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Los 50 de Diego Maradona

In Paladar mostaza on 30 octubre, 2010 at 5:11 PM

1 “En una villa nació…”. El 30 de octubre de 1960, en el policlínico Evita de Lanús, Dalma Franco, más conocida como doña Tota, dio a luz a su quinto hijo, el primer varón, de su matrimonio con Diego Maradona, Chitoro o don Diego para el mundo del fútbol. Lo bautizaron Diego Armando.

“Yo crecí en un barrio privado… privado de luz, de agua, de teléfono.”

Fiorito

2 Junto con su amigo Goyo, y con la difícil autorización de don Diego, consiguió una prueba en Argentinos. Pese a la lluvia, Francis Cornejo lo probó en el Parque Sarmiento, aunque dudó en ficharlo, por más de que se cansó de hacer goles: “¿Seguro que sos clase ’60?.” El maestro no creía que ese diamante tuviera nueve años y pensaba que era un enano.

“Mis sueños son dos. Mi primer sueño es jugar el Mundial y el segundo es salir campeón de Octava.”

Pequeño cebollita

3 En las inferiores de Argentinos pasó a formar parte de Los Cebollitas, un equipo infantil que deslumbró en cuanto torneo participó y que tuvo un invicto de 138 partidos. De aquella época es la famosa frase “mi sueño es ser campeón con Argentina”, su amistad con Jorge Czysterpiller, su primer representante; y su primera aparición en Clarín, aunque Como “Caradona”.

“De los apodos, el que más me gustó es Pelusa, porque me devuelve a la infancia. Me acuerdo de Fiorito, cuando jugaba por el sandwich y la Coca. Aquello era más puro.”

4 A diez días de cumplir 16 años y ya conocido por hacer malabares en los entretiempos, el DT Juan Carlos Montes lo mandó a la cancha por Giacobetti para intentar revertir el Argentinos 0-Talleres 1. No lo consiguió, pero, con la 16 en la espalda, dejó su sello con un caño al cordobés Juan Domingo Cabrera en su primera jugada.

“Cuando me dicen que soy Dios, yo respondo que están equivocados. Soy un simple jugador de fútbol. Dios es Dios y yo soy Diego.”

5 Apenas 1355 personas se acercaron el 14 de noviembre de 1976 al ya demolido estadio San Martín para ver San Lorenzo de Mar del Plata y Argentinos por el torneo Nacional. Tras ingresar por Giordano en la segunda mitad, le anotó dos goles a Rubén Lucangioli para el 5-2 final.

El sueño pasó a Argentinos

“Es más difícil crear que marcar.”

6 A cuatro meses y siete días de haber debutado en Argentinos, le llegó el turno en la Selección. “Va por Luque. Entre y haga lo que sabe”, dicen que le dijo César Menotti cuando le golpeó el 19 en su espalda y lo mandó al césped de la Bombonera. No pudo modificar el 5-1, pero ese 27 de febrero nació su romance con la Selección.

“Cuando el Flaco me llamó para entrar, me temblaban las piernas.”

7 La primera gran frustración de su carrera se dio el 19 de mayo de 1978. “Los que salen son Bravo, Maradona y Bottaniz”, anunció Menotti, según la crónica de El Gráfico. Se fue a la habitación de la Fundación Natalio Salvatori en José C. Paz y se largó a llorar. Ese viernes lluvioso, se enteró de que no iba a estar en el Mundial.

“Tenía ganas de putear a Menotti cuando me dejó afuera en el ’78.”

8 En el Hotel Copacabana Palace de Río de Janeiro se produjo su primer encuentro con Pelé. Por gestión de la revista El Gráfico, a través del periodista Guillermo Blanco y el fotógrafo Ricardo Alfieri, la reunión se llevó a cabo el 9 de abril de 1979. Más tarde serían los tiempos de “Pelé debutó con un pibe”.

Primer campeonato celeste y blanco

“Pelé es homosexual, debutó con un pibe, y le pegaba a la jermu.”

9 La revancha le llegó un año después. El 7 de septiembre de 1979, en la lejana Tokio, levantó la Copa del Mundo juvenil, luego de marcar un gol de tiro libre en el 3-1 sobre la Unión Soviética en la final. Con seis tantos a lo largo del torneo, fue elegido el balón de oro del campeonato.

“Pase lo que pase, dirija quien dirija, todo el mundo sabe que la camiseta diez de la Selección seguirá siendo mía. Para siempre.”

10 Tras ganarles la pulseada a River y Barcelona, Boca se quedó con su pase en una operación a préstamo que incluyó dinero y los pases de Santos, Bordón, Zanabria, Salinas y Randazzo. El viernes 20 de febrero de 1981 se firmó el contrato, a la noche se puso por primera vez la camiseta y el domingo siguiente debutó con dos goles de penal en el 4-1 ante Talleres.

“La hinchada de Boca es la más maravillosa que hay.”

Capitán del Barcelona

11 Llegó para consagrarse en el Mundial de España, pero no lo pudo concretar. Apenas brilló en el 4-1 ante Hungría, cuando anotó su primer gol en una Copa del Mundo. Luego, las imágenes que quedaron fueron la férrea marca del italiano Gentile y la patada por impotencia ante el brasileño Batista.

“En el Mundial soy capaz de ir al arco con tal de estar en la cancha.”

12 Antes del Mundial ’82 se oficializó su pase a Barcelona, que pagó unos 12 millones de dólares, parte para Boca y parte para Argentinos. Tras el torneo mundialista, debutó el 4 de septiembre en el equipo catalán con una derrota 2-1 ante Valencia. Poco después se le detectó una hepatitis, que lo dejó tres meses sin jugar.

“La primera vez que me drogué fue en Europa, en el ’82. Tenía 22 años y fue para creerme vivo.”

13 Tras ganar la Copa del Rey y la Copa de la Liga con Barcelona, en la cuarta fecha de la liga 83/84 el vasco Andoni Goikoetxea le rompió el tobillo izquierdo y tuvo que ser operado por la fractura del maléolo externo. Antes de los cuatro meses reapareció con dos goles ante Sevilla.

“¿Sabés qué jugador hubiese sido sin la droga?”

Con Guillote

14 Una batalla campal en la final de la Copa del Rey ’84 motivó que recibiera una suspensión de tres meses para jugar en España. Así, Barcelona aceptó venderlo al Napoli, donde debutó el 5 de julio de 1984 con una caída 1-3 con Verona. Allí fue venerado a la altura de San Gennaro, el patrono de la ciudad.

“Vine con mucha ilusión, pero el catalán es especial. La gente me trató bastante mal, como si fuera un enemigo.”

15 Cuando promediaba el año ’85 se produjo la ruptura de su vínculo comercial y de amistad con Czysterpiller. Malos manejos económicos de su amigo de la infancia provocaron la separación. Su nuevo representante y confidente pasó a ser Guillermo Coppola, con quien cimentó una relación apasionada.

“Estoy muerto porque le di mi vida a Guillermo y me equivoqué. Me mintió durante muchos años.”

16 Su máximo momento de gloria lo vivió en el Mundial ’86. Lideró a la Selección Argentina a su segundo título del mundo con actuaciones memorables en las que sobresalieron sus dos goles a Inglaterra. También anotó otro doblete en las semifinales ante Bélgica y le marcó un gol a Italia.

“Fue la mano de Dios.”

D10S

17 El 2 de abril de 1987, en pleno apogeo en su campaña en Nápoles, nació Dalma Nerea, su primera hija con Claudia Villafañe, su novia de toda la vida. Dos años más tarde nacería Giannina Dinorah, la segunda hija del matrimonio. A partir de ello, para asegurar que no mentía, siempre juró por sus hijas.

“A la Claudia la estoy vacunando todos los días porque quiero un hijo varón.”

18 Tras la coronación en México, en la siguiente temporada alcanzó la gloria con el Napoli. El 10 de mayo de 1987, con el empate 1-1 con la Fiorentina en el San Paolo, el conjunto napolitano consiguió el ansiado Scudetto, con la yapa de la Copa de Italia. Luego sumó la Copa UEFA en 1989 y otro Scudetto en 1990.

“Esto es para la Italia rica, que se piensan que Nápoles es el norte de Africa.”

