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La revolución será de los docentes

In Derecho a Replica, Exclusivos, Prosas Propias on 30 mayo, 2011 at 10:36 AM

La transferencia del conocimiento volverá a ser eje de una transformación radical de los sentidos asignados por la sociedad. La educación será lo único que cambiará (nuevamente) al mundo. En este nuevo siglo de las comunicaciones inmediatas y las informaciones fugaces, es el conocimiento el cimiento necesario para adaptarse a las características cognitivas del hombre para con el mundo que lo rodea. Mejor dicho, somos los docentes quienes tenemos la obligación de cambiar el mundo.

El problema no está en las herramientas, el conflicto no es entre el libro y la capacidad de atención. Durante años hemos diagnosticado e inventado desviaciones estudiantiles sin estudiar empáticamente lo que es soportar una clase nuestra. La solución reside en entender el cerebro, su renovado funcionamiento y los estímulos predilectos de estas nuevas esponjas cognitivas.

Los cerebros han cambiado, nosotros hemos cambiado y hasta los pizarrones se actualizaron. Si bien se ha avanzado en ciertos aspectos, lo que no hemos podido superar aún, es la confusión que tenemos acerca de qué es lo que debemos modificar de nuestra enseñanza. Las pantallas no hacen a los docentes y las presentaciones no serán lo que los alumnos recordarán para siempre. Los valores de la educación continúan siendo los mismos, el docente es insustituible y el conocimiento que se debe transferir no será modificado por el canal.

Las lógicas de transmisión de los contenidos son las que tenemos que atender. Debemos dominar las nuevas tecnologías, asimilar la ruptura que los nativos digitales producen sobre las viejas formas lineales de lectura y compartir el lugar desde donde generar conocimiento.

No temer, desafiarnos y salvarlos, es nuestra responsabilidad si es que alguna vez soñamos con poder abrazar un egresado que nos estime por los conocimientos que le hemos podido transferir para enfrentarse al mundo que se presenta ante ellos.

Bajemos la guardia y salgamos de la trinchera

¿Hasta cuando los docentes vamos a temerle a la tecnología? Debemos comenzar a verla como nuestra aliada y considerar que gracias a ella podemos recuperar el terreno perdido. Quizás al comprender que es justamente “con” las nuevas herramientas con las que vamos a poder frenar el achicamiento de nuestros programas, la disminución de densidad teórica y hasta sentirnos mejor frente al aula.

Nosotros como docentes, debemos pensar las herramientas digitales para configurar un escenario donde plasmar distintas unidades temáticas en torno a la comunicación digital y así lograr que los nativos digitales renueven su interés por distintos contenidos, participen en la construcción de conclusiones conceptuales y logren internalizar una manera de aprendizaje colaborativo y multiplataforma.

¿Nos animaremos a romper esas secuencias rígidas de aprendizaje en las que creemos fervientemente? ¿Estamos dispuesto a compartir el protagonismo con los alumnos? Como docentes tenemos que identificar cuando nos olvidamos que el proceso de aprehender era deglutido por nosotros dada su condición estimulante. Sin dudas alguien nos inyectó la creencia errónea de que el alumno por sí solo iba a querer hacerse de los conceptos y nosotros no teníamos más que presentarlos.

No existen soluciones mágicas

No se puede desconocer que los nuevos paradigmas tecnológicos han llevado a la transformación de la sociedad del conocimiento. Se trata de una sociedad en la que las condiciones de generación de conocimiento y procesamiento de información han sido sustancialmente alteradas por una revolución tecnológica centrada sobre el procesamiento de información, la generación del conocimiento y las tecnologías de la información.

En este contexto general, las nuevas tecnologías se relacionan con la enseñanza a partir de la generación de nuevos entornos de aprendizaje, donde se han transformado las maneras en que el saber es adquirido, clasificado, facilitado y explotado.

