maximo tell

Posts Tagged ‘indiferencia’

La indiferencia como boleto hacia la felicidad

In Exclusivos, Pasiones, Tonti on 22 septiembre, 2010 at 7:16 PM

Por Danilo Tonti

A veces me despierto aunque esté despierto y me veo dormido en una pesadilla disfrazada de sueño. Por momentos abandono lo que soy y segundos de lucidez me regalan lo que quiero ser. Hay instantes en los que vivo,… y años en los que camino sin siquiera ver.

Son momentos especiales. Ráfagas del tiempo que se escapan de la ruta marcada y nos desvía del camino. Nos paran frente al espejo que nos dice quienes somos en función de lo que hacemos y de lo que dejamos de hacer. Llegan con la cordura y evidencian la locura; golpean fuerte y profundo, pero justo donde deben golpear.

Y entonces me pregunto ¿Cómo? ¿Cómo vivo desde el olvido? ¿Cómo sigo sabiendo que tantos caen, que tantos mueren; que tantos esperan, que tantos desesperan; que tantos gritan, que tantos me llaman? Si todo me es indiferente… ¿qué sentido tiene la vida? En esos momentos lo entiendo.

La rutina nos entrena: hay que aprender a no ver. “Si vas a vivir pensando en que lo que tenés o lo que hacés otros no pueden tener ni hacer no vas a vivir nunca”, muchas veces me dijeron. Pero si vamos a vivir sin pensar lo que otros no tienen o no pueden hacer… ¿qué sentido tiene el propósito de estar existiendo?

Por cada segundo que pasa decenas de personas mueren por falta de cosas que otros derrochamos. Por cada día que se escapa cientos de humanos suman una noche más alumbrados por la luna, mientras proliferan las grandes mansiones y los barrios cerrados. Por cada hora del día condenada al olvido, 24 esperanzas mueren en el fracaso de la espera.

Naturalizar los hechos en conflicto conlleva a dejar de mirarlos como tal e incorporarlos como una constante en nuestra vida cotidiana. Asoma como producto la costumbre y -como una suerte de alivio- una resignación diaria que se legitima en la mera repetición en los demás.

Nos acostumbramos a ver personas durmiendo en la calle, villas al costado de la ruta, niños condenados al trabajo. Nos acostumbramos y en la costumbre los condenamos, quizás sin darnos cuenta, a un mañana que se repite sin cambio alguno.

Quizás sea un mecanismo de defensa; no es fácil vivir con el peso de la conciencia. Entonces seguimos. Cada minuto condena al olvido al que pasó y reparte la pauta para esperar el que viene. La fórmula se repite y se repite: el norte es el éxito y en él no hay tiempo para romper la indiferencia.

Y en el consenso más ridículo y falaz que pueda imaginarse, las palabras se unen: “hay que terminar con la pobreza”. Pero un consenso sin compromiso no es más que la gigantografía que disimula la falta de artistas. Todos asentimos, pero pocos asisten.

Cuando la conciencia de nuestra indiferencia genera indiferencia con nuestra conciencia… sobreviene la inconciencia.

El mundo es un puñado de inconcientes admirados de sus racionalidades técnicas, pero indiferentes de sus mediocridades humanas. En la omisión está la acción y la cuota de cómplices con los hechos que se denuncian. En la omisión está la culpa y la contradicción con el discurso. En la omisión está el sujeto, desprotegido de apariencias.

Convertirnos en lo que no queremos ser quizás sea el fracaso más crudo y la decepción más grande que la vida pueda regalarnos. Todos somos tentados, una y otra vez, por la seductora vida del éxito con mirada selectiva. Pero sólo los que hagan de esos instantes de cordura la plenitud y la esencia, jamás volverán a dormirse en la pesadilla,… camuflada de sueño de fantasía.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

+ La foto pertenece a Jose Bahamonde

Abuso de indiferencia, abuso de impunidad

In Exclusivos, Malas Viejas on 10 agosto, 2010 at 10:22 AM

Por Gaby Socias sobre Abuso sexual en la infancia

De a poco, una a una fue levantando la mano para pedir la palabra. Con la voz resquebrajada de impotencia denunciaban atrocidades y suplicaban justicia. Una vez más ellas: firmes en el frente de batalla. Esta batalla de resistencia agónica que no da lugar a dilucidar vencedores ni vencidos. Quizá  sea la carga simbólica de lucha que llevan a cuestas las abuelas de nuestro país la que da lugar a pensar que mientras ayer reclamaban por la identidad de sus nietos, hoy éstas ansían que no se les ultraje su integridad. Ya que, víctimas de un terrorismo social alimentado de impunidad, los niños son abusados sistemáticamente a la vista y a la indiferencia de todos.

