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Posts Tagged ‘Literatura’

Borges y yo

In Paladar mostaza on 15 junio, 2011 at 12:25 AM

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Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo xviii, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor.

Seria exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páinas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mi podrá sobrevivir en el otro.

Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra.

Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

No sé cuál de los dos escribe esta página.

Jorge Luis Borges (1899–1986)
(El hacedor. Buenos Aires: Emecé, 1960)

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“Un verano Italiano” de Eduardo Sacheri por Alejandro Apo

In AguaSuaves on 18 abril, 2011 at 9:18 PM

La sensación en la piel es muy particular. Las luces calladas, el tiempo apagado y su voz haciendo estremecerse al parlante. Las letras de un otro que con timidez escribe y con rudeza te sacude la sangre. Emocionan juntos, relatan jugadas magníficas de sílabas que gambetean a los sentimientos forasteros y gritan los goles de las lágrimas. Con barrio, fútbol y amor.. si es que estas tres acaso no significan lo mismo con las luces apagadas y la ilusión a cuesta.

Escribe Eduardo Sacheri, lo cuenta Alejandro Apo y los relatos son de Victor Hugo Morales. Esto se llama Un verano Italiano.

La experiencia de escribir “Cuadernos de jóvenes suicidas”

In Exclusivos, Jóvenes Sueños on 17 abril, 2011 at 4:21 PM

Candela Romero estudia la Licenciatura en Comunicación Social en Universidad Nacional de La Rioja, tiene 19 años y cuando me contó su experiencia me alegró el día. Jóvenes, creando, festejando la imaginación estimulada y descubriéndose desde un espacio de producción. Ella misma escribe a continuación cómo le llegó la chance y próximamente conoceremos a fondo los “Cuadernos de jóvenes suicidas”.

En una de mis tantas tardes haciendo nada, en mi amigo el señor caralibro, leí una publicación que decía: “Se necesitan jóvenes entre 14 y 19 años, a los que les guste la literatura y también escribir”. Por supuesto que como soy hiper curiosa, me anoté, sin saber de que se trataba. Me contestaron un “Ok, estás anotada. En unas semanas me contacto con vos”. Y así fue, pasaron dos semanas y me convocaron para una reunión en la biblioteca Mariano Moreno.

Cuando llegué, a la única gente que ví fue un grupo de chicos a los cuales no conocía, me quedé parada esperando que alguien apareciera y me dijera, sí… es acá!  Lo curioso fue, que se me acercó  un señor y me preguntó: “¿Vos estás por el casting para el documental?” creo que es imaginable mi cara de “¿Ah?”, no tenía idea de que era para un documental, pero bueno, lo único que pude decir es .

Cuando se sumaron varios chicos más, entre ellos una amiga y compañera, nos presentaron a otro de los productores, José, y este señor que me preguntó si estaba ahí por el casting, se presentó como Jorge Leiva, director del documental. Y nos empezaron a contar sobre el proyecto.

Resultó ser que el documental, de nombre “Cuadernos de jóvenes suicidas” es un documental que ganó un concurso del INCAA, en donde se presentaban distintos proyectos para generar producciones. El mismo, se va a emitir por algunos canales de la TV Digital. Y ahí estaba yo… y lo único que pensaba era “en donde me metí”, pero bueno.. ya estaba en el baile, así que baile!

Me entrevistó el director, me preguntó absolutamente de todo, mi vida, qué hacía, que estudiaba, qué experiencias grosas tuve, si leía, qué leía, qué tipo de personalidad tenía, qué apreciaba, qué no, qué me gustaba, qué no, y al mismo tiempo un señor con cara amigable me sacaba fotos y me filmaba. En cuestión de 30 minutos ya estaba enroscadisima y super ilusionada con todo, era una mezcla de sensaciones raras que al fin resultó genial.

Después de las entrevistas, nos presentaron Adriana Petrigliano, famosa escritora de La Rioja, quién nos dictó un mini taller literario y así generar algún fragmento para que supieran de que forma escribíamos. El cuestionario fue sobre la muerte, pero la muerte vista desde otro punto de vista, y la consiga era contestar de la forma más loca posible.

Luego de que escribimos, hicimos ronda de lectura, y pude ver que la muerte no es solamente oscuridad y dolor, en realidad si lo es, pero observé que hay gente que tiene la capacidad de agregarle algo tan lindo como la poesía, a tan fatal pérdida. Al fin de todo, quedaron en comunicarse con quienes fueron seleccionados, me fui totalmente esperanzada, fue una hermosa experiencia!

A la semana siguiente, el celular sonó: “Candela, te quería comentar que te seleccionamos para el documental, te felicito! Mañana reunión en X lugar” y fue como Siii, estaba chocha, feliz! Luego de eso viví acontecimientos tan lindos, tardes y tardes y tardes de talleres literarios con disparadores para escribir que iban desde un zapping televisivo, hasta cambiar verbos por sustativos y viceversa.

Como lo dice el nombre del documental, literalmente, teníamos nuestros cuadernos, lo hicimos artesanalmente y cada uno tenía el toque personal de los 6 jóvenes que estábamos participando.

El rodaje empezó el miércoles 23 de Marzo, y se realizó en una Casona vieja y refaccionada de Sanagasta, un pueblo de la provincia. Seis hectáreas de historias y bosque, belleza por donde se busque. En tres semanas, el documental fue grabado, con tomas individuales, grupales, también se filmaron los talleres en los que escribiamos, las rondas de lectura y tomas en el medio del bosque buscando inspiración entre tanto verde.

En todos esos días contamos nuestras historias, las charlamos, las lloramos, se nos mostraron cortos super interesantes sobre el tema, imágenes, noticias, columnas, cartas, diarios, y también conocimos algo tan fabuloso y mágico como es el Kamishibai, un miniteatro de papel. Fue genial, y eso que la experiencia comenzó por el solo hecho de ser curiosa.

