagó 25.000 pesos en la subasta por una Rosa de Plata donada por Juan Carlos Pallarols. Hace unos años, llamó a varios padres para disculparse. Un hincha de Arsenal no paraba de insultarlo. Y Astrada, lo mostró la TV, reaccionó furioso: “Callate, mogólico”, gritó ese día.

“Cuando decís mogólico no estás insultando, estás discriminando.” Así decía otro de los carteles exhibidos por Asdra el domingo 21 de marzo en la Bombonera. La trasmisión televisiva del superclásico virtualmente los ignoró. “Mogólico” es un insulto habitual en el mundo del fútbol. Una página en Facebook se llama “Todos tenemos un amigo mogólico [bostero].” Pretende no ser ofensiva. Igual que cuando Marcelo Araujo llamaba “Corky” al Colorado MacAllister, porque decía que era parecido al personaje de una serie estadounidense que trasmitía Telefé a comienzos de los 90 y que contaba la vida de un niño con síndrome de Down. En su estado de eterna niñez, el fútbol reivindica sus burlas como un espacio de libre salvajería. Los hinchas de Boca se asumen hoy orgullosos, como “bosteros”, y los de River, como “gallinas”. Hasta que algún jugador negro, como aún hoy sucede en Europa, se cansa porque cada vez que toma la pelota los hinchas rivales imitan el sonido de un mono. O hasta que muchos padres, como sucede ahora en la Argentina, ruegan que no se insulte más a nadie gritándole “mogólico”. No piden solemnidad ni “corrección política”. Sus hijos, que salen a la cancha a bancarse miradas de miedo, rechazo y prejuicios, no “padecen” síndrome de Down. Tienen síndrome de Down. Lo que padecen, me dice un padre, es la indiferencia. O la agresión.

Cuentan que también el periodista español Eduardo Inda quiso entrar en la cancha el domingo del superclásico. Es el director del deportivo madrileño Marca , el diario más vendido en toda España. Inda, me dicen desde España, hizo inútiles gestiones para que le permitieran dar el puntapié inicial del Boca-River. ¿Por qué no? Si ya alguna vez llamó a su secretaria desde Londres solicitándole que pidiera el retraso del inicio de una final en Wimbledon porque él llegaba tarde al estadio. Inda vino a Buenos Aires para presentar una muestra fotográfica de Marca en el Centro Cultural Recoleta. En su discurso, saludó a nuestro fútbol, porque nos permite a los argentinos, según dijo, evadirnos “de la realidad de unos políticos que no pueden ser peores porque son inempeorables [sic]”. Todos, aclaró, excepto Mauricio Macri, a quien describió como “un rayo de luz en una Sudamérica que camina treinta años atrás con esta deleznable moda de mesías, sátrapas y corruptos”. Inda colecciona críticas en España por su estilo arrogante. Lo sufrió Gonzalo Higuaín, que en apenas una semana pasó de ser un “proyecto de Balón de Oro” a un “chupón y egoísta”.

El palo más duro por la eliminación de Real Madrid en Liga de Campeones fue para el DT chileno Manuel Pellegrini, a quien Marca dedicó tapas con titulares, como “Fuera”, “Vete ya” o “Chau”. Apenas Real Madrid fue eliminado de la Champions, Marca preguntó a sus lectores si Pellegrini debía ser destituido. El setenta por ciento dijo que no. Insistente, al día siguiente preguntó entonces quién debía ser “el próximo técnico” del equipo. Más del sesenta por ciento respondió que Pellegrini. Una radio chilena preguntó a Inda por qué persistía pidiendo el despido de Pellegrini si las encuestas de su diario demostraban que el DT era apoyado por los hinchas. Inda sugirió que en las encuestas podían infiltrarse hinchas de Barcelona. Todavía hoy, que Real Madrid lucha cabeza a cabeza con el gran Barcelona, publica encuestas preguntando quién debe ser el nuevo DT de Real Madrid. Expresa, tal vez, lo que no se anima a decir el presidente Florentino Pérez, por quien hizo campaña para que volviera a Real Madrid. Inda arribó a Marcatras ejercer como periodista de política. Dice que le gustaría equivocarse respecto de Pellegrini. “¿Saben por qué? Porque hubiéramos vendido periódicos como rosquillas. Su éxito, como le apunté al sabio de Las Parejas [por Jorge Valdano], es mi éxito.”

