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Javier Darío Restrepo reflexiona sobre periodismo y ética

In Derecho a Replica on 20 septiembre, 2010 at 3:40 PM

Desde hace mas de 15 años, la FNPI trabaja por la excelencia del periodismo a través de talleres y seminarios de formación e intercambio entre periodistas, colaboración en redes y estímulos al desarrollo profesional.

Entre todos los comentarios y reflexiones que se comparten en torno al periodismo, elegí volver sobre algunos apuntes de Javier Darío Restrepo, director del Consultorio ético de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano.

Javier Dario Restrepo.

Hace días en Paraguay, Restrepo apuntó que “el periodista siempre tiene que estar del lado del receptor. El único amo que el periodista debe respetar es el lector. La información la debe entregar con la ilusión de que llegue a todos y todos la crean”.

Al referirse a la independencia del profesional afirmó lo que todo comunicador bien lo sabe, aunque a veces algunos se dejen llevar por la codicia. Restrepo reafirma que sin independencia un periodista es como un cirujano con el mal de Parkinson. “El pulso es vital para el cirujano como la independencia para el periodista. Parece duro, parece rudo, pero es elemental”, señaló.

En otro momento aseveró que si hay algo que dignifica esta profesión es que somos constructores de esta sociedad. “La libertad se construye a golpe de decisión. La información condicionada, ordenada por alguien, contaminada, no forma buenas decisiones. Información mediocre, pueblos debilitados”, dedujo.

Agregó que lamentablemente todavía el receptor no desecha la información contaminada así como lo hace con los productos vencidos y contaminados en los supermercados. El periodista debe preguntarse si comunica o hace propaganda en el momento de elaborar la información.

En otra entrevista, el profesional colombiano, defiende la importancia de la ética profesional frente a las nuevas tecnologías y cree la ética es hoy uno de los desafíos más importantes para los periodistas.

¿Cuáles son los principales retos del periodismo actual?

Frente a la tecnología o el autoritarismo de los gobiernos, hay un reto inicial: distinguir qué es ética y qué es ley. La ley nos la imponen desde fuera, mientras que la ética se la impone uno mismo desde dentro. La ética la tomas o la dejas; en el primer caso cambia completamente tu vida, pero si la dejas de lado, llevas una vida vulgar, sin ideales ni superación personal. También está el reto de la identidad profesional; muchos no tienen claro por qué carajo son periodistas, lo que es muy preocupante; es desalentador pensar que se ejerce la profesión para cobrar a fin de mes. El tercer reto es el de hacer un periodismo humano y humanizante.

¿La falta de regulación del periodismo dificulta mantener la ética?

La ética no se impone desde fuera, debe ser producto del convencimiento de cada persona. Pero hay un arma, la universidad, que debe crear la inquietud de hacer un periodismo dignificante. Si la universidad sólo enseña unas técnicas, el periodista sale sin armas para enfrentarse a un oficio que, para ser digno, supone una gran reserva interior.

¿El periodista profesional desaparecerá víctima de la revolución digital?

Internet ha sido muy importante para que el periodista caiga en la cuenta de su importancia. Cualquiera puede hacer una foto con un móvil, o escribir un blog. Ahí el periodista puede ser perfectamente reemplazado, pero no cuando explica y analiza lo que sucede. Lo que pasa es que la gran tentación del periodista ha sido dirigirse sólo a los sentidos de la gente, a que vea y oiga, y pocas veces anima a pensar, y ese es el papel en el que es irremplazable. El periodismo que sobrevivirá será el que haga pensar a la gente.

Pero la información de calidad cuesta dinero, y en internet es gratis. ¿No corre peligro?

Internet da información, pero no conocimiento. Hacen falta una serie de elementos como el contexto, fuentes especializadas, etcétera, para conseguir que la información, que es como carne cruda, se convierte en un plato suculento al convertirse en conocimiento. No podemos limitarnos a darle a la gente carne cruda.

¿Qué opina de que los periodistas sean cada vez más partidistas?