Al terminar de grabar el documental, me dí cuenta de algo, el nombre, que tanto chocaba a la gente cuando se lo contaba (me acuerdo patente la cara de mi viejo, y el comentario de mis amigos “che, vos hacés como que te suicidas?”), terminó por ser Cuadernos – Jóvenes – Suicidas, cuando se vea el trabajo listo van a entender de que estoy hablando.

Además, la gente que conocí fue tan, interesante, personas tan distintas que en el fondo tenían algo en común, todos coincidimos en algo: “Las palabras pesan, pesaron y pesarán, siempre”, los chicos de la producción que se re portaron con todos, pero lo más satisfactorio fue que me dejaron ser, fui esa Candela que siempre estuvo guardada, me dí mi tiempo de escribir, de llorar, de contar mi vida y mis experiencias. Eso fue lo mejor, definitivamente.

Necesitaba a alguien que me lleve de la mano a experiencias tan insospechadas como esta. Fueron tres semanas de felicidad e imaginación, fue genial!

La sonrisa permanente de Kapuściński

In Paladar mostaza on 12 marzo, 2011 at 5:03 PM

Hasta ahora se había escrito mucho sobre las obras del autor polaco, pero nada sobre él mismo. Un libro escrito por Artur Domoslawski hace un recorrido por la persona, por el Kapuściński real. Eso sí, el documento no está desierto de polémicas. Aquí un análisis publicado en lainformación.com

Hace sólo unos días Ryszard Kapuściński habría cumplido 79 años. Parece que fue ayer cuando nos dejó, pero lo cierto es que hizo tres años el pasado 29 de enero. Artur Domoslawski, antiguo compañero de redacción, se ha sumergido en su vida para sacar ‘Kapuściński non-fiction’.

Ha buscado entre sus fotos, entre sus amigos, entre sus libros y en su estudio para tratar de desvelar al verdadero escritor y periodista. Muchos creen que se ha pasado tras acusarle de colaborar con el régimen comunista polaco y de inventarse hechos y “colorear” la realidad en sus escritos. Lo cierto es que, como bien decía Gabriel García Márquez: “Todas las personas tienen una vida pública, una privada y una secreta”.

Hasta ahora se había escrito mucho sobre las obras del autor polaco, pero nada sobre él mismo. Un hombre que “soportaba mal la crítica” y que los ataques personales lo llevaban casi a la enfermedad. Un hombre que además de dar voz a los pobres y ponerse en su lugar, adoraba también las chismorrerías. Un hombre con pasión. La misma sobre la que hablaba a sus amigos y a jóvenes estudiantes y reporteros: “¡La pasión, pasión, hay que tener pasión”.

¿Por que siempre sonreía?

Domoslawski parte de su sonrisa, esa que ha caracterizado y acompañado durante toda la vida al escritor polaco. Muchos hablan de ella como una máscara, que con el paso del tiempo se convirtió en su naturaleza.

Una de sus amigas se muestra clara con el autor de esta biografía: “Con la sonrisa [Ryszard] desarmaba a todo el mundo que podía herirle” e incluso le insta a que investigue “si no aprendió a sonreír así durante la guerra; si esa sonrisa no le salvó la vida”.

El libro desvela cómo “los que le conocieron salían de cada uno de sus encuentros con la impresión de que habían mantenido una conversación fascinante e inolvidable”. Sin embargo, tal y como cita el autor del libro “ahora se dan cuenta de eran ellos los que hablaban. Él permanecía callado. Y escuchaba”.

Dos en uno: el literario y el real

‘Kapuściński non-fiction’ cuenta poco a poco que comprender al Kapuściński literario lleva al conocimiento del Kapuściński real (aunque no sabemos si este es un intento de Domoslawski por demostrar que fue construyendo y cuidando una imagen de sí mismo). Así, el primero sugiere, por ejemplo, en ‘La guerra del fútbol’, cuando iba a ser fusilado por los belgas en Usumuro, que debemos admirar al Kapuściński real como un intrépido aventurero.

“El Kapuściński real tenía secretos, muchos secretos personales, políticos y profesionales. El Kapuściński literario sólo nos desvela algunos de ellos, a decir verdad no muchos, pero ayuda a conocer un poco el interior del Kapuściński real, en contra del deseo de éste. Ambos son absolutamente auténticos. Y de ahí se resuelve la ecuación: ficción + no ficción = no ficción”, resume Domoslawski.

Fuente: lainformación.com

“Es una gran época para escribir terror o ciencia ficción”

In Paladar mostaza on 22 enero, 2011 at 6:38 PM

Joe Hill, el hijo Stephen King presenta su nueva novela y continúa con el género y las mañas del padre. Descree de la supremacía del realismo y asegura que el terror contesta las preguntas más oscuras.

Joe Hill nunca fue  un chico normal. De chico, ni siquiera se llamaba así. En las paredes de su cuarto no colgaba pósters de cantantes de rock, de deportistas o de chicas desnudas. Sus héroes eran realizadores de efectos especiales de películas de terror. Estaba más preocupado por enfermarse y  por los rehenes norteamericanos en Irán, que por la oscuridad.

Joe Hill nunca tuvo la opción de ser un chico normal. La culpa –para bien o para mal- quizás haya sido de sus padres, la escritora Thabita King y el maestro absoluto del terror Stephen King. Cuando Joe nació su padre ya le había dedicado un libro. “Es para Joe Hill King, quién brilla”, reza la segunda página de El resplandor.

Carne de cañón para cualquier analista, con semejantes antecedentes desde la cuna, se largó a escribir y prefirió no cambiar el género que hizo rico y famoso a su padre. En cambio, prefirió cambiar su verdadero nombre Joseph Hillstrom King por el del activista norteamericano que admiraba su padre. “Entonces tenía la necesidad de aprender mi oficio sin la presión de ser el hijo de un tipo famoso. Quise darle a mis ficciones la chance de triunfar o fracasar por sus propios méritos”, recuerda vía mail.

Con la coraza del pseudónimo publicó una docena de cuentos, varios libros de cómics que serán adaptados para la televisión, cosechó una buena cantidad de premios y terminó dos novelas –fiel al estilo de su padre- de casi 500 páginas. Cuernos (Suma de letras) –la segunda de ellas- acaba de editarse en Argentina. “Es un trabajo que está en la tradición del realismo mágico latinoamericano. Es una historia trágica de amor que trata de un hombre convirtiéndose en diablo”, explica sin demasiada propiedad Hill o King, como usted prefiera.

