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El problema de la “Basura Electrónica”

In Malas Viejas on 10 julio, 2010 at 7:18 PM

En las últimas décadas, la tecnología ha tenido un impulso e innovación sin precedentes. ¿Pero donde irá el monitor que tienes al frente una vez que no sirva? ¿Qué produce en el ambiente desechar tu celular? Greenpeace alerta sobre los problemas de salud que puede traer aparejado no tener como país la infraestructura necesaria.

La basura electrónica crece y se necesitan soluciones

Que si tiene Bluetooth, que si viene con cámara, que si es pantalla plana o Led y ahora también 3D. A diario se renuevan las funcionabilidades y modelos de celulares, televisores o computadoras; menores costos de fabricación generan mas ventas y el paradigma de “lo novedoso” convierte al mercado en una fábrica de basura electrónica de la cual somos dueños.

El promedio de vida útil de las computadoras en los países industrializados en 1997 era de 6 años y en 2005 de 2. Los teléfonos celulares tienen un ciclo de uso de menos de 2 años, mientras que en Argentina el promedio es 3 años. Debido a este constante recambio es que producimos toneladas de basura que no reciben tratamiento adecuado y son perjudiciales.

Un informe de Naciones Unidas advirtió que por año se generan entre 40 y 50 millones de toneladas de basura electrónica por año a nivel mundial. En el caso argentino se estima que cada habitante genera 2,5 kg. de este tipo de residuos por año, cerca de 100 millones de kg. anuales (100 mil toneladas)

Mucha gente desconoce que los aparatos electrónicos que utilizan diariamente contienen compuestos tóxicos. Cuando estos aparatos se convierten en residuos, terminan en basurales a cielo abierto o rellenos sanitarios contaminando el suelo, el agua y la salud de las comunidades vecinas.

Para prevenir los impactos por el crecimiento de la basura electrónica, los fabricantes deben diseñar productos limpios con mayor vida útil, seguros y fáciles de reciclar y que no expongan a los trabajadores y al ambiente a químicos peligrosos.

En el año 2008 fue presentado en el Senado de la Nación el proyecto de Ley de Presupuestos Mínimos de Gestión de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos, a pesar de la urgencia del problema, el proyecto perdió estado parlamentario y debió ser presentado nuevamente para poder ser tratado y aprobado.

Argentina no cuenta con ninguna infraestructura formal para hacer frente a la basura electrónica y gestionar este tipo de residuos (de televisores, celulares, computadoras, pilas y baterías, artefactos línea blanca, etc.). Cuanto más se retrase la implementación de políticas para la gestión diferencial de esta corriente de desechos, mayor será la cantidad de residuos electrónicos acumulados a ser tratados y mayores los costos de reparación ambiental.

Lo vamos a ver por TV

El televisor sigue siendo el producto electrónico más representativo en los hogares de Argentina: la penetración es de más del 200%, es decir que en cada hogar del país existen en promedio 2 televisores o más.

Desde el año 2003 las ventas de equipos receptores no han dejado de crecer. En los últimos 5 años (2005 a 2009) se vendieron en el país 11 millones de televisores, que representa en promedio 1 televisor por hogar argentino. Se proyecta, además, que en los próximos 4 años se agregarán otros 10 millones de equipos al parque actual. Significa un incremento del parque de televisores en más de 20 millones de unidades en menos de 10 años.

En Argentina se está efectuando un creciente recambio de televisores, esta tendencia se acentuará en los próximos años a raíz de la progresiva incorporación de la televisión digital en el país, que implica dejar de emitir señal televisiva “por aire” y que toda la programación sea emitida digitalmente (este llamado “apagón analógico está previsto para 2019).

Dado el análisis del recambio tecnológico y los volúmenes de venta (se vendió algo así como un 40% mas de Televisores por el Mundial 2010), se puede decir que de aquí hasta 2016 se descartarán 3 millones de televisores por año.

Los “smart” son solo los celulares

En los próximos años el teléfono celular será el principal medio de conexión a Internet superará el acceso a la red desde computadoras. La obtención de nuevos modelos y servicios no conoce fronteras sociales ni generacionales.

El recambio de celulares contamina

En Argentina existe una amplia disponibilidad de celulares que cuestan entre 100 y 4.000 pesos, se calcula que en la población (de 41 millones) hay 32,5 millones de líneas de telefonía celular en uso y se estima que en 2011 esa cifra llegará a 34,3 millones.

En este contexto, Greenpeace alertó que se desechan 10 millones de celulares por año y mas del 30% tienen como destino directo los rellenos sanitarios y basurales.

Cambiar la “compu” es caro para todos

Según un informe de febrero de 2010, la vida útil de las computadoras de escritorio es de 7 años, mientras que para las portátiles es de 5 años. Reproduciendo una cifra conservadora, se espera que en 2011 se descarten mas de 1 millón de equipos y que, en los años venideros, la cantidad de equipos descartados suba fuertemente.

Greenpeace considera que el Proyecto de Ley de Presupuestos Mínimos para la Gestión y Tratamiento de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos es la primera solución para crear de manera urgente una Infraestructura Especial de Reciclaje y Recuperación de materiales, que establecerá la responsabilidad (legal y financiera) individual del productor como concepto político y determinará los incentivos para reducir la presencia de residuos peligrosos y complejos en los nuevos aparatos eléctricos y electrónicos.

Informate sobre los problemas que puede traer aparejada la basura electrónica si no tomamos conciencia y si no logramos leyes de protección frente a esto.

+ El caso de las Pilas y Baterías

Fuente: Publicación Greenpeace en acción Número 61.

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Cobrar al pueblo la crisis de los banqueros

In Malas Viejas on 10 julio, 2010 at 12:55 PM

Enfrentados por los efectos de una crisis creada por los estratos más acaudalados, los del G-20 decidieron pasarles la factura a los más pobres y vulnerables.

Durante la cumbre del grupo de los 20 países más desarrollados (G-20), celebrada en Toronto, mi ciudad se sintió como el escenario de un crimen. Y los criminales se están fundiendo con la noche, huyendo de la escena.

No, no estoy hablando de los chicos de negro que rompieron ventanas e incendiaron patrullas policiales. Estoy hablando de los jefes de Estado que destruyeron las redes sociales de seguridad social y quemaron buenos empleos en medio de una recesión.

Enfrentados por los efectos de una crisis creada por los estratos más acaudalados y privilegiados, decidieron pasarles la factura a los habitantes más pobres y vulnerables de sus países.

De qué otra forma podemos interpretar el comunicado final del G-20, que no incluye siquiera un mísero impuesto sobre los bancos o las transacciones financieras, pero dice a los gobiernos que recorten sus déficits a la mitad para 2013.

Ajustes y más ajustes.