Cada pocos minutos el doctor Jorge Volnovich preguntaba ¿están todos bien?,  y proseguía con su disertación, ya que profundizar, conocer y desmenuzar la problemática del abuso sexual en la infancia no es común.

Hacía mucho que no respiraba una atmósfera así, mi imaginación comenzó a hacer de las suyas mientras se iban relatando casos de abuso y las sensaciones desgarradoras no demoraron en brotar. Igualmente, todos volvimos con mucho más de lo que fueron a buscar a una charla-debate.

No hizo falta que el psicoanalista especializado en niños y adolescentes nacido en Argentina y luego exiliado en Brasil, subiera al escenario para que se colmara la sala y muchos interesados tuvieran que quedarse sin asiento.

Expectativas sobraban, Volnovich es una eminencia en el tema y su experiencia por demás reconocida. Sin embargo, me retumbaba la duda de cómo se podía comenzar a hablar de un tema tan crudo que implicaba semejantes espantos contra seres tan vulnerables.

En la primera diapositiva se iluminó “Implicación de niños/as en actividades sexuales para satisfacer necesidades de personas adultas sean éstas familiares (incesto) y cuidadores, o no”.

“Cualquiera sea la necesidad o el tipo de placer que se busque, no necesariamente tiene que ser erótico”, aclaró el psicoanalista, para hacer compresible su acotación relató que se trataba un caso de abuso el de aquella abuela que, obsesionada por la higiene de su nieta de 3 años, luego de bañarla le introducía los dedos en la cola y en la vagina. Aunque la mujer se negara a asumir que se trataba de abuso sexual, el abuso no se prueba en los abusadores, sino en las víctimas.

Pasaron unos segundos y levantó la mano una mujer adulta desbordada de  ganas de expresarse, dijo que cuarenta años después de haber sido  abusada de niña, tuvo un accidente cerebro vascular. “Las secuelas se pueden tratar, los traumas se pueden atenuar pero nunca desaparecen”,  respondió Volnovich a un público algo conmocionado.

La lógica de la aberración fue el nombre de la charla, si bien en principio parecía estar lo suficientemente claro a qué se refería, a medida en que la disertación y las opiniones iban tomando cuerpo era posible percatarse de que se trataba de una lógica de la aberración que está mucho más presente en lo que se dice, hace o deja de hacer en base al abuso sexual infantil, que en el mismo acto de abuso. Evidencias sobraban.

Un portero con la excusa de mostrarle juguetes a una nena de ocho años la llevó a las cocheras del edificio donde trabajaba y sentándola en el inodoro le ponía el pene en la boca y le decía que adivinara que dedo era. Nadie podía creer la resolución de este caso, porque para sorpresa de muchos de los presentes, en la diapositiva que lo mostraba se leía que nuestra justicia no pudo considerar lo sucedido como abuso sexual con acceso carnal ya que “el hecho se consumó a oscuras, lo que reduce aún más el contenido traumático de la desfavorable vivencia para la menor”.

Volnovich asegura que en Argentina de cien casos de abuso sólo uno, o a lo sumo dos, terminan con condena, y en esos pocos está involucrada gente pobre, de bajos recursos porque “los que tienen plata tienen la posibilidad de taparlo todo”, señaló. Tras ese comentario casi todo el auditorio, con una sonrisa irónica, asintió con la cabeza. Y el médico agregó: “Eso sí,  siempre y cuando que por la cabeza del juez no se le cruce un tal vez no será inocente este abusador porque ahí sí que no hay prueba que valga”.

Si los indicadores físicos se caen es muy difícil comprobar, ya que las huellas psicológicas son comúnmente asociadas a psicosis colectivas o de otra índole, que nada tiene que ver con secuelas de abuso, según los jueces.