El camino de la descentralización de las clases entonces, aparece como una oportunidad para innovar a partir de las herramientas que ellos mismos ya manejan, pero que se puede enseñarles a utilizar eficazmente con fines académicos. En el caso educativo, se entiende mal esta des- centralización si se supone que el último nivel de decisión personalizado está en el docente. Porque quienes deberían participar de las decisiones de aprendizaje, son los últimos orejones del tarro (pero también los más importantes de todos); a saber, los mismos estudiantes.

No seremos los primeros pero evitemos ser los últimos

Cuando por fin nos propongamos ejercitar nuestra docencia, alejándonos de las estoicas formas medievales de educar, entonces podremos reconocernos en la mirada de un aula repleta de nativos digitales que nos aceptan en su reino cognitivo. No hace falta recorrer muchos clicks en el horizonte de Google para toparse con casos cada vez más exitosos e innovadores.

En el caso local por excelencia es necesario citar el Proyecto Facebook encabezado por Alejandro Piscitelli, donde se desarrolló una experiencia de educación participativa, que si bien se basó exclusivamente en la red social, dejó sentada las bases sobre conceptos claves para entender la educación en términos que debemos emprender.

¿Cómo conquistaremos a estos bárbaros que nos desafían en nuestra propia aula? Entendamos a Alessandro Baricco cuando nos anticipa que “los bárbaros llegan de todas partes. Y esto es algo que nos confunde un poco, porque no podemos aprehender la unidad del asunto, una imagen coherente de la invasión en su globalidad. Vemos los saqueos, pero no conseguimos ver la invasión. Ni, en consecuencia, comprenderla. Para los bárbaros la calidad de un libro reside en la cantidad de energía que ese libro es capaz de recibir desde las otras narraciones y de verter después en otras narraciones”.

Nos instruyamos para dar batalla en igualdad de condiciones. Un buen ejemplo de ello me pareció el caso de Salman Khan que creó la, al menos innovadora, Khan Academy, postulando sin tapujos que se puede utilizar el video para reinventar la educación. Su proyecto se basa en una serie de videos educativos cuidadosamente estructurados que ofrecen completos planes de estudio en matemáticas y, ahora, en otros temas. En la exposición de su plan muestra el poder de los ejercicios interactivos e invita a los profesores a considerar invertir el tradicional método en el salón de clases: Asignar a los estudiantes video-clases para ver en su hogar, y hacer “los deberes” en el salón con el profesor listo para ayudarles.

No habrá casos que desde el primer momento se amolden a la solución que necesitamos para nuestra aula, pero debemos comenzar a nutrirnos de las distintas experiencias e interpretaciones de la situación, para así poder alcanza el objetivo de salvar “nuestra” clase.

La revolución no será de las máquinas y los alumnos no asaltarán nuestra Bastilla, sino que somos los docentes quienes tendremos que iluminar el camino. El primer paso entonces será reconocer nuestros errores y remediarlos desde los nuevos conceptos que se nos presentan como posibles aliados. Herramientas, plataformas y distintas actividades están tan expectante, como los alumnos, porque las internalicemos para ejecutarlas.

Biblio:

Castells, Manuel. La Galaxia Internet. Barcelona: Areté 2001.
Baricco, Alessandro. Los Bárbaros. Ensayo sobre la mutación.
Piscitelli, Alejandro. Proyecto Facebook.

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“No sé, no entiendo”…

In Malas Viejas, Paladar mostaza on 15 septiembre, 2010 at 12:17 PM

Por Adrián Paenza

Es curiosa la dificultad que tenemos los humanos de decir: “no sé, no entiendo”.

Y es curioso también cómo se va modificando a lo largo de los años, porque los niños no tienen dificultades en preguntar: “¿por qué el cielo es azul?” o “¿por qué mi hermanito tiene pitito y yo no?” o “¿por qué gritaban ustedes dos ayer por la noche?” o “¿por qué el agua moja y el fuego quema y la electricidad da patadas?” Y siguen los “porqué”.

En todo caso, a lo que aspiro es a que concuerde conmigo en que los niños no tienen dificultades ni pruritos en cuestionar todo. Y cuando digo “todo”, quiero decir “¡todo!”.

