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Argentina 2030: los años que vendrán, ahora

In Paladar mostaza on 7 enero, 2011 at 7:59 AM

¿Cómo nos veremos en unos años? Precisamente, ¿cuál será nuestro aspecto en el año 2030? Por supuesto es imposible anticiparse al tiempo y conocer a aquellos que seremos, pero en un interesante experimento un blog se anima a proyectar ciertos personajes populares de Argentina y la apariencia que tendrían en unas décadas. Argentina 2030 es el nuevo blog de Perfil.com y promete alarmar a quienes odien las arrugas anticipadas.

Con diferentes publicaciones en los últimos meses, Argentina 2030 le sumó arrugas a la web y un experimento particular. Ojos mas caídos, cabellos blancos y pieles rasgadas son algunos de los síntomas que reflejan los rostros dentro de unas décadas, aunque por la magia de la tecnología y el trabajo de un ‘artista’ podemos verlo hoy mismo.

Su autor es Fernando Otegui, publicista, diseñador gráfico y humorista político. Actualmente es columnista de Diario Perfil y colaborador de revista Noticias. Desde hace una década sus fotomontajes circulan por la web y en este blog Argentina 2030 ensaya una mirada futurista que inquietará a más de uno.

Marcelo Tinelli en el año 2030 tendría 70 años y así lo proyecta Otegui.

Mientras que Diego Maradona habrá cumplido sus 70 años y ya peinará canas.

Por ahora se han colocado los avejentados Néstor Kirchner, Elisa Carrió, Luis Majul y otros. Mirálos en > Argentina 2030

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Maradona como metáfora argentina

In Malas Viejas on 5 octubre, 2010 at 11:13 AM

El siguiente texto esta escrito por John Carlin (periodista, vivió 10 años en Argentina) y Carlos Pierini (trabaja como médico psicoanalista en Buenos Aires) e intenta mostrarse como una “metáfora de la patología crónica de un país”. Golpea duro a Maradona, toca la herida mundialista y embiste contra el gobierno peronista de los Kirchner. En lo personal me parece tan solo un racimo de clichés mas que un análisis cercano a lo antropológico, pero se los comparto y ustedes dirán.

 

 

Se dice con frecuencia que la solución a los problemas de la África subsahariana es la educación; que los recursos naturales abundan y si solo se pudiera proporcionar un buen nivel educativo a la gente el continente despegaría. No necesariamente. Miren el caso de Argentina.

Todos los recursos naturales que quieran, una bajísima densidad de población y, a lo largo de la mayor parte del siglo XX, índices escolares que no han tenido nada que envidiar a Europa occidental. Pero hoy, en un país que hace 100 años era uno de los 10 más ricos del mundo, la tercera parte de los recién nacidos están condenados a crecer en la pobreza, si es que logran crecer.

Ocho niños menores de cinco años mueren al día debido a la desnutrición en un país que debería ser, como hace tiempo fue, el granero del mundo. Semejante aberración florece en un contexto político en el que a lo largo de más de medio siglo juntas militares han alternado el poder con Gobiernos populistas, corruptos o incompetentes.

El actual Gobierno peronista de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (como el anterior, de su marido Néstor Kirchner) es más afín al de Hugo Chávez en Venezuela o al de Daniel Ortega en Nicaragua que a los Gobiernos pragmáticos y serios de Brasil, Chile o el vecino Uruguay donde, por cierto, hoy se consume más carne per cápita que en Argentina.

¿Dónde ha quedado la famosa Justicia Social proclamada hasta el cansancio por el peronismo que ha gobernado la mayor parte del período democrático instaurado en 1983? ¿Cuál es el problema?

El problema es Diego Maradona. O, para ser más precisos, lo encarna, como símbolo, Maradona, el “Diez”, “el Dios Argentino”, el ídolo nacional por goleada.

La idolatría a los líderes redentores, el culto a la viveza y (su hermano gemelo) el desprecio por la ética del trabajo, el narcisismo, la fe en las soluciones mágicas, el impulso a exculparse achacando los males a otros, el fantochismo son características que no definen a todos los argentinos, pero que Maradona representa en caricatura payasesca y que la mayoría de la población, aquella misma incapaz de perder la fe en el peronismo, aplaude no con risas sino con perversa seriedad.

El punto de partida es la negación de la realidad. Este es el terreno en el que opera Maradona y en el que su legión de devotos se adentra -como por ejemplo los 20.000 que fueron al aeropuerto de Ezeiza para darle las gracias tras la desastrosa actuación en el Mundial de Sudáfrica– para adorarle.

Esos mismos que disfrutaban como locos con las grotescas actitudes y dichos del ídolo -“¡que la chupen!”- fueron en manada a vitorearlo al llegar a Buenos Aires después de la goleada de 4-0 que Alemania le propinó, expulsando a su selección del Mundial.

Presos de la nostalgia, no olvidan nunca que “ÉL” hizo el famoso gol con la “mano de Dios”; o sea que su mano y la mano de Dios son la misma mano. “EL” es uno con “DIOS”. La manada entonces, mientras grita para adentro, “¡Si estamos unidos a Dios Maradona compartiremos toda su gloria!”, grita para afuera: Maradooooooona, Maradooooooona. Y no olvidemos el dicho nacional, al mismo tiempo jocoso y lleno de convicción, “¡Dios es argentino!”.

Diego Maradona fue un monumental jugador de fútbol. Pero la fama justificada no da títulos, ni derechos, ni conocimientos para opinar con absoluta certeza acerca de casi todo y al mismo tiempo desautorizar a todo aquel que no esté de acuerdo con sus ideas.

En Argentina, mientras avergonzaba a algunos, hacía gritar de entusiasmo a muchos más. Creían, orgullosos, que unidos al ” ídolo” todo el mundo “se la chupaba”.

En realidad el que se ha chupado todo, desde alcohol hasta cocaína, ha sido Maradona.

Nadie lo acusa ni lo maltrata por su triste enfermedad. Solo se trata de señalar su soberbia desconsiderada, de carácter profundamente narcisista, base de sus penosas afecciones del alma, metáfora de la patología crónica de un país.

Hace 15 días Maradona dio su primera entrevista desde la debacle de Sudáfrica. El ex director técnico de la selección argentina, al que se le oyó diciendo minutos antes de aquel partido que su equipo iba a dar una lección de fútbol a los alemanes, no ofreció ni análisis, ni explicación por la derrota, salvo decir que el portero alemán estuvo “muy seguro” y después del 2-0 “nos vinimos abajo”. Con un poco de suerte (la magia de la suerte lo abandonó, ¿el otro Dios estaba en su contra?) el partido se hubiera ganado. Culpa por el desastre no aceptó ninguna.

En cuanto a la victoria argentina 4-1 el mes pasado contra el campeón del mundo, España, bajo el mando de un nuevo seleccionador, confesó que prefirió no ver el partido. Claro. Porque ver aquel partido hubiera significado chocarse con la realidad y arriesgar salir del autoengaño enfermizo que le permitió afirmar en la misma entrevista que -avalado por el ex presidente Néstor Kirchner, que en una reunión la semana pasada le “felicitó” por el Mundial- él seguía siendo el candidato idóneo para dirigir la selección. “Daría la vida”, dijo, “daría un brazo” por recuperar el puesto.

El fracaso de Maradona en el Mundial fue el espejo del fracaso de Argentina como país.

Por un lado, una falta de rigor y humildad en la planificación; por otro, un derroche de los recursos disponibles. Talento sobraba, salvo que por amiguismo, ceguera, populismo patriotero o sencilla idiotez Maradona decidió no convocar a la mitad de los mejores; no solo no explotó los recursos que tenía, no los quiso ni ver.