Su mejor momento en Europa

19 Su creciente popularidad en Italia le permitió conocer al papa Juan Pablo II. Unos años después renegó de ese encuentro, al asegurar que el pontífice le había dado el mismo rosario que a sus acompañantes, pero le había aclarado que el suyo era especial: “Eran todos iguales.”

“Entré al Vaticano y vi el techo de oro. Me dije: ‘Cómo puede ser tan hijo de puta de vivir acá y después besar la panza de los nenes pobres’. Y ahí dejé de creer.”

20 Tras un noviazgo de más de diez años, el 7 de noviembre de 1989 se casó con Claudia Villafañe, en una boda celebrada en el Luna Park, con más de 1200 invitados, muchos de los cuales llegaron desde Europa en un avión especialmente alquilado para la ocasión.

“Y sí, soy cabecita negra. Nunca renegué de mis orígenes… Les duele que haya hecho una fiesta así.”

Su gran amor y compañera

21 Con la uña del pie salida, el dedo gordo en carne viva y un tobillo morado que asombraba por su tamaño afrontó el Mundial ’90. No anotó goles, pero condujo al equipo a la final. Dos imágenes: los insultos cuando los italianos silbaban el himno y su llanto con la medalla tras la caída ante los alemanes.

“Jamás me imaginé que iba a salir al balcón de la Casa Rosada a saludar a la gente. Me sentí el presidente.”

22 El olvidable 1-0 con Bari de la 25ª fecha de la Liga Italiana, el 17 de marzo de 1991, no hubiese pasado a la historia de no ser por el control antidoping. Su positivo por cocaína determinó una sanción de 15 meses, que él la atribuyó a una venganza por la eliminación en el Mundial ’90.

“Es una vendetta porque los eliminamos en el Mundial.”

No le importó

23 La mañana del 26 de abril de 1991 resultó convulsionada en Caballito. En un operativo de la Policía Federal, con toda la prensa en la puerta del departamento de la calle Franklin, se lo detuvo por tenencia de estupefacientes. Fue liberado tras pagar una fianza y debió someterse a un tratamiento de rehabilitación.

“Me drogo, pero no vendo cocaína.”

24 Tras cumplir la suspensión de 15 meses y luego de una ardua negociación para desvincularse del Napoli, el 28 de septiembre del ’92 se calzó la camiseta del Sevilla, dirigido por Carlos Bilardo, en un amistoso ante el Bayern Munich. La experiencia no fue buena y terminó peleado con el DT.

“Con Bilardo nos cagamos mil veces a trompadas en una pieza.”

Héroes otra vez

25 Su frustrante paso por Sevilla lo catapultó a volver a la Argentina. El club elegido fue Newell’s, donde 40 mil personas se juntaron a su primer entrenamiento. Ante Emelec, el 7 de octubre de 1993, hizo su presentación con un golazo de derecha. Tres días más tarde debutó ante Independiente. Apenas jugó cinco partidos oficiales.

“Basile se emborrachó con dos Copa América.”

26 Su ausencia en un amistoso ante Vasco da Gama motivó su repentina despedida de Newell’s. Unos días después, el 2 de febrero de 1994, una guardia periodística en su quinta de Moreno terminó con el astro tirándoles agua con una manguera y balines de aire comprimido a los cronistas que esperaban su palabra.

“Que la FIFA me haya nombrado el quinto mejor jugador de la historia me parece perfecto. Pero si hubiera estado del lado de los poderosos, seguramente habría quedado más arriba.”

El héroe fallido

27 El Mundial ’94 significaba su regreso con gloria. Un gol, con grito a la cámara a Grecia, y una actuación inolvidable ante Nigeria así lo presagiaban. Pero la mano de la enfermera y la famosa efedrina le cortaron las piernas. Otra suspensión y su última función como jugador en una Copa del Mundo.

“Me preparé como nunca y ahora escucho que todos hablan de efedrina. Siento que me cortaron las piernas.”

28 Contratado por el gerenciador de Mandiyú, el entonces diputado menemista Roberto Cruz, el 9 de octubre de 1994 debutó como entrenador al frente del equipo correntino, en dupla con Carlos Fren, compañero de su etapa en Argentinos. Sin título habilitante, vio desde la tribuna la derrota 1-2 ante Central. Apenas celebró una victoria en 12 partidos.

“Chilavert es un buchón. Lo único que falta es que un planta mandioca nos venga a decir a los argentinos lo que tenemos que hacer.”

La noche que volvió

La vuelta a Boca

29 Sin pena ni gloria en su paso por Mandiyú, Juan Distéfano lo tentó para ser técnico de Racing, equipo en el que asumió el 6 de enero de 1995, otra vez en dupla con Carlos Fren. Peleado con los árbitros y con la gente de la Academia, su campaña se limitó a dos triunfos en once encuentros dirigidos.

“Passarella y Gallego se olvidaron de que tomaron cerveza, vino y otras cosas.”

30 Su pelea con los autoridades del fútbol fueron una constante a lo largo de su carrera. Por eso, en 1995 se juntó con figuras de renombre como Weah, Cantona, Blanc, Vialli y Raí y el 28 de septiembre fundó el Sindicato Mundial de Futbolistas, una entidad que luego no tuvo ninguna relevancia.

“Tenemos que luchar por un gremio fuerte, porque la gente no va a la cancha por los dirigentes.”

31 Un Boca sin títulos y un Maradona con ganas de regresar tras la suspensión se conjugaron para el retorno. Tras un amistoso en Corea, el debut se produjo el sábado 7 de octubre de 1995, con un agónico triunfo 1-0 sobre Colón, con un mechón amarillo en la cabeza y con sus hijas saliendo de una caja. Aquella tarde es recordada por su invitación a pelear a Toresani.

“A Toresani le dije en la cancha que vivo en Segurola y Habana, séptimo piso y vamos a ver si me dura 30 segundos.”

32 El 1º de mayo de 1996, Macri trabajó. En su función de presidente de Boca llevó adelante el remate de los palcos de la nueva Bombonera. Por 305 mil pesos, el ídolo, a través de Coppola, se ganó el derecho de elegir y tener por diez años el palco central, que se hizo célebre por su presencia. Luego el club se lo cedió de por vida.

“Al cartonero Báez se le escapó la tortuga. Yo nunca dije nada de su autosecuestro.”

33 Jugó un flojo primer tiempo ante River y el Boca de Veira caía 1-0 en el Monumental. El Bambino lo cambió por Riquelme y su equipo dio vuelta el marcador. Era el sábado 25 de octubre de 1997. El lunes siguiente, un rumor sobre la muerte de su padre desencadenó su retiro definitivo.

“A River se le cayó la bombacha.”

Medio muerto

34 El arranque del año 2000 lo encontró en una dura pelea por su vida. Por una hipertensión derivada de su adicción tuvo que ser internado de urgencia en la clínica Cantegril de Punta del Este, aunque su representante Cóppola habló de que había comido mucho salame. Luego de recuperarse, marchó a recuperarse a Cuba.

“No sé quién es el publicista de turno, pero ese cartel maldita cocaína no tiene nada que ver. Tenemos un país donde siempre se empieza a construir por el techo.”

35 Cuba fue el lugar elegido para su recuperación. Recluido en Las Praderas, creció su vínculo afectivo con Fidel Castro, de quien se tatuó su imagen y, según contó, la besa todos los días. Allí nació su biografía Yo soy el Diego, de los periodistas Daniel Arcucci y Ernesto Cherquis Bialo.

Él se equivocó y pagó

“Todos los días, cuando me levanto, le doy un beso a Fidel.”

36 Con un evidente sobrepeso y con la rodilla izquierda recién operada, su postergado partido homenaje se llevó a cabo el 10 de noviembre de 2001 en la Bombonera, con la presencia de los jugadores de la Selección Argentina y figuras mundiales como Matthäus, Stoichkov, Suker y Valderrama. Terminó con la camiseta de Boca de Riquelme.

“Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha.”

37 Pasaron más de 16 años para un encuentro impactante. El 19 de mayo de 2003 se cruzó por primera vez en el campo de golf de Fiuggi con Diego Armando Jr., su hijo no reconocido con la napolitana Cristiana Sinagra, y conversaron durante 40 minutos. En 1992, la Justicia italiana había determinado su paternidad.

“Mis hijas legítimas son Dalma y Giannina. Los demás son hijos de la plata o de la equivocación.”