Armando Nogueira sí habría merecido dar el puntapié inicial del superclásico. Murió este lunes a los 83 años. Lo velaron en el Maracaná. El presidente Lula lamentó su muerte. El estado de Río de Janeiro decretó tres días de luto. “Transformó la crónica en poesía”, lo elogió el ex jugador Junior. El periodista que apodó a Garrincha como “el ángel de las piernas torcidas”, por la chuequera de Mané, no era sólo un escritor formidable. También fue un periodista digno. Como cuando dejó tras 22 años su puesto en la TV Globo, enojado porque se manipulaba un informe sobre Lula, en plena campaña electoral que en 1989 consagró presidente a Fernando Collor de Melo, como lo demostró un documental inglés de 1993 que estuvo largos años sin poder verse en Brasil (Beyond Citizen Kane). “La palabra para definir a Nogueira era delicadeza, porque cultivó el cuidado de la lengua como pocos en el periodismo. El decía que el buen jugador ve la jugada, pero el crack prevé la jugada. El preveía la noticia”, lo elogió el respetado comentarista Juca Kfouri. Un cable de la agencia ANSA reprodujo el lunes algunas de sus “perlas”: “Pelé es tan perfecto que si no hubiera nacido persona, habría nacido balón”; “Las paredes de Pelé y Tostao confirman la existencia de Dios”; “Para Mané Garrincha, el espacio de un pequeño pañuelo era un enorme latifundio”; “Los dirigentes pecan por acción, omisión o comisión”. Durante años, admiré sus crónicas y sus libros. Cuando Brasil ganó con un fútbol hermoso el Mundial de México 70, Nogueira inició su crónica: “Y las palabras, yo que vivo de ellas, ¿dónde están?”. Destacó al Mundial como el “más bonito” que jamás había visto, sin un solo expulsado en 32 partidos y con un Brasil que “hizo amigos con un fútbol de fantasía”. Y concluyó: “Me enorgullece ver que el fútbol, nuestra vida, es el más vibrante universo de paz que el hombre puede iluminar con una pelota, su juguete fascinante. Por eso, reciban mañana a los héroes del Mundial 70 con la ternura con que se acoge a los niños cuando vuelven de jugar”. Zequi y sus amigos saben que, más allá de la indiferencia de muchos, siempre habrá “Nogueiras” dispuestos a acogerlos en un estadio.

FUENTE: La Nación: Cancha Llena

(La nota de EFM la coloco porque me causó grata sorpresa que alguien SI halla visto lo que desde aquí había anunciado sobre ASDRA)

+ Leer el post de ASDRA + Videos

A minute for my rights

In Pasiones on 22 marzo, 2010 at 11:31 AM

Argentina no cumple

In Pasiones on 22 marzo, 2010 at 11:29 AM

1) El niño disfrutará de todos los derechos enunciados en esta Declaración. Estos derechos serán reconocidos a todos los niños sin excepción alguna ni distinción o discriminación por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento u otra condición, ya sea del propio niño o de su familia.

En Argentina, hay 12.237.325 niños y niñas entre 0 y 17 años. Casi 5 millones son pobres (el 40,9%) y 1.700.000 (14,3%) son indigentes. La desigualdad es tan grande que la mortalidad infantil nacional es de 12,9 menores de un año fallecidos cada 1.000 nacidos vivos, pero en Formosa es de 24,2, comparable a la de Cabo Verde (25), Turquía (24) u Honduras (23). Un bebé formoseño tiene más probabilidades de morir que si hubiera nacido en el territorio Palestino ocupado (20).

2) El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad. Al promulgar leyes con este fin, la consideración fundamental a que se atenderá será el interés superior del niño.

La cantidad de muertes infantiles creció el 1,8% durante 2007, según informes preliminares de la Dirección de Estadísticas e Información Sanitaria (DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación, adelantadas en una nota de Crítica de la Argentina. Durante 2007 fallecieron 8.688 menores de 5 años, 152 más que las 8.536 muertes registradas en 2006.

3) El niño tiene derecho desde su nacimiento a un nombre y a una nacionalidad.

Las Abuelas de Plaza de Mayo ya encontraron a 92 nietos y nietas secuestrados por la dictadura militar. Pero todavía quedan más de 400 jóvenes sin conocer su verdadera identidad.

4) El niño debe gozar de los beneficios de la seguridad social. Tendrá derecho a crecer y desarrollarse en buena salud; con este fin deberán proporcionarse, tanto a él como a su madre, cuidados especiales, incluso atención prenatal y postnatal. El niño tendrá derecho a disfrutar de alimentación, vivienda, recreo y servicios médicos adecuados.