El nuevo seleccionador, Sergio Batista, puso en el campo contra España a cuatro jugadores básicos que Maradona ni siquiera había convocado para Sudáfrica y lo que se vio fue un equipo sólido que hubiera sabido competir contra Alemania, como contra cualquiera en el Mundial.

Es decir, el sentido común existe en Argentina; solo que demasiadas veces, obliterado por la luz maradoniana, brilla por su ausencia.

En el sistema maradoniano solamente brilla la ilusión. Dentro de este sistema de pensamiento las cosas terminan no teniendo ni pies ni cabeza. Resultado: fracaso en la vida y arrastrando en el fracaso, en este caso, a la selección argentina, pero también se puede arrastrar a toda una nación.

Recorriendo la historia del siglo XX sabemos la potencia destructiva de la ilusión cuando no es contrabalanceada por la realidad terrenal, nunca tan agradable ella como los espejismos de la ficción.

Cuando llevados por la fantasía se eligen directores técnicos o presidentes o sistemas de características populistas, autoritarios y antidemocráticos, con pocos pies sobre la tierra, el resultado inevitable es el fracaso.

Un director técnico que no tiene ni ha tenido capacidad para manejar su vida, que además no es director técnico (por preparación) y por lo tanto al titularse así toma las características de un impostor, tuvo como resultado el descalabro de la selección argentina.

Puede ocurrir nuevamente algo similar con la Argentina misma si los directores técnicos, léase la pareja que lleva siete años en el poder, siguen el camino compulsivamente repetitivo de la tergiversación permanente de la realidad. El endiosamiento de seres Ídolos-Dioses a los que no se debe criticar, como a Perón, Evita, Maradona, Cristina Fernández o Néstor Kirchner, intocables seres sin errores, lleva al fracaso reiterativo y doloroso que arrastra a millones de argentinos al sufrimiento.

El granero del mundo se va convirtiendo en un país lleno además de granos de pústulas creadas por el sistema: fracaso, pobreza, desnutrición, inseguridad, criminalidad, destrucción de las instituciones, ataque permanente a la prensa opositora, ataque a la ley, destrucción de la educación (eso también) y llegamos entonces a que la fantasía de ser un pueblo “protegido” por los Dioses cae en una triste y ridícula realidad.

Las sociedades propensas a alimentar estas ilusiones, caen en la seducción hipnótica de líderes de estas características. Son sociedades cerradas, como dice Karl Popper, con un fuerte carácter autoritario, convicciones inamovibles y preponderancia al pensamiento mágico.

En estos casos el horizonte de expectativas está absolutamente distorsionado por las ilusiones y las consecuencias se traducen en un sinnúmero de fracasos compulsivamente repetitivos. Decía Albert Einstein que la locura era repetir lo mismo una y otra vez, esperando diferentes resultados. Eso es lo que propone Maradona al reafirmar su derecho a dirigir la selección de fútbol.

Al apoyar su estrambótica candidatura, los Kirchner, eso sí, están siendo consecuentes. Ellos también piden, pese al fracaso mundialista de su gestión, como el de los regímenes peronistas que los precedieron, que se prolongue su dinastía en las elecciones generales del año que viene. Es probable que lo consigan. Sería la victoria del pensamiento mágico maradoniano, sobre el que el sol de la bandera argentina nunca se pone.

Fuente: El País

Daniel Arcucci dijo en su Twitter:

“Debo decir, primero, que admiro a Carlin y que algún día me encantaría escribir como él. Debo decir, segundo, que creo que Maradona lo desencaja, lo saca de su estilo. Lo detesta tanto, que deja de ser él mismo. En esto caso, tengo la sensación de que quien lo secundó, el médico psicoanalista Carlos Pierini, no lo ayudó. Todo lo contrario. En mi opinión, la brocha gorda termina despintando hasta las verdades. Pero recurrí a colegas respetables para nada devotos de Maradona. “Es medio brulote”, me dijo uno. “Es un poco desproporcionada”, me agregó otro. “Hay una descripción de lo argentino con la que coincido, pero la generalización irrita”. “Estas metáforas deporte-vida siempre me dejan insatisfecho”. “Utiliza solo la parte de Maradona que le sirve para su teoría”. También, por supuesto, están los que les encantó. “No es triste la verdad…”, me dijeron. Sólo digo que escribir sobre Maradona expone a contradicciones. Sobre todo cuando se lo hace desde el amor o el odio. Incondicionales.

+ Esto escribió el mismo Carlin el 20/06/2010. “Si Maradona no existiera, habría que inventarlo”.

Mi Mundial 6: la pasión es contagiosa

In Exclusivos, Rudy on 28 junio, 2010 at 9:29 AM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico

Continuación de Mi MundialVol. 2Vol. 3, Vol. 4 y Vol.5

El partido de Argentina contra México tenía algo especial: al parecer los boricuas no querían ver festejar a los aztecas porque “eso sería algo insoportable” (el comentario general) quizás debido a la cantidad de mexicanos que viven aquí.

El viernes en el gimnasio me di cuenta de que el mundial realmente está comenzando ahora. Gente que jamás fue fanática del fútbol se encontraba sin querer discutiendo si Alemania le ganaría a Inglaterra o si el equipo de Ghana daría el zapataso al equipo americano.

Los atletas estaban a favor de Argentina… todos excepto el haitiano hincha de Brasil que se sigue riendo de mi y comenta cada tanto, sin ningún tipo de respaldo ni justificación, que mi equipo está jugando mal y que Messi es un nadie. Yo lo dejo que hable… pobre.

Este partido fue diferente. Por empezar, no lo vi sola ni en un bar. El sábado por la noche mi compañera de trabajo y amiga, Daniela, me invitó a ver el partido con su grupo de amigos, invitación que no dejé pasar. Nos reunimos en nuestro lugar de trabajo el domingo a las 2 y volando compramos una cervezas y salimos disparando a la casa de Gabriel que por suerte vive bien cerca.

Llegamos al lugar, yo con mi camiseta puesta por supuesto, y al entrar a la casa sentí una emoción enorme y creo que los allí presentes lo notaron porque no pronunciaba palabra y mi timidez momentánea no me dejó siquiera sentarme. Fue una mezcla de nostalgia, emoción y alegría. Dios sabe cuánto yo deseaba compartir ese partido con gente tan hermosa. Al fin estaba con mis nuevos amigos disfrutando de un momento único para mi.

Daniela, una mujer mágica y cálida; Ian, un amigo mitad uruguayo pero gracioso simpatizante argentino; Gabriel, con quien compartí poco pero reí mucho; Valerie, ganadora oficial de billar y mujer con un estilo envidiable; Ileana, una chica tan simple como llena de energía; Eduardo y su mujer argentina con su pequeña hija Abril, que con su vocecita divina y sus pasitos me recordó a mis sobrinas hasta que se me acurrucó el corazón; también estaba el papá de Juan, un hombre rosarino que en esta ocasión me recordó a mi padre, y la mamá de Gabriel, una mujer simpática que se fue temprano para ir a misa (como mamá).

Estábamos todos allí, juntos, compartiendo una pasión contagiosa por la albiceleste. Me senté en el piso frente al televisor y me dediqué a sonreir. Estaba feliz. Creo que lo mencioné antes pero Dios sabe cuánto yo deseaba compartir ese partido con gente tan hermosa.