La caída

38 Boca afrontaba un compromiso matutino el domingo 18 de abril de 2004 ante Chicago en la Bombonera y su presencia no podía faltar. Pero visiblemente agotado, se retiró en el entretiempo y, por la tarde, fue internado en la Clínica Suizo-Argentina, con un cuadro de hipertensión provocada por una sobredosis. Estuvo a punto de morir.

“Muchas veces me he dado un saque, he querido agarrar la pelota y no pude. Mi cerebro daba órdenes y mi cuerpo no las cumplía.”

39 En marzo de 2005 mostraba signos de obesidad, con un peso superior a los 120 kilos. Por eso se internó en la clínica Medihelp de Cartagena para someterse a un bypass gástrico, una operación a cargo del doctor Luis Felipe Chaux. “La idea de la operación es que nunca más recupere el peso”, señaló el médico.

“Si veo a Duhalde en el desierto, le tiro una anchoa.”

40 Tras todas sus idas y vueltas con Macri, finalmente el ingeniero le dio un cargo en Boca. En julio de 2005 lo nominó vicepresidente del Consejo de Fútbol y su mayor mérito fue sugerir a Basile como técnico. Un año después, en agosto de 2006, abandonó el cargo y se molestó con el entrenador porque aceptó marcharse como DT de la Selección.

“Un día Macri va a querer que el fútbol se juegue con un dado.”

Resurrección televisiva

41 Luego de bajar más de 50 kilos por la operación y una dieta estricta, el 15 de agosto de 2005 hizo una irrupción triunfal en La Noche del Diez, un show televisivo en el que era su conductor. Una nota con Pelé, el recordado Maradona por Maradona e innumerables figuras del deporte y el espéctaculo pasaron por el programa, que ganó un Martín Fierro.

“Cuando me pinta el bajón, pongo El Chavo y se me pasa todo.”

42 La Cumbre de la Américas de Mar del Plata en noviembre de 2005 le sirvió otra vez para fijar su posición política. Abordó el Expreso del Alba y participó junto a Evo Morales, Hugo Chávez y la Madres de Plaza de Mayo en la Contracumbre, en repudio a George Bush y como oposición al ALCA.

“Soy completamente izquierdista, de pie, de fe y de cerebro.”

43 Tras una nueva crisis y luego de un paso por el Sanatorio Güemes y por el de los Arcos, el 21 de abril de 2007 fue internado en la clínica psiquiátrica Avril. Durante unas horas un rumor muy fuerte indicaba que había muerto. Recién el 6 de mayo abandonó la clínica.

“Acá uno se cree Napoleón, otro se cree un rey y yo digo que soy Maradona y nadie me cree.”

Show back

44 Apenas unos meses después de pelear por su vida, regresó a jugar al fútbol con algunos amigos como Alejandro Mancuso, Fernando Gamboa y Sergio Goycochea en el showbol. El 5 de agosto de 2007 en Santa Fe aportó un gol de penal para el triunfo 8-5 sobre Uruguay.

“Es imposible tener quieto a Maradona.”

45 Tras la renuncia de Basile, la familia Grondona lo nominó como entrenador de la Selección en octubre de 2008. Su estreno se produjo el 19 de noviembre con una victoria 1-0 en un amistoso ante Escocia. “Logramos sacarle al equipo el miedo a perder”, dijo ese día. A fines de marzo, debutó con un 4-0 a Venezuela por las Eliminatorias.

“No tengo miedo de que se me caiga la corona. Cuando entré a Ezeiza, se me infló el pecho como cuando era jugador.”

46 La tarde del 19 de febrero de 2009, su hija Giannina y Sergio Agüero lo convirtieron en abuelo. Con un peso de 3,6 kilos nació Benjamín, que de inmediato pasó a ser su debilidad. Incluso, comenzó a jurar por Benja. Durante el Mundial, la foto del nieto fue su cábala.

“Con Benjamín me entró un aire de juventud muy grande.”

Milagroso

47 Luego del milagroso triunfo ante Perú con el gol de Palermo, llegó la clasificación para el Mundial de Sudáfrica gracias al triunfo en el Centenario ante Uruguay. Con el pasaje en la mano, fue el tiempo de los exabruptos: “La tienen adentro, que la sigan mamando”.

“A los que no creyeron en mí, con perdón de las damas, que la chupen y que la sigan chupando.”

48 Venía de cuatro triunfos seguidos, hasta que su equipo se cruzó en los cuartos de final del Mundial con Alemania, que se impuso por un inapelable 4-0. “No sé si sigo”, dijo en ese momento, sin saber que era su último partido como DT de la Selección.

“Es una trompada de Muhammad Alí, no tengo fuerzas para nada.”

49 Después de que Grondona le pidiera modificaciones en su cuerpo técnico, aseguró que su ciclo como entrenador de la Selección Argentina estaba terminado. “Grondona me mintió y Bilardo me traicionó”, dijo en su monólogo. Más tarde, en una entrevista, intentó, sin éxito, volver a postularse.

“Grondona es tan rápido que le pone un supositorio a una liebre.”

Ilusionados y eliminados

50 Su última aparición pública fue en el velatorio del ex presidente Néstor Kirchner, con quien se había reunido hace poco más de un mes. “Se fue un gladiador, tenía cosas del Che Guevara, que es mi ídolo”, alcanzó a decir luego de acompañar a la presidenta Cristina Fernández.

“A los contras, Cristina los tiene que pelear como los peleaba Néstor.”

Único, enorme, políticamente incorrecto, artista con el balón, errático en la vida, enfermo, endiosado, ídolo, padre, hombre, argentino.

Por: Ariel Greco, Facundo Martínez, Andrés Pappagallo y Matías Quercia en Página/12

 

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Terminó el ciclo Maradona en la Selección Argentina

In Derecho a Replica on 27 julio, 2010 at 8:31 PM

“El Comité Ejecutivo con el pleno de sus miembros y por unanimidad a resuelto no renovar el contrato con el Sr. Diego Armando Maradona en su caracter de Director Técnico y Jefe de las Selecciones Nacionales”.

Maradona dejó de ser DT de Argentina

Las palabras que se estrellaron en los micrófonos pertenecieron al vocero de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y viajaron por el mundo dándole fin a otro capítulo de la vida de Maradona. Sin esquivar polémica, siempre dejando lugar para las dudas y sospechas, muriendo con la palabra, despertando odios y defensas de su nombre; Maradona se volvió a ir de la Selección Nacional.

No busco dramatizar, tampoco pienso develar internas secretas de Don Julio y su mesa de dirigentes ni mucho menos ofrecer el apoyo incondicional que cierto sector del periodismo otorga ciegamente a Diego siendo tan ridículos como aquellos seis que cada noche osan maltratar su nombre. Solo acerco mi opinión, lejana, sentida y sin intención de entorpecer.

Lo que hizo

Maradona debutó en el banco de Argentina allá por noviembre de 2008 en Glaslow ganando frente a Escocia. Durante 2009 ganó 5 y perdió 3, entre febrero y marzo le ganó de visitante a Francia y goleó a Venezuela, pero en abril fue vergüenza en Bolivia cayendo 6 a 1. Duras derrotas en Quito y frente a Brasil en Rosario pero el “10” volvía a pelear.

Logró clasificar con lo heroico de Palermo y el oportunismo de Bolatti. Se abrazó con Bilardo, lloró, voló de panza sobre el césped y hasta le dió fama a un periodista medio pelo con la tan mal vista como celebre “la tenés adentro” y “que la sigan mamando”.

La suerte parecía haber puesto las cosas a su lugar, la moneda otra vez con cara favorable a la stampa maradoniana. Y llegó el Mundial, con el mejor predio en Sudáfrica y toda su mística a flor de piel. Los jugadores y el cuerpo técnico compartió 11 días y comenzó a jugar.

Debutó con Nigeria, también ganó frente a Corea y terminó con puntaje perfecto en la etapa de Grupos al ganarle a Grecia. Venció a México y cayó por 4 a 0 frente a Alemania. Metió bien los cambios en las primeras fechas mas allá de demorarse frente a Alemania. No supo hacer reaccionar a su equipo del gol desde el vestuario, pero logró despertar la pasión en varias estrellas que parecían dormidas en el ciclo anterior. Podría haber llevado laterales, un enganche mas o 10 delanteros, pero nada asegura que el rumbo se iba a torcer.