Porque Cuernos es la historia de Ignatius Perrish, un tipo al que le mataron la novia, y que después de una tremenda resaca se levanta con dos cuernos diabólicos en su cabeza. Semejante anzuelo ocurre en la primera página del libro, así que imagínense el devenir del protagonista convertido en demonio.

-Muchos opinan que hay una nueva supremacía del realismo. ¿Cuál es la situación en su país?

-¡Diablos, no!  La popularidad del realismo está en descenso en todas partes y también en Estados Unidos. Es una gran época para escribir terror, literatura fantástica o ciencia ficción. Las audiencias están cada vez más abiertas a la idea de que la historia pueda incluir elementos del género sin perder profundidad. Hay escritores como Cormac McCarthy escribiendo ciencia ficción apocalíptica y Michael Chabon escribiendo un nuevo Sherlock Holmes de misterio. Al mismo tiempo, escritores como el novelista de crímenes Dennis Lehane o mi padre están  obteniendo el reconocimiento que merecían y antes les negaban.

-¿Por qué el género del terror es tan exitoso?

-La gente elige este tipo de ficción para explorar preguntas que son difíciles de enfrentar y que no tienen respuestas sencillas. ¿Qué pasa cuando nos morimos? ¿Cómo son los últimos momentos de tu vida? Si hay un Dios decente ¿por qué permite que a la gente le pase semejantes cosas? Escapamos de esas preguntas todos los días y el terror permite indagar sobre las más grandes y oscuras preguntas.

Con apenas 38 años, Hill aprendió rápido a interactuar en el circo que rodea a la literatura. Sugiere títulos y deja frases latentes. Cuando se le pregunta por la experiencia más escalofriante que pasó en su vida –algo quizás significativo  en un tipo que se dedica a ponerles los pelos de punta a sus lectores- contesta lacónico. “Hubo un par de meses en los que tenía miedo de perder la cabeza. Tuve que luchar durante un tiempo contra la paranoia y la ansiedad. Pero no quiero entrar en esos detalles”, dice quizás sólo para crear misterio. Cuando en cambio se vuelve a su idea de que el terror es tan prolífico como subvalorado en su país se apresura:Estados Unidos es prolífico en todos los géneros. Nuestra exportación número uno es la industria del entretenimiento. Somos el país que hace hits musicales sólo para vender coca-colas”.

-En Cuernos, en otros de tus cuentos y en esta entrevista has citado más de una vez al diabli y a Dios. ¿Cuál es su relación con la religión?

-La Biblia del Rey James es el documento más importante de la literatura occidental y un tesoro oculto de la historia. Yo tengo mis propias creencias religiosas. No soy un gran fan de la religión organizada. Soy un tipo que piensa que la gente enloquece en las congregaciones y que sana sólo por sí misma.  Una de las versiones que más me gusta diablo es el Lucifer que ofrece Mick Jagger en “Simpatía por el diablo”. Igual que el demonio de El exorcista. Pero mi demonio favorito es el caminante de La zona muerta.

No hace falta explicar por qué. Ese es el diablo de papá King.

http://vimeo.com/17152501

Fuente: ÑBdeLujo

Hernán Casciari presentó ‘nuestra’ revista Orsai

In Paladar mostaza on 29 diciembre, 2010 at 8:14 AM

“A una hora de la tarde, indeterminada, nos aislamos con el Chiri y nos sentamos a mirar la pizarra blanca en la que, desde hace dos meses, armamos el esqueleto de la revista. Ahora esa pizarra está completa.”. Así contaba Hernán Casciari que su revista, ahora nuestra, estaba terminada. Orsai se presentó en sociedad en Mercedes, Buenos Aires, y acá una crónica de Clarisa Altieri y Yesica Landola publicada en Teclearte.

“De Mercedes al mundo”

Así presentó la revista literaria de Hernán Casciari y Cristián Basilis, el periodista mercedino Osvaldo Príncipi. Cientos de personas asistieron a la presentación oficial realizada anoche.

En la tarde de ayer, la cancha de la Liga Mercedina de Futbol fue un multitudinario encuentro entre los lectores la Revista Orsai y sus creadores, Hernán Casciari y Cristián “Chiri” Basilis. Durante más de tres horas, los periodistas mercedinos radicados en España contaron sobre su experiencia de hacer un medio gráfico sin publicidad y aventurarse en un proyecto “inocente”.

Previo a la llegada a la cancha, Casciari y Basilis se encontraron con el Intendente Carlos Selva en su despacho. Allí, el Jefe Comunal, le entregó al periodista mercedino un decreto que lo nombra como vecino destacado y luego le entregó tres placas, una con el escudo de la ciudad y dos a su persona como escritor reconocido internacionalmente y la segunda para la revista Orsai que estará colocada en la Pizzería del Comequechu, recientemente inaugurada en Saint Celoni, España; pizzería que tuvo una improvisada sucursal en la cancha de futbol. Por su parte, Casciari y Basilis le entregaron uno de los primeros ejemplares de la revista que luego presentaron ante el público.

Concluida le entrega de presentes, Hernán agradeció públicamente lo realizado por el Municipio de Mercedes para llevar adelante la presentación de la Revista. “Estaba en Barcelona sabiendo lo que se hacía desde la Municipalidad con muy buena onda”, dijo el periodista y contó distintos aspectos de la producción gráfica al Intendente Selva; mientras éste ojeaba el ejemplar y preguntaba detalles sobre la vida del periodista y escritor.

Con la presentación especial del reconocido locutor periodístico Osvaldo Principi arrancó la presentación del N° 1 de Orsai. Ante la presencia de una importante cantidad de público, aunque no se alcanzó el número previsto como consecuencia de distintas dificultades en el tráfico, Principi señaló: “detrás de esta tela están los personajes, y nosotros somos testigos históricos del momento en que estos personajes eyectan su obra. Somos testigos del lanzamiento de Mercedes al mundo, de un producto real. Y recalco esto porque en la Liga hubo muchos mitos. Muchas historias que se contaban de las cuales no hubo testigos… Hoy, se acaban los mitos en La Liga”.