Cervezas de por medio, los primeros 15 minutos del partido se vieron difíciles y la tensión se vivía entre nosotros. Para colmo de males, los relatores de turno en Univisión eran mejicanos. El primer golaso (adelantado pero “lola” que lo validaron igual) lo gritamos con fuerzas.

Argentina, Tevez y el festejo

Grande Carlitos Tevez, confieso que “el apache” es mi jugador preferido. Segundo de Higuaín, golaso indiscutible. Estabamos todos contentos, más relajados y acompañados de pop corn salado. De todos modos Ian juraba que ganaríamos por cuatro a cero así que vamos Argentina que falta mucho por hacer.

En el estretiempo Eduardo tuvo una brillante idea: gracias a la tecnología, conectó su Iphone con el televisor y fue glorioso: no se de dónde la voz de Macaya Marquez comentaba el entretienpo del partido y todos, respetuosos y en silencio, escuchando atentos cual alumnos frente a u profesor de lección ineludible.

Fui al baño (confieso que hasta eso me da miedo a veces en términos de cábala cuando vamos ganando) y volví a sentarme al mismo lugar que antes para seguir gozando. El tremendo golazo de Tévez nos agarró de inésperado y ahora si Carlitos, qué haríamos sin vos.

El gol de méxico (gracias a la notable inacción de Romero que levantó su manecita como para atajar una pelotita de ping pong) no preocupó a nadie. Sólo sirvió para alimentar la esperanza del pobre relator que no se cansaba de decir que aun estaban a tiempo de cambiar el rumbo del partido. Pero los minutos pasaron y abrazamos la victoria que alimenta el sueño de los argentinos.

Terminó el juego y me llamó mi papá. Salí afuera a hablar con él porque las lágrimas se me caían y por alguna razón no quería que me vean tan emocionada. “Claro que te voy a llamar hija, si ya es nuestra cábala!”. No puedo adorarlo tanto, es algo cruel. Mi familia estaba entre mates post asado en la casa de mi hermano Jorge. Yo estaba feliz de sentirlos cerca en mi corazón y de al fin, no estar tan sola para festejar.

Nos quedamos en casa de Gabriel comentando el partido, jugando al dominó y pasando una tarde cálida y hermosa. Al rato volvimos a agruparnos frente al televisor para escucharlo al Diego en la  conferencia de prensa. Y es verdad, déjennos disfrutar de las victorias una por una.

El mundial se pone salado, los sueños tiernos y el cielo cada vez más celeste. Sábado, espero que me hagas regocijar de alegría como lo hizo tu hermano el domingo. Sigamos humildes argentinos, el oro o el barro estan a la vuelta de la esquina.

La figura y mi jugador favorito

Mi Mundial 4: abrazo paterno

In AguaSuaves, Rudy on 17 junio, 2010 at 6:03 PM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico
Continuación de Mi MundialVol 2 y Vol3

Trabajo, sopita y a la cama

Siete de la mañana del jueves 17 de junio

El despertador suena; la celeste y blanca quiere vestirse de mi otra vez

Con mis austero maquillaje para disimular las ojeras del sueño y unos míseros dos dólares en el bolsillo (este mes la paga se atrasó), bajo rápidamente al bar que, por cábala, ya no podré cambiar.

Mi estómago ruge pero no precisamente de hambre. Ahí están mis nenes, hermosos con sus camisetas, llenándome de orgullo y patriotismo. Se me eriza la piel, la sonrisa se me escapa.

Comienza el partido y mi amiga mesera viene a tomarme la orden. Me muero de la vergüenza, pero esta vez el presupuesto no está de mi lado. Le pido sólo un vaso de jugo de naranja y le pido disculpas. Ella sonriente me pide que disfrute del partido y a eso, dalo por hecho.

Y los milagros llegan cuando tienen que llegar. GOOOOOOOL!!!!! Quien lo hizo? Fue Heinze? Coreano feo metiste la pata? Que me importa! Fue gol y me llena de tranquilidad y antagónica adrenalina. Y como si fuera poco, el caballero de la mesa a mi izquierda (un boricua de unos sesenta largos años, vestido de traje y corbata, quizás abogado o  uno de los tantos puertorriqueños de la zona que gozan de un buen café local a tempranas horas de la mañana) me envía un café con tostadas y revoltillo de huevo y vegetales.  Lo miro y se me acerca. Me da un beso en la mano y me dice: “que lo disfrute señorita, es un placer”.  El placer es mío y ahora mi estómago disfruta al compás de mi corazón.

La bola claramente esta dominada por mi equipo. “Los coreanos deberían jugar con nuestra selección nacional”  bromea otro Don Julio. Los presentes nos reímos con disimulo, más por ternura que por otra cosa. Higuaín cabecea al piso y anota el segundo. Golaso y Don Julio Repite su broma: “es que los coreanos deberían venir a jugar con nuestra selección nacional”. Claro Don Julio, usted tiene toda la razón.

A los abrazos

Lamentable fue el gol de Corea, sobre el final del primer tiempo y regalado gracias a un error argentino. Hecho de pura suerte o no, gol al fin, shockeante e inesperado.

En el entretiempo me acerco a la mesa de “los pibes” que gentilmente comparten el partido conmigo y quienes además me están alimentando a la voz de “come niña que tienes que ponerte fuerte para gritar esos goles”.  Lo verdaderamente extraño para mí es que en esa humilde mesa de café, la que esta habilitada a hablar de fútbol soy yo y prestan especial atención a mis comentarios, algo impensable si trasladamos este momento Nescafé a mi amado país.  Ellos se confiesan fanáticos del baseball y del basketball. De hecho mencionan al fútbol como “soccer” o “balón pie” a lo que les digo que llamen al deporte simplemente fútbol si es que verdaderamente están del lado argentino.

Está por comenzar el segundo tiempo y llega un amigo Panameño llamado Roque, uno de los tantos que logré argentinizar en estos últimos tiempos. Se sienta en mi mesa y ansiosos esperamos que la magia continúe. Los comentaristas de ESPN (señal de Estados Unidos) están bien negativos con el equipo argentino: alegan que estamos descuidados, que Corea se rearmó y que van por la victoria pero… que bien quedó Messi en combinación con Higuaín para taparles la boca! Después de eso, los comentarios se volvieron color de rosa y ni hablar después del cuarto gol tras una jugada impecable de la Selección. Creo que si en la última jugada Agüero le hubiese dado el pase a Messi, hacíamos el quinto, pero ya con cuatro estoy más que conforme y el bar entero festeja conmigo.

Suena el teléfono. Número desconocido. Dudé en contestar pero al fin atendí. Mi papá desde su trabajo me llama y no lo esperaba. “Hija mía, viste el partidazo? Hasta la copa no paramos!”. Mi papá me está llamando emocionado cual niño y yo a miles de kilómetros de distancia, daría el mundo por abrazarlo y poder festejar con él.

Saludo a los pibes, a Roque, a las meseras y me voy a trabajar. Qué hermoso que es ganar, se siente bien lindo. Espero que sigamos humildes, peleando partido por partido. Sin expectativas no hay desilusión. Todo puede pasar: lo peor y lo mejor, la gloria y el fracaso, el oro y el barro, todo está al alcance de nuestras manos. Hay veces que ganar se siente como un abrazo paterno a la distancia.

> Esta autora es Columnista permanente de este Blog

Eduardo Galeano y el Mundial

In Paladar mostaza on 9 junio, 2010 at 10:09 AM

A partir del sábado que viene y hasta la finalización misma del Mundial Sudáfrica 2010, como viene sucediendo desde hace muchísimo tiempo y cada cuatro años exactos, Eduardo Galeano exhibirá un cartel en la puerta de su casa: “Cerrado por fútbol”.