En 2002, Bielsa no reunió a Batistuta y a Crespo para evitar la eliminación contra Suecia. En 2006, Pekerman sacó a Riquelme y no puso a Messi cuando controlaba a una Alemania inferior a la de 2010. Ninguno de los dos recibió semejante e injusta acusación. Lo que debiera ser una evaluación estrictamente futbolística, se convirtió en una compleja situación, bien maradoniana, con espacio para el sentimiento y la política.

Argentina fue 5ta con Maradona, lo mejor desde Italia 90

Lo que hicieron

La ilusión se terminó, el árbol se hizo leña y la política lo suyo. Maradona terminó su ciclo siendo el mismo DT que era cuando fue elegido, hasta ha crecido me animo a decir. Pero Julio Grondona, presidente de AFA, puso sus condiciones sobre la mesa y endureció la postura de un Diego que sabido es no es menos duro que el veterano dirigente.

Grondona colocó a Bilardo (que continuará) a observar a Maradona, se confeccionó una lista del Cuerpo Técnico que no deberían continuar como condición necesaria para que Diego siga y sospecho que la perla económica que representa Maradona albiceleste fue superada por ciertos resabios de pensamiento y las fotos políticas de estos últimos días.

Ambas partes tiraron de la cuerda sin querer ceder. No creo en la presión del Gobierno Argentino para ponerlo en primera instancia y ahora para sacarlo al DT, si confío en los dirigentes de todo el país que se sientan en el Comité Ejecutivo pero reconozco el peso de la palabra de Grondona.

¿Lo puso para apagar la salida incendiaria de Basile pero nunca lo quiso tener? ¿Fue corta o larga la chance comparada con la de otros DTs que no llegaron al 5 to puesto mundialista? ¿Por qué tanto recelo con los ayudantes o miembros del Cuerpo Técnico? ¿Historias tapadas o excusas? ¿Cuánto influye Bilardo?

Muchas preguntas quedaron sin responder, quizás lleguen alguna vez las respuestas al fin y al cabo lo que manda en AFA en el Todo pasa, Todo llega. El problema no es el tiempo sino los años. Esta vez las horas volvieron a caer sobre otra cabeza pero al fina al cabo tiene razón en sus dichos y por eso no pierdo la esperanza, Don.

Se terminó el tiempo para Diego

+ Mi nota post eliminación “Fuimos ilusionados y eliminados”

+ “The alternative Maradona: Alex Sabella” en Los Tiempos del Poder por Fernandez Moores

“Me llamaron para apagar un incendio, lo apagamos y luego de eso, cuando podíamos trabajar con más tiempo y tranquilidad, sucede esto. ¿Qué pasó? Grondona me mintió y Bilardo me traicionó”

“Todo mi equipo y yo estábamos listos para seguir, que les quede bien claro. Es más, Grondona en el vestuario luego de la eliminación de Sudáfrica, me dijo delante de testigos y jugadores que quería que siguiera. A la vuelta en Argentina empezaron a enturbiarse las cosas y Grondona, en la conversación que tuvimos ayer, me dijo que quería que yo siguiera pero sin siete personas de mi cuerpo técnico. Al decirme esto, me está diciendo que no me quiere”

“Quizá alguien pensó que yo podía traicionar a mis colaboradores. ¿Por qué piensan así? Porque ellos en mi lugar lo harían. Yo tengo virtudes y defectos, pero siempre puedo mirar a la gente a los ojos y de frente”

“El que venga tiene que cuidarse. Cuando estábamos de luto, Bilardo trabajaba en las sombras para echarme. La lista que me pidió Grondona era puro cuento, porque Bilardo y Humberto ya la habían hecho”

“Desde 1990 no logramos pasar los cuartos de final. No pude revertir la situación y no estuve a la altura en el último partido. Como todo el mundo hemos tenido aciertos y errores. Internamente hemos hecho una autocrítica y sabemos qué cosas debemos mejorar.  Uno aprende y desde ahí puede definir estrategias para poder avanzar y crecer”

“Yo defiendo a toda mi gente, desde el masajista hasta el utilero y no voy a cambiar porque tengo valores y códigos que no tienen ellos. Esto me lo enseñaron mis viejos, lo aprendí de chico cuando empecé en Argentinos Juniors y fui apoyado por mis compañeros. Esto no se cambia ni se negocia”.

“Quiero que sepan que la traición está a la vuelta de la esquina y que hay personajes que solo cuidan sus intereses personales y sus cuentas bancarias. Señores, ustedes saben todo lo que hice por la camiseta argentina, hice de todo. El fútbol argentino merece estar en otra posición, pero se necesita trabajar con tiempo desde lo técnico y lo anímico”.

“Me voy tranquilo”

“El equipo está compuesto por jóvenes con un futuro inmenso. Se puede soñar muy lindo. Nosotros soñamos y nos han quebrado la ilusión de seguir conduciendo. Mi ciclo fue el más corto de los últimos 35 años”

“Soy un convencido de que en este corto tiempo los jugadores que formaron parte del equipo volvieron a sentir todo eso. Quizá esa haya sido mi tarea. Yo quiero agradecer de todo corazón a los que nos ayudaron y por sobre todas las cosas a la gente. Todos saben lo que la selección significa para mí, pero yo no puedo seguir con este planteamiento (de Grondona)”

“Me voy con la consciencia tranquila porque lo di todo y transmití el orgullo que significa ser argentino”.

Diego se despidió como DT

Fuimos ilusionados y eliminados

In Derecho a Replica, Exclusivos, Pasiones, Prosas Propias on 3 julio, 2010 at 2:17 PM

La selección Argentina dirigida por Maradona fue eliminada por Alemania del Mundial Sudáfrica 2010. No disparen contra su bandera muchachos. Se terminó. Fallamos y pagamos. Buscamos y chocamos. Pero lo que sentimos hoy es gracias a que nos ilusionamos y gracias por eso Argentina.


El gol tempranero, un mal día de Otamendi y un impacto duro de remontar. Cuando mas cerca del empate estuvimos, Müller desde el piso habilitó la ventaja. No hay explicaciones. Se hicieron las apuestas y se perdió. Fueron superiores en orden, precisión y equilibrio. Me encantó Mascherano y Tevez. Falló Otamendi y demoró en llegar el juego de DiMaria.

Con cada jugador que podría haber ingresado se variaba un nuevo esquema, son válidos todos los cambios que ustedes digan, pero se eligió por estos, se la jugaron por los que se hicieron.

Pero el fútbol es así, a lo que yo me quiero referir es que estamos desilusionados porque hubo ilusión mediante, y esto en nosotros argentinos es muy importante. Porque con el suceder de este Mundial nos dimos cuenta que se podía, creímos que lo lográbamos y cuanto mas nos acercamos mas temimos obviamente, pero nunca dejamos de creer.

Volvimos a creer, elegimos enamorarnos de una esperanza y el destino, el azar del juego nos dio vuelta la cara. Decidimos quedarnos en el frenesí de un ambiente nacionalista exagerado, casi insoportable. Sin el análisis sesudo y racional. Nos pusimos ansiosos, nerviosos y con hambre de gloria. Esa que nos continúa esquiva.

Y la culpa es de Diego Maradona. La culpa es de ese cabecita que nos mostró que lo imposible muchas veces era posible, porque en repetidas ocasiones lo logró. El tiene la culpa por haber salido ileso de sus propios infiernos en los que todos nosotros creemos poder ser jueces. Diego es culpable por habernos demostrado que a veces la historia se quiebra en su devenir y una ilusión irrumpe en la línea temporal, logrando que los vencidos venzan y los pequeños se agiganten.

Pero hoy no pudo, hoy perdió y lloró. Perdió y lloró como cuando le tocó perder como jugador. Porque esas cosas también pasan en el fútbol, Maradona también puede perder. Pero lo que muchos jamás imaginaron era que Maradona podía volver a ilusionar.

Muchos pensaron que Julio Grondona estaba loco cuando designó a lo que otros pensaban como un ícono ya desvanecido y sin experiencia como entrenador, para hacerse cargo de un equipo con muchas fisuras.

Los críticos deberán respetar mas al Maradona Director Técnico. El Diego jugador seguirá en el pedestal y no correrá peligro porque se han dado los primeros pasos en una carrera técnica que solo puede desarrollarse en un Seleccionado, según mi parecer, porque demostró positivas prestaciones para dotar de simbolismo a un grupo que muchos calificaban sin alma o sangre para jugar.