La polarización es resultado de una deficiente formación intelectual del periodista, la que te dice que dudas, luego existes. No puedes aceptar como la última palabra lo que diga una sola fuente. La información de uno solo de los lados, ya se llame partido, equipo de fútbol o religión, se convierte en propaganda. El buen periodista debe estar siempre contrastando y siempre dudando.

¿El informador debe ser siempre incómodo?

Sí, la relación del periodista con el poder es siempre incómoda, de pareja mal avenida. El poder se siente molesto con su presencia porque lo pone todo en tela de juicio. Por eso un periodista debe dudar siempre del poder. Si uno está muy cerca, existe el peligro de caer en sus seducciones, que son muy grandes. La más vulgar es el dinero, pero también tiene títulos, facilidades, lo que quieras. La ciudadanía no siempre tiene armas suficientes para poner al poder en tela de juicio, y la defensa de la ciudadanía frente al poder es su capacidad de crítica, que es la que estimula la prensa.

¿Hay que rebelarse frente a las comparecencias sin admitir preguntas?

Cuando eso ocurre se pone a prueba la multiplicidad de fuentes del informador, que debe pensar: “Si esta fuente no quiere hablar, hay muchas otras”. Al final eso se convierte en un problema para el propio personaje que no quiere hablar, no para el periodista. Generalmente los silencios encubren algo, no son gratuitos.

Muchos periodistas mueren por hacer su trabajo. ¿Es un problema sin solución?

En Colombia descubrimos que hay una versión contraria a la que difundimos por solidaridad gremial: el periodista muerto no siempre es un héroe. Muchas veces son imprudentes, gente que hizo afirmaciones irresponsables y cuya muerte no tuvo beneficio social alguno, aunque hay desde luego hombres que se constituyen en verdaderos paradigmas. La pregunta del millón es si el periodista debe desafiar a los que le quieren disparar. No hay ninguna ética que obligue a no tener miedo o a desafiar a la muerte por cumplir con el deber, porque esa una decisión personal.

+ Mira los videos sobre los “Desafíos éticos del periodismo” organizada por la Asociación de la Prensa de Madrid (APM)

Fuente: Ip Paraguay; Público.es

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Las palabras de un maestro sobre periodismo

In Derecho a Replica on 20 septiembre, 2010 at 7:57 AM

Encontré esta conferencia de Javier Darío Restrepo en España que me parece interesante repasar. Las palabras del maestro FNPI transitan por el perfil profesional del periodismo que transcurre en constante construcción; los códigos de ética; el papel del Estado; las Universidades técnicas pero sin formación; la libertad de prensa; y mas.

La Asociación de la Prensa de Madrid (APM), creada el 31 de mayo de 1895, es una asociación profesional de periodistas, regida por principios de democracia, pluralismo, transparencia y participación, cuyos objetivos básicos son la defensa de las libertades de información y expresión, la promoción del buen ejercicio profesional del periodismo y la preocupación por el bienestar de los socios.

La ética como premisa fundamental de la Prensa

In Derecho a Replica, Malas Viejas on 10 abril, 2010 at 4:29 PM

Por Cristian Sanz

Los ilícitos no son de izquierda ni de derecha, son ilícitos. Por lo tanto, el periodismo, en su labor, no debe ser de izquierda ni de derecha, sino objetivo. Por lo menos, lo más objetivo posible.

Aseguran algunos autores que conocen del tema, que el periodismo no debe ser “objetivo” sino “honesto” con sus lectores y acercarse lo más posible a la realidad de los hechos, sin sesgarlos con su propia subjetividad. Es verdad.

A veces me pongo de muy mal humor cuando desde este periódico criticamos algunos ilícitos relacionados con la “izquierda” o la “derecha” y algunas personas nos critican por estar de un lado u otro. Muchos lectores permiten que un dictador sea criticado si se encuentra en la extrema derecha, pero jamás si es una persona progresista. Otros tantos, hacen lo opuesto. Y ambos “bandos” nos lo hacen saber con bastante enojo.

