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¿Soy un colado?

In Derecho a Replica, Exclusivos, Lastiri on 24 diciembre, 2010 at 9:10 PM

Por Nelson Lastiri

De eso se trata este ensayo, de lo que pensé cuando encontré entre los recuerdos de mi vieja esas tarjetitas con las que invitaba a mis amigos para mi fiesta de cumpleaños.

En las fiestas de cumpleaños hay amigos, y “amigos de un amigo”, gente que llega por alguien más. El clásico colado, ese que como no sabe tu nombre te saluda con algún ambiguo sustantivo y lo hace por compromiso, porque la situación lo obliga.

El colado suele no saber de qué  se trata. No sabe quiénes son tus padres, no conoce tu historia, y lo que sabe de vos es solamente de oídas. Nunca charlaron, nunca se sentaron juntos, no son amigos ni siquiera conocidos. El colado suele estar a un costado, y no participa de la mesa. No te lleva un regalo ni sale en la foto con vos.

Es incómodo ser colado en una fiesta.

Bajo esos parámetros, y teniendo en cuenta que navidad viene de natividad y recuerda el nacimiento de Jesús, cabe preguntarnos si estamos siendo unos colados en su fiesta de cumpleaños.

En su fiesta no hay excesos, no hay lujos, no hay fuegos artificiales. Hay sencillez, hay humildad. Es un pesebre rodeado de animales que observan atónitos y se comportan como si esa vida les conmoviera la naturaleza. No hay luces de colores ni música que aturde, no hay fragancias estridentes, no hay caos, no hay estrés. No hay consumismo ni discordias.

Eso fue la navidad original, y eso –en teoría- es lo que celebramos hoy.

En este caso, colarnos sería usar el nombre de la navidad y su profunda simbología aunque, en realidad, las ignoramos o desconocemos y, por lo tanto, no somos consecuentes con eso.

¿Con liviandad levantamos la copa e invocamos alguien que en realidad es ajeno a nosotros?

Usamos la navidad. Todos usan el cumpleaños de Jesús para hacer negocios, para faltar al trabajo, para reunirse con seres queridos… todo menos estar con el cumpleañero.

Hemos  tomado una creencia y una costumbre cristiana y la hemos diluido, mezclándola con sustancias totalmente incompatibles y contradictorias.

La diferencia es que Jesús ha enviado su tarjetita de invitación a todo el mundo, hay una con tu nombre y apellido.
La paradoja es que para leerla hay que cerrar los ojos.

Lo complicado es que aceptar su invitación es más que saludarlo, es reconocerlo, su vida, su historia, la de la persona más revolucionaria que pisó la tierra en toda la historia de la humanidad.

Claro que podemos participar de la navidad desde afuera, esquivando las preguntas, postergando la reflexión entre nosotros y Dios. Y así será probablemente una juntada más, quizás con suerte la mejor del año, pero no va a ser Navidad si no está Jesús.

Le guste o no a Papá Noel, el protagonista es él, el cumpleañero.
Y estar en su pesebre sin reconocerlo es como ser un colado en su fiesta.

Los ángeles del cielo lo anunciaron con cánticos y trompetas en lo que sería la sinfónica más emocionante que el arte conoció…

Reyes sabios entendidos en sus tiempos fueron a su encuentro para arrodillarse y ofrecerle oro, incienso y mirra…
María arriesgó su vida por él, al nacer lo cobijó y lo envolvió en telas…
José, amándolo sin límites, lo adoptó como propio y luego le enseñó el oficio de carpintero…
Judas lo traicionó y el mundo entero lo crucificó.

Y nosotros… ¿Qué podemos hacer nosotros?
Aceptarlo, en principio, me parece la mejor opción.

Tenés una solicitud de amistad.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

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Ganó Argentina y eso si lo hicimos entre todos

In Derecho a Replica, Malas Viejas, Prosas Propias on 26 mayo, 2010 at 11:31 AM

En un fin de semana especial para Argentina, el seleccionado de Fútbol coronó la tarde del sábado con una goleada ante el equipo de Canada. Pero este post no busca ser un resumen del partido y ni siquiera una opinión del equipo que dirige Diego Maradona, lo que intento pensar junto a ustedes mientras leen estas líneas es que esta noche me iré contento a dormir. Porque en el fin de semana del Bicentenario se vivieron jornadas que ninguna crisis financiera o política podrá borrar y ni siquiera manchar en los que vivimos este momento histórico.