Diego devolvió la ilusión, corrió como loco, sufrió y hoy llora a la par de todos nosotros los mortales que no hicimos absolutamente nada mas que alentar y sentir pasión por una camiseta a la que él le dio la vida.

Respeto señores, paguemos entre todos la desilusión, nos hagamos cargo de la cuenta pendiente. Si somos de enamorarnos rápido, sepamos también entonces escuchar las canciones de dolor cuando nos dejan. Diego saludó a todos antes de dejar el campo de juego, se aguantó perder y después lloró desconsolado en un vestuario, con tanta desilusión como nuestras casas y calles.

No disparen señores que nadie debe morir. Reflexiones futbolísticas llegarán con el tiempo, porque no deberemos cortar la punta de la pirámide sino analizar lo que se está haciendo en la base dirigencial a nivel nacional para con los jugadores y clubes.

Yo me ilusioné y pagué pero los sueños no se manchan. Abrazo y tragar el dolor para poder volver a ilusionarnos pronto.

+ La columna de Juan Pablo Varsky

+ La columna de Gonzalo Bonadeo

+ La columna de Mario Wainfeld

+ La columna de Ezequiel Fernandez Moores

Victor Hugo Morales y el Mundial

In Derecho a Replica on 10 junio, 2010 at 9:15 AM

“La Argentina tiene enormes posibilidades de hacer un muy buen mundial, de ganarlo, incluso”, dice Víctor Hugo Morales, las piernas largas encogidas en el asiento delantero de un Renault Clío algo machucado que conduce Mario, su chofer desde hace muchos años, que renegará todo el viaje con la cinta adhesiva que sostiene malamente el retrovisor.

El rumbo es Berazategui: dentro de un rato allá, en el gimnasio De Vicenzo, Víctor Hugo hablará ante unas 500 personas. “Me levantó mucho el ánimo el buen partido que hizo con Alemania –explica, todavía en el tránsito compacto del microcentro–. Estuvo mucho mejor el equipo que las individualidades, y como en su momento las individualidades van a rendir… Fue el primer partido en el que Diego le puso, como técnico, su propia firma al equipo.”

Unos minutos atrás salía extenuado de la radio, casi arrastrando los pies, tras el programa que conduce por Continental: es, por estos días, el díscolo que no cerró filas con los intereses de esta emisora del grupo Prisa, y tiene a su cargo seis horas diarias de programación, más las transmisiones de fútbol. Las ovejas blancas, ahí, van con los tapones de punta contra la ley de medios y cualquier cosa que haga o deje de hacer el Gobierno; en La mañana misma (que va tras Magdalena Ruiz y antecede a Fernando Bravo) Víctor Hugo mantiene sus buenas discusiones con periodistas-gerentes de la blancura que forman parte de su propio espacio. Y aunque pueda sonar lógico decir que le sería más fácil y más cómodo alinearse se intuye que no, que eso podría suavizarle el roce con las ovejas pero poner áspero el propio, el rumiar interno: si estuvo toda la vida contra la concentración mediática y el monopolio del fútbol, ¿cómo va a ponerse a hachar, eso, ahora? Para quitarse heroísmo, se declara inimputable: sabe que tiene espaldas anchas. El cansancio, dice, es por una gripe que tiene.

“¿Lo escuchaste a Víctor Hugo Morales?”, preguntó Rocha en 1981. Rocha es el amigo que uno tiene desde la infancia, uno que jugaba –y juega– de diez, el que armaba los equipos, y la pregunta fue hecha en un pueblo de la costa atlántica bonaerense, cuando ahí no había televisión y el relator (“de América”) era José María Muñoz. Estábamos acostumbrados al tono solemne de este hombre, a sus latiguillos: “toca el esférico”, “cargan varios, peligro de gol”, “córner número…”. Era desde hacía rato, allá (y en “América”) la voz del fútbol. Con Rocha sintonizamos a Víctor Hugo de inmediato: el tipo transmitía en colores, en detalle, se inventaba diálogos, era rapidísimo y narraba unas épicas fabulosas. Era distinto, otra cosa. Cabían, en su relato, la imaginación, la curiosidad, los matices. Como relator, Víctor Hugo es un extraordinario cronista, un fuera de serie. Pero en aquel momento era algo indefinible, como un viento renovador, un aire que ponía en evidencia qué respirábamos con Muñoz.

Este hombre transmitirá desde Sudáfrica, en unos días, su décimo mundial. Barrilete cósmico, mandó, tras aquella jugada imposible en el Azteca, contra los ingleses. Le debe a Maradona sus mejores momentos como relator: su voz es la banda de sonido universal del que se considera el gol más notable de todos los tiempos. Ahí mismo, un rato antes, vio desde la cabina lo que las cámaras no alcanzaban a dilucidar, lo que sólo vieron los jugadores en la cancha, la mano de Dios. Sin embargo desde “lo técnico”, ha dicho alguna vez, su mejor relato fue el cuarto contra Grecia, en el ‘94, esa serie velocísima de toques cortos que terminó con el zurdazo al ángulo y el festejo furibundo a cámara: fue el último que Maradona hizo en un mundial. Víctor Hugo iba nombrando en simultáneo a cada uno de los participantes y lo gritó cuando la pelota iba todavía en el aire: “Un maravilloso remate al ángulo superior derecho como fin de una jugada fantástica del equipo argentino –dijo segundos después–. Una sucesión de toques, no se sabía dónde estaba la pelota, un flipper, pero toda la maquinita parecía azul”. Y al toque: “Maradona, acordándose de un griego que solía hablar con humildad, esta vez dijo ‘de fútbol, lo sé todo’”.

Bueno, quién podía imaginar el inminente corte de piernas. O este debut como técnico en mundiales, con Messi. “Es el artista de hoy –dice de él Víctor Hugo–. El equivalente a Diego de este momento. Pero sin ser Diego. No todavía.”

Ida

–¿Pensás que Messi va a brillar en la Selección, en este mundial?

–Sí, soy muy optimista de lo que puede, es un jugador fantástico. Si la Argentina anda bien, Di María va a ser otro jugador muy importante, se va a lucir. Y la Selección no va a andar bien si no anda bien Mascherano: sin él bien, difícil que salga campeón. Porque él fija el lugar del planteo del partido. Y eso repercute luego, por ejemplo, en cómo se articulan Messi y los otros.

–¿Cómo definirías la impronta de este equipo, cómo pensás que lo planteará Maradona?

–Creo que pretende lo que cualquiera: un equipo corto entre las líneas, que no haya una cancha de distancia entre Demichelis y Messi. Un equipo posicional, que no va a tener grandes movimientos tácticos y que jugará claramente en un esquema 4-4-2, por necesidad, por jugadores y por imperio de lo que hoy se estila. El partido con Alemania fue demostrativo de la cautela con la que se busca, porque en el fútbol actual el mayor peligro surge del resultado positivo de la presión del equipo que no tiene la pelota en la mitad de la cancha para tomar al rival, circunstancialmente, defendiendo con cuatro o cinco en lugar de ocho. Ese contraataque rápido puede dar más satisfacciones que tener la pelota mucho rato, arrinconar al rival, y no tener por dónde pasar. Ahí empieza ese fútbol insoportable, vueltero, de tocar para los costados y para atrás; eso, que para algunos es buen fútbol, para mí es lamentable. Y así van a ser la mayoría de los partidos del mundial: los jugadores no encaran, se paran frente al rival y tocan al costado, sin audacia personal. Por eso Messi es distinto.

–Claro, Messi hace esto todo el tiempo.

–Exactamente. Pelota, mano a mano con un tipo, y lo quiere pasar. Quiere ir más allá de la línea del jugador que lo marca. Y en general qué pasa: los jugadores pasan la pelota y no traspasan las líneas de los que marcan. Por eso el juego se pone poco entretenido.

–¿Lamentás que Riquelme no esté en la Selección?