Enseguida aparecieron Hernán y Chiri, siendo este último el primero en leer unas líneas a los presentes evocando el esfuerzo, el trabajo y la emoción de echar luz al proyecto en su ciudad natal. Luego de recordar algunas anécdotas de juventud en la propia cancha de La Liga, expresó: “Somos parte de algo que está sucediendo, nos sentimos como en casa pero no como en ese entonces que era nuestro lugar para que los domingos no sean iguales, sino para que cada día tenga la forma de nuestro sueño, nuestras propias reglas, un poco fuera de juego. Por eso estamos todos en Orsai”.

Luego, Hernán tomó su bolso y tomó un ejemplar de la publicación española: “Esta es”, dijo y la cancha estalló en un aplauso. La tapa se vio reflejada en una gigantografía que oficiaba de escenografía. “Esta revista, Orsai, es lo mejor que hice con mi vida. Y es que esta revista le da respuesta a una pregunta que me hicieron innumerable cantidad de veces cuando estaba en la escuela: Hernán ¿qué carajo estás haciendo con tu vida? Ahora sé que podría haber contestado. ‘Estoy practicando para una revista que se va a llamar Orsai”, manifestó Casciari y agregó:”Este es un proyecto embudo. A veces te metes en algo y te vas dando cuenta que todo lo anterior fue una práctica para llegar a un proyecto. Después todo lo demás desaparece porque se condensa en un embudo”. “Esta revista es lo máximo que le puedo pedir al oficio que elegí”, concluyó.

Como broche final del picnic, fue convocado especialmente el músico Zambayonny para presentar ante todos los que se acercaron al encuentro la canción “El equilibrio del mundo” que, según contaron, fue la banda sonora de la producción de la revista e interpretó otro tema a pedido de Casciari y Basilis.

Por último, los dos mercedinos que lanzaron su revista literaria desde Mercedes para el mundo respondieron las preguntas de muchos de sus lectores que ansían su ejemplar de la Revista Orsai que en los próximos días estará llegando a sus domicilios directo desde la imprenta con su señalador numerado. Les agradeció a todos los que vinieron desde distintos puntos de la ciudad y del país y expresó que no había mejor lugar para presentar la revista. “Fue uno de los mejores días de mi vida”, finalizó Casciari.

+ Entrevista a Hernán Casciari de Orsai

+ “El valiente que busca una revista con viralidad

Foto de Orsai 1

En CórdobaArgentina ya nos organizamos mediante un grupo de Facebook llamado Orsai Córdoba (+mail).

Lo que sucede es genial, entra a quiero ser distribuidor y ayuda en la cadena, o bien haz click en reservar la revista y fíjate en donde la puedes encontrar en tu ciudad. Puedes encontrar a los lectores de tu zona y hasta si te animas escribir en Orsai.

Entrevista de Mario Vargas Llosa a Gabriel García Márquez

In Paladar mostaza on 12 diciembre, 2010 at 1:05 PM

“¿Para qué crees que sirves tú como escritor?”, preguntó Mario Vargas Llosa. “Tengo la impresión de que empecé a ser escritor cuando me di cuenta de que no servía para nada”, contestó Gabriel García Márquez. ”Ahora, no sé si desgraciada o afortunadamente, creo que es una función subversiva ¿verdad? en el sentido de que no conozco ninguna buena literatura que sirva para exaltar valores establecidos…”, agregó.

Así empezó el diálogo sobre “La novela en América Latina”, durante las mañanas primaverales del 5 y 7 de setiembre de 1967 en la Facultad de Arquitectura de la UNI, Perú. Ambos notables novelistas que décadas después serían consagrados con el Premio Nobel de Literatura (Gabo en 1982 y Mario en el 2010), todavía eran amigos. Aquí algunos fragmentos de esa conversación.

Resortes literarios

VLL. ¿Esa inconformidad que expande la literatura en el ámbito social puede ser prevista, calculada por el escritor cuando su libro llegue a sus lectores…?

GM. No. Creo que si eso es previsto, que si es deliberada la fuerza, la función deliberada del libro que se está escribiendo, desde ese momento ya el libro es malo. Pero antes quiero establecer esto: cuando aquí decimos escritor, cuando decimos literatura, nos estamos refiriendo a novelistas y a la novela, porque de otro modo podría prestarse a malas interpretaciones… Creo que el escritor siempre está en conflicto con la sociedad…

VLL.¿Qué otros factores serían los preponderantes, qué elementos determinarían la realidad de la obra literaria?

GM. A mí lo único que me interesa en el momento de escribir una historia es si la idea de esa historia pueda gustar al lector y que yo esté totalmente de acuerdo con esa historia… Precisamente estoy preparando la historia de un dictador imaginario que se supone es latinoamericano y tiene 182 años… Lo que quiero en este caso, es expresar que en la inmensa soledad del poder no hay arquetipo mejor que el del dictador latinoamericano que es el gran monstruo mitológico de nuestra historia.

La soledad

VLL. Una pregunta más personal… porque al hablar de la soledad yo recordaba que es un tema constante en todos tus libros, inclusive el último se llama, precisamente, “Cien años de soledad”, y es curioso, porque tus libros siempre están muy poblados o son muy populosos…

GM. En realidad no conozco a nadie que en cierta medida no se sienta solo. Este es el significado de la soledad que a mí me interesa. Temo que esto sea metafísico y que sea reaccionario y que parezca todo lo contrario de lo que yo soy, de lo que yo quiero ser en realidad, pero creo que el hombre está completamente solo. Creo que es parte esencial de la naturaleza…

VLL. Quisiera que nos hablaras de este elemento que diríamos cultural, ¿qué lecturas influyeron mayormente en ti cuando escribiste tus libros?