El gesto, más divertido y diplomático que el “no molestar” de los hoteles (y al que podría acompañar con un “estoy trabajando para ustedes”, ya se verá), de todas maneras parece innecesario:

“Durante los mundiales directamente me voy del Planeta Tierra. Me mudo al Planeta Pelota, igual de redondo pero más chico. Me dedico a ver todos los partidos, o al menos a intentarlo, porque siempre pasa que alguno me pierdo. Pero lo que quiero decir es que me siento con una cervecita bien fría delante de la TV y me meto en una pelota. Y de ahí no salgo hasta que el Mundial se termina. Así de sencillo”.

Pero el Mundial todavía no empezó. Y el escritor uruguayo, antes de perderse en el laberinto de fixtures y horarios, esas coordenadas particulares del Planeta Pelota cuando la escena ocurre lejos, habló de todo.

Habló de Lionel Messi: “Es el mejor del mundo porque sigue jugando como un chiquilín en el barrio”. Habló de Diego Maradona: “Ha sido injustamente atacado, y aunque una cosa es ser jugador y otra técnico, todavía hay que darle tiempo y espacio”. En definitiva, habló de fútbol.

–¿Sigue teniendo con el fútbol la misma relación de siempre?

–Absolutamente. No podría estar alejado del fútbol. Soy fútbol-adicto. Y esto viene de la infancia más remota, porque mi padre me llevaba al estadio cuando yo todavía era un bebé. Y luego, claro, toda mi vida jugué al fútbol.

–¿Jugaba bien?

–No. Mal, muy mal. Era entreala derecho, lo que hoy sería un volante ofensivo, pero siempre fui un chambón, un pata de palo. Así que al final me resigné, acepté mi destino y terminé intentando escribir para ver si podía hacer con la mano lo que con los pies no pude hacer nunca.

–Pero esos intentos fueron apenas eventuales hasta la aparición de El fútbol a sol y sombra.

–Es verdad. Hasta ese libro yo había escrito muy poco de fútbol, pero después me tomé el tema más a pecho. Por fin hice lo que quería: jugar al fútbol con las palabras y a mi manera. A este libro lo voy actualizando luego de cada Mundial, y eso también tiene que ver con aquello de “Cerrado por fútbol”.

–El ejercicio de unir literatura y fútbol, por cierto, parece cada vez más aceptado, o al menos es más practicado.

–Celebro que haya gente que escribe muy bien y que no oculte su pasión futbolera. Cuando tenía 20 años, dirigí en Uruguay un diario independiente de izquierda. Se llamaba Epoca y tenía buena resonancia, con 35 mil ejemplares. Eramos todos muy jóvenes y capaces de esa locura, una experiencia maravillosa en la que nadie cobraba y de la que todos los militantes, unos 5 mil, éramos accionistas. Así que recuerdo muy bien lo que eran las asambleas, con 200 o 300 personas hasta las siete de la mañana, en las que yo tenía que dar la cara y defender las páginas dedicadas al fútbol. Era la pelea más feroz de todas, porque para los militantes de izquierda aquello era dilapidar cinco o seis páginas de un vocero de la clase trabajadora, de un diario antioligárquico, para consagrar al fútbol, el “opio de los pueblos”. Recién ahora la izquierda se está curando de esa enfermedad en la que acusa al fútbol de que la gente no piense. Ahora los intelectuales no tienen vergüenza.

–¿Y qué espera de este Mundial, como hincha y como intelectual?

–Que me ofrezcan una fiesta para los ojos. Ese prodigio de hermosura que el fútbol es. Obviamente que quiero que gane Uruguay, y si no es Uruguay que sean la Argentina o Brasil, los países que siento más próximos. Pero antes que nada soy un fanático del buen fútbol.

–Más allá de los colores…

–Más allá de los colores. De chiquilín era hincha rabioso de Nacional. Iba al talud (la popular), detrás del arco, es decir la tribuna más pobretona y más violenta, porque en aquel tiempo yo también me fajaba como cualquier hijo de vecino. Era bastante peleón. Tenía 11, 12, 13 años. Pero con el paso del tiempo fui descubriendo que lo mío es el fútbol, sobre todo cuando alguien me ofrece esa fiesta, la del fútbol bien jugado. Cuando ocurre ese milagro, lo agradezco sin importarme el equipo o la selección. Y más todavía: incluso en partidos de Nacional, confieso que muchas veces quiero, secretamente, que gane el menos poderoso, el más pequeño. Como me dijo una vez un amigo español: “Estás condenado, porque vas a estar siempre de parte del toro”. Nunca del torero. Por eso me hizo feliz el título de Argentinos Juniors, la posibilidad de que se rompa el monopolio, más allá de que tengo amigos que son hinchas.

–¿Sigue yendo a la cancha?

–Sí, sigo yendo. Es curioso, hasta masoquista diría, porque el fútbol rara vez me devuelve en el estadio algo que se parezca a la expectativa que me lleva. Espero ver un espectáculo bello y muy rara vez ocurre.

–¿Y a qué le atribuye la insistencia?

–Primero, a la diferencia que existe, por ejemplo, entre el cine y el teatro. Una cosa es ver el partido en el estadio, donde se escucha la respiración de los protagonistas, y otra cosa diferente es verlo por televisión. Pero también creo que tiene que ver con algún residuo de mi formación católica.

–¿Cómo es eso?

–Tuve una infancia muy católica. Creía en Dios y creía que Dios creía en mí. Ahora no creo más en el cielo, ni en el dolor, ni en ese elogio del dolor que la Iglesia Católica me metió adentro, pero me debe haber quedado algún efecto residual de aquel aprendizaje: que todo lo que sufras en la Tierra será recompensado en el cielo. ¡Debe ser eso lo que me lleva a la cancha! Pero también me lleva el espectáculo del público, el fervor, esas oleadas de entusiasmo que sentís cuando la gente está a tu lado y no cuando lo ves por televisión o te lo cuentan. ¡Y las ocurrencias de la gente! Recuerdo que había un jugador de Nacional, Escalada, que de 90 veces que pateaba al arco, apenas una era gol. En las restantes le gritaban: “¡Con la herradura no, con la herradura no!”. Eso también es parte de la fiesta del fútbol y es algo que yo, que siempre fui un escuchador, disfruto de manera especial.

–De aquella infancia católica y futbolera, ¿qué cosa recuerda con cariño particular?

–La pared de mi pieza, en la que tenía un crucifijo rodeado de figuritas. Ahí estaban Rinaldo Martino, aquel de San Lorenzo, y tantos otros que jugaron en Nacional. Era toda la pared pegada de figuritas alrededor del crucifijo. Y abajo, como para que no se vieran mucho porque eran “enemigos” de Peñarol, también había pegado a (Juan) Schiaffino o a (Julio) Abbadie. ¡Me gustó tanto verlos jugar! Abbadie era capaz de hacer que la pelota fuera rodando por la línea lateral y con puros amagues, sin tocarla, iba eludiendo a sus rivales. Me gustaría escribir como Abbadie jugaba. Me gusta ese fútbol, el de las orillas, el del wing, que en inglés significa ala. Abbadie era un hombre con alas.

–Como Garrincha.

Galeano fanático del Fútbol

–Exacto. Tuve la suerte de verlo jugar dos veces en Río. Era como ver a Chaplin en la cancha. Garrincha disfrutaba tanto que terminaba una jugada y se sentaba arriba de la pelota, después de dejar a todos sus rivales en el camino, provocando, como diciendo “a ver si me la sacan”. Después algunos lo querían degollar porque a veces ni siquiera hacía el gol.