Se trata de un recorte enorme e impactante y debemos ser muy claros en cuanto a quién pagará el precio: estudiantes que verán un deterioro adicional en su educación pública, mientras sus cuotas de los colegios aumentan; jubilados que perderán sus beneficios duramente ganados; trabajadores del sector público cuyos empleos serán eliminados. Y la lista continúa.

Ese tipo de recortes ya empezaron en muchos países del G-20, y están a punto de empeorar. Reducir a la mitad, por ejemplo, el déficit proyectado de Estados Unidos -de no imponerse un aumento impositivo sustancial- significaría un ajuste fenomenal de unos 780 mil millones de dólares.

Los recortes están ocurriendo por una sencilla razón. Cuando el G-20 se reunió en Londres en 2009, en el peor momento de la crisis financiera, los líderes no lograron unirse para regular el sector financiero con el fin de que este tipo de crisis no vuelva a ocurrir.

Todo lo que recibimos fue una retórica vacía y un acuerdo de poner miles de millones de dólares de recursos públicos sobre la mesa para reforzar a los bancos. En tanto, el gobierno estadounidense hizo poco para que la gente pudiera conservar sus empleos y viviendas, así que además de causar una hemorragia de dinero público para rescatar a los bancos, la base fiscal se colapsó y creó una crisis totalmente previsible de deuda y déficit.

El primer ministro de Canadá, Stephen Harper, convenció a sus colegas de que simplemente no sería justo castigar a las entidades financieras que se portaron bien y no crearon la crisis, pese al hecho de que los bancos de Canadá, muy bien protegidos, son rentables y podrían absorber con facilidad un impuesto.

Sin embargo, esos líderes no tuvieron tales preocupaciones acerca de la justicia cuando decidieron castigar a individuos inocentes por una crisis provocada por los operadores bursátiles de derivados, y los reguladores ausentes.

Cómo nació el G-20.

La semana pasada, The Globe and Mail, de Toronto, publicó un artículo fascinante acerca de los orígenes del G-20. La idea fue concebida durante una reunión en 1999 del ministro de Finanzas de Canadá, Paul Martin, y su colega de Estados Unidos, Laurence Summers.

Los dos hombres deseaban expandir el Grupo de los 7 (G-7), pero sólo a países considerados estratégicos y seguros. Necesitaban hacer una lista y, al parecer, no tenían papel a la mano. Así que, relatan los periodistas John Ibbitson y Tara Perkins, los dos hombres “tomaron un sobre de papel manila, lo colocaron sobre la mesa, entre ellos, y empezaron a trazar el marco de un nuevo orden mundial”. Así fue como nació el G-20.

La anécdota es un buen recordatorio de que la historia se hace por decisiones humanas, no por leyes naturales. Summers y Martin cambiaron el mundo con las decisiones que escribieron en el reverso de ese sobre. Pero no hay nada que diga que los ciudadanos de los países del G-20 deben acatar las órdenes de este club de miembros así seleccionados.

Hoy, trabajadores, jubilados y estudiantes han salido a las calles para protestar contra las medidas de austeridad en Italia, Alemania, Francia y Grecia, marchando frecuentemente con el lema “No pagaremos por su crisis”. Y tienen abundantes sugerencias acerca de cómo obtener recursos para enfrentar sus respectivos déficits.

Muchos piden un impuesto sobre transacciones financieras que frene un poco el dinero “caliente” y recaude fondos nuevos para programas sociales y a favor del cambio climático. Otros están demandando fuertes impuestos sobre los que contaminan el medio ambiente, que servirían para financiar el costo de enfrentar los efectos del cambio climático y dejar de lado los combustibles fósiles. Y poner fin a las guerras, que siempre es una buena forma de ahorrar costos.

El G-20 es una institución ad hoc carente en absoluto de la legitimidad de las Naciones Unidas. Dado que acaba de tratar de dejarnos con una enorme factura por una crisis en la que la mayoría de nosotros nada tuvo que ver, yo propongo que imitemos el ejemplo de Summers y Martin. Démosle vuelta al sobre y escribamos en el reverso: “Regresar al remitente”.

Por Naomi Klein

Fuente: The New York Times Syndicate y La Voz del Interior

Crónica de una derrota anunciada

In Malas Viejas on 25 abril, 2010 at 11:07 AM

Por Claudio Fantini

En Las soluciones de Hécate, Paul Watzlawick sostiene que un problema se vuelve irresoluble cuando se le busca una solución extrema. El creador de la “teoría pragmática del conocimiento humano” las llama “soluciones clarifinantes” y considera que aplicarlas, en lugar de resolver problemas, conduce de manera inexorable al caos.

Los asambleístas de Gualeguaychú siguieron a la metafórica Hécate cuando plantearon lo que Watzlawick considera una solución extrema. Desde que Botnia estuvo construida, sobre el lado oriental del río Uruguay, exigir su relocalización implicaba exigir a Uruguay una capitulación humillante; ergo, lo imposible.

El caos correspondiente a esa exigencia fue el corte del puente internacional. Sin embargo, no es de esos ciudadanos indignados la responsabilidad de la derrota y de la situación caótica en la que quedaron atrapados. Resulta comprensible la indignación de una ciudad turística a la que un vecino le dañó torpemente el imprescindible paisaje, instalando una fábrica humeante y maloliente. Si algo reclamaban, no podía ser otra cosa que la restitución del paisaje perdido.

La mayor responsabilidad por el fallo que deja a los asambleístas a la intemperie política es del Gobierno argentino, pero no el de Cristina Fernández sino el de su marido, Néstor Kirchner.

La indignación popular puede ser maximalista, pero no la conducción del Estado. Sin embargo, para tapar la falta de reacción que había tenido al ser informado (aunque no consultado) de los planes uruguayos, se montó de modo demagógico a la indignación popular e hizo suya la exigencia extrema y centró su demanda en la supuesta contaminación, en lugar de apuntar contra el comprobable daño económico de Botnia sobre la actividad económica de Gualeguaychú.

Tarde y mal. La secuencia sería la siguiente: hubo una reunión entre los cancilleres de los presidentes Néstor Kirchner y Jorge Batlle, en la que la parte uruguaya informó sobre la instalación de pasteras en Fray Bentos. No fue una consulta, porque la interpretación uruguaya del acuerdo sobre el río compartido era que, en la certeza de que no habría daños ambientales, no tenía obligación de consultar sino sólo de informar.

Además, aunque jamás lo reconocerá Montevideo, el gobierno uruguayo no quiso consultar porque eso habría acrecentado la posibilidad de reacción de la otra parte. Fue un error, al que añadió otro: no haber firmado con el representante argentino ningún acta sobre esa reunión informativa. Pero como la contraparte no planteó nada en ese momento ni posteriormente, Montevideo descartó futuros reclamos y avanzó con las radicaciones.