El 25% de los chicos menores de 6 años –un millón– tienen diferentes carencias alimentarias (falta de calcio, vitamina A y vitamina C) que les generan menor resistencia a las infecciones y mayor propensión a enfermarse. El 16,5% (650 mil niños de primer grado para abajo) sufren anemia por deficiencia de hierro y el 8% (350.000) son petisos sociales, con baja talla debido a carencias nutricionales, ambientales y de salud, según Sergio Britos, del Centro de Estudios Sobre Nutrición Infantil (CESNI).

Muchas veces, la deuda con ellos, se vuelve contra ellos. La criminalización de la pobreza empieza temprano. En diciembre del 2005 había 19.579 niños detenidos en establecimientos penales y sólo el 12% estaba encerrado por causas penales: la mayoría de ellos son pequeños presos sociales.

5) El niño física o mentalmente impedido o que sufra algún impedimento social debe recibir el tratamiento, la educación y el cuidado especiales que requiere su caso particular.

Son muy pocos los chicos con discapacidad que acceden a oportunidades y pueden llegar a la facultad. De 110.961 estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba sólo el 0,08% (93 alumnos) tienen alguna discapacidad.

6) El niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, necesita amor y comprensión. Siempre que sea posible deberá crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus padres y, en todo caso, en un ambiente de afecto y de seguridad moral y material; salvo circunstancias excepcionales no deberá separarse al niño de corta edad de su madre. La sociedad y las autoridades públicas tendrán la obligación de cuidar especialmente a los niños sin familia o que carezcan de medios adecuados de subsistencia. Para el mantenimiento de los hijos de familias numerosas conviene conceder subsidios estatales o de otra índole.

En Santiago del Estero, el 75% de las adopciones son ilegales, en un mercado en donde las familias pobres son proveedoras y las de clase media y alta, compradoras. “En el sudeste de la provincia se sustraen alrededor de 12 bebés por semana”, denuncia Julio Ruiz, de la Fundación Adoptar. Según estimaciones de la organización Raíz Natal, hay casi 3 millones de personas que fueron adoptadas irregularmente y no conocen su verdadera identidad.

7) El niño tiene derecho a recibir educación, que será gratuita y obligatoria por lo menos en las etapas elementales. Se le dará una educación que favorezca su cultura general y le permita, en condiciones de igualdad de oportunidades, desarrollar sus aptitudes y su juicio individual, su sentido de responsabilidad moral y social, y llegar a ser un miembro útil de la sociedad.

El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación; dicha responsabilidad incumbe, en primer término, a sus padres.

El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deben estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho.

El 7,6% de los alumnos de nivel medio repitió de año. Pero peor que repetir es dejar: la tasa de abandono del polimodal –entre 2004 y 2005– fue de 20 chicos cada 100.

8 ) El niño debe, en todas las circunstancias, figurar entre los primeros que reciban protección y socorro.

El maltrato infantil aumentó –entre 1995 y 2005– un 110% en los chicos de nivel inicial, un 18% en los de la escuela primaria y un 6% en los que concurren a escuelas especiales. En una investigación en 60 escuelas de la Ciudad de Buenos Aires, realizada por María Inés Bringiotti, 1.590 alumnos contaron que sus padres los maltrataban corporal o emocionalmente.

9) El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación. No será objeto de ningún tipo de trata. No deberá permitirse al niño trabajar antes de una edad mínima adecuada; en ningún caso se le dedicará ni se le permitirá que se dedique a ocupación o empleo alguno que pueda perjudicar su salud o su educación o impedir su desarrollo físico, mental o moral.

En la Argentina el trabajo infantil afecta a dos millones de chicos –de entre 5 y 14 años-. El 42% de los niños, niñas y adolescentes trabaja ayudando a sus padres. Además, entre el 10% y el 30% de las jóvenes que son secuestradas por redes de trata son menores de edad. En América Latina son víctimas de explotación sexual o laboral dos millones de niñas y adolescentes.

10) El niño debe ser protegido contra las prácticas que puedan fomentar la discriminación racial, religiosa o de cualquier otra índole. Debe ser educado en un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos, paz y fraternidad universal, y con plena conciencia de que debe consagrar sus energías y aptitudes al servicio de sus semejantes.

La discriminación étnica existe pero se naturaliza como pobreza extrema. El 30 de abril del 2008, el Centro Nelson Mandela denunció ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que el 100% de las 2.300 familias de la etnia toba del Impenetrable chaqueño sufren desnutrición, malnutrición o anemia. Brígido Petiso era toba y tenía nueve años. Murió el 30 de enero del 2008 de meningitis tuberculosa. Pero no murió sólo de tuberculosis. Brígido murió de olvido.

Fuente: Diario Critica

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