–¿Messi tiene ese perfil de jugador “orillero”?

–Yo creo que Messi es el mejor del mundo porque no perdió la alegría de jugar por el hecho simple de jugar. En ese sentido no se profesionalizó. Están los que escriben por placer y están los que escriben por cumplir con el contrato o ganar dinero. Messi juega como un chiquilín en su barrio, no por la plata. Cómo se mete, cómo engaña, esa picardía que es tan linda de ver en los potreros. Cuando el fútbol profesional me desengaña demasiado, me voy por la rambla de Montevideo a ver a los chiquilines jugando en los campitos.

–¿Y a Diego? ¿Cómo lo ve en su función de director técnico?

–Creo que ha sido injustamente atacado. Una cosa es ser jugador y otra director técnico, pero hay que darle tiempo y espacio, ver qué pasa. Lo que ocurre es que Maradona tiene que cargar con una cruz muy pesada en la espalda: llamarse Maradona. Es muy difícil ser Dios en este mundo, y más difícil comprobar que a los dioses no se les permite jubilarse, que deben seguir siendo dioses a toda costa. Y el de Maradona es un caso único, el deportista más famoso del mundo, a pesar de que hace años que ya no juega, esa necesidad de protagonismo derivada de la popularidad mundial que tiene.

–En su último libro, Espejos, habla de Diego como un “dios sucio”.

–Pero no en un sentido insultante. Quiero decir que es el más humano de los dioses, porque es como cualquiera de nosotros. Arrogante, mujeriego, débil… ¡Todos somos así! Estamos hechos de barro humano, así que la gente se reconoce en él por eso mismo. No es un dios que desde lo alto del cielo nos muestra su pureza y nos castiga. Entonces, lo menos que se parece a un dios virtuoso es la divinidad pagana que es Maradona. Eso explica su prestigio. Nos reconocemos en él por sus virtudes, pero también por sus defectos.

–¿Usted lo considera capaz de llevar a la Argentina hasta la Copa del Mundo en Sudáfrica?

–La Argentina es uno de los favoritos a ganar la Copa por la riqueza de su plantel, con esto no estoy descubriendo la pólvora. Pero hablar de Maradona en esos términos me parece una desproporción, porque hoy se les da a los técnicos una importancia que para mí no tienen y que termina perjudicándolos: de hecho se los hace casi únicos responsables de una derrota. Es otra de las deformaciones del fútbol: se le da al técnico un aura científica, como si fueran colegas de Einstein. Antes ni se sabía quiénes eran los entrenadores. El mejor que conocí fue un señor que se llamaba Cóppola, que dirigía al equipo de un pueblito muy chiquito de Uruguay, Nico Pérez. Era peluquero, un día se sacó la grande y puso un cartelito en su local: “Cerrado por exceso de capital”. La cosa es que toda la táctica y toda la estrategia de Cóppola se reducía a lo siguiente: acompañaba a sus jugadores a la cancha, los palmeaba en la espalda a medida que iban saliendo y les decía, sencillo: “Muchachos, ¡buena suerte!”.

–Por afuera de lo estrictamente deportivo, ¿podría perjudicar el camino de la Argentina en el Mundial esta presencia tan mediatizada de algunos barras en Sudáfrica?

–Sería una pena, teniendo la Argentina tanta calidad de jugadores, que se embarrara la cancha por un tema así. En principio, el hecho de que viajaran junto con el plantel me generó preocupación. Pero espero que no ocurra ningún desastre, que no empañen lo que creo será un alto lucimiento, que no haya episodios de violencia por estos fanáticos que no aman al fútbol del mismo modo que los borrachos no aman el vino. Entre muchas otras cosas, Da Vinci escribió un libro en el que recogió fábulas de la región toscana de Italia, y ahí hablaba de eso: de la ofensa de una botella de vino por la mala manera en que la tomaba el borracho. Siempre pensé que era una fábula muy justa y es la misma relación entre el fútbol y los fanáticos de la violencia, ese desahogo que hacen de lo peor que el alma humana tiene.

–¿Y a Uruguay? ¿Cómo lo ve?

–Creo que mejoró mucho con relación a tiempos no tan pasados. Lo que ocurre es que Uruguay sigue siendo un país exportador de “pie de obra”. Vendemos mano de obra y, en el caso de los futbolistas, pie de obra. Hay más de doscientos jugadores uruguayos en el exterior. Tener esa cantidad afuera, en un país cuya población entraría en Avellaneda, habla de que estamos muy desangrados. Al período de esplendor de nuestros futbolistas lo vemos por la TV. De todas maneras, en función de esa calidad de jugadores, porque por algo son convocados de las ligas más importantes del mundo, yo tengo la ilusión de que Uruguay juegue lindo, juegue bien. Aunque ya no somos los que éramos.

–¿En qué sentido?

–Hay una parte de la historia que parece inexplicable: cómo un país despoblado y pequeñísimo pudo ganar la medalla de oro en fútbol de los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928, el Mundial de Uruguay de 1930 y pudo vencer en el Maracaná, en el Mundial de Brasil de 1950, contra todo pronóstico. Pero eso tiene explicación: el papel fecundo que tuvo el Estado uruguayo en los albores del siglo XX. Uruguay estuvo en la vanguardia del mundo en educación libre, laica, gratuita y obligatoria, con un papel creativo, y allí estuvo integrada la educación física. Sembró campos de deportes en todo el país. Por no hablar de muchas otras cosas: las ocho horas laborales antes que en los Estados Unidos, el voto femenino antes que en Francia, la ley de divorcio 60 años antes que en España… cosas así. Eso explica cómo un país minúsculo pudo llegar tan alto. Pero el Estado perdió esa energía de cambio, se fue desinflando, y esa falta de continuidad en la vocación creadora del poder público se reflejó en el fútbol. Por eso digo que ya no somos los que éramos.

–El futbolista tampoco es lo que era.

–Eso es verdad. La gente deposita en ellos una carga enorme. Esto engorda el ego de quienes reciben el elogio multitudinario, pero a la vez representa una carga muy pesada. Hay una cosa muy perversa ahí.

–¿Cuál es, puntualmente?

–Fabricar ídolos para después voltearlos. Es un cuchillo de doble filo, en definitiva. La gente se reconoce en la alegría de un jugador, cuando gana o juega bien. Pero también los hace responsables de la desdicha colectiva cuando pierde. Porque allí el alma de mucha gente se de-sinfla.

Fuente: Diario Página/12

La entrevista se realizó en el programa De Puntín, de Ediciones Al Arco, AM 970, radio Génesis, sábados de 13 a 14.

Maradona y el caso Dubai: Cuando la limosna es grande

In Malas Viejas on 9 mayo, 2010 at 11:36 PM

Diego Maradona y Julio Grondona no tuvieron en cuenta el viejo refrán: cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía. Esa es la lección que les deja el affaire Dalport, la empresa, corporación, inversora o sello de goma virtual que embaucó a la AFA con un amistoso en Dubai por el que presuntamente iba a pagarle 2 millones de dólares, incluidos los gastos.