GM. Yo conozco mucho a Vargas Llosa y sé dónde está tratando de llevarme. Quiere que le diga que todo esto viene de la novela de caballería. Y en cierto modo tiene razón. Uno de mis libros favoritos que sigo leyendo es el “Amadis de Gaula” y creo que es uno de los grandes libros que se han escrito en la historia de la humanidad, a pesar de que Mario Vargas Llosa cree que es el “Tirante el Blanco”… Toda esta libertad narrativa desapareció con la novela de caballería, en la que se encontraban cosas tan extraordinarias como la que encontramos ahora en América Latina todos los días. Las relaciones entre la realidad de América Latina y la novela de caballerías son tan grandes…

VLL. Tal vez podrías llegar a hablarnos del realismo en la literatura, cuáles son los límites del realismo y, ante un libro como el tuyo, donde ocurren cosas muy reales, muy verosímiles junto a cosas aparentemente irreales, como esa de la muchacha que sube al cielo en cuerpo y alma, o un hombre que promueve treinta y dos guerras, lo derrotan en todas y sale ileso de ellas… ¿Tú crees que eres un escritor realista, o un escritor fantástico o crees que no se puede hacer esta distinción?

GM. No. No. Yo creo que particularmente en “Cien años de soledad”, soy un escritor realista, porque creo que en América Latina todo es posible, todo es real. Creo que tenemos que trabajar en la investigación del lenguaje y de formas técnicas del relato, a fin de que toda fantástica realidad latinoamericana forme parte de nuestros libros… Asumir nuestra realidad, que es una forma de realidad, puede dar algo nuevo a la literatura universal…

La explotación colonial

VLL. Hay un capítulo en donde yo creo que tú has descrito con gran maestría el problema de la explotación colonial de América Latina. A mí me gustaría que lo explicaras de alguna manera.

GM. La historia de Macondo y las bananeras es totalmente real. Lo que pasa es que hay un raro destino en la realidad latinoamericana, inclusive en casos como el de las bananeras que son dolorosos, tan duros, que tienden, de todas maneras, a convertirse en fantasmas. Con la compañía bananera empezó a llegar a ese pueblo gente de todo el mundo y era muy extraño porque en este pueblito de la costa atlántica de Colombia, hubo un momento en el que se hablaba todos los idiomas. La gente no se entendía entre sí; y había tal prosperidad, es decir, lo que entendían por prosperidad, que se quemaban billetes bailando la cumbia… Los trabajadores que reclamaron pagos en dinero y no en bonos y lo que pasó fue que el Ejército rodeó a los trabajadores en la estación y les dieron cinco minutos para retirarse. No se retiró nadie y los masacraron…

Periodismo y literatura

VLL. ¿Por qué no nos cuentas cómo conciliaste la actividad periodística con la actividad literaria, antes de escribir “Cien años de soledad”? ¿Crees que estas actividades paralelas dificultaban el ejercicio de tu vocación…?

GM. Mira, durante mucho tiempo creí que la ayudaban, pero en realidad todo dificulta al escritor, toda actividad secundaria. Yo no estoy de acuerdo con lo que se decía antes: que el escritor tenía que estar en la miseria para ser mejor escritor. Yo creo de veras que el escritor escribe mucho mejor si tiene sus problemas domésticos y económicos resueltos, y que mientras mejor salud tenga y mejor estén sus hijos y mejor esté su mujer, dentro de los niveles modestos en que nos podemos mover los escritores, siempre escribirán mejor. […]

Pero tú y Cortázar y Fuentes y Carpentier y otros, están demostrando, con veinte años de trabajo, de romperse el cuero, como se dice, que los lectores terminan respondiendo. Estamos tratando de demostrar que en la América Latina los escritores podemos vivir de los lectores, que es la única subvención que podemos aceptar.

Fuente: El Comercio

La izquierda y Vargas Llosa

In Paladar mostaza on 5 diciembre, 2010 at 12:33 PM

Hace tiempo tenía ganas de publicar esta columna del escritor Javier Cercas sobre el premio Nobel que recibió este 2010 el escritor peruano Mario Vargas Llosa. Me pareció un interesante punto el que se maneja e interesante para leer. “Admiro sus obras, pero no siempre comparto sus ideas”.

Ahora que han pasado unos días desde la concesión del Nobel a Mario Vargas Llosa ya podemos decir lo obvio: el premio tiene la importancia que tiene, pero nada más. Nada más, claro está, para la obra de Vargas Llosa, a la que ni quita ni añade una coma, no quizá para sus lectores ni para la Academia Sueca, que a juicio de muchos lo necesitaba con urgencia: al fin y al cabo, desde el punto de vista estrictamente literario este premio solo es, como ha dicho Rodrigo Fresán, un retorno a la cordura.

Así que, aunque el Nobel no cambie en nada lo esencial, al menos hay que celebrar ese retorno; un retorno que, además, ha provocado interesantes efectos secundarios. Por ejemplo, la alegría indisimulable de los lectores corrientes de Vargas Llosa, muchos de los cuales parecían recién salidos del armario tras un largo encierro: de hecho, a ratos daba la impresión de que a todos les hubieran dado el premio, y de que para ellos sí era importante.

No es algo tan frecuente, desde luego; no es algo que yo notara por ejemplo cuando se le conceció el Nobel a Cela, cosa que puede deberse solo a que los méritos literarios de Cela no son equiparables a los de Vargas Llosa, y no necesariamente a que esos lectores sintieran que Cela era un hombre opuesto a Vargas Llosa en casi todo, pero sobre todo en esto: aunque casi siempre pareció nadar contra corriente, Cela siempre o casi siempre nadó a favor de la corriente. Ese es otro de los efectos secundarios que ha tenido el premio: ha mostrado de nuevo que, aunque a algunos les parezca que nada a favor de la corriente, Vargas Llosa siempre o casi siempre ha nadado contra corriente.

Uno de los comentarios que más hemos leído estos días en los periódicos a propósito del nuevo Nobel ha sido el siguiente: “Admiro sus obras, pero no siempre comparto sus ideas”. Dicha así, la frase es extraña, o a mí me lo parece: si ni siquiera comparto siempre mis propias ideas, ¿cómo voy a compartir siempre las de otra persona?

