maximo tell

Posts Tagged ‘Homenaje’

Manifiesto sobre el fútbol y el hincha

In Froy, Pasiones on 6 septiembre, 2010 at 10:21 AM

Por Rogelio Froy

Me he propuesto intentar escribir y en pocas líneas hacer un manifiesto sobre el hincha, porque considero que se ha escrito mucho sobre fútbol, sobre su origen, formas de jugarlo, y personajes que hicieron grandes a este deporte, pero este escrito es para esa persona que hace del gran circo del fútbol su vida.

Porque en este país solo existe un deporte para el hincha: el fútbol. Están los fanáticos, los muy fanáticos y los menos fanáticos, pero ninguno de ellos dejan de ser “fanático”; están los fanáticos de los equipos grandes, de los medianos o de los chicos.

Hasta existen fanáticos de clubes que uno no sabe que existen, dentro de sus pares son motivos de burla, aunque internamente uno admira mucho mas a estos hinchas, por qué, quien puede ser hincha de “Desamparados de San Juan”, quien soportaría aceptar toda una vida de torneos de poco interés deportivo, quien soportaría saber que nunca vendrán a su cancha “Boca o River”, pero sin embargo, todo los fines de semana están ahí, hasta tienen sus propias banderas (por qué quien va a querer hacer merchandansing para tres hinchas).

El caso es que el hincha nunca se siente solo, el sabe que va a la cancha y hay un montón de otros hinchas que sienten y viven el fútbol igual que el, y como valor agregado, hasta comparten los mismos colores, cuantas veces un hincha abrazo a otro, cuando se gano ese partido milagroso, y ni siquiera se conocían, cuantas veces se les pide a sus pares que griten un poquito mas, que el objetivo ya esta mas cerca, por que el hincha también entra a la cancha, ellos también corren tras sus 11 representados.

Dicen que el Gol es el orgasmo del fútbol, pero para un hincha, ¿cuando es su primera vez?, ¿cuando es capaz de disfrutar ese orgasmo?, se dice que un niño deja de serlo para pasar a ser hombre cuando realiza su debut sexual, pero creo que mas importante que ese debut, es el momento en que el hincha va por primera vez a la cancha, algunos no nos acordamos, por que fuimos a una cancha antes que ir a la casa de nuestros abuelos, pero otros, ven como los “hinchas” de la familia cada domingo realizan ese ritual de gorro bandera y vinchas, y
luego del almuerzo parten para el gran coliseo, y uno simplemente se queda sentado sin entender ¿por que?, pero llega ese día en que el tío canchero, o ese amigo de tu viejo te hace un guiño y te pregunta ¿ y vos, no vas?, y uno intenta aguantar la alegría mientras busca un rostro que apruebe esa petición, y cuando la madre asiente a disgusto, la emoción que empieza a desbordar por que sabe que desde ese día ya no será tratado más como niño.

A partir de ese día uno pasa a ser “hincha”, uno podrá disfrutar ese lunes en el colegio con la sabiduría de quien ha vivido lo que otros todavía no, y a medida que va creciendo, se da cuenta que los hinchas juegan los lunes, que sus partidos no están los domingos con su equipo, sino, están los lunes con sus pares, en los colegios, en las oficinas, incluso en su propia casa, por que quien no ha fingido alguna vez estar enfermo para no levantarse ese lunes después de haber perdido el clásico, el único encuentro en el que no queres perder, por que sabes, que el qué te “gasta”, no es alguien que no ves nunca.

No es algún “hincha” efímero que solo te visita una vez al año, no, es esa persona con la que compartís todos los días, es ese compañero que se sienta un banco delante de ti, el oficinista que esta en el escritorio contiguo, el portero que te cruzas a la mañana, ese es tu clásico, es esa persona con la que coincidís en casi todo, vivís en el mismo barrio, vas al mismo colegio, jugas todas las tardes con el, pero el lleva otros colores, este manifiesto, que intenta revindicar a los hinchas.