El 7 de abril, su presidente Víctor Vicente Bravo, un argentino residente en España, firmó el contrato con Guillermo Tofoni –el agente FIFA que mandataron los dirigentes para hacerse cargo de la operación– en el que se comprometía a desembolsar aquella suma. Nunca depositó el adelanto convenido y su insolvencia quedó en evidencia. Cuando había intentado comprar el paquete mayoritario del club Valencia en julio del 2009 le había pasado algo similar. Quiso quedárselo entregando bonos basura de Ford Motor Company, pero el Banco Santander no aceptó canjearlos y la operación se cayó. Con esos antecedentes, la excursión premundialista al emirato árabe podría haber salido mucho peor. Un vuelo directo a Pretoria parece ahora la mejor opción.

Los cuarenta invitados que el técnico le enrostró al presidente de la AFA por haberlos incluido en el avión a Dubai tienen que cambiar los pasajes. Aunque ya no corren riesgos de quedar varados en ese exótico país. Maradona quizá perdió 500 mil dólares de una presunta comisión por alentar esa aventura, pero bajó el tono después de que Humberto Grondona le saliera al cruce para defender a su padre. El conventillo del fútbol, otra vez, ganaba la calle y los medios con rapidez.

Esta historia comenzó en España, cuando Bravo contactó al entrenador de la Selección. Su objetivo era organizar un amistoso en Dubai. En abril viajó a Buenos Aires, se reunió con Tofoni y el miércoles 7 de ese mes firmaron el contrato luego de un par de encuentros previos. Uno se hizo en la compañía Santa Mónica, que controla los derechos comerciales de la AFA, y el restante en una escribanía. El anticipo convenido del 50 por ciento (sobre unos 2 millones de dólares) nunca llegó. Al menos hasta ayer. Por eso, la AFA dio por cancelado el compromiso y Diego se encrespó. “No es serio que a tan pocos días se caiga el partido”, apuntó. Grondona (h.) se involucró porque le tocaron al viejo –dijo: “Si lo atacás a mi papá te piso”– y fue así que Inversiones Dalport apareció mencionada por primera vez en este entuerto.

Su sede oficial queda en la calle Carlos Quijano 1339, apartamento 702, de Montevideo. El diario español ABC publicó un artículo el 17 de julio de 2009 en el que contaba que la DGI de Uruguay le confirmó la existencia de la SA, aunque también que no estaba al día en sus obligaciones tributarias. O que no había obtenido el certificado de vigencia anual, lo que al otro lado del Río de la Plata puede considerarse una falta grave.

Inversiones Dalport tiene una página web tan sobria y oscura como raleada de contenidos. Por la envergadura de los contactos internacionales y montos de operaciones que presume hacer, su inversión en imagen es muy escasa. Marcelo Bolado, un especialista en comercio electrónico consultado por Página/12 que analizó su posicionamiento en la web, comentó: “Su página está íntegramente hecha en Flash y salió como máximo 795 o 1295 euros, que es el precio en Europa. Una pyme de allá no invierte menos de 2000 euros. Cuentan que tienen inversiones en China y no pusieron nada. No tienen módulo de noticias, como los que utilizan las grandes empresas para mostrar sus últimas actividades”.

El logotipo que identifica a la compañía es un águila con las alas desplegadas que aparece en una página de Internet “de dibujos para colorear, dedicada a niños”, como publicó el diario deportivo Marca. Fundada en 2001, Dalport menciona en su sitio virtual que “se encuentra en la última etapa de compra de una aerolínea en Sudamérica con el fin de fortalecer a Dalport Internacional en el sector de vuelos domésticos de la región y cargas aéreas”. Es risueño el autorretrato lobbista con el que se define: “Nuestro Grupo, al poseer importantes recursos y soluciones financieras en gran parte del mundo y en su máximo nivel, nos permite tener los accesos políticos necesarios y a su más elevada jerarquía (presidencial o real) dependiendo específicamente de las necesidades y urgencias que surjan en cada operación. Citamos como ejemplo, la financiación de varias empresas radicadas en Dubay (sic), Qatar, Kuwait y Arabia Saudita”.

En sus proyectos citan la asistencia financiera “a futuros gobiernos” en Guinea-Bissau, “una serie de acuerdos con el gobierno de Argelia y la oficina de contratación pública (OPGI) para la construcción de más de 10 mil viviendas, así como obras civiles como puentes, cárceles, un estadio de fútbol, presas (pantanos) y más de 200 kilómetros de autovía… y en China …la participación en la construcción de un polo turístico en la ciudad de Tianjin”.

Además de la sede que tiene en Montevideo, Dalport declara una dirección en España que corresponde a una gran propiedad ubicada en la localidad de Boadilla del Monte, al oeste de Madrid. Parece una casa de fin de semana rodeada de ligustrinas y que se levanta en la calle del Geranio. Hasta allí llegó un canal de televisión cuando se definía la compra del paquete mayoritario del club Valencia, que es una sociedad anónima deportiva. Nadie atendió al equipo periodístico y en el video, que todavía puede verse en Internet, se escucha a una voz en off decir: “Allí oficinas no hemos visto, la sede es un chalet de lujo”.

Curiosamente, en Boadilla del Monte el Banco Santander levantó en 2004 su ciudad integrada. Son 160 hectáreas que contienen nueve edificios con oficinas para el personal, un centro de formación profesional, guardería y otros servicios para los empleados. Cuando Bravo pretendió conseguir los avales para adquirir el Valencia y prometía 500 millones de euros en inversiones para el club, fue aquella institución bancaria la que le hizo ole!!!!.

A fines de 2009, una nota publicada por El Mercantil Valenciano daba pistas sobre lo que pasó. La comunidad había recibido ese año 447,2 millones de euros en inversiones extranjeras, un 63 por ciento más que en 2008. Pero esa cifra incluía “una transferencia de 200 millones procedentes de Argentina para actividades deportivas, recreativas y de entretenimiento a lo largo del tercer trimestre de 2009”. La cantidad de dinero se correspondía con lo que Dalport iba a invertir en el club Valencia. Pero los bonos basura de Ford nunca se canjearon por la negativa del Santander. El dato de que el dinero provenía de nuestro país sugiere una maniobra extraña y, a la vez, turbia.

En ese momento, la página web de la SA desapareció de Internet súbitamente, aunque antes de hacerlo se llegaron a observar los bonos de Ford Motor Company con que se pretendía avalar la liquidez de la empresa. Una ostentación de falsa solvencia. Quien firmaba esos papeles era Robert Phillip Moore Junior, un estadounidense condenado a 30 meses de prisión en 2006 por falsificar bonos de la automotriz que tiene sede central en Detroit. La información la suministraba el servicio de Crímenes de Comercio de la Cámara Internacional de Comercio. Cabe preguntarse: ¿Dalport le hubiera pagado con bonos adulterados a la AFA y al propio Maradona por un polémico amistoso en Dubai? La respuesta nunca se sabrá. A no ser que el escurridizo Víctor Vicente Bravo se atreva a explicarlo.

Fuente: Diario Página/12

Yo quiero creer…

In Pasiones, Prosas Propias on 3 marzo, 2010 at 1:59 PM

El sábado se iba a dormir y el domingo reinaba en la noche. La madrugada todavía oscura les pertenecía. Quedaban al menos unos 30 cigarrillos para compartir y seguramente el mozo no estaba aún cansado de servir rondas. El café estaba desierto, las mesas de billar lucían como expectantes e inamovibles dentro de las penumbras del humo y las lámparas bajas. Era sábado, mejor dicho ya domingo, pero en realidad era una escena de acuarela de cualquier fin de semana de los amigos, el fútbol y las discusiones (gracias a dios) interminables.