El Gobierno argentino debió denunciar el Tratado del Río Uruguay en el momento de enterarse de los planes del vecino, aunque éste no hubiera activado el mecanismo de consulta. Pero recién reaccionó cuando Gualeguaychú puso el grito en el cielo; o sea, demasiado tarde.

De ahí en más, todo lo que se consiguió, que no es poco, fue por las protestas de los asambleístas. Y, en rigor, se había logrado antes del fallo en La Haya. No es poco: la española Ence decidió no instalar su planta junto a la de Botnia (o sea que el estropicio es la mitad de lo que hubiera sido) y Uruguay anunció que en el futuro siempre consultará sobre emprendimientos de magnitud en el río compartido.

Ese punto, ratificado por el tribunal internacional, no es un hecho menor. El proyecto económico uruguayo pasa por la industria papelera, o sea que el proceso no termina en Fray Bentos. Pero eso estaba logrado antes del pronunciamiento en La Haya, por lo que el fallo dejó en Gualeguaychú el sabor de una estrepitosa derrota.

¿Cómo entender que se culpe a Uruguay de incumplir acuerdos sin aplicarle sanción alguna, ya que la fábrica quedó ratificada? Porque la demanda argentina se centraba en un daño ecológico que no fue comprobado, por lo que se consideró que la violación uruguaya no fue en lo sustancial del tratado.

Si la demanda hubiera estado centrada en lo económico, argumentando que Gualeguaychú depende en buena medida de la industria turística, aunque difícilmente el fallo hubiera ordenado reubicar la planta, es muy posible que hubiera impuesto al Uruguay una multa o indemnización en favor de la ciudad dañada. Pero Gualeguaychú se quedó sin nada.

Era difícil que Argentina venciera en el terreno ecológico a una empresa de Finlandia, país que desde hace años encabeza el ranking mundial de responsabilidad ambiental, el mismo en el que Uruguay también figura en las primeras posiciones.

Watzlawick explicó en su libro Lo bueno de lo malo que los poseídos por Hécate encaran las controversias planteándose “es él o yo”. Esto implica no concebir otra solución que no sea aplastar al adversario. Fue lo que intentó Kirchner cuando Tabaré Vázquez, en lugar de cuadrarse ante su exigencia, decidió endurecer su postura y resistir la embestida. Ésa, y no la de los ruralistas por las retenciones a la soja, en la famosa resolución 125, fue la primera rebelión triunfal contra la prepotencia kirchnerista.

La diferencia es que la derrota de esta “solución clarifinante” atrapó a un pueblo en el caos del puente cortado

Fuente: La Voz del Interior

Para entender el conflicto Minero en Jujuy

In Malas Viejas on 24 abril, 2010 at 10:53 AM

Bolsas de cianuro en mina Pan de Azúcar

Crónica y radiografía realizada por la Revista MU en 2008.

Apunando a las mineras

Una movilización vecinal logró frenar la amenaza de explotación de uranio en una provincia que todavía lucha contra las consecuencias del saqueo con la complicidad estatal: en Abra Pampa el 80 por ciento de los chicos está contaminado con plomo; en Pan de Azúcar, el cianuro está a la vista. Los venenos del modelo minero. Y sus antídotos.

En la mina Pan de Azúcar, caminando entre polvo de cianuro derramado de las bolsas de plástico con dibujos de calaveras, es posible abrirse a dilemas de orden moral y nasal. Ejemplos:
¿Cómo puede esta mina célebre, abandonada y letal, estar abierta así, sin control alguno, ni siquiera un alambrado, a 100 metros de una escuela? ¿Qué olor tiene el cianuro?

La primera pregunta quedará brevemente en suspenso. Sobre el olor, Ariel Méndez, integrante de Red Puna, no termina de decidirse: “Es cortante”. A Noemí Cruz, una joven mamá kolla que prefirió esperar afuera con sus pequeños hijos, le recuerda a baño lavado (tal vez haya percibido el sodio que contienen las lavandinas).

Entre la altura de la Puna y el cianuro, conviene lograr dos cosas a la vez: respirar y no respirar. Hay algo que se va apoderando de las fosas nasales, se aferra a la garganta, irrita los ojos. ¿Insecticida, ácido, un gas espeso? Algunos informan que el cianuro no tiene olor (gente que no visita Pan de Azúcar), y otros sugieren que sí, y que evoca almendras amargas.

Fausta Mamani ronda con elegancia indígena los 80 años. Sombrero gris sobre un pañuelo rojo que le cubre el pelo, pulóver blanco bajo un saquito de lana azul, poncho marrón de vicuña cruzado sólo sobre un hombro, pollera colorada. La fuerza y la alegría de esos colores son aire puro. Se lo puede intuir en la foto que ilustra nuestra tapa. Pero Fausta está un poco harta ante el dilema:

-¿A qué va a tener olor el cianuro? A veneno. Por eso me mata los animales. Y nadie hace nada.
Jujuy es como Fausta: antigua, elegante y amenazada. El 24 por ciento de su territorio está a tiro de las multinacionales mineras, con 470 explotaciones -como los megaproyectos Pirquitas y Aguilar- y 1.200 pedidos de cateo y explotación de 13.000 kilómetros cuadrados (65 veces el tamaño de la Capital Federal), principalmente en la Quebrada de Humahuaca, un valle andino de 160 kilómetros y belleza deslumbrante, y la Puna, ese altiplano que a casi 4.000 metros de altura toca el cielo.

Pero una serie de movilizaciones, puebladas y hasta chusmeríos, están tratando de cambiar la historia minera. Los que se larguen a respirar este viaje, quedan ante el desafío de conocer una situación económica, política y social a veces absurda, y asfixiante. Hay que tomarlo con calma, aprovechando todo el oxígeno posible, y buscando descubrir qué hay más allá del vaho a almendras amargas.

Chusmerío y movilización

Marcha antiminera en Tilcara (archivo mayo 2009)

Juella no figura en los mapas ni en los diccionarios. Está habitada por apenas 100 familias. Allí nació una movilización social que copó a la bella y shoppinesca Tilcara, hizo que una jueza atravesara ventanas, parió una legislación contra la minería a cielo abierto, y frenó un proyecto minero multinacional. No se sabe el significado del nombre, que es anterior aun a la invasión de dos tribus: los incas con el quechua, y los españoles con el castellano. En Juella los indios Tilcara construyeron un pucará (fortaleza), que no alcanzó para protegerlos, pero hoy es atracción arqueológica y turística. La arqueología del presente indica que la mejor defensa es moverse, más que hacer pucarás.