Pero a medida que el tiempo pasa, empiezan los rubores, los temores y uno ya no se siente tan cómodo cuando se exhibe “falible” o “ignorante”. La cultura se va filtrando por todas partes y las reglas empiezan a “encorsetar”.

Uno se empieza a sentir incómodo cuando no entiende algo… y la sociedad se ocupa de remarcarlo todo el tiempo.

“¿Cómo no entendés?”

“¿No sabías que era así?”

“¿Dónde estabas metido…, en una burbuja?”

“¡Es medio tonto…, no entiende nada!”

O los más agraviantes aún:

“El ascensor no le llega hasta el último piso”.

“No es el cuchillo más afilado del cajón”.

“Le faltan algunos jugadores”.

Los ejemplos abundan. En el colegio, uno solamente hace las preguntas que se supone que puede hacer. Pero si uno tiene preguntas que no se corresponden ni con el tema, ni con la hora, ni con la materia, ni son las esperables por el docente, entonces son derivadas o pospuestas para otros momentos.

Es decir, ir a la escuela es obviamente imprescindible pero, por lejos, la escuela dejó de ser la única fuente de información (y la más consistente) como fue en el pasado no muy lejano. Y por eso creo que en algún momento habrá que repensarla. No dudo del valor inmenso que tiene, pero requiere de adaptaciones rápidas a las nuevas realidades. Y no me refiero solamente a modificar los programas, sino a revisar las técnicas de educación que seguimos usando.

Durante muchos años, salvo a través de los padres, no había otra referencia más importante y fuente de conocimiento que “ir al colegio”. Sin embargo, las condiciones han cambiado fuertemente. Ahora, los medios electrónicos no están reducidos a la radio y la televisión. Y no es que sean prescindibles –todavía–, pero me refiero a la unicidad y posición de privilegio que tuvieron durante más de medio siglo.

Hoy ya no. Internet, correos electrónicos, mensajes de texto, skype, twitter, facebook, teléfonos inteligentes, blackberries, iphones, ipods, ipads, etc… han reemplazado y ocupado esos lugares de preponderancia o, por lo menos, están en franca competencia.

Perdón la digresión, pero no pude evitarla. Sigo: todavía la sociedad, en forma implícita o explícita, condena el decir “no sé”. Siempre sostuve que la “matemática que se enseña infunde miedo entre los jóvenes”, especialmente en los colegios, aunque también sucede en las casas de esos mismos jóvenes por el problema que tuvieron/tienen los propios padres de esos chicos.

Pero el otro día, en una nota, me propusieron que pensara si lo mismo no pasa con “lengua” o “historia”. Y creo que no, que no es lo mismo. Me explico: ningún niño siente que es “inferior” si no entiende algo de historia o de lengua. Lo siente, sí, cuando se trata de matemática. Allí no hay alternativa. Si uno entiende, es un “bocho” y tiene patente de “inteligente”, “nerd” o algo equivalente. Es más: a ese niño le están permitidas ciertas licencias que los otros no tienen. Y eso porque le va bien en matemática. Son pocos… digo, son pocos los niños a los cuales “les va bien”, con todo lo que eso conlleva como carga por parte de los adultos.

“Le va bien.” ¿Suena raro, no? ¿Qué querrá decir que “le va bien”? Ese niño, quizá, puede preguntar. Nadie lo va a considerar mal si cuestiona lo que pasa alrededor, porque “le va bien en matemática”. No es lo mismo que le vaya bien en lengua o en historia o en geografía. Eso no, porque eso “se aprende”, “se estudia”, es cuestión de dedicarle tiempo.

Con la matemática parece que eso no pasa. Es decir, la percepción generalizada que la sociedad tiene (al menos de acuerdo con mi experiencia) es que hay gente dotada y otra que no. Los dotados no necesitan mucho esfuerzo: entienden y listo. Y los otros, la gran mayoría, no importa cuánto tiempo le dediquen o cuánto esfuerzo estén dispuestos a ofrecer, no hay caso. Algo así como “lo que natura non da, Salamanca non presta”, con todo lo brutal que esta frase implica.