Marcelo, el mozo fue hasta el fondo a apagar la luz de la mesa 9 y volvió a sentarse en la banqueta de la barra esperando alguna seña que lo haga dejar el cigarrillo y acomodarse la camisa. Ramón del otro lado de la barra fue a buscar hielo y en la repisa de bebidas notó que el whisky se estaba acabando.

– Haceme acordar que mañana compre un etiqueta roja gorda!! – gritó por el pasador de platos hacia la cocina.
– Mañana es domingo viejo !! – le respondió su señora, la cocinera, desde adentro.
– Mañana Lunes entonces, si sabes que me equivoqué para que corregís carajo !!

Un estruendo entre las bolas de la mesa 2 recogió gritos y aplausos. Comentarios mientras uno deja el taco al borde del pizarrón y anota apurado antes que alguien le robe el triunfo.

– Y nosotros que hacemos? – insistió el mas joven.
– Como que hacemos boludo?, estamos esperando que llegue el gordo para jugar una mesita, o te cagas pendejo?
– Ah esta bien! Si me decías eso hace 2 horas cuando me llamaste me quedaba un rato mas con mi bruja, si sabes que el gordo se demora siempre.
– Es que ahora parece que se está por poner de novio el muy pollerudo! – dijo el morocho interrumpiendo la charla y despertando con el sonido del encendedor que había sacado de su saco para encender un cigarrillo.
– Mentira que se va a poner de novio – replicó sorprendido el Joven.
– Y si !! – se exalto el Gringo nuevamente – o pensás que sos el único que disfruta coger.
– Eh para el tono boludo !
– No pueden estar 2 minutos sin peliarse ustedes? – el Morocho subió los brazos a la mesa y ocupó la mayoria del cuadro de madera que tenía desparramados una botella chica de gaseosa, un cenicero y un Camel 20 Box. – mierda loco, siempre lo mismo.
– Perdón negro, ya está.
– Si sorry, ya fue.

El salón era bastante amplio, igualmente si la crisis no fuera tal y ya hubiesen pagado los sueldos de la administración pública, el lugar estaría lleno y difícilmente se podría hablar como en un café tranquilo. Pero no había nadie, en la mesa 2 jugaban y de a ratos algunos gritos rompían la soledad del resto de las mesas. Alrededor del Morocho, el Jóven y el Gringo solamente había mesas quietas y un humo denso que parecía llevar años allí adentro.

– Por fin llegaste Gordo !
– Si perdón, pero la lluvia no me dejaba salir de casa.
– Llegaste y es lo importante – dijo el Morocho apenas levantandosé de la silla.
– Ya te pusiste de novio? – preguntó insolente el Joven trayendo una silla de la mesa de al lado.
– Veo que estuvieron hablando no?
– Nadie dijo nada, además yo los invité acá hoy y no es por tu novia – dijo el Morocho mientras se puso serio.
– Mozo otro vaso y que vengan los 4 llenos.
– Hielo? – gritó el mozo desde la barra
– Si querido !! trae hielo también – contestó renegando el Gringo – hace mil años venimos y siempre pregunta este gil.

Los vasos ocuparon la mesa, el hielo los vasos y el alcohol la escena. Otro cenicero que se vacía y la expectativa.

– Bueno, che muy lindo todo, pero nos vas a decir para que nos trajiste Negro? – increpó el Joven al Morocho.
– Obvio les voy a decir – contestó el Morocho dejando el cigarrillo – pero antes voy al baño.
– Uh bueno anda y volvé rápido que si la noticia es que estás embarazado se te nota hace bastante la panza – gritó el Gringo y la mesa rompió en risas burlonas pero cariñosas, como de quienes se conocen a décadas y tienen la confianza de los hermanos entre ellos.

– Che que será lo que nos va a contar?
– Ojalá no sea una enfermedad o algo así.
– Tiene feo color.
– Y está fumando mucho últimamente.
– Pero que dicen mamertos? – se enojó el Gordo – el Negro está mejor que ninguno, debe ser otra cosa no sé.
– Y si no sabes como sabes?
– Capaz la mina lo va a dejar – agregó otra hipótesis el Gringo – o se va a cambiar de sexo capaz.

Y otra vez las risas y las palmadas. El alcohol en los labios. Una servilleta en la barbilla y el Morocho volvió a arrojar su cuerpo sobre la silla con su manera de sentarse que hacía que los jugadores quisquillosos de la mesa 2 miraran con mala cara.

– Bueno dale conta Gordo!
– Estuvieron hablando no? JA! mierda que los conozco.
– Nada que ver, no dijimos nada – dijo el Gringo con cara de atorrante y riendo dejó el vaso – o casi nada, dale conta.
– Bueno les voy a contar. Los convoqué esta noche acá porque son mis 3 mejores, y únicos, amigos. Son en los que confío, los que invito a los cumpleaños de mis hijos y los que cada navidad pasan a saludarme y se bancan el budín de mi esposa que no es el mas rico.
– Es feo digamos la verdad – acusó el Gringo con otra risa.
– Dejá hablar.
– Está bien, como sea el budín. Ustedes son mis amigos, mis hermanos, nos conocemos hace mil años o un poco mas – suspiró mirando el cigarrillo que estaba por prender – y por eso los llamé. Porque me acabo de enterar de algo y se los quiero contar. Ayer me llegó mal el diario, bah me llego como todos los días pero adentro me vino una hoja escrita a mano. Y no se trata de que el diarero me puso alguna gilada porque perdió Racing o algo asi. No! Don Enrique ya no me hace eso porque sabe que lo re puteo o le dejo de comprar la revista esa que compra mi esposa viste?. La cosa que abro el diario viste en la Editorial que es lo que me gusta leer primero a mi, viste? y con que me encuentro? con esta hoja. Una hoja normal, Rivadavia o algo así, típica del cole de los pibes. Entonces la agarro, me acomodo los lentes; porque la letra era bastante mala, y la leí.

– Otra ronda, Marceloooo – gritó el Joven.
– Shh callate pendejo
– Bueno Gringo, pero que queres que telepaticamente te llene el vaso el mozo?
– Bueno sigo? – se acomodó el Morocho en la silla.
– Si dale no les des bola a estos, que decía la hoja? – arremetió el Gordo.
– Agarro la hoja, cierro el diario para no ensuciarme mas los dedos y manchar encima la hoja que no era mía. Y me puse a examinarla. Mientras manotiaba los lentes, me dí cuenta que era una lista de nombres o cosas o algo. Ya con los lentes puestos y el cordoncito ese que uso para que no se me caigan pasados para la nuca, pude ver todo claramente.
– Y que decía??!! Poné segunda para contar che negro !
– Que apuro tenes si tu señora no te quiere ver mañana hasta el asado !!
– Bueno no empiecen – apagó el cigarrillo el Morocho y se preparó para seguir – la lista tenia 22 nombres, algunos con unas marcas al lado, otros subrayados en rojo. Algunos eran apodos, otros disminutivos o apellidos cortados. Y lo mas importante: abajo, al final, había una firma.

El silencio se acomodó en la mesa y mientras el mozo servía, nadie dijo nada. Era como si el Morocho hubiese dejado flotando el nombre de una asesino buscado por la ciudad o algún secreto de Estado, que nadie se animaba a continuar escuchando.

– Dame un cigarrillo, Gringo !
– Pero si ni piteas vos pendejo !, no rompas.
– Dame uno, prendido que no sé prenderlo, por favor.

Los nervios rondaron sin disimulo por unos segundos mas. El mozo se fue y el Morocho volvió a tomar la palabra con las miradas, clavas en sí, de sus amigos.