El pueblito está a 6 kilómetros de Tilcara, a 1.700 kilómetros de la Capital Federal y a 2.500 metros de altura, en plena quebrada. En el vivero comunitario San Cayetano, Tomasa cuenta: “Acá vimos pasar una camioneta, se fue para arriba. Vino un vecino, el Mono, artesano con puesto en la plaza de Tilcara, donde está todo el chusmerío, y se enteró de la minera. Un día escuché una bomba en los cerros. Pensé que era por la fiesta de San Juan, el 24 de junio, pero me di cuenta de que eran ellos, los de la minera”.

En el vivero trabajan 20 vecinos de la zona, perfeccionando lo que cultivan en sus huertas. Juella alberga el Festival del Durazno y la Humita, en marzo. El vivero San Cayetano forma parte de la Red Puna y eso lo conecta con otras 35 comunidades de la quebrada y la Puna.

El artesano, el Mono, es Cristian Giménez, oriundo de Mar del Plata que hace cuatro años está instalado en Juella con Carolina, su compañera nacida en Cali, Colombia, y sus hijitos Amsaya y Awki. Cristian y Carolina hacen aros, pulseras y colgantes labrados con un arte inusual, en su casita de Juella, ante un paisaje onírico. No llega la televisión abierta ni el cable, hay tres vecinos con televisión satelital. “No nos quemamos la cabeza haciendo zapping para no encontrar nunca nada. Acá hay sanidad mental y cosas más interesantes que mirar” dice Cristian. Apenas le llega la señal del celular, que lo conecta día por medio con su mamá.

Cosas que mirar. “Vimos la camioneta -cuenta Carolina, que no ha perdido el acento caleño- quisimos pararla y no nos hicieron caso. Los vi luego en la plaza de Tilcara, saliendo de la Municipalidad. Les pregunté qué hacían. Exploraciones, solamente uranio, me dijeron. Era este señor”. Muestra la tarjeta que le dio Juan Guillermo Orozco, geólogo, director y gerente para Sudamérica -según se lee- de la empresa Uranio del Sur. “Le dije que tenía que pedir permiso al Centro Vecinal, y que además iban a mucha velocidad en la camioneta”. El centro vecinal es presidido por don Eduardo Peloc. Orozco fue con un funcionario municipal. “Les dijimos que no los vamos a dejar entrar. No queremos que nos envenenen, ni que nos maten” relata Tomasa, la esposa de Don Peloc. Carolina suma: “Después supimos que mintieron, pidieron permiso no sólo para uranio sino oro, plata, cinc y demás”. Red Puna organizó charlas con especialistas, Cristian preparó fotocopias y volantes para la gente de Juella. “Acá no tenemos Internet, usamos un locutorio de Tilcara con re buena onda, no nos cobraban las fotocopias y ya era fin de mes”.

En pocos días, Juella se convirtió en una academia sobre el verdadero significado de la minería. “La radiactividad de la explotación de uranio llega a 200 kilómetros a la redonda -informa Carolina-. Ni siquiera dan trabajo. Todo lo hacen máquinas” agrega la kolla Pilar. “La gente ha sido muy sumisa, pero ahora ya no” completa Verónica.

La movida omitió pensar siquiera en el intendente, concejales de Tilcara y funcionarios provinciales. “Es que son políticos. Y si te dormís, te instalaron la minera. Al final nos apoyaron todos” editorializa Cristian. El intendente Félix Diaguita Pérez, radical, había declarado: “Tengo todo controlado”. Cristian: “Nuestra duda era, ¿a favor de la minera o en contra? Nunca mostró de qué lado estaba, hasta que vio que íbamos en serio. Ahí firmó”.

Jueza por la ventana

Uno de los concejales de Tilcara, el radical Eduardo Escobar, llegó a Juella y se puso a disposición de los vecinos: “Hago lo que ustedes quieran”. Dos abogados, María José Castillo (de Red Puna) y Enrique Oyharzábal (del Equipo Nacional de Pastoral Aborigen y colaborador los hermanos Jesús y Pedro Olmedo, obispo de Humahuaca y párroco de La Quiaca, respectivamente) redactaron el proyecto de ordenanza que Escobar presentó al Concejo Deliberante. El 10 de julio llegaron a Tilcara para reunirse con los vecinos el director de Minería de la provincia, Martín Sánchez, el secretario de Cultura, Jorge Noceti, y la jueza de Minas, Cristina Lucas de Durruty.

Paralelamente, la comunidad salió desde Juella caminando los 6 kilómetros hasta Tilcara, sumando en el camino a más vecinos y hasta escuelas enteras. Para cuando llegaron frente al municipio, ya pasaban largamente las mil personas. A último momento se sumaron algunos integrantes de los movimientos Tupaj Katari (del ex célebre Perro Santillán) y la Corriente Clasista y Combativa (maoístas que apoyaron a los ruralistas en el reciente round con el gobierno). Los comercios y boutiques se plagaron de letreros contra la minería de uranio.

El Salón de Actos municipal quedó desbordado. Sánchez, Noceti y Durruty salieron a la vereda, fuera de la recova del municipio, para hablar con micrófono. Tomasa: “La verdad es que la gente se ha enojado, sobre todo con la jueza, porque seguía diciendo que defendía la minería”. El abogado Oyharzábal aporta una impresión: “La actitud fue de mucha soberbia, frente a gente que estaba realmente indignada”. Cristian: “Es que no querés que te sigan haciendo el verso”. Durruty no pertenece al Poder Judicial: se llama “juez de minas” a la persona que otorga los permisos a las empresas.

La gente le gritaba a la jueza si estaba o no a favor de la minería, y cuando le preguntaron “¿y qué vas a hacer con el Pan de Azúcar?” dio media vuelta rumbo a la Municipalidad. Los caballeros Sánchez y Noceti rumbearon sigilosamente hacia otro lado. La jueza quedó sola en medio de la gente, erró el camino, y terminó entrando al municipio por una ventana. El público seguía reclamándole dentro del Salón de Actos y ella finalmente fugó por otra puerta hasta llegar a la comisaría. Fue un momento de obvia tensión.

El intendente Diaguita Pérez firmó la ordenanza que ya habían aprobado los concejales por unanimidad, y la leyó al público. “Como nunca la había visto -se ríe Tomasa- ni sabía las palabras”. Tropezó especialmente con “lixiviación”, término que define cómo el cianuro quema la tierra para separarla de los metales. Uno de los carteles en la calle decía: “Si sos Diaguita defendé a los indígenas”. La jueza Durruty ya había huido de Tilcara.

