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Fukushima reabre el debate nuclear

In B. Rivas, Derecho a Replica on 17 marzo, 2011 at 8:53 PM

Por Alvaro Bohórquez Rivas

Desde España

El asunto de la central nuclear de Fukushima ha reabierto el debate sobre la energía nuclear. En este post de hace más de un año me declaré abiertamente pronuclear, lo sigo manteniendo aunque con algunas excepciones. Creo que la energía nuclear es importante e imprescindible en nuestra vida diaria, pero no es el futuro, puede llegar a serlo, pero hoy por hoy no lo es.

El principal problema de esta forma de generar electricidad es la nociva radiación y los deshechos que generan las centrales nucleares. El futuro pasa por descubrir una manera efectiva de fusión y así eliminar los deshechos de le ecuación y producir energía barata y prácticamente limpia.

El problema es que hoy por hoy la fisión no es una perspectiva de futuro. Las centrales están cada vez más anticuadas y el final de su vida útil comienza a llegar, por lo que nos encontramos ante la tesitura de qué hacer. Como ya comenté en el post anterior, el 26 de abril de 1986 se produjo la explosión del reactor número cuatro de la central nuclear de Chernóbil, cuyo nombre es central eléctrica nuclear memorial V.I. Lenin, pero ¿sabéis cuando fue cerrada?

Pues ni más, ni menos que en el año 2000, en los albores del siglo XXI. Y es que Ucrania ha sido demasiado dependientede la energía producida en los otros tres reactores de la central y ha necesitado múltiples ayudas económicas para cambiar de sistema de generación eléctrica.

Mucha gente aduce a posibles accidentes como los ocurridos en la citada central ucraniana o lo que sucede en Fukushima. Quiero decir que se tratan de situaciones expecionales, nadie se esperaba que un tsunami de tal magnitud asolara Japón. En el caso soviético, el accidente tuvo lugar por una serie de razones concretas, todas ellas debido a graves errores humanos, el primero de ellos carecer de edificio de contención como sí que tiene Garoña, por poner un ejemplo. De hecho se dice que gracias a ese edificio se ha evitado una catástrofe importante.

La energía nuclear es segura en condiciones normales y eso es prácticamente a diario. También existe el peligro que caiga un trozo de cornisa mientras andas por la calle o los viajes en avión. Convivimos con la muerte a diario, todo es potencialmente peligroso en circunstancias excepcionales y no por eso vamos a dejar de usarlo. Muchos antinucleares fuman y eso, a lo largo de los años, va deteriorando el organismo, pero no hay problema, vivimos con ello.

 

vía Wikicommons de Jose A. Solís

Además, lo atómico no es solo la energía, los hospitales están llenos de material radiactivo, cabe recordar el caso de Leide das Neves Ferreira, que lo explica @kurioso en su blog. ¿Vas a dejar de hacerte radiografías? Yo por mi parte no. Todo se basa en el control y la responsabilidad de quienes manejan los productos.

El accidente de Chernóbil fue debido, entre otras razones, a que de las treinta barras de control obligatorias para esa simulación dejaron solo ocho. Claro que existe un peligro, pero con gente lo suficientemente bien formada no hay ningún peligro, para eso son tan seguras las centrales, aunque haya fallos, no suelen alcanzar a la población.

Quiero terminar mirando la imagen que ilustra este post. Se trata de la central nuclear de Lemóniz, a unos 20 kilómetros de mi casa. Esta central se cobró la vida de seis personas, pero no fue ningún escape, ni ninguna fusión del núcleo, fue una feroz oposición a su construcción por parte de ETA (y miles de vascos, aunque, por supuestos, ellos no tuvieran la culpa de las muertes).

Se trata del legado de Iberdrola, de su faraónico proyecto de una Euskadi autosuficiente en cuestiones energéticas. Por si no conocéis la historia, la central nunca llegó a entrar en funcionamiento, aunque técnicamente era capaz, y permanece dormida, muerta, en su situación preferente frente al mar Cantábrico. Este reportaje de ‘El Mundo’ lo explica bastante bien.

Creo en la energía nuclear, en su eficiencia y en su seguridad y la seguiré defendiendo, pero no es el futuro, debemos investigar más, ya sea para librarnos de los desechos nucleares o para conseguir alternativas viables y de larga duración que dañen menos el entorno. Mientras, seguiré utilizando mi ordenador, cargando mi teléfono móvil o viajando en el metro gracias a la electricidad que se genera en las centrales nucleares españolas.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

Así lo viví yo, el mayor terremoto de la historia de Japón

In Malas Viejas on 12 marzo, 2011 at 12:27 PM
Parte 1

Por Héctor García Puigcerver

Desde Tokio, Japón

Trabajo en la planta 11 de un edificio de 12 plantas construído por Shimizu Corporation en el 2009, se supone que está preparando para resistir temblores muy fuertes. Shimizu Corporation es uno de los líderes mundiales en construcciones resistentes a terremotos.