Mientras tanto, cada vez más manos pedían la palabra. A medida que nos escuchábamos la confianza iba ganando terreno y la comprensión fluía. Era simple: llegamos a hablar todos en un mismo idioma, la impunidad del abuso sexual en la infancia nos mantenía a todos lúcida la misma preocupación.

Preocupación que va desde nuestra visión de lo instituido: vivimos, según Volnovich, en una sociedad adulto mórfica donde a los niños se les cree cuando hablan y si no hablan no se les cree. No obstante, hay indicadores inespecíficos que demuestran rastros de abuso en cómo actúan, en las cosas que temen, hacen, o en su mismo jugar.

Además, es frecuente que las víctimas se sientan más culpables que sus victimarios y por eso acudan al silencio. Existe un síndrome de acomodación al abuso sexual, que se da cuando niños abusados se “acomodan” a la situación, se callan o lo dicen tarde.

“El trauma no pasa nunca, pero se convierte en menos trauma cuando hay castigo, de lo contrario el niño va a seguir sintiéndose culpable, porque deduce que si él no hubiera tenido la culpa seguramente el abusador hubiese sido castigado. Es cierto, los chicos pueden mentir, pero cuando se trata de abuso en el 90% de los casos dicen la verdad”

Ya era de noche y la disertación, devenida en debate, iba llegando al final. Todos los que llenábamos la sala lo presentimos, no sólo era evidente por el tiempo transcurrido, sino también por el tono que había tomado el diálogo y los comentarios. El doctor disertante recomendó que no era cuestión de psiquiatrizar al fenómeno del abuso, porque así se le saca la responsabilidad a la sociedad.

De a poco, íbamos cayendo en la cuenta de que era hora de rever y poner en crisis reglas de lo instituido, mandatos y construcciones sociales que ofuscan encontrar una salida eficaz; era hora de desnaturalizar lo naturalizado. No era posible seguir aceptando abusos y todo lo que se hace o no se hace en base a él.  Refiriéndose a los jueces, y es válido también para la sociedad toda, Volnovich fue claro: “a la ignorancia la combatís o la educas”.

Cuando parecía que ya todo estaba dicho, que ninguna sensación diferente iba a invadir nuestros cuerpos, comenzaron a hablar ellas.  Sentada en una de las primeras filas tomó el micrófono y, con la mirada entera depositada en el psicoanalista, le hizo esa pregunta de la que está cansada de buscar respuestas: “¿cómo hace para sacar adelante un nene de 8 años abusado por un chofer de 64?”.

Prosiguió otra abuela que demoró en expresarse porque el llanto no la dejaba hablar. Era lógico, sus palabras fueron el resumen de esa lógica de la aberración que recubre los casos de abuso. Su testimonio hizo poner la piel de gallina a los que la escuchamos. Mezcla de dolor, bronca e impotencia sentimos todos cuando esa abuela pidió que alguien le explique la razón por la cual su nietito de cuatro años había sido dado en guarda a su mismo padre abusador.

Ahí despertamos por completo. Comenzó a llover una especie de motivación y ganas de hacer algo. Se intercambiaron opiniones de todo tipo, y era de no creer que en una charla de un día cualquiera un grupo de personas en Córdoba estuviese tan decidido a hacer algo para cambiar la realidad del abuso sexual infantil. “Si los gays pudieron lograr a través de sucesivas marchas el reconocimiento de un derecho, ¿por qué nosotros no?”, se escuchó desde una punta del salón.

“Bueno entonces marchemos”, le contestaron. Y así, varias propuestas, todos querían hacer algo, no sabían qué, ni cómo, pero ya nadie aceptaba seguir así, sin justicia para con la integridad de los niños.

El resultado, sin dudas, fue alentador. Llegamos como simples espectadores y nos fuimos como enteros protagonistas. La charla sirvió para atravesar diferentes estados, que quizá muchas veces son necesarios para comprender y ver cuál es el mejor camino a seguir. Comprometernos y hacernos cargo como sociedad, no nos queda otra.

Volnovich advirtió: “el niño abusado carga con tres infiernos: el de la familia donde sufre el abuso, las instituciones encargadas de protegerlo y la sociedad, que termina por estigmatizarlo”.

Creo comprendimos eso: se trata de un flagelo que nos involucra a todos y que el sufrimiento de unos y la impunidad de otros pueden cesar si dejamos de ser indiferentes.