–Lamento que se hayan enfrentado Diego y Riquelme, porque a los dos les debo grandes momentos como relator. Pero Román tiene un problema a nivel internacional, y es que al ser un jugador tan atractivo para sus compañeros, porque es como un imán, al anularlo a él se anula mucho del equipo. Si estuviera en el equipo no tendría objeciones; y tampoco las tengo si no está. Cuando hay alguien que capitaliza la atención, en todos los órdenes de la vida, tenés la dificultad de que no haya otras respuestas colectivas. Esto es lo que pasa hoy en día con el enganche con los pocos espacios que hay: se convierte en referente para que los rivales lo presionen y saquen la contra. Cuanto más haya adelantado sus líneas un equipo que lo tiene a Juan Román, o a los enganches en general, para salir de Riquelme, más riesgos se asumen. El fútbol se hace más estético, porque el que tiene la pelota la tiene porque sabe, y trata de concertar con una geometría más pausada, no tan vertiginosa, diferente a la del fútbol jugado a las revoluciones del 4-4-2. ¿Me das una pastilla, Mario?

Mario conduce hacia el sur, por la autopista, despacio. Cada tanto atiende y le pasa el celular a Víctor Hugo, que entre ida y vuelta irá organizando con productores y/o amigos ubicaciones para él y su esposa para ver y oír cantar esta noche a Katherine Jenkins, materiales para los programas del día siguiente, detalles del viaje a París previo a Sudáfrica. Dice Víctor Hugo que su ego es escasísimo y que se siente “un espectador de alma”, lo que le permite estar muy cómodo diez o doce horas en la periferia de cualquier situación. “Mi trabajo es conducir y esto me coloca en el centro de la escena en el momento en el que laburo –explica–, pero en ningún acto de mi vida, ni siquiera en el ámbito familiar, soy el centro de atención, donde más bien están mis hijos, o los amigos, o los artistas. Diría, más bien, que escasamente ocupo ese sitio yo. No sé si siempre fue así, pero considero que un éxito personal es estar muy a buenas con mi poca solemnidad y mi escasa noción de importancia. No me paso de revoluciones respecto de mí mismo.”

–Dijiste, capaz que en sintonía, que no te considerás un tipo de talento.

–Tengo mucho respeto por esa palabra. Incluso cuando se la atribuyo a otros muchas veces me reprocho, porque uno acusa de talentosas a personas que son apenas ingeniosas. Creo que tengo inteligencias que, combinadas, me dan por lo menos una satisfacción en mi relación con las cosas, en las posibilidades de hacer mi trabajo con cierta repercusión, ¿pero talento? ¿Cuál sería, hablar muy bien? Siempre estoy disconforme. ¿Relatar muy bien? Ese podría ser un talento, sí, aunque no sé. Para mí talento tiene Dolina. Pero si hablás con él por ahí empezará hablando de las cosas en las que sabe que no lo tiene. Más que el talento me interesa la inteligencia para vivir, lo que llamamos la búsqueda de la felicidad. Y no estoy mal rumbeado.

–¿Pero no considerás que puede haber un arte, ahí, en el relato futbolero?

–Sí, algo puede haber. Pero hay que ver, porque se puede ser relator con nada, con buena voz, buen golpe de vista; las calidades de los relatores oscilan con el nivel cultural, su preparación, su entendimiento de la estética y de la ética: todo confluye, como en casi todas las actividades de la vida. Y cuando eso se hace con cierta magia, con algún elemento atrapante para la persona que te escucha, podríamos hablar de un pequeño talento. Bien hecho puede ser un arte menor, pero arte al fin. Y creo que me he mostrado que lo hago bastante bien, que he sido creativo y personal, como para decir que dentro de esa actividad he sido un poco artista, también.

Víctor Hugo viajó a cubrir por primera vez un mundial en el ‘78, cuando todavía estaba radicado en Montevideo, pero antes, en el de Alemania ‘74, transmitió para la televisión un par de partidos de Uruguay. Nació en Cardona a fines del ‘47 y a los 16 ya estaba trabajando en Radio Colonia. Debutó como relator en Argentina en febrero de 1981, el mismo día en que debutaba Maradona en Boca. “No vayas directo al lugar, Mario, veamos si encontramos antes un boliche como para comer algo”, propone. “Mi actitud general hacia el juego es de disfrute, de elemento que me sirve para construir mi trabajo, mi periodismo. Pero más que enamorado del fútbol, yo soy enamorado de la radio. Soy un periodista, un cronista que relata. Y eso no ha variado a lo largo de los años.”

Entretiempo

El gimnasio Roberto De Vicenzo es un galpón amplio, nuevo, multiuso. A las tres de la tarde casi todas las sillas plásticas que se dispusieron están ocupadas: unas 500 personas se acercaron a este rincón de Berazategui para oír su charla sobre ley de medios y Fútbol para todos. En los últimos meses ha dado conferencias de estas en diversas localidades: Laprida, San Antonio de Areco, Necochea, La Plata. Víctor Hugo entrelaza los dos temas cuando sostiene que el multimedios Clarín construyó una situación oligopólica de 260 y pico de canales a expensas del dinero que le robó al fútbol. “Hablan de ‘El robo del siglo’ en referencia al atraco al banco, pero a mí me parece más valiente que el que perpetraron en nuestra cara con el cuento de la libertad de opinión, una bandera para robarnos miles de millones de pesos del fútbol, que de alguna manera, a través de los clubes, eran de la gente”, dice ante el público. Y sí: bastante angurrientos los caballeros, que pisaban dedos si a alguien se le ocurría pasar alguito antes que Fútbol de Primera. En 2001 Cablevisión le mandó cartas documento por haber dejado de fondo, a un costado, mientras conducía el programa Desayuno, la transmisión de la final de la Intercontinental entre Boca y el Real Madrid. Víctor Hugo argumenta a favor de por qué es beneficioso que el Estado ponga plata en el fútbol para pasarlo gratis por televisión abierta: mejor vía de publicidad, reencauce de fondos, masividad, escasísimo costo dividido entre los televidentes, llegada a sectores de bajos recursos que no podían pagar cable. “Cuando llega el fin de semana, millones de personas tienen ocio. Cuando hay un plan, salir con los amigos, comer con la patrona, nos provoca felicidad. Pero hay muchísima gente que cuando llega su tiempo libre no tiene proyecto: la previsión de sábado y domingo es el aburrimiento, quedarse en casa, muchas veces porque no hay plata para gastar. El fútbol permite, al menos, juntarse a ver el partido. Proyecto de vida es salud mental, y salud mental es estar contento. Para mí, hay una cuestión de salud en este proyecto, que ahora está disponible para 25 millones de personas.”

Luego de la ovación sobreviene una hora de autógrafos, consejos, agradecimientos, fotos. Rodeado, paciente, con una sonrisa que se va desvaneciendo de a poco. Mario intenta rescatarlo, pero no hay caso. Cuando consigue zafar de eso, lo pescan los organizadores. “Es así en todas partes”, dice Mario, al pie del Clío, resignado a esperar un poco más.

Vuelta

–¿Qué es para vos un mundial?

–Para mí es un viaje. El sitio me marca mucho más el entusiasmo que el propio campeonato. Un mundial jugado en Francia, Alemania, España, México o Colombia, por distintos motivos, me interesa más que el de Estados Unidos, Corea o este de Sudáfrica. Pienso la vida en función de viajes, del interés que me despierta el sitio. El campeonato del mundo es algo que saca al fútbol demasiado de su esencia, lo pone en un ámbito que te desborda, te supera, en el que sos una cosita muy pequeña, seas jugador o periodista. Es algo de los dirigentes, de la política, de la figuración, de los sponsors. Hasta el año ‘90 todavía había un poco de fútbol a escala humana; ahora, salvo que tengan un apellido vinculado al marketing fuerte –Ronaldo, Messi–, los jugadores se ven como piezas poco interesantes. Tanto es un viaje para mí que, para hacer promedio con Sudáfrica, que presumo no me va a interesar tanto, me armé para pasar unos días antes en Roland Garros. Sudáfrica va a ser una burbuja, irreal, encapsulada: no voy a conocer su sociedad mejor; estoy seguro de que no voy a entenderla mejor que a través de la lectura de Coetzee, que es un escritor formidable, que he leído mucho. Así que no tengo un fuerte interés, de momento, salvo las sorpresas que puedan venir o la elaboración que yo haga. Pero veremos: antes de ir a Japón tenía un extraordinario desinterés y dije no, no voy a estar rezongando, y me propuse conocer Tokio a fondo, en la medida de lo posible.