– Eran 22 nombres. 22 personas. Para ser mas precisos: 22 jugadores de fútbol.
– Ah era cualquiera ! – interrumpió el Gringo – porque no jugamos al billar y dejamos de giladas? eh?
– Para !! – dijo el gordo – capaz es algo, no sé. Porque nos contas esto con tanto miedo Negro?

El Morocho, encendió otro cigarrillo y con la primera bocanada de humo dijo; Es por la firma. La firma no es de cualquiera que pone 22 nombres o que arma un equipo como vos o yo.

– Y de quien era?
– La firma era de Maradona.

Silencio y miradas cruzadas entre los amigos del Morocho que miro hacia el piso tras repetir; de Maradona era la firma. El Gordo, el Gringo y el Joven estallaron en risas y corrieron las sillas alejandosé de la mesa para poder doblarse y arrojar carcajadas que directamente hicieron que putearan los de la mesa 2.

– Pero que? – dijo entre risas el Gringo – que te estas carteando con el DT de la selección ahora Negro? jajaja !
– Que grande el negro che! que manera de hacer reír – exclamó secando lágrimas de risa de la mejilla el Joven – y yo que pensaba que estabas enfermo o algo así negro, salís con esta cagada.
– Y si es de él? – dijo el Gordo mas sereno y no tan risueño.
– És de él ! – aseguró el Morocho – yo sé que la firma es la del 10 !! es de Diego.
– Pero si la firma del Diego la saca perfecta hasta el hijo de Miguel que vive a la vuelta de casa. Cualquiera la hace.
– No importa lo que me digas Gringo, yo sé que es de Maradona la firma que tengo.
– Bueno pero hagamos de cuenta que es de Diego – dijo el Joven – que ganamos con eso, todavía no entiendo como llegó a tu diario.
– Eso es lo que no sé y eso es lo que me preocupa – se notaba tensa la voz del Morocho – porque si esa lista de 22 futbolistas es la que Diego conformó para el Mundial, hay que devolversela.
– Ustedes están fumando algo raro y yo no me enteré – ironizó el Gringo – dejen de joder con el Diego y el diario, debe ser algo del diarero que siempre te jode, porque no jugamos al billar y listo?
– Porque estás tan seguro Negro que esa lista es de Diego? – preguntó el Joven algo mas calmo – mas allá de la firma.
– Además de la firma? Mira – apagó el cigarro el Morocho – es la lista de Diego. Estoy seguro. Porque nadie puede conformar esa lista. Sólo él. Nadie se atrevería a meterse entre Diego y sus 22 jugadores que va a llevar al Mundial. Quien podría ser tan loco y desmedido en su respeto de tomar una hoja y redactar 22 nombres sin ser Maradona? Solo un loco podría hacer eso. Nadie que esté cuerdo puede creerse capaz de ocupar el lugar de Diego. Además quien osaría de firmar como Diego, con el 10 y todo. Hacer una lista en nombre de Diego !!

Los 4 lados de la mesa permanecieron en silencio y las miradas diambularon unos segundos entre los vasos y las mesas vacías. Pensativos. Alguien acomodó la silla. El Joven vació el cenicero y lo volvió a poner en el centro de la mesa y se arrojó a romper a la quietud.

– Bueno. Y que hacemos? Tenemos la lista de Maradona para el Mundial. Ahora que?
– Hay que devoverla.
– La debe necesitar.
– Ustedes están mal de la cabeza no?
– Porque decís así Gringo !!?
– Y porque sí, encontras un papel de mierda entre el diario y pensas que es del DT de la Selección. Traidor ese, que nos dejó afuera del `94 !!
– Que tiene que ver eso !! También te dió el ´86 o ya ni te acordás?
– Lo que sea que haya hecho no borra lo otro. Yo no le debo nada, no pienso moverme para hacer nada por él.
– Uh sos un salame, es Diego gil !
– Bueno no lo hagas por Maradona, hacelo por la Argentina. Por todos, por nosotros, por tus hijos.
– Que tienen que ver mis chicos en esto, ustedes están locos, los 3 están borrachos parece!
– La lista tiene a los 22 que van al Mundial, como no se la vamos a devolver a Diego?
– Hará otra – contestó tajante el Gringo, todavía enojado – o que pensas que no se la acuerda?
– No Gringo, no es ese el tema – dijo el Gordo – la cosa es que esta lista es LA lista. Mira si no se la acuerda o se traspapela un nombre o lo que sea.
– Estos son los que nos van a sacar campeones o no entendes?
– Bueno y que quieren? que se la devolvamos? Como?
– No sé, para eso los llame a que vengan y me ayuden a resolver esto – dijo el Morocho turbado por la discusión.

Por unos minutos nadie habló. Los vasos se vaciaron y quedaban cada vez menos cigarrillos. Nadie volvió a llamar al mozo.

– Ya sé – exclamó el Joven – si vino en un diario, tenemos que devolverlo de la misma manera.
– Ser parte de la magia ! – dijo el Gordo – yo leí que si crees en algo podes hacerlo, en serio, deberíamos probar.
– Tu señora que te pudre la cabeza con Rolon y Coehlo lo dijo?
– En serio Gringo, tenemos que intentar lo que sea. Es la selección.
– Mozo – gritó el Morocho – me darías el diario por favor. De ayer !!

El mozo dejo el diario después de levantar los vasos y pasar un trapo.

– En que pagina la ponemos?
– En la editorial, en la central – dijo inquieto el Morocho – ahí la encontré por lo menos.
– Bueno yo lo abro y vos tiras la lista adentro y yo cierro rápido haber que pasa dale?
– Dale – dijo el Morocho metiendo la mano en el bolsillo del saco – dale
– A las 1, a las 2 y a las 3…

El diario se abrió en la página central y el Morocho en un segundo colocó la hoja de papel entre las hojas en blanco y negro. En un parpadeo, el diario estaba de vuelta cerrado y el Gordo lo había soltado sobre la mesa. No había nada mas que el diario sobre la mesa. Ninguno se animaba a tomarlo y fijarse que había pasado.

– Y? – pregunto exceptico le Gringo
– Y que?
– Y fijensé que mierda pasó.
– No sé fijensé ustedes, yo estoy muy nervioso, me hace calor – dijo el Morocho desabrochando su camisa casi hasta el pecho.
– Yo me fijo – dijo el Joven.

Sus manos algo temblorosas y muy limpias se volvieron sobre la mesa buscando el lomo del diario. Se sumó la tenaza derecha y comenzó a pasar las hojas con lentitud.

– Dale !! – gritaron impacientes todos.

El diario quedó abierto de par en par en la pagina central. Allí estaban las editoriales, una columna internacional y algo mas que no significaba mucho. Pero la lista brillaba por su ausencia. Ni rastros. Ni una marca, ni un nombre de los 22. Nada había quedado en el diario. Los 4 amigos se miraron entre sí sin poderlo creer. Todos habían visto el momento en el que la hoja que arrojó el Morocho había sido apresada por las hojas del diario, por la pagina central, y ahora no estaba. Había desaparecido.

– Le habrá llegado a Diego?
– No sé, esperemos que si !
– Te la acordas a la lista?
– Obviamente… – dijo el Morocho encendiendo el cigarrillo – obviamente que no la leí, era de Diego, no mía. Es de Diego ahora que se la devolvimos.
– Pero ni un nombre viste?
– No !! Igual es la selección, es nuestra, de todos. Al fin al cabo a la lista del mundial se la di yo a Diego.

Los 4 amigos volvieron a estallar en risas, a pedir otra ronda y a sentirse parte de la magia. Unidos y creyendo que es posible.