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Mi Mundial 7: el juego de mis raíces

In Exclusivos, Rudy on 1 julio, 2010 at 8:41 PM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico

Continuación de Mi MundialVol. 2Vol. 3, Vol. 4Vol.5, Vol. 6

Mi padre nacio en Entre Rios hace más de sesenta años. Es el menor de 14 hermanos, la mayoria de los cuales ya no están en este mundo. Mi papá es hijo de Alemanes pero su agitada infancia hizo que de alguna forma, revolver su pasado sea, cual daga, lastimoso y carente de sentido para él.

Huérfano a los dos años de padre y madre, fue criado por sus hermanos en los hermosos campos de Concepción del Uruguay. Debia recorrer mas de 10 kilometros diarios para ir a la escuela, a veces a caballo, a veces a pie. Vagos recuerdos le hacen suponer que durante algun tiempo habló alemán en su casa. Cuando escucha el idioma casi por instinto lo entiende y puede hablarlo, milagro que acaba a los pocos segundos cuando decide enterrar los difusos recuerdos y callar.

Asistió al colegio hasta cuarto grado, edad en la que tuvo que cambiar sus libros por herramientas de trabajo. Le decían “el negro” por entre sus hermanos colorados de ojos verdes, el era el mas oscuro de piel, aunque aun asi rubio ceniza con ojos de mar.

La situacion económica de la familia no era (y jamás fue) la mejor. Lo que se producía en el campo escasamente cubría lo necesario para vivir. Mi padre cual hombre maduro, decidió con tan solo 14 años, viajar a buscar su propia vida en Córdoba junto a mejor amigo. El resto de sus hermanos también se dividió. Algunos marcharon hacia Buenos Aires, otros para el sur de Brasil, Misiones o Paraná.

Quién sabe la magnitud del impulso de  mi padre para emprender un nuevo camino a los 14. Comprendo perfectamente cuando se queja de “la juventud de ahora” que a esa edad parece solo pensar en vanalidades de la estetica, la television, internet, si ser flogger o emmo. No soy de las que creen que la juventud está perdida en lo absoluto… sólo digo que entiendo a mi padre y tomo sus quejas.

Él es de los que piensan que en la vida, uno es dueño y señor… y que salir de la pobreza es una cuestion de actitud (un tema demasiado amplio que nos ha hecho discutir a gritos mas de una vez).

Volviendo a la historia, la perlita: viajaron en moto hasta la capital de La Docta, Roberto y Gustavo, dos aventureros con mucho por vivir y contar. Cuando llegaron consiguieron trabajo en una gomería y vivían en una pension en Barrio Talleres, nombre también del equipo de fútbol que adoptaría como propio.

El trabajaba doce horas por día para poder pagar su humilde habitación y aun así, solo le alcanzaba para comer una vez al día. Como no admirarlo. Por cierto, en mi casa la comida jamás se tira: “Eso es desconocer el hambre”. Por aquellos tiempos mi padre era flaco, alto y por demás guapo. Tengo en la cabeza una foto suya al lado de su moto, con una campera de cuero negra y un cielo limpio y estremecedor de fondo.

A la vuelta de aquella pensión vivía una muchacha de pelo negro, delgada, con ojos color chocolate y piel de caramelo. Su padre trabajaba en el ferrocarril y su madre era ama de casa, lo que significó un problema importante a la hora de poder visitar a la joven. El tenía 23 años y ella solo 14. El tiempo haría lo suyo. Mis padres tienen aun mucho que contarme y espero algun día dejen su pudor de lado para deleitar mis oídos y mi corazón.

Gustavo y Roberto recorrieron en país entero con su moto. Iban hasta Brasil a comprar electrodomésticos baratos en la doble frontera o bajaban hasta el sur a visitar la gran pasión del negro: los glaciares. En uno de esos viajes, se dieron cuenta de que la vida en el sur era mejor que en el centro del país: les hacia falta mano de obra para trabajos de oficio y la paga era considerablemente mayor.

Los dos viajeros se despidieron de sus novias y entre llantos viajaron rumbo a Rio Negro. Mi papá siempre se ríe cuando lo comenta:

“Llegamos y nos dimos cuenta que ganabamos más pero alquilar una pensión nos salía tres veces más de lo que cobrabamos asi que trabajamos cagandonos de frio por la ciudad  y volvimos. Si vieras la cara de tu madre cuando me vio venir por la calle al mes de haberme ido!”.

Los hermanos de mi padre fueron muriendo de a poco. Las fotos de mis abuelos se perdieron quién sabe por dónde, tan sólo nadie las tiene. Los rumores dicen que mis abuelos escaparon a comienzos de la Segunda Guerra Mundial y que luego de haber vivido en Rusia por unos años, decidieron ir a las tierras latinoamericanas que prometían sueños y trabajo.