La ordenanza o el marketing

La ordenanza 13/08 recuerda principios constitucionales sobre la preservación del ambiente, denuncia la destrucción del suelo, el agua y el aire que provoca la minería a cielo abierto, enumera catástrofes ambientales ocurridas en el mundo por este tipo de emprendimientos y reproduce el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, que plantea, por ejemplo:
“Los pueblos interesados deberán tener el derecho de decidir sus propias prioridades en lo que atañe al proceso de desarrollo, en la medida en que éste afecte a sus vidas, creencias, instituciones y bienestar espiritual y a las tierras que ocupan o utilizan y de controlar, en la medida de lo posible, su propio desarrollo económico, social y cultural”.

“Dichos pueblos deberán participar en la formulación, aplicación y evaluación de los planes y programas de desarrollo nacional y regional susceptibles de afectarles directamente”.

Finalmente el texto prohíbe en el departamento de Tilcara “la radicación de explotaciones mineras metalíferas a cielo abierto y/o las explotaciones mineras que utilicen sustancias químicas como cianuro, mercurio, ácido sulfúrico y otras sustancias tóxicas similares en sus procesos de cateo, prospección, exploración, explotación y/o industrialización de minerales metalíferos”. Tal vez lo principal sea otra cosa: la ordenanza podría ser un caso testigo de los efectos institucionales que puede tener una veloz movilización social, como ya ocurrió en Famatina (La Rioja, donde en 2007 se frenó a la Barrick Gold y se prohibió la minería a cielo abierto) o la premonitoria Esquel, que con un plebiscito en 2003 detuvo la instalación de Meridian Gold.

Detalles curiosos: Tilcara es el primer Municipio Indígena de Argentina, y la Quebrada de Humahuaca fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). “Pero si sos Municipio Indígena, eso no puede ser sólo marketing” dice el kolla Ariel, de Red Puna, y revela un dato para turistas: “Ni siquiera hubo más trabajo. Muchas de las artesanías y tejidos típicos que te venden en Tilcara los traen de Bolivia”. Cristian y Carolina también se indignan: “Las señoras que tejen en serio no tienen lugar donde mostrar y vender lo que hacen, pero las cosas truchas tienen espacio”. La propia Red Puna (que tiene una cooperativa que produce increíbles tejidos de lana de oveja y fibra de llama) no tiene puesto en Tilcara y sí sus propios locales en Abra Pampa y Maimará.

¿Y qué significa Patrimonio de la Humanidad? María José, la abogada: “Es algo turístico, pero ni siquiera desarrolla un turismo que beneficie a la gente del lugar. Y al ser ‘de la humanidad’ parecería que no es de nadie”. Remo Leaño, del grupo de vecinos autoconvocados de Tilcara, y diseñador de páginas web, cree que se trata de un negocio inmobiliario “que benefició a la gente del poder, y la gente del poder ahora apuesta por el negocio minero. Dicen que lo del Patrimonio de la Humanidad permitió mover 14 millones de dólares en turismo. Eso es un vuelto comparado con la minería”. ¿Quién es esa gente del poder? “Imaginate: los políticos asociados con las empresas mineras”.

¿Contra el progreso?

Cristian está molesto. “Un día discutí con la directora del hospital que decía que estar contra la minería es estar contra el progreso. Yo le dije: estamos en contra de que nos maten”. Uranio del Sur pertenece a Uranio AG, fundada en 2006 con sede en Suiza, cuyo accionista mayoritario es la minera canadiense (paisana de Barrick Gold) Rome Resources ltd, ubicada en Vancouver. Allí, en la Columbia Británica de Canadá, también está prohibida la minería de uranio, mientras esta subsidiaria tiene ya 22 concesiones mineras en La Rioja y San Luis, 171.000 hectáreas. Los canadienses serían tan reacios al progreso como los habitantes de Tilcara. Facundo, psicólogo e integrante de los equipos de formación de Red Puna: “También sería progreso que haya agua, te dicen que en la Puna no hay agua, pero cuando aparece una minera hay millones de litros diarios. Lo que no hay es voluntad política de hacer un cambio estructural”. La idea de que oponerse a la muerte, el empobrecimiento y la enfermedad es oponerse al progreso, es tal vez una curiosidad turística que la provincia debería publicitar.

El mecanismo de estos emprendimientos se basa en la confusión. Las autoridades jujeñas dijeron que Uranio del Sur tenía sólo dos pedidos otorgados por la jueza Durruty, uno de 500 y otro de 9.099 hectáreas, pero la investigación vecinal ya reveló que había al menos tres pedidos más de exploración. Leaño: “Todo va demostrando que el gobierno provincial miente”.

Los kollas y campesinos parecen tenerlo muy claro. Tomasa: “Nos quieren sacar del medio”. Verónica: “Nos quieren someter”. Ariel cree que todo esto aporta a la expulsión de la gente de sus tierras. El abogado Oyharzábal se suma: “Esto es un proyecto de años para convertir a Jujuy en una provincia minera con un criterio de pura extracción, para llevarse todo”. No se trata de un paranoico. “Al revés, el problema que tenemos las sociedades es que nos enteramos de estas cosas al final. Se ve con el trazado de los dos gasoductos que van hacia Chile, que pasan por todo el corredor minero mientras acá mismo, en Tilcara, no tenemos gas. Lo mismo con los tendidos eléctricos. El Estado no está representando a la sociedad, sino a las empresas, y a un proyecto minero”.

A nivel nacional se puede recordar al secretario de Minería, Jorge Mayoral, empresario minero, o a la propia Presidenta haciendo algún acto de campaña con el logo de Barrick Gold a sus espaldas (propietaria de las megamineras Veladero y Pascua Lama, de San Juan). Además, las leyes mineras surgidas de la creatividad del gobierno de Carlos Menem siguen intactas. Las empresas pagan regalías de menos del 3% sobre lo que ellas mismas declaran, no pagan iva, ni impuesto a los combustibles, ni a la importación de sus maquinarias (que incluyen como “inversión”), ni siquiera el impuesto al cheque, y tienen el campo libre porque el Estado está expresamente impedido de actuar en el rubro. Si alguien quisiera redistribuir la riqueza, en este nicho hay con qué entretenerse.

También es cierto que hay otros enemigos del “progreso” minero, como Chubut, Río Negro, Mendoza, Tucumán, y La Rioja posmenemista, que prohibieron estas andanzas mineras aunque casi siempre como efecto de la movilización de sus comunidades. En Tucumán, además, existe una rama de la Unidad Fiscal para la Investigación de Delitos contra el Medio Ambiente (ufima), bajo la órbita del fiscal general Antonio Gómez. Tramitan 60 denuncias, y de allí nació el procesamiento dictado por la Cámara Federal de Tucumán contra el vicepresidente de Bajo Alumbrera (Catamarca), Julián Rooney, por el delito de contaminación, donde se considera “cómplice” al secretario de Minería Mayoral. Y allí también fueron indígenas y campesinos jujeños a denunciar lo que ocurre en la provincia.