Va haciéndose de noche en el regreso. Mario soluciona un asunto: saca el retrovisor. Víctor Hugo no tiene muchas expectativas futbolísticas: “Va a estar muy por debajo, en estética, de lo que vemos en los campeonatos locales –dice–. Un fútbol muy vinculado al miedo de volverse en la primera fase, de perder en las instancias siguientes. Es muy difícil bajo tanta presión. Pero bueno, a veces hay rachas. En fin, creo que va a ser un mundial muy pobre”.

–Como se viene dando en los últimos.

–El fútbol se hace entretenido, lamentablemente, hoy en día, cuando hay una gran superioridad de un equipo sobre otros. Los del ‘82 y el ‘86 fueron los últimos grandes campeonatos del mundo, con muchos buenos equipos. El ‘70 fue aceptable, 74 y 78 malos. El ‘86 fue el mejor para mí, con el agregado emocional del triunfo de Argentina. El ‘90 fue paupérrimo, ‘94 muy malo, ‘98 algo mejor. El 2002 no se podía ni mirar. Y el 2006 fue malísimo.

–¿Qué es un mundial desde lo sociológico?

–Una gran distracción de masas. Aparece un elemento más palpable de pertenencia a lo que se llama país, patria, nación, sociedad: fortalece, para bien y para mal, esos conceptos. Estás más advertido de dónde vivís, de dónde venís.

–Suelen generarse unos estados de ánimo que se desinflan, instantáneamente, en cuanto el equipo queda afuera.

–Se muere el mundial. Al otro día de que tu equipo se vuelve, le interesa al 80 por ciento menos de gente. Pasa a ser una noticia: quiénes juegan la final, quién ganó. Quiere decir que no es el fútbol el que convoca, realmente.

–Pero es muy curioso cómo un penal puede provocar semejante cambio en el estado de ánimo y la percepción respecto de un equipo.

–Es una inmensa trampa. Tiene que ver también con la presión mediática. Yo no vivo así, de ninguna manera. Cuando me entristezco, o me gana un poco la euforia, es en función de la tristeza o de la euforia de quienes no van a poder minimizar eso.

Víctor Hugo dice que cuando relata se pone en marcha un rol actoral, un libreto que empieza a funcionar, escrito sobre la marcha. “Soy otra persona en una cabina –explica–. Ofrezco un espectáculo para los oídos, y eso no puede decaer: si te aburrís, te vas. Yo soy un amante del espectáculo, pero cuando termina el partido, paso a otra cosa”.

–¿Y no te llega la épica del juego, avanzar o no en un campeonato? Los penales contra Alemania, por ejemplo.

–Es que el fútbol está lleno de situaciones absolutamente impostoras, que me mortifican. Que Italia ganara el mundial pasado y quedara un rato como el mejor por el trámite del partido, lo que pasó con Zidane… No me gusta que sea así. No me gusta el peso que tienen los imponderables, cuando los partidos se rompen, los cambios tan radicales del juego. Contra Holanda, en el ‘98, Argentina tiene una situación bárbara y Batistuta mete un tiro en el palo: ganaba, iba a semifinales, era un buen equipo. Y termina perdiéndolo al final. Y hubo gente que llegó a decir que ese equipo de Passarella fue malo. Sobran los ejemplos de lo que digo.

–Bielsa, en el 2002.

–Qué te parece. Injusticia más grande que ésa no conozco. El período que manejó, entre el ‘98 y el 2002, fue lo más extraordinario que viví en la Selección a largo plazo. Hubo dos etapas maravillosas: el mes del ‘86 y los cuatro años con Bielsa. Yo disfruté extraordinariamente con su juego, con esa urgencia por hacerse dueño de la pelota, por esa valentía de jugar igual en todos lados. La Argentina ganó en ese período algo mucho más lindo que un mundial; por eso digo que a veces uno es prisionero de la tristeza o la alegría de los destinatarios de nuestro trabajo, porque yo, al haber disfrutado tanto de lo anterior, no tendría ningún motivo de mortificación con ese mundial.

Y acá la despedida: ya es plena noche cuando Mario para el auto sobre avenida Santa Fe. En unos días Víctor Hugo transmitirá desde Sudáfrica, nomás, y vuelta con los millones de hipnotizados. Mientras, de momento, reaparece algo emparentado con lo que acaba de decir: un rato atrás, en Berazategui, el mismísmo De Vicenzo, sentado en primera fila, le preguntó lo importante: “¿Ganamos?”. “Tenemos muchas posibilidades, y lo digo en serio –repitió Víctor Hugo–. Pero si me dan a elegir entre ganar el mundial y que salga la ley de medios, me quedo con la ley de medios.”

Fuente: Diario Página/12

Me van a tener que disculpar

In Paladar mostaza, Pasiones on 3 marzo, 2010 at 1:58 PM

Escucha a Alejandro Apo leer a Sacheri

Me van a tener que disculpar. Yo sé que un hombre que pretende ser una persona de bien debe comportarse según ciertas normas, aceptar ciertos preceptos, adecuar su modo de ser a determinadas estipulaciones aceptadas por todos. Seamos más explícitos. Si uno quiere ser un tipo coherente debe medir su conducta, y la de sus semejantes, siempre con la misma idéntica vara. No puede hacer excepciones, pues de lo contrario bastardea su juicio ético, su conciencia crítica, su criterio legítimo.

Uno no puede andar por la vida reprobando a sus rivales y disculpando a sus amigos por el solo hecho de serlo. Tampoco soy tan ingenuo como para suponer que uno es capaz de sustraerse a sus afectos y a sus pasiones, que uno tiene la idoneidad como para sacrificarlos en el altar de una imparcialidad impoluta. Digamos que uno va por ahí intentando no apartarse demasiado del camino debido, tratando de que los amores y los odios no le trastoquen irremediablemente la lógica.

Pero me van a tener que disculpar, señores. Hay un tipo con el que no puedo. Y ojo que lo intento. Me digo: no puede haber excepciones, no debe haberlas. Y la disculpa que requiero de ustedes es todavía mayor, porque el tipo del que hablo no es un benefactor de la humanidad, ni un santo varón, ni un valiente guerrero que ha consolidado la integridad de mi patria. No, nada de eso. El tipo tiene una actividad mucho menos importante, mucho menos trascendente, mucho más profana. Les voy adelantando que el tipo es un deportista. Imagínense, señores. Llevo escritas doscientas sesenta y tres palabras hablando del criterio ético y sus limitaciones, y todo por un simple caballero que se gana la vida pateando una pelota.

Ustedes podrán decirme que eso vuelve mi actitud todavía más reprobable. Tal vez tengan razón. Tal vez por eso he iniciado estas líneas disculpándome.

No obstante, y aunque tengo perfectamente claras esas cosas, no puedo cambiar mi actitud. Sigo siendo incapaz de juzgarlo con la misma vara con la que juzgo al resto de los seres humanos. Y ojo que no sólo no es un pobre muchacho saturado de virtudes. Tiene muchos defectos. Tiene tal vez tantos defectos como quien escribe estas líneas, o como el que más. Para el caso es lo mismo. Pese a todo, señores, sigo sintiéndome incapaz de juzgarlo. Mi juicio crítico se detiene ante él, y lo dispensa.

No es un capricho, cuidado. No es un simple antojo. Es algo un poco más profundo, si me permiten calificarlo de ese modo. Seré más explícito. Yo lo disculpo porque siento que le debo algo. Le debo algo y sé que no tengo forma de pagárselo. O tal vez ésta sea la peculiar moneda que he encontrado para pagarle. Digamos que mi deuda halla sosiego en este hábito de evitar siempre cualquier eventual reproche.

El no lo sabe, cuidado. Así que mi pago es absolutamente anónimo. Como anónima es la deuda que con él conservo. Digamos que él no sabe que le debo, e ignora los ingentes esfuerzos que yo hago una vez y otra por pagarle.

Por suerte o por desgracia, la oportunidad de ejercitar este hábito se me presenta a menudo. Es que hablar de él, entre los argentinos, es casi uno de nuestros deportes nacionales. Para ensalzarlo hasta la estratosfera, o para condenarlo a la parrilla perpetua de los infiernos. Los argentinos gustamos, al parecer, de convocar su nombre y su memoria. Ahí es cuando yo trato de ponerme serio y distante, pero no lo logro. El tamaño de mi deuda se me impone.