Pero en el fondo todos sabemos que la salvedad alude a algo distinto: al hecho de que Vargas Llosa es considerado, en tanto que intelectual -es decir, en tanto que escritor que interviene con sus escritos en la cosa pública-, como un conservador, como un hombre de derechas, si no como un reaccionario o como un autoritario.

La prueba es que los matices a su premio siempre los ha puesto la izquierda, mientras que la derecha lo ha recibido como un premio a uno de los suyos; mejor prueba aún es el hecho de que esa reputación es la causa más probable de que la Academia Sueca solo le haya dado este año un premio que merecía desde hace 30. Pues bien, lo que habría que decir de entrada sobre este asunto es que, seao no un intelectual de derechas, Vargas Llosa es un intelectual singular.

Primero porque siempre ha servido a las causas que defiende y nunca se ha servido de ellas. Segundo porque siempre está dispuesto a contrastar sus ideas con la realidad y, si la realidad lo exige, a rectificarlas. Tercero porque en su evolución política desde las simpatías revolucionarias de su juventud hasta el liberalismo actual hay una coherencia profunda, como comprobará quien se dé el gusto de leer los volúmenes sucesivos de Contra viento y marea, donde entre otras cosas hallará una descripción razonada de esa trayectoria y, por ahí, un instrumento indispensable para entender la vida intelectual de los últimos años.

Y cuarto -esto es un corolario de lo anterior, y quizá también lo más importante- por una cuestión digamos de estilo. Como pensador, como polemista, Vargas Llosa es un liberal de verdad: nunca confunde, según diría Alejandro Rossi, un error intelectual con un error moral; es decir, nunca ataca a las personas sino a las ideas de las personas -nunca considera que un hombre equivocado es un hombre inmoral-; y, cuando ataca las ideas, nunca lo hace caricaturizándolas, es decir debilitándolas, lo que en un pensador es síntoma de intolerancia y de impotencia, cuando no de vileza, sino exponiéndolas con la máxima fuerza, rigor y nitidez para luego lanzarse a refutarlas en buena lid y en campo abierto. Esto no es de derechas ni de izquierdas, ni reaccionario ni progresista: esto es algo que está mucho antes que todo eso y se llama honestidad y coraje.

Pero hay más. El mejor artículo sobre Vargas Llosa que he leído tras la concesión del Nobel apareció en este periódico y lo firmó Juan Gabriel Vásquez, que no en vano es un heredero legítimo de Vargas Llosa (háganse un favor y compruébenlo leyendo su novela Los informantes). El artículo se titula El malentendido Vargas Llosa y, como corre el riesgo de haber quedado enterrado entre la hojarasca que hemos publicado otros, me permitiré recordar su contenido.

Vásquez sostiene que solo quien no ha leído a Vargas Llosa o lo ha leído con anteojeras puede afirmar que es un intelectual de derechas o conservador, no digamos reaccionario o autoritario, porque la verdad es que “pocos como Vargas Llosa han defendido las ideas que la mejor izquierda ha reclamado tradicionalmente para sí”.

No solo lo ha hecho en sus novelas, furiosos alegatos contra el fanatismo, contra el autoritarismo, contra el militarismo, sobre todo contra los abusos del poder; también lo ha hecho en sus ensayos y artículos, donde ha defendido la libertad individual, el derecho al aborto, la igualdad para los homosexuales, la legalización de la droga y donde ha atacado el nacionalismo de cualquier especie (y no solo, paisanos catalanes, el nacionalismo catalán).

Por supuesto, no todas las ideas de Vargas Llosa -y en particular su liberalismo económico, por cierto menos radical y desde luego mucho menos ingenuo y más elaborado de como lo pintan sus detractores- parecen inmediatamente útiles o aceptables para la izquierda; pero lo que me parece seguro es que es imposible que la izquierda salga del atasco ideológico y la consiguiente parálisis práctica en que lleva mucho tiempo metida si no es capaz de discutir con seriedad ideas como las de Vargas Llosa, si no deja de demonizarlas sin esforzarse en entenderlas, si no olvida sus nostalgias autoritarias y su complacencia con tiranías y nacionalismos, si no acepta sin resignación que no hay justicia sin libertad y no entiende con entusiasmo que la democracia debe conseguir que libertad y justicia, esas dos verdades contradictorias -por usar la expresión de Isaiah Berlin que aprendimos en Vargas Llosa-, acaben conviviendo con armonía.

Regalarle Vargas Llosa a la derecha es un pésimo negocio para la izquierda, igual que fue un pésimo negocio regalarles Orwell y Camus, que nunca quisieron saber nada de la derecha. De ahí, me parece, vienen muchos de los males del pensamiento de la izquierda: de su sectarismo, de su rigidez, de su miedo a salirse del camino trillado, de su miedo a afrontar la realidad como es para cambiarla, de su miedo a la izquierda autoritaria, obsoleta, fracasada y cerril que parece la mala conciencia de la mejor izquierda. E

n cuanto a mí, solo diré que si la izquierda no es capaz de atender a las razones de Vargas Llosa y hacer suyo lo que tiene de izquierdista -igual que si no es capaz de hacer suyo lo que tienen de izquierdistas Orwell y Camus-, que empiece a pensar en borrarme de la lista.

Fuente: El País

Eduardo Galeano, alma de arrabales y escritor de galera y bastón

In Exclusivos, Froy, Paladar mostaza on 6 noviembre, 2010 at 12:22 PM

Eduardo Galeano, un cuentacuentos al que le gusta tanto contar cuentos como escucharlos. Un escritor que asegura que aprendió de Onetti que una regla del arte del buen escribir consiste en encontrar palabras mejores que el silencio. Los amigos lo debaten y siempre lo disfrutan.