Los festejos fueron maravillosos, incluyeron a cada una de las provincias mostrándose en el Paseo montado en la avenida mas ancha del mundo, sonó en el escenario del Obelisco nuestro Rock, el Folklore, nuestro Tango, la Cumbia y hasta invitados internacionales de lujo dejaron sus líricas vibrando frente a millones de personas que pasaron en estos días por allí, el fútbol fue fiesta y el cierre majestuoso con un desfile del grupo Fuerza Bruta simbolizando los momentos que marcan nuestra historia.

Ni el Colón fue de Mauricio Macri ni hubo otro acto que le perteneciese al oficialismo. Todo fue nuestro, al Bicentenario, si que lo hicimos entre todos. Y aunque sea imposible que los políticos se desnuden de sus estructuras mezquinas y sectoriales que caracterizan su ser, los simples nativos de esta tierra supimos tapar la calle y mandar al diablo nuestras diferencias, haciendo flamear nuestro patriotismo que espero además no quede en lo circunstancial.

Se discutió que cuánto, que cómo, pero se disfruto a mas no poder. Porque para los que llegan de otras banderas les cuento, que en mi país Argentina; nada es sencillo. No es fácil para los políticos lograr consensos fuertes y sólidos, somos indiferentes con las necesidades de nuestro propio cuerpo social, el egocentrismo muchas veces nos lleva a errores irreparables y hasta somos sordos y ciegos cuando se trata de realizar una introspección coherente y sincera. Pero también somos inteligentes y tenaces, sobretodo capaces y creativos. Diversos y reaccionarios, pero la culpa la llevamos en la sangre. En nuestros orígenes parido entre diferencias, con un carácter mestizo hemos logrado abrirnos paso en una aldea global que no permite muchas veces la participación activa de países “en vías de desarrollo” en las cuestiones importantes.

Pero este fin de semana vi el intento de ser mejores y en eso nos especializamos. En intentar, en querer, en pretender erigirnos como una Nación mejor. Libre, independiente, soberana y justa. Esas deben hacer sido las ideas de la Revolución que se materializarían en 1816 y me ilusiona pensar que este fin de semana las recordamos y de ahora en mas buscaremos adaptarlas a nuestros tiempos.

Que los políticos hagan de cada persona una bandera es problema de ellos, ya los cambiaremos también con el suceder de las generaciones. A los viejos les digo, que no se preocupen que cada vez son mas los jóvenes conscientes que tienen pretensiones de cambiar el país. A los jóvenes les pido, que se preparen, lean, para enfrentar el timón de un país al que muchas veces le sobra velocidad pero le falta mentalidad.

Ojalá esta generación del nuevo centenario sea la que logre superar las diferencias, esas que de ninguna manera pueden superar los que nacieron tras el golpe a Perón, ni los desarrollistas desactualizados, ni los silenciados por la Junta y mucho menos los que mezclan en su cabeza democracia y neoliberalismo. Sus recetas ya fallaron, y la “doctrina K” es la última del eslabón de las mentalidades políticas del siglo XX que tiene su chance en la arena nacional. Veremos que es lo que se viene, que a la larga no será mas que lo que nosotros construyamos.

Yo hace tiempo he perdido la fé en que este humilde país, junto con sus miserias y hazañas, llegue a ser una gran potencia. No creo que podamos ponernos de acuerdo nunca completamente en todo, tampoco en la mayoría de las cosas, pero SI CONFIO en que podemos unirnos y hacer nuestro mejor intento. Pasaron los festejos del Bicentenario, ahora vamos a construir 100 mas, espero todavía mejores que estos.

PD: Perdón por empezar hablando de fútbol pero es fundamental en nuestra cultura y como tal de nuestro interés y el de muchos lectores.

« La ilustración pertenece a Juan Pérez Gaudio de La Voz del Interior

+ Espectaculares imágenes del Bicentenario