A mi me encanta imaginarme esa historia. Armo y desarmo el guión de mis abuelos, cómo viajaron, cómo vivieron, cómo llegaron a sentirse en tierras tan lejanas a su Alemania natal. Sólo conozco de ellos su valentía, su honra y sus ganas de luchar vida. Sus caras son mi gran intriga.

Es por eso que siento a éste, el partido de mis raíces. Argentina versus Alemania es el crudo enfrentamiento de quien soy contra la parte de mi que aun desconozco. Es la pelea del castellano educado de mi padre contra su más profundo dialecto perdido. La pasión de mi vida contra la frialdad de los recuerdos.

Mezcla de alemanes, gauchos e italianos, ARGENTINA al fin. Y que gane el cielo con el sol asomando a la historia que hoy deslumbro entre mis dedos.

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Los que vuelven

In Derecho a Replica, Exclusivos, Jorge on 8 junio, 2010 at 12:52 PM

Por Santiago Jorge

España atraviesa una profunda crisis, ya empezaron los recortes y por supuesto quienes más sufren los ajustes son todos aquellos inmigrantes que se encuentran en dicho país.

Inmediatamente se me vinieron a la mente, los días de diciembre 2001; era un niño pero la piel se ponía como gallina cuando veía las imágenes de lo que pasaba en las calles, y nunca se borraron las palabras de los que hacían filas eternas en los consulados: “este país es una mierda, me voy”; “no sé como no hice los trámites antes, ahora me jodieron la plata del banco”; “acá no se puede laburar, cada 10 años revienta todo”; “no vuelvo nunca más, me robaron todos los ahorros”.

¿Doble nacionalidad real?

Después de un tiempo trabajando en el viejo continente, (donde no hay doble nacionalidad que valga, allí todos los nacidos en el sur del mundo son “sudacas”), muchos emprenden su vuelta al barrio que los vio nacer. Se los recibe con los brazos abiertos, y bien que así sea, pues ésta patria es muy generosa con todos nosotros, como lo fue también con nuestros abuelos o bisabuelos que llegaron a éstas tierras sin más nada que las ganas de progresar.

Entiendo que en el 2001 la situación era difícil, habíamos tocado fondo, a muchos no les quedo otra que buscar un nuevo destino, pero hay que reflexionar también, que si su país de destino los aceptaba, fue porque muchos años atrás en Argentina se recibió a sus ancestros nacidos en Europa.

Sucede que a veces, por coyunturas económicas y políticos de turno, nos la pasamos despotricando contra la Argentina, desvalorizando todo cuanto tenemos alrededor y dejando de lado las infinitas posibilidades que nos ofrece.

Nunca voy a poder olvidar las palabras de mi abuelo, que ante la insistencia de mi padre por presentar un amparo judicial y saltar el corralito bancario debido a su edad, este me comentaba más o menos así:

“¿Cómo le voy a iniciar un juicio a la Republica Argentina? Si todo se lo debo a ella: pobre y con 8 hermanos estudie en un colegio público, a duras penas pude estudiar y recibirme en la universidad pública y luego de muchas idas y vueltas, trabajé como juez y el Estado me pagó mi sueldo y jubilación hasta el día de hoy; litigar contra la Nación seria una herejía, a los 82 años no puedo ser más que un agradecido”.


Debemos tomar conciencia de las puertas que el país nos abre, y las oportunidades que nos brinda a diario.

¿Cuántos de nosotros fuimos a escuelas públicas? ¿Cuántos profesionales se formaron en las universidades nacionales? ¿Hemos concurrido alguna ves a  hospitales públicos aunque mas no sea a ponernos una curita? ¿Cuántos de nuestros padres trabajaron en relación de dependencia con la Administración Pública? ¿Cuántos vivimos y dormimos bajo un techo propio?

Yo mismo, en muchas ocasiones me he encontrado hablando pestes de la facultad a la cual asisto, criticando los mil y un defectos que posee, pero mirando mas allá, el día de mañana si tengo la suerte de recibirme y ejercer mi profesión, toda mi formación personal y académica se la deberé a ella, a la cual no he pagado ni un centavo, y a la sociedad entera que subsidio a través de los impuestos mis estudios.

Por ello, debemos tener mas cuidado en las palabras que utilizamos, por mas destierro que suframos o lejos que nos encontremos, porque quizá algún día nos toque volver al País al cual pertenecemos, y el que nos esperará con mucho o poco para ofrecernos, pero de brazos abiertos al fin, como fue y como será.

> Este autor es Columnista permanente de este Blog