Estábamos en una sala de reuniones en la planta 11, normalmente terminamos la reunión semanal de los viernes a las 15:00, pero ayer a las 14:40 ya habíamos acabado. Vuelvo con el ordenador a mi puesto que está junto las paredes acristaladas con estas vistas a todo Tokio

Me siento mirando hacia la inmensidad de Tokio tomándome un respiro después de la reunión. De repente noto como que me mareo, pero no soy yo, nos estamos moviendo, es un terremoto. Mi silla se empieza a mover poco a poco, suavemente. Miro hacia atrás y los monitores y escritorios de todos se mueven. No nos asustamos, se supone que estamos acostumbrados los terremotos, todos esperamos a que pare. Normalmente después de unos momentos de meneo todo vuelve a la normalidad. Pero esta vez después de unos 30 segundos de temblor suave, la cosa se empieza a poner más fea.

Vuelvo a mirar hacia fuera, los rascacielos frente a mi vibran. Las antenas y cables de mueven violentamente. Todo Tokio se zarandea frente a mi. En vez de parar, la fuerza del seísmo empieza a incrementar. Las cortinas golpean violentamente las ventanas. Los libros de mi escritorio se caen, mi monitor también, los cajones de las mesas de mi alrededor se abren solos. Me empiezo a asustar de verdad. De repente me doy cuenta que todos mis compañeros están escondidos debajo de sus mesas excepto nuestro vicepresidente que está de pie y nos dice con una sonrisa forzada: “Tranquilos, este edificio utiliza la última tecnología de Shimizu Corporation”. No me tranquilizan nada sus palabras y no se porqué (Seguramente los nervios) me pongo de pie como él, me agarro con fuerza a mi escritorio.

El edificio lleva unos dos minutos moviéndose, el temblor se calma un poco durante unos instantes y aprovecho para salir corriendo al lounge (sala de estar) que está más cerca de las escaleras de emergencia. Nadie se mueve excepto yo, todos están debajo de sus mesas excepto el vicepresidente que sigue de pie agarrando el monitor de su ordenador. Por el camino salto por encima de dos estanterías que se han caído, dejando libros esparcidos por todos lados.

Llego al lounge (Sala de estar) donde también hay mesas y compañeros escondidos debajo de ellas. Me quedo parado de pie y siento como otra vez viene un temblor enorme, el edificio se mueve como un flan. Esta vez no me puedo mantener de pie, la fuerza del terremoto puede conmigo, no solo se mueve de lado a lado, también se mueve todo de ¡arriba hacia abajo! mis pies pierden contacto con el suelo, me siento impotente, siento pánico, siento en mi piel el poderío de nuestro planeta.

Veo las piernas de una compañera de trabajo que me gustaba hace tiempo, está escondida bajo una mesa. Mi instinto o quizás el miedo, me hace tirarme al suelo junto a ella. Ella me ve llegar, con una mano me agarra la pierna con fuerza, con la otra atrapa mi mano izquierda. Siento cierta seguridad al sentir el calor de sus manos, pero dura poco. Nos miramos a los ojos. Sus ojos brillan intensamente, su cara está más blanca de lo normal. En ese momento los dos pensamos “esto es el final”. Nos agarramos con más fuerza, la abrazo, se me cierran los ojos del miedo, cada segundo se hacen eterno, llega el remate final. Nos meneamos como si estuviéramos en una montaña rusa. Incluso sentados en el suelo la vibración del edificio nos arrastra por los suelos. Ruido de libros y cosas cayendo, el agua de la pecera salta por los aires llegando a mojar incluso el techo.

Pasó lo peor, se calmó el temblor más fuerte, pero el terremoto continúa, el agua de la pecera corre por el suelo de toda la sala mojando libros que se han caído de las estanterías, todo el edificio se sigue moviendo pero cada vez menos. Abrimos los ojos, nos miramos fijamente otra vez y sonreímos. Pero al mismo tiempo que sonrío se me caen dos lágrimas. Me tiemblan las manos y la mandíbula, no lo puedo controlar. Ella está más calmada que yo, me tranquiliza diciendo que ya ha pasado lo peor, que estamos bien. Respiro hondo, me acaricia la cara con sus manos dedicándome una sonrisa de oreja a oreja. Me calmo y pienso: “Nosotros, la humanidad somos algo débil y efímero en este Universo” y ella me dice: “Pensé que iba a morir aquí contigo, no se porqué, pero sentí paz en mi interior”. Se me escapan otras dos lágrimas.