Tal vez por esas cosas, el director de Minería provincial, Martín Sánchez, no tuvo problemas en confesarle a la abogada María José Castillo lo siguiente: “Ah no, acá nunca vamos a hacer audiencias públicas por el tema ambiental. Mirá si después nos pasa como en Esquel”.

Doctrina del plomo

Cuando estaba llegando a Abra Pampa, la llamada capital de la Puna, 3.500 metros de altura, me topé con una de las marchas más extrañas que puedan imaginarse. Sobre el asfalto vacío de la ruta 9, en medio del desierto puneño, por donde no hay ningún lugar lógico al cual llegar caminando, salvo un pueblito a 40 kilómetros, poco más de cien personas pasaban junto al cementerio de Abra Pampa (los cementerios jujeños parecen fiestas por los colores de las flores de plástico). Iban muy rápido. Mujeres kollas coloridas y exasperadas, chiquitos con mochilas escolares, hombres con pancartas. ¿A dónde estaban yendo? Paola Arias, 26 años, una mujer pequeña y enorme, tres hijas, visiblemente irritada, me sorprende:

Vamos a Jujuy. Los funcionarios habían prometido venir. Nos mintieron. Si el gobierno no viene, entonces nosotros vamos allá. Pero estamos a 230 kilómetros.

(Enojada) No nos importa. Hace décadas que tenemos un cerro de escoria. Una montaña de plomo, y residuos tóxicos. La mayoría de la gente está contaminada. Mi nena, Malca, tiene índice 22 de plomo en sangre. Tiene problemas de la vista, nadie se hace cargo, no hay ni pediatras.
¿Por qué no vinieron los funcionarios?

(Paola mira el asfalto para disimular las lágrimas, pero sigue hablando) ¡No sabemos! Estamos muy molestos señor, es humillante. Diego Orellana, secretario de Gobierno, prometió venir. Nos engañaron otra vez pidiéndonos la confianza para votar. Queríamos hablar. Tenemos la contaminación con plomo, no hay cloacas. Ni agua. ¿Qué dicen los gobernantes? “Hay que dialogar”. Bueno, hace años que estamos dialogando: pero además hay que hacer algo. En Tilcara salieron a la calle, nosotros salimos a la ruta. Acá nos explotan a todos. La verdad es que el gobierno nacional tendría que hacer algo. Pero todos hablan mucho, y nadie hace nada.

Veinte años de soledad

Paola me cuenta que buscarán subirse a algunos camiones, o hacer dedo para que los automovilistas al menos acerquen a los chicos. Acompaño la marcha un kilómetro, y no puedo caminar más. Los veo irse y no sé si están locos, o si la suya es la única lucidez posible para sobrevivir en esta normalidad. En Abra Pampa, Julio y Mario, de Red Puna, me llevan a conocer lo que me contó Paola. La minera Metalhuasi ya no existe, pero dejó en el medio de Abra Pampa dos recuerdos. Un gran terreno de derrame de químicos de unos 100 metros por 100 y, efectivamente, una montaña de escoria de plomo, de casi seis metros de altura, que están allí desde hace más de 20 años.

Sobre 234 casos estudiados de chicos de 6 a 12 años, el Centro de Investigación Química Aplicada de la Universidad Nacional de Jujuy, dirigido por la doctora en bioquímica Graciela Bovi Mitre, detectó que el 81 por ciento tiene valores superiores a los 5 microgramos de plomo en sangre. Resultado: daños neuromadurativos (retardo de crecimiento), plomo depositado en los huesos (con dolores imaginables) y los dientes, baja de las defensas, alergias, predisposición a las infecciones, sobre todo las urinarias. Yolanda, de Red Puna, una de las afectadas, agrega sin perder la sonrisa: “Hay muchos tumores, casos de leucemia y cáncer. Yo también tengo problemas…”, y sin terminar señala su zona abdominal.

Los principales transmisores de plomo a la población en Abra Pampa son la tierra y el viento.
Agua no tanto, por pura escasez, aunque el agua que se consigue es posible que esté contaminada por el vaciadero de desechos químicos. El bid (Banco Interamericano de Desarrollo) dio un préstamo para limpiar Metalhuasi, pero lo único que se hizo fue levantar un alambrado. El resto del dinero no se sabe a qué cuentas bancarias fue. La noticia: el alambrado ya está roto. El padre Jesús Olmedo intentó llamar la atención sobre esta situación en 2007. Organizó una peregrinación, que terminó con su propia cucifixión simbólica sobre la montaña de plomo. Ni así le hicieron caso.

Contra todo pronóstico razonable, Paola, los 40 chicos, y 60 adultos llegaron a San Salvador de Jujuy dos días después. Automovilistas y camioneros fueron haciendo fluir esa marcha. Acamparon frente a la Gobernación. Ante el hecho consumado, un grupo fue recibido por cuatro funcionarios. Sede del encuentro: el estacionamiento de la Gobernación, a cielo abierto. De los 14 puntos que llevaban, según el diario El Tribuno de Jujuy, les prometieron:
1) Llamar en 45 días a una licitación, para comenzar las obras de saneamiento.
2) Arreglar las pocas cloacas que hay en Abra Pampa, e incluir en el presupuesto 2009 una planta depuradora de líquidos cloacales.
3) Derivar un camión cisterna, con agua potable para Abra Pampa.

Los ministros ni siquiera prometieron algo con respecto a otros pedidos, como el envío de médicos clínicos o especializados en envenenamiento por plomo. Luego de 20 años, 45 días de plomo en sangre parecen poco. Podría incluso proponerse inaugurar la planta de líquidos cloacales como monumento al progreso, brindando con agua del camión cisterna. El Centro de Investigación Química no ha estudiado qué tienen los funcionarios en la sangre. Otros comentarios acerca de estos hallazgos quedan a cargo de los lectores presentes.

Cianuro en tus ojos

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Si un Estado y sus gobiernos no logran limpiar plomo y residuos químicos en lugares del tamaño de sendas canchitas de fútbol durante 20 años, ¿qué garantía pueden dar frente a los proyectos de megaminería en marcha? Tal vez sólo sea una pregunta apunada. El gobierno de Jujuy tiene, como era de esperar, una instancia de control: el Departamento de Policía y Control Minero, área que cuenta exactamente con un (1) funcionario, el geólogo Juan Carlos Lavadenz. El propio Martín Sánchez reconoció que el organismo está totalmente superado en su posibilidad de trabajo.
De Abra Pampa a la mina Pan de Azúcar, en el departamento de Rinconada, se llega por un camino de unos 70 kilómetros de tierra y piedra en el que no hay señalizaciones. Ariel y María José son baqueanos para orientarse en la Puna. Como un espejismo en ese desierto de yuyos rodeado por cerros, se ve la Laguna de Pozuelos, declarada Monumento Natural. Llegamos a Pan de Azúcar. La población completa es de menos de 60 habitantes.