A todos aquellos que saben lo que es levantarse a las 4 de la mañana para ver como corren detrás de una pelota unos pibes de no más de 19 años, que se mojan, pasan calor, mucho frío, insultan y maldicen el haber venido y se juran que es la ultima vez, pero en su interior saben que, la semana que viene y donde sea, el estará, y ese desconocido con el que comparte tribuna, también estará, y el pelado de de bufanda, o el viejo con traje, o el ridículo que se viste de pantalón corto, camiseta, y hasta botines, esperando que su técnico le haga un guiño de ojo, como esa primera vez, en la que aquel tío se la hizo, pero esta vez para que le diga, nos falta uno, ¿jugas?.

Humildemente este mal cronista intento homenajear a todas esas personas que sueñan, comen, respiran, en síntesis, viven fútbol, por mi parte les diré que me siento dentro de ese grupo y que siempre apreciare a las personas que entiendan el juego, siempre seré un hincha de las jugadas, y mis colores siempre serán celeste y blanco.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

Homenaje a Hugo Guerrero Marthineitz

In AguaSuaves on 31 agosto, 2010 at 3:27 PM

Nació en Lima, en 1924, y llegó a Buenos Aires a mediados de los ’50 para convertirse en una de las más importantes figuras de la radiofonía argentina.

1924 - 2010

Creador de clásicos como El club de los discómanos, El show del minuto o Reencuentro, y de su recordado ciclo de entrevistas en televisión, A solas, Hugo Guerrero Marthineitz revolucionó la radio con un estilo único, transgresor e indomable, que le granjeó la admiración y el reconocimiento, pero también envidias, odios y despidos.

Andaba en la mala: casi indigente, ganándose la vida leyendo cuentos a domicilio, hubo noticias de él un mes y medio atrás, cuando apareció internado en un neuropsiquiátrico. El sábado 21 de agosto murió de un paro cardíaco en el Hospital de Clínicas. Para despedirlo, lo más granado de la radio argentina habla de él y de su maestría exquisita.

Del suple Radar del diario Página/12 estos textos:

Me voy a referir a Hector Ricardo Garcia

Por Lalo Mir

Tenía el don de la radio. Yo con él descubrí que todo era posible. Tenía un cartel en el que veías, escuchándolo, eso: que todo es posible. Cómo se entiende que le haya vendido a Radio Belgrano la idea de El show del minuto, un programa de una persona, él solo, sin música de temas, sin cortinas, ni presentadores de noticias, ni jingles, sin gong. El hacía todo. Y era 1963, 1964. Impensado. Y fue un éxito. Y cambió todo. Hacía cosas que decodificabas, travesuras. Una vez, durante un gobierno militar, le llegó una reglamentación para que no se pasaran canciones pegadas del mismo sello, algo que venía de la industria discográfica: hizo cinco horas seguidas pasando “Argentino hasta la muerte”, de Roberto Rimoldi Fraga. En otro programa decía, cada diez minutos, “hoy me voy a referir a Héctor Ricardo García”; sólo eso, estaba peleado, no sé por qué. Y al final, dijo: “Hoy me referí a Héctor Ricardo García”. Y nada más. Una cosa fuera de todo contexto.

Teníamos un amigo en común, el pintor Hugo Laurencena, que una vez lo trajo a comer a mi casa, con mi familia, mis hijas, todo. Al entrar, muy emocionado, me abraza y me dice: “Lalo Mir, tengo que confesarte algo: es la primera vez que un colega argentino me invita a comer a su casa”. Era un cabrón, era mal llevado. Se peleó con todo el mundo. Y si había alguien más, también se peleaba. Conmigo no, pero bueno, de pronto te reclamaba cosas.

Siempre fue mi referencia en la radio. El tenía cierta debilidad conmigo, también. La primera vez que me invitó a A solas, en la tele, no sabía qué decir, estaba aterrorizado. Arrancó así: “Lalo Mir, ¿cómo hacés para hacer lo que hacés?”. Me mató. “Te escuché a vos”, le dije. No hay límites, es la cabeza de uno la que los fabrica. El era cautivante, te colgabas a escucharlo, te entraba como una hipnosis. Fue un oficiante, para mí, en mi carrera.