Los café despiertan en la mesa y su humo caliente se entrelaza con el de los fumadores. Sábado de amigos en la esquina con el sol entibiando la charla y el pasar suave de algunos autos mantiene despierto al sol. El debate surca los caminos acostumbrados aunque los actores vuelven aleatorios los actos de la obra. Entonces sin saber cómo, llegamos al escritor uruguayo. “Para mi es un prócer de la literatura latinoamericana” dice uno en el extremo de la mesa, y tras el silencio de los sorbos los pocillos rozan los platos y el gordo Rogelio alza la voz:

“Lo mejor es que escribe, sabe y gusta del Fútbol”, dijo moviendo la mano para quitar el humo que alguien exhaló, “tiene capacidad para estar en la elite y a mi me gusta particularmente por que tambien sabe llevar su parte popular con soltura. Ahora creo que no sé como explicarlo, creo que mi comparación directa es Borges, él tenía la capacidad intelectual que creo no veremos mas por estos lados, era una persona con la soberbia suficiente y mas que justificada para menospreciar la simpleza de las acciones o lo popular, en cambio Galeano esta a la altura de una charla de cafe con Borges, Marx, Maradona y Gardel, y sabra ampliamente de todos esos temas”.

Los rostros de la mesa buscan otra vez las tazas y antes que alguien agregue el gordo Rogelio me apunta, “l

a nota esa que posteaste vos en tu blog, que le hacen a Galeano antes de que comience el mundial y el dice la frase “cerrado por futbol” ahi te das cuenta de lo que es

(Ver nota). 

No sé si leyeron “El futbol a Sol y Sombra”, pero es un libro que por el título aparecería en cualquier batea “deportes” de una librería, pero el tema está tratado con tal altura, que aprendes muchísimo”.

 

La silla rechina contra el suelo y el gordo se va al baño sin mas explicación. Alguien toma el diario y muestra esta entrevista al gran escritor que es Eduardo Galeano:


¿La veta de narrador le viene de cuna?

Me gusta contar cuentos, pero más me gusta escucharlos. Yo tuve solo siete años de educación formal. De muy temprano tuve una vida independiente: me iba a los cafés, a los 14, 15, 16 años y escuchaba. Los cafés de Montevideo fueron mi universidad. Nunca me voy a olvidar de lo primero que me sacudió, que tocó algo que yo no sabía bien qué era, dentro de mí. En un café de Montevideo que ya no existe, el Boston, un hombre ya viejo contó una historia de la Guerra Civil de 1904. Decía que había visto una batalla, con cuerpos regados por el suelo. Yo sacaba cuentas, y me parecía que, por la edad, no podía haber participado. En esa época, los uruguayos, divididos en blancos y colorados, conservadores y liberales, se distinguían por las vinchas. Y este hombre dijo que estuvo ahí. Con los años, supe que no importaba demasiado si este hombre había estado o no había estado ahí. Lo importante es que cuando él lo contó, todos estuvimos ahí con él. Lograr que algo que ocurrió vuelva a ocurrir cuando uno lo cuenta, eso es lo importante. Había visto un campo regado de cuerpos, y entre ellos, con los brazos en cruz, un ángel, casi niño, un muchacho muy jovencito, con una vincha blanca, roja de sangre; y en la vincha, el agujero de la bala que lo había matado; pero en la vincha él había escrito algo que apenas se alcanzaba a leer: “por la patria y por ella”. Y la bala había entrado en la palabra “Ella”. Ahí me hice cuentacuentos. Contando ese cuento a otra gente es que descubrí como una vocación de contar cuentos, y de tratar de contar el mundo a través de los munditos.

Usted escribió “Las venas abiertas de América latina” en épocas de grandes relatos. Y sus últimos libros son microrrelatos. ¿Es una adecuación a estos tiempos más fragmentarios?

No, cuando escribí “Las venas abiertas de América latina” que fue un libro centrado en la economía política, ahí el microrrelatro no me servía. Y yo ya escribía cuentos, pero todavía no los había conectado con la otra parte de mí que quería ayudar a que las realidad cambiara. Onetti me ayudó mucho. A él no le interesaba aquello de “Las venas….”, pero sí mis relatos. Onetti era muy mentiroso, y me dijo que un proverbio chino decía que las únicas palabras que merecían existir eran aquellas que fueran mejores que el silencio. Creo que no era un proverbio chino, sino de él. Y en ese camino, intentando decir palabras que fueran mejores que el silencio, y reducir las otras, los textos que yo escribía se fueron reduciendo, queriendo ganar en profundidad y reduciéndose en espacio.

Usted dijo que le demanda por lo menos cuatro años escribir un libro..

Escribo y reescribo mucho. Cuando fui a presentar “Espejos”, en un pueblito español, Orense, había al final del público un tipo con cara de campesino gallego muy sufrido, con el ceño muy fruncido; yo creía que él me quería matar. Sin embargo, cuando terminó la presentación, se me acercó, sin dejar su cara de enojado, y me dijo: “qué difícil debe ser escribir tan sencillo”.

¿Cómo hubiera cronicado el rescate de los 33 mineros?

Creo que cruzaría esa historia -que yo seguí deseando con fervor que se salvaran, porque las minas de Chile, como muchas minas, se tragan carne humana- con la de los 34 mapuches que en el mismo país hicieron una huelga de hambre mientras los medios de comunicación no le daban ni la menor pelota.

¿Cómo está viviendo la “etapa Mujica” en el Uruguay?

Bien, en primer lugar, porque tengo con él una relación personal, es un amigo. Además, me parece que es un hombre de una gran calidad humana, y que su principal defecto es su principal virtud: que dice lo que piensa. Lo que en política, a veces, es imperdonable. Pero bueno, eso que en el oficio, en la profesión política, es un defecto, en términos simplemente humanos, es una gran virtud.

En algún momento usted dijoque no volvería a escribir “Las venas abiertas de América latina”, pero dijo asimismo que no le cambiaría ni una coma.

Porque he cambiado mi estilo. “Las venas…” está escrita en los años 70, pero yo creo que la contradicción es el motor de la historia, que no hay noche sin día ni muerte sin vida. Y que lo que la historia enseña, cuando uno más o menos se asoma a los tiempos pasados, es que cuando la historia dice adiós, no dice adiós, sino hasta luego.