Seguimos hacia la mina, llevando a Noemí Cruz con su hijito Alexandro y su beba Ester (los asombrosos cachetes de los bebés kollas deberían ser algo más que Patrimonio de la Humanidad). En el camino hay una especie de manchón grisáceo al pie de dos cerros, como la escupida de un gigante en el paisaje. “Es el derrame químico del dique de colas” explica María José. Un tramo más, y dejamos la camioneta frente al establecimiento, que es como un pueblo blanco colgado de un barranco, arrasado por alguna guerra. Se cruza una tranquera abierta y ridícula, porque no hay alambrado que la contenga. Recorremos las construcciones, que alguna vez habrán sido oficinas y ya no tienen techos, ventanas ni puertas. La mina está supuestamente cerrada desde 1989.

Las sucesivas denuncias hicieron que el gobierno provincial enviara a don Martín Sánchez, que ya en 2006 ejerció el arte de la promesa sobre la “remediación del pasivo ambiental” (jerigonza que significa limpiar la contaminación). No se hizo nada. En 2007 el caso, ya emblemático, fue denunciado por las Comunidades Aborígenes y Pueblos Indígenas de Jujuy ante la ya citada ufima, que dictaminó la existencia de contaminación en el Río Cincel, en la Laguna de Pozuelos y en los campos de la zona. Como se detectó la presencia de bolsones de cianuro y además dinamita, allí fue la Gendarmería: sólo se llevó la dinamita. La jueza de Minas llegó en 2007, prometiendo nuevamente remediar el pasivo ambiental, alambrar el perímetro de la mina para que nadie pueda entrar (especialmente los chicos de la Escuela Albergue de Pan de Azúcar, que pasan allí toda la semana; la escuela está a menos de cien metros de la mina) y prometió tapar los socavones.

Actualmente, la realidad es la siguiente:
La mina está abierta a cualquiera que quiera entrar.
Los socavones (pozos que parecen infinitos) también están abiertos. Con el flash de la cámara de fotos no se alcanza a ver el fondo.

En el gran galpón se encuentra el cianuro caído de bolsas de la empresa química brasileña Metacril, ilustradas con enormes calaveras y leyendas en portugués: “cianato de sodio” y “este saco contem um veneno mortal”. (Dato positivo: si los chicos de la escuela anduvieron jugando por aquí sin matarse, es indicio de que las futuras generaciones jujeñas acaso sean indestructibles).

Otro problema: vecinos de Pan de Azúcar y Rinconada se han ido llevando techos, ventanas y puertas para sus propias viviendas. Empiezan a faltar también partes de las paredes de chapas del galpón. Cuando sopla viento, vuela el cianuro. Doña Fausta Mamani llegó agitando los brazos pensando que íbamos a robar más chapas. “Se mueren los animales, las ovejitas, los cabritos. Nos hace mal a la nariz y el pecho. Nadie arregla esto”. María José narra que hace dos meses estuvo reunida con el director de Minería Martín Sánchez, quien le dijo: “¿En serio sigue habiendo bolsas de cianuro? Ya las vamos a sacar. Gracias por avisarme”.

En la recorrida encontramos también toda la papelería de la empresa, de los años 1985 y 1986: recibos, facturas y hasta ejemplares de la Mining Magazine, revista dedicada a ilustrar las bondades de esta industria. La mina pertenecía a Río Cincel samic, y más recientemente a Lapacha Minera. Siempre con la misma apoderada, Graciela Comas. Ambas empresas, según descubrió la Fiscalía tucumana, tienen pedidos de exploración en esta misma área, que la jueza de Minas debe definir. Y Lapacha aseguró en 2007 haber estado haciendo tareas en el lugar, lo que explicaría que las bolsas de cianuro -y el cianuro- estén tan bien conservados. Ya no postulan la minería de socavón, sino a cielo abierto. Como dice Sánchez, el director de Minería: “El futuro minero se presenta más que interesante y prometedor para la provincia”.

Fin con sabor

Cuando anochece, las estrellas parecen lámparas y la luna es tan grande que marea. Al día siguiente, el abogado Oyharzábal, en Tilcara, cuenta: “La participación de las comunidades indígenas y de los vecinos consiste en decirles: vení y firmá, o andate. Una vez un diputado radical, Raúl García Goyena, me dijo con tono de patrón de estancia: ‘Escúcheme, la democracia es que ustedes delegan, y nosotros somos los representantes’. Eso está en crisis, esa cosa de funcionarios que se creen reyes que pueden hacer cualquier cosa. Pero la gente ya no se calla, ni delega, porque se empieza a ver que se tiene que plantar, porque el Estado posiblemente no sólo no la defienda, sino que además es socio de las mineras”.

En Abra Pampa, María de la Red Puna, me contó que ya están armando reuniones en toda la zona para oponerse también allí (algo más difícil que en la turística Tilcara) a la infección minera. Con esa sonrisa sabia y suave de las “mamitas” kollas, reconoce que toda la experiencia de estos años con la gente organizándose es transformadora.

“Pero lo primero que se transformó fue mi forma de pensar. Pensar que otros hicieron la historia. Que la realidad ya está, así como es, y que uno no puede hacer nada. Que hay que cumplir las órdenes y lo que está dado, en el trabajo, en la vida. En cambio aquí uno dice: yo puedo hacer otras cosas. Y las puedo hacer con los demás”. Luego menciona algo que en Jujuy parece aplicable a la movida de kollas, abogados, campesinos, webmasters, curas, tejedoras, militantes, comerciantes y artesanos: “Y bueno, eso nos pasa: le fuimos agarrando el gusto”.

Fuente: Revista MU

Mirar nuestro planeta

In Paladar mostaza on 22 abril, 2010 at 9:09 AM

+ Especial de la NASA en imágenes

+ El Tercer Planeta.org

+ Algunos enlaces interesantes sobre tecnología y ecología:

Eco-Smart Technology de Intel: http://www.intel.com/technology/ecotech/.

Tecnología Cool’n’Quiet de AMD: http://www.amd.com/la-es/Processors/ProductInformation/0,,30_118_9485_9487%5E10272,00.html.

Toshiba Eco Utility: http://laptops.toshiba.com/research-center/technology-guides/eco-utility.

Energy Star: http://www.energystar.gov/.

“A la naturaleza se la domina obedeciéndola”

In Derecho a Replica on 22 abril, 2010 at 8:57 AM

Entrevista con el biólogo, ecologista y profesor universitario Raúl Montenegro.


-¿Inventaste la ecología?

-No. Siempre hay alguien antes. En mi caso, Ricardo Luti, profesor de ecología en el Monserrat en la década de 1960 y en la Facultad, en 1970.