El hombre ilustrado

Por Alejandro Apo

Instaló un modo de hacer radio unipersonal, de clima, y es mi mayor influencia. El show del minuto era mucho más que una compañía: yo me sentaba a escucharlo, no quería que nadie me interfiriera. Recuerdo muchas de sus frases: “Hasta mañana si Dios y los ómnibus lo permiten”. Manejaba como nadie esa conjunción de palabras, música y silencios: hay un antes y un después de él en la radio. A diferencia de Carrizo o Larrea, que se inclinan más por el énfasis y la afirmación, él iba por el lado de la pausa dramática.

Nunca voy a olvidarme de cuando le oí leer, mientras estaba haciendo la colimba, “La mujer ilustrada”, un cuento de Bradbury. Era impresionante: les ganaba en audiencia a las telenovelas de la tarde. Cuando Vicente Muleiro me convocó a Radio Nacional para hacer mi programa a la tarde yo tenía dudas; “Hacete tu show del minuto”, me dijo. Y ahí me sentí Gardel. Aunque soy consciente de que, leyendo, no le llego a los talones. Porque para mí el Negro en la radio es como el Diego en el fútbol: el más grande de todos.

Otro mas que clavo la sintonia

Por Víctor Hugo Morales

Era un hombre extraordinario, sumamente inteligente, sin vueltas para decir lo que pensaba. Está en el podio de los cinco o seis grandes de la radiofonía, y lo digo pensando en Mareco, Larrea, Carrizo, Cacho Fontana, Soldán, una especie de sexteto de oro de nombres que ahora se me ocurren. Quizás haya sido el más revolucionario y personal de todos ellos, en cuanto a un manejo de la radio como un hecho integral en el cual lo grabado convivía con lo que se hacía en vivo: la tarea de operación tenía que ver con otro talento que él desarrollaba al tiempo que hablaba. Creó un mundo fascinante a través de eso.

Diez días antes de que muriera había sido su cumpleaños y pedí encarecidamente al equipo de producción que los móviles fueran a verlo, pero a veces uno pide y de repente surge una de esas porquerías que tenemos que documentar, parece que no me dieron ni bolilla. O a lo mejor no supieron encontrarlo, porque estaba internado. Cuando supe de su muerte me vi en una playa de Colonia, años ’60, cuando decía aquello de “Otro más que clavó la sintonía”, y me encontré con la pena que se siente ante personas de estos valores, emparentadas además con lindos recuerdos de nuestras mocedades. Y me inspiró un rechazo muy grande la soledad evidente y la pobreza en la que murió, no me parece justo para un hombre que fue un gran trabajador. Pero eso hace a cuestiones impenetrables para mí: por qué le pasó.

Tenía una voz maravillosa y una impostación muy especial. Y tenía un gran respeto por la palabra, por su relación con los silencios, con la buena vocalización. Por los tonos que a través de una risotada o de una risita leve, matizando su discurso, podían significar una parte muy importante de lo que estaba diciendo. Manejaba eso como nadie. Era un verdadero maestro.

Otros párrafos homenajean al Negro:

Fuente: Radar

La Radio cumplió 90 años y sigo disfrutándola

In Paladar mostaza on 28 agosto, 2010 at 9:52 AM

Y no me puedo ir señores sin antes tipiar un festejo por el aniversario 90 de la Radio argentina!

La Radio es un medio que ha dejado e impulsado que la ame. Me obliga que frunza el ceño cuando la interferencia estropea sus voces lejanas.

La Radio invita a imaginar, independiza los sentidos para que despavoridos se reúnan y de la mano te lleven a viajar por universos únicos.

La Radio será sin duda el medio que siempre añoraré, por lo educativa, lo estimulante que puede ser al cerebro y la paz que logra en mi.

Hablo en radio y también disfruto escucharla. A toda hora recorrerla y si bien hoy no es el principal medio que uso; es el que sé nunca traiciona.