Aquí, un breve paréntesis. El arte presenta también otro ángulo interesante. Si un niño tiene algunas condiciones que lo destacan en la pintura o en la música, por poner algunos ejemplos, entonces sí…, ese niño está bien. Se lo acepta como “raro” o “rara” y puede hacer preguntas. Pero la media, no. No está bien visto.

¿Por qué? ¿Por qué se supone que uno no puede preguntar? ¿Por qué se supone que uno tiene que entender aunque uno no entienda? ¿Por qué está mal volver a preguntar algo que se supone que uno sabía pero se olvidó? ¿Por qué no valorar la duda como motor del aprendizaje, del conocimiento?

En todo caso, pareciera que sólo aquellos que tienen la seguridad de que nada les va a pasar son los que pueden cuestionar sin sentirse minimizados o disminuidos ante los ojos del interlocutor.

Y aquí es donde conviene detenerse. Si se trata de conseguir seguridad, uno podría decir: “¿seguridad de qué?” Seguridad de que nadie lo va a considerar a uno un “idiota”. Están también aquellos a quienes no les importa tanto el “qué dirán”. Pero son los menos.

La sociedad parece sólo valorar “el gran conocimiento”, la cultura enciclopedista. Algo así como la cultura de ser un “gran diccionario” o una “enciclopedia que camina”. Una sociedad que discute la “creatividad”, a aquel que se sale del molde, aquel que pregunta todo el tiempo, aquel que dice “no sé”, “no entiendo”.

Yo creo que uno debería tratar de estimular la prueba y el error o, mejor dicho, estimular que el joven pruebe y pruebe, que pregunte y pregunte y que busque él/ella la vuelta para ver si le sale o si entiende lo que en apariencia le resulta inaccesible. Y, sobre todo, invito a los adultos a que nos asociemos a la búsqueda con ellos, a mostrarnos tan falibles como ellos, sobre todo porque somos tan falibles como ellos, y no estaría mal mostrarnos tan apasionados por entender como ellos, tan curiosos como ellos.

En definitiva, el “saber” es algo inasible, difícil de definir. Y perecedero, salvo que uno lo riegue todos los días. ¿Qué quiere decir saber algo? Una persona puede saber cuáles son todos los pasos para conducir un auto, pero eso no significa que sepa manejar. Un cirujano, no bien egresa de la Facultad de Medicina, puede creer que sabe lo que tiene que hacer. De allí, a poder operar, hay un gran trecho.

Por eso, el único camino es la pregunta, la duda y el reconocimiento constante del “no sé, no sé cómo se hace. No entiendo. Explicámelo de nuevo”.

Eso es lo que creo que nos falta como sociedad: seguir como cuando éramos niños, sin pruritos ni pudores. Era el momento en el que “no saber” era visto como una virtud, aceptado por los adultos por la ingenuidad que contenía y porque la película estaba virgen y estaba todo por entender.

Quizás uno llegue a la conclusión de que en esencia “conoce poco” y de muy poquitas cosas, pero la maravilla de la vida pasa por el desafío de descubrir. Y de poder decir: “no sé, no entiendo”.

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Me pareció atinado ver estas TedTalks

La fórmula de Arthur Benjamin para cambiar la enseñanza de las matemáticas

Ken Robinson dice que las escuelas matan la creatividad

Fuente: Página/12

La educación necesita una actualización creativa

In Derecho a Replica, Malas Viejas on 14 junio, 2010 at 11:39 AM

Cuantas veces nos hemos visto pensando en la Escuela, el Colegio, la Facultad. Uno se pasa la vida estudiando, buscando solucionar los problemas que la educación nos acerca y otro rato nos proponemos a llevar adelante las potencialidades que desde el sistema educativo se nos plantean. Pero, ¿El sistema educativo actual está actualizado? ¿Es acorde a estos tiempos y para estos alumnos?

Como alumno que soy desde hace años, de todos los niveles, lo que busco es respuestas de ustedes, mensajes, señales para saber que hay alguien del otro lado pensando igual de incómodo en el pupitre.