El asesino es asesino por la propia definición de su aberrante acto, no porque sea de las filas de Pinochet o del Partido Comunista. En ambos casos, el hecho en sí debería provocar nuestro completo repudio. Bien… ese simple concepto le es difícil de entender a mucha gente.

El periodismo no es partidismo ni ideología, sino medio de difusión de hechos y realidades. El periodista no trata de quedar bien con nadie, sino de contar la verdad aproximada de las cosas.

El periodista es un cronista de la historia de cada día, y eso pone en sus manos una enorme responsabilidad, que no puede ser desvirtuada por una simpatía ideológica determinada. Como dicen algunos sociólogos, los periodistas “formamos opinión”, pero eso no nos da derecho a formar “nuestra opinión” en los demás. No es ético.

Dijo Bill Kovach una vez que “el periodismo es la primera versión de la historia”. Como tal, debemos intentar que esa historia esté desprovista -en la medida que se pueda- de toda subjetividad propia. De lo contrario, no estamos informando como corresponde, sino dando nuestro punto de vista -totalmente discrecional- sobre un hecho que puede no coincidir con nuestro parecer.

Es muy complicado para un periodista no tomar partido sobre ciertos temas, pero es nuestra obligación mantenernos al margen a la hora de informar. Debemos priorizar el interés de nuestros lectores por sobre nuestro pensamiento personal.

Muchas veces me he sentido decepcionado por no poder probar un ilícito determinado y, muy a mi pesar, he tenido que escribir mi pertinente artículo con una verdad opuesta a mi sentir. Y así es como debe ser. De lo contrario, haremos nuestro propio “diario de Yrigoyen”, lejos de lo que dicta la “filosofía del periodismo”.

Tenemos ya no pocos exponentes de lo que es la “propaganda” disfrazada de “periodismo”, como bien dice el analista Teun Van Dijk. Irresponsables “mercenarios de la información” que no verifican lo que escriben y suelen vender notas periodísticas cual “productos de feria” a quien pague mejor. Son personajes muy conocidos en el ambiente, ubicados en lugares de privilegio en los principales medios de información y desprovistos de todo escrúpulo a la hora de hacer “operaciones de prensa”.

De a poco sus nombres se van haciendo conocidos y a futuro tienen asegurado su propio desprestigio profesional. Y es que la mentira no dura demasiado y la gente, aunque mastica vidrio, jamás lo traga.

En ese marco, es la obligación de los nuevos periodistas y de aquellos que trabajamos de manera independiente -a fuerza de resignar nuestro crecimiento a la suerte del destino- mostrar la verdadera realidad de las cosas, contando lo que no cuentan los pseudoperiodistas referidos y denunciando las actitudes extorsivas de ellos y sus empleadores.

El periodismo es un hermoso oficio, con grandes satisfacciones para quienes lo ejercemos con amor y responsabilidad. El camino del éxito y el dinero es muy fácil en la profesión, pero siempre debe primar el interés por la verdad. Es un bien supremo que se ha perdido en los últimos años.

Aquellos que no tienen muy en claro lo que buscan, pueden confundirse trabajando como hombres de prensa. Y es que la ecuación es sencilla: si uno es honesto, le depara un camino de aprietes, cartas documento y querellas. En cambio, si uno se “vende” -o alquila, según la ocasión-, el camino es el de los grandes medios, el dinero en importantes dosis y el aval de algunos políticos de primera y segunda línea.

Obviamente, nosotros vivimos en el marco de la primera opción: con aprietes, seguimientos, amenazas y querellas, pero con la enorme satisfacción de saber que la información que brindamos está cubierta por la capa de honestidad que debe poseer toda comunicación periodística. Y así nos lo hacen saber nuestros lectores a través de las cientos de elogiosas cartas que nos hacen llegar semana tras semana. Esa es nuestra mejor retribución, no hay dudas.

Y nuestra obligación es “marcar el camino” a futuro, para tratar de lograr que el periodismo vuelva a ser lo que era hace no mucho tiempo: un fiscal de los actos de corrupción contra el pueblo.

No es poco…