La Radio invoca lo mejor de los espiritus. Aporta fantasía y construye junto a uno mismo, relatos que son del viento y el tiempo.

La Radio es maravillosa, cuando presenta los cuentos de Apo, los relatos de Dolina y alguna editorial de Eliaschev enojado.

La Radio emociona con Victor Hugo, con Muñoz, con el siempre atento Fioravanti y hasta con el Bocha o Whebe en cada grito.

Porque nadie imagina lo que es la radio hasta que se encuentra solo en la desolación con la simple sintonía en un camino o paraje oscuro.

Allí cuando las estrellas solamente nos miran es donde se potencia la radio. Siendo carpa del circo de los solitarios y ávidos de una voz.

Hoy inmersos en una maquinaria de “contacto” pocos soportan el retumbar del parlante como singular estímulo.

Yo no sentí el olor de la bujia, ni lustré la Capilla y tampoco culo alfombra me reunía en familia alrededor del radio teatro.

Pero pude sentir el erizar de mi piel con un gol junto a la almohada, un silencio de suspenso, un incalculable palpitar por sentir mi nombre.

La Radio sin duda merece que le hagamos un homenaje y defendamos su estilo y partitura filosófica. Por es parte nuestra y quisiera que siga.

Empezó como locura de azotea, continuó como un hito de masas y terminará siendo un placer de pocos. Radio gracias por dejarme ser parte tuya!

Gracias y buenas noches. Hasta aquí transmití desde casa. Sigo por la misma frecuencia dentro de unos momentos.

La radio que no se ve.

La radio no se ve

la mamama era la única que la miraba

era una radio medio capilla de madera

estaba sobre una mesita en la galería

alimentada por una batería de auto

de una camionetita Ruby del ’29

yo tendría unos seis o siete años

la viejita tana no podía entender cómo salían esas voces

dónde estaba esa gente que hablaba

las orquestas, todo

y cuando todo el mundo salía del rancho hacia el campo

bien de madrugada

sintiéndose más sola,

ignorando mi presencia tal vez porque yo era un niño

metía la cabeza atrás del aparato y miraba

un rato largo

después seguía con las tareas

y la radio quedaba encendida en tangos

voces chacareras noticias

y nadie la miraba.

Cuando vi la radio por dentro por primera vez

no era una radio del todo

era una propaladora de pueblo

se estaba convirtiendo en radio.

Sonaba como radio

que desilusión

nada era como lo había imaginado.

Un cuartito gris apenas iluminado por tubos fluorescentes

el tipo hablando frente a un micrófono y una mesa de fórmica

alta llena de papeles y la bandeja de tocar discos

y los equipos en unos estantes cero glamour

nada de paisajes litorales paridos por la voz de la Ramona Galarza

ni las veladas de smoking y quebradas de Glostora nada.

Cuando me tocó ver cómo era una radio de verdad en Buenos Aires

pensé que estaba en la NASA.

Un alarde tecnológico para mi asombro sonaba como una topadora

eso también era radio.

Tardé mucho tiempo muchos años

en comprender que no importaba lo que veía

ni lo que tenía ni lo que tocaba en el lugar donde estaba

cualquier micrófono cualquier parlante cualquier frecuencia

solo una palabra mágica y zas!!

se te aparecen de nuevo todos los paisajes

aunque tengas los ojos cerrados…

Un libro va más allá

que cuenta y describe toda la radio que no se ve maravilloso

desde antes de la mamama que la miraba asombrada

hasta después, ahora.

El celular que suena en la estación Atocha

también es una radio

una frecuencia de radio

nadie lo atiende

el dueño voló con la bomba

la bomba explotó

explotó porque el detonador recibió una llamada

otro celular, otra frecuencia de radio en el aire

pero eso no es radio

y se ve, lo miramos todo el tiempo aunque no suene.