Y cuando me invitan a hablar prefiero esquivar el bulto, cambiar de tema, ceder mi turno en el ágora del café a la tardecita. No se trata tampoco de que yo me ubique en el bando de sus perpetuos halagadores, nada de eso. Evito tanto los elogios superlativos y rimbombantes como los dardos envenenados y traicioneros. Además con el tiempo he visto a más de uno cambiar del bando de los inquisidores al de los plañideros aplaudidores, y viceversa, sin que se les mueva un pelo. Y ambos bandos me parecen absolutamente detestables, por cierto.

Por eso yo me quedo callado, o cambio de tema. Y cuando a veces alguno de los muchachos no me lo permite, porque me acorrala con una pregunta directa, que cruza el aire llevando específicamente mi nombre, tomo aire, hago como que pienso y digo alguna sandez al estilo de Y, no sé, habría que pensarlo; o tal vez arriesgo un vaya uno a saber, son tantas cosas para tener en cuenta;. Es que tengo demasiado pudor como para explayarme del modo en que aquí lo hago. Y soy incapaz de condenar a mis amigos al tórrido suplicio de escuchar mis argumentos y mis justificaciones para ellos.

Por empezar les tendría que decir que la culpa de todo la tiene el tiempo. Sí, como lo escuchan, el tiempo. El tiempo que se empeña en transcurrir, cuando a veces debería permanecer detenido. El tiempo que nos hace la guachada de romper los momentos perfectos, inmaculados, inolvidables, completos. Porque si el tiempo se quedase ahí, inmortalizando a los seres y a las cosas en su punto justo, nos libraría de los desencantos, de las corrupciones, de las ínfimas traiciones tan propias de nosotros, los mortales.

Y en realidad es por ese carácter tan defectuoso del tiempo que yo me comporto como la hago. Como un modo de subsanar, en mis modestos alcances esas barbaridades injustas que el tiempo nos hace. En cada ocasión en la que mencionan su nombre, en cada oportunidad en la cual me invitan al festín de adorarlo y denostarlo, yo me sustraigo a este presente absolutamente profano, y con la memoria que el ser humano conserva para los hechos esenciales me remonto a ese día, al día inolvidable en el que me vi obligado a sellar este pacto que, hasta el presente, he mantenido en secreto. Digamos que mi memoria es el salvoconducto para volver el tiempo al lugar cristalino del que no debió moverse, porque era el exacto lugar en que merecía detenerse para siempre, por lo menos para el fútbol, para él y para mí.

Porque la vida es así, a veces se combina para alumbrar momentos como ése. Instantes después de los cuales nada vuelve a ser como era. Porque no puede. Porque todo ha cambiado demasiado. Porque por la piel y por los ojos nos ha entrado algo de lo cual nunca vamos a lograr desprendernos. Esa mañana habrá sido como todas. El mediodía también. Y la tarde arranca, en apariencia, como tantas otras. Una pelota y veintidós tipos. Y otros millones de tipos comiéndose los codos delante de la tele, en los puntos más distantes del planeta.

Pero ojo, que esa tarde es distinta. No es un partido. Mejor dicho: no es sólo un partido. Hay algo más. Hay mucha rabia, y mucho dolor, y mucha frustración acumulada en todos esos tipos que miran la tele. Son emociones que no nacieron por el fútbol. Nacieron en otro lado. En un sitio mucho más terrible, mucho más hostil, mucho más irrevocable. Pero a nosotros, a los de acá, no nos cabe otra que contestar en una cancha, porque no tenemos otro sitio, porque somos pocos, estamos solos, porque somos pobres. Pero ahí está la cancha, el fútbol, y son ellos o nosotros.

Y si somos nosotros el dolor no va a desaparecer, ni la humillación ha de terminarse. Pero si son ellos. Ay, si son ellos. Si son ellos la humillación va a ser todavía más grande, más dolorosa, más intolerable. Vamos a tener que quedarnos mirándonos las caras, diciéndonos en silencio “te das cuenta, ni siquiera aquí, ni siquiera esto se nos dio a nosotros”. Así que están ahí los tipos. Los once tuyos y los once de ellos. Es fútbol, pero es mucho más que fútbol. Porque cuatro años es muy poco tiempo como para que te amaine el dolor y se te apacigüe la rabia. Por eso no es sólo fútbol.

Y con semejantes antecedentes de tarde borrascosa, con semejante prólogo de tragedia, va ese tipo y se cuelga para siempre del cielo de los nuestros. Porque se planta enfrente de los contrarios y los humilla. Porque los roba. Porque delante de sus ojos los afana. Y, aunque sea, les devuelve ese afano por el otro, por el más grande, por el infinitamente más enorme y ultrajante. Porque aunque nada cambie allá están ellos, en sus casas y en sus calles, en sus pubs, queriéndose comer las pantallas de pura rabia, de pura impotencia de que el tipo salga corriendo mirando de reojito al árbitro que se compra el paquete y marca el medio.

Hasta ahí, eso sólo ya es historia. Ya parece suficiente. Porque le robaste algo al que te afanó primero. Y aunque lo que él te robó te duele más, vos te regodeás porque sabés que esto, igual, le duele. Pero hay más. Aunque uno desde acá diga “bueno, es suficiente, me doy por hecho”, hay más. Porque el tipo, además de piola es un artista. Es mucho más que los otros.

Arranca desde el medio, desde su campo, para que no queden dudas de que lo que está por hacer no lo ha hecho nadie. Y aunque va de azul, va con la bandera. La lleva en una mano, aunque nadie la vea. Empieza a desparramarlos para siempre. Y los va liquidando uno por uno, moviéndose al calor de una música que ellos, pobres giles, no entienden. No sienten la música, pero van sintiendo un vago escozor, algo que les dice que se les viene la noche. Y el tipo sigue adelante.

Para que empiecen a no poder creerlo.
Para que no se lo olviden nunca.
Para que allá lejos los tipos dejen la cerveza y cualquier otra cosa que tengan en la mano.

Para que se queden con la boca abierta y la expresión de tontos, pensando que no, que no va a suceder, que alguno lo va a parar, que ese morochito vestido de azul y de argentino no va a entrar al área con la bola mansita a su merced, que alguien va a hacer algo antes de que le amague al arquero y lo sortee por afuera, de que algo va a pasar para poner en orden la historia y las cosas sean como Dios y la reina mandan, porque en el fútbol tiene que ser como en la vida, donde los que llevan las de ganar ganan, y los que llevan las de perder pierden.

Se miran entre ellos y le piden al de al lado que los despierte de la pesadilla. Pero no hay caso, porque ni siquiera cuando el tipo les regala una fracción de segundo más, cuando el tipo aminora el vértigo para quedar de nuevo bien parado de zurdo, ni siquiera entonces van a evitar entrar en la historia como los humillados, los once ingleses despatarrados e incrédulos, los millones de ingleses mirando la tele sin querer creer lo que saben que es verdad para siempre, porque ahí va la bola a morirse en la red para toda la eternidad, y el tipo va a abrazarse con todos y a levantar luego los ojos hacia el cielo.

Y hace bien en mirar al cielo, porque no sé si sabe, pero ahí están todos, todos los que no pueden mirarlo por la tele ni comerse los codos.

Porque el afano estaba bien, pero era poco. Porque el afano de ellos era demasiado grande. Así que faltaba humillarlos por las buenas. Inmortalizarlos para cada ocasión en que ese gol volviese a verse una vez y otra vez y para siempre en cada rincón del mundo. Ellos volviendo a verse una y mil veces hasta el cansancio en las repeticiones incrédulas.

Ellos pasmados, ellos llegando tarde al cruce, ellos viéndolo todo desde el piso, ellos hundiéndose definitivamente en la derrota, en la derrota pequeña y futbolera y absoluta y eterna e inolvidable. Así que, señores, lo lamento. Pero no me jodan con que lo mida con la misma vara con la que suponen debo juzgar a los demás mortales. Porque yo le debo esos dos goles a Inglaterra. Y el único modo que tengo de agradecérselo es dejarlo en paz con sus cosas.

Porque, ya que el tiempo cometió la estupidez de seguir transcurriendo, ya que optó por acumular un montón de presentes vulgares encima de ese presente perfecto, al menos yo debo tener la honestidad de recordarlo para toda la vida, yo conservo el deber de la memoria…

Eduardo Sacheri