Pero no me respondió si cuando usted era chico contaba cuentos …

Durante mucho tiempo pensé que dibujar era lo mío. Después, quería ser jugador de fútbol; y nunca pude, tampoco, porque era muy pata de palo. Y era muy místico. Yo tuve una infancia muy católica, me la pasaba rezando. Una suerte de vocación religiosa, de algún modo, dominó parte de mi vida junto con mi otra pasión, el fútbol. Pero ni en una ni en otra pude funcionar: ni como jugador, por mi pata de palo ni como místico, santo o no sé, por mi tendencia al pecado, que apareció muy temprano. El hecho fue que en algún momento Dios se me cayó por un agujerito del bolsillo. Pero creo que de algún modo he seguido con esa vocación mística, aunque me pasé para el lado de los paganos. Cuando uno ve bellezas como las que acabo de ver en el Norte, en Humahuaca, uno siente que no hay un Dios, que hay muchos dioses.

Fuente: La Gaceta

Hernán Casciari, el valiente que busca con Orsai una revista con viralidad

In Jóvenes Sueños, Paladar mostaza on 4 noviembre, 2010 at 12:50 PM

El rumor, corre, se escabulle entre los modems y se reparte en las pantallas. Algo va a ocurrir, una pizca de mundo va a cambiar y la hoja contra el viento va a hacer oposición. Algunos quieren hacer algo diferente y es en papel, como antes, con la calidad de siempre y novedosas esperanzas de que esta vez resulte. Sale Orsai la revista dirigida por Hernán Casciari en todo el mundo en papel en tu librería amiga.

> Grupo de Facebook Orsai Córdoba (+mail)

Hernán Casciari nació en Mercedes, Buenos Aires, en marzo de 1971, es escritor y periodista. Desde el año 2000 está radicado en Barcelona, desde donde ha escrito una serie de blogonovelas pioneras en la literatura por Internet. En febrero de 2004 comienza a escribir artículos, ensayos y piezas cortas de ficción en su blog personal Orsai.

Tras la recopilación de la historia virtual ‘Los Bertotti’, publica el libro Más respeto que soy tu madre, que será llevada al cine en 2012 y que adaptó al teatro (con gran éxito) Antonio Gasalla. Y cuando todos contábamos su caso emblema por el posicionamiento que había logrado en los grandes medios, publicó:

“Renuncié hace unos días a mi columna de los domingos en el diario La Nación, de Argentina, y renuncio hoy a mi columna de los viernes en El País, de España. Noventa columnas y dos años de trabajo en La Nación; ciento veinte columnas y tres años en El País. Aprendí mucho de ambos periódicos. Aprendí, sobre todo, que solamente me puedo divertir en un medio sin publicidad, y que solamente puedo dormir los viernes —de un tirón, sin telefonazos intempestivos— en un medio sin ideología”.

En su valiente post “Renuncio” cuenta como la publicidad y la crisis le fueron comiendo palabras a su espacio de publicación en El País de España, ingresó en un Suplemento de 16 páginas que se redujo a 8 y terminó escribiendo columnas de 240 palabras cuando había comenzado con 400, por eso renuncia a su columna.

“Se me podrá decir que tengo suerte, porque al final del camino cobré lo mismo por hacer la mitad del trabajo, pero ése es justamente el pensamiento rácano del periodismo actual. Mejor sería pensar: ¿tiene sentido que un tipo que escribe tenga que expresarse conforme avance o retroceda la publicidad? Por lo menos no se trata de censura ideológica, es verdad, pero la decepción interna es idéntica.”

También renunció a La Nación de Argentina donde asegura el límite era más bien ideológico y anunció que no publicará mas libros con Random House Mondadori, Editorial Sudamericana de Argentina, Editorial Grijalbo en México ni Plaza & Janés de España. Pero semejante portazo, que cuenta alarmó a su esposa, no era por rebeldía inservible sino para alinearse en un proyecto renovador o restaurador quizás mejor.

Así nace Orsai, por las ganas de volver a leer largo y tendido, y de que cada colaborador escriba hasta que se le antoje. Queremos tener en las manos un papel que no te venda nada, ni explícito ni subliminal. Regresar a la crónica periodística y a la ilustración de calidad, y que las fotos te cuenten una historia, y que cada línea y cada desglose esté hecho por personas apasionadas, y no por burócratas, pasantes, acomodados y becarios.

Los lectores se organizan tras lo que los autores demandan y explican, se venderá el primer número en pack de 10 ejemplares que se reservan en una librería de tu ciudad (nunca más se re editará el Nº1) se utilizará  PayPal (se abrió un foro para explicar mejor eso) con los libreros y las páginas 2 y 207 de la revista Orsai, en las que generalmente se colocan las publicidades más caras en un medio tradicional, tendrán el nombre de todos los lectores, distribuidores o librerías que hayan comprado al menos un pack.

Acá puedes ver la lista completa de los precios en tu país.

Los lectores se organizan y a través de las redes sociales, mails y el blog Orsai, se contactan forman grupos de a 10 (con la ayuda y gestión de las librerías muchas veces) y así podrán tener su Orsai Nº1. Perdón, podremos tenerla, porque posterior a este post tengo que salir a pagar mi revista. En Córdoba, Argentina ya nos organizamos mediante un grupo de Facebook llamado Orsai Córdoba (+mail).

Lo que sucede es genial, entra a quiero ser distribuidor y ayuda en la cadena, o bien haz click en reservar la revista y fíjate en donde la puedes encontrar en tu ciudad. Puedes encontrar a los lectores de tu zona y hasta si te animas escribir en Orsai.

Quizás no llegue a nada, o tal vez cambie el mundo, no se sabe. Pero festejo la valentía del periodista, del hombre que renunció a la comodidad y se lanzó al vacío. Yo voy a ir a gratificar esa valentía que miles de jornaleros pagos evitan y terminan vendiendo comida rancia en el fast food de los medios. Voy a ir a pagar mis acciones en ese sueño de escribir lo que se quiere sin que el lucro nos edite. Tal vez estando, productores y consumidores del mismo lado, la oferta y la demanda logran tomarse de la mano y sentarse a leer.