Lalo Mir

Otro año sin el Negro Fontanarrosa

In Paladar mostaza on 19 julio, 2010 at 5:13 PM

Se dice que Roberto Fontanarrosa sigue interrumpiendo discusiones futboleras en los cafés; que al pasar por esa mítica esquina de ventanales todavía se lo ve dibujando; siempre se lo recuerda, aún sigue vivo en todos aquellos que lo disfrutamos en alguna de sus artes. Pedí prestadas unas líneas y espero que las disfruten:

1944 - 2007

Por Mariano Montenegro

Cuando era un pibe de 10 años, la mayoría me conocía como NITO. Ya saben, MariaNITO. Tonteras de mi tío el hippie. Cursando el sexto grado del colegio primario, aburridísimo como en cualquier domingo de mi adultéz, dibujaba a Inodoro y a Mendieta de memoria en unas hojas amarillas que había heredado de mi abuelo. FontanaNITO, firmaba sin ponerme colorado, cuando lograba redondear un chiste. Hace 23 años. Pero no, quédese tranquilo, esta remembranza no tiene destino y tampoco forma parte de un clip que me encargó el productor para poner al aire hoy, cuando se cumplen dos años de la muerte de Fontanarrosa. No. Sólo me acordé, sólo lo conté. Para eso me hice un blog.

Al único velorio que fuí voluntariamente en toda mi vida fue al del Negro. Ya ni sé por qué. Creo que había perdido la cordura el día que se murió el tipo que yo no paraba de leer enfermizamente hacía 4 años. Mi fantasía de ser escritor había resucitado milagrosamente cuando a mis manos de ya un adulto volvió a caer un ejemplar de “Nada del otro mundo”. Por eso, hace dos años, me morfaba los libros del negro como para empaparme de la mágica y genial simpleza de su pluma, perfecta. Después de leer “Los últimos vermicelli” escribí un cuento que se llamó Una de terror y fue, más tarde, el único cuento que llevaría a un concurso y que, maravillosamente, ganara su publicación en una antología de la UNR Editora.

A la casa velatoria de calle Salta caí como drogado. Sin saber por qué estaba haciendo esa locura de llegar a un lugar lleno de extraños llorando y sabiendo que la única persona que quería cruzarme había muerto hacía seis horas. Recuerdo que no me detuve en la puerta y subí la escalera con los ojos nublados de quien vuelve borracho escapando de las luces del pudor diurno. Con una rara culpa y las manos transpiradas crucé un largo pasillo donde a esa hora no muchas personas se apiñaban y aún susurraban la noticia con el ánimo de quien sólo quiere corroborarla en la mirada del otro, en la misma expresión consternada del deudo, de aquellos que no comprenden con qué destino se han quedado de este lado del mundo.

En la última habitación descansaba, muerto, el mismo tipo que había escrito el libro que llevaba en mi bolso. Recién ahí, cuando vi los ojos cerrados del Negro, me desprendí del ensueño, brúscamente y asustado como si me hubiese despertado debajo del agua. Respiré hondo y crucé una mirada de culpa con algún familiar directo. Me avergonzé tanto, que deshice mis pasos abrazado de un calor inhumano en la cara, y casi corriendo recorrí los pasillos hasta que gané la calle otra vez y un aire helado me hizo temblar el pecho.

Me fui caminando por calle Salta hacia el cruce Alberdi.

Desde la muerte de Fontanarrosa he visto cientos de homenajes, pero fue éste en particular el que más hondo me llegó. Es un dibujo de Tute, un artísta genial cuya profundidad siempre sensata, de lúcida tristeza, se ha convertido en un sello. Haga clic sobre ella y véala grandota.

Dos cosas para el chau: El Blog Homenaje al Negro Fontanarrosa, pase que está lleno de lindos homenajes de otros dibujantes. Y pase, cuando guste, por el genial Blog de Tute, verá trabajos maravillosos.

Fuente: TodoLoQueVeo.com

+ Sitio del Negro Fontanarrosa

+ Sus cuentos para descargar

+ Entrevista sobre Literatura en 2006 (audio)

+ Alguna de sus frases