+ Entrevista al Dr. Volnovich en Cadena 3

El problema social del Paco en el Noroeste argentino

In Exclusivos, Malas Viejas on 28 julio, 2010 at 10:03 AM

Por Giselle Aguirre

El noroeste argentino es una de las regiones donde mas se consume pasta base (paco), conformado por las provincias de Tucumán, Jujuy y  Salta hace mas de 6 años este tipo de droga de exterminio hizo su ingreso (con mayor intensidad en Jujuy y Salta) y al parecer aun no es ni noticia, ni tapa de ningún medio de comunicación nacional y mucho menos de la agenda del Estado.

El problema social del Paco es responsabilidad de nosotros

Las ONGs se encuentran desbordadas, los pocos centro de rehabilitación estan saturados de pacientes y aumentan los suicidios y muertes por la adicción. También hay que considerar la muerte de los familiares como en el caso de madres, que agotan sus fuerzas con la enfermedad de los hijos sin que nadie pueda ayudarlos.

El fenómeno abarca las diferentes clases sociales  sin distinción y también es un problema que involucra todos los sectores del Estado, la Justicia, la Policía , los profesionales y la sociedad en su conjunto.

Pequeñas y loables acciones son las que realizan las Madres de lucha contra la adicción, marchando; haciendo talleres con voluntarios universitarios; cines debates; como así también los centros de rehabilitación gratuitos cristianos que reciben a los chicos dando contención y ofreciéndoles en sus posibilidades una ayuda espiritual; pero la problemática hoy ya excede todo trabajo y alcance que puedan hacer.

De parte del Estado surgen programas de prevención y tratamiento con mas intensidad en la provincia de Tucumán pero aun así , son trabajos de intervención que no pueden sostenerse en el tiempo con los pacientes, porque la problemática no solo está en la enfermedad sino también en todo el contexto que rodea al adicto.

Es así el caso de muchos chicos que inician sus tratamientos en otras provincias y al retornar a su hogar luego de 1 o 2  años de internación, la reinserción de estos chicos al sistema es responsabilidad solo de la familia en donde la contención emocional y económica quedan ausentes. Regresan a los hogares esperanzados de comenzar una nueva vida, con fuerzas de reconstruir y en algunos casos recién pueden construir y ahí están enfrentándose a la inestabilidad laboral que padecen sus familias; sin obra social; sin subsidios para estudiar ni trabajar.

Pero aquí, no solo esta la solución de poder asignar subsidios a la familia del adicto, sino también el acompañamiento en el proceso de reinserción con la familia en donde el abordaje queda totalmente nulo y nadie quiere responsabilizarse, es ahí donde surgen la peores recaídas de los chicos que se dan cuenta que a veces solo con la voluntad no se puede ,en algunos casos terminan en la muerte , y es el caso de Tucuman y el interior de Salta donde los suicidios son cada vez mas.

Las familias se encuentran fragmentadas, sin contención, sin ninguna información de cómo poder tratar el problema y mucho menos saben como hablar a un hijo de doce años sobre las adicciones. Atravesadas por variables económicas, psicológicas y sociales sin resolver se tienen que topar día a día con los diferentes fenómenos que se encuentran fuera de su alcance, como la droga.

Las escuelas hoy tienen un panorama algo frío y oscuro, donde las maestras tienen que ver como los chicos llegan a clases bajo el consumo de sustancias; amanecidos; irritables por el clima de incertidumbre que viven todos los días; sin saber que será de sus vidas; sin saber acaso si esto es realmente una vida. Los docentes muy poco pueden saber de cómo abordar problemas con la complejidad que poseen.

Entonces ¿Donde se debe apuntar en una problemática que excede a todo la sociedad?, ¿Será que se necesita un trabajo de toda la sociedad? A veces sin darnos cuenta el problema puede estar en la casa de cualquiera del que este leyendo este humilde artículo.

En nuestro Norte el Paco mata socialmente o induce al suicidio

El índice de recuperación es muy bajo porque también las oportunidades son muy escasas y cuando hablo de que el problema es de todos, me refiero a que cada ciudadano tiene un rol que cumplir en esta lucha.