-¿Cuál era tu inclinación?

-La ecología de hormigas.

-¿No te sentías un personaje aislado?

-Para mí era divertido. Tenía una gran comprensión de mis padres.

-Era como un juego…

-Si, pero enseguida se convirtió en algo serio. Fui investigador asistente en la Facultad cuando todavía no había terminado el secundario.

-¿Qué significa y qué implica la ecología?

-La primera definición es de Ernst Haeckel: relación entre los organismos y su ambiente. Pero creo que desde el comienzo ya había una noción que iba más allá, considerándola la ciencia de los ecosistemas.

-¿Qué sería un ecosistema?

-No sólo la relación entre un organismo y el ambiente, sino una cierta ilación. Un ecosistema puede ser un bosque serrano, un cultivo de soja transgénica o una ciudad. No hay una ecología de ambientes prístinos, con pajaritos cantando. Se ven las personas, la violencia, la patología social, la pobreza, la lujuria, la riqueza.

-¿Cómo siguió tu evolución?

-Todo fue muy claro. No fue reemplazar hormigas por otra cosa sino comprender que son un pedazo de un sistema más complicado.

-Es decir que haber empezado con hormigas estuvo bien.

-Sí, uno se pregunta cómo funciona una ciudad, bueno yo conocí cómo funciona un hogar de la naturaleza.

-Las hormigas, en realidad, son bastante molestas.

-Cuando uno está en esto comprende que cada cosa tiene su lugar. Cuando veo una cucaracha o una hormiga, me da bronca pensar que nos van a sobrevivir. Me irrita saber que un bichito de seis patas tiene más capacidad de supervivencia que nosotros.

-Carlos Marx decía que la historia del hombre es la historia de su relación con la naturaleza y que, para progresar, debía dominarla.

-Creo que eso es muy intelectual. Modelándolo de otra forma, yo diría que a la naturaleza se la domina obedeciéndola.

-Eras muy joven cuando recibiste tu primer premio…

-En 1971, todavía era estudiante. Fue un premio a la investigación científica que me dio la UBA. Una medalla de oro y un viaje.

-Confirma que inventaste la ecología en Córdoba…

-Como tema de congreso (risas). Tenía que elegir un lugar donde ir y elegí el nordeste de Brasil.

-¿Por qué?

-Por las películas de Glauber Rocha: Dios y el diablo en la tierra del sol , Vidas secas (que en realidad es de Nelson Pereira Dos Santos) Antonio das mortes . Esa era y es una de las zonas más pobres de América latina y una de las más secas de Brasil.

-El famoso sermón

-El sermón, muy parecido a la zona serrana nuestra, con un verde muy fugaz y mucho tiempo seco.

-Esa experiencia te marcó…

-Fui como ecólogo y volví activista, me explotó otra realidad. Estuve donde surgieron los primeros movimientos de resistencia social en Brasil, las Ligas Camponesas. Esa gente peleaba por tener derecho, no a la tierra propia, sino a una tumba.

-Después de eso surge la Funam…

-Claro, para canalizar esos aprendizajes, el activismo. Yo seguía en la Facultad pero no me sentía cómodo en los lugares disponibles. Entonces, armé un instituto de ecología que en 1982 se transformó en la Fundación para la Defensa del Ambiente.

-¿Cómo era?

-Desde el primer momento fue una mezcla. No era algo para ver un pedazo de un ecosistema natural y protegerlo de males, sino una combinación entre una aproximación técnica muy estricta y el trabajo con la gente, en el mundo real, ya sea de bosques nativos con un campesino o en una ciudad con gente de barrio.

-Y eso ¿sigue así?

-Hasta el día de hoy. Por ejemplo en Bouwer. Uno es una herramienta, tiene los elementos técnicos pero sólo puede hacer cosas si logra interactuar con los actores sociales.

-¿Cuál es el papel de los medios de comunicación?

-Fundamental. Yo hice mi primer artículo para La Voz del Interior cuando tenía 16 años y Luis Remonda era jefe de Redacción.

Me parece que hay tres componentes básicos: la parte técnica, la gente afectada y los medios. Un conflicto que no es conocido no existe y eso es una tragedia.

-Hay un protagonismo tuyo, a veces incluso un poco agresivo.

-Lo asumo y, de hecho, en muchos conflictos me imagino los problemas con cierta agresividad. Me pasa como a los hombres azules de Marruecos que, de tanto andar con sus vestimentas, la tinta se les pasa a la piel.

-Parece haber como demonios antiecológicos: las minas a cielo abierto, la energía nuclear, los cultivos de soja.

-¿Viste la obra de teatro de (Henrik) Ibsen, Un enemigo del pueblo ? Muchas veces te transformás en enemigo del pueblo. No todo lo que uno hace puede resultar simpático.

-¿Qué hacer, entonces?

-Creo que lo que estamos aprendiendo es que si hay enemigos muy grandes como la megaminería, un programa nuclear irracional como el de Argentina o la soja que compromete a muchas generaciones, no hay que gastar tanto esfuerzo en pelear a Barrick Gold o a Monsanto porque ellos ni siquiera se enteran.

-¿Cuál sería la táctica?

-Volar bajito. Una megaminera sólo se puede instalar si alguien lo permite. Pegar ahí, en los tobillos, donde uno puede pegar.

-¿Hasta dónde valen estos logros si el mundo no se pone de acuerdo sobre el calentamiento global?

-Kioto y Copenhague no me importan mucho. Frente a cosas muy complicadas donde los problemas son de todo tipo, hay que tratar de que estén involucradas las personas afectadas.

-Un trabajo de hormiga…

-Tal cual y ahí va cerrando la charla por donde la empezamos, por las hormigas (risas).

-¿Le das más importancia a eso que a un acuerdo de las potencias más contaminantes?

-Sigo pensando que el cambio climático es uno de los problemas pero no es el peor de los problemas.

-¿Y cuál es el peor?

-Me preocupan muchísimo más el cambio terrestre y el cambio acuático, es decir el cambio de uso de suelo, el hecho de que en Córdoba sólo tengamos un cinco por ciento del bosque nativo.

-¿Qué habría que hacer?

-Hay una convención por la que deberíamos estar peleando todos en este momento que yo llamaría “la convención del estilo de vida”. Si me dicen: vamos a atacar el problema del cambio climático sin modificar parámetros de consumo dentro de los que convive un mbya guaraní de la selva misionera que consume tres mil kilocalorías por persona y por día, con un yanqui de la Quinta Avenida que consume 400 mil, yo digo: eso a mi no me interesa. Es muy fácil luchar contra el cambio climático mientras yo sigo haciendo mi vida de despilfarro.

Fuente: La Voz del Interior