Quizás como menciona Ken Robinson en este TED, Debemos cambiar de metáforas, evolucionar desde un modelo de educación inspirado en lo industrial, lineal, en la conformidad, a uno que se base en mayor medida en los principios de la agricultura”.

¿Se podría pensar en un sistema educativo menos vertical y mas motivador? Acaso uno que libere y mantenga a los niños / jóvenes en la línea de la creatividad y la creación.

Esto quizás no es lo que sucede y según Robinson, “Ese es el motivo por el cual muchos/as abandonan el sistema educativo tradicional, que no alimenta su espíritu, estanca su energía, apaga su pasión”.

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¿Los que están pensando los planes educativos conocen a sus educandos? ¿Y los maestros o docentes? Habrá que ver si están en sintonía estos elementos, porque sino estaremos amordazando al futuro en nombre de métodos e ideas educativas que no se corresponden con el presente de “los de guardapolvo”  (uniforme escolar) y tampoco los prepara para el futuro que ellos tendrán que enfrentar.

En Uruguay vemos que se está cascoteando el Plan Ceibal en nombre de la racionalidad docente, que dificilmente coincida con la de los educandos (Artículo de Alejandro Piscitelli) mientras en Argentina todavía no se termina de entender el intento de “faltazo” masivo organizado vía Facebook por parte de los alumnos. Los Medios masivos por supuesto catalogaron de “fenómeno” lo sucedido, como todo a lo que no pretenden explicar y el análisis quedó ahí.

“Podríamos preguntar por qué, hacer entrevistas, encuestas, relevamientos, pero seguiríamos queriendo aferrar a los jóvenes con preguntas que vienen del pasado, en lugar de rozar la vitalidad de la que están impregnados y que no siempre entendemos. Casi nunca.” > Artículo completo.

Los paradigmas parecen sorprender a muchos docentes en un mundo que los recibe como inmigrantes y en el que deben “competir” o al menos compartir el poder para instaurar un sistema inclusivo y actualizado.

“Rateada” o “rabona”, en Argentina, “hacerse la vaca”, en Perú, “echarse la pera”, en Ecuador, “hacerse la rabona” en Uruguay, “irse de pinta” en México, “hacer la cimarra” en Chile: antes y ahora, estamos hablando de lo mismo y esto es, la ausencia de confianza y de escucha hacia los jóvenes. > Artículo completo.

Quizás debamos encontrarnos “fuera de hora”, maestros y alumnos, para debatir como construir el sistema educativo, ya no del futuro, sino de nuestro presente. La sociedad y el mundo han cambiado y quizás sea hora de comprender nuevas cuestiones abandonando viejas ideas, desarrollando un plan de consciencia colectiva / compartida que nos permita enfrentar la incertidumbre, que ustedes maestros no verán, pero que nosotros alumnos vivenciaremos.

+ Filosofitis de Alejandro Piscitelli

+ Artículo de Pablo Fernandez (La Voz del Interior)

+ Artículo de Alejandro Cobo (InfanciaHoy.com)

+ Blog de Ana Laura Rossaro (Educación2.0)

Un niño, una Escuela, un Mundo mejor

In Pasiones on 14 abril, 2010 at 10:51 AM

150×300

La campaña 150 x 300 es una campaña impulsada por www.soloingles.com con el objetivo de construir una escuela  en Cerrillos, Provincia de Salta, una nueva comunidad que necesite ayuda con urgencia .

La idea ES construir un nuevo edificio que funcione como escuela, centro cultural, centro comunitario y lugar de capacitación para niños y adultos.

Soloingles.com, en la persona de su CEO, Rodolfo LLanos, encabezan esta campaña invitando a otras personas y empresas a unirse.

La educación es el camino mas corto hacia la dignidad.  (Rodolfo Llanos dixit).

Ya cumplí la primer etapa de este díficil desafío. Terminé la Misión Race. Ahora se vienen las conferencias y manos a la obra…

Con un poco de sacrificio y la ayuda de mis amigos pienso contruir una escuela en una de las zonas mas necesitadas del norte argentino: El Barrio Congreso Nacional, Cerrillos, Salta.