Empezando por los profesionales de la salud, ya que no pueden seguir existiendo médicos que no sepan tratar una sobredosis ni desconocer los diferentes tipos de drogas son sus síntomas. Psicólogos y trabajadores sociales deben abordar el tema desde la especialización del tema y sobre todo desde la humanidad con el otro, acompañando, sacando ese miedo al involucramiento y hasta veces solo escuchando.

Los periodistas informándose acerca de que hablan cuando hablan de drogas, mostrar como se droga un chico o cual es la ultima droga de moda es demostrar su total irresponsabilidad hacia la problemática. Entender que la adicción no es algo lejano, que la droga no tiene vida y va por las calles caminado vendiéndose sola.

Cuando uno menos está informado mas está expuesto a que este problema nos toque vivir con un familiar; un amigo; un compañero; nosotros mismos. Informarme es una forma de participar activa y responsablemente para así poder entender la gravedad del problema, sacar prejuicios es un primer paso.

Cuando toda la sociedad mira y escucha la televisión, y se puede ver como la adicción mata a los chicos en la calle, como un transa o dilers matan a los chicos porque les falta $0, 50 para una dosis de paco todos nos sorprendemos, nos admiramos, vemos al problema de la vereda del frente.

¿No es la adicción un problema mas de toda la sociedad Argentina? ¿No es también un problema producto de la fragmentación y desintegración que vivimos en esta sociedad de consumo?

El noroeste esta dividido de dos paisajes, por un lado la sociedad traspuesta por la competencia, el individualismo, el consumismo, y por el otro lado de la sociedad tenemos a una nena “M” de doce años postrada en plena villa de emergencia tapada de diarios, inconsciente por el consumo de paco , con sangre en todo el cuerpo porque fue violada y golpeada por un transa que le vendió la droga.

Ella es el acto de un grito exasperado que pide ayuda, esa crisis de identidad en donde solo el sentido de pérdida de vacío, es el que podemos sentir. Una síntesis de la crisis económica y social que nos atraviesa aquí solo tiene una respuesta: la indiferencia.

El Paco es la droga mas barata y nociva

Pero no solo del Estado sino también de aquella persona que decide mirar para otra parte, que prefiere mirar a los suyos, a su ombligo y yo pregunto solo por curiosidad a los padres: ¿conocen a sus hijos? ¿quienes son sus amigos? ¿les ofrecieron droga alguna vez? a los jóvenes: ¿vos decís que la controlas? y entonces ¿Por qué la necesitas para , reir , para pasarla bien? ¿Para evadir? Será…

Los dejo , porque tengo que irme a tomar unos mates como una amiga que ya cumplió sus 31 años después de haber pasado por 18 años de consumo, de haber visto a la muerte cara a cara. Hoy se dedica a ayudar a chicos de la calle que están en la pasta base, no recibe ninguna ayuda del Estado, solo el corazón la lleva a caminar en las zonas liberadas en donde se puede comprar droga a plena luz del día y ante cualquier disturbio la policía llega llevándose a los consumidores, dando un saludo a los que venden.

Ella les habla a los chicos diciéndoles que se “rescaten” que ella ya lo pasó y quiere ofrecerles su ayuda. Ella es uno de los tantos casos que conocí que pudieron salir de la enfermedad y que día a día la pelean, ellos no salen en los diarios ni en las noticias, nadie los conoces porque solo salen cuando mueren o cuando recaen. Así parecen que llaman la atención de una sociedad y un Estado que nada quiere hacerse cargo del problema, pero lo que no saben es cuando menos lo esperen el problema de la adicción ya puede estar en algún ser querido sin darnos cuenta.

Después nos vamos a ver a un chico de solo 16 años que nos pidió ayuda, después de ahí a lo de un Padre de una parroquia que nos dijo que lo ayudemos porque los chicos se acercan desesperados pidiendo ayuda y se encuentra desbordados. Luego a compartir una cena con un chico, ya señor de 36 años que lucha con su adicción y su familia ya que hace dos meses está en libertad y todavía no puede conseguir trabajo.

Pequeñas acciones construyen el cambio. ¿Qué decís? ¿Me acompañas?

Giselle deja su mail para cualquier contacto, información y ayuda.
aguigiselle@hotmail.com

+ Remar Argentina organización que ayuda con Internaciones gratuitas

+ 0800 – 222 – 37642 Centros ambulatorios – Tucumán

+ Madres en Lucha – Jujuy

Infografía Clarin